VALLADOLID EN EL MUNDO

Valladolid se ha incorporado a la moda de poner en letras de gran tamaño el nombre de la ciudad en algún lugar destacado. Una ciudad pionera en esto fue Vitoria. El Ayuntamiento de nuestra ciudad ha elegido la plaza de Zorrilla, asunto, como todas estas iniciativas, de controvertidas opiniones. Es el caso que sea por motivos de colonización, conquista o evangelización, el nombre de Valladolid luce o ha lucido en unos cuantos rincones del mundo. Así que vamos a darnos una vuelta por el  globo terráqueo siguiendo la estela de los “Valladolid” que hay repartidos por el planeta.

Es corriente que los países que han ejercido la colonización en otros continentes, hayan llevado también el nombre de la ciudad materna de su fundador o  explorador: una forma de rendir homenaje y recuerdo. Franceses, ingleses, belgas, portugueses,  italianos o españoles han ido regando el mundo de topónimos que reproducen el nombre de pueblos, ciudades e ilustres apellidos del continente europeo.

Si a países de destino nos referimos, son Filipinas y Méjico los dos que tienen  más referencias de ciudades españolas.

En cuanto al ranking de los nombres españoles,  probablemente sea San Sebastián el que más se repite,  seguida muy de cerca por Zaragoza y Málaga.

Pero Valladolid no se queda corta, pues hay más referencias en el mundo  de las que se manejan en las informaciones que por ahí circulan, si sumamos, además, municipios que en algún momento de su historia han llevado el nombre de nuestra ciudad.

Dispongámonos, pues, a iniciar un largo viaje de circunvalación a la Tierra: embarcamos en nuestro particular jet, aceleramos por la pista y despegamos… ¡ponemos rumbo a África!

Nuestro primer destino es Guinea Ecuatorial.


La República de Guinea Ecuatorial obtuvo su independencia en 1968. Hay en ese país centro africano una ciudad llamada Añisok o Añisoc, fundada  como Valladolid de los Bimbiles por España en la década de 1940 sobre una pequeña aldea. Con la independencia del país recupera el nombre de la vieja aldea. Actualmente rebasa los 40.000 habitantes. Este municipio, que ha pedido hace unos años hermanarse con Valladolid (asunto al que parece que no se ha dado respuesta), tiene una curiosa anécdota: en 1954, el gobernador de Guinea envió a Valladolid un telegrama de agradecimiento por que desde nuestro Ayuntamiento se le hubieran remitido fotografías y planos de la fuente Dorada con el fin de erigir una réplica de la misma en la población. Parece ser que aquella fuente se destruyó en 1978 bajo la dictadura de Macías.

 

Y atravesamos el Atlántico rumbo  a Méjico. Aterrizamos en Morelia, ciudad azteca fundada con el nombre de Valladolid en 1545 (antes Michuacan). Nombre que mantuvo hasta el año 1828 que lo cambió por el de Morelia en honor al generalísimo José María Morelos, nacido en aquella población. Morelia, que ronda los 800.000 habitantes está hermanada con Valladolid desde 1978, fecha en que celebró los 150 años de su nuevo nombre. En algunos edificios públicos aún puede leerse el nombre de Valladolid. El centro de Morelia está declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Presume de ser el destino turístico más importante de Méjico (si exceptuamos algunas zonas de playas).

 

No abandonamos Méjico sin acercarnos a Valladolid, una ciudad situada en Yucatán. Zací era el nombre de la ciudad maya sobre la cual en 1543 se fundó la ciudad de Valladolid. Zací significa gavilán blanco y da nombre a uno de los cenotes a cielo abierto más grandes e impresionantes de la península del Yucatán: una caverna de unos 45 metros de diámetro. Valladolid, de unos 50.000 habitantes, vive fundamentalmente del turismo.

 Atrás dejamos la península del Yucatán y ponemos rumbo hacia el estado de Aguascalientes: en esta ocasión no vamos a aterrizar pero sobrevolamos sobre una pequeña localidad, apenas 1.500 habitantes llamada Valladolid, perteneciente al municipio de Jesús María, y situado a más de 1800 metros de altitud.

 

Nuestro siguiente destino es  Honduras para disfrutar del paisaje montañoso en el que está asentada la cafetalera Valladolid de las Mercedes, en el Distrito o Departamento de Lempira.  La población, que roza los 4.000 habitantes, está asentada sobre suelo de origen volcánico y rodada de grandes precipicios y  bosques de pinos.

 

Sin abandonar Honduras vamos a tomar tierra en Nueva Valladolid de Comayagua, que en el país se moteja como la “Antañona”, debido a que se trata de una de las primeras fundaciones españolas del país. Su nombre inicial fue el de Santa María de la Concepción de Comayagua. Popularmente también se conoce como el País de las Higueras. Cambiado al de Valladolid por Felipe II. Tiene el casco histórico mejor conservado de Honduras, lo que le proporciona una próspera actividad turística. Tiene Comayagua unas salas cinematográficas llamadas Valladolid. Nos estamos quedando sin combustible, así que ponemos rumbo a otro destino: Colombia.

 

Repostamos en un aeropuerto cercano al municipio de Apia, en territorio colombiano. El municipio de Apia (región de Risalda) está ubicado sobre territorio montañoso cuyo relieve corresponde a la vertiente oriental de la cordillera occidental de los Andes. La ciudad se divide en veredas o fracciones municipales, y es una de estas verederas la que responde al nombre de Valladolid.

 

Kennedy es una de las localidades del distrito de Bogotá, la capital de Colombia, que comenzó a gestarse en la década de 1930. Tiene una población que supera el millón de habitantes, y entre sus 438 barrios está Valladolid. Para hacernos una idea, Bogotá es una conurbación que supera los ocho millones de habitantes.  Bueno, pues en ese inmenso océano de calles y casas está el barrio de Valladolid.

 

Decimos adiós a  Colombia.  El radar de nuestro avión señala que volamos sobre Ecuador. Damos varias vueltas en el cielo sobre Valladolid en la zona de Zamora-Chinchipé. Consultamos nuestros datos y nos indican que esta población se fundó en 1557  y que llegó a ser la capital de la Gobernación de Yaguarzongo, a orillas del río Chinchipé (por cierto también hay en la zona un río llamado Valladolid).  A principios del siglo XX estaba prácticamente deshabitada, hasta que nuevos colonos comenzaron a darla una segunda vida: se refundó solemnemente en 1962. Su población se dedica fundamentalmente a la agricultura y elabora unos afamados quesos. Atrás quedan las leyendas de la antigua y  majestuosa Valladolid, de la que aún se reconocen restos arqueológicos.

 

No abandonamos territorio ecuatoriano pues nos dirigimos hacia Loja, muy cerca de Zamora-Chinchipe.  Loja, una provincia de 500.000 habitantes,  se conoce como la capital cultura de Ecuador. Su ubicación, fronteriza entre la costa y la amazonía le confieren unas peculiaridades económicas, etnográficas e históricas. Y entre uno de sus tantas parroquias o barrios, también nos encontraremos con Valladolid…  Tenemos que pensar en nuestro próximo y lejano destino. Nos aseguramos de tener  lleno el tanque de combustible pues hemos de atravesar el Océano Pacífico, camino de Filipinas.

