SENDAS DE AFANES Y SUDORES

El frontón o trinquete de Montemayor de Pililla,  bien plantado y todo él construido en piedra (de los que pocos hay en Valladolid), puede ser un buen lugar para iniciar la “Ruta del Segador”. Una ruta que pide dejarse llevar por las sensaciones.

Esta ruta ilustra sobre los quehaceres tradicionales de las gentes de Montemayor y su entorno: caminos hacia los molinos, las viñas, los colmenares, las tierras de labranza, los pastos,  los pinares donde extraer la miera, los pozos, las fuentes  y el abastecimiento de leña. Es, por tanto,  una senda que nos advierte de cuando campos y pinares conocían un continuo trasiego de gentes y abundantes rebaños de ovejas.

La ruta tiene  por delante una quincena de kilómetros o su equivalente de unas cuatro horas que exigen, en determinados tramos, cierto esfuerzo, pues algunas cuestas se empinan notablemente y algunos caminos son auténticos areneros en los que se hunden nuestros pasos.  Cabe advertir que todo el camino está muy bien señalizado y apenas se tropezará con puntos que produzcan algún desconcierto.

Desde el frontón habrá que ir a buscar el camino Prado Henar, que es por donde iniciaremos la marcha. En apenas 15 minutos se advierte de la presencia de un lapiaz bastante bien conservado. No es fácil ver estas formaciones calizas en Valladolid, de entre las que destaca también la del sabinar de Santiago del Arroyo. Este lapiaz de Montemayor muestra cómo la piedra que emerge en la superficie del páramo, horadada por la lluvia y los ácidos que esta arrastra, se cuaja de agujeros creando una virguería caliza.0

Desde aquí pronto se desciende hacia un valle que terminará por llevarnos al valle del Valcorba. Poco antes de penetrar en un paraje que denominan zona sombría, un chozo de guardaviñas advierte que en estas tierras hubo importante producción vinícola. Esto nos recuerda que el vino nunca faltaba en las casas y que, en su tiempo, era un complemento alimenticio. Alcanzada la zona sombría cuyo nombre es fiel reflejo del paraje que estamos atravesando, hay un punto de inflexión en la ruta y se abandona el arroyo del Valle para coger el vallecillo que labró el ahora escaso caudal del Valcorba. Y pronto encontraremos a un lado del camino un antiguo colmenar que parece una pequeña cabaña.

Encontraremos, luego, algunos caseríos llamado uno del Quiñón y otro del Valcorba, que son  explotaciones agropecuarias que preceden a los edificios que constituyen el Molino  de los Álamos, donde el camino gira e  inicia una fuerte ascensión que advierte de que se abandona el valle y comienza el retorno hacia Montemayor. La historia del   Molino de los Álamos  dice que hasta aquí llegaba el poder del monasterio de la Armedilla (entre Cogeces del Monte y Quintanilla), pues una parte de lo que ahora es todo el amplio complejo molinero perteneció a aquellos monjes hasta 1599.

Ya en la pronunciada cuesta que nos devuelve a Montemayor hay un excelente mirador sobre el valle  y los caseríos y el molino.

Solo una última observación: retornando hacia el pueblo y en medio de un  pinar que atravesamos se nos indica que hay que girar hacia la derecha dejando el camino. No está muy bien señalizado, pero no tiene pérdida. Si por alguna circunstancia esto se nos pasara, no ocurre nada pues el amplio camino que llevamos conduce directamente a Montemayor.

1

El lapiaz que se encuentra nada más comenzar la ruta.

 

 2

Chozo guardaviñas que mira hacia el valle.

 

 3

A pesar de que ya no se plantan, son abundantes las vides que crecen espontáneamente.

 4

En el camino nos encontraremos  muchos  tramos sombreados.

 

 5

Viejo colmenar de adobe.

 

 6

Molino de los álamos, de muchos siglos de antigüedad.

 

 7

Panorámica del valle del Valcorba, ya en la parte final del recorrido.

 

 8

Un plano que indica el recorrido de la Senda del Segador.

NOTA: en este mismo blog se puede ver el artículo “Montemayor de Pililla, piedra y pino“.

Anuncios

BARCOS DE PIEDRA

Las aceñas son edificios destinados a albergar  el  artefacto, “más osado y espectacular que se levanta en Castilla y León en la Edad Media”. Esto escribieron Nicolás García Tapia y Carlos Carricajo Carbajo en su impagable libro titulado “Molinos de la provincia de Valladolid”.

Las aceñas son auténticos castillos,  catedrales o barcos de piedra dentro del agua, capaces de soportar los embates de los caudalosos ríos vallisoletanos como son el Duero y el Pisuerga, pues es en estos dos ríos donde podemos encontrar estas formidables construcciones que aprovechan la fuerza del agua para mover sus grandes piedras de moler el trigo y otros cereales.

Si tenemos que quedarnos con la más acertada similitud, deberíamos hablar de barcos de piedra, pues las aceñas se construían con forma de tajamar, idéntica a la proa de los barcos que va separando las aguas y disolviendo la resistencia, y el espaldón, de estructura plana como el típico castillo de popa de muchos barcos a vela.

