HASTA 365 BARCAZAS LLEGÓ A TENER EL CANAL

En 1941 se hizo un estudio para adquirir 20 nuevas barcazas para el Canal de Castilla. Ocho años después el proyecto quedó reducido a media docena. Estaba apuntándose ya la paulatina pero inexorable decadencia de la navegabilidad del canal. En 1909 ya se intentó transformar en canal de riegos, asunto sobre el que se volvió en 1955.

Una subida desmesurada de las tarifas hasta equipararlas a las del ferrocarril fue la puntilla involuntaria o intencionada que terminó con la navegabilidad del canal,  que en ese año de 1955 se prestaba con 22 barcas y una plantilla de 66 personas entre barqueros, peones, fieles y capataces. A partir de junio de aquel año  ningún particular contrató los servicios del canal.

A poco que se urge en los archivos del la Confederación Hidrográfica del Duero se podrá observar que la evolución de las mercancías que se transportaban por el canal era fiel reflejo de los cambios del siglo XX. Si la harina o el trigo eran las mercancías de los años treinta, en los años cincuenta, ladrillos, cemento, madera, gravas y arena eran mercancía habitual en las barcazas. Muy atrás habían quedado los servicios de pasajeros y de tropas, ya apenas transportaba carbón y la mayoría de los portes eran para obras y servicios del propio canal. En definitiva, las 22 barcas de 1955 ya no eran sino un  pálido recuerdo de las 365 que llegó a tener en sus años de esplendor.

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