DONDE ORABAN LOS EREMITAS

Las altas laderas que caen de los páramos vallisoletanos presentan numerosas oquedades que dan lugar a pequeñas cuevas naturales.  No suelen ser cuevas muy grandes, aunque a veces llegan a formar una sucesión de habitáculos comunicados entre sí, incluso verticalmente.

Sin duda alguna es el valle del Duero, con sus afluentes Botijas y Duratón, los lugares privilegiados para observar cuevas en Valladolid.

Estas cavidades, naturales la mayor parte de las veces, aunque en ocasiones también ampliadas por la mano del hombre, han dado lugar a diversas cavilaciones sobre el uso que tradicionalmente han tenido. Casi siempre referido a morada de ermitaños o refugio de pastores. Acaso la realidad sea que han tenido ambas utilidades según el transcurso del tiempo.

Hay en la provincia tres lugares especialmente llamativos: las Pinzas, a la izquierda poco antes de llegar a Peñafiel (desde Valladolid), la base rocosa que sustenta el antiguo castillo de Curiel de Duero (ahora un alojamiento hotelero), y las Bocas, frente al caserío de Mélida, ya camino de Castrillo de Duero. Aunque luego veremos también otros lugares singulares.

Se cree que las cuevas de las Pinzas fueron habitaciones prehistóricas, luego eremitorios medievales y después encerradero de ganado. Se aprecia claramente que en alguna se ha excavado alguna ventana. En cualquier caso, un lugar con cierta magia. Los muchachos de Pesquera de Duero, no muy lejos de las Pinzas, no hace tantos años subían a una de las cuevas de las Pinzas en la que había una ancha grieta que caía verticalmente. Por ella lanzaban piedras y no alcanzaban a escuchar el ruido sobre el fondo. Pozo Airón lo llamaban por el ruido del aire que bufaba en su interior. La fantasía les llevó a pensar que era un lugar de escape en caso de necesidad, que comunicaba con el Duero, que…. Airón ¿ruido del aire o morada del dios hispánico Airón que habitaba en el inframundo?

En el Canto, risco que soporta el castillo de Curiel, se contabilizan varias cuevas a las que también se atribuye un origen prehistórico (Edad del Bronce y del Hierro) y de ellas se afirma que fueron eremitorios. Alguna de ronda los cuarenta metros cuadrados, ¡vaya! casi un loft. Son accesibles mediante unas barandillas que ayudan a evitar las caídas, pero, ciertamente, no deja de ser un riesgo un tanto innecesario.

Las Bocas, ya en el valle del arroyo Botijas, frente al pueblo de Mélida, es un yacimiento arqueológico en el que en alguna cueva se ven marcas de goznes sobre los que giraba una puerta y hay cámaras labradas en la roca. Varias cavidades se comunican entre sí, tanto horizontal como verticalmente. Se las atribuye una época como a partir del siglo X y alguna de ellas tiene una superficie de unos 12 metros cuadrados. (En la fotografía, las Bocas) eremitorios

Aunque en general las cuevas fueran eremitorios, no parece que lo fueran permanentemente, sino una especie de lugares de retiro temporal para monjes que necesitaban alejarse del ruido de los conventos. También se piensa que en ellas se siguiera practicando, alejado de los ojos de la gente, el rito mozárabe practicado por los hispano-visigodos frente a la imposición del rito romano que comenzó a entrar en España en el siglo XI.

La cueva del hermano Diego, que mira al monasterio de San Bernardo, próximo a Valbuena de Duero, a la que se puede llegar subiendo la ladera, inspiró una de tantas leyendas: en el siglo XVI fueron enterrados en ella diversas personas, entre las que se encontraba su habitante habitual, el hermano Diego. Un personaje al que protegían los monjes del monasterio y que la gente tomaba por un peregrino que allí se asentó y que vivía en soledad, atendiendo los males de los pastores, a quienes aconsejaba y confortaba en sus aflicciones. Una larga historia que ha contado el cura José Luis  Velasco, buen conocedor de los archivos de San Bernardo.

Y termino anotando la gran cueva de Aldeayuso muy accesible, de pequeña superficie pero de gran “ventanal” sobre el paisaje circundante. Y el eremitorio de Olmar en Canalejas de Peñafiel, a los pies de la ermita, que es una oquedad en la que se aprecian varias tumbas excavadas en la piedra.

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6 thoughts on “DONDE ORABAN LOS EREMITAS

  1. Yo recuerdo cuevas como esas detrás del barrio Girón en Valladolid, una de entrada grande cerca de la antena y otra que daba mas menos a la residencia de ancianos? Ya no recuerdo bien, esta última la llamaban la cueva del laberinto, y llegue a oir que llegaba hasta Carrefour, pero nunca entré, lo se por historias de mis tios y de mis abuelos. O se calleron o las echaron a bajo, pero las entradas ya no existen ya. Una pena.

    • Antonio, ciertamente hubo, y hay, muchas cuevas y oquedades en las laderas de los montes en Valladolid. Seguramente muchas habrán tenido alguna utilidad o serán producto de alguna pequeña extracion de áridos para la construcción. Hay que tener en cuenta que el tipo de materiales del suelo vallisoletano (margas, arcillas, conglomerados y calizas) son muy proclives a que de forma natural se produzcan oquedades por las corrientes subterráneas de agua o desprendimientos. Hay varias refererencias topográficas a “cuevillas”, “alcubillas”, etc, que parece vienen de la existencia de tales cuevas. Sin embargo los eremitorios tienen tal características porque en ellos está probada la presencia esporádica o más permanente del ser humano. Un saludo, amigo

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