MOLINOS, O COMO APROVECHAR EL AGUA (velay 3)

En todos los ríos, arroyos y canales vallisoletanos hubo molinos movidos por el agua: para hacer harina del trigo, para moler la rubia y confeccionar el tinte rojo, para hacer papel, para producir energía eléctrica,  o para abatanar los cueros y las telas.

Porque bien extendida está la creencia de que los molinos solo tenían utilidad para moler el grano. Y aunque ciertamente esta ha sido una de las más destacadas utilidades de los ingenios de piedra, metal, madera, muelas, rodeznos, cárcavas y saetines que hunden sus pilares en los cauces fluviales, lo cierto es que han tenido otras muchas e imprescindibles actividades, entre las que no ha faltado la extracción de aceites, ni la fabricación de pólvora.

Por ejemplo, los molinos de pasta de papel procuraron pingües beneficios a conventos que tenían la exclusiva de imprimir las bulas papales, caso del monasterio de Villa de Prado en Valladolid.

Miremos a los principales ríos,  como son Duero y Pisuerga, a ríos medianos como el Eresma o el Cega, al Canal de Castilla o a los modestos arroyos Valcorba, Cuco o Bajoz, en todos se podrán encontrar rastros de molinos cuando no, aún, los molinos completos. Bien es verdad que ya todos han perdido su original utilidad y se han convertido en viviendas, alojamientos turísticos, estudios de profesionales y artistas, edificios culturales u otros destinos propios de los nuevos tiempos.

Acaso sea el arroyo Anguijón, que baja de Torozos hacia Tierra de Campos lamiendo los pies de Montealegre, un ejemplo de cómo una docena de molinos se organizaban para llenar sus grandes cubos de agua mediante caces que tomaban las escasas aguas del arroyo. Para ello solo tenían  que ponerse de acuerdo entre los molineros y represar cada uno el arroyo según qué días del mes.

“Sembrados” por toda la geografía vallisoletana, difícil será que kilómetro arriba o abajo de un caudal cualquiera de agua no se encuentre el rastro de un molino, incluidas las aceñas que servían para represar el agua y conducirla a la cárcava que discurría bajo el molino. La construcción de los primeros molinos hidráulicos en Valladolid se remonta a la Alta Edad Media, y en siglo XVIII se llegaron a censar cerca de cuatrocientos. molinos

Sean molinos grandes como los del Duero en Tordesillas, medianos, como el del Concejo en Castrodeza, o más pequeños, como el Molino nuevo de Bocos de Duero, lo cierto es que estas construcciones han legado un patrimonio industrial, arquitectónico, histórico y etnográfico del máximo interés. (En la foto, molino de la Requejada, sobre el Valcorba, en Bahabón)

Una función destacada de algunos molinos reconvertidos fue la de producción de energía eléctrica cuando a caballo entre los siglos XIX y XX, y antes de la aparición de las grandes empresas suministradoras, cada localidad buscaba la forma de proveerse de luz (tal como hacían los municipios del valle del Henar: San Miguel del Arroyo y Valoria).

Ejemplo de molino para moler la rubia (una planta de antiquísima utilidad) y fabricar tintes de color rojo destinados a la industria textil y a la actividad farmacológica, se encuentra en el término de Santiago del Arroyo, sobre el arroyo del Henar. Se conoce como la Fábrica, ya muy arruinado pero aún reconocible.

Hacer siquiera una somera lista de molinos de agua es tarea casi inútil, pues por muchos que se quisieran incluir en este breve artículo, no sería sino una ínfima relación de todos los que se pueden ver por todas las comarcas vallisoletanas.

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