Por muy diversas razones, especialmente por la historia que Valladolid acumula y la presencia de órdenes religiosas y señeros palacios, hay en la ciudad y provincia diversas e interesantes bibliotecas cuyo interés no solo radica en los libros y documentos que atesoran, sino en sus historias y edificios en las que se alojan.

(Este artículo refunde y, sobre todo, actualiza otros artículos publicados anteriormente)

Propongo a los lectores recorrer algunas de estas bibliotecas.

El convento de los Agustinos Filipinos, sede del Seminario de los Padres Agustinos, acoge el centro de  Estudio Teológico Agustiniano. Se halla ubicado en un soberbio edificio de la segunda mitad del siglo XVIII que lleva la firma del afamado arquitecto Ventura Rodríguez. Edificio que, además, alberga el Museo Oriental, dedicado al arte del Extremo Oriente, y al decir de los expertos, sin duda el mejor en su género en España.

El origen de los Agustinos Filipinos se remonta al primer tercio del XVIII, cuando desde  Manila la orden de San Agustín adopta la idea de fomentar sacerdotes católicos formados  en España con destino a las islas Filipinas.

El fondo  más importante de la biblioteca de lo agustinos es el conocido como Filipinas, que está compuesto por ejemplares traídos por la congregación cuando ya se preveía la pérdida de la colonia. Hay, también,  libros adquiridos en diversas ciudades de Europa, como  París y Amsterdam. Esta colección contiene libros sobre historia, artes, derecho, costumbres, diccionarios de las muchas lenguas que se hablan en el archipiélago filipino, etc.  Se trata de libros de los siglos XVII, XVIII y XIX.

El resto de la biblioteca se ha ido especializando en historia de la Iglesia,  dogmática y moral, tal como corresponde a un centro que se ha ido centrando en estudios teológicos.

También tiene numerosas publicaciones sobre la historia de los agustinos…

 

Panorámica de la fachada del edificio, obra del afamado Ventura Rodríguez, s. XVIII, sito en el paseo de Filipinos, vecino del espléndido Campo Grande.

 

El acceso hasta la biblioteca, que está abierta al público, permite pasear por el claustro del monasterio. Sus paredes están decoradas con grandes cuadros que representan diversas imágenes religiosas y acontecimientos relacionados con la congregación.  

 

Los  sótanos de la biblioteca albergan en torno a  170.000 libros,  de los que unos 130 son incunables, es decir, anteriores al año 1500. Hay libros del XVI y XVII: unos 40.000 títulos de cada uno de estos siglos.

 

 

 

Imagen  de un Atlas de China, del siglo XVII.

 

Un ilustración  de la batalla relatada en el incunable “Cronica de Bravante”: historia antigua de los países bajos.

 

Diccionario de chino, uno de tantos libros sobre lenguas orientales.

 La Biblioteca Histórica del Palacio de Santa Cruz se fundó en 1483 como parte integrante del Colegio Mayor. Su finalidad, obviamente, era ponerla a disposición del alumnado de la Universidad.  El fondo inicial se nutrió de unos 300 volúmenes del fundador, el cardenal Mendoza, y poco a poco fue creciendo con las aportaciones de los estudiantes que llegaban a licenciarse: cada uno debía donar un libro al terminar sus estudios. Evidentemente, también se fueron haciendo numerosas adquisiciones que engrandecieron el fondo bibliográfico.

Buena parte del fondo proviene de las desamortizaciones de diversos conventos vallisoletanos, como los de San Benito y San Francisco. Además de una vasta colección de los jesuitas tras su expulsión de España en tiempos de Carlos III. Libros que tenían en los conventos de San Ambrosio y San Ignacio.

Y no debe olvidarse el fondo proveniente de la biblioteca del conde de Gondomar (s. XVI-XVII) que se consideraba como la gran biblioteca de Valladolid y una de las mayores de España. El conde incluso realizó ampliaciones de su palacio (conocido como Casa del Sol)  para poder colocar su rica biblioteca.