Curiosamente, sin embargo  lo que normalmente dañaba estas fuertes construcciones no eran las temerosas crecidas, sino el fuego que se producía con relativa frecuencia  por la concentración de polvo seco en las salas de molienda  y que arrasaba fundamentalmente los tejados; la vegetación que enraizaba entre sus grandes piedras calizas, dislocando la construcción; y los troncos arrastrados por el agua que trababa las paletas  y los cárcavos que movían las pesadas piedras de moler.

Las aceñas y molinos hidráulicos, como ya se ha dicho, hunden sus raíces en la Edad Media y conocieron su particular Siglo de Oro en los siglos XVI y XVII.

Es una lástima que todas estas espectaculares construcciones, que tan útiles fueron durante siglos, estén muy deterioradas. Quizá la causa de este abandono se deba a lo tarde que las instituciones de Castilla y León  y los municipios han tomado conciencia de su importancia, e iniciado procesos para proteger el patrimonio industrial evitando así su pérdida definitiva.

Encontraremos aceñas en un buen puñado de municipios de la provincia de Valladolid, siempre que estén próximos a los dos grandes ríos. Mejor conservadas unas, muy perdidas otras, todavía se pueden observar restos de aceñas en Tudela de Duero, Tordesillas, Valladolid, Peñafiel o San Miguel del Pino.

Cuadro de la Infanta Dª Ana Mauricia, pintado en 1602 por Pantoja de la Cruz. En él hay una ventana que nos permite ver el puente Mayor y las aceñas del Pisuerga. Fijémonos en el detalle al que desciende el artista, pintando caballerías portando blancos sacos, sin duda cargados de trigo o de harina.

De las aceñas y el azud del puente Mayor se tiene noticias al menos desde el siglo XIII. Seguramente se trata de la primera construcción industrial que hubo en la ciudad. Recientemente el Ayuntamiento de Valladolid ha iniciado en abril de 2019 el proceso para la declaración de Bien de Interés  Cultural  (BIC) del puente Mayor y su entorno, que incluye el azud y aceñas. A continuación hay varias fotografías que desde mediado el siglo XIX muestran el deterioro paulatino de las aceñas. La mayoría de las imágenes son del Archivo Municipal. Comienza con una foto de Louis Eugène Sevaistre en 1857, erróneamente en ocasiones considerada la imagen más antigua de Valladolid.

Y seguimos…

La presa, o azud, generalmente  se construía  en diagonal al eje del cauce del río. Eso contribuía a elevar el nivel del agua y llevarla hacia la aceña o molino, tal como se aprecia en estas fotografías: una es  del molino de Simancas; y la otra de la aceña del puente Mayor. La imagen está tomada del expediente del Ayuntamiento para la declaración de BIC. Está accesible a través de internet, y lleva la firma del arquitecto municipal Óscar Burón.

Aceña del Postigo, en Tordesillas, compuesta de tres cuerpos.

También en Tordesillas, frente a la ermita de la Virgen de la Peña está la aceña de la Peña. Es un lugar de especial belleza que hace que incluso haya novios que se hayan hecho su reportaje de boda en el interior de la misma. Aquí vemos muy bien los arcos de medio punto, que  son de una impresionante resistencia, capaces de soportar grandísimos pesos y presiones. Su fortaleza reside en la piedra clave que cierra el arco, que se ha construido con dovelas bien trabajadas. Además de estas dos, en Tordesillas hay otras cinco aceñas que todavía son identificables: del Puente, Herreros, Zafraguillas,  Osluga y Moraleja.

Aceña de San Miguel del Pino. El azud o presa crea una lámina remansada del agua que ofrece bellas imágenes. En una de las plazas del municipio se pueden ver las piedras de moler.

DONDE LA SÁTIRA, LA MÚSICA Y UNA BUENA BIBLIOTECA

El Archivo Municipal de Valladolid no  solo custodia  legajos, expedientes, documentos, planos y fotos. Tiene, también, una importante biblioteca, y a ella nos vamos a dedicar en este artículo.

Una biblioteca que atesora un fondo de cerca de 40.000 documentos entre monografías, folletos, carteles, revistas, etc. Y que se ha enriquecido no hace mucho con el traslado de los fondos bibliográficos y colecciones que estaban depositados en la Casa de Zorrilla.

Esta desconocida biblioteca está compuesta de variados fondos: lo publicado por el Ayuntamiento o libros sobre Valladolid; libros de derecho administrativo local; un fondo muy curioso que proviene sobre todo del siglo XIX, y que hasta 1991 estaba en el Teatro Calderón: colección formada por gente ilustrada de la burguesía vallisoletana de aquella época. Se trata de  una colección de arte, ciencia e historia. Una colección con leyenda pues cuando el Ayuntamiento se hizo cargo del Teatro Calderón en 1986 se tapió el cuarto donde estaban los libros, y al decir de algunos se les perdió la pista hasta que, se dice, la descubrió un fontanero durante las obras de remodelación del Teatro.

