LOS ECOS DE JEROMÍN: VILLAGARCÍA DE CAMPOS

¡Qué mejor manera de comenzar el recorrido por los lugares más relevantes de Villagarcía que de la mano del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha!

En el capítulo 49 de la obra de Cervantes, Don Quijote dice a otro personaje que, entre sus antepasados está un tal Gutierre  Quijada, que no es otro que un ascendiente de don Luis Méndez de Quijada importante personaje de la Corte de Carlos V y Felipe II. La dinastía de los Quijada fue una saga de fieles a la Monarquía que sirvieron anteriormente a los Reyes Católicos y a Felipe el Hermoso.

Don Luis casó con Magdalena de Ulloa (mujer importante por familia, fortuna y fundaciones) y juntos habitaron el castillo- palacio de Villagarcía de Campos mediado el siglo XVI.

Durante seis años correteó por aquella fortaleza el jovencito Jeromín, que en realidad era el diminutivo de Jerónimo, que así le llamó su padre Carlos V cuando nació producto de una relación extramatrimonial.

Jeromín, una vez reconocido por su padre (en Yuste),  y por su hermanastro Felipe II, pasó a formar parte de la familia real con el nombre de Juan (de Austria). Fue aquel detalle del rey Felipe un acto muy cariñoso, pues convirtió a Jeromín en el verdadero hermano (varón) que nunca llegó a tener el monarca, pues dos hijos de Carlos V que nacieron en 1537 y 1539 –y a los que se les puso de nombre Juan- fallecieron inmediatamente después de su llegada a esta vida; y otro hermano, Fernando, también había muerto prematuramente.

Mas, Villagarcía, además de esta historia y el viejo castillo, ofrece al visitante algunas interesantes casonas y  la colegiata de San Luis, mandada construir por Magdalena de Ulloa y que acogió  un importante convento jesuita.

Contado esto, ¡ea! a caminar por Villagarcía de Campos.

 

Castillo original del siglo XIII, fue  levantado durante las luchas fronterizas entre los reinos de León y Castilla. En su interior, y hacia el siglo XV,  se construyeron estancias palaciegas que habitaron los Quijada, ya en el siglo XVI. Por los pasillos del palacio y los patios y almenas del castillo correteó el famoso Jeromín, hijo bastardo de Carlos V.

 

La torre del homenaje permite disfrutar de amplísimas vistas y varios municipios (recomiendo llevar prismáticos): Medina de Rioseco, Tordehumos, Urueña…

 

Vistas del caserío de Villagarcía y de la Colegiata, que parece presidir el municipio.

 

Encaramos la calle Sacramento que, frente al castillo, conduce hacia la Colegiata. Pasamos por la plaza Mayor, donde se alza la iglesia de San Pedro, del principios del XVI,  con torre mudéjar.

 

Tiene Villagarcía varias casas blasonadas. Dos de las principales y que mejor se conservan están frente a la colegiata. Se trata del hospital de la Magdalena, fundado por Doña Magdalena de Ulloa (presiden su fachada sendos escudos de los esposos), y la casa del siglo XVII del obispo fray Francisco Guerra.

 

Y nos hallamos ante la Colegiata. La fachada, y en general su fábrica, es de un sobrio renacentista con aire clasicista herreriano.  Es muy  característico de las iglesias construidas bajo la tutela de la orden de los jesuitas. Veremos cómo es casi idéntica a la de la iglesia de San Miguel, en Valladolid. Y en su interior se respira el siglo XVI en cada detalle: eso es debido a que desde su construcción no ha sufrido alteración alguna, ni siquiera en los suelos. El edificio se erigió a finales del XVI según el proyecto de Rodrigo Gil de Hontañón, uno de los mejores arquitectos de su época. En realidad lo que ahora vemos del XVI (iglesia y algunas dependencias anejas) es una parte del gran conjunto que llegó a tener la colegiata. Su abandono tras la expulsión de los jesuitas por orden de Carlos III llevó a que se hundiera toda la parte conventual, erigida en su día en torno a un claustro de dos pisos.  La colegiata, aunque la ocupan los jesuitas, actualmente pertenece al Arzobispado de Valladolid. Antes de  comenzar el recorrido por la Colegiata y Museo de Villagarcía de Campos debe saberse que se trata de un conjunto histórico y artístico impresionante. Visitar estas dependencias es disponerse a ver obras que, en opinión de expertos en arte,  son palabras mayores. Aquí se verán obras de Francisco Gutiérrez, Luis Salvador Carmona, Tomás de Sierra, Cristóbal Ruíz de Andino, Gregorio Fernández o el palentino Juan Sáez de Torrecilla. Unos podrán ser más conocidos que otros, pero todos son referencia en el arte religioso. Se trata, en definitiva, de un conjunto de retablos, esculturas y pinturas de los siglos XVI, XVII y XVIII que atesora una de las más importantes colecciones de obras de arte que se puedan ver en España.

 

El pasillo por el que se inicia el recorrido por la Colegiata y su Museo, recibe con cinco grandes lienzos de Francisco Gutiérrez que representan escenas bíblicas con imaginativa ambientación italianizante propia de la escuela veneciana, y unas perspectivas extraordinarias.