Los libros que se ven en la biblioteca de la Universidad (que no son solo los que están en las estanterías históricas –que son los manuscritos, incunables y raros-, sino también los que se guardan en una sala anexa), datan de fechas anteriores a 1835.

 

Fachada del Palacio de Santa Cruz, de finales del siglo XV, con importantes reformas del XVIII. El marcado carácter Neoclásico que se contempla lo llevó a cabo (planos y dirección de obra), Manuel Godoy, aparejador y discípulo de Ventura, tal como ha demostrado el profesor de la Escuela de Arquitectura Daniel Villalobos.

 

Las estanterías, del barroco,  que ahora vemos son de 1705. Y forman hasta nueve pisos.

 

Detalle de los adornos que, además en su momento, servían para identificar las diferentes materias de la biblioteca. Su decoración se inscribe en una estética botánica, muy de moda en aquella época.

 

La biblioteca está presidida por un retrato ecuestre del Cardenal Mendoza, realizado por el pintor Manuel Peti Vander. Dos globos terráqueos, muy característicos de siglos anteriores,  flanquean el retrato.

 

El depósito de Santa Cruz puede dividirse entre manuscritos (529 volúmenes), incunables (202) y raros (147), e impresos (12.878 de los siglos XVI, XVII y XVIII principalmente). De entre los manuscritos, el más antiguo que se conserva es una copia de Los Comentarios al Apocalipsis de San Juan,  de Beato de Liébana, copiado  por Oveco en el monasterio de Valcabado  en el año 970. Popularmente se le conoce como el Beato de Valcabado o Beato de Valladolid. En la imagen se ven dos de las 87 ilustraciones del Beato: el arca de Noé y los cuatro jinetes del Apocalipsis.

 

Acceso a la biblioteca, cuyas puertas están decoradas por el escultor Alejo de Vahía, que también firma las ménsulas del zaguán del Palacio de Santa Cruz.

 

El Centro Josefino, es el lugar donde se estudia la figura de San José. El padre de Jesús, el Crucificado, tardó en ser venerado. Fue, en cierta manera, un santo tardío, tal como relata el carmelita descalzo Teófanes Egido, historiador que ha sido cronista de Valladolid.

Además, la imagen de aquel padre callado que apenas tiene papel en la Biblia, está desvirtuada, pues se ha venido insistiendo en presentarle como una persona mayor (quizá para hacer ver que, efectivamente, cuando nació el Salvador el ya no estaba en edad muy dispuesta para la actividad marital) y, por tanto, el nacimiento de Jesús tuvo que ser necesariamente milagroso. Pero San José no era una persona mayor y se sabe que casó con María siendo muy jóvenes ambos.

A San José se le dio un papel muy secundario en la vida de Jesús. Y acaso por aquella vida tan discreta que le fue asignada es que se trate, ahora, de un personaje bíblico con una extensísima literatura. Y a su  estudio y divulgación  se dedica el Centro Josefino Español, sito en el convento de Carmelitas Descalzos de San Benito.

Es sobre todo a raíz de que Santa Teresa atribuyera a la intervención milagrosa de San José la sanación de sus graves enfermedades (incluso se la dio por muerta), que aquel padre discreto se popularizara entre la cristiandad, de tal manera que se convirtió en el nombre propio más usado en España y Latinoamérica a partir del siglo XVII hasta finales del XX. Y en 1870 se le hizo patrón de toda la Iglesia.

Más,  este humilde carpintero también le sirvió a Pío XII para intentar contrarrestar la influencia socialista entre los trabajadores, y propuso que la festividad de San José se convirtiera en el referente de la clase trabajadora del mundo cristiano.

El Centro Josefino Español, creado en 1940,  es ahora el único en todo el mundo dedicado exclusivamente a San José.  Hubo un centro en Canadá, y actualmente hay algún centro con buena biblioteca sobren el santo en Polonia  y  Méjico, pero muy lejos del contenido e importancia de este.