También forma parte de la biblioteca del Archivo, los fondos bibliográficos y colecciones que hasta 2017 estaban en la Casa de Zorrilla.

Igualmente destaca la biblioteca y fonoteca del antiguo Conservatorio. Un fondo que se ha ido forjando desde 1918.

A todo esto hay que sumar la hemeroteca completa de los desaparecidos periódicos la Hoja del Lunes y el Libertad, además de la colección del Boletín Oficial de la Provincia (desde 1833) y la vieja Gaceta de Madrid…

… Y curiosísimas publicaciones satíricas del XIX.

En cualquier caso, necesite o no consultar algún legajo del archivo o alguna publicación de la biblioteca, visitar el Archivo Municipal es una recomendable actividad. Los arquitectos que han llevado a cabo la rehabilitación son Gabriel Gallegos y Primitivo González.

El Archivo Municipal ocupa la antigua iglesia de San Agustín (cuyos restos visibles datan del siglo XVI), que tras su abandono y usos diversos tales como  actuaciones musicales o depósito municipal de coches, se rehabilitó para funcionar como tal archivo  a partir de 2003.

Imágenes del interior de San Agustín en cuyo patio principal está la sala de consulta.

Ilustraciones de la afamada revista London News que se publicó a caballo entre los siglos XIX y XX: representación teatral en el Londres de 1901 y anuncio de un vigorizante del cabello.

El Boletín Oficial de Valladolid encuadernado en piel. Esa publicación que nos parece tan “administrativa”, sin embargo contiene ordenanzas y otras instrucciones que han influido en nuestras vidas.

Cabeceras de diversos periódicos satíricos decimonónicos. Muchos de ellos apenas superaban la media docena de ediciones.

Retrato de Zorrilla, conservado en la biblioteca. La biblioteca Narciso Alonso Cortés  comienza a formarse a raíz del I Centenario del nacimiento de Zorrilla. Es decir, corría el año 1917.  Pero la biblioteca contiene otras importantes donaciones, cual es la de Francisco Álvaro González: se trata de un fondo importantísimo de investigación y documentación del teatro español del siglo XX. Francisco Álvaro (oriundo de Villalón  de Campos),  entre otros reconocimientos, obtuvo el premio Nacional de Teatro. A este fondo se une la biblioteca de la antigua Escuela de Teatro. Es, en definitiva, un referente para el estudio del teatro contemporáneo.

La biblioteca tiene numerosos libros que eran de Zorrilla, en muchos casos con anotaciones manuscritas del dramaturgo. Zorrilla también era una persona interesada por los libros relacionados con el teatro, como un curioso “Tratado de voz”. En la fotografía una ilustración de Doré del libro “Ecos de la montaña”, novela histórica de Zorrilla.

Libro editado en 1884 con las obras completas de Zorrilla que el poeta corrigió personalmente.

Quizá por creer que Alonso Cortés era un escritor “local”, carece de la relevancia que la ciudad debería darle, pero no solo no fue así, sino que se codeó con la mayoría de los escritores y poetas de su época, como fueron, por ejemplo, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

La arquería que ahora embellece el edificio, está instalada en su lugar original, después de que se desmontara en 1925 y se fuera emplazando en diversos lugares: Museo Arqueológico, Campo Grande, Museo de Escultura… hasta que, finalmente, con la rehabilitación del edificio, se trajo a su primitiva ubicación.

En torno al edificio de San Agustín se han hecho diversas excavaciones arqueológicas que, sobre todo, han servido para recuperar viejos suelos, aljibes, algunas columnas,  pies de muros y paredes de dependencias históricas de la iglesia conventual, etc.

EL MONUMENTO A LEOPOLDO CANO

Guarda Valladolid una historia seguramente muy desconocida, pero realmente interesante. Se trata del desaparecido monumento en homenaje al literato Leopoldo Cano. Una escultura que padeció una azarosa e injusta vida.

… Y comenzó a suceder en el año 1934.

Necesario es perfilar, aunque sea someramente, la biografía de Leopoldo Cano y Masas. Nació en Valladolid en noviembre de 1844 y falleció en Madrid el día 9 de abril de 1934. Vivió, por tanto, casi 90 noventa años.

Su casa de nacimiento fue el desaparecido palacio del Almirante de Castilla. Estaba en la calle Angustias y era de grandes proporciones. Se desconoce la fecha de construcción pero por algunos datos podríamos pensar que su origen se remonta al siglo XV. En sus dependencias llegó a estar la Diputación Provincial entre 1850 y 1856. Posteriormente se derribó y sobre parte del solar se edificó el Teatro Calderón de la Barca. Inaugurado el 28 de septiembre de  1864,  se puede considerar como uno de los de mayores dimensiones de toda España.

Entonces, la calle en la que nació Leopoldo Cano se llamaba de las Damas, sin que se sepa porqué. Una calle que frecuentó José Zorrilla pues en ella vivía su aya Marcelina, hasta que en diciembre de 1901, el Ayuntamiento cambió su nombre por el de Leopoldo Cano.

