UVAS Y COTILLONES

Llama la atención que hasta más recientemente, se utilizaba más el término de “año viejo” que el de “noche vieja”.  E incluso los llamados cotillones eran muy habituales en la noche de Reyes. Eso nos lleva a indicar que las fiestas navideñas ponían más énfasis en el recibimiento del Año Nuevo que en la despedida del año que terminaba.

Al principio los cotillones o fiestas de año nuevo se celebraban en los círculos de recreo tanto de la capital como en las sociedades de los pueblos de la provincia.

Mas, ¿qué es el cotillón? En realidad se trata de un tipo de baile y música que parece que se creó en 1700 pero que cayó en decadencia hasta que “resucitó” a finales del siglo XIX y se comienza a tocar en todas las celebraciones festivas: en carnaval, en bailes de puesta de largo de las “señoritas” de la alta sociedad, fiestas veraniegas (“en el casino se va a celebrar el primer cotillón del Verano”), en los numerosos círculos que había en la ciudad (“En octubre se celebrará un cotillón en los salones del Círculo de Labradores”),  etc. Eran piezas musicales que frecuentemente dirigía algún maestro de ceremonias que invitaba a cambiar de pareja. En definitiva un baile que inducía a facilitar la relación entre las personas que acudían a la fiesta. Es habitual que se incluyan piezas de cotillón en los conciertos de los teatros.

Así, era habitual que junto a piezas como el rigodón, la mazourka o el vals, se incluyera como cierre de los conciertos el cotillón.

El cotillón era tan popular en Valladolid que la prensa de finales del siglo XIX llegó a escribir que tal pieza de baile “era una institución en los bailes de Valladolid”, aunque necesitaba tiempo para que los danzantes perfeccionasen su ejecución.

Imagen tomada de la revista La Ilustración Castellana (año 1883). Círculo de Recreo de Valladolid. Dibujo realizado por Mario Viani. Archivo Municipal de Valladolid.

El cotillón terminó por imponerse como una fiesta en sí misma que incluía algún servicio de merienda o cena, una orquesta y algún obsequio: eso que más recientemente terminó por llamarse “bolsa de cotillón” (antifaz confetis, serpentinas, etc.), en las salas de fiesta o restaurantes que celebraban la fiesta de Reyes o la de Noche Vieja. La Granja Royal ofrecía el 31 de diciembre de 1929 “Gran fiesta de las uvas, regalos, cotillón, desde las 11 hasta la madrugada”.

Los hoteles o establecimientos hosteleros, como el antiguo Hotel Felipe II (actual Felipe IV), el Hostal Florido, el hotel Conde Ansúrez, Hotel Inglaterra,  etc. era donde tradicionalmente se celebraban los cotillones, hasta que  ya a partir de los años 60 se comenzó a generalizar en restaurantes, salas de fiesta y discotecas. Y el cotillón desaparece como celebración de las actividades festivas como carnavales o fiestas de verano para convertirse en la fiesta de fin de año.

El cotillón de fin de año incluye las famosas doce uvas. La costumbre de comer las uvas ya estaba extendida a principios de siglo XX. El origen de este hábito no está claro, pues hay historiadores que la sitúan en la Francia de la década de 1880, y otros en España. En cualquier caso, a principios del siglo XX se inicia la costumbre de acudir a la plaza Mayor de Valladolid a comer las doce uvas de la suerte, quizá a partir del año 1909, que es cuando se instaló el reloj en la torre de la Casa Consistorial. Incluso los teatros, como el Lope de Vega, que ofrecían espectáculos el día 31, suspendían momentáneamente la actuación para que los espectadores tomaran las uvas que el propio teatro les ofrecía. Las doce uvas simbolizan los 12 meses del año. Por otro lado, la uva se asocia a símbolos positivos, como la hermandad, la alegría o el placer.

Las fechas navideñas eran muy propicias para actividades solidarias. Así, es llamativo cómo en la década de 1920 había bailes de caridad para recaudar fondos “para los niños pobres de las escuelas públicas”.

Pero la palma en esas iniciativas caritativas se la llevan las rifas que recaudaban dinero “para los presos de Chancillería”. Ha de tenerse en cuenta que hasta que en 1935 se iniciara la construcción de la nueva cárcel en la calle Madre de Dios, la de Chancillería era el presidio provincial.

El dinero recaudado, según noticas recogidas en 1930,  para los penados (hombres y mujeres) se destinaba para, entre otras cosas, la compra de carbón para las estufas, pues el edificio y las celdas era muy frías y húmedas. También a los presos se les daba un par de  comidas especiales que incluían “vino y tabaco”. El menú de aquellas comidas se componía de paella si era a medio día, y si era cena, alubias con salchichas y bocadillos de jamón. El postre se componía de mantecadas de Astorga e higos de Fraga.

Las navidades eran fechas propicias para que los establecimientos comerciales incluyeran anuncios  deseando un feliz año nuevo a su clientela.

