UNO MÁS UNO ES DOS, DOS MAS DOS CUATRO

Las primeras letras, como se solía llamar antes a la enseñanza primaria, eran aquellas  en las que se aprendía a leer, escribir, las cuatro reglas de la aritmética, y ciertos conocimientos de historia, geografía y religión aprendidos por la insistencia del maestro o la maestra a base de repetir o memorizar alguna enciclopedia básica (la de Álvarez ha llevado la fama). Conocimientos que se aprendían en la escuela.

La escuela no siempre era un edificio independiente, sino que con frecuencia estaba en los bajos del Ayuntamiento o en algún otro edificio: corría el año de 1810 cuando el General francés Kellerman -más o menos el representante en Valladolid del rey José I (hermano de Napoleón)-, dictó un edicto por el que se comunicaba que en la Cartuja de Aniago (Villanueva de Duero)  se habilitaría una escuela  para leer, escribir, contar y aprender gramática; que se enseñaría gratuitamente a los pobres, dándoseles libros, papel, pluma y tinta; y que el sueldo de los maestros corría a cargo del presupuesto público.

Los años de bonanza económica que vivió Valladolid en el último tercio del siglo XIX sirvieron para que en muchos pueblos se construyeran escuelas y casas para los maestros. Un segundo impulso a la construcción de nuevos edificios escolares vino de la mano de los gobiernos de la dictadura de Primo de Rivera y, muy a continuación, de las políticas de educación de la II República.

Corría el año 1931 y se estimaba que en España casi la mitad de la población era analfabeta, y que un millón y medio de niños y niñas no iba nunca a la escuela. Así que las autoridades educativas de aquella época se propusieron un plan para construir 5.000 escuelas al año. La realidad quedó muy lejos de aquel ambicioso proyecto.

No obstante, el resultado de las políticas de educación básica que han tenido todos los gobiernos  ha dejado un buen puñado de escuelas que, con el paso del tiempo, se ha constituido en uno de los edificios emblemáticos de la mayoría de los municipios.

En definitiva, que al menos desde la segunda mitad del XIX, no es difícil que en prácticamente todos los pueblos vallisoletano se pueda contemplar un edificio notable correspondiente a las antiguas (o aún utilizadas) escuelas. Y hasta que comenzó la emigración del campo a la ciudad, las escuelas empleaban un buen número de maestros en los municipios.

A las políticas públicas de enseñanza primaria cabe añadir la labor de benefactores privados que donaban fondos para que se construyeran escuelas. Hay en Valladolid algunos casos como es el de Geria, municipio en el que Manuel González y Micaela Riaza dejaron testamento para que se levantara  un edificio escolar. Como así se hizo en 1897. (fotografía que ilustra este artículo).escuelas geria

Habida cuenta de los numerosísimos municipios con escuelas de agradable factura constructiva, no es posible hacer una lista sin ser  injusto por muchos olvidos. Pero propongo algunas referencias: Tiedra, Castronuño, Viana de Cega, Valdestillas,  Simancas, Nava del Rey, Valladolid (con especial referencia a las escuelas de Isabel la Católica que tuvo incluso una pequeña piscina cubierta para asegurar la higiene del alumnado),  la ya citada Geria…  en fin, un largo listado. En muchos casos aquella primera utilidad ha devenido en centro de personas mayores,  espacio cultural, centro cívico, etc.

Por tanto, cuando se visite un pueblo, pregunten por las viejas escuelas, pues merece la pena ver sus sencillas y agradables construcciones.

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