EL ESCUDO DE LA CIUDAD DE VALLADOLID

El escudo de Valladolid arranca de antiguo y su historia se ha ido escribiendo a partir  de diversos documentos, fechas y conjeturas más o menos bien fundadas. Una historia en la que no faltan leyendas  sobre el origen y su evolución.

Sabemos que Alfonso X el Sabio en el año de 1255 ordena que los lugares de Tudela de Duero, Simancas y Peñaflor de Hornija, no ostente otras señas ni sellos que no sean los de Valladolid. ¿Cuáles eran esos sellos?  Los historiadores llegan a la conclusión de que eran los que aparecían en  dos privilegios expedidos por el Concejo de Valladolid: firmado uno en 1266 y el otro, diez años más tarde. Relacionados el primero con un asunto de impuestos, y el otro sobre el lugar donde había de edificarse el convento de San Pablo. El sello tenía dos caras: en una se representa la muralla de Valladolid con ocho puertas y en el medio la inscripción VAL con la leyenda de  “SELLO DEL CONCEJO DE VALLADOLID”,  y en la otra un castillo de tres torres con la leyenda   “LA GRACIA DEL ESPÍRITU SANTO ESTÉ CON NOSOTROS”, tal como se puede apreciar en las imágenes que siguen.

Reproducción del sello,  en la que se aprecia que al original encontrado en su día le faltaba una parte del mismo tanto en el anverso como en el reverso.

¿Cuál podía ser la enseña de Valladolid hasta entonces? No hay documento alguno que nos dé una pista,  pero en alguna medida se ha venido aceptando que el característico ajedrezado de Ansúrez podía ser el emblema en el que se reconociera la villa.

Fotografía tomada de una de las paredes del Ayuntamiento.

Hasta el siglo XVI no se ha documentado  ninguna otra enseña de la ciudad. Un documento del Archivo de Simancas fechado en 1520  muestra un escudo también de forma circular con ocho castillos en el borde (como bordura se conoce técnicamente) y seis  figuras –una de ella incompleta-  de forma triangular  y onduladas. Este escudo se describe como que las figuras parten del lado izquierdo hacia el derecho. Sobre la orientación correcta de las lenguas no volveremos a entrar pues es muy recurrente el debate sobre el tema. El escudo lleva además la leyenda de “Noble concejo vallisoletano” (traducido del latín, que es como figura).

Uno de los escudos que aparecen al pie de diversos privilegios del siglo XVI, conservados en el Archivo Municipal de Valladolid.

Y entramos en el origen de las banderas, llamas o farpas. Se han manejado por los historiadores locales de todas las épocas diversas teorías. Una, es que se trata de una adopción del escudo de armas del conde Rodríguez González Cisneros, más conocido como Girón y que dio nombre a una larga saga. Este noble fue coetáneo del Conde Ansúrez y a él también se le atribuye haber contribuido a la repoblación de Valladolid; su escudo incluía tres girones. Otra, la de que Valladolid es una ciudad fluvial y de riberas. Otra más: en tiempos de Fernando III soldados vallisoletanos ayudaron a la conquista de Carpio en poder sarraceno; para ello se levantaron varias hogueras  con el fin del engañar a los sitiados, a los que derrotaron; y así, la ciudad tomó el símbolo de unas  llamas doradas sobre un fondo encarnado – en recuerdo de la sangre derramada en la contienda-  para incorporarlo a su escudo; corría el siglo XIII. Una muy socorrida que sigue tomando el fuego como motivo: se trata de llamas que recuerdan los  dos horrorosos incendios que vivió Valladolid en 1461 y 1561. Y seguimos con aquella explicación que habla de la representación de los pendones posaderos. Por si eran pocas las conjeturas, hay que añadir aquella que indica que las llamas onduladas representan las cinco casas de los linajes de los Tovar y los Reoyo;  estos eran clanes que se repartían todos los oficios concejiles no sin cierta rivalidad entre ellos. Estos clanes surgieron en el siglo XIII y ostentaron el poder del municipio hasta el siglo XVI; más de una vez el rey tuvo que intervenir para poner paz entre ellos.   Terminamos añadiendo que tal vez las farpas se traten de una representación del banderín que podían ostentar los caballeros en sus lanzas o los caudillos locales; mientras que la enseña del rey era el banderín rectangular y completo, los caballeros a su servicio o los municipios que tuvieran derecho a disponer de caballería o los caudillos concejiles, tenían que ondear un banderín roto en farpas. Esto último viene a cuento pues en su día se creó la caballería del concejo: 150 hombres buenos y pobladores de Valladolid, ateniéndose a las indicaciones de las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio. Este cuerpo de caballeros tenía la obligación de acompañar al rey cada vez que viniera a la villa y hacer a lo largo del año tres alardes (demostraciones) como forma de mantenerse en forma y adiestrado.

