UN SINGULAR ALCORNOCAL

CADA DIEZ AÑOS VIENEN OBREROS DE EXTREMADURA A EXTRAER EL CORCHO DE FONCASTÍN.

 “Este alcornocal es muy viejo, hay árboles que tienen más de cien años, y se fue extendiendo de forma natural, con las semillas que transportan los animales”, comenta Claudio, uno de los colonos pioneros  de Foncastín que, oriundos del desaparecido Oliegos, en León, los trajeron en 1945 a esta vieja finca del Marqués de las Conquistas.

 En efecto, el alcornocal es único en la provincia de Valladolid, que convive con el pino y algunas encinas. “La Junta lo está cuidando, pues no se deja que los pinos crezcan a menos de cinco metros del alcornoque, que convive mejor con la encina”, afirma Carlos, un hijo del pueblo de segunda generación de aquellos colonos, expulsados de Oliegos para construir el pantano de Villameca. Desde Foncastín se desciende al valle del Zapardiel buscando el camino que conduce hacia lo que queda de la torre del castillo, a la que se llega sin pérdida tras atravesar el puente que forma  la pequeña presa del río.

 Por este lado del Zapardiel, ya próximo a su desembocadura en el Duero, volvemos dejando el pueblo a la derecha hasta que un puente permite retomar la otra margen y emprender el camino hasta el alcornocal. No se verá arbolado alguno en las orillas del Zapardiel, pues es un rio cuyas riberas han sido esquilmadas  para someterlas a la máxima explotación y extracción de agua para el regadío. La conclusión es que ha terminado por convertirse en uno de esos ríos llamados transitorios, es decir, que buena parte del año apenas lleva agua.

 La localización del singular alcornocal es fácil, pues desde el puente sólo hay que buscar el primer camino bien marcado que sube la ladera bordeando los primeros árboles del monte.  Este bosque, en el que domina el pino, es una de las masas forestales más grandes de la zona sur de Valladolid. En él algunos pies de alcornoques  se asoman al borde del camino, y ya en lo alto, lo mejor es adentrarse en el bosque, con las debidas precauciones para no desorientarse, e ir buscando los amplios corros de alcornoques. Es probable que los ejemplares más crecidos se encuentren más bien en el borde exterior  por la sencilla razón de que están menos presionados por el pino para desarrollarse.

 Este alcornocal no se puede comparar en extensión con los extremeños o los salmantinos, pero no es desconocido para los expertos. La prueba es que en el Museo del Corcho de Extremadura está presente una muestra del corcho que aquí se extrae.

 La vuelta a Foncastín de este paseo de un par de horas, bien puede hacerse por la parte alta andando un ancho camino que atraviesa  extensas plantaciones de vides. Este itinerario permitirá ver una panorámica del pueblo y la perfecta diferenciación de asentamiento del siglo XIX, al fondo, y las blancas casas de colonización.

 

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