LAS PIEDRAS MÁS ANTIGUAS DE VALLADOLID

Vamos a intentar adentrarnos en el mundo del Valladolid más antiguo. Incluso de cuando estos lares ribereños del Pisuerga y de las Esguevas no tenían nombre que haya llegado hasta nosotros.

Nos referimos, claro está, al término municipal de Valladolid.

Según indican los historiadores, Valladolid aparece citado por vez primera en un documento fechado en el año 1085.

Parece que se trataba de una aldea o una finca agrícola (que era una manera de denominar a muchos asentamientos que se iban produciendo a medida que los reinos hispanos del noroeste ganaban terreno en la cuenca del Duero). Hablamos, por tanto, de la época en que hace su aparición por esta aldea a las orillas del Pisoriza el comes Petro Asúriz y su esposa Ailoni comedissa,   ues se acepta la fecha (más o menos) de 1072 como  la de la entrega que le hace Adefonsus (Alfonso VI)  de estas tierras.

Ya de entrada ni siquiera está muy claro si Valladolid estaba amurallada (acaso una rudimentaria empalizada) o no, o si disponía de algún alcázar. Parece que sí existía la iglesia de San Pelayo (San Miguel después) en lo que ahora es la céntrica plaza de San Miguel. Sí sabemos que en 1095, dos décadas después de que Ansúrez llegara a estas tierras,  se consagra Sancte Marie Vallisolite (más tarde conocida como la Mayor): la obra por antonomasia del Conde y su esposa. Cantado el Te Deum, que con toda seguridad se entonaría el día que se consagró la Colegiata, vamos a iniciar el camino (incierto y atrevido) que nos lleve a dar constancia de las piedras más antiguas de Valladolid.

Nos vamos a hacer un poco de trampa, pues no consideramos los restos de cerámica, que son muchos. Por tanto nos centraremos en materiales pétreos propiamente dichos o en construcciones que, aunque sean de ladrillo, indican una determinada antigüedad en que la piedra ya se utilizaba y labraba.

 

En la década de 1980 hubo varios hallazgos arqueológicos de carácter prehistórico. Destaca la pequeñita hacha cuyas medidas son de 10,7 x 2 x 1,2 cm. de grosor que se halló al realizar unas obras en una casa particular de la  calle Alcarria. Se atribuye al Bronce final y está depositada en el Museo de Valladolid, aunque no expuesta al público.  Fotografía cedida por cortesía del Museo de Valladolid.

 

Hay otros hallazgos, como  una pieza lítica realizada sobre una lámina de sílex blanco (imagen tomada del libro Arqueología Urbana en Valladolid), encontrada en Arturo Eyries y que, con grandes dudas,  se atribuye al último Neolítico o a  la Edad del Bronce y podríamos hablar de unos 3000 años antes de, por ejemplo, el asentamiento vacceo de Soto de Medinilla. Hay noticias de otras hachas pulimentadas halladas en la calle Niña Guapa, en el barrio de Pajarillos y en otros diversos lugares de la ciudad (algunos de estos restos se encuentran en paradero desconocido). En cualquier caso, la dispersión de estos hallazgos y la escasez de los mismos,  hace pensar que no proceden de asentamientos humanos en lo que ahora conocemos como Valladolid,  sino de aportes de tierras procedentes de otros lugares.

 

El Soto de Medinilla  es un poblado Celtíbero de la Edad del Hierro que aparece  entre los siglos VIII y VII a.C. pero que en realidad es una sucesión de diversas ocupaciones que llegaron hasta el siglo II a.C. Las casas se construyeron con estacas y barro o adobe. El Museo de Valladolid expone  una amplia muestra de la historia y utillaje de este asentamiento junto al Pisuerga. El Soto es un gran meandro que forma el Pisuerga entre la fábrica de Michelin y el  barrio de la Overuela. Mas, entre restos cerámicos y otras piezas de metal, se localizó un molino de vaivén realizado en piedra, que es el que aparece en la fotografía.

