Valladolid, a pesar del destrozo de los años 70 del siglo pasado, aún conserva diversos palacios, más conservados unos, más transformados otros. Es el caso que entre ellos está el palacio de los marqueses de Valverde. Sito en la calle San Ignacio frente a la iglesia de San Miguel y San Julián, y haciendo esquina con la plaza de Fabio Nelli, donde se alza el impresionante palacio de aquel importante banquero vallisoletano.

Si añadimos que se halla en las proximidades del convento de la Concepción, hablamos de que nos encontramos en uno de los enclaves más interesantes de Valladolid, tanto por arquitectura como por historia. Además,  no muy lejos están  la Plaza del Viejo Coso, del siglo XIX, y la casa del Marqués de Castrofuerte.

En definitiva, por la época en que algunas de estas construcciones se fueron levantando, estamos en el epicentro del Renacimiento del Valladolid cortesano.

La casa de los Marqueses de Valverde, que data de los primeros años del siglo XVI y que ha conocido diversas reformas en el XVIII y en el XX,  no es el palacio mejor conservado de Valladolid, aunque es perfectamente reconocible su traza, que mantiene todavía el aire del renacimiento italiano (especialmente en su esquina con la calle Expósitos) y, en todo caso, una bonita fachada.

Hay que advertir que el marquesado de Valverde es, en realidad de Valverde de la Sierra, que nada tiene que ver con otro título nobiliario que también responde a Valverde: un título creado en el siglo XVII por Felipe IV que está unido al ducado  de  Medina Sidonia.

No, el marquesado de Valverde de la Sierra se remonta a 1678, cuando Carlos II concedió este título a Fernando de Tovar y Enríquez de Castilla Cañas y Silva, a la sazón entre otros títulos, caballero de la Orden de Calatrava y señor de la Tierra de la Reina, que es donde está enclavado Valverde de la Sierra: un bonito pueblecito a los pies del pico Espiguete, todo una referencia de la Montaña Palentina. Desde principios del siglo XXI el título lo ostenta Irene Vázquez, residente en Cataluña y profesora de Formación Profesional.

El edificio palaciego fue levantado por el Oidor de la Chancillería Juan de Figueroa, que junto con su esposa María Núñez de Toledo, fundaron el cercano convento de la Concepción en 1521. Terminó perteneciendo a don Fernando de Tovar Enríquez de Castilla, señor de Tierra de la Reina,  y marqués de Valverde  a raíz de la creación de marquesado, como se ha dicho, por Carlos II.

La fachada tiene grabada la fecha de 1763, probablemente debida a obras o haber sido reconstruida en dicho año en algunas de sus partes. Juan Agapito y Revilla nos habla de la azarosa vida de este palacio que arrastra una curiosa leyenda que incluso se ha trasladado a la literatura, y sobre la que más adelante volveremos. En julio de 1736 el palacio padeció incendio. En este mismo palacio residieron los Agustinos Filipinos antes de ocupar el convento que ahora ocupan en la calle Filipinos. Más tarde estuvo ocupado por los Padres Carmelitas, hasta que, finalmente se convirtió en un edificio de bajos y viviendas de alquiler.

El almohadillado que hay en la puerta y otros detalles de la fachada siguen los gustos de la arquitectura florentina. Y también llama la atención la hilera de ventanas superiores en la  que se suceden formas redondas y formas cuadradas.

La esquina  es de dos ventanas superpuestas  con un pilar almohadillado que al parecer se mantiene desde el siglo XVI.

Escudos  de la familia Figueroa (cinco hojas de higuera), y Tovar (banda engolada).

Esquina coronada por dos figuras femeninas alojadas en sendos óculos flanqueando el escudo de los Tovar.

Patio del palacio que sirve para hacernos una idea de cómo era, dado que este no es el original ni las columnas que lo adornan.

Los Tovar, que como hemos recibieron el marquesado,  fueron una importante familia  que, por ejemplo, dejaron una fortificación en  Boca de Huérgano, en la zona de Tierra de la Reina, de la que se conserva la llamada torre de los Tovar, un torreón medieval de finales de la Edad Media. La imagen está tomada de Diario de Valderrueda.

Los marqueses de Valverde, entre otras rentas que obtenían de sus propiedades de Valladolid tales como casas, riberas y molinos,  disponían de unos ingresos extra con el comercio de la nieve. Tenían un contrato con el municipio de Valladolid (estamos hablando del entorno del siglo  XVIII) por el cual cuando en los pozos de nieve de la ciudad comenzaba a escasear el hielo que se había empozado procedente de las charcas de la Esgueva y otros lugares durante el invierno, los marqueses (que en realidad vivían en Madrid), previo aviso del Ayuntamiento, mandaban que los arrieros de Valverde de la Sierra, trajeran hielo procedente de los neveros perpetuos del pico Espigüete, que se alza sobre el pueblo. Aquel trasiego es una de las señas de identidad de ese y otros municipios del entorno, que vivían de él una vez que se terminaban las faenas agrícolas.

Y decíamos que la Casa cuenta con una leyenda relacionada con las infidelidades de la marquesa, que, al parecer tienen su plasmación en las dos figuras (hombre y mujer) que flanquean la ventana principal del palacio que da a la calle San Ignacio.  Al parecer, la marquesa  fue infiel a su esposo con uno de los criados de la casa. Se trataba, como no podía ser de otra forma, de un joven atractivo. Se cruzaban besos  al principio y pronto comenzaron los encuentros furtivos. Según versiones de la leyenda comenzaron a planificar su huida. Pero en esas estaban cuando fueron descubiertos por el marqués, que denunció la infidelidad de su esposa que, a la sazón, por aquellas épocas (no tan lejanas) era delito. Aquello abrió un proceso penal que terminó en la condena de marquesa y criado.

El marqués mandó labrar en la fachada la imagen de su infiel esposa y su desleal criado para que sirviera de escarnio público de ambos.

Esta leyenda fue recogida por Ramón de Campoamor  en “Drama universal”, que en su escena XXXV titulada Los marqueses de Valverde, de esta forma la comenzó: «Se alzó en Valladolid un edificio, / de Fabio Nelli en la plazuela un día, /y desnudo, en el ancho frontispicio, /el cuerpo de la dueña se veía. /Creyó, haciendo la impúdica escultura, /este Marqués celoso y delirante, /vil castigar la vil desenvoltura /de esa adultera esposa y del amante / Ciego, al llenar a su mujer de lodo, / no ve el Marqués que su deshonra sella / publicando el imbécil de este modo / la infamia de él y la vergüenza de ella”.

ALGUNA DE LA BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA: “Guía de Arquitectura de Valladolid” (coord. J.C. Arnuncio);  “Las calles de Valladolid” (J. Agapito y Revilla);  “Arquitectura y Nobleza” ( Jesús Urrea); “Guía Misteriosa de Valladolid” (Javier Burrieza); y “Pozos de nieve y abastecimiento de hielo en la provincial de Valladolid” (Jesús Anta).

2 comentarios en “LOS MARQUESES DE VALVERDE DE LA SIERRA

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