Leopoldo Cano fue un hombre polifacético: militar (alcanzó el grado de general de división), matemático y literato. Destacó como autor teatral y sus obras lograron un gran éxito tanto en España como en América. En 1910 entró en la Real Academia Española. Su estilo, ampuloso para nuestros días, estaba de acuerdo con la moda de su tiempo. Fue un autor de espíritu liberal con grandes preocupaciones sociales que plasma en muchas de sus obras. Se le clasifica dentro del Realismo y se lo considera como uno de los discípulos del neorromántico José Echegaray. Su obra más importante fue La Pasionaria,  estrenada en el Jovellanos de Madrid.  Y se acercó a la tragedia clásica al publicar  La muerte de Lucrecia.

En vida recibió honores y numerosos homenajes, como el que le tributó el Ateneo en octubre de 1924, que entre otros agasajos puso una lápida en el pilar del Teatro Calderón que forma esquina entre las calles Leopoldo Cano y Angustias.

Y ahí va la historia: se trata de un monumento del que seguramente la mayoría de la gente de Valladolid no habrá oído hablar.

En la sesión del 21 de abril de 1934 el Ayuntamiento, presidido por el alcalde socialista García Quintana,  acordó  homenajear al recién fallecido Cano aceptando la propuesta del Sr. Cabello de erigir un monumento o una fuente artística en los jardincillos situados en la plaza de Libertad,  “tanto por ser un lugar de cierto recogimiento, como por estar próximo a la casa donde vivió el poeta y asimismo al teatro en que obtuvo sus mejores éxitos como dramaturgo”.

Se convocó un concurso público para que los escultores presentaran propuestas. Entre las bases del concurso figuraba que el monumento se basara en el poema de Cano titulado La Frontera, muy querido para él.

El poema es un claro canto a la fraternidad y la convivencia.  Algunas de sus estrofas dicen:  “Allá en mi país natal,/que de Francia está vecino,/ hay en medio de un camino/una piedra y un rosal./La piedra está en la frontera,/el rosal en torno crece,/y cada flor que aparece/de su hermana es extranjera (…) Yo, mirando tristemente/esa línea fronteriza,/que tortuosa se desliza/con aspecto de serpiente,/y recordando los lazos/que el hombre rompe iracundo,/pensé: ¡El amor creó el mundo!/¡El odio le hizo pedazos!/¡Cuán absurda y caprichosa/es la pretensión humana!/¿Dejará de ser hermana/una rosa de otra rosa?/Y en la piedra, entre las dos/pobres flores, dejé escrito:/La frontera es un delito/contra las leyes de Dios”.

En las bases se añadía que la escultura alegórica a La Frontera debía ser en piedra,  que el escultor tuviera en cuenta el lugar donde se iba a emplazar y que solo podrían concurrir artistas españoles.

Entre las tres propuestas que se recibieron, los expertos designados por el Ayuntamiento acordaron que el concurso lo ganara Emiliano Barral. Entre los expertos figuraba el arquitecto e historiador Juan Agapito y Revilla y el pintor vallisoletano García Lesmes.

Los otros dos concursantes fueron los escultores Verdugo y Conde, por un lado; y Juan José Moreno Llebra, más conocido como “Cheché”. Conde, más tarde fue el autor de las figuras infantiles del parque del Poniente; y “Cheché” tendrá un protagonismo que luego veremos.

Boceto que presentó “Cheché” al concurso. AMVA.

Autorretrato de Barral. Propiedad de la familia. Museo de Segovia.

Emiliano Barral, nacido en Sepúlveda, vivió entre 1896 y 1936. Tiene obra repartida por numerosos lugares, entre los que podemos destacar el Museo Reina Sofía, la Casa Museo de Machado (con quien trabó amistad), y el Cementerio Civil de Madrid.

En Valladolid ya se le conocía, pues en 1932 se instaló en el Campo Grande (inmediaciones de la fuente de La Fama), el monumento a Núñez de Arce, realizado por el escultor.

Imagen del boceto del monumento proyectado por Barral, obtenida del libro Pintura y escultura en Valladolid en el siglo XX (1900-1936)

Su proyecto consistía en un basamento rectangular de “piedra neolítica” donde se colocaría la dedicatoria al poeta y, sobre dicho pedestal, la representación del amor fraternal y universal del que habla el poema, que el artista lo representaba como una matrona que cobija bajo su manto a tres niños desnudos. Como dijo el propio Barral: “hijos distintos, pero unidos bajo el manto de la misma madre”. 

Fotografía de la plaza de la Libertad en 1935, y proyecto de como quedaría el monumento de Barral. AMVA.

Fotografía propiedad de la familia del escultor el día de la inauguración. Tomada del libro “Emiliano Barral“.

El monumento se inauguró el 9 de abril de 1935, justamente un año después del fallecimiento del poeta. Al acto asistieron muchas autoridades civiles y, sobre todo, militares, entidades culturales, significados intelectuales, familiares del poeta,   y numeroso público que aplaudió cuantos discursos allí se pronunciaron, que contenían palabras tan elogiosas como las que pronunció don Mariano Escribano, a la sazón alcalde de Valladolid en aquellos meses y que  describían el monumento como “bella obra, símbolo de la poesía”.

