AQUELLOS ANTIGUOS HOSPITALES

Valladolid tiene una contrastada tradición de atención a pobres, enfermos y niños abandonados que ha materializado durante siglos en una red de centros asistenciales: asilos, hospitales y hospicios han dado cobijo a quienes lo han necesitado.

Es larga la relación de aquellos llamados hospitales: viudas, curas jubilados, pobres, enfermos, enajenados,  niños y niñas abandonados, peregrinos, etc. solían  encontrar algún establecimiento que los acogiera. En general, estos establecimientos estaban auspiciados por nobles,  cofradías,  conventos y el propio Concejo. Todos estos lugares normalmente eran benéficos y amparados a las limosnas y donaciones de personas piadosas o hermanos cofrades.

En fin, una ciudad que, de todas maneras, y más allá de la caridad, puede presumir de médicos acreditados como lo fueron  Alonso Rodríguez de Guevara, pionero en auspiciar en el mundo disecciones de cadáveres para la enseñanza de la medicina cuando corría el siglo XVI;  Luis de Mercado, médico de cámara de Felipe II y de cuyos tratados de medicina han aprendido generaciones de médicos;  Dionisio Daza Chacón, que atendió al mismísimo Cervantes en la batalla de Lepanto, etc.

La historia de la medicina en Valladolid ha dejado un rastro perceptible al que vamos a referirnos, no sin dejar advertido que sería de pretenciosos intentar resumir en un artículo tan larga y compleja historia: vamos a centrarnos en la última centuria para señalar lugares que nos incentiven a dar un paseo para recorrerlos.

Hasta que en 1953 se abrió al público el gigantesco hospital Onésimo Redondo –conocido popularmente como “la residencia” (en democracia tomó el nombre de Hospital Río Hortega)-, los enfermos eran atendidos en una red de centros públicos y privados cuyas historias son, en muchos casos, realmente curiosas. Y a ellas vamos a referirnos.

 

Fueron muchos los lugares de acogida y beneficencia que cuentan varios siglos de existencia, como es el caso del convento de San Cosme y San Damián, en la plaza del Rosarillo. De él ya hay noticias a finales de la Edad Media como lugar de acogida de pobres, y en siglo XVIII ejercía como Hospital de Convalecientes, es decir, personas que dadas de alta en un hospital necesitaban, sin embargo, reponerse. Conserva su fachada, pero trasladada a la calle de San Juan de Dios como puerta de la Residencia Sacerdotal.

 

Uno de los viejos hospitales fue el  Municipal de Santa María de Esgueva, que se habilitó en el llamado palacio de los Ansúrez (sin que en realidad haya demasiada fiabilidad sobre la existencia de tal palacio). En 1865 se adscribió al Hospital de la Resurrección. La piqueta de la década de 1970 derribó aquel entrañable edificio  que ya llevaba años abandonado. Las imágenes  son de los años 30. Fotografías de Carvajal del Archivo Municipal de Valladolid –en lo sucesivo AMVA-.

 

El hospital de la Resurrección se fundó en el siglo XVI y se derribó en 1890, tras llevar varios años abandonado: en 1881 se trasladaron los enfermos al Hospital del Esgueva. En el solar, varios años después se construyó la llamada Casa Mantilla (esquina Miguel Íscar con Acera de Recoletos). Cervantes ambientó algunos capítulos de “El coloquio de los perros”  y “El casamiento engañoso”  en las salas de este hospital. La escultura del Cristo Resucitado que presidía la fachada  se reinstaló en los jardines de la Casa de Cervantes, y el retablo del Santo Sepulcro se conserva en la iglesia de la Magdalena.

 

Corría el año de 1889 cuando el nuevo Hospital Provincial se convertía en una realidad. Varios años de gestación  y la mano del arquitecto de la Diputación Teodosio Torres  (también ocupó plaza de arquitecto del Ministerio de Instrucción Pública) permitieron que Valladolid contara con un moderno hospital, más propio del siglo XX que se avecinaba que aquellos vetustos (pero entrañables) hospitales que ya hemos comentado. Desde 1997, tras una larga restauración, el edificio se dedica a dependencias administrativas de la Diputación de Valladolid.

