DE TOROS Y VAQUILLAS

Corrían los años 60 del siglo pasado cuano Blas Pajarero (Pablo Rodríguez)… sí uno de los hermanos de Pepe Relieve – ese librero de viejo y de compromiso-, publicó en el desaparecido Diario Regional una serie de artículos que  vieron nueva luz en un libro que se titula “Retazos de Torozos” (ilustrado por los dibujos de Félix Cuadrado Lomas).  Aquel libro lo dedicó Blas “A los muertos en Torozos”. Y no muertos por enfermedad común o el peso inexorable de la edad, sino por el  levantamiento militar contra el gobierno legítimo de la II República. Una dedicatoria en años aún de hierro en los que para nada se hablaba de aquellos enterrados en las cunetas tras el tiro de gracia.

Recorrió Pablo pueblos, tierras y gentes de la Comarca de Torozos, y nada se calló de lo que pensaba, incluso su parecer sobre la llamada “Fiesta Nacional”.

Incendiado Valladolid de fiestas veraniegas, no faltan en la mayoría de los municpios toros y vaquillas. Por lo que no viene de más, incluso para todas las personas que en alguno u otro momento hayan corrido delante de un astado, una avanzada, para su época, reflexión sobre las capeas y festejos taurinos… (la ilustración es de Félix Cuadrado y está tomada de la edición de 2002 de Fuente de la Fama)

Y escribió Blas Pajarero:

“Como Blas que soy y Pajarero que me dice dicen, vengo hoy a declarar mi enojo a las capeas o festejos taurinos, aún cuando la verdad sea dicha, no son los caminos que ando sitios muy dados a la fiesta de Vacas o “Fiesta Nacional”, que así todavía la dicen los “españolistas”, dejándonos no poco menos que descalzos a los que estamos en contra de esta su forma más bárbara y, por ellos, más auténtica.cuadradolomas

Y es que no son mis pueblos lugares de plazas con carros y talanqueras, sufrideros de vacas enmaromadas o emboladas, de torillos encohetados, de toros corridos a garrotazos, de vaquillas agarradas por la cola, mientras seis u ocho valientes se estriban hasta dar con ella en el suelo. Y tampoco, de toros con fuentes de vino o de aguardiente, de resabiadas bestias que son pavura y desgracia de forasteros y capeístas.  De tardes en las que los mozos porfían por ver quién es más bruto. De días en que hay que callar los destripados que hubo. De mañanas en que les corren jinetes que no son caballeros, en caballos que no son corceles, levantando nubes de polvo que al final de lanzazos en que el toro muere apabullado. De palcos o balcones con bandera nacional, desde donde se preside entre humo de tabacos y vahos de anisado, el sudor y el horror del novillero contratado. De decires tales, como el de que un fulano ya se libró de quintas, el toro lo ha medido sacado de un ojo. De gracias como la de soltarles de noche en medio del baile de susto de todos y caídas de muchos.

Y no me importa, después de soltada la larga diatriba, el ganarme la repulsa de mis vecinos, de la que me compensará sobradamente la bendición de un solo… (amigo)…  que me lea y con el que quisiera recitarme un ojalá, para que con este verano, el sol vengador y hermano, alumbre polvo y sangre de las menos capeas posibles.”

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