LAS ASOCIACIONES VECINALES EN VALLADOLID: DOS ANIVERSARIOS

La Federación Provincial de Asociaciones Vecinales Antonio Machado celebra en 2020 su 40 aniversario. Y la Asociación Vecinal Rondilla, suma también este año cincuenta años de existencia: es la primera Asociación Vecinal que se registró en Valladolid en los tardíos años del franquismo.

No obstante, el asociacionismo vecinal del siglo XXI tiene una historia que podríamos situar hace cien años, en las primeras décadas del siglo XX.

En esta entrada de mi blog hago una excepción que hasta ahora no había hecho: adjuntar un largo artículo sobre ambos aniversarios. El artículo es el producto de sendas conferencias que di hace un tiempo: una en la Universidad, invitado por el catedrático de Historia Contemporánea Pedro Carasa, y otra, mi participación en una mesa redonda organizada por la asociación Territorios de la Memoria sobre la transición en Valladolid.

(Así que a él me remito para quien quiera saber más sobre el tema, y aquí dejo unas cuantas fotos que casi se explican por sí mismas.)

El asociacionismo vecinal moderno en Valladolid (y en toda España) tiene un carácter singular, cual es haber nacido aún en la  Dictadura.

Asamblea en la iglesia de Canterac, hacia 1975. Foto Archivo Municipal de Valladolid (AMVA)

Los habitantes de la mayoría de los barrios de Valladolid se asocian básicamente con la única pretensión de exigir la actuación municipal necesaria para paliar la graves carencias de dotaciones, servicios y calidad de vida que padecían tanto los nuevos barrios que habían surgido extramuros de la ciudad antigua,  como los viejos asentamientos que, poco a poco iban creciendo.

Imagen de un barrio: viejas casas y solares. ¿Delicias?

Pero las asociaciones vecinales no se limitaron solo al estricto ámbito de su barrio, sino que aquellas más concienciadas participaron también en reivindicaciones de carácter más político: protestar por la implantación de la pruebas de acceso a la Universidad; firmaron un manifiesto junto a partidos y sindicatos exigiendo la readmisión de trabajares y sindicalistas despedidos o sancionados en empresas tales como FASA, MAGGI, INDAL, etc. y además, participaron en la recaudación de fondos para las cajas de resistencia de trabajadores en huelga.

Año 1976. Mujeres de Delicias montando una barricada. Foto AMVA.

Algunas parroquias fueron fundamentales para impulsar y cobijar el movimiento vecinal. Algunos curas tenían un claro compromiso social, y contribuyeron a la concienciación de muchas personas, a la formación de aquellas de escasa formación, y a incentivar el asociacionismo.

Llama la atención cómo una de las primeras actividades que impulsaron algunas asociaciones fue la de creación de escuelas y aulas culturales. Esto se produjo por dos principales razones: una forma de socialización entre personas que hasta entonces no se conocían de nada,  y una forma de mejorar las condiciones de vida, pues los vecinos más concienciados consideraban que la formación  y la cultura abrirían los ojos de las personas que en muchos casos aterrizaban por primera vez en un ámbito urbano, y de eso eran conscientes los impulsores del movimiento vecinal.

Pilarica, 1976. Foto AMVA

Valladolid, como otras ciudades que vivieron el crecimiento industrial acelerado de los años 50 y 60, tuvo crecimientos exponenciales de población y, por tanto, de necesidad de viviendas. Eso produjo la aparición de barrios que carecían de servicios y dotaciones, que solo la presión vecinal primero, y la sensibilidad municipal ya en democracia fueron paliando.

1975. Foto AMVA

Valladolid en los años 60-70 padeció una  brutal especulación del suelo y un desorden urbanístico increíbles. De las luchas para parar aquel despropósito destaca el caso de Rondilla: de no haberse parado por la oposición vecinal la construcción de viviendas en el barrio, esta habrían llegado prácticamente hasta la orilla del Pisuerga. Gracias a aquella movilización de la gente de Rondilla no solo se rebajó la ocupación desmedida de suelo, sino que ahora el barrio, y la ciudad, disfrutan de uno de los parques más bonitos de Valladolid.

Vecinos y vecinas de Rondilla exigiendo un parque. Foto AMVA
Parque Ribera de Castilla y su monolito de inauguración, con el siguiente texto: “Parque Ribera de Castilla. La lucha de barrio y la voluntad del Ayuntamiento hicieron posible este parque. Valladolid primavera 1988. Tomás Rodríguez Bolaños”
Ese mismo año se inauguró el parque de la Paz, en Delicias. Foto cedida por Jesús Ojeda.

Hasta la constitución del primer ayuntamiento democrático en 1979, el movimiento vecinal, a pesar de haber ido logrando objetivos en la década de 1970, no tuvo  el cauce regular de relación con las autoridades municipales, sin que eso signifique que no hubiera contacto y diálogo más o menos fluido.

Delicias, 1976. Foto AMVA.

Decía que el asociacionismo vecinal contemporáneo arranca en la década de 1920, en la que se constituyó  la Asociación de Vecinos de Valladolid, que puso su especial interés en el precio de la vivienda de alquiler, pues era el sistema habitacional sin duda muy mayoritario, sobre todo entre la clase obrera y artesanal. Por eso, en ocasiones la prensa habla de esta asociación como Asociación de Inquilinos. También intervinieron en los problemas de abastecimiento y calidad del agua pues era un enorme problema en muchos barrios. El agua, entonces, la gestionaba una empresa privada: la Sociedad Industrial Castellana (que daba el agua desde la depuradora del canal del Duero en San Isidro).  Las quejas sobre la gestión del agua (en las que también participaba la Cámara de la Propiedad), tras un largo proceso de debate, terminaron por propiciar que el Ayuntamiento municipalizara el servicio de agua. Mas, otros problemas que señalaban los vecinos eran que  había que regar las calles en verano pues los carros levantaban mucho polvo, que la lluvia formaba incómodos barrizales,  que no se regaban con regularidad los jardines, o el deficiente alumbrado público. Con frecuencia también llama la atención entre las reivindicaciones vecinales  la instalación de fuentes y de lavaderos: la ciudad llegó a contar con una amplia red de lavaderos municipales y otros muchos de propiedad privada.