Aunque nos parezca que los turrones, digamos de “fantasía”, son una invención moderna para salirse de la rutina de los turrones típicos, como son el de Alicante, Jijona o avellana, los cierto es que algunas tiendas de Valladolid anunciaban en el año 1900 la venta de turrones de Cádiz como el de coco, piña, fresa, café, naranja, limón o nieve. Por cierto, a 4 pesetas el kilogramo.

En las Navidades de principios del siglo XX la carne más consumida como propia de esas fechas, era la de pavo y capón. Y cómo ahora, que hay panaderías que ofrecen asar el lechazo o el tostón aprovechando el calor residual de los hornos tras la elaboración del pan, había establecimientos que ofrecían asar aquellas grandes aves.

Acaso pensamos que los juguetes educativos son una opción reciente, pero la prensa de principios del XX anunciaba que la Casa Santarén, una importante y gran librería que estaba en la plaza de Fuente Dorada, vendía juguetes instructivos y estuches de ingeniería.

Por cierto, era costumbre en los años centrales del siglo pasado hacer obsequios a los policías municipales que se encargaban de regular el tráfico. De tal manera que hay testimonios de algunos guardias en medio de una plaza rodeados de varias cestas de navidad.

NOTA: buena parte de este artículo, y las fotos, está realizado con información procedente de El Norte de Castilla.

“El sentido de la plaza para la cohesión social de la ciudad”

El pasado 10 de mayo, en el TEDx que se organizó en Valladolid de la mano de Belén Viloria, hablé durante unos minutos de la Plaza Mayor de Valladolid.

Traté de convencer al público asistente de que nuestra plaza Mayor tiene unas condiciones que la hacen muy particular. Acaso menos hermosa que las plazas de Salamanca o Madrid, pero la de Valladolid tiene algo especial cual es su carácter abierto, cotidiano y cohesionador socialmente.

Pero como ya lo cuento en el vídeo de ocho minutos mejor que lo veáis. Por cierto, aquella noche sobre el escenario hubo otras interesantísimas intervenciones.

Indico la URL que lleva directamente al YOUTUBE. Pero si en un buscador ponéis mi nombre añadiendo TEDx plaza Mayor Valladolid (o cualquier cosa parecida) también llegáis rápidamente al video.

Pues nada ahí os lo dejo.

 

https://www.youtube.com/watch?v=MWnh95YvulU

 

LA PLAZA MAYOR DE VALLADOLID

Amigos y amigas de Valladolid la mirada curiosa, por primera vez voy ha hacer algo que hasta ahora no había hecho: indicar un enlace de YOUTUBE en el que se puede ver mi intervención en el TDEx de Valladolid del pasado 10 de mayo. En el vídeo que dura ocho minutos relato mi percepción de cómo es nuestra Plaza Mayor. Espero que os guste y también espero los comentarios de quienes no compartan mi discurso.

¡ESTO SÍ QUE ES CUIDAR EL PAISAJE!

Solo un par de ejemplos de casos  que, con frecuencia, se encuentra uno en los entornos de lugares y paisajes que deberían estar primorosamente cuidados.

El primer y ajado cartel, de unas obras que se realizaron en 2005, se refiere al único puente romano que se conserva en la provincia de Valladolid y que podemos ver en Becilla de Valderaduey.puente romano de valderaduey-crop

El segundo, es toda una colección de carteles innecesarios y absurdos que hay en torno al bello paraje de la exclusa 7 del Canal de Castilla a su paso por el término de Tamariz de Campos. Los demás carteles en torno a la exclusa, aún con ser de carácter informativo, no dejan de ser agobiantes por lo excesivo de su número.

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DE TOROS Y VAQUILLAS

Corrían los años 60 del siglo pasado cuano Blas Pajarero (Pablo Rodríguez)… sí uno de los hermanos de Pepe Relieve – ese librero de viejo y de compromiso-, publicó en el desaparecido Diario Regional una serie de artículos que  vieron nueva luz en un libro que se titula “Retazos de Torozos” (ilustrado por los dibujos de Félix Cuadrado Lomas).  Aquel libro lo dedicó Blas “A los muertos en Torozos”. Y no muertos por enfermedad común o el peso inexorable de la edad, sino por el  levantamiento militar contra el gobierno legítimo de la II República. Una dedicatoria en años aún de hierro en los que para nada se hablaba de aquellos enterrados en las cunetas tras el tiro de gracia.

Recorrió Pablo pueblos, tierras y gentes de la Comarca de Torozos, y nada se calló de lo que pensaba, incluso su parecer sobre la llamada “Fiesta Nacional”.

