VALLADOLID, UN MUSEO DE LA INDUSTRIA

A poco que paseemos por la ciudad de Valladolid y sus alrededores con un poco de atención, veremos continuamente muestras de su actividad industrial del siglo XIX y XX.

Hasta que se hicieron los polígonos industriales de Argales y San Cristóbal, las actividades industriales no tenían espacios específicos para llevar a cabo sus actividades.

Eso no quiere decir que las industrias no buscaran los lugares más apropiados para su desenvolvimiento. Así, se crearon auténticos polígonos industriales en torno a la dársena del Canal de Castilla, y las vías del ferrocarril y  los talleres ferroviarios. Amén de las que o bien por necesidades de espacio o por evitar emisión de humos en el interior de la población, se ubicaban en el extrarradio.

El Esgueva también tenía varios molinos, algunos para elaboración de papel.

Es el caso que el paso del tiempo y el crecimiento de la ciudad, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, terminó por rodear aquellas cerámicas, textiles o fundiciones, que tarde o temprano tuvieron que reubicarse en otros asentamientos o cesar su actividad. Famosa es la pelea de los vecinos de los barrios de Vadillos y San Juan para que la cerámica Silió cesara de emitir hollín delante de las mismas ventanas del vecindario.

Muchas de aquellas industrias han dejado en el interior de casco urbano de Valladolid un reguero de edificios y construcciones todavía reconocibles que darían para hacer un “museo” de la industria  al aire libre. Un museo que tiene su complemento en las numerosas fotografías que nos ilustran de ese pasado un tanto nostálgico del Valladolid antiguo.

Y con estas premisas vamos a ver algunas de esas imágenes y pasear por algunas calles de la ciudad.

 

La dársena del Canal de Castilla a partir de 1840 se constituyó en lo que pudiéramos considerar el primer polígono industrial de Valladolid. Se construyeron algunas fundiciones, como “Fundiciones de Castilla”. Por supuesto había, también molinos harineros,  y alguna industria  textil (La Industrial Castellana), así como diversos almacenes de carbón y madera. Fotografía de la dársena del Archivo Municipal de Valladolid (AMVA).

 

En los pies de la estatua de Cervantes, en la plaza de la Universidad, puede verse un testimonio de la actividad de la Fundición del Canal.

 

En la carretera de Madrid,  a raíz de la construcción del ferrocarril del Norte y también por la proximidad a la estación de Ariza (La Esperanza), también se fueron levantando varias empresas. En las imágenes, fábrica de harinas del Ejército, e interior de la fábrica de harinas de Emeterio Guerra. AMVA.

 

 Las tenerías de Valladolid,  junto al Pisuerga, se construyeron en la segunda mitad del XIX. Sus curtidos competían con las fuertes industrias de Cataluña. Foto de AMVA.

 

Cerámica en las Puertas de Tudela (más o menos actual plaza Circular). La industria cerámica tuvo un papel destacado en Valladolid, De sus hornos salieron tejas y ladrillos que se vendían por toda España. De hecho, aunque no fue exactamente así, algunos historiadores sostienen que el Arco de Ladrillo se construyó para demostrar la fortaleza de la industria cerámica vallisoletana. AMVA.

 

Curiosa imagen (año 1910) de la fábrica de harmonios y órganos Quintín Ruffner, en la carretera de Salamanca. AMVA

 

Los alrededores de Valladolid se fueron poblando de cerámicas, empresas de alimentación, químicas, textiles, etc. que terminaron engullidas por el crecimiento de la ciudad. La cerámica Silió se fusionó en 1915  con “La Progresiva Castellana”, una empresa que estaba al principio de San Isidro y que ocupaba una inmensa parcela de 3.000 m2. En las imágenes, detalle de la artística crestería de Cerámicas Silió, y pabellón de La Progresiva en la exhibición de 1906 que se montó en el Campo Grande. Fue como un antecedente de la Feria de Muestras, pero su nombre era “Exposición Regional de la Agricultura, la Industria y las Artes”, y se celebró en septiembre. AMVA.

 

 

Testigo de los Talleres Miguel de Prado (que estaban junto a la calle que lleva su nombre) que iniciaron su andadura en 1874 y cien años después cesó la actividad, construyéndose bloques de viviendas en su inmenso solar. En las imágenes, una turbina construida por estos talleres, que está instalada frente a la Escuela de Ingenierías Industriales del Paseo del Cauce.  El primer edificio de las ingenierías, que comenzaron a impartirse en 1913, fue el colegio mayor de Santa Cruz. Junto con los famosos Talleres Gabilondo creados en 1860 (luego ENERTEC, en la fotografía –Avenida de Madrid-),  Miguel de Prado fueron buques insignia de la industria vallisoletana.

 

Los incendios eran muy habituales en las fábricas de harinas: el polvo seco que saturaba el ambiente prendía con facilidad ante cualquier chispa de las máquinas con las que se manipulaba el cereal. En la imagen, incendio de la fábrica de harinas El Palero en 1975. Construida en 1846, tras el fuego ya dejó de ejercer la actividad. En su solar, aprovechando el edificio principal, se construyó el Museo de la Ciencia. AMVA.

 

 La extinguida NICAS (Nitratos de Castilla), en la carretera de Cabezón, presentó su solicitud de instalación en 1942. Cerró en 1993, despidió  a 266 trabajadores y posteriormente se demolió. La ciudad la consideraba una empresa altamente contaminante.  Ahora están las instalaciones de Queserías Entrepinares. (AMVA).

 

Al final de la  avenida de Segovia, en 1948 se construyó INQUIOSA (Industrias Químico-Orgánicas SA), que en el barrio se la conoce como la fábrica de betunes, que abarcaba una enorme parcela entre las calles Celtas Cortos y Ebro. Ahora, sus edificios principales (vivienda y oficinas)  están ocupados ahora por el colegio Virgen Niña. Conserva parte del cerramiento original, que se ve en la foto, y de las naves solo queda algún resto que se ve en la calle Ebro.

 

El Polígono de Argales se inauguró el 14 de marzo de 1962. Fue el primer polígono construido para tal fin. AMVA

 

Y el de San Cristóbal inicia sus trámites en julio de 1972. Al igual que el de Argales, básicamente lo que acoge son almacenes y talleres con muchos casos con venta directa al público, por lo que se consideran muy terciarizados. Foto  antigua del AMVA y el polígono visto en la actualidad desde el cerro de San Cristóbal.

