El Arco de Ladrillo es una de esas construcciones únicas de las que disfruta Valladolid. Sin duda es el emblema ferroviario de la ciudad.  Es  el epicentro de un amplio entorno en el que se entremezclan diversos edificios muy peculiares: vinculados al ferrocarril unos, industriales otros, dotacionales, etc. que tienen el hilo conductor del ladrillo y de una época a caballo entre el siglo XIX y XX. Un paisaje  que, aunque muy transformado, conserva el sabor de una época.

Juan Agapito y Revilla, el arquitecto municipal de las primeras décadas del s. XX,  se interesó por la construcción del Arco de Ladrillo. Relata que nadie supo darle un explicación convincente de porque se construyó en este punto y sitio tan curioso y sin justificación alguna, ni porqué lo de haber empleado ladrillo. De sus pesquisas solo quedaron interrogantes: ¿disputa por demostrar la solidez del ladrillo frente a la creciente competencia del hierro? ; ¿una prueba para la futura construcción de la cimbra de un puente? ; ¿arco triunfal para la inauguración del ferrocarril? ; ¿una disputa entre los ingenieros españoles (partidarios del ladrillo) y los ingenieros franceses (defensores  del hierro)?…

Para  intentar resolver estas cuestiones viene en nuestro auxilio  Nicolás García Tapia: acudimos a su discurso pronunciado en el año 2000 en la Real Academia de Bellas Artes  titulado “Arquitectura y máquinas: el Arco de Ladrillo, símbolo del patrimonio industrial de Valladolid”.

Este discurso de uno de los mayores expertos en historia de la tecnología nos deja varias afirmaciones: la construcción está ligada claramente a la de ferrocarril, pues incluso la prensa, desde el principio lo comenzó a llamar “Arco de la Estación” (incluso antes de que se construyeran las vías), y a la calle que conducía hacia esta nueva construcción se la conoció como calle del Arco de la Estación; el porqué de este nombre puede venir explicado por el hecho de que la primera estación de viajeros se construyó al pie del arco. Se trataba poco más que de un sencillo apeadero. La actual estación con su marquesina tardaría aún varios años en construirse.

Y en cuanto a la fecha, parece claro que en diciembre de 1857 ya estaba levantado.

La reina Isabel II recaló en Valladolid el 23 de julio de 1858, y entre los eventos que ese día se organizaron en honor a la Casa Real estuvo la inauguración del ferrocarril que estaba siendo el gran acontecimiento de una ciudad que iba a ver cambiado radicalmente su futuro gracias a esta nueva infraestructura. Mas, en honor  a la verdad,  hay que decir que aún no se habían construido las vías de ferrocarril, así que la inauguración ahora diríamos que fue “en diferido”: no había vías ni estación, lo que convirtió al Arco de Ladrillo en el hito conmemorativo del ferrocarril en Valladolid.

Sigue contando García Tapia que el sentido ferroviario del arco quedaba confirmado en un folleto que  anunciaba la fastuosa inauguración. El texto decía, entre otras cosas,  que el arco de ladrillo era el “arco que ha de dar entrada a la Estación del Ferrocarril del Norte”.

El caso es que el Arco de Ladrillo, que quedó un tanto desvalorizado cuando se construyó finalmente la Estación del Norte con su marquesina de hierro, se constituyó en el símbolo ferroviario e industrial de Valladolid,  y brillante exponente de la potente industria cerámica de Valladolid.

Desde que por aquí estuviera de inauguración la Reina habrán de pasar dos años para que recalara el primer tren en nuestra ciudad. Y fue el Arco de Ladrillo el que puso el marco a la llegada de aquella primera locomotora  en 1860. El tren, procedente de Burgos, solo pudo llegar hasta el Arco de Ladrillo, donde estaba habilitada una modesta estación y porque, además, todavía no había vías en dirección  Madrid.

Contado esto propongo un paseo por el entorno de este emblema vallisoletano, saboreando lo que aún queda y tratando de entrever lo que el Paseo del Arco de Ladrillo fue en sus días de máxima actividad industrial (el tramo del paseo  que apunta hacia Madrid antes se conocía como carretera de Madrid). El paseo podemos comenzarlo frente a la fábrica de harinas la Rosa y concluirlo en  el paso a nivel de la carretera o calle Arca Real, en la embocadura del Polígono de Argales.

 

Fábrica de harinas la Rosa, en la calle Puente Colgante, frente a ella, la Casa de la India. La fábrica conoció sus primeras construcciones en 1906 y tuvo varias ampliaciones. 

 

En 1851 Eudosio López amplió el horizonte empresarial que había heredado de un pequeño negocio de ultramarinos en la calle Cebadería que tenía actividad desde 1821. Construyó un almacén de licores y la fábrica de chocolates La Llave. Posteriormente –año 1894-  y en el mismo lugar levantó el nuevo edificio que ahora vemos.

 

Aunque parezca modesto es muy interesante por su tipología este edificio inmediato al Arco de Ladrillo, y no hay que dejar de fijarnos en su parte posterior,  a la que se accede por una nueva calle que se abrió en la antigua Guardería (que conserva su arco de entrada).

 

Arco de Ladrillo (1857) en la actualidad. Sobrevuela las vías del tren con una luz de 30 metros y su punto más alto se eleva a 23 metros. Para su construcción se emplearon 147.276 ladrillos (es una estimación entre los que están a la vista y los interiores) y pesa 800 toneladas, incluyendo los cimientos.

