ITINERARIO DE CALLEJONES

La ciudad continuamente teje y desteje rincones. Un pasado medieval y decisiones urbanísticas, hacen emergen y desaparecer patios y callejones. Y en esas está el paseante que, interpelado por los calles de los oficios, contabiliza buen número de callejuelas y angostillos.

Modernizar Valladolid llevó a erradicar las rinconadas. Mas, como testigos agazapados de un ayer de calles estrechas e interiores corraleros, fueron quedando pasadizos y callejones. Apartados y escondidos a los ojos de un transeúnte apresurado, los callejones de oficio huyen  discretamente del ajetreo urbano. Además, de algunos de ellos ya nada queda y apenas muestran más que rastros destartalados de lo que algún día fueron: Falagués, Ricote, Torneros y Boteros medio se ocultan detrás de algunas puertas cerradas o semicerradas. Y si en alguno de ellos quiere detenerse el paseante, hallará en el que recibe el nombre de Tornero (fotografía izquierda), tras una portezuela metálica entornada al costado izquierdo del remozado café del Norte, una atmósfera tan extraña como curiosa;callejones 2 y si en el de Boteros llega a entrar –cerrado  por una puerta que da paso a los números 32 y 34 de la calle Ferrari-, encontrará vacío un lugar en otro tiempo bullicioso, con taberna de vino barato  frecuentada por  parejas de novios y soldados. A pesar del aspecto de alguno de ellos, el tiempo les ha conferido mayor dignidad: ya no son callejones, sino calles, pues no ha de sorprenderse quien los visite que a ellos asomen puertas de viviendas ocupadas, y algunas, además, recientemente remozadas, como es el caso de Boteros (fotografía situada a la derecha).callejones 3

A la espalda del ayuntamiento, y semicerrado por una verja, se esconde  el callejón de San Francisco que, en otro tiempo fue calle abierta hacia la plaza y luego  cercenada por un moderno edificio, se quiere prolongar falsamente con una reconstrucción idealizada de la fachada del convento de San Francisco (foto bajo este texto) que se supone que se vería  desde esta calle.  Pero si Chisperos, que se arrincona tras un quiosco en la calle del  Duque de la Victoria en su tramo más próximo a la plaza de España, parece no existir, en la acera de enfrente, una paradoja del quehacer poco afortunado se muestra en la entrecortada calle de la Alegría que, para no reconocer decisiones  inexplicables, es, acaso, la única calle que se prolonga tras un edificio que corta bruscamente su trayectoria. Desde  Duque de la Victoria arranca esta calle que, a tramos, va construyendo rincones a ambos lados de la calle Menéndez Pelayo.callejones

Y por aquí puede prolongar su deambular el paseante pues se halla en el corazón de la morería, de la aljama que habitaban hábiles artesanos y que con sus herramientas acudían a sofocar los incendios que, con frecuencia, se declaraban en el Valladolid del siglo de oro. La maltratada reina Juana los nombró primer cuerpo de bomberos y mediante este nombramiento de hombres llamados al fuego, quedaban exentos de albergar cortesanos y militares cuando el capricho de la corona decidía hacer recalar la corte en la ciudad. Así, estas familias moras podían seguir, de manera velada a los ojos de los intransigentes cristianos, practicando sus habituales costumbres. Como los callejones, discretamente apartados.

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