VALLADOLID 1866, LA CIUDAD QUE SORPRENDIÓ A ZORRILLA

Después de más de treinta años de ausencia, Zorrilla recaló en Valladolid. No conozco con precisión si eso fue en 1866 o 1867, pero para el caso es lo mismo. Veamos: José Maximino Zorrilla y Moral nació, como sobradamente se conoce, en Valladolid en 1817. Con nueve años su familia se traslada a Sevilla y Madrid. El joven José Zorrilla vuelve a Valladolid en 1835, donde  mal estudió Derecho algún  año. Y a partir de ahí comienza un largo periodo de su vida propio de una novela. Es el caso que después de casi doce años de residencia en Méjico, en 1866  regresa a España e inicia un viaje por varias ciudades, recalando en Valladolid, donde permanecerá algún tiempo.

Es decir, pasó unos  31 años fuera de su ciudad natal.

En 1867, durante la estancia del poeta en España, fusilan a su protector en  Méjico, el emperador Maximiliano, dejándole huérfano de amparo  y sobrecogido por aquella noticia. Producto de su periplo por España y de su aflicción por la muerte de Maximiliano, Zorrilla escribe un alegato  –El drama del alma– en favor del emperador asesinado que incluye diversas consideraciones sobre ciudades y tierras de España,  y el  reencuentro con su Valladolid natal.

En 1866 estamos en una ciudad que aunque mostraba ciertos signos de crisis, sin embargo había conocido unos cambios extraordinarios que el propio poeta refleja en sus versos: junto a los recuerdos de su infancia, se encuentra con una ciudad de febril actividad económica que ni se podía imaginar. Estaba ante el Valladolid moderno cuyas huellas aún son perfectamente identificables.

Sin duda, el recuerdo que Zorrilla guardaba del Valladolid de su niñez era el de una ciudad “poco más que un pueblo grande, un lozadal en invierno y un lugar polvoriento en verano, en el que viejas iglesias, conventos y palacios, a los que costaba mantenerse en pie, formaban la postal turística de la población”, tal como relata José Miguel Ortega del Río en su libro El siglo en que cambió la ciudad. Y cuando nuestro poeta, treinta años más tarde, se encuentra con una ciudad que había más que duplicado su población en treinta años: la dejó con menos de 20.000 habitantes y se la encontró con  unos  50.000.

No es de extrañar, por tanto, el asombro del vate:

Esta es Valladolid… ¡al fin la veo! / ¡Con qué placer…, como la luz primera / cuando en ella nací! ¡Dios mío!, creo / que vuelvo hoy a nacer. Espera, espera / cariñosa amistad!, solo un paseo /Por la plaza, una vuelta por la Acera, / déjame este aire respirar: deseo / beber las dulces aguas de esta fuente / de mis recuerdos y bañar mi alma / en el remanso tibio y trasparente / que hace, con ellas resbalando en calma, / del tranquilo Pisuerga la corriente. / Déjame… quiero hablar con estas piedras, / y abrazar estos árboles, y ansioso / besar estas paredes de que yedras / son mis dulces memorias, y reposo / tomar en estos bancos en que un día, / mal estudiante, a divagar venía.

(…)

Aquellas son las torres bizantinas / del buen don Per-Anzules… en  mi oído / no olvidando jamás, vibrando ha ido /  el son de sus campanas argentinas.

 ¡Qué esta es Valladolid! Fábricas nuevas / banco, teatros, fuentes, adoquines / canal, ferrocarril….; ¿y mis Esguevas? /  ¿y mis prados de ayer?…  plazas…  jardines, / ¡pero, oh noble amistad! ¿dónde me llevas? / Yo recuerdo estos curvos callejones: / conozco esos antiguos caserones… / Esta es la calle de terreno escasa / donde mis muertos padres han vivido: / y esa… ¡que existe aún! … esa es la casa / donde a mi vida inútil he nacido.

Lógico era que el poeta se sintiera incluso aturdido ante lo que estaba viendo según paseara por las calles de su ciudad natal. En poco más de 30 años el Valladolid de los 60 mostraba los enormes cambios y mejoras en todos los sentidos, incluido la creación del Banco de Valladolid (1857). Las primeras obras para soterrar los ramales de la Esgueva comenzaron en 1848. Y en el año 1854 se instalaron farolas de gas  para el alumbrado.

Más, que mejor manera de ver ese Valladolid de 1866 que dándonos un paseo por algunos de los lugares que cita Zorrilla (y algunos otros). Para ello, hasta donde se pueda, nos serviremos de fotografías y grabados de la época.

 

Plano de la ciudad en 1866. Archivo Municipal de Valladolid (AMVA).

 

La torre de la Antigua, que junto con la de la Colegiata  (¿o la de San Martín?), eran las “torres bizantinas del buen don Per-Anzules” que tanto apreciaba Zorrilla. (AMVA)

 

Las calles Torrecilla, Prado, Empecinado, etc. (en definitiva, el entorno de la casa donde nació Zorrilla) tenían casonas o palacios que la piqueta destructora de los años 60 del siglo pasado se encargó de destruir. No obstante quedan algunas fachadas y patios que permiten apreciar esos “antiguos  caserones” que Zorrilla cita como lugares de sus correrías infantiles. Por ejemplo el portón  del número 9 de la calle Empecinado: casa del licenciado Juan de Zarandona, con su patio renacentista. (Foto J. Anta)

 

Zorrilla se marchó de Valladolid conociendo un solo puente, y cuando vuelve se encuentra con el llamado puente Colgante, de Hierro o del Prado, una demostración de modernidad y del imperio del hierro en la construcción moderna. Su construcción comenzó a gestarse en 1851   y se inauguró en 1865. (Foto de Jean Laurent -AMVA-)

 

El Arco de ladrillo  se había construido en 1856, con casi 150.000 ladrillos macizos. Se levantó incluso antes de que comenzaran las obras del ferrocarril (se puede considerar, por tanto, la primera obra ferroviaria de Valladolid). Cuando en julio de 1858  la Reina Isabel II visitó la ciudad y los terrenos de la futura estación de ferrocarril, ya estaba construido el Arco de Ladrillo (que por entonces se conocía como Arco de la Estación) pero las vías aún no pasaban por debajo de él. Y, a mayor abundamiento hemos de indicar que la primera estación ferroviaria se construyó junto al Arco. En 1860  había llegado la primera locomotora a Valladolid, y en 1864 ya estaba concluida por completo la línea ferroviaria Madrid-Irún… (La foto está tomada del blog Domus Pucelae).