 

En la provincia de Negros Occidental,  el municipio de Valladolid supera ronda los 38.000 habitantes. Fue una ciudad importante de las Islas Filipinas y hasta que fue bautizada con el nombre de nuestra ciudad, se conocía como Inabuyan. Destaca, de entre su patrimonio, la iglesia de Guadalupe (1851), y también ofrece el Balay Dolid (Museo de Valladolid). Para entender la complejidad urbana de Filipinas, indicamos que Valladolid se distribuye en 16 barrios o barangays.

 

Filipinas tiene, sin duda una enorme relación con Valladolid que proviene de la presencia en aquellas islas de los Agustinos. Y para un detallado conocimiento de esta huella española en Filipinas nada mejor que visitar el Museo Agustino-Filipino de Valladolid. Pero aún hemos de ver un detalle más sobre la presencia vallisoletana en Filipinas: la iglesia de San Joaquín, en Iloilo. Esta construcción religiosa, levantada a finales del XIX con trazas de fortaleza representa en su fachada una imagen de San Pedro Regalado, patrón de Valladolid. La iglesia está construida en un colina inmediata a la costa y su campanario servía como observatorio para avistar la presencia de piratas en busca de esclavos filipinos: detectada la presencia de “garays” (barcos piratas), las campanas llamaban a que la población  se pusiera a salvo refugiándose en la iglesia. La fachada, además de la imagen de San Pedro, ofrece un enorme mural de motivo militar: la batalla de Tetuán, en la que los españoles derrotaron a los soldamos musulmanes. Fue construida entre 1859 y 1869 impulsada por el fraile vallisoletano Tomás Santarén, de la orden Agustina. No se sabe muy bien a qué obedece esta decoración: ¿homenaje a su padre que luchó en aquella batalla?… ¿intimidación a los moros negreros que se acercaban a por esclavos filipinos? Es el caso que se trata de una construcción y decoración verdaderamente curiosas.

 

Nuestro vuelo alrededor del mundo toca a su fin: volvemos a casa. Pero aún nos queda una nueva sorpresa antes de aterrizar en el aeropuerto de Villanubla: el Valladolid coruñés del Concello de Touro, dependiente de la parroquia de  San Fiz de Quión. Este Valladolid es un minúsculo núcleo rural de apenas dos casas perdido en una hermosa zona boscosa.

Hay en Murcia, una entidad llamada Valladolises Lo Jurado. Piensan los historiadores, que el origen del nombre tenga que ver con la repoblación por parte de castellanos, y más concretamente de gente de Valladolid, cuando Murcia quedó incorporada a la corona de Castilla.

Y aquí queda constancia de la instalación que se ha realizado no sin cierta polémica entre detractores y entusiastas. Lo cierto es que está puesta en el lugar más fotografiado de Valladolid, de acuerdo con los datos que se pueden obtener en las páginas de turismo de Internet.

DONDE REPOSA HERMAFRODITA BORGHESE

Con la apertura en 2012 del Museo de Reproducciones, el Museo de Escultura se ha convertido en uno de los más importantes de Europa en materia de escultura. El de Reproducciones no es único en España pues, al menos, hay otro en Bilbao. Pero el de Valladolid tiene la enorme ventaja de sumarse al Nacional de Escultura creando, además, un entorno privilegiado en la calle Cadenas de San Gregorio.

En la nave central de la antigua iglesia de San Benito el Viejo (justo detrás de la Casa del Sol), se alojan a la vista del público 270 piezas. Más conocidas unas, como el Laoconte, el Discóbolo o la máscara de Agamenón, menos conocidas otras, es el caso de que al visitante se le ofrece una hermosa panorámica en conjunto y un deleite en cada pieza. Se trata de  reproducciones de obras originales expuestas en los principales museos del mundo: Nápoles, Louvre, Británico, etc.

La exposición no solo ofrece obra escultórica en diferentes materiales (yeso, bronce o piedra), sino también pictórica. En definitiva, presenta un completo conjunto de piezas que explican el cómo, a partir sobre todo del siglo XIX, se comenzó a considerar la copia o reproducción como una técnica en sí misma y una nueva forma de aproximación al arte.

No obstante, el deseo de poseer réplicas de esculturas antiguas viene de lejos. Por ejemplo, la famosa figura de Ares Ludovisi (s. IV a C) fue una de las más afamadas en el s. XVII:  Felipe IV le encargó una copia a Velázquez, y  Luis XIV obsequió a Federico el Grande con una reproducción de la misma.

Esta colección nació en 1877 y estuvo alojada en el Casón del Buen Retiro de Madrid hasta 1961. Cincuenta años después renació en Valladolid. Lo que está expuesto es solo una parte del fondo artístico pero, además, lleva aparejada una importante biblioteca especializada en el tema.

¡Qué mejor época del año que el invierno para visitar museos!

 

1a-cropFachada de la antigua iglesia de San Benito el Viejo, detrás de la Casa del Sol

 

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Panorámica general del museo

 

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 Discóbolo, original en el Museo Británico de Londres

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Hermafrodita Borghese, Museo del Louvre

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Panisco y Sátiro, modelada en 1884, el original se conserva en el Museo del Louvre

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Galo moribundo, su original, guardado en los Museos Capitolinos de Roma, data del siglo III a C. Detrás de la escultura, diversos bustos de personajes reales o imaginarios. Detalle de uno de esos bustos

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Esta Ariadna abandonada (copia de 1884) se trata, en realidad, de una réplica romana copiada de un original helenístico. Museos Vaticanos, Roma

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Laoconte, vaciado en yeso en 1887, se puede ver en los Museos Vaticanos

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Detalle de un casco de bronce  de gladiador del siglo I d C

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Ares Ludivisi, original en el Museo de las Termas, Roma

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Centauro domado por el Amor, Museo del Louvre

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Primer plano de Fauno Durmiente, escultura de bronce sobre una gran peana de piedra, se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Al fondo, los Retratos de El Fayúm, así conocidos por ser encontrados en momias de Egipto. La costumbre de hacer retratos realistas de los fallecidos abarca desde el siglo I a C. hasta, posiblemente, el siglo III d C

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Esta réplica de la  Máscara de Agamenón (metal repujado) data de 1914. Su original se remonta al s. XVI a C. y se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Se trata de una máscara fúnebre

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Qué mejores modelos que los de este museo  para practicar el dibujo, tal como hacen estas dos personas

HORARIO: martes a sábado de 11 a 14 y 16:30 a 19:30; domingos y festivos sólo mañana. Cerrado 1 y 6 de enero; 1 de mayo; 8 de septiembre y 24, 25 y 31 de diciembre.

La entrada es conjunta con el Museo de Escultura.

LOS PULMONES DE LA CIUDAD

Hablamos de esos lugares para pasear o que frecuentamos en nuestra vida cotidiana. Según el Plan General de Ordenación Urbana de Valladolid (PGOU), el término municipal tiene catalogado como Patrimonio Natural, es decir, muy resumidamente, espacios libres no construidos dedicados a tierras de cultivo, monte, plazas, jardines, arbolado, riberas, etc. cuya superficie en el plano suma unas 11.200 ha. que, traducido a un espacio más o menos identificable, equivale a 11.200 terrenos de juego de un estadio de fútbol. Hablamos, por tanto de 112 millones de metros cuadrados. La mitad de esta extensión la ocupan los pinares de Esparragal y Antequera (algo menos de 2.000 ha.) y el enorme terreno de Navabuena (donde está el Centro Penitenciario) que dedica buena parte de sus 5.000 ha. a tierras de cultivo y monte.