El Norte de Castilla de 10 de abril de 1935. Inauguración del monumento en la plaza. Los actos tuvieron continuidad en la Casa Consistorial.

El alcalde Escribano, camino de la inauguración del monumento a Cano. Obérvese el despliegue militar que rendía homenaje al poeta. Foto (retocada) del AMVA. Colección Óscar Campillo.

Mas, aquellos elogios al poco se cambiaron por críticas de la prensa, burlas por parte del público y animadversión de los grupos políticos más conservadores. Del monumento se llegó a decir que era una representación de la III Internacional o una alegoría de la República. Aquel cambio tan drástico  seguramente se debía a que el clima político local se estaba radicalizando especialmente por parte de los detractores de la República y porque el escultor era de reconocida ideología de izquierdas. Quizá también porque la escultura rompía los moldes academicistas de los típicos y hieráticos monumentos de aquella época, pues incluso los pliegues del manto de la matrona marcaban claramente sus formas femeninas.

Total, que el Ayuntamiento, de tendencia conservadora,  acordó proponer al escultor que hiciera algunas modificaciones del monumento y que, además, se trasladara a un lugar más apartado de la vista del público, como era el Campo Grande, donde se pretendía que  la hiedra lo cubriría en parte. Aquello contó con el aplauso de la prensa, que llegó a tildar del monumento de “armatoste”.

El escultor Barral se negó a tales pretensiones, pero el Consistorio aprovechó la debilidad del artista en unas semanas en las que se hallaba enfermo, y el 15 de octubre comenzó a desmotar el monumento y lo guardó en los almacenes municipales: apenas habían transcurrido seis meses desde su inauguración y El Norte de Castilla aplaudía que se desmontara aquella “lamentable escultura”.

El consistorio quería mantener el reconocimiento a Leopoldo Cano, y para ello convocó un concurso que el 4 de diciembre de 1935 lo ganó “Cheché”. El busto, de corte clásico,  se inauguró en la plaza de la Libertad en marzo de 1936,  hasta que, posteriormente, unas obras de remodelación de la plaza hicieron que el Ayuntamiento optara por recolocar el busto en  las inmediaciones del paseo del Príncipe del Campo Grande, donde ahí sigue. Al concurso se habían presentado también Ángel Vaquero Agudo y Ángel Trapote Mateo.

Boceto de “Cheché”. En la plaza de la Libertad se estaba construyendo una pérgola y se acordó que en el jardincillo de la misma se pusiera “un monumento sencillo” erigido a la memoria de Leopoldo Cano.

En mayo de 1936 falleció el concejal Remigio Cabello, que fue quien había propuesto, dos años antes, hacer un monumento en homenaje a Cano. Quiso la casualidad que Cabello falleciera en mayo de 1936 y que su séquito funerario pasara por la plaza de la Libertad, de donde se había quitado el monumento al poeta y que se sustituyó por el busto encargado a Cheché, que luego fue a parar al Campo Grande. En la foto del AMVA (colección Oscar Campillo) subrayo la ubicación del busto.

De nuevo alcanzó la alcaldía el socialista Antonio García Quintana, y en junio de ese mismo año (1936),  se decidió  rescatar el monumento a Cano y tras unas modificaciones que aceptó el escultor Barral,  se colocó en la plaza de la Trinidad, frente al Hospicio Provincial.

Sin embargo, el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936  provocó su derribo y destrucción por los grupos más reaccionarios de Valladolid.

De aquel monumento solo se conservó el basamento, que se utilizó como banco de la plaza. Y el resto se dio por desaparecido, hasta que a principios de los años 80, el profesor Martín González localizó una parte del monumento, en concreto el torso de la matrona, que estaba en la parte  dependiente de la Cofradía de la Antigua Devoción de Nuestra Señora  de Extramuros.

El sábado 28 de julio de 1984 el torso quedó instalado provisionalmente en el patio de acceso a la Capilla del Museo Nacional de Escultura. En la actualidad se puede contemplar en el jardín del Museo. 

NOTA: fuentes utilizadas

Pintura y escultura en Valladolid en el siglo XX (1900-1936). José Carlos Brasas Egido y Jesús Urrea Fernández.

Escultura pública en la ciudad de Valladolid. José Luis Cano de Gardoqui.

Emiliano Barral. Juan Manuel Santamaría.

“Entre el Arte y la Política: La Frontera, de Emiliano Barral”. Ana Mª Pérez Pérez.

Archivo Municipal de Valladolid

El Norte de Castilla

Museo Nacional de Escultura

FERIA DEL LIBRO

Este miércoles 5 de junio, de 12 a 14 h. estaré en la caseta de Editorial Páramo para entregar el libro a quienes lo hayan comprado anticipadamente. Y para atenderos a quienes queráis comprarlo en la Feria.

También vale acercarse para, simplemente, charlar un rato.