 

Algunas industrias, como TAFISA y ENDASA estuvieron obligadas a construir viviendas para los trabajadores. En febrero de 1956 se entregaron las 50 viviendas del llamado poblado de TAFISA (carretera de Burgos); y el de ENDASA en 1965, junto al barrio España. En las imágenes, el de ENDASA, habitado; y el de TAFISA, en el que ya nadie vive.

Sugiero que veáis también en el blog los  artículos “Un recorrido por la memoria industrial de Valladolid”, y “Arco de Ladrillo, símbolo vallisoletano”


 

 

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SOBRE HUESOS … Y OTRAS HISTORIAS DE DIFUNTOS

Se acerca el tiempo de difuntos: noviembre. Mes por antonomasia para que la cultura cristiana recuerde y honre a sus seres queridos que ya no están en este mundo.

No es fácil explicar por qué noviembre es el mes cristiano de honra a los difuntos. Quizá es porque ya se habían terminado todas las faenas agrícolas y por el acortamiento de las horas de luz como que se entraba en la oscuridad. Tal vez, porque había más tiempo para dedicarlo a recordar a los ausentes…

En la cultura celta noviembre era un tiempo para recordar a los difuntos, y en esa tradición de sustituir las fiestas llamadas paganas, acaso el cristianismo introdujo la costumbre de recordar a los difuntos en ese mes. Un mes que, además comienza a anunciar el invierno.

En cualquier caso, cierto es que el día primero de noviembre es el de los santos, y día festivo, pero el día dos sigue dedicado a los ausentes y en el calendario cristiano es el día de los “fieles difuntos”. Algo tiene que ver con el purgatorio, es decir, con aquellas ánimas que, según la religión cristiana, tienen que purificar antes de entrar en el cielo. Y como ellos no pueden ya hacer nada, tienen que ser los deudos los que recen por ellos y así acorten su tiempo de espera.

¿Cuáles son las costumbres funerarias en otras religiones? Veamos.

El Talmud judío explica que hay que enterrar el cuerpo entero, no luego de que haya sido reducido por cremación o cualquier otro medio.

Para el Islam, el cadáver se deposita directamente en la tierra, recostado sobre el lado derecho y con la cara dirigida a La Meca. El islam reprueba el embalsamamiento, la cremación e incluso las tumbas y monumentos funerarios. Los allegados pueden expresar su dolor, pero sin excesos. Es contrario a los preceptos de trasladar los restos mortales del difunto a otra ciudad, ya que es aconsejable enterrar a un musulmán en el cementerio de la ciudad donde murió. Aunque esto tiene muchas excepciones: durante la Guerra Civil, en el cementerio del Carmen de Valladolid  se enterraron varios “moros de los que trajo Franco”, como así se conocía a las tropas rifeñas que le acompañaron. Se construyó un apartado de ladrillo con alegorías arabizantes y se dieron órdenes expresas de que se les permitiera ser enterrados según sus ritos y costumbres (no como al resto de no católicos que iban a parar al llamado cementerio civil). Pasados unos años sus cuerpos fueron llevados a su país de origen y hacia la década de 1960 se destruyó la construcción que los acogía.

El budismo propugna la cremación para permitir que el espíritu se libera del cuerpo.

Hasta ahora, para los cristianos, la cremación destruye la mayor parte del cuerpo y el entierro de la carne se torna imposible, lo que viola el mandamiento bíblico, por lo que la cremación, aunque admitida por la Iglesia, no se practicaba hasta hace unas pocas décadas.

Es el caso que en occidente y todo el mundo latino, así como en la cultura anglosajona (con su halloween  incluido) noviembre es un mes en el que la muerte está presente, al menos durante unos días.

 

Por cierto, ¿qué significa Halloween?: es una contracción del inglés All Hallowos Eve, que traducido al castellano sería “Víspera de todos los santos”.

Vale, tenemos cada cual a nuestros seres queridos en su panteón o en el recuerdo de donde se esparcieron sus cenizas.

Pero de muchos personajes históricos se desconoce el lugar de enterramiento,  se han extraviado sus restos, o estos han sido sometidos a numerosos traslados.

Desde luego, la ocupación francesa de muchos templos durante la Guerra de Independencia, la posterior desamortización y consiguiente derribo de muchas iglesias,  y la Guerra Civil, contribuyeron a que hayan desparecido multitud de restos de mucha gente importante en la historia.

Vamos  a citar un caso a modo de ejemplo. Desde que en 1681 Calderón de la Barca fuera enterrado en la iglesia de San Salvador, de Madrid, sus restos fueron movidos de lugar seis veces para ser depositados en otras iglesias e incluso en un cementerio, hasta que con la Guerra Civil, se destruyó parte del templo de Nuestra Señora de los Dolores, donde al parecer reposaban sus despojos,  y sus restos se pierden.

Añadamos que también se desconoce el paradero de  Cervantes, Lope de Vega y Velázquez, entre otros muchos.

Valladolid también tiene historias parecidas a esta, y conserva unos cuantos enterramientos bien conocidos que merecen ser señalados. Y a ello nos vamos a dedicar a continuación.

 

Berruguete falleció en septiembre de 1561 y fue enterrado en Ventosa de la Cuesta, pueblo vallisoletano que era de su propiedad. ¿Por qué? Para pagar sus campañas bélicas Felipe II mandó vender numerosas propiedades de la corona, y entonces Berruguete compra Ventosa de la Cuesta. Eso le dio señorío y le permitió subir en la escala social, pues a pesar de su fama, no dejaba de carecer de nobleza.  Hay que decir que hasta finales del XIX no se supo que estaba enterrado en el altar mayor de  la iglesia de Ventosa, pero también sabemos que unas reformas que se hicieron en el suelo de la iglesia en 1768 borró las huellas y restos de su tumba, por lo que ahora mismo no se sabe dónde pueden parar.