Fuente el Sol

Los espacios verdes más inmediatos a los barrios (como el Tomillar, Fuente el Sol o las Contiendas –por poner algunos ejemplos-),  y las plazas y tramos de riberas en el interior del casco urbano (plaza Circular, parque Ribera de Castilla o  Campo Grande –entre otros muchos espacios-), suman una superficie arbolada o ajardinada de poco más de 560 ha.  que mantienen el Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento, lo que  nos dice que cada habitante de Valladolid toca a casi  19 metros cuadrados de superficie verde: esa que buscamos para pasear o por la que simplemente transitamos en nuestros quehaceres diarios.

Plaza Circular

Hablamos, por tanto, de una superficie muy por encima de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud –OMS- (que por otro lado tampoco es un dechado de precisión, pues indica que una ciudad saludable es aquella que tiene entre 10 y 15 metros cuadrados de superficie verde por ciudadano).

Parque Ribera de Castilla

Y como estamos hablando de zona verde recomendada por la OMS, este organismo también habla del arbolado aconsejable, e indica que hace falta al menos un árbol cada tres habitantes. Pues bien, volviendo a solo lo que mantiene Parques y Jardines (y descontados por tanto los extensos pinares), Valladolid dispone de unos 90.000 árboles, lo que hace que la ciudad esté dentro de los parámetros saludables del citado organismo mundial: estamos considerando, por redondear, al alza, 300.000 habitantes.

Plaza de la Universidad

Mas, Valladolid tiene un privilegio que no entra en estas contabilidades, cual es disponer de los pinares y encinares del sur del término municipal: los citados de Antequera y Esparragal, y el Monte Blanco. Superficies que si se tuvieran en consideración  para medir la calidad ambiental de la que hablamos multiplicaríamos por mucho nuestra disponibilidad de metros cuadrados “verdes”. Pues estos pinares no solo están rodeando un barrio, como Puente Duero, sino que son una zona habitual de esparcimiento de la gente.

Tejo del pasaje del Voluntariado Social

Por cierto,  el PGOU ha elaborado un listado de 35 árboles singulares por su edad, rareza o tamaño que adquieren la condición de “monumento”. Y casi todos los tenemos bien cerca: un pino de la plaza de la Universidad, un cedro en la plaza de San Pablo, un tejo en la plaza del Viejo Coso o el gran secuoya que sobresale en el tramo final del Canal de Castilla, por no citar unos cuantos que hay en nuestro gran parque urbano cual es el Campo Grande.

LOS FIELATOS DE VALLADOLID

Los asuntos de los impuestos siempre son controvertidos sobre todo porque a casi nadie nos gusta pagarlos. Pero antigua es su existencia, y buena parte de las obras que desde hace siglos se hacen en las poblaciones es gracias a los impuestos destinados a ese fin: construir y arreglar los puentes, las puertas, adoquinar las calles, construir fuentes y conducciones de agua… Se han llamado adehalas, sisas, etc.  Pero si hay un impuesto tan popular por conocido, como impopular por los conflictos que ha generado, fue la imposición municipal sobre usos y consumos: lo que se pagaba en los famosos fielatos. Los fielatos existían en la mayoría de las poblaciones, especialmente si eran de cierta importancia y lugar al que acudían a comprar la gente de los municipios del entorno.

El nombre de fielato deriva del “fiel” -es decir, la aguja de una balanza- de la que disponían los consumeros (nombre de los encargados de los fielatos) para el pesaje de los productos que tenían que tributar.

Este impuesto, pocos años antes de extinguirse se llamaba oficialmente “rentas y exacciones”, antes se conoció como “arbitrios” y, antes aún “impuesto de consumos”… y muy antiguamente, “portazgo”.

Los fielatos eran las casillas donde los consumero se refugiaban y guardaban los útiles que necesitaran para su trabajo. Unas casetas que en ocasiones estaban en mal estado: en 1922, por ejemplo, se habla en el periódico Diario Regional de “casetitas” de madera sin puertas y desvencijadas. Decimos que eran los puestos donde los empleados (mal pagados y con uniformes avejentados) verificaban los productos que se traían a vender a las poblaciones. Muchos de aquellos productos tenían que pagar un impuesto según la clase y la cantidad. Y es un impuesto que ha estado en vigor hasta el 31 de diciembre de 1962. Por tanto aún viven muchas personas que lo recuerdan, así como recordaran las pequeñas construcciones donde se apostaban los encargados del cobro.

Sabemos que muchos de aquellos consumeros eran gente muy mayor y con jornadas interminables: de doce horas diarias -dos turnos a lo largo de todo el día-, y los fines de semana turno de veinticuatro horas.

Se pagaba por las cosas más diversas, y estaba en relación con productos que se introducían en la ciudad para vender: fueran alubias, paja, vino, pescado, pan, higos o patatas… incluso jabón.

Los fielatos se instalaban en las entradas de la ciudad de forma estable (en 1961 sabemos que se hicieron obras en trece de aquellos fielatos). En 1947 los fielatos se habían ido reubicando según crecía la ciudad: treinta y un fielatos se contabilizaban en noviembre de 1955. Y también conocemos que en  1957 se crearon fielatos ambulantes debido a que los accesos a Valladolid y los núcleos de población eran cada vez más diversos.

Prototipo de casilla de fielato de 1882. Imágen el Archivo Municipal tomada del artículo “Los fielatos en Valladolid a través de los rastros documentales”, de Jesús Alonso editado en la Revista de Folklore de la Fundación Joaquín Díaz.

Al inicio de la década de 1960 eran continuas las críticas a este impuesto: la prensa lo tachaba de anacrónico. Por eso en el Ayuntamiento se empieza a hablar de su eliminación.

Pero habrá que esperar a que la ley de 1962 sobre Reforma de la Hacienda municipal para que en ella se acordara la supresión del impuesto y, por tanto, los fielatos dejarán de funcionar desde el 1 de enero de 1963. En aquel momento  Valladolid contaba con 19 casetas fijas de fielatos y el  Ayuntamiento aprobó una cantidad de dinero para proceder al derribo de las mismas.

¿Qué hacían los administradores de los fielatos? Pues cobrar en efectivo y extender a cambio un documento (papeleta) por el que se acreditaba que el sujeto había pagado su impuesto y por tanto podía vender su mercancía a minoristas o por sí mismo.

Su controvertido carácter venía de antiguo. En 1866 la administración pensaba en suprimirlos y sustituirlos por una licencia de venta y un complemento especial de contribuciones directas. La razón de este cuestionamiento era que se consideraba que el cobro en los fielatos era engañoso y manipulable, pues el impuesto que el vendedor pagaba en la puerta de la población lo recargaba en el precio al igual que lo que se le decomisaba o estropeaba en el registro que le hacían el funcionario del fielato.

Detalles de la ubicación de algunos fielatos según plano de 1890. El tercero se corresponde a la carretera de Soria antes de cruzar la vía hacia Circular.

En fin, tan impopular y conflictivo era que había guardias municipales que prestaban su servicio en los fielatos. Y son muchos los casos registrados de peleas muy serias entre vendedores y consumeros. Además, fueron varias las ocasiones en las que por motivos de huelgas o carestía de la vida la gente apedreaba las casillas de los consumeros e incluso hubo casos de prenderlas fuego, cosa fácil de hacer pues muchas eran de madera.

De entre los muchos conflictos  y problemas que daban los fielatos podemos comentar que en el año 1900 algunos concejales del Ayuntamiento de Valladolid se quejan  de que el personal que está en los fielatos es interino y no estaba demostrando celo en su trabajo, de tal manera que la recaudación  cayó escandalosamente, pues en muchos casos los consumeros no se personaban en la caseta y Valladolid, decían, “se había convertido en una puerta abierta al matute más escandaloso”.

