EL PISUERGA Y LOS ESPOLONES

La belleza natural del Pisuerga la inmortalizó Cervantes en su “Coloquio de los Perros”: “Vamos al Espolón a recrear los ojos del cuerpo, pues ya he recreado los del entendimiento“… “Vámos”, dijo el Alférez.

Se refería Cervantes al Espolón Viejo, un paseo que se prolongaba por la orilla próxima a lo que ahora es la Academia de Caballería. Porque más tarde, ya en el s. XVIII, se construyó el Espolón Nuevo, en la parte del río más inmediata al puente Mayor, detrás del palacio del Conde  -donde ahora está la biblioteca de la Junta de Castilla y León-  cuyas tapias llegaban hasta la misma orilla del río.

Ambos espolones fueron adornados con bancos de piedra, rejería de hierro,  y bolas y leones que lo embellecían.

Las orillas del Pisuerga desde antiguo han concitado el interés de la ciudad. Era, de hecho, un parque natural al que la ciudadanía se asomaba… lugar donde pasar los días festivos.

Este lugar de la ciudad se frecuentaba sobre todo en invierno, pues debido a que está orientado hacia poniente es un lugar relativamente cálido. Sin embargo, el espacio preferido por los vallisoletanos para pasar los calurosos días del estío era el Prado de la Magdalena, donde, además se celebraba la fiesta de San Juan. El Prado tenía mucho arbolado y estaba refrescado por las aguas de la Esgueva.

Las orillas del Pisuerga eran espacio para esparcimiento de la población: baños  paseos en barca incluidos aunque ya en épocas más recientes.  Pero también era lugar para ganarse la vida no sin sufrimiento: lavanderas, pescadores y aguadores encontraban en el río los medios para llevar el pan a casa cada día.

Más tarde, una vez que el Campo Grande comenzó a adquirir el porte y vegetación que ahora presenta, gracias al impulso del alcalde Miguel Íscar, el gran parque se convirtió en la referencia para el esparcimiento de la población. Y más lugares de recreo se fueron consolidando con el paso del tiempo: el Pinar de Antequera a raíz de construirse el apeadero de tren en 1900  (destruido); y Puente Duero (por Beniduero se la conocía en las décadas 1960 y 1970) cuando la población ya comenzó a disponer de vehículo propio.

Pues ya que estamos en pleno verano, vamos a asomarnos a las orillas del Pisuerga.

 

La Sociedad Económica de Amigos del País, una asociación filantrópica auspiciada por Carlos III, solicitó en 1784 que se hiciera una plantación de árboles en los terrenos inmediatos al Pisuerga a la altura, más o menos, del Espolón Nuevo. Por aquella época la plantación de árboles se consideraba una actividad que contribuía a mejorar la salubridad de la población. Sobre este plano de Diego Pérez Martínez de 1875 (aprox.) vemos la plantación  (6); (1) palacio del Conde de Benavente, actual biblioteca de la Junta de Castilla y León; (2) desembocadura del ramal interior de la Esgueva, por debajo del puente de la Cárcel; (3) puente Mayor y aceñas; (4) fuente y pilón llamada del Conde y el regato que llegaba hasta el río. Esto ha hecho que en ocasiones se pensara que era un tercer ramal de las Esguevas; (5) Espolón Nuevo; (7) Espolón Viejo; y (8) torre de la Catedral.

 

En el mismo cauce del Pisuerga se celebraban toda clase de actividades festivas teniendo como fondo el Palacio de la Ribera, muy próximo al puente Mayor, y que ocupaba buena parte de la actual Huerta del Rey: navegaba una galera real o se celebraban fiestas de toros en el agua. Dibujo de Ventura Pérez  (siglo XVIII). En la parte de abajo del dibujo, el Espolón Nuevo.

 

“Vistas del paseo del Espolón”, se titula este cuadro de Leonardo de Araujo de hacia 1815. Véanse los bancos corridos de piedra y las columnas con sus adornos: bolas y leones. Con frecuencia había orquestas que amenizaban los días festivos. Este cuadro se conserva en la Casa de Zorrilla.

 

Detalle de los adornos del Espolón. Dibujo de Ventura Pérez.

 

Vista del palacio del Conde de Benavente desde el río: de nuevo vemos detalles del Espolón: dibujo de Valentín Cardereda, de 1836.

 

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Lavanderas junto a las aceñas… cuando todavía eran reconocibles en el último tercio del s. XIX. (AMVA: Archivo Municipal de Valladolid)

 

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Fechada en 1888, vemos al fondo la orilla del barrio de la Victoria. (AMVA)

 

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Las aceñas ya prácticamente destruidas. Año 1970, se aprecia la estructura del edificio que preside la entrada del Barrio de la Victoria en la plaza de San Bartolomé. AMVA.

 

Fotografia de 1857 en la que se ven las aceñas aún completas. Al fondo asoman dos arcos del Puente Mayor, y sobre él destaca la puerta que cerraba el puente por la parte del barrio de la Victoria. Esta foto se suele considerar como la más antigua de Valladolid, cosa que no se ajusta a la realidad, pues hay al menos otras dos que representan las fachadas del Colegio de San Gregorio y San Pablo que están fechadas en 1852, según me ha informado el experto Antonio Torres Ochoa.

 

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Y  vamos a la zona de las Tenerías. Año 1910. Barcas y, de nuevo, lavanderas. Parte de las tenerías aún son reconocibles en la actualidad si se pasea por la orilla del río. AMVA

 

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El puente Mayor está muy presente en cualquier estampa del Pisuerga. En este caso vemos al fondo a la derecha la estación de San Bartolomé (tren burra), y a la izquierda la fábrica de harinas La Perla, convertida actualmente en hotel. AMVA

 

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Pero el Pisuerga no siempre es “amable” y con frecuencia, sobre todo cuando no estaba regulado por embalses, se desbordaba. Aquí vemos el agua a punto de tapar los ojos del puente. AMVA

 

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Inundación de 1926. AMVA

 

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Inundación de 1979. AMVA

 

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Volvamos al Pisuerga lúdico. Muchachos bañándose en 1918. AMVA

 

En 1958 se construyó la playa artificial. Durante muchos años fue muy frecuentada por los bañistas, tal como se aprecia en esta foto de los años 70. Al fondo y sobre el agua, las numerosas barcas que  se paseaban por el río.  AMVA

 

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Panorámica de las piscinas Deportiva, Samoa y playa, rebosantes de gente en 1969. AMVA

 

Empezamos de la mano de Cervantes y vamos a terminar con el gran literato: en el pretil del puente Mayor del lado de la Victoria, una lápida reproduce un pasaje de La Galatea alabando el Pisuerga.

 

 

 

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2017: QUE LA BELLEZA NOS ACOMPAÑE

Feliz año 2017, el año del bicentenario del nacimiento de José Zorrilla.

Lo que deseamos para nosotros y nuestra gente querida no sucederá si no nos empeñamos en conseguirlo. Mientras tanto, propongo disfrutar de las cosas bellas, que pueden ir desde un sencillo chozo a una obra de arte.

Por eso os dedico una de mis piezas preferidas del Museo Nacional de Escultura: Ángeles alféreces, anónimo del siglo XVII… por su serena belleza.

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