Anuncio publicado por El Norte de Castilla: 7 de octubre de 1927.

A finales de los 60 el vecindario comienza a organizarse  en torno a asociaciones en cada barrio. Se produjo al amparo de la ley de 28 de diciembre de  1964. Una ley que hacía depender de la Delegación Provincial del Movimiento a todas las Asociaciones de Cabezas de Familia. Rondilla, Belén, Pilarica, Delicias, Pajarillos… van registrando asociaciones familiares entre 1970 y 1976. Las asociaciones exigen viviendas dignas, pavimentación, alcantarillado, zonas verdes colegios… pero también comienzan a incorporar un cierto cuerpo político a sus reivindicaciones: por una democracia auténtica, representatividad efectiva de todos los ciudadanos en las instituciones locales.

Rondilla contra el plan urbanístico Ribera de Castilla, 1978. Foto AMVA.

Entre 1970 y hasta las elecciones municipales de 1979 se constituyeron en Valladolid (al principio con la denominación de Cabezas de Familia o Familiar) 12; y algo más tarde, ya como Asociación de Vecinos, otras 10. La primera fue Rondilla (1970) y la segunda Belén (1971).

Miembros de la Asociación Vecinal de Rondilla, encartelados a las puertas del Ayuntamiento. Principios años 70. Foto AMVA.

La exposición de motivos de aquella ley seguía la doctrina falangista acerca de la familia. Fue una ley muy controvertida y discutida en el núcleo del franquismo, pues ya había ministerios que, sin cuestionar el franquismo, sin embargo no compartían el ideario falangista, e intuían que los dirigentes de la Falange trataban de iniciar un camino que les reforzara dentro del Régimen: primero, participar en la administración local y, una vez conseguido, llegar a la central.

Es el caso que el 3 de abril de 1979 se producen las primeras lecciones municipales en democracia después de la República.

 Y a partir de aquí comienza la historia del más reciente movimiento vecinal. Cabe indicar que prácticamente todos los partidos que se presentaban a las elecciones estaban a favor de dar cauces de participación a los vecinos (con los matices ideológicos de cada partido).

En el primer pleno tras las elecciones se creó la Comisión Especial sobre Información y Participación Ciudadana, a la que se quiso dar relieve acordando que la presidiera el mismo Alcalde. No se pudo nombrar ninguna Concejalía de Participación Ciudadana pues no tenía encaje legal posible en la legislación sobre los ayuntamientos.

En 1983, reunión del Alcalde Tomás Rodríguez Boláños y otros concejales con representantes de las asociaciones vecinales. Foto AMVA

Por fin, el pleno del 7 de mayo de 1981, tras 26 reuniones de la Comisión Especial,  aprobó las normas sobre participación ciudadana en el Ayuntamiento.

Mientras tanto, ya se  había creado la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valladolid Antonio Machado: el 12 de enero de 1980 doce asociaciones firmaron los estatutos de aquella nueva entidad. Entidad que más tarde pasó a ser “de Vecinos y consumidores”; y más recientemente, modificar el término “vecinos” por “vecinales” con la finalidad de acomodar su nombre a un lenguaje inclusivo.

Sede actual de la Federación Vecinal, en la calle Vega, 18.

Aquella Federación supuso un importante salto cualitativo en el movimiento vecinal, pues se empezó a unificar el discurso reivindicativo para hacerlo más de ciudad, lo que hizo que, además, se abordaran temas de carácter general que trascendían al ámbito de cada barrio: planeamiento general de ordenación urbana (PGOU), gestión de servicios públicos (agua, transporte urbano, etc),  fiscalidad y ordenanza municipales y un largo etcétera.

Artículo completo

CINCUENTA AÑOS DEL MOVIMIENTO VECINAL DEMOCRÁTICO

La Federación de Asociaciones Vecinales y de Consumidores de Valladolid Antonio Machado celebra en 2020 su 40 aniversario. Y la Asociación Vecinal Rondilla, suma también este año cincuenta años de existencia: es la primera Asociación Vecinal que se registró en Valladolid en los tardíos años del franquismo, aunque venía funcionando desde tiempo antes de 1970.

No obstante, el asociacionismo vecinal tiene una historia que podríamos situar hace cien años, en las primeras décadas del siglo XX. Ver nota final.

ROMPER LA COSTURAS DEL RÉGIMEN

El asociacionismo vecinal moderno en Valladolid (y en toda España) tiene un carácter singular, cual es haber nacido aún en la  Dictadura.

Fueron muchos los actores que contribuyeron a la vuelta a un régimen democrático: partidos políticos, sindicatos y movimientos populares de base de muy diversas culturas, para los cuales la Democracia y la Libertad eran fundamentales, y, entre ellos, el movimiento vecinal, pues el vecindario organizado, con mayor o menor grado de politización, también contribuyó  a romper las costuras de la Dictadura: fueron los propios vecinos los que como afectados directos de las carencias y desequilibrios urbanos, se asocian básicamente con la única pretensión de exigir la actuación municipal necesaria para paliar la graves carencias de dotaciones, servicios y calidad de vida que padecían tanto los nuevos barrios que habían surgido extramuros de la ciudad antigua,  como los viejos asentamientos que, poco a poco iban creciendo. Y aquello, sin duda, necesitaba quebrar las barreras que imponía una administración local franquista.

Hay que subrayar el papel fundamental que las mujeres  tuvieron en aquellos años, pues aunque no tenían significada presencia en las composiciones de las juntas directivas de aquellas asociaciones de “cabezas de familia”, lo cierto es que aparecen de manera destacada en todas las manifestaciones y actividades reivindicativas en la calle. Además, tal como se pone de manifiesto en el libro sobre la historia del barrio Belén, las mujeres fueron una red de resistencia, difusión y formación importante. Sus maridos estaban en la fábrica o en el tajo: construcción e industrias del metal eran las más fuertes (las mujeres trabajadoras estaban en el textil). Y durante las mañanas las mujeres se  encargaban de crear lazos de solidaridad e información en el barrio.