 

… Y el canal (de Castilla) que cita Zorrilla en sus versos. Su dársena era lo que ahora llamaríamos un polígono industrial. Se había terminado de construir en 1835 y se había constituido en el principal foco industrial de la ciudad: industrias harineras, talleres, un tejar, almacenes de grano, empresas siderometalúrgicas, empresas de hilados y tejidos… Muchos de sus edificios estaban construidos con cierto gusto: frisos, columnas y esculturas mitológicas… ventanas ojivales como una iglesia. En 1856 había sido pasto de las llamas durante los motines del pan. La empresa Fundiciones  del Canal realizó, entre otras cosas, la estatua de Cervantes de la plaza de la Universidad, y la fábrica de harinas la Perla se ha mantenido activa hasta el año 2006. (Las imágenes corresponden a un grabado del Semanario Pintoresco Español y una foto del AMVA).

 

Las aceñas del puente Mayor aún eran perfectamente reconocibles. (Foto de Jean Laurent -AMVA-).

 

La Casa Consistorial que se levantó durante la reconstrucción del centro de Valladolid tras el pavoroso incendio de 1561 todavía estaba en pie, pero se encontraba en muy mal estado, y tras varios años sin tomar decisiones acabaría derribándose en 1879, siendo Miguel Íscar alcalde de la ciudad. (Foto de Jean Laurent -AMVA-)…

 

… Y la Plaza Mayor en un día de mercado.  En la Acera de San Francisco  se había abierto el moderno café del Norte en 1861, local donde con el paso de los años se formó  una especie de club de admiradores de Zorrilla: hacían una tertulia y a alguna de ellas acudió el poeta en su postrera y última estancia en Valladolid.  El rincón de la imagen se corresponde con el actual Banco de Santander que, como se ve, el edificio se comió una calle -que ahora se llama callejón de San Francisco-.(Foto de B. Maeso -AMVA-)

 

Los teatros Lope de Vega y Calderón de la Barca, que le sorprendieron,  se habían inaugurado en diciembre de  1861 y en septiembre de 1864 respectivamente. El Corral de Comedias (que estaba en la actual plaza Martí y Monsó) que Zorrilla recordaba de su temprana juventud hacía tiempo que estaba cerrado y amenazaba ruina. Por eso la ciudad recibió con alegría la construcción de sendos nuevos teatros. En la inauguración del Lope de Vega se representó “El premio del buen hablar” (Lope de Vega); y el Calderón, con la obra “El alcalde de Zalamea”.  Precisamente en el Calderón se tributó un homenaje al poeta durante su estancia en la ciudad. (AMVA)

 

La casa que habitó Cervantes junto a la Esgueva suscitaba dudas, así que  tras diversas investigaciones sobre cual podía ser la verdadera, en 1866 se decidió colocar una placa en la fachada que ahora conocemos, declarándola Casa de Cervantes. (AMVA)

 

 La Fuente Dorada, que el poeta recordaba, cuando recaló en Valladolid estaba adornada con una escultura del dios Apolo. (Foto de Gaudín -colección  C. Sánchez-)

 

Y la Catedral, sin ninguna de sus dos torres: la única que tenía se había derrumbado en 1841 y hasta 1880 no comenzaría a con construirse la actual. (AMVA)


Antigua Academia de Caballería, de forma ochavada. (Grabado de Emilio Prieto -AMVA-)

 

 

 

LAS TRES PUERTAS DE MEDINA DE RIOSECO

Medina de Rioseco es un impresionante municipio: por historia y monumentalidad. Sus cuatro iglesias principales tienen un imponente porte catedralicio. Y el patrimonio civil que encierra no será fácil verlo en otros lugares.

Es una muestra de la riqueza y pujanza económica que vivió Rioseco, como en general toda Tierra de Campos, cuando el trigo de esta comarca era una auténtica mina de oro. A Medina de Rioseco se le llegó a conocer como la “India chica” -o “la ciudad de los mil millonarios”-, equiparándola de esa manera a las ricas tierras de ultramar. Triste es ver, hoy, como buena parte de esta comarca está sometida a un declive y despoblamiento tremendos.

Hay muchas opciones de recorridos por Rioseco, entre los que el entorno de la dársena del Canal de Castilla no es la menor… o los jardines y plazas: …. o sus fuentes;  y  anotadas quedan sus iglesias, sin olvidar el Museo de San Francisco, el de Semana Santa o la Harinera San Antonio; y, en general, el callejero de la ciudad, con un agradable sabor a antiguo y señorial (en razón de sus casonas).

Hablar de Rioseco es hablar de palabras mayores tanto en patrimonio (como ya se ha dicho) como en historia. Y para ello solo un par de detalles.