Se conoce de casos como el de la detención arbitraria de un señor en el fielato de la Estación porque se negó a pagar el impuesto ¡por una docena de mantecadas! que traía para su casa. Pero más curioso es que en el fielato del canal de  castilla se cobró a una pobre mujer que venía a lavar lo ropa desde Zaratán: 1,50 pesetas por tres canteros de jabón… ¡que, además, había comprado en Valladolid! y, por tanto, pagaba dos veces impuestos por el mismo producto.

En  1912, año duro de carestía de la vida,  una turba de gente apedreó e incluso quemó algunos fielatos.

La prensa da noticia en 1930 de una pelea en el fielato de las puertas de Tudela por la cantidad de paja que iba en el carro: encargado y ciudadano acabaron en la casa de socorro con diversas lesiones.

En fin, son muchas y recurrentes las noticias sobre la ira contra aquellos “entrañables” fielatos.

Fielato del camino a Renedo. Publicado por Raquel de las Heras.

Solo cabe añadir que circula en artículos, libros e internet que la famosa torrecilla de la carretera de Rueda era un fielato: y no es cierto. Sí  que había un fielato por este lugar pero la torre no. Esta formaba parte de una finca particular. Y también indico que tampoco los antiguos almacenes que hay en el Paseo del Arco de Ladrillo, nada más pasar las vías del ferrocarril, fuera un fielato: aquello eran los Almacenes Generales de Castilla que tenían arrendados o en propiedad diversos mayoristas de la alimentación. El fielato estaba más adelante hacia la carretera de Madrid.

Fielato a la entrada de Medina de Rioseco, reconvertido en oficina del Camino de Santiago.

ENCLAVES VALLISOLETANOS

El debate sobre competencias y organización de la llamada “desescalada” que conduzca a un futuro de fecha incierta en la que podamos decir que la vida vuelve a ser como la que teníamos antes de la Declaración de Alarma decretada el 14 de marzo, me ha llevado a remirar el mapa de la provincia de Valladolid, pues buena parte del modelo de vuelta a la normalidad está asentando en los límites provinciales o  municipales… o en Zonas Básicas de Salud. Es decir, en el territorio.

Si nos fijamos en el territorio veremos que no es una “cosa” tan precisa y compacta como pudiera parecer, pues hay curiosas excepcionalidades, de las que Valladolid tiene un puñado de ejemplos.

En España son unos veinticinco los enclaves que están fuera de los límites autonómicos o provinciales, y también  hay términos municipales que son titulares de territorio exógeno a sus límites, pero dentro de la provincia.

De esos 22 enclaves españoles, dos de ellos se refieren a Valladolid: la dehesa de San Llorente, que depende de Mayorga aunque en territorio leonés; y los municipios de Roales de Campos y Quintanilla del Molar, rodeados de tierra zamorana y leonesa.

Más dentro de la provincia, se localizan cerca de una veintena de tierras que están fuera del término municipal al que pertenecen.

No obstante, antes de entrar con algún detalle en algunos de estos casos, bueno es dar una pincelada de las posibles causas de estas singularidades.

Para hacernos una idea rápida hay que decir que el mapa de las provincias no terminó de consolidarse hasta finales de la década de 1830, a raíz del famoso Real Decreto de Javier de Burgos del año 1833: era el ministro de Fomento. Hasta entonces, aunque ya existía la administración provincial, y las diputaciones creadas por las Cortes de Cádiz en 1813, el territorio provincial no era ni parecido a lo que ahora conocemos.

Para ir ciñéndonos a Valladolid, acudamos a lo que relata Antonio Sánchez del Barrio en su artículo La provincia de Valladolid, historia abreviada de su territorio, en el queen nos ilustra indicando que en el último tercio del siglo XVIII lo que caracterizaba a la provincia de Valladolid era la irregularidad de sus límites, de tal manera que el 45 % de su superficie se localizaba en enclaves dispersos. Solo las provincias de Toro y Madrid de aquella época superaban la dispersión territorial de Valladolid.

Aquello era debido a que la mayor parte de los territorios españoles estaban bajo jurisdicción eclesial, estaban sujetos a obligaciones  tributarias de otras poblaciones, o eran  propiedad de unos u otros señoríos. Por ejemplo, casi todo el Valle del Esgueva y el  del Jaramiel dependían del arzobispado de Palencia y formaban parte de la comarca palentina del Cerrato.

El territorio provincial  predecesor del actual estaba formada por dos ciudades, amén de villas, lugares, aldeas, granjas y cotos hasta sumar 528 nombres a los que añadir 87 despoblados. En la actualidad Valladolid lo forman 225 municipios y 9 pedanías, amén de un buen puñado de despoblados.

Contado esto, veamos algunas imágenes con las que ilustrar este relato.

Mapa actual de la provincia de Valladolid: en la parte de arriba debería estar grafiada la dehesa de San Llorente, y a la izquierda se ve perfectamente la isla formada por los municipios de Roales de Campos y Quintanilla del Molar.

Mapa de la provincia en 1779. En rojo se dibujan perfiles de territorios inconexos entre sí. Y este mismo mapa, puesto en forma de plano de superficie en el año 1803 nos da idea cabal de cómo era aquella provincia.

Volvamos a los enclaves actuales. Vemos en la parte alta la Dehesa de San Llorente, perteneciente a Mayorga está completamente rodeada por la provincia de León. La Dehesa está despoblada y tiene una extensión próxima a las 11 ha. Está atravesada por el arroyo del Valle, y más que dehesa (algunas encinas conserva) está dedicada a tierras de cultivo. En 2014 el Ayuntamiento señaló una ruta ornitológica para disfrute de propios y forasteros. La imagen está tomada del blog “Valladolid, rutas y paisajes”.

Bodegas de Roales de Campos, lo que nos da idea de un pasado vitivinícola, e iglesia de Quintanilla del Molar. Dos pequeños municipios de Tierra de Campos que apenas suman algo más de dos centenares de habitantes, pero que no carecen de historia y patrimonio. Fotos obtenidas de las respectivas páginas oficiales de sendos Ayuntamientos.

Decíamos que en la provincia hay una veintena de enclaves que perteneciendo a un municipio están fuera de su término. De entre ellos destacamos los dos de la ciudad de Valladolid: Navabuena y el Rebollar, que aparecen dibujados en el plano oficial del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). Navabuena es el situado más al norte y el Rebollar el que está hacia el oeste de la ciudad.

Navabuena, grafiado con el número 3 en el mapa del Ministerio de Agricultura y Alimentación, es un espacio natural de 4.973 ha. en el que hay varias fincas y donde está el Centro Penitenciario de Valladolid, ese mal llamado “de Villanubla”.  Esta foto, así como las del Rebollar están obtenidas del PGOU de Valladolid.

El Campo de Tiro “Faustino Alonso”,  gestionado por la Federación de Tiro Olímpico de Castilla y León, y la de Caza está ubicado en la finca del Rebollar, entre los términos de Ciguñuela, Robladillo y Geria. En el mapa aparece identificada con el número 9. Esta propiedad del municipio de Valladolid ocupa una extensión de 396 ha. En ella hay una de esas construcciones singulares del ámbito rural consistente en un antiguo pozo cubierto acompañado de un pilón previsto para abrevar el ganado ovino.