HUELGAS Y AULAS DE CULTURA

Decíamos más arriba que las asociaciones vecinales tenían como principal objetivo las condiciones de vida de sus barrios, pero decir solo eso no dibujaría con precisión el perfil de muchas de aquellas asociaciones, pues era frecuente que aparecieran también en reivindicaciones de carácter más general o político. Para demostrar esto pongamos algunos ejemplos: en 1973 varias asociaciones vecinales se sumaron a otros colectivos y partidos de Valladolid para protestar por la implantación de la pruebas de acceso a la Universidad; en 1975 también las asociaciones vecinales firmaron un manifiesto junto a partidos y sindicatos exigiendo la readmisión de trabajares y sindicalistas despedidos o sancionados en empresas tales como FASA, MAGGI, INDAL, así como en el sector de la construcción; y además, era frecuente que las asociaciones participaran en la recaudación de fondos para las cajas de resistencia de trabajadores en huelga.

Las asociaciones vecinales trabajaron por la democracia porque les era  imprescindible para conseguir sus objetivos más elementales: necesitaban relacionarse con las instituciones de tú a tú, y no como súbditos. Además, el tutelaje que ejercían la censura y otros organismos, limitaba sus  actividades culturales, reivindicativas, de reunión, etc. (más de un vecino pasó la noche en comisaría por haberse juntado con otros para celebrar la Nochebuena, como pasó en el barrio Belén, pues la policía creyó que era una reunión ilegal).

Algunas parroquias fueron fundamentales para impulsar y cobijar el movimiento vecinal. Algunos curas tenían un claro compromiso social, y contribuyeron a la concienciación de muchas personas y a incentivar el asociacionismo. Para no incurrir en el riesgo de olvidarme de más de un cura (por cierto, también hubo religiosas), citaré solo a Millán Santos, de indiscutible reconocimiento por parte de todo el mundo, de la parroquia de Santo Toribio, en Delicias. José Centeno García, en su libro “Curas obreros. Cuarenta y cinco años de testimonio 1963-2008”, ilustra detalladamente sobre este particular.

Llama la atención cómo una de las primeras actividades que contribuían a la socialización, fue la de creación de escuelas y aulas culturales. Esto se produjo por dos principales razones: una forma de socialización entre personas que hasta entonces no se conocían de nada (en ocasiones la procedencia rural del mismo pueblo servía de nexo de unión entre algunos vecinos); y una forma de mejorar las condiciones de vida, pues los vecinos más concienciados consideraban que la formación  y la cultura abrirían los ojos de las personas que en muchos casos aterrizaban por primera vez en un ámbito urbano, y de eso eran conscientes los impulsores del movimiento vecinal.

Tal vez sea conveniente hacer una matización, y es la de no confundir movimiento vecinal con movimiento ciudadano. El primero creo que ya ha quedado explicado. Y el movimiento ciudadano es la conjunción, sea en ámbito de barrio o ciudad, de organizaciones cívicas muy diversas: vecinales, de padres y madres de alumnos, de mujeres, juveniles, culturales, ecologistas, etc.

VALLADOLID CRECE VERTIGINÓSAMENTE

El mapa del crecimiento de Valladolid ya apunta el porqué del movimiento vecinal: barrios alejados del centro sin servicios: carecían de bus, teléfono, agua corriente, alcantarillado, recogida de basuras, asfaltado, colegios, zonas verdes, instalaciones deportivas, etc.  Pero también el crecimiento interior de los barrios antiguos fue conflictivo, pues se iban colmatando espacios libres (solares y viejas huertas),  con una ocupación de todo el suelo para bloques de viviendas.

Número de viviendas que se fueron construyendo cada año: entre 1961 y 1980 se construyeron 76.555 viviendas .
Entre 1960 y 1981, la población de Valladolid se duplicó, pasando de 150.959 habitantes a 320.293.

Valladolid, como otras ciudades que vivieron el crecimiento industrial acelerado de los años 50 y 60, tuvo crecimientos exponenciales de población y, por tanto, de necesidad de viviendas. Eso produjo la aparición de barrios que carecían de servicios y dotaciones, que solo la presión vecinal primero, y la sensibilidad municipal ya en democracia fueron paliando.

Es de señalar como buena parte de las asociaciones vecinales de Valladolid se constituyen aún en la Dictadura: entre 1970 y 1975 se inscriben 10 asociaciones vecinales; y  hasta la promulgación de la Reforma Política (enero del 77) aún se registran dos asociaciones más.

La primera fue Rondilla y la segunda Belén. No obstante sobre aquel periodo del tardo franquismo volveré en el próximo artículo.

En los cuadros que siguen se pueden observar los crecimientos exponenciales que vivió Valladolid en apenas 30 años: desde 1950 a 1980, la población prácticamente se triplicó.

QUEREMOS UN PARQUE, GRITARON EN LA RONDILLA

Más representativo del enorme cambio urbano que experimentó Valladolid es el dato de que en solo dos décadas: de 1960 a 1980 se construyeron dos tercios del total de viviendas que tuvo Valladolid en todo el siglo XX. Podemos hacernos una idea del brutal proceso de especulación y desorden urbanístico que padeció la ciudad en un régimen de Dictadura, con escasas competencias municipales y nula sensibilidad de las corporaciones municipales hacia un crecimiento ordenado y adecuadamente dotado del casco urbano. Por hacernos una idea, la principal lucha que sostuvo la Asociación Vecinal de Rondilla fue detener la disparatada ocupación del suelo en el barrio, que de no haberse parado por la oposición vecinal se habría  construido prácticamente hasta la orilla del Pisuerga (el famoso plan Ribera de Castilla). Gracias a aquella movilización de la gente de Rondilla no solo se rebajó la ocupación desmedida de suelo, sino que ahora el barrio, y la ciudad, disfrutan de uno de los parques más bonitos de Valladolid. Aquel proceso se saldó en julio de 1982, en el que el pleno del Ayuntamiento aprobó la adquisición de todos los terrenos de la Ribera de Castilla mediante pagos en metálico y permutas. El presidente de la Asociación Vecinal de Rondilla, Juan Cornejo, intervino en el pleno para saludar aquella solución “casi” definitiva que impediría la salvaje construcción de viviendas (aun así todavía habrían de construirse 300) y dedicar la mayor parte de los terrenos a un parque. Un parque que se inauguró formalmente el 20 de marzo de 1988. Por cierto, dos meses después, concretamente el 9 de mayo, también se inauguró el Parque de la Paz en las Delicias: una vieja reivindicación del vecindario de recuperar para el barrio unos terrenos militares.