En Rioseco se refugiaron, recién casados,  Isabel y Fernando. El casamiento no contaba con el beneplácito de Enrique IV  hermanastro de Isabel.  Es el caso que para protegerse de las iras del rey, los jóvenes esposos contaron con el respaldo del poderoso Fadrique  Enríquez, Almirante de Castilla (que a la sazón era señor de Rioseco,  abuelo de Fernando y tío lejano de Isabel), por tanto  personaje por cuyas venas corría sangre real, y en caso de conflicto podría ser enemigo temible del propio rey.

Pero es que en Rioseco, lustros más tarde (1520), también se refugió el cardenal Adriano, regente del reino en ausencia del Emperador Carlos V, huyendo de las tropas comuneras.

Entre las muchas opciones que hay de disfrutar de Rioseco, propongo buscar las tres puertas que aún se mantienen de las siete que llegó a tener en su momento. Esto nos va a permitir pasear por las calles del municipio y contemplar diversos edificios  y ambientes.

Comenzaremos en el puente sobre el Sequillo, que da entrada a Rioseco si llegamos desde Valladolid, no sin antes advertir que no daremos cuenta de todos y cada uno de los lugares, edificios, monumentos y ambientes que nos vamos a encontrar en el camino, pues su relación obligaría a un extensísimo reportaje… no obstante, volveremos a la Ciudad de los Almirantes en más ocasiones.

 

Nada más cruzar el puente hay un edificio de ladrillo  (P: en el plano que acompaña este reportaje) que da la bienvenida y es la sede de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago. Pues bien, este modesto edificio era en otro tiempo como otra puerta (virtual) pues en él estaba alojado el “portazgo”, es decir, el lugar donde se recaudaban los impuestos por los productos que se introducían en la localidad para venderlos en tiendas y mercados. Estos portazgos también se conocían como fielatos… vaya, lo que hoy llamaríamos peaje.

 

Camino de la plaza Mayor, ya adentrados en la ciudad, veremos a un lado el Parque Duque de Osuna: situado a los pies del desaparecido  castillo,  se hizo en 1858 y ha sido el lugar tradicional de paseo de los riosecanos. Cuentan que antaño la gente pudiente frecuentaba uno de los paseos, y el pueblo llano y la servidumbre, el otro. Las columnas y pilastras son restos del antiguo palacio de los Almirantes (o castillo).

 

Y el antiguo Convento de San Francisco (s. XVI- XVIII), que hoy alberga un interesantísimo museo que, si tenemos tiempo, no hay que perderse por  la historia, cultura y escultura que ofrece.

 

Precisamente frente al Convento, bordeando el parque, sale la calle del Almirante que, cuesta arriba,  lleva hasta la puerta de Zamora. Construida en el XVI, también se conoce como Arco de las Nieves, por haber en ella una capilla dedicada a la Virgen de las Nieves (¿será porque en sus inmediaciones había uno de  los pozos de nieve que tuvo Rioseco?). El alzado es muy original pues tiene que dar acceso a varias calles. Podemos subir hasta los jardines del Castillo y ver una panorámica de la ciudad. Pero necesariamente hemos de volver por el mismo sitio a buscar la plaza Mayor.

 

Plaza Mayor y casa Consistorial (1 en el plano), reconstruida en el último tercio del s. XX, sus soportales pertenecieron al claustro del convento de San Francisco. Medina de Rioseco  es una de las tres poblaciones de la provincia que ostenta el  título de ciudad: Valladolid y Nava del Rey son las otras dos.

 

Una calle lateral del Ayuntamiento (Ronda de Santa Ana), con traza amurallada, lleva directamente hasta nuestra segunda puerta: la del Arco del Ajujar (13). Comenzada a construir en el siglo XIII (como la muralla), en sus bajos hay un pequeño museo Municipal. Junto a la puerta se podrán observar restos de la antigua fortificación.

 

Bordeando la población, encinchada por el cauce del Sequillo, alcanzaremos la puerta de San Sebastián (14). Esta es una puerta señorial que no pertenece a la muralla original. Se construyó en el siglo XVI –sustituyendo una anterior-, y fue costeada por el municipio (es decir, por el pueblo): en su frontispicio figura la inscripción “populus faciebat”. Se trata de una puerta monumental, llamativa por sus dos arcos y característica del Renacimiento. En su cara exterior están labrados los escudos de la ciudad, y en su interior alberga una capilla donde se venera la imagen del Cristo de las Puertas.

 

Fuente y alberca de San Sebastián, en la carretera de Villalón, algunos artículos la fechan en el siglo XVI y sería, por tanto, la más antigua de todas las fuentes de la ciudad, erigidas en el siglo XIX.

 

Desde la puerta de San Sebastián, sugiero acercarse hasta el Canal de Castilla (llamado Ramal de Campos) cuya dársena, terminada de construir hacia 1850, se convirtió en el epicentro de una gran actividad industrial y agrícola. Tanto por la zona ajardinada que la rodea como por las vistas que ofrece (la gran lámina de agua crea una luminosidad especial), bien merece la pena recrearse un rato en su entorno. La Fábrica de Harinas San Antonio conserva toda su maquinaria del siglo XIX, y tiene horarios de visita al público.

 

 Nuestra vuelta al punto de inicio es el mejor pretexto para atravesar el corazón de Rioseco recorriendo la calle Rúa (como así se conoce en la localidad), pero que, en realidad son dos calles: Lázaro Alonso y Román Martín. Calle a cuyos lados se ubican buena parte de los edificios más monumentales del municipio. La Rúa, singular por sus soportales, está considerada como uno de los conjuntos más interesantes de la arquitectura popular de la provincia.

