CEINOS DE CAMPOS: UN PUEBLO DE VIEJA HISTORIA (I)

Ceinos de Campos es uno de esos municipios terracampinos que a pesar de que, como muchos de la comarca, ha venido a menos, su caserío desborda riqueza y poderío por todas sus costuras.

El trigo, con el que señores feudales y reyes   garantizaban la intendencia de sus huestes en las contiendas territoriales que han caracterizado la historia de los reinos de Castilla y León, fue siempre motivo de litigios. Más tarde llegarían las exportaciones, especialmente a las colonias españolas en América y Filipinas, y a las potencias que luchaban en la guerra de Crimea. El Canal de Castilla primero y el ferrocarril después contribuyeron a que el trigo de Castilla fuera una especie de río dorado que enriquecía haciendas, levantaba paneras  y consolidaba casonas.

Además, durante siglos la Cañada Real Leonesa, que pasaba junto al municipio, no hizo sino acrecentar la actividad de Ceinos. Pueblo que presume de vieja historia que se remonta a la existencia de una villa romana hacia los siglos II y IV d. C. Así como, sobre todo, una poderosa bailía templaria (territorio sujeto a la jurisdicción de aquella orden mitad monjes mitad soldados),  que construyó una mítica iglesia de la que aún se conservan algunos desperdigados restos.

Recorreremos el casco urbano de Ceinos,  y para una próxima entrega pasearemos por sus inmediaciones, en las que hay interesantes puntos de interés.

No creo que dadas las dimensiones del municipio, sea necesario establecer un itinerario. Recomiendo aparcar tras el Ayuntamiento y comenzar un paseo distendido y atento por ejemplo por la calle Marqués de Estella, o del Medio, que atraviesan todo el pueblo. El caserío se extiende por detrás del Ayuntamiento: hacia la izquierda está el cementerio (en un alto), y hacia la derecha (también en alto: Castillo o Mota)  el parque que acoge la arquería templaria.

 

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La actual Casa Consistorial, que está en la misma carretera,  se construyó a principios del s. XX, sustituyendo otra que había en lamentable estado

 

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Puerta y torre  de la iglesia de Santiago Apóstol, del siglo XVI

 

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Fachada de una casa en la calle Cantera que por su salida sur conduce hacia el cementerio en lo alto del municipio. Los arcos de las ventanas proceden de la iglesia de Santa María del Temple

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Arco en la puerta del cementerio procedente de Santa María

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Edificio del antiguo pósito, tras la iglesia y junto a los restos de una antigua capilla. Ahora está muy reformado y sirve como salón para diversas actividades

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Algún vecino ilustrado atribuye la rica fachada de este caserón destartalado a los Nanclares: una familia influyente que se remonta al menos al siglo XVII y entre cuyos miembros hubo procuradores y regidores, siempre presumiendo de su condición de hidalgos

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Hay varias paneras de grandes proporciones así como diversos caserones

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Presume Ceinos de haber tenido hijos que en 1575 embarcaron rumbo a  América. A tal acontecimiento se les dedica una plaza en la parte alta de pueblo que llaman Castillo o Mota. Y en este mismo lugar…

 

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… Restos  y detalle de la arquería de la iglesia de Santa María, que  se remonta al siglo XII. Hasta su total destrucción en el siglo XIX sus ruinas sirvieron de cementerio. El problema es que era de reducidas dimensiones  y estaba en pleno casco urbano: a cada enterramiento se removían los huesos de anteriores difuntos, lo que llevó a construir un nuevo campo santo más desahogado y  alejado del municipio. Los arcos antes estaban depositados en el Museo Nacional de Escultura

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El pozo que, junto con algún manantial, abasteció de agua a la población hasta que llegó el agua corriente a las casas

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Conserva el pueblo una cosa que es muy de agradecer tratándose de arquitectura civil,  normalmente muy maltratada: el viejo frontón de 1876 que han integrado en el polideportivo que hay junto al Ayuntamiento. En las imágenes una vista general y detalle de su coronación

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Detalle de la fachada de la casa que está prácticamente frente al Ayuntamiento

 

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Panorámica del entorno de Ceínos, en la que no faltan los característicos palomares de Tierra de Campos… En unos días nos daremos un paseo por la Cañada Real Leonesa

 

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Reproducción del grabado de Santa María del Temple, realizado por Parcerisa (siglo XIX). Publicado en “Recuerdos y grandezas de España. Valladolid (1861)”. Edición facsímil de Ámbito Ediciones

LA MINERÍA DEL YESO

El yeso ha sido  un material que con intensidad se ha extraído de la tierra para atender necesidades del ser humano. Las laderas de los cerros y páramos vallisoletanos son especialmente ricas en yeso  y a poco que nos fijemos cuando paseamos por sus inmediaciones podremos ver “heridas” blanquecinas que señalan la existencia de una vieja mina de yeso.

Hay, en Valladolid, unas cuantas localidades en las que la minería del yeso ha tenido su importancia, bien para el consumo endógeno de sus habitantes como para la venta a otras comarcas y empresas de construcción. Podemos citar, entre otras, a Tudela de Duero, Quintanilla de Arriba, Alcazarén, Iscar, Camporredondo, Cabezón de Pisuerga, Piña de Esgueva, Villavaquerín y Portillo.

Mediado el siglo XIX se sabe que en Alcazarén había producción de yeso que daba trabajo a 100 vecinos.  Cerca de 40 en Iscar. Y en Portillo hubo actividad  relacionada con el  yeso hasta los años 60 del siglo XX, en la que se empleaban unas cuantas familias.