Se observan tres principales tipos de crecimiento que produjeron carencias graves en los servicios y dotaciones: los nuevos bloques de viviendas que nacían fuera del casco consolidado (como Rondilla o Pajarillos);  los barrios que se iban creando por sí solos con mayor o menor antigüedad: Belén, Pajarillos Altos, Las Flores, España… ; y los barrios consolidados que veían como se colmataban todos los solares y espacios libres, sin que llevara aparejado la urbanización de plazas y dotaciones básicas, como es, por ejemplo Las Delicias.

Paradigmáticos son Rondilla, Pajarillos y Delicias, cuyas zonas libres, dotaciones, colegios, etc. se han tenido que construir en sus bordes, pues el interior se ocupó con una desmesura brutal de viviendas, y de baja calidad, además: sin ascensor, con humedades, sin plaza de garaje, sin aislamiento térmico, etc.  Uno de esos ejemplos bien puede ser la Rondilla, cuyas deficiencias constructivas terminaron en los tribunales.

No obstante, lo cierto es que hasta la constitución del primer ayuntamiento democrático en 1979, el movimiento vecinal, a pesar de haber ido logrando objetivos en la década de 1970, no tuvo  el cauce regular de relación con las autoridades municipales, sin que eso signifique que no hubiera contacto y diálogo más o menos fluido. También hubo movilizaciones o amenazas de llevarlas a cabo que contribuyeron a ablandar la voluntad de los alcaldes de turno. Es curioso, por cierto, que en aquellos años la relación de los representantes vecinales era normalmente directa con el alcalde, no a través de concejales interpuestos, cosa que vendría más bien en Democracia al crear concejales de Participación Ciudadana y concejales de barrio o distrito.

Pero forzoso será indicar que el asociacionismo vecinal tiene también un pasado  muy interesante.

LOS ALQUILERES Y EL ABASTECIMIENTO DE AGUA

En la década de 1920 se constituyó la Asociación de Vecinos de Valladolid (en noviembre de 1921 ya se registran reuniones de una Comisión organizadora de la asociación),  que puso su especial foco de actuación en la política y costes del alquiler de viviendas, pues era el sistema habitacional sin duda muy mayoritario, sobre todo entre la clase obrera y artesanal. Por eso, en ocasiones la prensa habla de esta asociación como Asociación de Inquilinos. Fueron muy activos incluso en el ámbito de los tribunales. Pero no solo se dedicaban a la carestía de la vivienda, sino que también se centraron en  el problema de abastecimiento y calidad del agua en los barrios: bien porque carecían de red de abastecimiento a domicilio (y por tanto de red de saneamiento), o bien porque si tenían agua en las casas, esta no era de aceptable calidad. El agua, entonces, la gestionaba una empresa privada: la Sociedad Industrial Castellana (que daba el agua desde la depuradora del canal del Duero en San Isidro).  Las quejas sobre la gestión del agua (en las que también se involucró la Cámara de la Propiedad), tras un largo proceso de debate, terminaron por propiciar que el Ayuntamiento municipalizara en 1962 el servicio de abastecimiento de aguas. Más, otras deficiencias que señalaban los vecinos eran la necesidad de regar las calles en verano pues los carros levantaban mucho polvo; que la lluvia formaba incómodos barrizales;  que no se regaban con regularidad los jardines; o el deficiente alumbrado público. Con frecuencia también llama la atención entre las reivindicaciones vecinales necesidad de construir fuentes y  lavaderos: la ciudad llegó a contar con una amplia red de lavaderos municipales y otros varios de propiedad privada.

Esta asociación de vecinos en 1931 comenzó a editar una revista titulada “El inquilino”, lo que ya denota su principal actividad.

LA FALANGE BUSCABA PROTAGONISMO

Si damos un salto obviando buena parte del erial asociativo durante el franquismo, podemos citar el año 1967, en el que se constituye una Federación Provincial de Asociaciones Familiares acogida a una legislación tan constreñida, que no pasó de tener una existencia testimonial  y nada molesta para con el Ayuntamiento: por ejemplo se dedicaba a realizar actividades pías en Navidad o a formar parte del patronato del cuerpo de Serenos.

Decíamos que nos adentraremos en lo que podemos llamar asociacionismo vecinal contemporáneo.

A finales de los 60 el vecindario comienza a organizarse  en torno a asociaciones en cada barrio. Se produjo al amparo de la ley de 28 de diciembre de  1964. Una ley que hacía depender de la Delegación Provincial del Movimiento a todas las Asociaciones de Cabezas de Familia. Rondilla, Belén, Pilarica, Delicias, Pajarillos… van registrando asociaciones familiares entre 1970 y 1976. Las asociaciones exigen viviendas dignas, pavimentación, alcantarillado, zonas verdes colegios… pero también comienzan a incorporar un cierto cuerpo político a sus reivindicaciones: por una democracia auténtica, representatividad efectiva de todos los ciudadanos en las instituciones locales.

Entre 1970 y hasta las elecciones municipales de 1979 se constituyeron en Valladolid (al principio con la denominación de Cabezas de Familia o Familiar) 12; y algo más tarde, ya como Asociación de Vecinos, otras 10. 