Incendiado Valladolid de fiestas veraniegas, no faltan en la mayoría de los municpios toros y vaquillas. Por lo que no viene de más, incluso para todas las personas que en alguno u otro momento hayan corrido delante de un astado, una avanzada, para su época, reflexión sobre las capeas y festejos taurinos… (la ilustración es de Félix Cuadrado y está tomada de la edición de 2002 de Fuente de la Fama)

Y escribió Blas Pajarero:

“Como Blas que soy y Pajarero que me dice dicen, vengo hoy a declarar mi enojo a las capeas o festejos taurinos, aún cuando la verdad sea dicha, no son los caminos que ando sitios muy dados a la fiesta de Vacas o “Fiesta Nacional”, que así todavía la dicen los “españolistas”, dejándonos no poco menos que descalzos a los que estamos en contra de esta su forma más bárbara y, por ellos, más auténtica.cuadradolomas

Y es que no son mis pueblos lugares de plazas con carros y talanqueras, sufrideros de vacas enmaromadas o emboladas, de torillos encohetados, de toros corridos a garrotazos, de vaquillas agarradas por la cola, mientras seis u ocho valientes se estriban hasta dar con ella en el suelo. Y tampoco, de toros con fuentes de vino o de aguardiente, de resabiadas bestias que son pavura y desgracia de forasteros y capeístas.  De tardes en las que los mozos porfían por ver quién es más bruto. De días en que hay que callar los destripados que hubo. De mañanas en que les corren jinetes que no son caballeros, en caballos que no son corceles, levantando nubes de polvo que al final de lanzazos en que el toro muere apabullado. De palcos o balcones con bandera nacional, desde donde se preside entre humo de tabacos y vahos de anisado, el sudor y el horror del novillero contratado. De decires tales, como el de que un fulano ya se libró de quintas, el toro lo ha medido sacado de un ojo. De gracias como la de soltarles de noche en medio del baile de susto de todos y caídas de muchos.

Y no me importa, después de soltada la larga diatriba, el ganarme la repulsa de mis vecinos, de la que me compensará sobradamente la bendición de un solo… (amigo)…  que me lea y con el que quisiera recitarme un ojalá, para que con este verano, el sol vengador y hermano, alumbre polvo y sangre de las menos capeas posibles.”

PATRIMONIO DISEMINADO

De la importancia de la cartuja de Aniago, en Villanueva de Duero (y prácticamente arruinada), da testimonio el  que a Gregorio Fernández se le encargara la creación del retablo mayor para la capilla. No pudo cumplir su contrato pues falleció en 1636 sin haber realizado el encargo, aunque algunas trazas dejó anotadas.

Tenía la cartuja un rico patrimonio que se ha  repartido por  diversos lugares. La familia Ibañez tiene, o tenía, entre otras piezas, un Calvario procedente del retablo mayor. El Museo Nacional de Escultura de Valladolid custodia un San Bruno  (fundador de la orden cartuja) realizado por un seguidor de Gregorio Fernández. También Medina del Campo y el convento de Santa Catalina de Valladolid acogen algunas imágenes.patrimonio diseminado007

Originarios de la importante botica del monasterio, hay tarros y albarelos depositados en el Museo de Valladolid, en el Museo de la Farmacia Hispana y en la colección particular de Bellogín.

Y escribe Juan José Martín González, excelente conocedor del patrimonio artístico de Valladolid, que también un busto de Cristo atribuido a Juan de Juni depositado en el Museo de la Catedral de Valladolid, pudo haber pertenecido a la cartuja de Aniago.

Pero quién atesora más patrimonio es la iglesia parroquial de la Visitación,  en la cercana población de Villanueva de Duero: una Virgen de Aniago, diversas imágenes  y retablos, así como un sitial construido en el siglo XVIII. Y en la calle Palacios una casona con la siguiente inscripción: “es de la cartuja de Aniago 1688”, tal como indica el Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid.

En definitiva, Aniago es un buen ejemplo de otros muchos casos en los que el desinterés cultural de quienes se hicieron con propiedades civiles o eclesiásticas en el periodo de la Desamortización, y su único afán de lucro, dio al traste con buena parte del patrimonio vallisoletano.

 

 

CANALES DE VALLADOLID

El canal de San José, alimentado por el Duero en tierras de Castronuño y Villafranca de Duero, riega más de 4.000 ha. gracias a una red de acequias de 100 kilómetros. Dispone Valladolid de unos cuantos canales que permiten dar de beber a muchas poblaciones y regar infinidad de tierras. Dos de estos, el citado de San José y el de Toro parten desde la presa de Castronuño. Existen otros canales, además de los más afamados –como son los  de Castilla y el del Duero, terminado en 1886, (ambos para regadío y abastecimiento de aguas potables)- que se hacen visibles en muchos rincones de la Provincia. Y casi todos toman sus aguas en el Duero.

Como una docena de canales surcan tierras vallisoletanas. Además de los ya citados, están el Canal de Tordesillas, el de Pollos, el de Castronuño,  el de Padilla (el más corto de todos los canales vallisoletanos –poco más de 2 km.-), el de Riaza, que coge sus aguas  donde el río Riaza cede las suyas  al Duero, en la Provincia de Burgos.

El Canal de Macías Picavea toma las aguas de las del Canal de Castilla, a la altura de Medina de Rioseco, y el Canal de Geria-Villamarciel se alimenta del Pisuerga.

La mayoría de estos canales y sus muchas acequias se fueron construyendo en los años 50 y 60 del siglo XX, y salvo los taludes de los canales de Castilla y del Duero, que están construidos en tierra, el resto encauzan sus aguas entre paredes de hormigón buscando las salidas hacia las acequias que se desparraman por diversas comarcas para regar un buen número de hectáreas.