 

 Pedro Niño, fundador de la iglesia de San Lorenzo, fue enterrado en la misma  Sin embargo en Recuerdos y Grandezas se transcribe incluso el texto de su lápida en la iglesia de San Lorenzo, de Valladolid.  Pedro Niño falleció en Cigales en 1453, lo que ha llevado a que en más de una publicación se indique que fue enterrado en aquella localidad. Puede ser incluso cierto que lo fuera hasta el traslado de sus restos a Valladolid. Mas, ahora mismo no se conoce con precisión donde está su enterramiento. Sabemos que en el suelo de la iglesia de San Lorenzo había una losa que decía: “Aquí yace sepultado Don Pedro Niño (que) hizo edificar este templo desde los cimientos arriba.” Pero diversas reformas, también en el enlosado de iglesia han debido remover su ubicación por lo que, hasta donde sé, nadie puede indicar con mínima precisión donde yace. Personaje interesantísimo de la historia de España este Pedro Niño: I Señor de Cigales y de Valverde, y  I Conde de Buelna , fue un destacado militar: marino y corsario al servicio de Enrique III, recorrió todo el Mediterráneo y también navegó por el Canal de la Mancha y Flandes. Foto antigua de la iglesia de San Lorenzo.

 

Mas, como estamos en centenario del fallecimiento del Conde Ansúrez, forzoso es referirse a él: todos damos por bueno que sus restos descansan en el enterramiento que hay en la Catedral de Valladolid. Así lo asegura un estudio de José Zurita Nieto, canónigo de la Catedral de Valladolid. Sostiene en un trabajo de investigación sobre el conde fechado en 1918, que los restos de Ansúrez se acomodaron debajo del coro alto de la Colegiata construida por el conde. Que en la nueva colegiata del XIII sus huesos fueron a parar al crucero, guardados en una caja de piedra.  Que en 1674 se trasladaron a la nueva Catedral. Y que con el tiempo  recalaron en la capilla que hay junto al Evangelio (al lado izquierdo según se mira al altar)…

 

… Sin embargo de los restos de su esposa doña Eilo nada se sabe. Ambos dejaron dicho que querían ser enterrados en la iglesia de San Benito el Real de Sahagún de Campos. ¿Por qué entonces él está enterrado en Valladolid? Pero es que, además, los restos de Eilo no están (ni han debido estar nunca) en Sahagún. ¿Dónde entonces? Sin embargo todas las publicaciones sobre el asunto repiten que fue enterrada en Sahagún.

 

Y ¿qué decir de nuestro apreciado Gregorio Fernández? pues que tampoco sabemos muy bien cuáles son sus huesitos: el 22 de enero de 1636 fue enterrado en una sepultura de su propiedad en el Convento del Carmen Calzado de Madrid, donde había llevado a cabo diversos trabajos. En el siglo XIX la Real Academia de Bellas Artes quiso erigir un monumento en su honor, pero al levantar su lápida se encontraron muchos huesos y restos mezclados de diferentes personas que nada tenían que ver con él, pues la sepultura había cambiado de propiedad en el siglo XVIII y se habían añadido otros difuntos ¿y sacados sus restos? La imagen es un retrato que se conserva en el Museo de Escultura de Valladolid.

 

Tiene Valladolid el recuerdo de un héroe irlandés: Red Hugh O´Donnell. Falleció en el castillo de Simancas en septiembre de 1602 y fue enterrado en el antiguo convento de San Francisco que estaba en la plaza Mayor de Valladolid. Tiene una placa que lo recuerda en el llamado callejón de San Francisco. Con la destrucción del templo sus restos desaparecieron. Este personaje, hijo de reyes,  destacó por luchar contra las tropas invasoras inglesas. Aunque tuvo sonadas victorias, finalmente tuvo que huir de su país con parte de sus capitanes y vino a refugiarse en España, donde creyó que Felipe II le proporcionaría medios para volver a conquistar su isla… pero el monarca demoraba su decisión y en ese tiempo se produjo la muerte del héroe irlandés. Por cierto, también en este convento fue enterrado Cristóbal Colón.

 

 Veamos, ahora, unos enterramientos bien conocidos. María de Molina, la gran señora de las reinas de España, conocida, por sus méritos, “La grande”, está enterrada en el Monasterio de las Huelgas Reales, al que, por cierto, se puede acceder por la calle de los Estudios los domingos en la misa de 12.

 

 En el interior de la iglesia de la Magdalena está el sepulcro de Pedro  de la Gasca, obra en alabastro de Esteban Jordán. La Gasca fue un obispo pero también diplomático y militar. Entre otras muchas cosas que hizo, está la de acabar con la rebelión de Gonzalo Pizarro en el Virreinato del Perú, por lo que se le conoce como “el pacificador”.

 

 

En el suelo del zaguán de la iglesia de San Pedro Apóstol se puede ver una lápida con su inscripción  ya muy desdibujada. Se trata del sepulcro del general Malher, oficial del ejército de Napoleón, que murió en unos ejercicios militares que la tropa estaba realizando en los altos de San Isidro. Al parecer a uno de los soldados se le disparó fortuitamente el fusil y salió impulsada la baqueta, hiriendo de muerte a Malher.

 

Don Álvaro de Luna fue ejecutado en Valladolid, degollado, tal como estaba reservado a los nobles: a los delincuentes comunes se les ahorcaba. Por cierto, es completamente falsa la leyenda de que su cabeza fue colgada en la “famosa” argolla de la plaza del Ochavo. Fue enterrado en la iglesia de San Francisco, hasta que  hacia 1498 sus restos fueron trasladados por su familia hasta la capilla que fundara el Condestable en la catedral de Toledo, en la que descansa junto a su segunda esposa doña Juana de Pimentel, conocida, desde que su marido fuera ejecutado, como “la triste condesa”.  Álvaro de Luna fue un personaje muy  significado de la historia de España: maestre de Santiago y Condestable de Castilla,  llevó el gobierno de los reinos por muchos años hasta que sus días finalizaron en la ejecución de julio de 1453. Cuadro del Museo del Prado.