La exposición de motivos de aquella ley seguía la doctrina falangista acerca de la familia, y la importancia de ésta para la vida nacional. También recordaba toda la legislación vigente que hasta ese momento había apoyado al buen desarrollo de la «célula básica de la sociedad», pero señalaba que: «Sin embargo, parece conveniente dar un mayor grado de Institucionalización, a las asociaciones representativas de la familia española; y lograda ésta, una influencia más directa en los órganos centrales del Estado». Fue una ley muy controvertida y discutida en el núcleo del franquismo, pues ya había ministerios que, sin cuestionar el franquismo, sin embargo no compartían el ideario falangista, e intuían que los dirigentes de la Falange trataban de iniciar un camino que les reforzara dentro del Régimen: primero, participar en la administración local y, una vez conseguido, llegar a la central.

«Proyecto de Decreto Organizando las Asociaciones de Cabezas de Familia, Incorporadas al Movimiento Nacional», así se titulaba el cuerpo legal que se pretendía hacer sobre el tema.  La Secretaría General del Movimiento (SGM) constituyó en poquísimo tiempo un vasto movimiento asociativo. Movimiento asociativo que fue ficticio: una vez que la legalidad impidió la participación de estas asociaciones en los distintos niveles de la vida pública, se olvidaron prácticamente de los otros fines para las que fueron creadas: cooperar con las instituciones educativas, de beneficencia y de emigración, colaborar con las cuestiones de moralidad pública etc. Por lo anterior se puede deducir que, aunque unas pocas asociaciones sí desplegaron cierta actividad, la mayoría fueron constituidas con el solo objeto de servir de cauce a los hombres del Movimiento en su promoción política, por eso su elaboración había sido larga y no exenta de fuertes debates, como ya he dicho, pues la jerarquía católica y los ministros más afines a Franco, quería cortar todas las posibles vías de influencia política al movimiento falangista.

LAS PRIMERAS ELECCIONES MUNICIPALES EN DEMOCRACIA

Es el caso que el 3 de abril de 1979 se producen las primeras elecciones municipales en democracia después de la República. En Valladolid el resultado fue 13 concejales para el  PSOE, UCD 9,  PCE 4, Independientes 2 y  CD 1 (CD era la Coalición Democrática futura Alianza Popular y luego Partido Popular).

 Y a partir de aquí comienza la historia del más reciente movimiento vecinal. Cabe indicar que prácticamente todos los partidos que se presentaban a las elecciones estaban a favor de dar cauces de participación a los vecinos (con los matices ideológicos de cada partido).

En el pleno extraordinario del 20 de abril de 1979, constitutivo de la nueva corporación, el recién elegido alcalde Tomás Rodríguez Bolaños, incidió en su discurso en los asuntos de participación ciudadana: “Son mis primeras palabras de gratitud y recuerdo. Gratitud a todos aquellos que han  hecho posible el Ayuntamiento Democrático de Valladolid. Mi primer recuerdo –es de justicia destacarlo- tiene que ser para Antonio García Quintana, el último alcalde socialista de Valladolid  (y prosigue) Aplicaré una política de transparencia, democratización de su gestión y responderá ante los vecinos de su labor (también, continúa) ejercer una política de puertas abiertas, sin ninguna cortapisa, en donde las verdaderas asociaciones de vecinos colaboren, en que los problemas no se silencien nunca, que cualquier ciudadano pueda llevar sus quejas y sus iniciativas sin que ninguna barrera administrativa se le oponga…”

En el primer pleno municipal ordinario tras las EEMM, celebrado el 8 de mayo, se aprobó la estructura político-administrativa de la nueva corporación: tenencias de alcaldía, comisiones informativas (que reflejaba las concejalías delegadas), etc. pero no se nombró ninguna concejalía de Participación Vecinal, pues no existía en la administración local ningún acomodo legal para ello. Pero en ese mismo pleno se  creó la Comisión Especial sobre Información y Participación Ciudadana, a la que se quiso dar relieve acordando que la presidiera el mismo Alcalde. Hasta que no se aprobó el reglamento, Tomás Rodríguez Bolaños no nombró concejal delegado. Aunque en algún momento a lo largo del mandato se le dio a Manuel González algún tipo de delegación en temas de Participación Ciudadana, concejal, por otro lado que era el que habitualmente presidía las reuniones de la Comisión Especial en sustitución del alcalde. Una vez que el Ayuntamiento ya dispuso de un marco normativo sobre participación ciudadana, Bolaños encomendó esta concejalía a Claudio López Serrano, del grupo socialista. La comisión estaba compuesta por representantes de los partidos políticos, pero con frecuencia eran invitados a participar miembros de las asociaciones vecinales y de otras entidades.

DOS AÑOS DESPUÉS DE LAS ELECCIONES MUNICIPALES, Y LA FEDERACIÓN VECINAL

Por fin, el pleno del 7 de mayo de 1981, tras 26 reuniones de la Comisión Especial,  aprobó las normas sobre participación ciudadana en el Ayuntamiento.

Es preciso indicar que cuando se habla de participación ciudadana no se estaba refiriendo únicamente al asociacionismo vecinal, sino que también se consideraba parte del asociacionismo a las entidades deportivas, culturales, juveniles,  empresariales, educativas, etc.

Hasta entonces, se había creado la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valladolid Antonio Machado: el 12 de enero de 1980 doce asociaciones firmaron los estatutos de aquella nueva entidad. Entidad que más tarde pasó a ser “de Vecinos y consumidores”; y más recientemente, modificar el término “vecinos” por “vecinales” con la finalidad de acomodar su nombre a un lenguaje inclusivo.

Aquella Federación supuso un importante salto cualitativo en el movimiento vecinal, pues se empezó a unificar el discurso reivindicativo para hacerlo más de ciudad, lo que hizo que, además, se abordaran temas de carácter general que trascendían al ámbito de cada barrio: planeamiento general de ordenación urbana (PGOU), gestión de servicios públicos (agua, transporte urbano, etc.), fiscalidad y ordenanzas municipales y un largo etcétera.  Para hacernos una idea, el 14 de mayo de 1984 se celebró una manifestación convocada por la Federación Vecinal a la que acudieron unas 10.000 personas: el motivo era protestar por el aumento de la presión fiscal municipal con el lema “que la crisis la paguen los ricos”.

