EL PRADO DE VALLADOLID

El devenir del  tiempo juega a las paradojas: hace desaparecer cosas  interesantes, y crea, también, cosas bellas allí donde nada o fealdad había. Pero, sobre todo, tiende a repetir aciertos y desaciertos. Es el caso del Prado de la Magdalena: en tiempos aún recientes llegó a ser un  espacio sombrío, cenagoso, apenas transitado, a cuyo aislamiento contribuyó la existencia de un pabellón de infecciosos y un matadero,  de cuarteles y una cárcel. Antes fue, sin embargo, uno de los jardines más hermosos de Europa: lugar de esparcimiento y fiestas. En los años del siglo de oro vallisoletano, era un feraz praderío repleto de árboles y con bonitos paseos que hacían de él un campo ameno y concurrido en verano y en las principales fiestas, como la de San Juan.

Las lóbregas construcciones en torno a la ciénaga que casi han perdurado hasta nuestros días se han ido sustituyendo  por otros edificios, la mayoría relacionados con la Universidad, y ha quedado una parte dedicada al recreo y la expansión en forma de un parque agradable  que, con avidez,   cotidianamente ocupan toda clase de personas:  una chiquillería ruidosa, grupos de jóvenes universitarios o ancianos que buscan, como en el siglo de oro, el frescor del lugar en el estío y el calor de los soles limpios  en las horas amables de los  meses otoñales e invernales.prado de la magadalena

Conserva, el  nuevo parque junto a la recién construida Facultad de Filosofía, algún testigo del viejo cauce de la Esgueva y de las construcciones que allí había hace siglos. Así, el parque se ha urbanizado realzando el falso puentecillo de piedra -en realidad son arcos de la antigua cerca que, de esta manera, dejaban pasar el agua cuando el río se crecía-, rodeado de un pequeño estanque, como un elemento alusivo a los muchos años en los que el modesto río de la ciudad campaba casi impune por estos parajes. Inmerso en el Campus Universitario y junto a  los  paseos  de las  orillas de la Esgueva,  durante las horas de luz es, probablemente, uno de los espacios de toda la ciudad más concurridos y de gran trasiego.

Se percatará enseguida el paseante de unas curiosas naves de ladrillo (antigua fábrica de sacos) que albergan  los servicios de mantenimiento de la Universidad, próximas a la Facultad de Empresariales; y de otra simpática construcción, también de ladrillo, junto al puente que cruza el río, camino del Cementerio,  que  pertenece a la Confederación Hidrográfica del Duero y que es merecedora de un destino más noble que la ociosidad y  el abandono que ahora ofrece.

 

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4 comentarios en “EL PRADO DE VALLADOLID

    • Es que, sin duda, el entorno del barrio Belén es uno de los mejores que ahora hay en Valladolid: un lugar entre dos rios, abundantes espacios abiertos (y verdes), con servicios cercanos y a 20 minutos del centro histórico vallisoletano. Creo que a los entornos de la desembocadura de la Esgueva aún no se le ha sacado todo el jugo. Estoy pensando en un proyecto para que lleven a cabo el Ayuntamiento y la CHD. Ya lo contaré.

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