 

Ya hemos dejado atrás la Plaza Mayor y nos dirigimos al puente donde comenzamos nuestro paseo… y nos despedimos de Medina de Rioseco fijándonos en un interesante edificio que está a nuestra izquierda: una posada del siglo XVI en la que se alojó el poeta León Felipe (1884-1968) en sus estancias en la localidad. Por cierto, al albaceas de León Felipe, que fue un tal Alejando Campos Ramírez, más conocido por el seudónimo de Finisterre (escritor también aunque de escasa fortuna), se le atribuye ser el inventor del futbolín.

 

Plano de Medina de Rioseco.

DE SAN BERNARDO A VALBUENA DE DUERO

El sendero GR 14, es decir la Senda del Duero,  acompaña al río a lo largo de su recorrido por la Meseta Castellana. Desde el Urbión hasta entrar en Portugal su longitud suma 755 kilómetros. De estos, 150 discurren por Valladolid: entra por Peñafiel y sale por Villafranca del Duero.

Nos hallamos ante una de las opciones más interesantes para pasear por Valladolid: por naturaleza e historia. Y la mejor muestra es recorrer alguno de sus tramos. En esta ocasión vamos a disfrutar del Duero entre el monasterio de San Bernardo y Valbuena de Duero: apenas 10 kilómetros si lo hacemos por el mismo sitio ida y vuelta. Pero haremos alguna variación para contemplar paisajes diferentes: iremos por el río y volveremos por los caminos que unen Valbuena y San Bernardo. Total,  unos 7 kilómetros.

Mas no ha dejarse de apuntar una absurda paradoja: el sendero lo trazó y aprobó la Federación Castellano Leonesa de Montaña hace ya unos cuantos años, que es el organismo autorizado para  aprobar senderos. Pues bien, la Confederación Hidrográfica del Duero ha señalizado un trazado que  muy poco tiene que ver con el de la Federación. Si uno va siguiendo más bien poblaciones, el de la Confederación discurre totalmente pegado al cauce del río. Es el caso que está prevaleciendo este último.  Esto ha ocasionado daños colaterales, pues, incomprensiblemente, el Instituto Geográfico Nacional ha dibujado en los planos oficiales de España, el GR de la Federación sustituyendo muchos nombres de caminos tradicionales, como  la Senda de los Aragoneses, y  otros caminos locales cuyos nombres deberían haber sido respetados.

Total, que los planos marcan una GR 14 que “no existe”,  además de borrar historia y topónimos tradicionales, pues la que está amojonada y promovida es la de la Confederación Hidrográfica del Duero, junto al río.

Con estos antecedentes comencemos nuestro paseo. Y lo haremos partiendo desde la parte de atrás del monasterio de San Bernado. De este, el historiador Jorge Ferrer Vidal dijo que acaso fuera la joya del arte cisterciense.

Tenemos por delante poco más de cuatro kilómetros hasta Valbuena.

 

El monasterio se comenzó a levantar en el siglo XII gracias a  una fundación que realizó Doña Estefanía de Armengol, condesa de Urgel y nieta del Conde Ansúrez. El conjunto monacal tiene una zona visitable (claustro y capilla), un establecimiento hostelero de alto nivel, y acoge la Fundación de las Edades del Hombre. Las casas de colonización que hay en San Bernardo son una pedanía de Valbuena y se construyeron en los años 50 del siglo XX para acoger población rural que fue expulsada de sus municipios para construir el embalse de Entrepeñas, en Guadalajara.

 

Antes de llegar al río y tomar el GR 14 hacia la derecha, vayamos con atención, pues  a nuestra izquierda veremos un singular manantial: la fuente anguilera. Su nombre no puede obedecer sino a que los monjes criaban en ella y el caz por el que viene el agua, anguilas, un pescado de agua salada que, sin embargo, en su juventud remonta los ríos y en ellos pasa largos años de su existencia hasta que vuelven al mar para reproducirse.

 

A lo largo del recorrido veremos rastros de las construcciones monacales, entre las que destacan restos de  muralla y un  molino.

 

El venerado Duero siempre nos acompaña. La senda, en general, discurre por zonas sombrías, por lo que en días calurosos no sentiremos demasiado el rigor del sol.

 

El Duero está incluido en la Red Natura 2000,  con el nombre de Lugar de Importancia Comunitaria (LIC Riberas del río Duero y Afluentes) por sus especiales  valores naturales que incluyen flora y fauna. En la imagen una ardilla tratando de pasar desapercibida en la copa de un chopo.

 

Hacia el final,  la senda toma altura y nos descubre el paisaje de su otra margen, la izquierda. Si estamos atentos veremos los terrenos de Valdemonjas, en el término de Quintanilla de Arriba. Se trata de una bodega cuyo edificio principal ha recibo el reconocimiento internacional más prestigiado en arquitectura: el Architizer (más o menos como los Oscar de la arquitectura).

 

Llegados a Valbuena, continuamos la senda hasta llegar a los restos de un molino harinero. Este paraje, junto a una aceña, es muy agradable y bien merece la pena que nos demoremos un rato en él antes de emprender el camino de vuelta. Como curiosidad diremos que los molinos y aceñas que había en esta parte del Duero pertenecieron al monasterio de Santa María de Palazuelos, sito en las proximidades de Cabezón de Pisuerga.

 

Podemos volver por donde hemos venido, pero propongo que subamos hasta Valbuena y que, atravesado su casco urbano, salgamos por un camino junto al depósito de agua que nos conduce hacia el cementerio: en poco más de 25 minutos ya estamos de vuelta a San Bernardo, contemplando paisajes diferentes a los  hasta ahora hemos tenido. Veremos el arco de la vieja muralla que se mantiene entre el edifico de la Casa Consistorial y la iglesia de Santa María la Mayor del Castillo, de los siglos XVI-XVII.