Volvamos al acuerdo sobre el Reglamento de Partición Ciudadana. Manuel González, concejal socialista y teniente de Alcalde presidente de la Comisión Especial de Información y Participación Ciudadana indicó en el pleno que aquel acuerdo era “el más  importante de esta Corporación Municipal”.  Opinión que compartieron los concejales del PCE, CD y el independiente Santiago Martín.  UCD voto en contra y advirtió de posible ilegalidad apelando a que  la Ley de Régimen Local vigente (de 1975) no admitía la figura de Concejales de Distrito. Efectivamente, la participación vecinal carecía de encaje legislativo hasta que no se aprobó la Ley de Bases del Régimen Local de 1985.

El contenido de aquel reglamento municipal de 1981 recogía,  muy resumidamente, los siguientes epígrafes:

Crear un Registro Municipal de Asociaciones.

Crear los Consejos de Distrito, formados por las Asociaciones Vecinales, las de Padres (APAS –luego AMPAS para incluir el término madres-), juveniles, deportivas, culturales  y comerciantes e industriales.

Crear Consejos Municipales de Sector: Enseñanza, Cultura, Urbanismo, Juventud, Mujer, Sanidad, etc.

Comparecencia de asociaciones en las Comisiones Informativas a petición de cualquier concejal.

Capacidad de las asociaciones recogidas en el Registro Municipal para presentar ruegos y preguntas  al final de cada Pleno.

Consecuencia de aquel acuerdo es que el 6 de junio de aquel mismo año se formó el Consejo Municipal de Abastos: vecinos, consumidores, sindicatos, Cámara de Comercio, etc. El 22 de diciembre se forma el Consejo Municipal de Sanidad y Bienestar Social: además de los genéricos estaban pensionistas, minusválidos, Secretariado Gitano. Y así fueron constituyendo sucesivas comisiones de participación ciudadana.

No obstante todo esto, eran frecuentes las quejas de asociaciones vecinales sobre la existencia de trabas en la participación, sobre todo en temas de urbanismo: planes, suelo, etc. Y la lentitud con que se había llevado el proceso de aprobación del reglamento. Por ejemplo, el mismo concejal del equipo de gobierno (del PCE), Martínez de Paz, el 17 de noviembre de 1981 “manifestó su inquietud por la lentitud con que viene desarrollándose el proceso de articulación de la participación ciudadana, mediante la creación de Consejos de Distrito, asunto que se encuentra condicionado a la urgente incorporación del funcionario de empleo que ha de agilizar el mismo”.

Inauguración del Centro Cívico de Delicias. Foto Archivo Municipal de Valladolid.

Y el 30 de abril de 1982 el Ayuntamiento puso la primera piedra de la Casa de Cultura de Delicias, que incluía una biblioteca, y que  se inauguró el 12 de mayo de 1983: se trataba del primer Centro Cívico de la extensa red de este tipo de dotaciones que se fue creando por todos los barrios de Valladolid.

Pero a partir de aquí, ya es otra historia.

NOTA: este artículo es el resumen de una conferencia que impartí a alumnos de Historia de la Universidad de Valladolid, invitado por el profesor Pedro Carasa; y de mi participación en una mesa redonda sobre el tardofranquismo en Valladolid organizada por la asociación Territorios de la Memoria. Las fuentes son, principalmente de hemeroteca, Archivo Municipal, archivos de asociaciones vecinales y de mis notas tomadas para la redacción y organización del libro “Historia del barrio Belén” en el que participaron más personas. No hay mucha literatura sobre el asociacionismo vecinal en Valladolid, además de folletos editados por las propias asociaciones y artículos en prensa y revistas (Enrique Berzal de la Rosa, por ejemplo),  así que a quien tenga más interés en el tema, remito a tres libros accesibles en las bibliotecas: “Pilarica. Un barrio de Valladolid con historia” (VV.AA. 2007). “Historia del barrio Belén” (VV.AA 2010) y “Democracia y barrio. El movimiento vecinal en Valladolid (1964-1986)” de Constantino Gonzalo Morell (2013).

UVAS Y COTILLONES

Llama la atención que hasta más recientemente, se utilizaba más el término de “año viejo” que el de “noche vieja”.  E incluso los llamados cotillones eran muy habituales en la noche de Reyes. Eso nos lleva a indicar que las fiestas navideñas ponían más énfasis en el recibimiento del Año Nuevo que en la despedida del año que terminaba.

Al principio los cotillones o fiestas de año nuevo se celebraban en los círculos de recreo tanto de la capital como en las sociedades de los pueblos de la provincia.

Mas, ¿qué es el cotillón? En realidad se trata de un tipo de baile y música que parece que se creó en 1700 pero que cayó en decadencia hasta que “resucitó” a finales del siglo XIX y se comienza a tocar en todas las celebraciones festivas: en carnaval, en bailes de puesta de largo de las “señoritas” de la alta sociedad, fiestas veraniegas (“en el casino se va a celebrar el primer cotillón del Verano”), en los numerosos círculos que había en la ciudad (“En octubre se celebrará un cotillón en los salones del Círculo de Labradores”),  etc. Eran piezas musicales que frecuentemente dirigía algún maestro de ceremonias que invitaba a cambiar de pareja. En definitiva un baile que inducía a facilitar la relación entre las personas que acudían a la fiesta. Es habitual que se incluyan piezas de cotillón en los conciertos de los teatros.

Así, era habitual que junto a piezas como el rigodón, la mazourka o el vals, se incluyera como cierre de los conciertos el cotillón.

El cotillón era tan popular en Valladolid que la prensa de finales del siglo XIX llegó a escribir que tal pieza de baile “era una institución en los bailes de Valladolid”, aunque necesitaba tiempo para que los danzantes perfeccionasen su ejecución.

