UN PASEO POR LA VIEJA CONDUCCIÓN DE ARGALES

La trama urbana de una población se ha ido formando condicionada por las principales infraestructuras y los accidentes geográficos: las vías del ferrocarril, el cauce de un río, el trazado de la muralla, las carreteras y caminos de acceso, y las conducciones de aguas.

Valladolid puede aportar ejemplos de todos y cada uno de estos casos, pero hoy vamos a detenernos en una de las infraestructuras más importantes que ha tenido la ciudad durante siglos: la traída de agua de Argales o el viaje de las Arcas Reales, como también se la conoce.

Desde que en el siglo XV los monjes de San Benito se construyeron una canalización de agua hasta su convento procedente de la huerta de las Marinas (en terrenos ubicados en la actual carretera de las Arcas Reales), varios han sido los proyectos llevados a cabo por el Ayuntamiento durante los siglos XV y XVI para proveer de agua al vecindario. Un agua que se canaliza desde el mismo lugar (más o menos) que el de los monjes. En su origen, un gran arca de tiempos de Felipe II y otras más pequeñas recuerdan lo que  posiblemente es la obra de ingeniería más importante que ha acometido Valladolid en toda su historia, y, desde luego, una de las más destacadas del Renacimiento español.

Nosotros vamos a realizar un paseo desde las tapias de la calle del Ferrocarril hacia el corazón de la ciudad. Comenzaremos frente a la calle Panaderos, en lo que queda de una vieja fuente incrustada en dichas tapias (este caño era la continuación de las tuberías bajo el ferrocarril que venían desde las Arcas Reales). Se observará que a partir de aquí hay un trazado prácticamente rectilíneo hasta la plaza de Fuente Dorada, uno de los destinos de aquella conducción de agua del siglo XV que quería, sobre todo, traer una fuente hasta lo que ahora es la Plaza Mayor: y se consiguió en el siglo XVI, aunque no mucho duró aquella fuente, que desapareció tras el famoso incendio de 1561.

Recorremos la calle de Panaderos hasta la plaza del Caño Argales, un lugar tan modesto como emblemático (por ejemplo aquí se levantaron las primeras viviendas sociales en los albores del siglo XX). Esta fuente ha prestado un servicio impagable hasta la década de los 60 del pasado siglo.  Su trazado actual no es original, sino una obra del XIX.  Responde el nombre de Panaderos a que aquí se fueron instalando las panaderías en torno al almacén municipal de grano (alhóndiga o pósito) que se ubicó en terrenos que ahora ocupa el colegio Cardenal Mendoza (aquello fue en 1702). Una calle con viejos e históricos comercios: ultramarinos de Las Heras, pescadería de la Eugenia y, casi en plaza de España, pastelería Zorita (en sus fachadas correspondientes se indican los años de antigüedad).argales 1-crop

Llegaremos hasta la Plaza de España, que no es sino el viejo Campillo de San Andrés, un descampado que separaba la parte más antigua de la ciudad (en torno a Duque de la Victoria) de la modesta barriada de San Andrés (lugar de asentamiento de obreros, aguadores, y primeros trabajadores del ferrocarril). Y desde aquí la conducción de Argales embocaba hacia la calle de Teresa Gil. En esta calle hay dos acertadas reseñas de la histórica conducción de agua: frente al número 20 bis una baldosa en el suelo hace referencia a la segunda conducción (que se conocía como de las Marinas –principios del XVI-); y frente al número 12, una baldosa en el suelo y una columnita metálica advierten del trazado e incluye una brevísima reseña histórica: en esta ocasión para dejar constancia de lo que ya se llamó viaje de Argales (del s. XVI-XVII).argales 3-crop

Y alcanzamos la plaza de Fuente Dorada, donde se erige la enésima traza de aquella famosa fuente del XVI: ha conocido toda clase de adornos, artefactos, materiales y tamaños. Enumerarlos todos desborda el ámbito de este artículo, pero anotaré que el más famoso acaso fue el Purpurino; el más desconocido, una estatua de Apolo; y el más degradante, una simple columna de piedra que no alzaba ni un metro del suelo.

Desde aquí partía un ramal hasta la Plaza Mayor, como ya he citado; y otro conducía hasta una fuente en la plaza de la Rinconada.

Todas aquellas fuentes sirvieron para abastecer de agua a las personas, proveer de agua a las lavanderas y amas de casa, y para abrevar ganados y caballerías.

Pero si este paseo puede concluir en algún sitio debe ser frente a la Casa Mantilla, en la Plaza de Zorrilla: aquí hubo una fuente durante muchos siglos (llamada del Cristo o de la Puerta del Campo), cuya agua, también de Argales, sin embargo llegaba por una conducción distinta a la que hemos seguido: venía por el actual paseo de Recoletos desde las grandes arcas de Arcas Reales.

El fin de aquella historia (casi 500 años) llegó en 1974, cuando se clausuró la conducción por no poderse garantizar la potabilidad del agua

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