UNA VISITA AL MUSEO DE VALLADOLID

El 18 de mayo se celebra el Día Internacional de los Museos: se abren las puertas de par en par, entrada gratuita,  horarios especiales, actuaciones musicales, etc. Es el caso que todo, ese día, invita a la ciudadanía a zambullirse en el mundo de los museos.

Y Valladolid bien puede presumir de museos de referencia, como el Museo de Escultura; únicos, como el Oriental; especiales, como el de Arte Africano… y unos cuantos más: Arte Contemporáneo, de la Ciencia, etc.

Tomando como pretexto este día, propongo visitar el Museo de Valladolid.

Se trata de “nuestro” museo, el que contiene y relata buena parte de la historia de Valladolid… pero no solo de Valladolid capital, sino que en él hallaremos numerosas piezas y colecciones provenientes de muchos municipios de la provincia, que, además, guarda piezas muy singulares o de gran rareza que no es fácil ver en otros museos.

La simple enumeración de los principales espacios en que se divide el museo  ya da idea de su contenido e importancia: prehistoria, mundo romano, mundo visigodo y medieval, bellas artes…

Prácticamente todas las piezas proceden de municipios de Valladolid: prospecciones arqueológicas; lápidas,  ajuar de palacios (cerámica, orfebrería, armamento, etc.); cuadros, frescos y escultura de iglesias y casas nobles; planos, maquetas, etc… que ayudan a interpretar y conocer Valladolid.

Difícil, por tanto,  resumir en un puñado de palabras, el contenido detallado del museo. Pero, bueno, apuntaremos algunas cosas, siguiendo un cierto orden cronológico.

 

Se trata de un edificio declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento (1996). Es un importante palacio renacentista representante del clasicismo vallisoletano y que quiere destacar el valor del hombre de negocios y humanista, como contrapunto del antiguo noble rico dado al derroche y el ocio. Hablamos del banquero Fabio Nelli (1533-1611). Es, al decir de los expertos, una obra de primera fila de la arquitectura civil y que tuvo dos importantes arquitectos: Juan de la Lastra y Pedro Mazuecos el Mozo. Una advertencia: el gran escudo que preside la fechada lo colocó con posterioridad al fallecimiento del hombre de negocios,  un bisnieto: el  primer marqués de la Vega de Boecillo (Baltasar  Francisco de Rivadeneira y Zúñiga).

 

El patio es de dos plantas con galerías de arcos de medio punto sobre columnas de orden corintio. Y tiene una gran escalera de piedra. (En la imagen, fachada y arranque de la escalera, con una gran pila bautismal del siglo XVI procedente de Melgar de Arriba).

 

Restos de piezas procedentes del poblado celtibérico sito en el Soto de Medinilla (a la orilla del Pisuerga). De la Primera Edad del Hierro, que se sitúa entre el siglo VIII y V a C. Se trata del primer asentamiento conocido de lo que llegaría a ser la ciudad de Valladolid.

 

Fotografía de las excavaciones arqueológicas del poblado.

 

Mosaico de Diana y las Estaciones: Villa de Prado, villa romana del siglo IV. Imagen general, y detalle de las teselas que dibujan a Diana cazadora.

 

También del mundo romano, pero procedente de Andalucía, el museo muestra algunos ladrillos con simbología paleocristiana de entre el s. V y VII. Si llamo la atención sobre esta pieza en la que se ve un ancla, es por el simbolismo de la misma. Entre los primeros cristianos, cuya religión no admitía roma, se extendió la costumbre de usar un ancla que quiere representar la cruz invertida, y así ocultar la práctica del cristianismo.

 

En el término de Piña de Esgueva se encontraron restos de una necrópolis visigoda del siglo VII llamada Las Piqueras. Estamos hablando de casi 170 enterramientos que se descubrieron en 1932. Restos de piezas de cerámica e imagen de los enterramientos. También se ha localizado diverso ajuar personal en el interior de las tumbas.

 

Fresco que representa el Juicio Final. Del siglo XIV, procede del convento de San Juan y San Pablo, Peñafiel.  A sus pies, el sarcófago del infante don Alfonso de Castilla, fallecido en Valladolid en 1291 (tercer hijo de Sancho IV y María de Molina), que estaba en la iglesia de San Pablo, Valladolid.

 

Una pieza muy singular es este Roponcillo del siglo XV, confeccionado en terciopelo de seda. Fue hallado en el sepulcro de don Alfonso, pero lo más probable es que se trate de un vestido que portara en su tumba uno de los hijos de Juan II, y, por tanto, hermano, o hermana,  de Isabel la Católica.

 

Estamos ya en las llamadas salas de las Bellas Artes: vista general de una de ellas: en el techo, mocárabes mudéjares del siglo XV, en madera policromada y procedentes del palacio del Almirante, donde ahora se levanta el Teatro Calderón de la Barca.

 

Detalle de la Inmaculada Anunciación, mural del siglo XV procedente del Convento de San Juan y San Pablo, de Peñafiel. A sus pies un simpático y curioso Niño Jesús dormido sobre una calavera realizado en mármol y fechado en el siglo XVI.

 

Sala con diverso ajuar doméstico y diversas obras de arte. Al fondo, un tapiz de una escena de caza que tiene un curioso compañero…

 

… Un mascarón al que se le atribuye tratarse de un retrato del mismo Fabio Nelli.

 

Y, en la misma sala, donde está la famosa “silla del diablo” con su correspondiente leyenda (dejo al lector o lectora entretenerse en buscarla), una de las piezas más importantes del Museo: un tapiz francés titulado “La Presentación del Libro y de la Espada”, del siglo XVII, de Marc de Comans y F. de la Planche. Forma parte de una serie de 74 episodios dedicados a describir los funerales del rey Mausolo, sátrapa del imperio aqueménida, que vivió en el siglo IV a. C. La escena representa los ideales del humanismo para la educación de un monarca: equilibrio entre la sabiduría de las letras y de las armas, en aras de un ideal de rey preparado para la paz y para la guerra.