PEDRO EL REGALADO, HIJO DE MARÍA DE LA COSTANILLA

El 13 de mayo es la festividad de San Pedro Regalado, patrón de Valladolid. Hasta su elección en el siglo XVIII como protector de la ciudad, era San Miguel arcángel el encargado de velar por los hombres y mujeres que habitaban la antigua ciudad cortesana.

Corría el año de 1746. La ciudad, aquel año,  celebró con enorme entusiasmo la noticia del primer vallisoletano que había  subido a los altares. La fiesta duró varios días y cuentan las crónicas que fue una auténtica locura popular. No faltó de nada: fuegos artificiales, grandes hogueras, corridas de toros,  hubo extraordinarios actos litúrgicos, impresionantes comitivas de gremios y cofradías, desfile de bandas de música,  y no faltaron bailes al son de las chirimías. La ciudad toda era una fiesta. Incluso se hizo una consulta popular para ver si la gente le quería como patrono, con una masiva respuesta afirmativa.

Pero ¿quién era ese tal Pedro? Pedro Regalado nació en Valladolid en 1390 –fecha, en cualquier caso no muy fiable-,  y falleció, ya en olor de santidad,  en La Aguilera en marzo de 1456. Sabemos ahora que venía de una familia de judíos conversos.

Su padre se llamaba Pedro  (y apellidaba Regalado) y a su madre (que quedó viuda siendo aún  joven)  María, como casi todas las mujeres entonces (y casi hasta hoy mismo), la conocían como la Regalada o, también, como María de la Costanilla (por la calle donde vivía), actual de la Platería y donde nació Pedro. A Pedro, ya clérigo, en algún documento se le anota como Pedro de la Regalada, o Pedro de la Costanilla, o Pedro de la Costanilla y Regalado, o incluso Periquillo de Valladolid… o fray Pedro de Valladolid y, una vez muerto, mucha gente lo citaba como “el Santo Regalado”.

No es mucho lo que se conoce de su vida.  Cuando contaba 13 o 14 años entra en el Convento de San Francisco, muy próximo a su casa natal. A los 22 años fue nombrado sacerdote. Estuvo al frente de los conventos franciscanos de La Aguilera (Burgos), y el Abrojo (Laguna de Duero). Conventos con reglas de observancia muy rigurosas en los que la oración, meditación y ayuno severo se sumaban a un hábito espartano y a lo sumo unas sencillas sandalias para cubrir el pie durante todo el año (hiciera la temperatura que fuese).

Su fama milagrera ya se fue labrando en vida, pues se le atribuyeron episodios de bilocación, amén del  renombrado caso de domesticación de un toro que, suelto, aterrorizaba a la población (razón por la que también se le considera patrón de los toreros); y su proverbial capacidad de atravesar el Duero utilizando su manto a modo de liviana balsa.

Apenas fallecido, se contabilizaron cerca de doscientos milagros, entre los que, además de realizar numerosas sanaciones de enfermos deshauciados, llegó a resucitar brevemente para entregar un pan a un pobre hambriento que oraba delante de su tumba.

Alcanzó tal fama  que incluso  la Reina Isabel la Católica visitó su tumba en el monasterio de la Aguilera, y mandó erigir un vistoso  sepulcro.

Pues, contado todo esto, vamos a recorrer los lugares que evocan la historia e imagen de este santo silencioso.

La casa natal se le atribuye en el número 1 de la calle de la Platería (antigua Costanilla). No está muy claro que este fuera el lugar exacto –habida cuenta de los dos incendios que tanto en 1461 y 1561 arrasaron la calle-, pero a tenor del apellido de su madre –Costanilla-, sí parece probado que, al menos, nació en esa calle.  Un cuadro y una placa conmemorativa en la fachada dejan constancia del nacimiento del santo.

 Iglesia del Salvador, en la plaza del mismo nombre. Cuando en 1683 se beatificó al Regalado, este comenzó a recibir culto en el templo, debido a que parece razonable que hubiera sido bautizado en él.  Edificada sobre la antigua ermita de Santa Elena, del siglo XIII, ya alcanzó la categoría de parroquia en el siglo XIV, dedicada desde un principio al Salvador.  Su fachada es plateresca, realizada por el famoso Juan Sanz de Escalante entre los años 1541 y 1559. Algún historiador de la época la calificó como de las más preciosas de España.

 

La torre, muy esbelta, presenta dos cuerpos bien distintos: uno, en piedra,  del siglo XVII, y otro –ochavado-  (del s. XVIII) en ladrillo. Rematado por un tejado de pizarra de las canteras de Bernardos (Segovia)  debido a una reconstrucción que hubo que hacerse tras su hundimiento a principios del XVIII. La torre de la Catedral de Valladolid está inspirada en esta de El Salvador.

 

Retablo mayor, del siglo XVIII, definida por el catedrático Jesús Urrea como expresión del rococó vallisoletano. En lo alto del crucero, escudo de los Almirantes de Castilla, protectores que fueron del Salvador.

 

Una de las capillas más interesantes, concluida en 1487,  es la de San Juan Bautista. Acoge un magnífico retablo (1504) de la escuela flamenca. En el suelo se pueden ver enterramientos que seguramente pertenecieran a la ermita de Santa Elena, al tratarse de la zona más antigua del templo.

 

Pila bautismal que la tradición  dice que en ella fue bautizado San Pedro Regalado.

 

Y capilla de San Pedro, con un retablo de  1709 atribuido a Juan de Ávila, representa la traslación del santo por unos ángeles desde el monasterio del Abrojo al de La Aguilera que, precisamente, imita el grupo escultórico que hay en este último monasterio.

 

A un costado del Salvador se erige una escultura instalada en 2004 y realizada por Miguel García Delgado, sevillano con numerosa obra pública en España.

 

El monasterio del Abrojo está en un paraje próximo a la finca real  que frecuentaron los Reyes Católicos, y sus descendientes Carlos V  y Felipe II. De aquel palacio campestre donde se practicaba la caza, hoy quedan las tapias amuralladas, y en su interior una urbanización de chalets.

No  fueron los franciscanos los primeros  en asentarse en aquel lugar, pues antes perteneció a diversas órdenes religiosas, hasta que en 1441 se instalaron los del císter, que serían sustituidos por los franciscanos reformados a los que pertenecía el Regalado.

Tanto el monasterio como el palacio sufrieron un incendio en 1624. No obstante el monasterio fue reconstruido y actualmente se conservan unos pocos vestigios: restos de un muro, el acceso a la bodega, un estanque (con el que  se regaba la huerta del monasterio), y una fuente (llamada de San Pedro).

 

El santuario de La Aguilera tiene su origen en el siglo XIV, acoge el sepulcro de Regalado, amén de una capilla dedicada igualmente al santo. En la imagen, panorámica del edificio y detalle del sepulcro del santo mandado construir por Isabel la Católica. Está realizado en mármol a finales del XV y atribuido a la escuela de Colonia, que por aquel entonces trabajaba en la catedral de Burgos. Ambas fotografías son de Miguel Ángel Santos.