 

Y finalizamos nuestro paseo por el mundo de los difuntos con este curioso enterramiento. Existe la creencia de que en la iglesia del municipio de San Román de Hornija fueron enterrados el rey godo Chindasvinto y su esposa Reciberga. Si traigo a colación este supuesto enterramiento es por concluir con uno de los más hermosos epitafios que se conocen. Hay varias versiones, en razón de su traducción, pero todas son muy similares, así nos quedaremos con esta que comienza así: “Si se pudiera evitar la muerte dando joyas y oro, ningún mal podría acabar con la vida de los reyes. Pero, como la suerte golpea por igual a todos los mortales, ni el dinero salva a los reyes, ni el llanto a los pobres. Desde aquí, esposa, porque no pude vencer al destino, concluido tu funeral, te encomiendo a la protección de los santos, para que, cuando el fuego voraz venga a abrasar la tierra, resurjas unida a ellos. Y ahora, amada mía Reciberga ¡adios! Mientras prepara el féretro tu amado rey Chindasvinto”

 

 

IX CENTENARIO DEL FALLECIMIENTO DEL CONDE ANSÚREZ

Organizado por el Ayuntamiento de Valladolid, entre otras actividades que se van a llevar a cabo con motivo del IX centenario del fallecimiento del conde Ansúrez, repoblador de Valladolid, y uno de los personajes más importantes en vida de los reinos cristianos del noroeste español del siglo XI y XII, voy a dar varias conferencias en centros cívicos de la ciudad.

La primera será el próximo sábado 3 de noviembre en el centro cívico José Mosquera, a las 7 de la tarde.

FUEGO EN CASTILLA: VICENTE ESCUDERO EN EL MUSEO DE ESCULTURA

El Museo de Escultura acaba de inaugurar una pequeña-gran exposición. Algo así como una delicatesen de la fotografía y el cine.

 Se trata básicamente de fotografías, hasta ahora nunca publicadas, que rememoran el rodaje de “Fuego en Castilla”. Es un mediometraje dirigido por José Val del Omar en el cual la mitad de las escenas se rodaron, por la noche, en el interior del Museo con el sonido producido por la danza del bailarín Vicente Escudero… que en ningún momento se ve en imagen, por lo que estas fotos que ahora se exponen son un excepcional reportaje fotográfico que en su día hizo el fotógrafo vallisoletano Filadelfo González.

La película –de unos 20 minutos de duración y que se proyecta en la exposición-  que se rodó entre 1957 y 1960 (como puede el lector imaginarse, con numerosas y largas interrupciones), fue premiada en el Festival de Cannes de 1961 por la fuerza de sus imágenes y su banda sonora electroacústica. También recibió premios en festivales de España y Latinoamérica.

El film, rodado con una cámara del año 1928  es, en realidad, poesía visual y acústica, sin ninguna palabra ni texto, que refleja la Semana Santa Vallisoletana en su primera parte, y las imágenes del interior y esculturas del Museo con el añadido sonoro de la danza de Escudero.

Val del Omar, que ahora da nombre a un Archivo que estudia y custodia su obra, fue un director excepcional, pionero del cine experimental  y vanguardista de la tecnología (de entonces), aplicada al celuloide. Vivió entre 1904 y 1982. Colaboró con las Misiones Pedagógicas de la Segunda República y entró en contacto con los escritores, artistas e intelectuales de la época: García Lorca, Luis Cernuda y María Zambrano, entre otros muchos. Rodó otras dos películas: “Aguaespejo Granadino” y “Acariño Galaico”. Es decir las tres Españas: lo que él llamó el tríptico elemental de España: estamos hablando de las décadas del 50 al 80.

La Seminci de este año 2018 va a recordar a este director desconocido para el gran público pero irrepetible al que, como casi siempre, más se valora y estudia fuera de nuestras fronteras que entre nosotros.

 

Imágenes de Vicente Escudero y su sombra tomadas por Filadelfo durante el rodaje en el Museo de Escultura. Archivo Municipal de Valladolid (AMVA).

 

 Instantáneas en las que se aprecian detalles técnicos del rodaje en el que su  utilizaron diversas esculturas del Museo. Mediante su técnica cinematográfica a medio camino entre la artesanía y la alta tecnología,  que Val del Omar bautizó como “tactilvisión”, creó en sus películas imágenes realmente sorprendentes e irrepetibles.  El Archivo Val del Omar conserva y documenta todos estos objetos que inventó el cineasta. Filadelfo (AMVA).

 

José Val del Omar escucha los comentarios que Vicente Escudero le hace sobre la imaginería castellana. Filadelfo (AMVA).

 

Una delicia ver como Vicente Escudero recorre el museo con Val del Omar hablando y acariciando las obras de los grandes imagineros castellanos. Filadelfo  (AMVA).

 

Diferentes imágenes de la exposición, en la que se exhiben algunas de las esculturas que aparecen en el mediometraje, con una iluminación que hace que proyecten sombras que alteran su escala y ofrezcan al espectador unas sensaciones realmente  sorprendentes.

 

 

 

Diversas imágenes del film Fuego en Castilla, que se proyecta continuamente en la exposición.

 

Vicente Escudero decía que las figuras de los escultores  Berruguete y Juan de Juni transmiten e inspiran movimiento: alegrías, zapateados, bulerías e incluso seguiriyas. Teoría que recogió el Dr. Luis Castro en un libro titulado “El enigma de Berruguete. La danza y la escultura”.

 

Portada del Diario Regional de 30 de marzo de 1957 en la que se recoge la noticia de la filmación de Fuego en Castilla.

 

 Por cierto, no se olvide el visitante del artesonado de la sala: de madera en su color, procedente de la iglesia de San Vicente, de Villar de Fallaves (Zamora). Está fechado hacia 1540.

 

NOTA: En este mismo blog puede leerse el artículo: Homenaje a los fotógrafos: los Filadelfo como ejemplo.

 

PUENTES SOBRE EL PISUERGA

Tan acostumbrados estamos a pasar sobre los puentes del Pisuerga que terminamos por ignorarlos. Sin embargo, Valladolid tiene puentes de cierta belleza arquitectónica y, otros, cargados de historia. Los senderos que se han ido acondicionando en ambas orillas del río nos facilitan, además,  su contemplación.

Nuestros puentes han servido, unos,  para hacer ciudad, como los que en los años cincuenta se construyeron para “asaltar” la Huerta del Rey;  y otros, como el Mayor y el de Hierro o Colgante, para conectar partes de la ciudad que de antiguo existían y, sobre todo, enlazar con caminos y carreteras.