Banderín de la escultura del Monumento a los Cazadores de Alcántara,  frente a la Academia de Caballería.

 A partir de aquí los diversos historiadores optan por alguna de las opciones, pareciendo más sólida aquella que apunta a la última explicación indicada. Y en cuanto a la fecha en que comenzó a usarse el escudo que ahora conocemos, pues tal vez habrá que dar por bueno el de los tiempos del reinado de Juan II, cuando en 1422 de  el título de Noble  a la ciudad de Valladolid. Más otro ha venido siendo el debate sobre cuantas llamas debían contener el escudo. Es el caso que los diversos escudos que han ido apareciendo en documentos y representaciones, el número de figuras oscila entre cuatro y ocho.

Y en cuanto a los colores rojo y amarillo (oro) que también a veces entran en conjeturas en lo que al escudo de Valladolid respecta, hay que indicar que  son los típicos colores del reino de Castilla desde Fernando III y los ostentan numerosas poblaciones. Rojo y oro que se adoptan en los pendones de caballería de Carlos I.

La corona que preside el escudo de Valladolid, aunque en menor medida, también ha conocido algunos cambios. Si bien parece más extendida y reproducida la coronal real (ocho florones: de los que tres son vistos completos y dos la mitad), no faltan representaciones, sobre todo en los años de la república pero también anteriormente, de lo que podría ser una corona condal –en homenaje y reconocimiento de la ciudad al Conde Ansúrez-, o simplemente por descuido de los dibujantes, que no supieron representar la corona real. El caso es que el escudo no ha ostentado corona hasta finales del siglo XVII.

Reproducción del escudo que Valladolid  ostentaba en 1908 y  que se puede ver en el patio interior del Ayuntamiento.

En julio de 1939 Francisco Franco concede a Valladolid la Cruz Laureada de San Fernando, indicando expresamente en el decreto, que debía incorporarla al escudo de la ciudad.

En definitiva, siguiendo la descripción de Filemón Arribas (que, entre otras cosas fue Archivero del Archivo de Simancas), el escudo actual de Valladolid debe describirse y reproducirse como: “De gules cinco banderas de oro flameadas, nacientes del lado siniestro del escudo y la bordura de gules cargada de ocho castillos de oro, almenados de tres almenas, con tres homenajes el de en medio mayor y cada homenaje también con tres almenas, mazonados de sable y aclarado de azur. Timbrado con coronel de ocho florones, visibles cinco de ellos ”… aunque el Ayuntamiento (hablamos de la década de 1940) indicara que las banderas deben salir del lado diestro.  Al escudo había que añadirle la Cruz Laureada de San Fernando.

La descripción que hace Fernando Pino, Archivero del Ayuntamiento de Valladolid, es la siguiente:”De oro, terminado en cinco triángulos de líneas rectas, mirando a la derecha del escudo sobre fondo rojo. Alrededor bordura de color rojo  con ocho castillos de oro, con tres almenas cada uno, siendo mayor la del medio, y cada torre con tres almenas. Corona real de ocho florones, visibles tres completos en el centro y dos mediados en los extremos. Enmarcado todo el escudo en la Cruz Laureda de San Fernando”.

