UN PROYECTO QUIMÉRICO

Tan desesperado estaba el Ayuntamiento de Valladolid por la falta de agua corriente en las casas de los vecinos y por las desavenencias con la Sociedad Industrial Castellana, sobre la calidad y condiciones del suministro domiciliario de las aguas del Canal del Duero, que entre  1931 y 1935, la corporación municipal presidida por el alcalde García Quintana, tuvo  entre sus manos  el proyecto de abastecer a la ciudad con aguas traídas desde el Henar. En concreto, la captación se haría en la fuente del Batán del valle de Viloria,  y de otra media docena, más pequeñas, situadas ya en la provincia de Segovia. El gobernador civil de la época dio su visto bueno, y se aprobó un reglamento de servicio de suministro de agua cuyo primer artículo decía así: “El Ayuntamiento de Valladolid destina al uso y aprovechamiento de los vecinos de esta ciudad las aguas procedentes de los manantiales de “El Henar””. Nueve millones de las pesetas de entonces, que es el presupuesto que aquel sueño tenía, se habrían de financiar acudiendo al crédito, pues sobrepasaba las posibilidades del presupuesto municipal. El proyecto no llegó a materializarse.

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