Valladolid tiene 11 puentes y dos pasarelas peatonales que se han ido construyendo con diversos estilos. No podemos olvidar que son obras de ingeniería y, por tanto, más atentas a solucionar los problemas técnicos y resolver las conexiones viarias.  Aun así en unos cuantos de ellos podemos ver arcos, tirantes  y pilares de muy agradable factura.

No obstante esto de los puentes no es una cosa “pacífica”, pues hay quienes piensa, y no sin razón, que un exceso de puentes destruye la belleza natural que nos ofrece el Pisuerga, pues a pesar de que ha habido demasiada permisividad para levantar edificios exageradamente encima de sus riberas (y especialmente el llamado Duque de Lerma), Valladolid puede presumir de río, de márgenes, de vegetación, y de paseos junto a sus orillas.

Los puentes han dado lugar a números dichos y refranes que no son sino metáforas  para interpretar la vida y las relaciones humanas. Así, empleamos con frecuencia frases como  “tender puentes”, “quemar los puentes”, “a enemigo que huye puente de plata”… o esta bonita frase atribuida a Isaac Newton: “Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes”.

Un somero vistazo sobre los puentes de nuestra ciudad nos da una idea precisa de cómo cambió Valladolid: en 600 años solo se construyeron dos puentes (siglo XIII- XIX): el Mayor y el Colgante; y en menos de sesenta años (1955-2011) se construyeron nueve y dos pasarelas peatonales.

Pues bien, no vamos a pasar sobre los puentes, sino a “disfrutar” de ellos. Por tanto, cuando atravesemos el río, invito a que dediquemos unos minutos a observar los puentes que queden a nuestra vista.

Es necesario indicar, cuando hablemos de cada puente, que no siempre hay coincidencia entre los datos que se manejan en las diversas fuentes que he consultado: hemeroteca, archivo municipal, paneles informativos y publicaciones. Me refiero a, por ejemplo, fecha de inauguración, de apertura al público o incluso longitud (pues depende de qué se considere el puente: si solo su voladizo sobre el agua o los accesos también, etc).

 

El puente Mayor,  cuya construcción en piedra hay que situarla más bien en el siglo XIII,  parece que en origen tuvo una construcción alomada (muy propia de los puentes románicos) y no rasante, como ahora lo vemos. A lo largo de su historia  ha sufrido numerosas reformas y reparaciones producidas por daños causados por riadas, por adaptaciones al tráfico o por la famosa voladura de varios arcos que provocaron los franceses en 1812. Tiene 10 arcos  y una longitud de 153 metros. El dibujo está tomado del libro de Ventura Pérez y refleja como sería el puente en el siglo XVIII.

 

 

Siguiendo el orden cronológico, el segundo puente que cruzó el Pisuerga fue el de Hierro, de Prado o Colgante, descrito en su día por la prensa como “modelo de solidez y elegancia”.  Su construcción se remonta al año 1865.   La estructura la realizó la empresa John Henderson Porter,  en Londres. Tiene una longitud de 75 metros. Entonces, el viejo Monasterio de Nuestra Señora de Prado ya estaba reconvertido en cárcel. Por eso, en ocasiones se hablaba del “puente del presidio”: de hecho, hasta la construcción de este puente, había un servicio de barcaza entre una y otra orilla que prestaban presidiarios de confianza. Un puente que, según las crónicas, estaba llamado a “prestar muy buen servicio a nuestra ciudad y a muchos pueblos de la provincia situados al otro lado del río”. Su construcción, más cabría decir ensamblaje de las vigas de hierro  apoyadas sobre los sólidos pilares de hormigón,  fue realmente rápida, pues si en junio de 1864 se habían acopiado junto al río los materiales de obra, en abril del año siguiente, exactamente el día 11, se hicieron las pruebas de carga para a continuación abrirlo al público, previa inauguración llevada a cabo el 19 de aquel mes de 1865.

 

 

El tercer puente sobre el Pisuerga, llamado de Isabel la Católica (nombre oficial), José Luis Arrese (ministro de Vivienda)  o del Cubo (por estar a la altura del viejo puente del Cubo que cruzaba sobre la desembocadura del Esgueva en este punto de la ciudad). En 1956  ya estaba abierto al tráfico de vehículos pero sabemos que el 25 de diciembre de 1955  ya se permitió el paso de peatones.  Mide 110 metros y,  como el del Poniente,  fue proyectado por el Sargento de Ingenieros Luis Díaz Caneja Pando.

 

El puente del Poniente, o  de González Regueral (nombre oficial del puente y alcalde de Valladolid entre 1949 y 1957), fue otro de los que se pensaron para dar el salto al otro lado del río sobre los terrenos de la Huerta del Rey. El  último día de febrero de 1957 los vallisoletanos comenzaran a pasar por el puente de 131 metros de longitud que se bautizó como de Vicente Mortes (a la sazón ministro de Vivienda entre 1969 y 1973).

 

 

Puente de García Morato (militar), que es como se le conoció desde el principio) o de Sánchez Arjona (ministro de Vivienda entre 1960 y 1969). Su nombre correcto, de reciente acuerdo, es de Adolfo Suárez. Mide 200 metros.  En septiembre de 1967 se llevaron a cabo las pruebas de resistencia y el día 9 de octubre de 1967 se inauguró este  quinto puente de la ciudad: “cinco puentes y sobre el Pisuerga y el sexto en proyecto”, relató la crónica de El Norte de Castilla. (Ripio de Ansúrez publicado  en su día en El Norte de Castilla)

 

Arturo Eyríes (responsable de servicios militares de Farmacia), de la División Azul, del Palero, o del Doctor Quemada –que es su nombre oficial-  es el sexto puente. Fue de iniciativa privada puesto que esta fue la condición del Ayuntamiento para que los promotores de este nuevo barrio obtuvieran los permisos correspondientes. No ha sido posible determinar una fecha concreta de inauguración o apertura al tráfico. En cualquier caso, en 1972 ya estaba en uso y la información oficial sobre su longitud nos habla de 102  metros.

 

Puente (o puentes gemelos) del Cabildo.  Ya estaban abiertos al tráfico  en 1988, aunque su inauguración oficial se hizo en enero de 1989. Tiene una longitud de  180 metros y es nuestro séptimo puente.