 

… Y obligado es, al menos, dejar anotado que el desaparecido convento de San Francisco (en la Plaza Mayor), es otra referencia de la vida de san Pedro, pues, como ya se ha dicho, en aquel convento,  del que no queda resto edificado alguno, entró el santo en edad adolescente (en la imágen, placa conmemorativa frente al actual Teatro Zorrilla)

Amén del monasterio de la Aguilera y la iglesia de El Salvador, la cantidad de imágenes (cuadros o esculturas) del Regalado que hay en numerosos lugares, dan idea del alcance popular que tuvo. Así, encontraremos (sobre todo esculturas) en el Carmen de Extramuros,  San Lorenzo, Santuario Nacional, Jesús Nazareno, las Angustias y la Catedral, en Valladolid; también en los conventos de las Descalzas Reales y Corpus Christi de la capital vallisoletana;  y en iglesias de Laguna de Duero, Renedo de Esgueva, Cigales, Cabezón, Medina de Rioseco, Melgar de Fernamental, Burgo de Osma…

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

La Ciudad del Regalado. VVAA. Coordinado por Javier Burrieza. Ayuntamiento de Valladolid, 2004.

San Pedro Regalado: Teófanes Egido. Caja de Ahorros Popular, 1983

Catálogo monumental de Valladolid, de Juan José Martín González y Jesús Urrea. Institución Cultural Simancas y Diputación de Valladolid, 1985.

Iconografía de San Pedro Regalado: S. Andrés Ordax. Junta de Castilla y León, 1991.

LA CASA DE LOS REYES

A fuer de que las últimas siete generaciones de vallisoletanos vienen conociendo que el edificio que preside la plaza de San Pablo son dependencias militares,  ha contribuido  a que no se tenga en cuenta en toda su dimensión la importancia  histórica y arquitectónica del antiguo Palacio Real.

Esto ha privado de un mayor conocimiento y disfrute por parte de la población de este singular edificio. Consciente de ello, el Ministerio de Defensa  trata de hacerlo más asequible mediante visitas guiadas, algunas actividades culturales,  y la instalación en una de sus salas de un pequeño museo que recoge la historia reciente del edificio.

Sería tarea imposible resumir siquiera la historia y avatares del Palacio Real,  que no es sino el resultado de diversas intervenciones urbanísticas que condujeron a que entre 1601 y 1606 Felipe III instalara en él la Corte, convirtiendo a Valladolid en la capital de la Hispanidad durante aquellos años, de la mano del gran especulador urbanístico que fue el Duque de Lerma.

Aprestémonos, al menos, a dar un paseo por el interior de este sitio real que desde 1999 está declarado Bien de Interés Cultural, y que ha conocido numerosas reformas tanto interiores como exteriores.

 

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Fachada actual del Palacio Real, e imagen de su aspecto en el siglo XVIII (grabado reproducido del afamado libro de Ventura Pérez: “Historia de la muy noble y muy Leal Ciudad de Valladolid. Recopilada de varios autores en este año de 1759”). El palacio se fue forjando a partir de varias casas que Francisco de los Cobos (secretario de Carlos V) y su esposa María de Mendoza obtuvieron  por dote matrimonial en 1522

 

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Patio principal, el de mayor tamaño de entre todos los palacios que llegó a tener Valladolid. Y detalle del empedrado

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Los medallones que adornan las arquerías recogen personajes históricos principales, como la de Carlos V, pero también personajes mitológicos no todos identificados: parece que hay una imagen de Alejandro Magno, de Héctor y Paris…  Y se ven los escudos de los numerosos reinos de la España del siglo XVII, como el de Castilla

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Tanto durante la invasión francesa, en la que Napoleón  se instaló en el palacio con numerosa tropa que alteró profundamente la estructura interior del edificio, como en sucesivos usos del mismo, se llevaron a cabo diversas y notables modificaciones, como esta, en la que se ve a finales del XVIII completamente tapiadas las galerías (fotografía de Jean Laurent). También alojó dependencias de Hacienda, Audiencia Territorial, etc.  Las galerías actualmente recogen diversa decoración histórico-militar

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Arco de una de las partes más antiguas del palacio, y una de las dependencias. Durante la estancia de la Corte en Valladolid, la ciudad llegó a contabilizar más de 400 palacios

 

8a8b Hay dependencias que por tener uso administrativo no se muestran en la visita guiada que se lleva a cabo los miércoles por la mañana, como la galería y jardín de Saboya

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Escalera principal con profusa y rica decoración. No es la original del siglo XVII, sino una nueva levantada siguiendo las trazas de 1762 del afamado arquitecto Ventura Rodríguez. En estos años, Ventura Rodríguez estaba trabajando en la Catedral, Convento de Agustinos Filipinos, Colegio de Santa Cruz, Ayuntamiento de La Seca, etc.

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Oratorio de la Reina. La capilla real no se conserva

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Una habitación recoge reproducciones de escenas de batallas del pintor Augusto Ferrer Dalmau, como esta titulada “Rocroi el último tercio” (1643, durante la Guerra de los Treinta Años)

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El Salón del Trono es en realidad una construcción que llevó a cabo el Ministerio de Defensa siguiendo modelos de otros palacios reales

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Una de las habitaciones del palacio muestra paneles explicativos de la evolución del edificio y de los avatares históricos desde que está ocupado por el Ministerio de Defensa

 

NOTAS: El libro imprescindible para conocer la historia y arquitectura del Palacio Real, editado en 2006 por la Universidad de Valladolid y el Ministerio de Defensa,  tiene como autor a Javier Pérez Gil.

Para inscribirse en la visita guiada es preciso llamar a los  teléfonos  983 219 310 o 983 327 302

 

 

LA ÉPICA EN EL ARTE

Hace unos días publiqué una entrada sobre la Guerra de las Comunidades y la Batalla de Villalar. El resultado de aquella batalla fue la degollación de los capitanes comuneros Padilla, Bravo y Maldonado, que está representada en un cuadro que se conserva en el Palacio de las Cortes. Y justo estamos en vísperas del aniversario del levantamiento de Madrid contra los franceses el dos de mayo de 1808. Así que se me ha ocurrido colgar algunos cuadros que reflejan momentos épicos de la historia. Algunos más legendarios que históricos como la batalla de Covadonga; y la mayoría, en general, pintados en el siglo XIX, en el que el romanticismo y la construcción de la identidad de las naciones guiaba los pinceles de los artistas.

El incendio de Troya, de Juan de la Corte, siglo XVII. Museo Nacional del Prado.
Numancia, de Alejo Vera y Estaca, 1834. Museo Nacional del Prado
Guzmán el Bueno, de Salvador Martìnez Cubells, 1884. Museo Nacional del Prado.
Don Pelayo en Covadonga, de Luis de Madrazo y Kuntz, 1855. Museo Nacional del Prado.
Batalla de las Navas de Tolosa o de Alacab, de Francisco de Paula Van Halen y Gil, 1864. Museo Nacional del Prado.
Ejecución de los comuneros de Castilla, de Antonio Gisbert Pérez, 1860. Palacio de las Cortes.
El dos de mayo de 1808 o La carga de los mamelucos, de Francisco de Goya, 1814. Museo Nacional del Prado.
El tres de mayo o Los fusilamientos. de Francisco de Goya, 1814. Museo Nacional del Prado.
Fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga, de Antonio Gisbert Pérez, 1888. Museo Nacional del Prado.
El cuarto estado, de Giuseppe Pellizza, 1901. Museo del Novecento.
Guernica, de Pablo Picasso, 1937. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE VALLADOLID

Hasta que la Diputación recaló en el palacio de Pimentel,  ocupó diversos y siempre nobles edificios:  el Palacio Real, el palacio del conde de Polentinos (ya desaparecido, estaba en la calle del Santuario con esquina a López Gómez), luego el palacio de Osuna (en la calle Angustias, donde está el teatro Calderón), luego sería el palacio del marqués de Villasante (ahora parte de las dependencias del Arzobispado), también llegó a estar en el colegio de San Gregorio (actual Museo Nacional de Escultura)… Hasta que en 1875 la Diputación adquirió el palacio de Pimentel, sede actual de la institución.

