RELOJES DE SOL: LA NATURALEZA MARCA LA HORA (velay 4)

El sol rige la vida de los seres humanos, y junto con la luna y las estrellas, estos cuerpos celestes fueron la primera referencia del tiempo de la humanidad. A estos astros,  de tiempo inmemorial se les atribuye un poder extraordinario y mágico: la Navidad o el solsticio de invierno y el solsticio de verano (San Juan en el calendario cristiano) son, en realidad una adoración al sol.

Y el sol sirvió a los griegos para construir el primer reloj, aunque indicios hay de rudimentarias formas de medir el paso del tiempo mediante la proyección de la sombra ya en el Paleolítico.

La aparente sencillez de un reloj de sol esconde la complejidad que ha requerido llegar a su construcción. Para ello se han tenido que aliar las matemáticas, la geometría, la astronomía y la cultura, sin olvidar el valor artístico que muchos de estos relojes tienen.

Esta primitiva y eficaz manera de medir el paso del tiempo ha dejado en Valladolid numerosos testigos en fachadas de iglesias, conventos, casas consistoriales y edificios particulares.

El rastro de los relojes de sol vallisoletanos no se agota en tiempos pretéritos,  sino que hay personas que han construido relojes recientemente dotados de belleza y curiosos elementos. (En la foto, reloj de sol en la ermita de Tiedra, que  pasa por ser el más antiguo de Valladolid) relojes de sol

Para hacernos una idea, se puede indicar que se acerca al centenar el número de relojes que realmente son capaces (o lo fueron) de facilitar la hora solar –excluimos remedos de relojes puramente decorativos-.

Se cita el reloj adosado a los muros de la ermita de Tiedra como el más antiguo, el de la plaza del Soltadero de Aldemayor (moderno) como de los más grandes, aunque los de mayor tamaño hay que buscarlos en Valladolid ciudad: en el jardín que hay entre la calle Profesor  Adolfo Miaja de la Muela y Carrefour, y en el jardín frente al Colegio Público Profesor Tierno Galván (ambos en el barrio de Parquesol).  La fachada el Ayuntamiento de Casasola de Arión, las esquinas de la iglesia inacabada de Villardefrades, los muros de la iglesia de Santa María, en Alejos, el edificio junto a la dársena del Canal de Castilla en Rioseco,  el patio del monasterio Agustino Filipino, también en Valladolid… así hasta más de medio centenar de poblaciones.

Más si en algún sitio debe comenzarse o terminarse una excursión en busca de relojes de sol, este debe ser el monasterio de la Santa Espina, tanto por el interés que tienen estos relojes, como  porque a partir del estudio de los que hay  en la fachada y arcos del monasterio, comenzó Antonio Sigüenza, hace un lustro, a mostrar el interesante patrimonio artístico, científico y cultural que tiene Valladolid en torno a los relojes de sol.

Digamos, por último, que calcular la hora oficial a partir de la solar que marcan estos relojes es relativamente fácil: hay que añadir dos horas más si estamos entre los meses de abril y octubre, y sumar solo una hora el resto del año.

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