 

En nombre de la Reina, la  marquesa de  Alhucemas inauguró  en 1919 el nuevo “Real Dispensario Antituberculoso Victoria Eugenia”. Ubicado en la calle Muro, desde 1983 es sede del Centro de Educación de Personas Adultas. El impulsor de aquel hospital fue Román Durán, a la sazón director de Sanidad de Valladolid. La lucha contra la temida tuberculosis ha sido una constante durante décadas en España. También había un pabellón Antituberculoso en el Prado de la Magdalena , y en Viana de Cega (hace años convertido en un enorme edificio fantasma): en la fotografía, enfermos tomando el aire limpio del Pinar.  

 

No muy lejos del Antituberculoso se inauguró en la década de 1950 el ambulatorio del 18 de julio (en la calle Gamazo), que actualmente sirve de dependencias sindicales (UGT). Su aspecto y filosofía se corresponde con el modelo de atención hospitalaria que tuvo su auge en la España de los 50-60.

 

La última Casa de Socorro que como tal funcionó en Valladolid está situada en la calle López Gómez. La Casa de Socorro conoció varias ubicaciones, siendo esta la definitiva una vez que se inauguró  el colegio García Quintana en 1943, tras un largo proceso de construcción que se gestó en 1926. No obstante, en esta dependencia, que ahora es una biblioteca municipal, antes estuvieron los juzgados.

 

 Muy cerca de la antigua Casa de Socorro está el edificio que fue Sanatorio del doctor Escudero (Félix Escudero): calle Santuario 14 (ahora son dependencias de la Consejería de Agricultura). Este edificio comenzó a construirse en 1944 y junto con el de Jolín y Quemada componía la tríada de hospitales del Valladolid de posguerra. Tres hospitales con personalidad bien diferenciada que, como les describieron en prensa en cierta ocasión, se caracterizaban por la ortodoxia de Escudero, la cirugía renovadora de Jolín, y la cirugía de urgencia de Quemada.

 

El acogimiento de niños abandonados tiene tras de sí una larga historia en Valladolid,  y está cuajada de muchas curiosidades: por ejemplo, durante años se financiaba con parte del dinero obtenido por la venta de entradas del Corral de Comedias o con la venta de aloja. Pero no nos vamos a detener en ello. El Hospicio ha tenido diversas sedes y su última ubicación hasta la década de 1970  fue el antiguo palacio de los Condes de Benavente, actual biblioteca de la Junta de Castilla y León en la plaza de la Trinidad. La fotografía es del año 1900, AMVA.

 

La atención a los enfermos mentales (locos se les llamaba antes) ha tenido diversos edificios. El anterior al moderno Hospital Psiquiátrico ubicado en el barrio de Parquesol, fue el monasterio de Nuestra Señora de Prado, que ahora acoge a la Consejería de Cultura. Manicomio se le llamaba  y lo fue entre 1898 y 1976, cuando se inauguró el actual hospital.  Hasta lo actual, se han conocido “manicomios” en la calle Orates (ahora Cánovas del Castillo) – entre 1489 y 1850-. El nombre de Orates viene, precisamente, por estar allí el lugar donde se encerraba a los locos –se decía que se les reconocía por estar continuamente hablando a lo tonto (de ahí lo de Orates)-; y en  la calle Alonso Pesquera -antigua casa del Cordón-, entre 1850 y 1898. En la fotografía del  AMVA entrada al manicomio a principios del s. XX.

 

 Hasta 2007 y desde 1945 (aproximadamente) ha prestado servicio el hospital Virgen de la Salud, más conocido como clínica del doctor Jolín, nombre de su fundador: Víctor Jolín Daguerre.  Una clínica que en realidad regentaban las Siervas de María desde 1962. El edificio –en la fotografía- está situado en la calle Pedro Niño con esquina a Paseo de Isabel la Católica  y actualmente es una residencia de personas mayores. Hay más hospitales regentados por congregaciones religiosas, como el Sagrado Corazón, en la calle Alonso Pesquera, cuya titularidad es de las Siervas de Jesús de la Caridad. Su aspecto moderno actual está muy transformado,  pero en este lugar llevan instaladas las monjas desde 1897, donde desarrollaban sus  actividades caritativas con los enfermos.