 

Óleo de Miguel Ángel Galván, de 2009. Representa el encuentro entre Felipe II y su hermanastro Jeromín, acompañado del señor Luis Méndez de Quijada. El hecho tuvo lugar en las inmediaciones de la Santa Espina, no muy lejos de Villagarcía de Campos.

 

Y como no puede ser de otra manera, pronto se presentan a los visitantes los mecenas de la Colegiata: dos grandes retratos de Doña Magdalena de Ulloa y Don Luís Méndez de Quijada, separados por un enorme lienzo con el escudo de la casa que preside la Sala de Visitas o Sala de los Fundadores (que de las dos maneras se conoce).  En ella se expone una colección de libros y dos copias de sendos cuadros de El Greco, además de diversos muebles de la época.

 

Sin perder la continuidad, se transita de la parte propiamente museística a la Colegiata, no sin antes recorrer la sala de los Canónigos y Capellanes, donde se verán numerosos ornamentos, casullas, un altarcillo barroco y retaros de los primeros generales de los jesuitas.

 

Y  la capilla de las reliquias. La unidad de conjunto de la capilla tiene la firma de Tomás de la Sierra que, tal como relata Teresa, la guía de la visita, posiblemente se trata del mejor relicario de España. Representa pequeñas esculturas, grandes vitrinas con huesos que llevan grabado el nombre de su mortal dueño, frascos con restos humanos… todo ello sin destilar la menor sensación macabra, debido, sobre todo, a la armonía que exhala la capilla. En la imagen,  detalle del relicario de “las santas mujeres”.

 

No se abandona el recinto principal de la iglesia, en dirección a la cripta bajo el altar, la capilla de los novicios y la sacristía, sin admirar el retablo principal, diseñado por Juan de Herrera, que destaca por sus relieves en alabastro y una escultura de Gregorio Fernández.

 

Al introducirnos en la cripta bajo el altar en la que están enterrados los restos de Doña  Magdalena y Don Luis,  podemos entender porque la iglesia se construyó sobre unas altas escalinatas: era la manera de evitar que la cripta se encharcara. Cosa que habría ocurrido de haberse abierto bajo  la iglesia y que esta estuviera construida a nivel del suelo, dado que  en Villagarcía la capa freática se encuentra muy próxima a la superficie.

 

Acaso sea la sacristía de la capilla del noviciado otro de los peculiares rincones de la Colegiata. En ella se verá, entre otros objetos, una colección de casullas negras mandadas hacer por Doña Magdalena  para los funerales de su esposo, próximo a morir, y un gran tenebrario del siglo XVI. Pero se ha de llamar la atención sobre un Niño Jesús en una minúscula cama que es una muestra de la colección de figuras que acumuló Doña Magdalena que, imposibilitada de tener hijo, se dedicó a coleccionar muñecos a los que vestía de las formas más curiosas y de los que se verán varias ejemplos en la Colegiata.

 

La capilla de los novicios acoge un deslumbrante retablo  dorado de madera, presidido por un  San Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas y que recuerda el espíritu viajero de muchos personajes, santos o no, de su época: estudió teología en París, se ordenó sacerdote en Venecia y murió en Roma, en 1556. No sin antes haber pasado largos años en Salamanca, Valladolid, Alcalá y Palestina.

 

NOTA: Hasta el 15 de octubre castillo y colegiata se pueden visitar los fines de semana llamando al 669 082 210. Teresa, la magnífica guía de Villagarcía,  conducirá  las visitas. A partir de esa fecha, hay que llamar directamente a la Colegiata: 983 717 032.

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5 comentarios en “LOS ECOS DE JEROMÍN: VILLAGARCÍA DE CAMPOS

  1. En 1596 una de mis antepasadas, Antonia de Lorenzana, dota para casar a uno de sus hijos (también mi antepasado) e incluye “con mas le dio y doto en el dho dote toda la erencia de propiedad a que ella a y tiene en la villa de billagarcia tierra de canpos castilla la biexa segun que a ella le pertenece por erencia y sucesion de doña leonor de lorençana defunta y en ottra qualquiera manera que de drº le pertenece con sus casas casares y eredades biñas y lo demas a la dha erencia a propiedad anejos perteneciente, con mas la herencia y sucesion del dotor Rodrigo gonçales Carrera su padre defunto”; yo vivo en Galicia y me gustaría saber si hay alguna web con archivos históricos de Villagarcia de Campos o algún contacto con historiadores o genealogistas que me puedan dar razón de familias Lorenzana en esa Villa en el siglo XVI, gracias.
    Ana Maria Mato Sesto amatses@et.mde.es

  2. Hermosa nota, me gustaria conocer ese pueblo donde nacio mi Abuela Saturnina Alonso del Campo en 1900. Estaria muy agradecida si me pueden contar sobre las costumbres de su gente y si todavia vive algun descendiente que pueda conectarse conmigo. Gracias y cordiales saludos desde Argentina

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