El libro se presentará oficialmente el domingo 9 a las 12 en el Teatro Zorrilla. Ya lo recordaré.

JOSÉ ZORRILLA: BIBLIOTECARIO Y CRONISTA DE VALLADOLID… Y OTROS CRONISTAS

José Zorrilla fue Cronista Oficial de Valladolid. El segundo del que yo tenga noticia. Antes lo fue Matías Sangrador. De la información que dispongo parece que esta figura  ahora honorífica (y en su tiempo retribuida), no existió hasta el siglo XIX. Desde luego, rastreando la información documental publicada del XVIII parece deducirse que entonces no existían los cronistas oficiales. Una figura que emanó del Gobierno de la Nación, pues para poder nombrar a Zorrilla, el Ayuntamiento tuvo que acogerse a un Real Decreto de 28 de noviembre de 1851.

Pero, no nos perdamos en legalismos. Lo cierto es que en el caso de Zorrilla, el Ayuntamiento vio la oportunidad de acudir en sostén de nuestro preclaro vate que, como casi toda su vida, estaba en gran precariedad económica… Y esto nos llevaría a la imposible tarea en este artículo de relatar la vida (personal y pública) de una persona cuyas andanzas son verdaderamente 7-croplegendarias: desde su rebeldía juvenil (se fugó de la casa paterna),  pasando por sus matrimonios,   hasta su tiempo de residencia en Francia y los 12 años que vivió en Cuba y Méjico: Maximiliano le nombró director del Teatro Nacional y Lector del Emperador.

Y esto sin entrar en toda su carrera literaria cuajada de éxitos  y también de mediocridades. Pero, desde luego, alcanzó fama, enorme popularidad y mérito nacional: en 1848 (tenía 31 años de edad) fue elegido miembro de la Real Academia Española de la Lengua (aunque no tomaría posesión hasta casi cuarenta años después tras nuevo nombramiento). Y en 1889, ya al borde del final de su vida, en Granada fue coronado como Poeta Nacional en medio de unos fastos pocas veces vistos, en los que participaron la regente  infanta Isabel, el presidente del Consejo de Ministros, el presidente del Congreso, condes, marqueses y embajadores, entre otras destacadas personalidades.

El entierro de Zorrilla en Madrid, su posterior traslado a Valladolid y su recibimiento en la ciudad que lo vio nacer, han pasado a los anales de la historia por el enorme gentío que lo acompañó en cada una de estas tres ocasiones, y los reconocimientos oficiales con que le honraron. A tal fin en Valladolid se creó en su honor el Panteón de Personas Ilustres en el Cementerio del Carmen (antes de Vallisoletanos Ilustres, hasta que se enterró en él a Rosa Chacel).

Más, antes de continuar adelante es necesario aclarar una cosa. Es frecuente que a tal o cual escritor se le cite como cronista de Valladolid: Pinheiro da Vega, Manuel Canesi, Ventura Pérez, Hilarión Sancho, Juan Ortega Rubio, etc. O el poco conocido Rafael Floranes, cuyos artículos sobre Valladolid están aún, injustamente,  por publicar. Se sabe que un tal Rodrigo de Verdesoto  en siglo XVI anotaba los sucesos más sobresalientes de la ciudad.

Cronistas hubo de Indias y casi cada monarca (desde la Edad Media) nombraba su Cronista: legendaria es la controversia entre Bartolomé de las Casas (obispo de Chiapas) y Ginés de Sepúlveda (cronista del Emperador) sobre los derechos de los indígenas.

No, aquí me estoy refiriendo a los cronistas “oficiales” nombrados por el Ayuntamiento de Valladolid. En otras localidades de la provincia, como Medina del Campo y de Rioseco, también se nombraban cronistas. Y cronistas oficiales parece que nombró la Diputación, como es el caso de Zorrilla, que también lo fue de la Provincia.

La realidad es  que hay una laguna en nuestra historia local por  la ausencia de un detallado trabajo de investigación y divulgación de nuestros cronistas, aunque en alguna ocasión escuché al actual cronista, Teófanes Egido, que o estaba en ello o que recomendaba que se hiciera. Y me aferro a esta carencia  para  exculparme de las lagunas  o errores que este artículo pueda contener. Y aprovecho este capítulo de disculpas para advertir de la necesaria reducción que he tenido que hacer de la historia de cada uno de los cronistas, algunos de los cuales llenaría un libro.

Pues bien, a la espera de esa futura publicación,  propongo este somero artículo sobre los cronistas de Valladolid. No sin antes advertir que además del tiempo que pasé rastreando bibliografía, libros  y artículos, esto que relato no hubiera sido posible sin la colaboración del Archivo Municipal de Valladolid y, especialmente, de su trabajadora Mirem Díaz Blanco.

Además de los  citados Matías Sangrador, Zorrilla y Teófanes Egido, Valladolid ha tenido como cronistas a Emilio Ferrari, Casimiro González García-Valladolid, Narciso Alonso Cortés, Francisco Mendizábal García, y Luis Calabia. Y hay que añadir un cronista oficial ocasional: M. Martín Fernández (que firmaba con el seudónimo de Doctor Blas).