 

De 1943 es el sanatorio del Doctor Quemada (su nombre completo era José Quemada Blanco) que estaba en la calle Aurora esquina con Paseo de Zorrilla. En la fotografía de El Norte de Castilla,  inauguración de la capilla del sanatorio en 1947. En el año 1985 se instalaron las verjas del ya desaparecido hospital  en la plaza del Doctor Quemada.

 

El Hospital Militar, que dejó de prestar servicio en 1995 y que ahora ocupa la Consejería de Sanidad, se construyó en 1933. Bien es verdad que anteriormente, y en este mismo emplazamiento,  desde el siglo XIX ya había dependencias sanitarias de atención específica para soldados y oficiales.

 

La Cruz Roja también tiene en Valladolid una larga historia de atención sanitaria. En la década de 1910 establece un Cuarto de Socorro en la calle Nuñez de Arce, que pronto se quedó pequeño. En el años 1932 se trasladaron a un nuevo local, ya desaparecido, en la calle Leopoldo Cano. Aquel sanatorio se convirtió en hospital militar durante la Guerra Civil y servicio de información sobre heridos y fallecidos en la contienda. Allí estuvo la Cruz Roja hasta que en 1965 inauguraron el hospital de la calle Felipe II (en la fotografía) que ha sido de su propiedad hasta que en el año 2000 dejaron de prestar asistencia sanitaria y lo vendieron. En la fotografía de época vemos una actividad realizada en febrero de 1932 en los locales de Leopoldo Cano (está tomada de El Norte de Castilla).

 

Aunque ya nada quede de él,  no quiero terminar este paseo por los viejos hospitales, sin referirme a uno,  desaparecido, y del que no ha quedado rastro visible alguno, al menos que se sepa. Se trata del llamado “sanato” que en realidad era el Sanatorio del Carmen,  en la calle Paulina Harriet. Este sanatorio fue fundado por el prestigioso urólogo  Rodrigo Esteban Cebrián en la década de 1920. En la memoria de algunas personas se recuerda como “el sanato de D. Cebrián”. Médico muy acreditado fue nombrado profesor auxiliar de la Facultad de Medicina al mismo tiempo que Pío del Río Hortega. Fue alcalde “accidental” en 1924 y a lo largo de su vida recibió numerosos reconocimientos a pesar de haber sido represaliado en el franquismo para que no ejerciera la docencia en la Universidad. La foto es de José Luís Salinas. Detalle de las verjas que daban entrada al sanatorio (AMVA).

 

 

 

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8 comentarios en “AQUELLOS ANTIGUOS HOSPITALES

  1. La fotografía del sanatorio del doctor cebrian es de mi propiedad y no citas ni autoría ni procedencia,no es que me importe pero al citar el resto de las fotos me resulta chocante,un saludo

    • ¡Vaya, lo siento! Como tú mismo dices cito otras autorías, y si repasas mi blog siempre lo verás. ¡Soy un defensor de las autorías!.Ahora mismo corrijo el artículo citando tu autoría: José Luís Salinas. Te cuento una anécdota. Este artículo ha surgido, precisamente por tu foto. Una persona me la hizo llegar hace meses y desde entonces e ido documentando el artículo. A punto de publicarle le pregunté sobre el autor de la foto y me comentó que no lo sabía, que la había cogido de internet. Bueno, me alegro mucho de saber que tiene autor. Un saludo y, de nuevo, disculpa.

  2. El sanatorio del Doctor Quemada estaba en el Paseo Zorrilla haciendo esquina con la Calle Aurora, entre las casas militares viejas y el Colegio de la Anunciata y enfrente del Cuatro de Marzo. De niña pasaba todos los días camino del cole. Un saludo

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