 

El de Juan de Austria o popularmente, de El Corte Inglés, se inauguró  el 19 de mayo de 1990. La información técnica del proyecto da la cifra de 214 metros de longitud, aunque  El Norte de Castilla manejó el dato de 175.

 

Puente de la Hispanidad, también lo llaman Atirantado, o de la Ronda.  Se inauguró 12 de mayo de 1999 y  se festejó con fuegos artificiales, actuaciones musicales y una limonada. Asistió una enorme cantidad de  público: allí se mezclaron los curiosos,   una parte del vecindario crítico con el alcalde de entonces, trabajadores que protestaban porque se acababa de condenar a cárcel o multa a varios  policías municipales y bomberos que habían llevado a cabo una sonada sentada sindical en dependencias de la Casa Consistorial…  en fin una auténtica multitud. Este puente supuso un cambio sustancial respecto a los puentes que se habían construido en las décadas 50 y 60. Se quería hacer una construcción de esas que se suelen llamar emblemáticas, de tal manera  que tuviera una estética muy agradable incluyendo una iluminación singular. Los mástiles tienen 25 metros de  altura, y el puente 156 metros. (Las Imágenes en blanco y negro son de El Norte de Castilla).

 

La condesa Eylo  tiene entre la Rondilla y la Victoria un puente  (130 metros) que lleva su nombre. Es el décimo con que cuenta Valladolid. Una paellada popular acompañó su inauguración el sábado 22 de mayo de  1999.

 

Corría el 25 de marzo de 2011 y se inauguraba el puente de Santa Teresa. Se trata del undécimo  y último hasta la fecha de los puentes rodados sobre el Pisuerga. Tiene una longitud de 194 metros, y el alcalde cortó la cinta en medio de una controversia entre una parte del vecindario y el consistorio, pues los primeros no veían la necesidad de tal obra que, además, consideraban muy costosa.

 

El Museo de la Ciencia cuenta con el complemento de una bella pasarela peatonal. En junio de 2004 ya estaba en servicio. Se hizo siguiendo el diseño del afamado arquitecto Rafael Moneo y su socio Enrique de Teresa, que a su vez son los responsables del Museo de la Ciencia. Tiene una longitud total de 234 metros  (o 400 según se quiera considerar): en cualquier caso, la estructura metálica característica de la pasarela mide 111 metros y pesa 200 toneladas.

 

Gómez Bosque, entrañable y querido médico vallisoletano, por su compromiso social y político que falleció en junio de 2008, tiene el homenaje de la ciudad dando nombre a una pasarela peatonal que une el Camino Viejo de Simancas con el barrio de Arturo Eyries. Se trata de una estructura de ligero aspecto y de 100 metros de longitud, en la que se pretende que la iluminación tenga un protagonismo destacado: se inauguró el 14 de marzo de 2011.

 

Y terminamos nuestro deambular  por los puentes del Pisuerga  con un par de panorámicas: una, cuando ya construidos los puentes de la Huerta del Rey, el barrio aún no se había comenzado a edificar (Archivo  Municipal); y otra, una vista aérea tomada durante un paseo en globo sobre la ciudad.

RONDANDO LA MEMORIA DEL MARINERO PONCE DE LEÓN

Vamos a darnos un paseo motorizado, o en bici quien la quiera llevar, por un rincón extremo de la provincia vallisoletana en plena Tierra de Campos y fronterizo con Palencia y León. Llegaremos hasta Melgar de Arriba, el término municipal más alejado de la capital: hablamos de más de noventa kilómetros. Recorreremos pueblos pequeños pero, en algunos casos, con un patrimonio más que sobresaliente que no hace sino testimoniar la riqueza que en otro tiempo tuvieron estas tierras de abundante y codiciado trigo. Los nobles  castellanos y leoneses se disputaban entre sí estas tierras panaderas que garantizaban la alimentación de la población, la soldadesca, la caballería y el ganado.

El cereal financió la construcción de grandes paneras, hospitales, templos y casonas palaciegas tan características de la zona.

Ahora, las gentes de este rincón buscan que sus pueblos sigan sobreviviendo y tengan algún futuro intentando que la galopante despoblación no se los lleve por delante.

Así que dispongámonos a disfrutar de paisajes  y a callejear por un puñado de municipios que tienen en los ríos  Cea  y  Valderaduey  el agua que riega  sus tierras, y en otro tiempo también feraces huertas. Algo que desmiente la imagen de Tierra de Campos como comarca sedienta.

 

Fontihoyuelo detenta en la actualidad el “título” de segundo pueblo menos habitado de Tierra de Campos. No entiendo muy bien qué lógica tiene poner esto en el gran cartelón que te recibe al llegar a su caserío. Sobre todo porque desde que hace ya unos cuantos años se escribiera el texto del panel me temo que unos cuantos pueblos terracampinos habrán seguido perdiendo población de forma notable. Fontiyuelo, como otros municipios que vamos a visitar, está en el Camino de Madrid. Es decir el camino que hacia Santiago de Compostela seguían quienes venían del centro de la península. En la imagen dos peregrinos y una panorámica de las bodegas del municipio: aunque no veamos en nuestro recorrido, no podemos olvidar que la uva y el vino, incluso en estas tierras en las que prácticamente ningún testimonio queda, fue muy importante para la alimentación de los habitantes de estas tierras.

 

 

Dejamos atrás Fontihoyuelo para llegar a Villacarralón. Otro municipio que no alcanza el centenar de habitantes pero que muestra un patrimonio que habla de un pasado rico en gentes y actividad. En las imágenes, y de arriba abajo, la fachada del Hospital, que nos relata el trasiego de peregrinos que en otro tiempo debió tener; la panera, de grandísima capacidad y que por el escudo que preside su puerta debió estar bajo la administración eclesiástica, y la torre de la antigua iglesia de San Pedro. Varias casonas dan fe de prósperas haciendas.