Imagen tomada de la revista La Ilustración Castellana (año 1883). Círculo de Recreo de Valladolid. Dibujo realizado por Mario Viani. Archivo Municipal de Valladolid.

El cotillón terminó por imponerse como una fiesta en sí misma que incluía algún servicio de merienda o cena, una orquesta y algún obsequio: eso que más recientemente terminó por llamarse “bolsa de cotillón” (antifaz confetis, serpentinas, etc.), en las salas de fiesta o restaurantes que celebraban la fiesta de Reyes o la de Noche Vieja. La Granja Royal ofrecía el 31 de diciembre de 1929 “Gran fiesta de las uvas, regalos, cotillón, desde las 11 hasta la madrugada”.

Los hoteles o establecimientos hosteleros, como el antiguo Hotel Felipe II (actual Felipe IV), el Hostal Florido, el hotel Conde Ansúrez, Hotel Inglaterra,  etc. era donde tradicionalmente se celebraban los cotillones, hasta que  ya a partir de los años 60 se comenzó a generalizar en restaurantes, salas de fiesta y discotecas. Y el cotillón desaparece como celebración de las actividades festivas como carnavales o fiestas de verano para convertirse en la fiesta de fin de año.

El cotillón de fin de año incluye las famosas doce uvas. La costumbre de comer las uvas ya estaba extendida a principios de siglo XX. El origen de este hábito no está claro, pues hay historiadores que la sitúan en la Francia de la década de 1880, y otros en España. En cualquier caso, a principios del siglo XX se inicia la costumbre de acudir a la plaza Mayor de Valladolid a comer las doce uvas de la suerte, quizá a partir del año 1909, que es cuando se instaló el reloj en la torre de la Casa Consistorial. Incluso los teatros, como el Lope de Vega, que ofrecían espectáculos el día 31, suspendían momentáneamente la actuación para que los espectadores tomaran las uvas que el propio teatro les ofrecía. Las doce uvas simbolizan los 12 meses del año. Por otro lado, la uva se asocia a símbolos positivos, como la hermandad, la alegría o el placer.

Las fechas navideñas eran muy propicias para actividades solidarias. Así, es llamativo cómo en la década de 1920 había bailes de caridad para recaudar fondos “para los niños pobres de las escuelas públicas”.

Pero la palma en esas iniciativas caritativas se la llevan las rifas que recaudaban dinero “para los presos de Chancillería”. Ha de tenerse en cuenta que hasta que en 1935 se iniciara la construcción de la nueva cárcel en la calle Madre de Dios, la de Chancillería era el presidio provincial.

El dinero recaudado, según noticas recogidas en 1930,  para los penados (hombres y mujeres) se destinaba para, entre otras cosas, la compra de carbón para las estufas, pues el edificio y las celdas era muy frías y húmedas. También a los presos se les daba un par de  comidas especiales que incluían “vino y tabaco”. El menú de aquellas comidas se componía de paella si era a medio día, y si era cena, alubias con salchichas y bocadillos de jamón. El postre se componía de mantecadas de Astorga e higos de Fraga.

Las navidades eran fechas propicias para que los establecimientos comerciales incluyeran anuncios  deseando un feliz año nuevo a su clientela.

Aunque nos parezca que los turrones, digamos de “fantasía”, son una invención moderna para salirse de la rutina de los turrones típicos, como son el de Alicante, Jijona o avellana, los cierto es que algunas tiendas de Valladolid anunciaban en el año 1900 la venta de turrones de Cádiz como el de coco, piña, fresa, café, naranja, limón o nieve. Por cierto, a 4 pesetas el kilogramo.

En las Navidades de principios del siglo XX la carne más consumida como propia de esas fechas, era la de pavo y capón. Y cómo ahora, que hay panaderías que ofrecen asar el lechazo o el tostón aprovechando el calor residual de los hornos tras la elaboración del pan, había establecimientos que ofrecían asar aquellas grandes aves.

Acaso pensamos que los juguetes educativos son una opción reciente, pero la prensa de principios del XX anunciaba que la Casa Santarén, una importante y gran librería que estaba en la plaza de Fuente Dorada, vendía juguetes instructivos y estuches de ingeniería.

Por cierto, era costumbre en los años centrales del siglo pasado hacer obsequios a los policías municipales que se encargaban de regular el tráfico. De tal manera que hay testimonios de algunos guardias en medio de una plaza rodeados de varias cestas de navidad.

NOTA: buena parte de este artículo, y las fotos, está realizado con información procedente de El Norte de Castilla.

“El sentido de la plaza para la cohesión social de la ciudad”

El pasado 10 de mayo, en el TEDx que se organizó en Valladolid de la mano de Belén Viloria, hablé durante unos minutos de la Plaza Mayor de Valladolid.

Traté de convencer al público asistente de que nuestra plaza Mayor tiene unas condiciones que la hacen muy particular. Acaso menos hermosa que las plazas de Salamanca o Madrid, pero la de Valladolid tiene algo especial cual es su carácter abierto, cotidiano y cohesionador socialmente.

Pero como ya lo cuento en el vídeo de ocho minutos mejor que lo veáis. Por cierto, aquella noche sobre el escenario hubo otras interesantísimas intervenciones.

Indico la URL que lleva directamente al YOUTUBE. Pero si en un buscador ponéis mi nombre añadiendo TEDx plaza Mayor Valladolid (o cualquier cosa parecida) también llegáis rápidamente al video.

Pues nada ahí os lo dejo.

 

https://www.youtube.com/watch?v=MWnh95YvulU

 

LA PLAZA MAYOR DE VALLADOLID

Amigos y amigas de Valladolid la mirada curiosa, por primera vez voy ha hacer algo que hasta ahora no había hecho: indicar un enlace de YOUTUBE en el que se puede ver mi intervención en el TDEx de Valladolid del pasado 10 de mayo. En el vídeo que dura ocho minutos relato mi percepción de cómo es nuestra Plaza Mayor. Espero que os guste y también espero los comentarios de quienes no compartan mi discurso.

