MONTEMAYOR DE PILILLA: PIEDRA Y PINO

Montemayor de Pililla es de esos municipios que aunque ha  perdido población, como la mayoría de la provincia, mantiene buen pulso vital,  alimentado  tanto por las gentes que lo habitan todo el año, como por los hijos del pueblo que residen fuera de él pero que no se olvidan de venir con frecuencia.

Pueblo de piedra, como corresponde a aquellos municipios que medran en  los páramos calizos de la provincia, Montemayor la muestra en la mayoría de sus casas y construcciones más emblemáticas.

Quien tenga la suerte de conocer su término,  apreciará que Montemayor es, sin duda, un yacimiento etnográfico y de una variedad paisajística poco común en Valladolid. Por ejemplo, los  chozos de pastor, de cantero, de resineros y los tradicionales colmenares; así como la presencia notable de pinar, roble, encina y la cada vez más presente sabina, confirman una variedad cultural y forestal muy singulares. De hecho, buena parte de su antigua pujanza viene de la riqueza resinera que se obtenía, entre otros lugares, en el monte de la Unión, nombre que le viene del emporio resinero que explotaba pinares por media España.

Pero, en esta ocasión, vamos a dar un paseo por su caserío y alrededores más inmediatos.

 

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Dejamos el coche, o la bici, junto a la Hontana, donde la vieja fuente junto al lavadero cubierto (ahora un negocio de hostelería), y una agradable y siempre verde chopera,  ayudan  a pasar frescos veranos y a hacer amable el invierno

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Iniciamos el ascenso de una pronuncidad subida que nos lleva a adentrarnos en el casco urbano pasando por las estribaciones  de  Santa María Magdalena, templo del siglo XVII, rodeado de unos pétreos contrafuertes

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Por la cuesta La Ramona, por ejemplo,  llegaremos hasta la plaza Mayor. Allí reciben un singular frontón,  el Ayuntamiento de 1888 y la antigua escuela de niños, al lado de la Casa Consistorial

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Hay que callejear, y seguramente habrá que preguntar a alguna persona, para llegar hasta la calle Prado Henar, donde el casco urbano se desparrama ya en naves, para acercarnos,  por un camino, hasta el lapiaz que marca el inicio de la Senda del Segador. Un lapiaz es un afloramiento de caliza que las inclemencias del tiempo han terminado por convertir en  un delicado bordado pétreo (en Valladolid la mirada curiosa se puede encontrar un reportaje que recorre la Senda del Segador, una de las más interesantes de Valladolid)

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Volvemos al interior del pueblo. A poco que nos fijemos veremos los característicos tejados a la segoviana. Es decir, cubiertas que solo se hacen con una teja (la canal), prescindiendo de la cobija. Es una muestra de que Montemayor, así como otros municipios de la zona, pertenecieron a la Comunidad de Villa y Tierra de Cuéllar

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Preguntemos por la calle Humildad para acercarnos hasta una de esas manifestaciones de la vida pujante que otrora tuvo el pueblo: el cine Arenas. Construido en los años 50, cuando la población doblaba la actual, que ronda los 900 habitantes. Ahora sigue en uso como salón de actos para las más diversas manifestaciones lúdicas y  culturales

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Volvemos hacia la plaza Mayor pasando por la plaza de Santa María, en la que parecen dialogar la torre cilíndrica del depósito de agua con la cuadrada torre  de la iglesia

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Detrás del frontón está la casa de Cultura que rinde reconocimiento a un personaje nacido en Montemayor: Ángel Rodríguez Bachiller, filósofo tan desconocido para la mayoría como prolífico, erudito y comprometido con su tiempo. Nació  en 1901 y  falleció en 1983, sin que del todo le fueran reconocidos sus méritos ni restituido de las tribulaciones que padeció por no plegarse al pensamiento y la política dominante de su época

 

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Nuestro paseo remata en el lugar  donde partimos: la Hontana. Pero bueno será dejar constancia de algunas cosas interesantes: la fábrica de cervezas Milana (que está en la misma población); la Martina (un pujante negocio de hostelería que hunde sus raíces en el año 1959); los colmenares de la carretera de Santibáñez; y en la encrucijada de carreteras por la que hemos llegado al pueblo: la cruz del Pico, un viejo crucero cargado de enigmas y del que volveremos a tener noticia dentro de un tiempo, cuando recorramos algunos de los cruceros de la provincia

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10 comentarios en “MONTEMAYOR DE PILILLA: PIEDRA Y PINO

  1. Hola Jesús, gracias por este gran artículo.

    Una pregunta, ¿cuál es la licencia del contenido de este blog? ¿se puede reutilizar bajo alguna licencia libre tipo creative commons?

    Gracias.

  2. Un pueblo encantador y lleno de vida, cierto. En verano es especialmente grato pasear al atardecer por los alrededores y descubrir las puestas de sol. El bullicio de la naturaleza que invade el campo, se torna griterío casi salvaje al anochecer con los niños jugando frente al ayuntamiento, tiene vida si. Tampoco es despreciable un paseo por los pinares en otoño. Hay quien, aprovechando la temporada de setas, se acerca al pueblo para dar cuenta de ellas. Después se digieren mejor con otro paseito hasta el cementerio.

    • Como comento en el reportaje: conozco a mucha gente de Montemayor y todos coinciden en decir que “la gente del pueblo es muy de Montemayor”. Se nota cariño y afecto en sus habitantes.

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