 

 

Santervás de Campos, como la mayoría de los de la zona, hunde sus raíces en los siglos IX y X. Es decir, en una temprana repoblación de la Meseta por los señores del reino de asturleones. Tiene en Ponce de León, a su más afamado hijo al que el municipio le ha dedicado un museo que recorreremos al final de este reportaje. Ábside de la iglesia de san Gervasio y san Protasio, uno de los hitos más señeros del mudéjar en Valladolid. Relatan algunos historiadores que el nombre de Santervás tal vez venga de una contracción de San Gervasio. Entre los dos laterales mudéjares se incrusta una construcción plenamente románica. Caserón. Mural que lleva la firma de Manolo Sierra y que deja constancia de la pugna que entre esta localidad y otras,  y entre los habitantes de cada municipio,  se vivió hace unos años en torno a si albergar o no un almacén de residuos nucleares.

 

Melgar de Arriba, junto al cauce del Cea, tiene en el interior de su iglesia de San Miguel uno de los retablos más importantes de la provincia: del siglo XV y atribuido al escultor maestro de Calzada, de la escuela de Pedro Berruguete. Está presidido por el arcángel San Miguel y algunas de sus tablas se han expuesto de las Edades del Hombre. Panorámica de la montaña palentina desde el campanario de la torre de Santiago Apóstol,  y característicos palomares de Tierra de Campos.

 

Melgar de Abajo forma parte de la Zona de especial protección para las aves que se conoce como La Nava-Campos Norte perteneciente a la Red Natura 2000. En lo alto,  domina una impresionante vega sobre el río Cea. Una escultura que ha dejado el programa cultural Arte Campos; y la plaza del pueblo con el Ayuntamiento y la iglesia del Salvador, del siglo XVI.

 

Panorámica de Monasterio de Vega. En primer término la chimenea de una antigua fábrica de ladrillos; y detalle del monasterio, que asienta sus orígenes en el siglo X pero que lo que ahora vemos es fábrica del XVI. Estaba vinculado a la orden benedictina y actualmente es de propiedad privada.

 

Iglesia de san Pedro de Advícula y una antigua panera en Saelices de Mayorga. Son varios los “saelices” que hay en la geografía española y a los lectores más curiosos dejo el entretenimiento de buscar el origen de semejante término.

 

El pequeño municipio de Cabezón de Valderaduey guarda sus mejores galas en el pequeño artesonado mudéjar del siglo XVI con un característico mocárabe en su centro. Está en  la iglesia parroquial.

 

Villagómez la Nueva es de esos municipios aparentemente anodinos que, sin embargo,  sorprende con detalles de singular interés, como las ruinas de un castillo palacio del marquesado de San Vicente: un título nobiliario que arranca en el siglo XVII de la mano de Carlos II y con una trama familiar ligada a ilustres apellidos italianos que daría para un folletín… Ojo, no confundir con el marquesado de San Vicente del Barco, que en este título andan enredados vástagos de la casa de Alba… y la “Laguna”, una especie de monumento natural en el centro del pueblo, un manadero natural de antiquísima procedencia.

 

Y concluiremos nuestro itinerario circular en Vega de Ruiponce. Guarda este municipio una de esas cosas tan curiosas como raras: la llamada “piedra del milagro”. Un piedra de cuarcita (mineral inexistente en la zona) de media tonelada que como nadie se explica cómo llegó hasta aquí pues se acude a la leyenda, una buena manera de hacer familiar lo que es completamente ajeno y desconocido: hace siglos un arriero robó aceite (dicen unos) o telones (dicen otros) de la ermita que hay en sus inmediaciones. Detenido el supuesto ladrón juró que si era verdad aquello de lo que se le acusaba, que muriera uno de sus bueyes… y en efecto, uno de ellos reventó dejando sobre el suelo su gran vientre… que es la piedra que se contempla sobre un pequeño pedestal en medio de una sombreada chopera. Antiguas escuelas, y una vieja panera que amenaza ruina. Tuvo Vega de Ruiponce numerosas y feraces huertas que sus propietario regaban son pozos someros. “Pero ahora… ya ve ud…”  relatan unos cuantos tertulianos que pasan la mañana al abrigo de los muros de la ermita.

 

 

El museo de Ponce de León en Santervás de Campos rinde recuerdo y homenaje al personaje más famoso nacido en la localidad. Nacido en 1460 y fallecido en 1521, fue un insigne marinero que vivió casi toda su vida en América: participó en el segundo viaje de Colón, exploró la isla de San Juan, descubrió La Florida en 1513, murió en La Habana, y sus restos yacen en la catedral de Puerto Rico. El museo, de 600 m2. está en una casona del siglo XVII y comparte edificio con el albergue del Camino de Santiago. El proyecto museológico, del que destaca la reconstrucción de la  proa de un barco, es idea del director de teatro Raúl Gómez, que fue el impulsor de FETAL (festival de teatro), en Urones de Castroponce. Reproduce mobiliario y hechos tanto de Ponce de León como de la época que le tocó vivir. Por cierto, el insigne marinero recibió uno de los encargos más curiosos de la historia de la humanidad: el rey Fernando  le ordenó la misión de localizar la Fuente de la Eterna  Juventud… ni más ni menos… y en ello anduvo por la isla de Bimini, que es donde la leyenda indígena relataba su existencia. La escultura que preside la plaza delante del museo es obra del vallisoletano Luís Santiago Pardo.

 

NOTA: para visitar el museo, concertar en el teléfono 619 252 457

EL HEREJE CUMPLE VEINTE AÑOS

En el mes de septiembre  de 2018 que corre, se cumplen 20 años de la primera edición de “El hereje” última novela que escribió Miguel Delibes y que se ambienta en Valladolid. Buen pretexto para recordarla e introducirnos en el mundo de la Inquisición o Santo Oficio en Valladolid.

La novela de Delibes es, sobre todo, una narración sobre la tolerancia, o la intolerancia, según como se mire. Relata unos de los  episodios más duros que vivió Valladolid a lo largo de los muchos años de existencia de la Inquisición. Hablamos del año 1559. Aquel año en realidad hubo dos autos de fe: en mayo y en octubre. Entre ambos fueron quemadas 27 personas y los huesos de otras dos. También hubo 26 arrepentidos a los que se impuso penitencia.

Como sabemos, la llamada Inquisición “moderna” duró, con mayor o menor intensidad desde que en 1478 la reintrodujeron los Reyes Católicos  hasta que definitivamente quedó abolida en 1834 bajo el reinado de Isabel II, con un breve intervalo tras su abolición por las Cortes de Cádiz. Antes, en la Edad Media, desde el siglo XII  hasta principios del  XV, también hubo Inquisición en España, bien es verdad que bajo el control papal, cosa que fue distinta que con los Reyes Católicos, que eran ellos quienes la controlaban.

