NADIE APOSTÓ POR SU FUTURO

Si merece la pena volver a hablar de Villacreces, es porque se trata de  un aldabonazo de lo  que puede ser el sombrío futuro de muchos municipios de Tierra de Campos.

Villacreces es el primer despoblado del siglo XX de Tierra de Campos, aunque no es el único pueblo abandonado durante ese siglo en Valladolid, pues al otro extremo de la provincia, en el Sur, junto a San Pablo de la Moraleja, otro pueblo, Honquilana, también todo él construido con adobes,  está abandonado desde las primeras décadas.

 Paradojas de la vida, para llegar al pueblo, antes un mal camino saltaba por encima de las vías; no pasaba ninguna carretera, ningún camino comarcal. Ningún tipo de industria tenía ya a mitad del siglo veinte. La última actividad que había, además de las tierras de labranza, que ahí siguen cultivándose, fue la de un pastor, que también abandonó la explotación en los noventa. Ahora, una carretera perfectamente trazada y un viaducto que salva la vía, llega hasta Villacreces.

 Cuando se deshabitó definitivamente tenía treinta casas y casi cincuenta bodegas. En el año 50 aún censaba  130 habitantes. Un municipio que ha vivido del cereal, del vino y de las legumbres. También había rebaños de ovejas. No fue tanto el problema de falta de productividad agropecuaria, sino el tirón de la emigración hacia la industria y la falta de servicios en el pueblo: para todo había que salir del pueblo.

 

 

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