DEL CENTRO HISTÓRICO HASTA EL ENSANCHE DE VALLADOLID (II)

Tiene Valladolid un abultado censo de esculturas públicas repartido por sus calles y plazas. Tomando algunas de ellas daremos, hoy, un largo paseo.

Resulta complicado, a la hora de elegir opciones para este paseo, no dejarse llevar por gustos y pasiones. Como haré una tercera entrega de itinerarios de esculturas, en esta ocasión vamos a partir de la Plaza Mayor, donde se levanta el monumento al Conde Ansúrez, realizado por Vicente Carretero en 1903. Aparte de las ilustraciones que adornan del pedestal, debe atenderse a unos medallones tallados en la piedra que representan el más antiguo escudo  de Valladolid: una especie de ruleta de castillos que tiene en su centro grabado  VAL.

La calle Santiago conduce directa hasta la Plaza de Zorrilla, la expansión de la ciudad burguesa del XIX que rompió la cerca que rodeaba la ciudad en esta parte de Valladolid. En la plaza hay un  grupo escultórico notable, también de Vicente Carretero, que rinde homenaje al poeta vallisoletano. La fecha es de 1900. Tiene varias ilustraciones en el pedestal de piedra que hay que leer. Desde este punto se aprecia perfectamente el monumento a los Héroes de Alcántara frente a la fachada de la Academia de Caballería. El autor es Mariano Benlliure, y su fecha de ejecución es de 1931.

Y desde aquí vamos a hacer como un desvío que, por la calle Miguel Iscar, nos lleve hasta la Plaza de España. En ella además del Homenaje al Voluntariado Social, de Cuadrado e instalada en 1996, se encuentra La bola del Mundo, del mismo año que la de Cuadrado y diseñada por Ana Jiménez, una de nuestras grandes esculturas. Nuestros pasos nos llevarán a la Plaza Madrid para ver un bronce, titulado Encuentro, de Feliciano Álvarez (advertir que en realidad son dos grandes rejas de arado que se abrazan, rematadas por sendas bolas doradas). La calle más directa que nos devuelva al Campo Grande nos debe acercar a la escultura que reproduce la figura del vallisoletano bailarín Vicente Escudero (está en un pequeño estanque inmediato a la Oficina de Turismo. Realizada en 1995,  su autora es Belén González. De aquí hacia el Monumento a Colón.

El monumento a Colón  exigiría por sí mismo un largo artículo, por su ejecución, escenografía e iconografía. Con independencia que la siempre controvertida colonización española de América, lo cierto es que el monumento es todo un resumen de una parte de la historia de España, que se refleja en los bajorrelieves que el escultor  Susillo ha incrustado en la piedra. La obra pasa por ser una de las mejores esculturas españolas del siglo XIX.

En los jardines que anteceden la fachada de la Estación Campo Grande, hay otra escultura de Feliciano Álvarez titulada Siroco que está fechada en 1998. Pertenece a la colección de escultura contemporánea de Renfe. Pero, ¡ojo! no dejar de mirar a la fachada de la Estación. En su coronación, a un lado y otro del escudo, hay dos grandes figuras femeninas que representan sendas alegorías a la Industria y la Agricultura. Pues bien, se trata de un trabajo de Ángel Díaz Sánchez, uno de los verdaderamente grandes escultores españoles (1859-1938) que pasa desapercibido en nuestra ciudad, donde residió varios años. Estas esculturas se fechan en 1895.

Desde aquí vamos a caminar un largo trecho por la calle Puente Colgante sin demasiadas referencias, aunque nunca está de más echar una ojeada al Arco de Ladrillo (por si algún día, con estas idas y venidas del soterramiento acabamos perdiéndole la pista a esta curiosísima construcción decimonónica); y un busto de Rabindranath Tagore en el jardincillo de la Casa de la India nos dejarán hasta que, ya en la plaza de Toros (1890) apreciemos dos esculturas: el Arco de los toros, de Carmen Tablada, junto a la fachada del Museo Taurino, y la que rinde homenaje a Fernando Domínguez, de 1999 ejecutada por Lozano Pérez.

Hay que llegar hasta el antiguo matadero, en el paseo de Zorrilla, para, una vez que nos adentremos en los jardincillos que dividen la calzada, ver la escultura Toro, de José Luis Medina, uno de los escultores, nacido en Serrada, más destacados del siglo XX español. Está fechada en 1999. Ojo, frente a este antiguo matadero, no hay que dejar de observar un bosquecillo de columnas metálicas que emerge del estanque, pues se trata, en conjunto, de una obra de Primitivo González, arquitecto vallisoletano que también aborda la escultura con notoriedad. Y desde aquí ya se vislumbra el Escenario para una película (1999), un homenaje al cine que lleva la firma de Denis Oppenheim, uno de los más internacionales escultores contemporáneos que en España sólo dejó otra escultura pública. Recientemente fallecido, esta obra es, junto a la que a continuación vamos a ver, la que ofrece unos de los detalles  contemporáneos más interesantes que Valladolid puede enseñar a los visitantes.HOMENAJE CINE

Y, decíamos, llegamos a Columna forma de sonido (también de 1999), de Lorenzo Frechilla. En la glorieta que enlaza el Paseo de Zorrilla con la Ronda Interior Sur, esta gran escultura es, en realidad, una reproducción a gran escala de la original, que apenas llega a medio metro. En este punto caben dos opciones, o hacer las dos: llegarse hasta Las puertas de Valladolid (1997), de Cristobal Gabarrón, siguiendo el paseo de Zorrilla; o  acercarse hasta el Homenaje a la Mesta, de Miguel Escalona. Está al comienzo de la Cañada de Puente Duero, es de 2000, realizada en acero forma parte del interesantísimo legado escultórico de este artista vallisoletano que aún está por reivindicar.

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