LA ESCULTURA PÚBLICA EN VALLADOLID: EN BUSCA DE NEPTUNO (I)

En las próximas tres semanas vamos a recorrer algunas de las esculturas públicas de Valladolid. Como toda ruta, entre tanto donde elegir, serán itinerarios aleatorios que admiten todas la variaciones que el paseante quiera hacer.

En esta primera entrega vamos a recorrer el interior del Campo Grande. Y esto por una razón. Porque en ella está la mayor parte de las esculturas más antiguas de Valladolid, amén de aproximarnos a unos cuantos personajes destacados de la historia local.

Al menos que haya llegado hasta nuestros días, no son muchas las esculturas que se erigieron en Valladolid hasta la década de los ochenta del siglo XX.  Y más concretamente hasta 1900 no se levantaron más que media docena, sin contar con algunos bajorrelieves que se instalaron en las fachadas de las casas de personajes ilustres: Cervantes, Colón y Zorrilla.

La única escultura que hay del año 1900 es la del monumento a Zorrilla, en la plaza que lleva su nombre, y la más antigua es del año 1835: un Neptuno tallado en piedra que se halla en una islita próxima a la zona de juegos infantiles contigua al paseo de Zorrilla. neptuno esculturas

En el orden que se quiera, el interior vallado del Campo Grande, además de la citada escultura de Neptuno, nos muestra la Fuente de la Fama, de 1883: en homenaje al alcalde Miguel Íscar, sus autores son Chicote e Iturralde. La Pérgola exhibe también la Fuente del Cisne, de Bayón y fechada en 1887 (hay que anotar que esta fecha corresponde al primer emplazamiento que tuvo, que fue en la plaza del Poniente –al Campo Grande se trajo en 1892-).

Merodeando por el Campo Grande ( por las inmediaciones de la Fuente de la Fama,  el paseo que lo atraviesa y las proximidades de la pajarera recién restaurada) encontraremos los bustos, encaramados en sobrios pedestales, de Miguel Íscar (Vicente Carretero, 1907), Núñez de Arce (Barral, 1932), Leopoldo Cano (“Cheche”, 1936) y Rosa Chacel (Barón, 1988).

Por cierto, en un parterre escondido a la espalda de la escultura de Núñez de Arce, hay instalado un pequeño pero curioso plano cerámico del Campo Grande.

Y, por último El fotógrafo del Campo Grande, de 1994 fundido por Cuadrado. Esta escultura no hace sino recordar que hasta que las máquinas de fotos se popularizaron, bien a diario o los días festivos, el gremio de fotógrafos salía a la calle en la Plaza de Zorrilla o en los paseos del Campo Grande para retratar por encargo a soldados y militares, parejas de novios y familias enteras. Aquello, junto a las bodas, comuniones y celebraciones ocasionales, era lo que dejaba algún beneficio a los fotógrafos de la postguerra, amén de las fotos para los libros de familia numerosa.

Antes de entrar en el Campo Grande por la puerta de la Plaza de Zorrilla, hay que fijarse en una cerámica diseñada por Soria que reproduce la época del desaparecido cine Pradera. Pero, también, al otro lado, una placa basada en la novela de Delibes El hereje que nos recuerda que en este lugar se celebraban los aquelarres de la Inquisición quemando herejes y supuestas brujas.

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