 

No faltan historiadores y cronistas que atribuyen Valladolid a un origen romano. Un asentamiento llamado Pincia (o Pintia). Otros investigadores hablan del nombre de Pisoraca (Pisuerga). Lo cierto es que en el subsuelo de la ciudad se han ido encontrando numerosos hallazgos de época romana: pavimentos y mosaicos, cerámicas, enterramientos, numismática, esculturas, inscripciones, etc. Además, restos y trazados reconocibles de diversas villas: en el Cabildo, en el pago de Argales, en Villa de Prado… De estas construcciones romanas nos quedamos con la de Villa de Prado, datada en el siglo IV d.C. Está entre la antigua Granja Escuela José Antonio y el nuevo Estadio José Zorrilla. De esta villa hay documentación y restos perfectamente reconocibles. Y como de piedras estamos hablando: aportamos una fotografía de los muros que delimitaban ciertas dependencias, y del mosaico Diana Cazadora que el que sea una obra artística no oculta que está realizada con caliza y mármol, además de vidrio. Se expone en el Museo de Valladolid.

 

Anterior a este mosaico está el Ara Votiva encontrada durante la construcción de una piscina en Casa Santa (una finca al norte de Valladolid, a la derecha de la carretera de Cabezón de Pisuerga cerca del límite con Santovenia de Pisuerga), fechada en el I-II d.C. Es de piedra caliza y tiene la siguiente inscripción: “Claudia Anna (consagró este ara) a las Ninfas, por la salud de Claudio Licerico, su hombre, cumpliendo el voto con ánimo alegre”. Está expuesta, también, en el Museo de Valladolid.

 

Y seguimos con restos romanos. Al hacer los sondeos pertinentes en el entorno de la Antigua para la construcción de un aparcamiento subterráneo (que no ha llegado a hacerse), aparecieron numerosos restos: romanos, medievales y contemporáneos. De entre todos destaca un hipocaustum (lo que ahora llamaríamos una gloria). En las imágenes vemos el lugar de su emplazamiento bajo tierra, el arco de entrada (ladrillo y piedra), el interior tal como fue fotografiado por los arqueólogos (se aprecia una capa de agua en el fondo de unos 10-15 cm. de profundidad), y un montaje fotográfico que he realizado para hacernos una idea de cómo puede ser en un vistazo más amplio de la estancia, que tiene un número indeterminado de pilares de ladrillo (cuadrados y redondos). Es importante indicar que esta cámara calefactora tiene las siguientes dimensiones: 250 x 100 cm. de superficie, y unos 75 cm. de altura.

 

 Sin duda, la colegiata de Santa María la Mayor es la construcción más señera atribuible al Conde y su esposa. Y, desde luego, de la que hay pruebas fehacientes de su realización, cosa que, por ejemplo, no podemos decir de otras construcciones atribuidas a los condes.  Por tanto será necesario incluir las ruinas de la colegiata sitas tras la Catedral, como parte de las piedras más antiguas de Valladolid (finales del siglo XI). Si nos atenemos a lo que comúnmente se viene diciendo de la colegiata del Conde tendremos que indicar que de ella solo queda parte de la torre pórtico que daba acceso a un pequeño templo románico del que ya nada se conserva a raíz de las obras del s. XIII de incipiente estilo gótico que se superpusieron a la primigenia construcción románica, y que se pueden ver en la parte derecha junto a la torre original.

 

Y estaríamos llegando, cronológicamente, a un conjunto de construcciones que se fueron levantando entre los siglos XII y XIII que aún son perfectamente reconocibles. Nos referimos a la Antigua: aparece citada por primera vez en el año 1177 y hay dudas razonables de su existencia con anterioridad a la Colegiata; y, desde luego, estaríamos hablando de su torre y el pórtico, pues en todo caso el resto del edificio nada tiene que ver con su construcción original.  A esta emblemática torre vallisoletana, en el entorno cronológico al que nos referimos, habría que añadir el Puente Mayor, el puente de Puente Duero, la torre de San Martín, la puerta del alcázar de la Magdalena, y las murallas de la villa, en las que nos detenemos a continuación.