Vamos a ello.

1-condecoracion-8-06-1851matias-sangrador-vallisoletum-crop

2-img_0009-3-crop

Matías Sangrador y Vitores (o Vítores con tilde), nació en Valladolid el 24 de febrero de 1819. Se doctoró en leyes, dio clases en la Universidad pero a partir de 1846 ejerció la judicatura y recorrió diversas ciudades españolas. Entre sus obras destacan la publicación en 1851 del Tomo I de Historia de la muy noble y leal ciudad de Valladolid y en 1854 el Tomo II;  y en 1859 La vida de San Pedro Regalado. Es un referente importante para la historiografía vallisoletana. Murió en Valladolid el 29 de abril de 1869.  

Cronista nombrado el 21 de julio de 1862.

La primera imagen está tomada del blog Vallisoletum, y la segunda de la Biblioteca Digital de Castilla y León.

 
3-zorrilla-crop

5-domus-pucelae974-traslado-restos-de-zorrilla-a-valladolid-en-1896

6-domus-pucelae975-3-entierro-de-zorrilla-foto-viuda-e-hijos-de-fdez-ilustracion-espanola-y-americana-8-10-1895José Zorrilla y Moral nació en Valladolid el 21 de febrero de 1817 y falleció en Madrid el 23 de enero de 1893. Cultivó todos los géneros literarios. En su vida y obra no nos detenemos, pues algo ya hemos contando antes,  pero sí en una anécdota. En su momento (1882)  el nombramiento de cronista llevaba aparejada una buena retribución anual  y, además,  el Gobierno le estaba tramitando, también, una pensión. Es el caso que al año siguiente  de saberse esta noticia recibió carta de un supuesto sobrino en la que tras felicitarle por su nombramiento como cronista, le pedía alguna recomendación para conseguir algún empleo. El poeta le contestó que no tenía sobrinos, pero que no le volvería la espalda y le ayudaría, más “… ten presente (…le contesta…)  que he vivido y vivo de mi trabajo, por conservar mi independencia salvaje, por no adular a nadie, ni servir a ningún gobernante (…) y no he tenido más parientes que cuarenta y seis años de trabajo…”. 

Zorrilla fue nombrado cronista el 2 de junio de 1882 que, según el acuerdo, municipal, era una forma de reconocer a un hijo esclarecido de la ciudad y de esa manera asegurar su porvenir. En el acta aparece una asignación anual de 4.500 pesetas para los gastos de desempeño del cargo.

Imágenes: calle Fray Luis de Granada -Casa Zorrilla- (bajorelieve de 1895 esculpido por Dionisio Pastor); y fotos tomadas del blog Domus Pucelae: recibimiento de los restos de Zorrilla en la acera de Recoletos y traslado por la calle Angustias

 
9-emilio_ferrari-la-ilustracion-espanola

10-ferrari-crop

Emilio Pérez Ferrari: Valladolid 24 de febrero de 1850- Madrid 1 de noviembre de 1907. Poeta y periodista se doctoró en Derecho y Filosofía y Letras. Formó parte del cuerpo de archiveros e ingresó en la Real Academia de la Lengua en 1905. 

Fue  nombrado cronista el 8 de octubre de 1891.

El retrato está tomado de La Ilustración Española y su casa natal está en  calle Ferrari, 1 (la lápida es 1911  hecha por Aurelio Rodriguez Vicente Carretero).


11

Casimiro González García-Valladolid  (1855-1928). Licenciado en Derecho, funda en 1895 el Diario de Valladolid, que apenas duró cuatro meses. Fue director de la Crónica Mercantil, que junto con El Norte de Castilla era el periódico más influyente en la ciudad. Fue presidente de la Comisión de Monumentos y de la Academia de la Historia. 

Nombrado cronista por acuerdo municipal de 1 de marzo de 1902.

Imagen cogida de la Biblioteca Digital de Castilla y León.

 


12narciso-alosno-amva-crop

13-crop

Narciso Alonso Cortés: Valladolid 11.03.1875- 19.05.1972. Poeta, investigador e historiador de la literatura. Especialista en Zorrilla, fue el primer director de la Casa de Cervantes. Presidio la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción,  y Académico de la Lengua desde 1952. Entre las curiosidades de su prolongada vida, destaca su afición al ciclismo en su juventud, modalidad en la que llegó a competir en pruebas oficiales. Antonio Machado le dedicó una poema: “A Narciso Alonso Cortés, poeta de Castilla”..

Nombrado cronista el 12 de julio de 1912.

Fotografía del Archivo Municipal de Valladolid y casa de la calle Felipe II.

 
14-mendizabal-1955-amva-foto-de-garay

15-mendizabal-1973-amva-crop

Francisco Mendizábal Garcia (1885-1976). Archivero de formación, desarrolló su vida profesional en la Real Chancillería de Valladolid, de la que llegó a ser director a partir de 1941. También ejerció de profesor de historia  en la Universidad. Fue nombrado miembro del la Real Academia de la Lengua, y además de sus artículos periodísticos  y otros escritos, alcanzó fama por su encendido verbo en programas radiofónicos.  Como curiosidad cabe relatar que la famosa radio de resistencia antifranquista Radio París, le hizo una entrevista en aquella ciudad con motivo de una exposición de fotografías de Semana Santa en la capital francesa en 1960.

