TESTIGOS DE LOS VIENTOS

VALLADOLID  TAMBIÉN TUVO MOLINOS DE VIENTO

 Es difícil que  algún río, o simplemente un arroyo,  no tuviera sobre su cauce algún molino.  Los molinos hidráulicos  -los de tracción animal fueron más escasos- no sólo eran para convertir el trigo en harina, sino que también los había dedicados a la fabricación de papel, de pólvora o el tratamiento de paños.

Pero en Valladolid también hubo molinos de viento. Su silueta, desvirtuada por el deterioro del tiempo  ha llevado a que con frecuencia se confundan con alguna torre de observación o algo así. Pero no, fueron molinos con sus aspas. Otros se han transformado en palomares.

Prácticamente todos los molinos que aún mantienen siquiera una leve traza están en el norte y oeste de Valladolid. Así, desde Castromembibre hasta Mayorga,  es fácil encontrar esos cilindros ya vacíos y semiderruidos, o convertidos en palomares. Casi todos están en lo alto de cerros y tesos, donde es más fácil aprovechar las veleidades del viento. Y,  recorriendo algunos de ellos, iremos desde Villabrágima a Barcial de la Loma.

Fuera ya  de Villabrágima en dirección a Villaesper, nada más pasar el Sequillo, sale a la izquierda el camino de Rioseco,  y en él, a poco trecho de caminar hay un palomar. Mas, apenas se acerque uno a la construcción, destacará la gran muela del molino tirada en la tierra que delata el destino original que tuvo este palomar. Al fondo, sobre un cerro, se advierte la presencia del castillo de Tordehumos.

Por Pozuelo de la Orden se puede llegar hasta Cabreros del Monte, cerca de la raya con Zamora. Antes de entrar en el pueblo, a ambos lados de la carretera se levantan sus dos molinos tan distintos entre sí. De piedra de sillería uno, muy esbelto aún; y de tapial el otro, muy derruido, que fue en tiempos un palomar. “Los molinos reflejan lo que hay, estos pueblos se mueren. Unos nos iremos al cuadrado y otros se marcharán a Valladolid”, advierte un ágil jubilado que pasea a diario por la carretera colgado de su transistor.

Desde Cabreros, en dirección a Morales de Campos, se llega a  Villafrechós. Antes de atravesar  esta antigua localidad, un molino destaca en medio de las tierras a cierta distancia, por tanto poco accesible. De piedra y acaso de los más altos de cuantos quedan. Atravesada la localidad para buscar la carretera  que lleva a Barcial de la Loma, a la izquierda se verá otro. Construido con tapial, también fue palomar, y a sus pies conserva la piedra del molino, de casi dos metros de diámetro.

Mas, como ya se ha dicho, no son estos los únicos molinos que pueden visitarse. En las alturas que abrigan Castromembibre, en un teso de Cuenca de Campos, o en  Santa Eufemia del Arroyo, Aguilar de Campos, Valdunquillo, Palazuelos, etc. hay restos de molinos, aunque  algunos ya  apenas reconocibles.

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