PLAZAS POPULARES DE SAN JUAN, VADILLOS, BATALLAS Y CIRCULAR

Las plazas son, seguramente, una de las cosas que más contribuyen a humanizar las ciudades. Se trata de esos espacios, más o menos amplios, que facilitan el encuentro entre las personas, que sosiegan la vida, que permiten el descanso, el solaz,  la conversación de los adultos y el juego de la gente menuda. Las plazas, con sus árboles y zonas soleadas, aportan sombra refrescante en el estío, o agradables rayos de sol en el invierno.

Sirven para la organizar la fiesta, el teatro, la verbena, el baile…

En definitiva, bien se podría medir la calidad urbana de una ciudad por la calidad de sus plazas.

Es difícil que en el recuerdo de las personas no hayan quedado agradables e imborrables recuerdos de cosas que ocurrieron en la plaza que cada cual frecuentaba.

Cierto es que ciertas formas de moderna construcción cuáles son esos grandes bloques que incluyen en su interior piscinas y espacios deportivos, han contribuido a que muchas personas no frecuenten ya las plazas. Es más, es que hay barrios contemporáneos que no tienen plazas, sino grandes parques verdes pensados más para el paseo que para el encuentro.

Por suerte, Valladolid aún puede contar con unos cuantos barrios que, con mayor o menor acierto, han conservado y mejorado sus viejas plazas. Y unos de estos son, sin duda los de San Juan, Vadillos, Circular y Batallas, que si de algo pueden presumir es de ser barrios  con plaza.

Estas barriadas, en el borde de la ciudad medieval,  han ido creciendo totalmente condicionadas por el ramal exterior de la Esgueva, primero, y por el ferrocarril, más tarde: por la plaza Circular antes discurría el río, por ejemplo. Pero también la Esgueva ha contribuido a darles personalidad: ahora por el paseo tan espléndido que ofrece el río, y antes porque incluso el río les ha dado nombre: en el siglo XII  ya se cita la existencia de un molino en el Vadillo de la Esgueva…

Barriadas, como Circular o San Juan, que fueron creciendo a lo largo del siglo XIX, en la misma medida que Valladolid iba ensanchando y necesitaba dar cobijo a obreros y artesanos que se instalaban en la capital al calor del crecimiento industrial.

…Pues, venga, a pasear.

 

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El barrio de las Batallas, en torno a una plaza porticada, se comienza a habitar hacia 1958 ó 1960. La plaza está “habitada” por una gran escultura de Belén González, titulada Lectora

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Por la calle Covadonga llegamos hasta la plaza Luis Braille, de escasa entidad, más allá de ser un mera rotonda, pero en ella hubo una de las industrias más populares de Valladolid, la fábrica de cervezas Cruz Blanca, que también disponía de merendero donde pasar las tardes veraniegas. La chimenea de principios de siglo, y el escudo de la marca (en la calle Renedo), dan testimonio de su existencia

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Y nos plantamos en la plaza de San Juan, cuyo nombre viene de la iglesia de San Juan, de moderna construcción pero de origen templario (sigloXII). Los castaños de indias proporcionan una tupida sombra en el verano. La plaza acoge una escultura – “María Pía”- de Ana María García. Para llegar a la iglesia hay que acercarse por la calle Bautismo

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Antes de continuar camino no debemos pasar por alto un ilustre vecino del barrio: el colegio de San Albano o de los Ingleses.  Aquí dio protección Felipe II a los católicos ingleses que eran perseguidos en su país… para luego volver a “la pérfida Albión” a sufrir martirio

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Por la calle Nicasio Pérez nos acercamos a la plaza Danza y plaza de Vadillos. Una nave y la chimenea, ambos de 1908, son restos de la antigua cerámica que tantos quebraderos de cabeza dio al vecindario por la suciedad que despedía su chimenea. La lucha vecinal condujo a que cesase su actividad… y de entre sus tapias  emergió un nuevo espacio público: la plaza Danza

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Por la calle Silió (por cierto, presidida por un enorme y abandonado cuartel de la Guardia Civil), llegaremos hasta el final de nuestro paseo: la plaza de la Circular: una isla de gigantescos plátanos que en su vientre alberga, aún, el puente de la Esgueva. Un ramal del río que, desde aquí, se dirigía hacia su desembocadura por la plaza del Caño Argales

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Aunque nuestro itinerario está marcado por las plazas populares de estos barrios, hay que dejar nota de dos personajes de los que sentirse orgullosos: el bailarín Vicente Escudero del que podemos ver una escultura a las puertas del Centro Cívico que da a la calle Santa Lucía (de Bustelo, Ostern y Juan Villa);  y Nicasio Pérez, comerciante de la zona en el siglo XIX que, entre otras cosas propias de mecenazgo, puso en marcha el famoso teatro Cervantes, que estuvo abierto al público entre 1896 y 1925 (aproximadamente), de gran arraigo popular y que, por desgracia, no ha dejado rastro alguno en la historia del barrio

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