Fue nombrado cronista en el Pleno del Ayuntamiento de 17 de marzo de 1920, cuando contaba con 35 años de edad. Seguramente el cronista más joven que ha conocido Valladolid, y también el que más tiempo estuvo ejerciendo.

Ambas fotos son del Archivo Municipal de Valladolid (la primera es del fotógrafo Garay).

 17-luis-calabia-ibanez-crop

Luis Calabia Ibáñez (1904-1989). Periodista, fue un verdadero maestro de la profesión, en la que cultivó todos los géneros: crónica municipal, cultura, arte, deportes. Fue redactor jefe de El diario Regional y corresponsal del Marca. Académico de Bellas Artes de la Purísima Concepción. Aunque se le conoce por su faceta periodística, en realidad era  funcionario de la Confederación Hidrográfica del Duero.

Su elección como Cronista se produjo el 31 de mayo de 1978.

Foto del Archivo Municipal.

18-salamanca-al-dia-rtv

Teófanes Egido López (Gajates, Salamanca, 1936). Carmelita, estudió en la Universidad de Valladolid, a la que estuvo ligado hasta su jubilación en 2001 como catedrático de Historia Moderna. Destacado especialista en el siglo XVIII, ha hecho notables incursiones en otras centurias. Tiene una extensa producción entre libros y artículos. 

Fue elegido cronista por acuerdo municipal de 2 de octubre de 2001 y vino a sustituir la vacante de Luis Calabia, que había fallecido 22 años antes.

Foto obtenida de Salamanca al Día.

Teófanes Egido solicitó ser relevado como Cronista (con su sentido del humor, dijo que lo hizo porque quería conocer en vida quien le iba a sustituir).  En efecto, el Ayuntamiento pronto eligió a su sucesor y nombró a José Delfin Val. El nuevo cronista nació en Salamanca en el año 1940 y ejerció el periodismo hasta su jubilación primero en Televisión Española y después en Radio Nacional de España de Valladolid. Tiene en su haber numerosos libros relacionados con Valladolid de gran variedad temática, y es miembro de la Real Academia de Bellas Artes de la Purísima Concepción.

Fue elegido en el Pleno Municipal de 27 de julio de 2018, con el respaldo de todos los partidos políticos.

La foto es de El Día de Valladolid.

… Y, veamos el caso de un curioso cronista circunstancial:

 
19-crop

20

Mariano Martín Fernández (Valladolid 1866-1940). Fue abogado y ejerció la política como diputado y senador. Fue periodista  y corresponsal en diversos diarios locales y nacionales, como El Norte de Castilla o La Prensa de Buenos Aires. Fundador de la Asociación de la Prensa en Madrid. Firmaba algunos artículos como El Doctor Blas o El Bachiller Franqueza. 

Por lo que él mismo dice, parece que el Ayuntamiento de Valladolid lo  nombró  cronista especial para asistir y escribir sobre la Coronación de Zorrilla como Poeta Nacional.

La primera foto es de la Biblioteca Digital de Castilla y León; la segunda está tomada en su casa natal y es un detalle conmemorativo de su nombramiento en Granada como poeta nacional.

Más, no para aquí la relación de cronistas, pues el Ayuntamiento ha añadido otro: José Miguel Ortega, en calidad de Cronista Deportivo Oficial  de Valladolid. Algo que refleja el peso que ha adquirido el deporte en la sociedad.

pagina-oficial-del-real-valladolid-club-de-futbol

tribuna-de-valladolid-alberto-mingueza-cropNació José Miguel Ortega Bariego el 17 de marzo de 1943. De profesión periodista, ha trabajado para medios como El País, El Norte de Castilla, El Mundo de Valladolid, TVE, Marca y Radio Nacional Española. Aunque su actividad y publicaciones están muy centradas en el deporte, sin embargo  también ha escrito diversos libros sobre la historia de Valladolid: “Historia de 100 tabernas de Valladolid”, etc.  Además ostenta la Insignia de Oro del Real Valladolid. Sostiene el cronista que acaso el primer lugar de España donde se practicó el balompié fue en Valladolid, a tenor de algunos legajos que leyó en el Archivo Municipal, y cosa muy probable teniendo en cuenta la antigua presencia en nuestra ciudad de ingleses y escoceses, gente de la Gran Bretaña, patria del football.

Fue elegido Cronista Deportivo Oficial de Valladolid en el pleno municipal del 1 de junio de 2013.

La primera foto corresponde al homenaje que le tributó el Real Valladolid (está tomada de la página oficial del Real Valladolid SAD); y la segunda imagen corresponde a la presentación de uno de sus libros (la foto está tomada del periódico digital Tribuna de Valladolid y ha sido realizada por Alberto Mingueza).