 

Y al fondo de esta sala, tres curiosas piezas: una Arqueta veneciana de madera pintada en oro y de cristal de roca (s. XVI-XVII), procedente del Convento de San Pablo de Valladolid, tiene muy de especial el que apenas habrá una decena de piezas como esta en el mundo. Se dice que fue un regalo del Papa a Felipe III cuando nació el que sería Felipe IV, aunque lo más probable es que tal regalo fuera por el nacimiento de la primogénita Ana Mauricia, que llegó a reina de Francia por su matrimonio con Luis XIII…

 

… Maqueta del antiguo Ayuntamiento de Valladolid que, en estado ruinoso,  se derribó en 1879 siendo alcalde Miguel Iscar (hay escasísimas maquetas de época que representen edificios y monumentos vallisoletanos)….

 

… Y espada atribuida al Conde Ansúrez y cofre atribuido a su esposa Condesa Eylo (la verdad es que son del siglo XV y XVI respectivamente).

 

 

Si, como dicen los expertos en museos, estos en realidad tienen más importancia por lo que guardan que por lo que muestran, el Museo de Valladolid puede presumir de fondos no expuestos de indudable valor e interés: simplemente damos noticia del  Pendón de San Mauricio (siglo XVII) que procesionó en diversas actividades promovidas por la Corte, entonces presente en Valladolid;  restos  de un mosaico  romano procedente de Becilla de Valderaduey; o la cabeza de un proboscideo, animal prehistórico antepasado directo de los actuales elefantes, descubierto en Villavieja del Cerro, o la colección de más de 15.000 monedas de todas las épocas. Piezas estas, y otras más, que no se pueden exhibir principalmente por falta de espacio.

 

Más, no podemos olvidarnos de un discreto y encantador rincón del Museo: El Vergel, que solo se abre un par de meses en verano. En este jardín del palacio de Fabio Nelli se han ido depositando restos varios de la ciudad: desde basas y capiteles de columnas de la plaza Mayor o del mercado del Val, hasta conducciones de la traída de agua de Argales.  En el pasillo de acceso hay restos  procedentes de la antigua parroquia de San Miguel: en la imagen, parte de la lápida sepulcral de Jean Jacques d´Arigon, boticario de Felipe II.

HORARIO: octubre a junio: de martes a sábado: de 10 a 14 y 16 a 19. Domingos, 10 a 14

julio a septiembre: 10 a 14 y 17 a 20. Domingos 10 a 14

Entrada gratuita los domingos

 

… Y un poco de publicidad. La librería está en Crrt. de Medina, 5

 

PEDRO EL REGALADO, HIJO DE MARÍA DE LA COSTANILLA

El 13 de mayo es la festividad de San Pedro Regalado, patrón de Valladolid. Hasta su elección en el siglo XVIII como protector de la ciudad, era San Miguel arcángel el encargado de velar por los hombres y mujeres que habitaban la antigua ciudad cortesana.

Corría el año de 1746. La ciudad, aquel año,  celebró con enorme entusiasmo la noticia del primer vallisoletano que había sido subido a los altares. La fiesta duró varios días y cuentan las crónicas que fue una auténtica locura popular. No faltó de nada: fuegos artificiales, grandes hogueras, corridas de toros,  hubo extraordinarios actos litúrgicos, impresionantes comitivas de gremios y cofradías, desfile de bandas de música,  y no faltaron bailes al son de las chirimías. La ciudad toda era una fiesta. Incluso se hizo una consulta popular para ver si la gente le quería como patrono, con una masiva respuesta afirmativa.

Pero ¿quién era ese tal Pedro? Pedro Regalado nació en Valladolid en 1390 –fecha, en cualquier caso no muy fiable-,  y falleció, ya en olor de santidad,  en La Aguilera en marzo de 1456. Sabemos ahora que venía de una familia de judíos conversos.

Su padre se llamaba Pedro  (y apellidaba Regalado) y a su madre (que quedó viuda siendo aún  joven)  María, como casi todas las mujeres entonces (y casi hasta hoy mismo), la conocían como la Regalada o, también, como María de la Costanilla (por la calle donde vivía), actual de la Platería y donde nació Pedro. A Pedro, ya clérigo, en algún documento se le anota como Pedro de la Regalada, o Pedro de la Costanilla, o Pedro de la Costanilla y Regalado, o incluso Periquillo de Valladolid… o fray Pedro de Valladolid y, una vez muerto, mucha gente lo citaba como “el Santo Regalado”.

No es mucho lo que se conoce de su vida.  Cuando contaba 13 o 14 años entra en el Convento de San Francisco, muy próximo a su casa natal. A los 22 años fue nombrado sacerdote. Estuvo al frente de los conventos franciscanos de La Aguilera (Burgos), y el Abrojo (Laguna de Duero). Conventos con reglas de observancia muy rigurosas en los que la oración, meditación y ayuno severo se sumaban a un hábito espartano y a lo sumo unas sencillas sandalias para cubrir el pie durante todo el año (hiciera la temperatura que fuese).

Su fama milagrera ya se fue labrando en vida, pues se le atribuyeron episodios de bilocación, amén del  renombrado caso de domesticación de un toro que, suelto, aterrorizaba a la población (razón por la que también se le considera patrón de los toreros); y su proverbial capacidad de atravesar el Duero utilizando su manto a modo de liviana balsa.

Apenas fallecido, se contabilizaron cerca de doscientos milagros, entre los que, además de realizar numerosas sanaciones de enfermos deshauciados, llegó a resucitar brevemente para entregar un pan a un pobre hambriento que oraba delante de su tumba.

