MUSEO DE LA FUNDACIÓN JOAQUÍN DÍAZ. URUEÑA

LOS CIEGOS DABAN LAS NOTICIAS

La forma de acceder a este museo ya es toda una declaración de intenciones: hay que llamar al timbre para que una persona franquee la gruesa puerta de madera. Esto es un aviso de que el contenido de la vieja casa del siglo XVIII está abierto para quienes verdaderamente tengan interés en conocer lo que allí se expone, no para quienes, turistas aburridos, se cuelen con la única intención de matar el tiempo. Porque, además, en este recinto hay gente trabajando e investigando entre los archivos y legajos del patrimonio tradicional y etnográfico que atesora la Fundación.

Una vez dentro, las dependencias del edificio albergan tres colecciones: la de pliegos de cordel y aleluyas; la de grabados de trajes de época; y la de instrumentos musicales. Sólo por cualquiera de ellas ya es motivo suficiente para ir a la casona.

La colección de pliegos de cordel y aleluyas en realidad nació con vocación de temporalidad y, sin embargo, se ha convertido en una de las salas más atractivas y peculiares del museo, comenta Joaquín Díaz. Las decenas de muestras que se exhiben son sólo una pequeña parte de los fondos existentes. Estos pequeños folletos, cuadernillos, pliegos de cordel y viñetas, que tratan de los más variopintos asuntos tales como coplas, romances, noticias y documentos, nacieron con la imprenta y perduraron a pesar de la aparición de los periódicos, a los que, en realidad hicieron la competencia, pues aquellos ciegos que desplegaban sus carteles ante el público de la calle, ávido de escuchar historias curiosas, contaban la verdad de lo que ocurría: no narraban historias inventadas, sino hechos verosímiles, eso sí, adornados y entonados con la mejor de las técnicas orales.

Y, escaleras arriba y en el mismo recibidor del museo, comienzan a desplegarse, colgados por las paredes, los grabados de trajes de toda Castilla y León que, por sus decorados y ambientación, y por las indumentarias de personajes y oficios, informan de la vida pretérita, de los usos, de las costumbres, en un abanico de fechas que comienza en 1777 y termina en la década de los cuarenta del siglo XX. Por tanto, muchos visitantes aún podrán reconocer las estampas que muestran los grabados.

HOMENAJE A UN DULZAINERO

Los grabados terminan por mezclarse, sin interferencia alguna, con los instrumentos musicales, ya en la segunda planta, donde un organillo, un pianoforte y un clave castellano del XVIII, forman la antesala de la afamada colección de instrumentos musicales populares. Es decir, instrumentos que verdaderamente han sido utilizados por personas y grupos para hacerlos sonar en romerías, procesiones, rondas y rondallas a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX. Básicamente se trata de instrumentos de Castilla y León, sin que por ello no sean de uso en otras regiones españolas. Por ejemplo, la flauta de tres agujeros puede que sea el instrumento más sencillo y extendido por toda España.

Como no puede ser de otra forma, las carracas y matracas ocupan parte de la exposición, que aunque se han vinculado casi en exclusiva a las celebraciones procesionales de Semana Santa, son más antiguos que el propio cristianismo, pues los judíos ya usaban las matracas en su tradicional fiesta del Purim, que recuerda su intento de exterminio por las armas de los soldados de Hamán y, así, cada vez que en la sinagoga donde se celebraba la fiesta se cita el nombre de Hamán, se levanta un estruendo de matracas. Reconvertidas al cristianismo, en los oficios de tinieblas, las iglesias se aturdían con su ruido para rememorar el cielo rasgado en el momento de la muerte de Jesús.

Y entre otras muchas piezas curiosas, hay un par de campanillas que son, en realidad, tintinábulos, uno del siglo I d.C. y que entre otras aplicaciones más formales -como las celebraciones religiosas en los templos romanos- se ponía en las casas para atraer la suerte y el vigor que debía venir a la familia. Luego, la Roma cristiana comenzó a utilizar el tintinábulo para anunciar la llegada del Papa al Vaticano.

Mas, en esta sala de instrumentos musicales no ha de pasar desapercibido un sencillo rincón en el que se exponen una caja o redoblante y una dulzaina. Se trata de un homenaje a Ángel Velasco. Nacido en Renedo de Esgueva a finales del XIX, fue constructor de dulzainas e interprete destacado y maestro de maestros, como lo fue del segoviano Agapito Marazuela. El virtuosismo de sus composiciones y la búsqueda de sonidos más acordes con el público contemporáneo, hizo que la dulzaina se colocara por encima de todos los instrumentos populares hasta la fecha, pues consiguió que llegara incluso a usarse en comarcas hasta entonces ajenas al mismo.

MUSEO DE LA FUNDACIÓN JOAQUÍN DÍAZ

LUGAR: calle Real, 4. Urueña.
EDIFICIO: Casona de piedra del siglo XVIII, adquirida por la Diputación Provincial de Valladolid, se rehabilitó e inauguró en 1991.
VISITAS: martes a viernes: 10 a 13 y 16 a 19. Sábados y domingos: 10 a 13. Teléfono 983 717 472
CONTENIDO: tres colecciones: instrumentos tradiciones populares, pliegos de cordel y aleluyas; grabados de trajes tradicionales.
WEB: http://www.funjdiaz.net

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