UNA INGENTE OBRA

La conducción de Argales (también conocida como de las Marinas o las Mariñas) tuvo que atender a  importantes requisitos: al abastecimiento a los vecinos de Valladolid, a colocar las fuentes en lugares que embellecieran la ciudad  y, también, a las posibilidades técnicas de su realización con los medios de aquella época (siglos XVI-XVII) para conseguir la captación de agua y vencer los desniveles  del terreno hasta las fuentes. Las dificultades técnicas de esta traída de aguas, las características de los materiales empleados  (tales como cerámica y piedra), el paso del tiempo, la desidia en su mantenimiento en muchas ocasiones y los comportamientos incívicos, produjeron muchos quebraderos de cabeza al Ayuntamiento, que tuvo que desembolsar importantes cantidades de dinero para las reparaciones.  Algunos expertos consideran esta obra como una de las más importantes del Renacimiento español. En determinadas épocas llegó a haber guardas que vigilaban el que no se dañara la conducción.  La construcción de esta traída de aguas (viaje de aguas también se le denomina) fue larga y azarosa, y requirió grandes sumas de dinero que se recaudaron por los medios más variopintos: sisas reales, impuestos a los mercaderes, utilización de dinero procedente de multas y sanciones, o préstamos, como el que hicieron al Ayuntamiento los monjes de San Benito. (fotografía del arca principal en la carretera de Arcas Reales)

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