Alcanzó tal fama  que incluso  la Reina Isabel la Católica visitó su tumba en el monasterio de la Aguilera, y mandó erigir un vistoso  sepulcro.

Pues, contado todo esto, vamos a recorrer los lugares que evocan la historia e imagen de este santo silencioso.

 

La casa natal se le atribuye en el número 1 de la calle de la Platería (antigua Costanilla). No está muy claro que este fuera el lugar exacto –habida cuenta de los dos incendios que tanto en 1461 y 1561 arrasaron la calle-, pero a tenor del apellido de su madre –Costanilla-, sí parece probado que, al menos, nació en esa calle.  Un cuadro y una placa conmemorativa en la fachada dejan constancia del nacimiento del santo.

 Iglesia del Salvador, en la plaza del mismo nombre. Cuando en 1683 se beatificó al Regalado, este comenzó a recibir culto en el templo, debido a que parece razonable que hubiera sido bautizado en él.  Edificada sobre la antigua ermita de Santa Elena, del siglo XIII, ya alcanzó la categoría de parroquia en el siglo XIV, dedicada desde un principio al Salvador.  Su fachada es plateresca, realizada por el famoso Juan Sanz de Escalante entre los años 1541 y 1559. Algún historiador de la época la calificó como de las más preciosas de España.

 

La torre, muy esbelta, presenta dos cuerpos bien distintos: uno, en piedra,  del siglo XVII, y otro –ochavado-  (del s. XVIII) en ladrillo. Rematado por un tejado de pizarra de las canteras de Bernardos (Segovia)  debido a una reconstrucción que hubo que hacerse tras su hundimiento a principios del XVIII. La torre de la Catedral de Valladolid está inspirada en esta de El Salvador.

 

Retablo mayor, del siglo XVIII, definida por el catedrático Jesús Urrea como expresión del rococó vallisoletano. En lo alto del crucero, escudo de los Almirantes de Castilla, protectores que fueron del Salvador.

 

Una de las capillas más interesantes, concluida en 1487,  es la de San Juan Bautista. Acoge un magnífico retablo (1504) de la escuela flamenca. En el suelo se pueden ver enterramientos que seguramente pertenecieran a la ermita de Santa Elena, al tratarse de la zona más antigua del templo.

 

Pila bautismal que la tradición (no demostrada) indica que en ella fue bautizado San Pedro Regalado.

 

Y capilla de San Pedro, con un retablo de  1709 atribuido a Juan de Ávila, representa la traslación del santo por unos ángeles desde el monasterio del Abrojo al de La Aguilera que, precisamente, imita el grupo escultórico que hay en este último monasterio.

 

A un costado del Salvador se erige una escultura instalada en 2004 y realizada por Miguel García Delgado, sevillano con numerosa obra pública en España.

 

El monasterio de Aniago o del Abrojo está en un paraje próximo a la finca real  que frecuentaron los Reyes Católicos, y sus descendientes Carlos V  y Felipe II. De aquel palacio campestre donde se practicaba la caza, hoy quedan las tapias amuralladas, y en su interior una urbanización de chalets.

No  fueron los franciscanos los primeros  en asentarse en aquel lugar, pues antes perteneció a diversas órdenes religiosas, hasta que en 1441 se instalaron los del císter, que serían sustituidos por los franciscanos reformados a los que pertenecía el Regalado.

Tanto el monasterio como el palacio sufrieron un incendio en 1624. No obstante el monasterio fue reconstruido y actualmente se conservan unos pocos vestigios: restos de un muro, el acceso a la bodega, un estanque (con el que  se regaba la huerta del monasterio), y una fuente (llamada de San Pedro).

 

El santuario de La Aguilera tiene su origen en el siglo XIV, acoge el sepulcro de Regalado, amén de una capilla dedicada igualmente al santo. En la imagen, panorámica del edificio y detalle del sepulcro del santo mandado construir por Isabel la Católica. Está realizado en mármol a finales del XV y atribuido a la escuela de Colonia, que por aquel entonces trabajaba en la catedral de Burgos. Ambas fotografías son de Miguel Ángel Santos.

 

… Y obligado es, al menos, dejar anotado que el desaparecido convento de San Francisco (en la Plaza Mayor), es otra referencia de la vida de san Pedro, pues, como ya se ha dicho, en aquel convento,  del que no queda resto edificado alguno, entró el santo en edad adolescente (en la imágen, placa conmemorativa frente al actual Teatro Zorrilla)

Amén del monasterio de la Aguilera y la iglesia de El Salvador, la cantidad de imágenes (cuadros o esculturas) del Regalado que hay en numerosos lugares, dan idea del alcance popular que tuvo. Así, encontraremos (sobre todo esculturas) en el Carmen de Extramuros,  San Lorenzo, Santuario Nacional, Jesús Nazareno, las Angustias y la Catedral, en Valladolid; también en los conventos de las Descalzas Reales y Corpus Christi de la capital vallisoletana;  y en iglesias de Laguna de Duero, Renedo de Esgueva, Cigales, Cabezón, Medina de Rioseco, Melgar de Fernamental, Burgo de Osma…

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

La Ciudad del Regalado. VVAA. Coordinado por Javier Burrieza. Ayuntamiento de Valladolid, 2004.

San Pedro Regalado: Teófanes Egido. Caja de Ahorros Popular, 1983

Catálogo monumental de Valladolid, de Juan José Martín González y Jesús Urrea. Institución Cultural Simancas y Diputación de Valladolid, 1985.

Iconografía de San Pedro Regalado: S. Andrés Ordax. Junta de Castilla y León, 1991.