Rematamos este somero recorrido por los escudos de la ciudad indicando que el actual se adoptó en 1939, como ya se ha dicho.  Su diseño había salido a concurso, pero este quedó desierto a juicio del tribunal, por lo que tras escuchar las opiniones de los expertos se le encargó a un tal Amador Hernández, que lo dibujó siguiendo las instrucciones que se le pasaron.

Fotografía  del año 1939 del escudo conservada en el Archivo Municipal.

Y en cuanto a esas llamas, como muchos llaman a  las farpas del escudo, no me resisto a incluir lo que de ellas pensaba Quevedo, del que es sobradamente conocida su aversión a tener que residir en Valladolid al calor obligado de la Corte. En sus “Alabanzas irónicas a Valladolid, mudándose la corte de ella”, en sus últimas estrofas, esto escribió el ingenioso poeta: “En cuanto a mudar tus armas, / Juzgo, que acertado fuera, / Porque solos los demonios / Traen llamas en sus tarjetas. / La primera ves que las vi, / Te tuve en las apariencias /  Por arrabal de el infierno, / I en todo muy su parienta. / Más ya se, por tu linaje,  / Que te apellidas Cazuela. / Que en vez de guisados hace / Desaguisados sin cuenta.”

Realizado este repaso por la historia de la enseña de Valladolid, sugiero un paseo siguiendo la estela de algunos escudos que se pueden ver por las calles y jardines de la ciudad.

 

Representación del anverso y reverso del primer escudo de la ciudad (s. XIII). Se puede ver en el pedestal del monumento al Conde Ansúrez de la Plaza Mayor.

 

Fachada del Ayuntamiento de Valladolid, coronado por corona real.  El edificio se inauguró en 1908.

 

Cristalera de la escalera principal del Ayuntamiento: observese que, intencionadamente o por descuido, el escudo no está rematado por una corona real.

 

Antiguo convento de San Francisco, sito en la plaza Mayor: su fachada se adornaba con sendos escudos del concejo: imágenes de la reproducción del convento en el llamado callejón de San Francisco (el autor es Sousa), y la fachada original del convento, realizada en el siglo XVIII por Ventura Pérez.

 

A los pies de Zorrilla y sobre la cabeza de la musa, se reproduce el escudo de la ciudad que imperaba a finales del siglo XIX. Se trata de la escultura que hay en la plaza de Zorrilla.

 

Gigantesco escudo floral a la entrada del Campo Grande.

 

Uno de los escudos que adornan la fuente de la Fama en recuerdo del alcalde Miguel Iscar, erigida en 1880. También la fuente del Cisne, en la Pérgola, ofrece escudos realizados en 1887.

 

La fachada de la Estacion del Norte está rematada por este grupo escultórico llevado a cabo por el Angel Díaz Sanchez. Las figuras representan a la Industria y la Agricultura.

 

Leones portantes del escudo de la ciudad que vigilan al antigua entrada del vivero de San Lorenzo, en el Paseo de Isabel la Católica, que se acondicionó a finales del s. XIX.

 

Una de las arcas de la traída de Argales y el arca principal ostentan el escudo vallisoletano. En uno de ellos se puede leer la fecha de 1588. Se trata de los escudos labrados en piedra más antiguos de Valladolid.

 

Así mismo el escudo se puede ver en la mayoría de los letreros anunciadores de las calles, en adornos de puntos de luz y en diverso mobiliario urbano, como las fuentes de piedra que se instalaron en la década de 1950, tal como se aprecia en la segunda imágen. Arriba, la coronación de la antigua Casa de Socorro  (década de 1930) de la calle López Gómez, que ahora acoge una biblioteca municipal dedicada a Francisco Javier Martín Abril.

FUENTES DOCUMENTALES: Archivo Municipal de Valladolid;  “Títulos y Armas de la Ciudad de Valladolid”, de Filemón Arribas Arranz; “El Escudo de la Ciudad de Valladolid”, de Alejandro Rebollo Matías; “Artículos”, de Fernando Pino Rebolledo… y otros artículos diversos.

 

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