Cristóbal Colón está íntimamente ligado a Valladolid pues, entre otras relaciones que tuvo con la ciudad, fue donde falleció.

Colón fue un personaje misterioso desde su nacimiento hasta su tumba: ni se sabe dónde y cuando nació, ni como era su rostro,  ni en qué lugar se encuentran, con total seguridad,  sus restos mortales. No obstante se viene dando por bueno que lo más probable es  que estén en Sevilla, aunque parece que pasaron por La Habana, y los dominicanos sostienen que están en la catedral de Santo Domingo.

El misterioso navegante pasó al menos tres veces por Valladolid  a intervalos de 10 años: 1486, 1496 y 1506, donde dejó certezas contrastadas y también, cómo no, alguna que otra leyenda y laguna histórica.

Propongo un paseo siguiendo los principales lugares que evocan su presencia en la ciudad.

 

El antiguo monasterio jerónimo de Nuestra Señora de Prado (hoy sede de la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León –Avd. Salamanca-) será el principio de nuestra larga e interesante ruta urbana. En el monasterio, del siglo XV con importantes reformas del XVII y XVIII,  pernoctó Colón el 11 de agosto de 1486, donde, camino de Medina de Rioseco, el navegante explicó su proyecto a los monjes, recabando su apoyo a la empresa ante la reina Isabel. Al monasterio se le ha llegado a llamar “el Escorial de Valladolid”.

 

Desde el monasterio nos encaminamos hacia el grupo escultórico de la plaza de Colón, que rememora su gesta descubridora. Obra del escultor Antonio Susillo fue Erigido en 1901,  además de elementos alegóricos, reproduce algunas escenas de la vida de Colón. Los bajorrelieves reproducen las siguientes escenas: exposición del proyecto en la Rábida, salida desde Palos, llegada a América y recibimiento en Barcelona

 

Nuestro siguiente destino será la plaza Mayor, y forzoso es ir a los soportales del Teatro Zorrilla, pues unos metros por delante de su fachada, una placa en el suelo nos recuerda el lugar donde falleció el navegante: el desaparecido convento de San Francisco. Y fue en aquel convento donde se depositaron sus restos mortales el 20 de mayo de 1506, tras el agravamiento de su salud que lo pasó en algún lugar de la ciudad (que no fue en el sitio donde señala una placa junto al Museo de Colón). Colón fue ingresado en el convento que a la sazón, como otros conventos de la ciudad, ejercía de hospital. Una vez fallecido fue enterrado en una capilla que pertenecía a la familia de su  amigo Luis de la Cerda. Tres años más tarde, sus restos salieron camino de Sevilla por expreso deseo de su hijo Diego… y desde entonces se inicia el misterio sobre donde reposan los restos del descubridor, honor que también lo reclama la República Dominicana.

 

Por la plaza de Fuente Dorada Colón paseó algunos días de su mes de estancia en la ciudad, allá por el verano de  1496. No se conoce donde residió durante ese tiempo, pero es probable que lo hiciera en un pequeño palacio que en la calle Teresa Gil tenía su amigo y protector y citado Luis de la Cerda (influyente noble en la Corte de los Reyes). Es el caso que su estancia fue preparatoria para un encuentro con la corte, y Colón aprovechó para comprar un rico ajuar que le permitiera presentarse con dignidad y decoro ante los Reyes Católicos tras su segundo viaje desde América. Gastó sus buenos “cuartos” en diversos comercios de la plaza de Fuente Dorada donde jubeteros,  sastres y zapateros tenían sus talleres.

 

Nuestra siguiente meta será el Museo de Colón, en cuyo patio de entrada hay un placa que dice: “Aquí murió Colón”. Esta placa se instaló en este lugar en 1866, siguiendo las indicaciones de algún cronista de la época que con escasos datos situó aquí el fallecimiento de nuestro personaje. El Ayuntamiento dio por bueno algo que no lo era en realidad y además de instalar la placa, rebautizó como calle Colón la que hasta  entonces era calle Ancha de la Magdalena.  No obstante este pequeño pedazo de la huerta de las salesas sirvió para que en 1968  la ciudad construyera un museo reproduciendo una casa palaciega que su hijo Diego tuvo en propiedad en la isla de Santo Domingo. Por cierto, la placa la hizo el escultor Nicolás Fernández de la Oliva en 1866. Este escultor, era profesor de la Escuela de Bellas Artes de Valladolid y, entre otras obras, suya es la escultura de Cervantes en la plaza de la Universidad. 

 

Si estamos dispuestos a alargar la caminata, el siguiente destino  debería ser la plazuela de la Trinidad, y más concretamente  la iglesia de San Nicolás. La razón de esta visita es que la iglesia acoge una imagen de la virgen a la que, según la leyenda, Colón se encomendó durante su brevísima estancia en el Monasterio de Nuestra Señora de Prado, donde estaba esta imagen románica del siglo XIII en 1486. Desde entonces se conoce la imagen como Virgen de Colón o Virgen del Descubrimiento.

 

La misteriosa biografía de nuestro almirante alcanza a que ni siquiera se le conozca algún retrato hecho en vida que nos pudiera mostrar, al menos, como era su rostro en algún momento de su existencia. De Colón hay un buen puñado de pinturas todas muy diferentes entre sí. Este retrato (año 1520) es de Ghirlandaio y se conserva en el Museo del Mar y la Navegación, de Génova.

NOTA: En este mismo blog hay una entrada sobre el Museo de Colón.

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Un comentario en “TRAS LOS PASOS DEL ALMIRANTE

  1. Una vez más has estado muy acertado. Un poco me ha sorprendido que no cites que fue Santiago López mio biografiado que siendo alcalde entre 1961 y 1965 mando montar el Museo de Colón. Un abrazo

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