BARRIOS DE BODEGAS DEL VALLE ESGUEVA

El mundo del vino se ha convertido en España en un enorme mercado que mueve cientos de millones de euros. El turismo en torno a las bodegas se centra en visitarlas,  dormir en lujosos hoteles en medio de viñedos… incluso en  museos dedicados exclusivamente al vino.

Todo esto ha hecho olvidar que, sin embargo, el vino fue en otro tiempo una cosa sencilla, de producción para el consumo de la familia, de disponer de un majuelo para sacar vino para el año, de ir a merendar a las bodegas con las viandas que hubiera por casa: un poco de queso, un chorizo, rico pan… y vino joven de la bodega… nada de grandes crianzas. Incluso lo que no se hubiera consumido en el año había que tirarlo para meter el  mosto nuevo en las cubas.

Casi nadie disponía de  lagar propio donde prensar la uva: había uno o dos lagares para todo el  pueblo y a él acudía cada vecino con sus cuévanos de uvas: recogía el mosto que saliera en proporción a la cantidad de uva que hubiera llevado, y lo guardaba en la oscuridad de su bodega a esperar que fermentara.

Vamos a hacer un recorrido por el Valle de la Esgueva fijándonos en los tradicionales “barrios de bodegas”, que ofrecen un paisaje con el encanto de lo auténtico y de lo sencillo. Lejos del bullicio de las denominaciones de origen y sus deslumbrantes bodegas.

Los barrios de bodegas responden a  una técnica constructiva, una historia y un paisaje especialmente peculiar en Valladolid, de tal manera que los conjuntos de bodegas antiguas y tradicionales que se pueden ver en muchos pueblos representan un excepcional valor etnográfico y paisajístico.

La producción tradicional de vino ha dado lugar tanto a un paisaje característico en las laderas de los tesos, motas y cerros como a un vocabulario singular: cerceras (cierceras o zarzeras: el nombre viene de la orientación del lugar por el que se ventila la bodega –el norte, el viento del cierzo-), echaderos (por donde se arroja la uva al interior de la bodega, cubas, cubetes, bocoyes,  lagar, viga, cocedera …

Todos los municipios del valle tienen bodegas, pero vamos a fijarnos solo en algunas de ellas, y en algunas cosas más.

 

Como a dos kilómetros  antes de llegar a Piña de Esgueva, al fondo a  mano derecha se ve la espadaña del despoblado de Torremazariegos. Un poblado  (abandonado en el siglo XVIII) que hubo a los pies de un teso  en su día coronado por una pequeña fortaleza. A la espadaña se puede llegar perfectamente por un camino evidente que sale de Piña. En este entorno, en dirección a Valladolid, fue hallado en su día un magnífico cementerio visigodo cuyos restos se conservan en el Museo de Valladolid (palacio de Fabio Nelli).

 

Barrio de bodegas de Piña. Arriba a la derecha se ven los restos de una antigua casa de monte: lugar que se habitaba durante el verano para hacer la cosecha del páramo.

 

Atentos al barrio de bodegas de Esguevillas de Esgueva.

 

Villaco está un poco apartado de la carretera, pero vamos a acercarnos hasta su casco urbano.

 

Y si paramos en Castroverde de Cerrato, subiremos dando un paseo por el cotarro en cuyas laderas están las bodegas. Arriba se mantiene aún en pie la llamada puerta de Santa Clara, que no es sino restos de una formidable fortificación posiblemente del siglo IX.

 

No pasar por alto las antiguas bodegas que hay a la izquierda nada más pasar Torre de Esgueva. Son de un primitivismo sorprendente. Hoy día están prácticamente abandonadas.

 

 

Fombellida.

 

Las bodegas de Canillas están a la entrada del pueblo: torre de la iglesia y las dos columnas de su antiguo castillo.

 

Bodegas de Encinas de Esgueva. Para verlas forzoso es caminar hacia la parte alta del pueblo.

 

Uno de tantos majuelos del valle. Rodeado de almendros, como es tradicional en Valladolid. El valle de la Esgueva no está en ninguna denominación de origen, pero conserva una extraordinaria cultura del vino.

NUEVA ETAPA EN VALLADOLID, LA MIRADA CURIOSA

A partir del martes 2 de mayo, comienzo una colaboración en Onda Cero radio. El programa Valladolid en la Onda, que conduce Clara Saavedra a partir de las 12:00 h. incluirá TODOS LOS MARTES un reportaje bajo el título de VELAY, palabra muy característica de Valladolid. Este reportaje se emitirá, aproximadamente, a partir de las 13:10 h.

¡Velay!, que viene a querer decir: ahí está, ahí tienes,  míralo, helo ahí, velo tú, claro… también tiene un significado un tanto contrario: ¡qué le vamos a hacer!

Narciso Alonso Cortés dirigió un semanario festivo literario en Valladolid en 1885 bajo el título de  ¡Velay!

Leopoldo Cano publicó en 1895 una obra de teatro titulada ¡Velay! Comedia en tres actos y en verso. Y en una de sus escenas pregunta un personaje a otro:

“-¿Velay?

-Castellano es. Velo tú, o míralo ahí. ¡Velay! Decimos allí”

Y en Retazos de Torozos (1968), Blas Pajarero (Pablo Rodríguez), escribía:

“Hoy me ha amanecido el día a versos.

Velay que esto sea poesía, aunque tan

cortilargo y desparramado me quede”

VELAY, los martes, tendrá en la mayoría de los casos, el mismo contenido que el blog VALLADOLID, LA MIRADA CURIOSA, en otro formato, claro.

Por esta razón  la publicación del blog  pasará a los miércoles (en vez de los viernes, como viene siendo hasta ahora).

Por tanto, la próxima entrega de Valladolid, la mirada curiosa será el miércoles 3 de mayo.