EL SEQUILLO, LÍNEA FRONTERIZA

LA FRONTERA DEL SIGLO XII HA DEJADO EN ALGUNOS MUNICIPIOS UNA HUELLA AÚN RECONOCIBLE

 A pesar de que todo aquello ocurrió entre el siglo XII y  XIII, sin embargo la frontera que durante setenta años dividió los reinos de Castilla y León, ha dejado una profunda huella urbana y territorial en los pueblos y villas que se levantan cerca del río Sequillo.

 En efecto, entre 1157 y 1230 se dividió en dos el reino cristiano: Castilla y León. El Sequillo marcó parte de aquella absurda frontera cuyos territorios se disputaron los reyes y reinas de ambos reinos, que se esforzaron en dominar las tierras de Campos, cuyo trigo llenaba los pósitos de las aldeas y las despensas de los castillos. Para ello fundaron poblaciones, dieron prebendas a los nuevos moradores, amurallaron los pueblos  y levantaron castillos. Todo aquel intensísimo movimiento urbanístico y poblacional dejó una huella que todavía se percibe en las villas reales que formaron la frontera. Aunque era muy difusa y variable en ocasiones, esta se puede seguir muy bien desde Aguilar de Campos  hasta Tiedra,  pasando por Mota del Marqués, más al sur.

 No es nada casual la ubicación del castillo de Tordehumos, y muy grande su importancia estratégica, pues desde él se domina todo el valle del Sequillo. Impresiona desde abajo la proporción que tuvo esta fortaleza que, ahora derruidas todas sus construcciones interiores, ha quedado reducida a una pequeña meseta desde la que se obtienen inmensas panorámicas de todas las tierras y caseríos que lo rodean: Rioseco, Montealegre, Villabrágima, Villagarcía o San Pedro de Latarce están a la vista de quien pasee rodeando el borde de las antiguas murallas. De Urueña, en lo alto de los Torozos, destaca la torre de su castillo, hacia el que luego habrá que dirigirse.

 Villagarcía de Campos, cuyas almenas de lo que resta de su castillo están habitadas por multitud de cigüeñas, y la muralla muy reconstruida de Urueña, pero de muy recomendable paseo, así como el interior de su caserío, serán las siguientes referencias en el recorrido hasta llegar a Villardefrades. Dicen de esta villa que su origen puede estar en una repoblación de gallegos o de frailes: “Villa do frades”; pero no importa tanto eso como acercarse a la  inacabada “obra”, que es como se conoce a un imponente proyecto de iglesia carente de tejado y no por que se haya echado a perder, sino porque nunca lo tuvo. Esta construcción del siglo XVIII se comenzó a levantar con la financiación que aportaba un hijo de Villardefrades, que elevado a obispo  en Filipinas quiso dar esplendor a su pueblo. Fallecido el obispo, no se dio continuidad a  la construcción.

 San Pedro de Latarce y Villavellid, dan paso a Tiedra, que eleva su sencillo pero robusto castillo en el cantil del teso que mira hacia Toro, ciudad de referencia durante muchos años para este municipio que en los años de la frontera estaba del lado leonés. Y hasta Tiedra podían llegar las señales de Tordehumos: fuego por la noche y humo por el día se elevaban desde su castillo  para advertir a todas las poblaciones fronterizas de las novedades y peligros que  acechaban en tiempos de contienda.

 

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2 comentarios en “EL SEQUILLO, LÍNEA FRONTERIZA

  1. Esta construcción del siglo XVIII se comenzó a levantar con la financiación que aportaba un hijo de Villardefrades, que elevado a obispo en Filipinas quiso dar esplendor a su pueblo. Fallecido el obispo, no se dio continuidad a la construcción.

    Creo que esta cita es erronea ,pues el obispo al que haces alusion es,
    D. Teodoro Gordaliza, obispo del Tongkín Septentrional que naciera en 1874 y traductor al anamita del Código de Derecho Canónico y quien mandó construir la famosa iglesia de Phu-Lang-Thuong que fuera destruida durante la guerra franco-vietnamita .
    Este obispo nacio en villafrades de campos y no en villardefrades ,espero te sea util la aclaracion ,un saludo.

    • Hola, amigo. Lo primero que quiero hacer es agradecerte que hayas leído mi blog y que te molestes en hacerme comentarios. Sobre lo que me dices, te indico que no me refiero al obispo que citas, sino a Fray Andrés González Cano, que fue obispo de Nueva Cáceres, en Filipinas. La obra del templo comenzó en 1751, y con diversas visicitudes, el dinero fue llegando a Villardefrades hasta 1790. Luego se paro hasta 1859 y las obras siguieron hasta 1868, año en el que definitivamente dejó de llegar el dinero que el obispo había confiado a sus albaceas para que siguera la obra tras su muerte. Un cordial saludo

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