 

Del siglo XI no hay restos arqueológicos  ni documentos que permitan hablar de la existencia de una muralla en torno al primitivo Valladolid. En todo caso, de existir una muralla sería de fabricación tosca y de piedra sin trabajar. Otros investigadores hablan de que a los sumo sería de una empalizada de adobes y madera. A mayor abundamiento, se sabe por la Primera Crónica General de España que hallándose Alfonso VI en Valladolid hacia 1086, recibió una delegación de Ruiz Díaz (el conocido como Cid) que se alojó en posadas: es decir, que todo parece indicar que en aquellas fechas no existía ningún palacio  u otro edificio relevante en el que se albergara el monarca.  Lo más probable es que hasta finales del XII, reinando ya Alfonso VIII,  en Valladolid no se levantara una verdadera muralla con sus puertas y torres. Y si difícil es establecer si disponía de una cerca también lo es determinar si tenía un castillo o fortaleza. En cualquier caso, la primera notificación escrita sobre la existencia de un palacio o fortaleza data de 1188. Lo más razonable es pensar que la cimentación de los restos de muralla que ahora conocemos en  la calle de Angustias sean edificaciones o reedificaciones que se daten a finales del XII o principios del XIII. En las imágenes: señalización en el pavimento de plaza del Poniente, de los restos subterráneos del alcazarejo (que se pueden ver en los sótanos de San Benito, al igual que los de la muralla). Restos reconstruidos de muralla en la calle de las Angustias.

 

 Y daremos por concluida esta atrevida y incursión en el mundo de la arqueología en busca de  “la primera piedra” de Valladolid, acercándonos hasta  la plaza de San Miguel. En ella se han dejado unos testimonios de donde estaba la iglesia de San Pelayo (luego de san Miguel) cuya construcción se atribuye a una época anterior a la llegada del Conde.  La razón del cambio de nombre de la iglesia viene determinado por el nombramiento del arcángel san Miguel como patrón de la villa en fecha muy posterior a la advocación de san Pelayo (un niño mártir del siglo X  torturado por Abderramán III que el mundo cristiano adoptó como símbolo de la lucha contra los sarracenos). Es quizá esta advocación la que permitiría afirmar su construcción a finales del X o principios del XI, tal como anotan algunos arqueólogos,  que atribuyen su erección a la existencia en Valladolid de una colonia mozárabe que, probablemente, hacía que en esta aldea los oficios religiosos siguieran el rito mozárabe y no el romano.

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:  “Arqueología urbana en Valladolid”, VV.AA.; “La Villa de Prado, un yacimiento romano en la ciudad de Valladolid”, de  Fernando Pérez Rodríguez-Aragón; “El alcázar real de Valladolid”, de Miguel Martín Montes; “Los orígenes prehistóricos y arqueológicos de Valladolid”, de Miguel Ángel Martín Montes e incluido en el libro  Una historia de Valladolid –VV.AA.-; ” La prehistoria”, de Germán Delibes de Castro y José Ignacio Herrán Martínez;  “Arqueología romana”, de Tomás Mañanes Pérez;  “Ara dedicada a las ninfas hallada en Valladolid”, de Ricardo Martín Valls y Germán Delibes de Castro;  “Documentos de la Iglesia Colegial de Santa María la Mayor”, transcriptos por Manuel Mañueco Villalobos y anotados por José Zurita Nieto; “Guía de Arquitectura de Valladolid” (VV.AA.); expediente municipal para la construcción de un aparcamiento subterráneo en la Antigua; y  piezas e imágenes expuestas en el Museo de Valladolid.

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Un comentario en “LAS PIEDRAS MÁS ANTIGUAS DE VALLADOLID

  1. Buenas tardes,
    enhorabuena por su blog, esta muy bien construido por cierto.
    Me gustaría saber si me da permiso para utilizar parcialmente la imagen de Hermes de la entrada del pasaje Gutiérrez como base para la composición de un cartel para un concurso. Trataría una parte de esta imagen de manera que quede distorsionada y alejada del original; en el caso de que el cartel vea la luz, usted, de la manera que desee le nombraría para que se conozca la base de éste mismo.
    Por favor, contésteme en cuanto pueda a este mi email, pues si no le parece bien tendría que desplazarme para hacer la fotografía de la escultura en un periodo breve de tiempo (final de mes) y poder continuar con el diseño.
    Un saludo y gracias

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