Valladolid, una villa por entonces (el título de ciudad no le fue concedido hasta 1596), se convirtió en el epicentro de la lucha religiosa contra el luteranismo. Felipe II quiso dar un castigo ejemplar al núcleo protestante que había en la villa.

Pero, antes de continuar, bueno será hacer un comentario acerca de la palabra “hereje”. Ha quedado en los diccionarios de la lengua  como “Persona que niega alguno de los dogmas establecidos en una religión. Persona díscola” , etc. Cuando su origen etimológico se acerca más a “decisión,  opción”… también “separación”. Es decir, persona que decide, que opta. Le pasa lo mismo que a la palabra “pagano”, que no significa sino habitante de los pagos (granjas) romanas alejadas del imperio. Pero la historia ha terminado por aplicarla a quienes no abrazan el cristianismo ni ninguna religión monoteísta; o persona no bautizada.

Y volvemos a Delibes. Muchos críticos han resumido la novela indicando es que es una historia de amor, pasión, odio, intolerancia, y también de amistad y decepción. Un crítico literario en 1998 escribió que sin ser para nada aficionado a Delibes, sin duda recomendaba la lectura de este libro, por tratarse de buena literatura y de una gran historia.

 

La obra nos lleva a recorrer el Valladolid del siglo XVI a través de la calle Santiago, la judería, la plaza Mayor,  el puente Mayor o la catedral. Siguiendo estos rincones, el Ayuntamiento ha organizado la “ruta del Hereje”. Y que comienza en el barrio de la judería, donde Cipriano tenía su almacén e industria de confección de pieles.

 

La historia se articula en torno a la familia Cazalla, y en concreto Agustín, cabeza más notoria del movimiento luterano en Valladolid, y que era Capellán de Carlos I. Predicaba en la corte del emperador y famosos fueron, también, sus sermones en la iglesia de Santiago de nuestra ciudad. En la imagen, uno de los rótulos que señalan los lugares que aparecen en la novela de Delibes: iglesia de Santiago.

 

La novela de Delibes, que también es un tratado sobre el amor, nos lleva por diversas ciudades, pueblos y parajes que el protagonista principal, Cipriano Salcedo, próspero comerciante de Valladolid, recorrió  numerosos lugares a lo largo  de su vida buscando  a Minervina, la dulce criada que le crió. Nuestro protagonista quedó huérfano de madre después del parto, causa por la  que su padre le odiará toda su vida y le internará en un orfanato  tras su primera niñez, separándole  de  su querida Minervina. La ilustración es del propio libro.

Auto de fe en la plaza Mayor, bastante idealizada por parte del autor. Aquellos juicios fueron rápidos y muy severísimos. El primero  estuvo presidido por Juan de Austria. Comentan algunos historiadores que Carlos I en realidad veía a los luteranos españoles más como enemigos políticos que disidentes religiosos. El segundo Auto de Fe, de octubre, estuvo presidido por Felipe II. La lámina es una copia de Verico, tomada del Voyage de Laborde.

 

La cruel e implacable condena llevó a que los que no se arrepintieron fueran  abrasados en las hogueras levantadas en el Campo Grande, en una época que en realidad era un inmenso descampado dedicado a exhibiciones militares, justas de caballeros y recepción de autoridades que provenían de Madrid, pues del Campo Grande partía este camino principal que comunicaba con la Corte. Tan cruel fue la condena que incluso desenterraron los restos de Leonor de Vivero (que estaban en la iglesia de San Benito), madre del doctor Cazalla, para arrojarlos al fuego. También fueron ejecutados Francisco, Beatriz y Pedro, hermanos del doctor. Dice la historia que Cazalla, que adjuró, recibió el “trato favorable” de ser previamente estrangulado para que no sufriera los horrores del fuego. En total, trece fueron los ejecutados, entre los que estaban cuatro monjas bernardas del convento de Belén, donde actualmente está el colegio de San José, en la plaza de Santa Cruz. A mayores, la condena mandó asolar las casas del Doctor Cazalla y de Leonor de Vivero.

 

De todas formas, el Santo Oficio no se limitaba solo a juzgar a quienes se apartaban de la estricta fe católica, sino que también ejercía la censura de pregones y publicaciones, como puede verse en este texto de Calixto y Melibea conservado en la Universidad de Valladolid.

 

La última sede que tuvo el Santo Oficio fue un gran edificio que ocupaba la esquina de Real de Burgos con Madre de Dios. Se sabe que antes la sede la tuvieron en calle Francos (actual calle Juan Mambrilla) y luego en la calle Pedro Barruecos. En la foto, el actual colegio Macías Picavea, donde estaba la última sede de la Inquisición, junto a la iglesia de San Pedro Apóstol, lugar donde se celebraban los llamados “autillos”, es decir juicios menores. La última sede se quemó por los cuatro costados la noche del 6 al 7 de diciembre de 1809   debido a que por el toque de queda impuesto por el mando francés, no se podían tocar las campanas llamando a fuego.

 

Cuadro de Goya titulado “Auto de fe de Inquisición”. A los reos se les ve con el capirote característico de los acusados. Está depositado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

 

Delibes ha tenido unos veinticinco premios y reconocimientos de especial interés, entre ellos el nombramiento de Doctor Honoris Causa por varias universidades, incluyendo la de Valladolid. Ha sido premio Nadal, Nacional de Narrativa, premio de las Letras de Castilla y León,  Miguel de Cervantes y, finalmente, de nuevo el Nacional de Narrativa en 1999 precisamente por la novela El hereje. Placa instalada en la calle Santiago, en los muros de la iglesia de Santiago. El autor de la placa es el artista vallisoletano Luis Santiago Pardo.

 

Dedicatoria original de Delibes grabada en la placa de la calle Santiago. En total, Delibes, que nació el 17 de octubre de 1920 y falleció el 12 de marzo de 2010,  contabiliza unas cuarenta y cinco narraciones. De las que Los Santos Inocentes, El disputado voto del Señor Cayo y Las Ratas, han sido llevadas al cine.