La biblioteca incluye devocionarios, patrología, el Talmud de Babilonia, sermones cuando desde los púlpitos, en el Renacimiento, se empezó a pregonar al santo. El Corán, que también se encuentra en la biblioteca, considera a San José como un gran profeta.

El libro más antiguo que se conserva (que en realidad es el primero que se escribió sobre San José) data del s. XVI.

 

Convento de carmelitas descalzos,  donde se alberga el Centro Josefino Español.

 

Algunas vitrinas que guardan imágenes del santo, mostradas por Teófanes Egido.

 

Llama la atención un cuadro del XVII que representa el nacimiento de Jesús,  que  en realidad es una escena reconvertida, pues originalmente se trataba del nacimiento de la Virgen,  y su figura de recién nacida se convirtió en el Niño Jesús por obra y gracia de los pinceles.

 

El libro más leído sobre San José es “La sombra del padre: historia de José de Nazaret”, del polaco Jan Dobraczynski, y ha sido traducido a prácticamente todos los idiomas. En el Centro se puede consultar todo lo publicado en todos los idiomas sobre el santo, aunque,  por supuesto, predominan los textos de estudio, pero también hay novelas y teatro: Paul Claudé y G. Martin Garzo, con su “El lenguaje de las fuentes”, por ejemplo.

 

Una pieza del XVII  llamada “la auténtica”, pues incluye un supuesto certificado de autenticidad del anillo con el que se casó San José. Cosa imposible, porque en aquellos años y cultura  no se utilizaba el anillo como símbolo de desposorio. Por otro lado, no hay en el mundo ninguna reliquia de él porque, en la evocación popular, subió tan rápido al cielo que no fue posible desmembrarlo ni tomar objetos personales de él.

 

Una vez que conoces la biblioteca de la Casona de Urueña se hace difícil separarla del valiosísimo conjunto documental de la Fundación Joaquín Díaz, cuyos fondos están depositados en esa población que, desde Torozos, se asoma a las llanuras de Tierra de Campos.

Lo primero que hay que indicar es que se trata de una biblioteca personal de Joaquín hecha libro a libro desde hace más medio siglo.

Aunque pudiera parecer que su grueso principal tiene que ver con la actividad musical de su promotor, lo cierto es que la biblioteca está especializa en la antropología, que en definitiva es todo lo que interesa al ser humano.

El fondo bibliográfico se compone de unos 26.000 libros. Una de las salas ofrece un ambiente acogedor que propicia una agradable consulta de los libros. Es la pieza en la que se concentra la oralidad en idioma castellano en todas sus vertientes: música, cancioneros, lengua, teatro, cuentos, coplas de cordel, refranero… Libros en varios idiomas, de países que también tienen una gran cultura oral: Francia, Italia, Portugal… también Alemania, etc. Y en todas las lenguas que se hablan en España: catalán, gallego y euskera. Incluso  hay autores, como Calderón de la Barca, cuyos sainetes contienen muchas referencias folklóricas.

 

Fachada de la Casona de Urueña, Fundación Joaquín Díaz.

 

Zaguán de la casona con la puerta de acceso a una de las salas de la biblioteca.

 

Interior y diversos detalles de la pieza principal de la biblioteca, con el característico facistol, que permitía apoyar aquellos grandes libros.

 

Facsimil sobre la entrada de los cruzados en Jerusalén : “Las crónicas de las Cruzadas”, una trilogía del siglo XV.

 

 “Libro de trajes españoles”  de 1860, impreso en París, escrito por Albert Adam…

 

… Y ya que estamos en la Casona, no me resisto a incluir un par de  imágenes de las piezas expuestas al público: solo una pequeñísima muestra de lo que allí nos podemos encontrar (en la foto superior Joaquín Díaz dándome detalles de un instrumento musical.

NOTAHorario de visita de la Casona (calle Real): de martes a viernes, de 10 a 13 h. y de 16 a 19 h.; sábados y domingos, de 10 a 13 h. Lunes y festivos, cerrado. Entrada individual, 2 euros.

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2 comentarios en “BIBLIOTECAS, TESOROS DE LA SABIDURÍA

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