Se lo compró a don Manuel Lara Reinoso, don José Antonio Pintó y Añorga, y otros (influyentes hombres de negocios). Seguramente lo tenían por herencia de don Mariano Miguel Reinoso, que lo había adquirido en 1849 a los hermanos que ostentaban, respectivamente, los títulos de Marqués de Camarasa y Conde de Rivadavia. De ahí que el palacio se conozca indistintamente como Pimentel o Rivadavia.

Mariano Miguel de Reinoso lo fue todo en Valladolid, y el primer ministro de Fomento que hubo en España (durante el reinado de Isabel II). El tramo de la actual calle de las Angustias que daba al palacio, durante un tiempo se llamó calle de Reinoso, pues bajo su mandato fue cuando se aprobó el trazado ferroviario de Madrid a Irún pasando por Valladolid. Por razones políticas a la calle se le quitó aquel nombre y tras varios cambios, en 1863 el Ayuntamiento acordó el actual.

Prácticamente desde su origen, la Diputación ha incluido entre sus actividades, la promoción de artistas vallisoletanos, tanto, en el siglo XIX, con becas de estudio en el extranjero, como por adquisición de obra de lo más variada. Esto hace que actualmente disponga de un fondo artístico que no andará lejos de unas 2.000 obras, y en él están representados prácticamente todos los creadores y creadoras vallisoletanos. De algunos de ellos, como por ejemplo de Eduardo García Benito, hay obra muy exclusiva.

En definitiva, un fondo artístico que da sobradamente para un museo permanente que se suponía tenía que haberse construido en la antigua granja escuela José Antonio, sita en la Avenida Real Valladolid. La Diputación inició el proyecto que desde hace unos cuantos años está inconcluso.

Pero, adentrémonos en el palacio.

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El palacio de Pimentel, del siglo XV, ha tenido diversas reformas hasta adquirir, su interior, la distribución y aspecto actual. Desde su construcción fue edificio notable. Sus primeros moradores fueron el Marqués de Astorga y posteriormente don Bernardino Pimentel. Carlos I lo ocupó diversas veces durante sus breves estancias en Valladolid.

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En 1939 se colocó en el zaguán  el rico zócalo azulejado que representa diversas escenas de la historia de Valladolid. Su procedencia son los alfares de Nuestra Señora del Prado, en Talavera de la Reina. Una empresa que abrió sus puertas en 1908 bajo la dirección de Juan Ruiz de Luna y Enrique Guijo y otros socios, de ahí que la fábrica se registrara como Sociedad Ruiz de Luna, Guijo y Cía. Pero lo cierto es que por la fecha en que se encargaron, en realidad los azulejos los confeccionaron Juan, Rafael y Antonio, hijos de Juan Ruiz de Luna, que un poco más tarde (1942) constituyeron la sociedad Ruiz de Luna S.L. Entre las escenas representadas en la azulejería, destaco la del incendio de 21 de septiembre de 1561 (día de san Mateo).

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Patio  interior

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La escalera que conduce a la primera planta, ofrece el magnífico lienzo de Juan Pantoja de la Cruz titulado La Resurrección de Cristo (1605). Este cuadro, principal entre todos los del fondo de la Diputación, proviene de los fondos artísticos que  atesoraron tanto el hospital de la Resurrección (sobre cuyo solar se construyó la casa Mantilla), como el hospital de Santa María de Esgueva (ahora el solar lo ocupa un inmenso edificio de la calle Esgueva)

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La galería se cerró con ventanas de madera durante la importante rehabilitación  que se hizo en el edificio entre 1985 y 1990, bajo la dirección del arquitecto Ángel Ríos.

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El techo de la sala de  Recepciones está enriquecido con un artesonado del s. XV procedente del colegio de San Gregorio. Este recinto se cita como el lugar de nacimiento de Felipe II, sin que haya evidencia alguna de este hecho. Reúne diversos objetos artísticos, como un retrato del monarca –de autor anónimo- y  una Sagrada Familia –de la escuela de Gregorio Fernández-  (ambos del s. XVII)

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El salón de plenos se reformó de tal manera que en él pudiera colocarse la armadura mudéjar procedente de la iglesia de Villafuerte de Esgueva

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La famosa ventana plateresca que decora la esquina de la fachada del palacio se corresponde con el despacho de Presidencia. Junto a la ventana, un moderno retrato de Felipe II, del pintor Álvaro Delgado.  El despacho se completa con un retablo anónimo del s. XVII y diversos objetos, como este decorado reloj

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Remataremos nuestra visita al edificio fijándonos en la puerta renacentista que en la calle Angustias da acceso a la sala de exposiciones, advirtiendo que no forma parte del edificio original; y la famosa ventana con la cadena que la tradición (no probada)  refiere como el lugar por el que se sacó a Felipe II para ser bautizado en San Pablo. En cualquier caso, como en todo palacio que se precie, no deben faltar las leyendas pertinentes

 NOTA: para la documentación he seguido, principalmente, dos publicaciones que ilustran sobre la Diputación: “La Diputación Provincial de Valladolid en el siglo XIX”, de Antonio de Anta Muñoz;  y el “El zócalo de azulejos del Palacio de Pimentel de Valladolid”, de Ignacio Guerra. Además de algunos inventarios de Bienes Artísticos editados por la Diputación.

DÍAS DE PESCADO

Es tradición que trasciende a las creencias religiosas asociadas a la abstinencia,  que en el tiempo que precede a la Semana Santa aumente el consumo de pescado asociado a platos tradicionales; y, sobre todo en tierra adentro de Castilla, al bacalao. Aunque, como me informan en mi pescadería, gente de vieja tradición pescadera, cada vez menos. Tiempos hubo, me cuentan, en que el miércoles de ceniza se consumía tanto pescado como en toda la Navidad.

No hay una razón única que explique el consumo de bacalao, aunque podemos intuir algunas: se trata de un pescado que en siglos pasados era asequible a las economías modestas frente al pescado fresco de mar, debido a su forma de conservación; otra razón es que en la Meseta había mercados tradicionales que abastecían de pescado de mar conservado a muchas poblaciones: destacan los mercados de Medina de Rioseco y Villalón de Campos.

Por eso es tradicionalmente apreciada la cocina del bacalao en muchos municipios castellanos, alejados, paradójicamente, de la costa. Un producto que perduró en tiendas especializadas en venta del bacalao.

No obstante, no solo se distribuía bacalao, sino numerosas especies procedentes  de los puertos del norte. Cuenta el historiador Bennassar que en el Siglo de Oro los arrieros traían a Valladolid pescado secado al sol o en salazón de Santander, pero sobre todo de Galicia, aunque, como luego veremos, el mayor consumo de pescado, que de todas formas no sería muy popular, sería de agua dulce, sobre todo cuando todo el pescado procedente del mar quedaba frecuentemente reservado para la Corte.

Es increíble la cantidad de maneras que había de conservar el pescado de mar: secado al aire (merluza, congrio), curado salado (bacalao), espolvoreado con sal (sardina), escabechado, anchoado, ahumado, etc. Solo, muy excepcionalmente, llegaba al interior pescado fresco conservado con hielo y helechos… pero ese tema daría para una larga historia.