 

 

En la foto de Clifford y en el grabado de Tomás Capuz se reflejan las grandes tiendas de campaña que se montaron para la  inauguración del ferrocarril y la presencia de Isabel II (1858). Tiendas y arco estaban decorados con banderas españolas y francesas debido a que la empresa financiadora de las obras ferroviarias era Le Crédit Mobilier, y a la participación en las obras de ingenieros franceses junto a los españoles.

 

La llamada Rotonda es un edificio de gran singularidad constructiva y muy vanguardista para la época. Apenas hay edificios ferroviarios como este en toda Europa. Tuvo gran importancia en la logística de los ferrocarriles de toda España pues llegó a tener asignadas para su mantenimiento  más de 110 locomotoras. Su construcción se remonta a 1863. Ahora está muy deteriorada y tiene construcciones y materiales añadidos que no se corresponden con su composición original. Es, sin duda, un edificio que debe ser conservado y restaurado.

 

Almacenes Generales de Castilla, que llevan la firma del afamado arquitecto Jerónimo Ortíz de Urbina. Su licencia de construcción se remonta a 1874 y su primera actividad hay que situarla en 1878. Se convirtieron en uno de los mayores almacenes de España para distribución de mercancías por toda la Península. En estas naves se alojaron diversos mayoristas de la alimentación. En ellos estuvieron industriales como Rueda, Abel González,  García Abril, etc.    En 1990 cesó toda actividad: el último en salir fue Legumbres Rueda. Tras un  periodo de abandono, sus naves se están recuperando con diversas actividades. En las imágenes: panorámica del edificio,  interior de una nave antes de su rehabilitación y las bodegas que ahora ocupa el restaurante Arco  Ladrillo. Inmediato a estos almacenes había uno de los varios fielatos que tuvo Valladolid en todas las carreteras de acceso a la ciudad. El fielato era el punto de recaudación de impuestos por algunas de las mercancías que se introducían en la ciudad.

 

Uno de los edificios más interesantes de Valladolid por su ubicación, construcción e historia: la posada del Arco, una construcción fechada en 1880 sobre otra anterior de 1840. Su arquitecto fue, también, Jerónimo Ortiz de Urbina.  Es el recuerdo vivo de las posadas que hubo en Valladolid. En esta recalaban desde los piñeros que venían a la ciudad con su mercancía, hasta tropa con los  sementales del ejército, pasando por trabajadores del ferrocarril. Muy interesante la construcción tipo suizo de su parte de atrás. Esta posada nos sirve para indicar que la vieja carretera de Madrid  comenzó a ser atractiva para posadas y actividades industriales incluso antes de la llegada del ferrocarril.

 

Estación de la Esperanza (1895) de la línea ferroviaria de Ariza, instalaciones construidas por el ingeniero francés Boucher de la Martinière.  Las vías aún están en uso  para servicio de RENAULT.  Junto a ella se ve la chimenea y otras construcciones de la antigua Azucarera Santa Victoria, que se construyó en 1899. Probablemente se construyó una vez perdida Cuba y, por tanto el azúcar que en aquella isla se fabricaba. Hoy día sus instalaciones están abandonadas, no obstante es un lugar ajardinado muy agradable para pasear.

 

La carretera de Madrid y la proximidad al ferrocarril debió parecer al Ministerio de Defensa (de Guerra se llamaba antes), que era un lugar ideal para construir cuarteles.  El cuartel Conde Ansúrez se construyó en 1901 (lo inauguró Alfonso XII en 1902)  y la residencia militar inmediata al cuartel en 1903. Muy posterior  es el cuartel de artillería General Monasterio (1953) y la residencia de oficiales que hay junto a él. Conserva el Conde Ansúrez el escudo real que corona su frontispicio de la entrada. Como curiosidad, en las tapias de este cuartel aún se puede ver la entrada al palomar: corrían años en los que las palomas fueron de mucha utilidad en las comunicaciones  militares, por eso el Ministerio de Defensa, todavía avanzado el siglo XX, tuvo competencias sobre palomas y ganadería caballar (también de interés estratégico militar).

 

Lo único que queda de los míticos talleres Fundiciones Gabilondo (luego Beloit Ibérica), instalados hacia 1947. Cerraron sus puertas en   1999   después de que la nueva propietaria, la multinacional ENERTEC,  vendiera los terrenos para construir viviendas.

 

Casilla ferroviaria de Argales. Como ya hemos dicho, la línea de Ariza todavía está en servicio en esta parte de Valladolid para uso de la empresa RENAULT, por eso es necesario que se mantenga este viejo paso a nivel del siglo XIX, pues, aunque de tarde en tarde,  aún se baja la barrera para dar paso al tren.

 

Inmediata al arco, estuvo la fábrica de harinas La Magdalena, de Emeterio Guerra. La licencia de construcción es de 1914, su arquitecto fue el afamado Teodosio Torres, que también proyecto edificios como el Instituto Zorrilla, la plaza de toros o el llamado Hospital Viejo (actuales dependencias de Diputación).

 

Desaparecida fábrica de harinas de Anselmo León, en el paseo del Arco de Ladrillo, cerca de la actual estación de Ariza. Su fecha de construcción se remonta a 1907. Con el tiempo, Anselmo León fue por la provincia transformando fábricas de harina en centrales eléctricas.

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2 comentarios en “ARCO DE LADRILLO, SÍMBOLO VALLISOLETANO

  1. La parte de la Azucarera de Santa Elvira, de la antigua Sociedad Industrial Castellana S.A., que se ve detrás de la Estación de la Esperanza es su esbelto “Horno de Cal”, para la fabricación de Cal viva y Lechada de cal, imprescindible para la obtención de azúcar a partir de la remolacha azucarera. Algo más a la derecha se ven antiguas naves de la Fábrica Azucarera.

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