ENTRE CHOZOS, CAÑADAS Y CORDELES

Desde Cogeces del Monte hasta el Parque Etnográfico de la Arquitectura Pastoril, se atraviesa un páramo extremadamente solitario y de lejanos horizontes.

 El Parque Etnográfico se encuentra a poco más de 4 kilómetros de Cogeces del Monte y se asoma al  Valdecascón, un arroyo que ha labrado un vallejo que rompe la planicie. El Parque, una reconstrucción de la vida pastoril, se ha constituido en torno a un chozo principal, el chozo de los Hilos. Presume Cogeces y la comarca de la Churrería de una tradicional actividad pastoril que se desarrollaba tanto en  los pagos habilitados para el pastoreo, como en la vieja práctica trashumante. No muy lejos de aquí, hacia el Oeste, discurre la Cañada Real Soriana que viene desde Peñafiel hasta Medina del Campo, donde se une a las cañadas que conducen a Extremadura. Por aquí pasaban los rebaños sorianos y burgaleses que en el invierno buscaban las cálidas tierras extremeñas. Esta cañada, dice Federico Sanz Rubiales, que escribió un interesante libro sobre las cañadas  de Valladolid, también se conoce en otros pagos de la provincia como Cordel Real Burgalés, y en el término de Cogeces del Monte se la denomina Cañada de Baitardero, nombre de una fuente por la que pasa.

El Parque Etnográfico ha reconstruido chozos y corrales, y ha dispuesto un didáctico itinerario en el que mediante paneles va describiendo la importancia de la actividad ganadera de la comarca. Incluye la posibilidad de practicar los juegos tradicionales en los que los pastores entretenían su tiempo libre, que debía ser mucho si tenemos en cuenta que no se ordeñaba diariamente a las ovejas, pues su aprovechamiento era para obtener lana y la elaboración de quesos para el consumo local.parque etnográfico-crop

Cada pastor usaba el corral que mejor le conviniera en razón de los pastos que cada año le hubieran tocado en suerte. Hasta que los pastores no terminaron por ser propietarios de sus propios rebaños, ya en el siglo veinte, eran contratados por los dueños del ganado por un salario que incluía  algunas ovejas como pago en especie. Por su parte, los propietarios de los corrales y los pastos se conformaban con recoger el estiércol, que usaban como abono.

El chozo era el alojamiento indispensable para protegerse de la noche, las inclemencias del tiempo y los depredadores. En su interior, una manta sobre un montón de paja, por cama, y algunas provisiones de leña, para calentarse,  eran todas las comodidades de que disponía el pastor… Eran otros tiempos.

 

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