¡ESTO SÍ QUE ES CUIDAR EL PAISAJE!

Solo un par de ejemplos de casos  que, con frecuencia, se encuentra uno en los entornos de lugares y paisajes que deberían estar primorosamente cuidados.

El primer y ajado cartel, de unas obras que se realizaron en 2005, se refiere al único puente romano que se conserva en la provincia de Valladolid y que podemos ver en Becilla de Valderaduey.puente romano de valderaduey-crop

El segundo, es toda una colección de carteles innecesarios y absurdos que hay en torno al bello paraje de la exclusa 7 del Canal de Castilla a su paso por el término de Tamariz de Campos. Los demás carteles en torno a la exclusa, aún con ser de carácter informativo, no dejan de ser agobiantes por lo excesivo de su número.

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DE TOROS Y VAQUILLAS

Corrían los años 60 del siglo pasado cuano Blas Pajarero (Pablo Rodríguez)… sí uno de los hermanos de Pepe Relieve – ese librero de viejo y de compromiso-, publicó en el desaparecido Diario Regional una serie de artículos que  vieron nueva luz en un libro que se titula “Retazos de Torozos” (ilustrado por los dibujos de Félix Cuadrado Lomas).  Aquel libro lo dedicó Blas “A los muertos en Torozos”. Y no muertos por enfermedad común o el peso inexorable de la edad, sino por el  levantamiento militar contra el gobierno legítimo de la II República. Una dedicatoria en años aún de hierro en los que para nada se hablaba de aquellos enterrados en las cunetas tras el tiro de gracia.

Recorrió Pablo pueblos, tierras y gentes de la Comarca de Torozos, y nada se calló de lo que pensaba, incluso su parecer sobre la llamada “Fiesta Nacional”.

Incendiado Valladolid de fiestas veraniegas, no faltan en la mayoría de los municpios toros y vaquillas. Por lo que no viene de más, incluso para todas las personas que en alguno u otro momento hayan corrido delante de un astado, una avanzada, para su época, reflexión sobre las capeas y festejos taurinos… (la ilustración es de Félix Cuadrado y está tomada de la edición de 2002 de Fuente de la Fama)

Y escribió Blas Pajarero:

“Como Blas que soy y Pajarero que me dice dicen, vengo hoy a declarar mi enojo a las capeas o festejos taurinos, aún cuando la verdad sea dicha, no son los caminos que ando sitios muy dados a la fiesta de Vacas o “Fiesta Nacional”, que así todavía la dicen los “españolistas”, dejándonos no poco menos que descalzos a los que estamos en contra de esta su forma más bárbara y, por ellos, más auténtica.cuadradolomas

Y es que no son mis pueblos lugares de plazas con carros y talanqueras, sufrideros de vacas enmaromadas o emboladas, de torillos encohetados, de toros corridos a garrotazos, de vaquillas agarradas por la cola, mientras seis u ocho valientes se estriban hasta dar con ella en el suelo. Y tampoco, de toros con fuentes de vino o de aguardiente, de resabiadas bestias que son pavura y desgracia de forasteros y capeístas.  De tardes en las que los mozos porfían por ver quién es más bruto. De días en que hay que callar los destripados que hubo. De mañanas en que les corren jinetes que no son caballeros, en caballos que no son corceles, levantando nubes de polvo que al final de lanzazos en que el toro muere apabullado. De palcos o balcones con bandera nacional, desde donde se preside entre humo de tabacos y vahos de anisado, el sudor y el horror del novillero contratado. De decires tales, como el de que un fulano ya se libró de quintas, el toro lo ha medido sacado de un ojo. De gracias como la de soltarles de noche en medio del baile de susto de todos y caídas de muchos.

Y no me importa, después de soltada la larga diatriba, el ganarme la repulsa de mis vecinos, de la que me compensará sobradamente la bendición de un solo… (amigo)…  que me lea y con el que quisiera recitarme un ojalá, para que con este verano, el sol vengador y hermano, alumbre polvo y sangre de las menos capeas posibles.”

PATRIMONIO DISEMINADO

De la importancia de la cartuja de Aniago, en Villanueva de Duero (y prácticamente arruinada), da testimonio el  que a Gregorio Fernández se le encargara la creación del retablo mayor para la capilla. No pudo cumplir su contrato pues falleció en 1636 sin haber realizado el encargo, aunque algunas trazas dejó anotadas.

Tenía la cartuja un rico patrimonio que se ha  repartido por  diversos lugares. La familia Ibañez tiene, o tenía, entre otras piezas, un Calvario procedente del retablo mayor. El Museo Nacional de Escultura de Valladolid custodia un San Bruno  (fundador de la orden cartuja) realizado por un seguidor de Gregorio Fernández. También Medina del Campo y el convento de Santa Catalina de Valladolid acogen algunas imágenes.patrimonio diseminado007

Originarios de la importante botica del monasterio, hay tarros y albarelos depositados en el Museo de Valladolid, en el Museo de la Farmacia Hispana y en la colección particular de Bellogín.

Y escribe Juan José Martín González, excelente conocedor del patrimonio artístico de Valladolid, que también un busto de Cristo atribuido a Juan de Juni depositado en el Museo de la Catedral de Valladolid, pudo haber pertenecido a la cartuja de Aniago.

Pero quién atesora más patrimonio es la iglesia parroquial de la Visitación,  en la cercana población de Villanueva de Duero: una Virgen de Aniago, diversas imágenes  y retablos, así como un sitial construido en el siglo XVIII. Y en la calle Palacios una casona con la siguiente inscripción: “es de la cartuja de Aniago 1688”, tal como indica el Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid.

En definitiva, Aniago es un buen ejemplo de otros muchos casos en los que el desinterés cultural de quienes se hicieron con propiedades civiles o eclesiásticas en el periodo de la Desamortización, y su único afán de lucro, dio al traste con buena parte del patrimonio vallisoletano.