Es probable que el origen del condimento llamado ajoarriero proceda porque es una pasta con base de ajo al que se añade aceite, y otros productos según lugares y costumbres, como el pimentón, que se preparaban lo arrieros para condimentar el bacalao.

Lo cierto, es que el consumo de pescado de mar era, en general, un pequeño lujo que no todo el mundo se podía permitir. Y, además, su consumo tenía cierta importancia solo los llamados “días de pescado”, que era la Cuaresma. Por otro lado, lo que predominaba en siglos pasados era el consumo de pescado de río, un consumo que ha llegado con cierta vitalidad hasta no hace tantas décadas, aunque ya sin la intensidad de antaño.  Y en eso, Valladolid y muchos de sus pueblos, no solo no son una excepción, sino que había una actividad específica dedicada a la pesca de río y su venta.

De la pesca de agua dulce hay unos cuantos testimonios en la provincia de Valladolid, de los que comento los siguientes.  

Algunos familiares de antiguos pescadores de Castronuño en un recuerdo de aquella actividad que han inaugurado en la localidad. Foto de Jonathan Tajes publicada en El Día de Valladolid.

En Castronuño ha sido una práctica de la que aún hay un recuerdo vivo  y personas que han vivido de la pesca. No en vano hubo unas 50 familias que  tenían en esta actividad rentas principales o complementarias. Una actividad que todavía algunas personas practicaron hasta la década de 1950. En la orilla del Duero, a los pies del municipio, hay un paraje que se llama “El puerto”.  La pesca se vendía en municipios limítrofes. Igual que las capturas que se efectuaban en Pesquera de Duero, municipio en el que incluso en un pilón se conservaba el pescado vivo hasta su venta. En Medina del Campo se documenta que en  las Lagunas Reales, mediante barcas se  obtenía tenca y anguila: tan pingue era la actividad que se llegó a nombrar un guarda que evitara la pesca furtiva.

Fotografía de pescadores de Laguna de Duero publicada en el digital Laguna al Día.

En Laguna de Duero, durante la posguerra hubo alguna familia que obtenía abundante pesca en los ríos Duero y Pisuerga que luego no solo vendían en Laguna, sino en varias poblaciones, según informa la revista digital “Laguna al día”. Había una familia, los Adeva, conocidos como  “los Peceros”.

Pero, sin duda era en Valladolid ciudad donde más potente y organizada estaba la industria de pesca que, lógicamente, se organizaba en torno al Pisuerga.

Pinheiro da Vega, el circunstancial cronista de la corte vallisoletana de primeros del XVII, da cuenta del consumo de pescado y escribe que le llamaba la atención el pescado que venía de Santander y Vizcaya, y las truchas que traían de Burgos. Además, comenta que Valladolid tenía mucha cantidad de barbos,  y que había un barco  que se arrendaba para la pesca “detrás de la isla de San Jerónimo”, que es lo que ahora se conoce como la isla del Palero, frente al Museo de la Ciencia.

El historiador Bartolomé Bennasar, que ya hemos citado antes, indica que si bien venía pescado de los puertos del norte, señala la importancia del pescado de los ríos Duero y Pisuerga, de tal manera que en el siglo XVI se pescaba para abastecer el mercado anguila y barbo, pero también, aunque en menor cantidad, trucha. Y señala que se pescaba con redes, buitrones y otras artes “cuyas mallas dejasen escapar a los peces de peso inferior a una libra (420 gr.)” Y que había puestos, de concesión oficial, que estaban obligados a tener el mercado abastecido de pescado.

El Catastro de la Ensenada, de 1752, anota que a lo largo de las orillas del Pisuerga había cinco canales de pesca (de propiedad eclesiástica alguno), que solían construirse junto a las presas de los molinos. La técnica de pesca consistía en cerrar en un momento dado la entrada de agua al canal y una vez semivacío, coger los peces que en él habían quedado atrapados.

Los mencionados canales estaban en los siguientes lugares: uno en el pago del Requejo, inmediato a  las aceñas del Cabildo, en la Overuela;  otros dos canales en el mismo arrabal de la Overuela; otro canal a la altura de las Tenerías; y  finalmente otro  a la altura del actual barrio de Arturo Eyries (pago conocido entonces como Bistaberde).

Además había diversas barcas cuyos propietarios capturaban directamente en el cauce del río. De cinco de ellos, con sus nombres y rentas también da cuenta el Catastro de la Ensenada.

La pesca en el Pisuerga se ha mantenido, con mayor o menor intensidad, hasta entrado el siglo XX: aún está vivo el recuerdo de “los” Catarro, de los que Juan Martín era en las primeras décadas del XX un destacado pescador. Más conocido fue su sobrino Luis Gallego Martín que, años más tarde, adquirió popularidad con ese mismo apodo y que durante décadas se dedicó a pasear niños y grandes en la barca del estanque del Campo Grande.

Pescador en el Pisuerga. Foto de L. del Hoyo Fernández publicada en Arquitectura y urbanismo del antiguo Valladolid, de Juan Agapito y Revilla (edición facsimil del Grupo Pinciano)
Barcas y pescadores en el Pisuerga. Mism autoría y lugar de publicación que la foto anterior.

El epicentro de esta actividad notable en la villa era la plaza de la Red (más o menos la actual plaza de Rinconada). Pero también hubo una calle hubo un lugar a la altura de la calle Juan Mambrilla, que se conocía como la Redecilla, por haber en él un mercadillo de pescado.

Se llamaba de la Red porque en sus puestos se vendía pescado obtenido principalmente con red, es decir pescado de manera, digamos, profesional, no pieza a pieza mediante caña. En la plaza había una modalidad de venta de pescado, que se llamaba “remojado”, es decir pescado no manipulado que, procedente del mar, se volvía a meter en agua  y eso le daba cierto aspecto de frescura: de ahí que la fuente que había en la plaza de la Red se usaba, entre otras cosas, para que las vendedoras de pescado remojaran las piezas en su pilón.

Detalle de la fachada de una tienda histórica de Valladolid que ya está cerrada, situada en la plaza del Caño Argales.

El mercado de la Red, como otros enclaves de venta de alimentos, desapareció una vez que se construyeron los famosos tres mercados municipales: el de Portugalete, el Campillo y el Val en la década de 1880.

ADENDA: Añado, a posteriori, comentarios de algunos lectores que creo que aportan curiosos detalles a este artículo.

Ricardo Martín López cuenta que su abuelo, aunque no era pescador profesional, tenía una barca en el Pisuerga desde la que pescaba y que  el sobrante de lo que él no consumía, lo vendía a alguna pescadería.

José Luis García Martín me escribe que es nieto de un pescador profesional (Julián Martín Rojo) de red que pescaba en el Pisuerga y afluentes. Curiosamente fue contemporáneo del Catarro (que curiosamente también se llamaba Julián Martín).

José de Castro da noticia de la existencia de algún pescador por el río Sequillo, aguas debajo de Rioseco, que vendía su producción en los pueblos que hay a lo largo de la ribera de este río.

Valentín Rincón Blasco relata que de Dueñas (Palencia) salían carros con barbos incluso hasta Villada. Parece que capturados por un tal Catamelones, que hacía pesca furtiva con red.

José Ignacio Hernández Toquero recuerda unas conferencias en la Universidad de Valladolid hacia 1986 en las que un antropólogo que hablaba de una aldea cercana a Roa a principios de siglo XX pasaban por ella arrieros dos o tres veces por semana vendiendo pescado.