El yeso y la cal se han utilizado en acabados interiores, blanqueo de paredes, sellado de juntas en muros, aislante térmico, fabricación de tabiques y escayolas. Pero también para la noble modelación de piezas de escultura… y para fabricar las modestas tizas con las que garabatear en la pizarra.

Hasta que ya casi al final de la producción de yeso natural se metieron máquinas excavadoras para horadar las galerías yesíferas, lo normal es que la extracción se hiciera a pico y pala para cargar los carros tirados por mulas.

Desde luego sería muy interesante que de alguna manera se recogiera el testimonio de aquella actividad minera tan característica de Valladolid: herramienta, maquinaria, documentos, fotografías…, y se conservara el curioso paisaje que labró la extracción de yeso.

A continuación veremos unas cuantas fotografías en las que se aprecia el  interior de varias minas de yeso, la mayoría de Portillo, y también de Tudela de Duero (la que está entibada mediante columnas de ladrillo). Algunas de estas minas, una vez cesada la actividad se utilizaron (más o menos) de bodega, y en otras se hizo popular la crianza de champiñones en pacas de paja. Veremos, también, un horno para cocer  yeso en el paraje conocido como Barco García (Portillo).

 

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EL CAMINO REAL DE ARAGÓN Y LAS MAMBLAS DE TUDELA

Muy perdido en la memoria de la gente, pero no desaparecido, el Camino Real de Aragón, que también se conoce como camino o senda de los Aragoneses, fue un importante itinerario medieval de la España interior. Servía de vía de comunicación entre los reinos de Castilla y Aragón y para ello atravesaba de Este a Oeste la provincia de Valladolid siguiendo el curso del Duero por su orilla derecha. Una desafortunada señalización en los mapas topográficos actuales y algunos percances naturales que han desdibujado el camino en algún tramo, contribuyen aún más si cabe a borrar las huellas del camino que, sin embargo, aún perviven y son visibles.

Este camino, que viene de Roa de Duero, entra en Valladolid por Corrales de Duero y, además de poblaciones, fue buscando algunas grandes granjas (Sardoncillo) e importantes monasterios, como el de San Bernardo o el de Abrojo. Debe tenerse en cuenta que los que lo transitaban necesitaban de lugares donde ampararse durante la noche, proveerse de viandas y guarecerse en días de adversas condiciones climáticas.

Ahora, con las  autopistas sobre las que circulan grandes camiones cargados de mercancías y vehículos confortables a alta velocidad, ya no se es consciente de que apenas hace cien años aún los desplazamientos entre poblaciones se hacían a pie, salvo nobles y burgueses que disponían de caballerías.

Antiguamente la mayoría de la población moría donde  nacía, y apenas hacía largos desplazamientos. No obstante, el camino Real de Aragón fue vía de comunicación para las más diversas necesidades: las migraciones para trabajos temporeros; los soldados de permiso o de vuelta a casa tras su licencia;  familias que tenían que atender el duelo de deudos cercanos… Por el camino trajinaban profesionales que iban a ofrecer su pericia pueblo por pueblo (alarifes, lañadores, cómicos, curanderos…), vendedores ambulantes y hortelanos de ligera carga. Seguramente, además, había cacharreros ofreciendo cántaros y otros recipientes.

Tampoco faltarían letrados y litigantes camino de los juzgados y la Chancillería vallisoletana —era un foco de actividad muy importante—, hidalgos y nobles que iban y venían a atender sus intereses a la Corte, a las ciudades principales (Valladolid, Zaragoza…) o a sus posesiones de los municipios del camino. Y monjes y frailes de los conventos ribereños del Duero, que con alguna frecuencia viajaban para atender asuntos y pleitos relacionados con sus extensas y repartidas propiedades: pastos, molinos, tierras de labranza…

… Y ¿por dónde viajó nuestro insigne Conde Ansúrez cuando marchó a defender los intereses de su yerno y nieto en las tierras catalanas de Urgel, sino por este camino?

El Camino Real de Aragón a su paso por Valladolid también ha servido para alimentar la fantasía, pues en Tudela de Duero algunas familias cuentan a sus hijos que cada 6 de enero los Reyes Magos vienen por el camino de los Aragoneses. Y no mienten, pues el camino viene de Oriente.

Pero aquellos desplazamientos necesitaban, además de aldeas o granjas donde refugiarse, de accidentes geográficos que permitieran a los viajeros orientarse y verificar que se hallaban en el buen camino: ríos, arroyos, grandes árboles, montes… en fin, alguna singularidad del paisaje que es, en definitiva, lo que ofrecen las Mamblas de Tudela a cuyos pies vamos a recorrer un tramo del Camino Real de Aragón y luego subirlas para disfrutar de espléndidos paisajes. Será un paseo de apenas un par de horas.

Iniciamos nuestro paseo por un camino que nace al pie de la carretera que desde Tudela lleva a Villabáñez.

 

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La senda de los Aragoneses entra en el término de Tudela de Duero después de haber salvado los cortados de Peñalba, y tiene su principal referencia en las llamadas Mamblas. El término mambla viene del latín “mamma”… mámula… es decir mama, teta, pecho como queda de manifiesto en el perfil que ofrecen las de Tudela

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Atrás, salvado Peñalba dejamos una de las Mamblas. Hay que aclarar que las llamadas Mamblas de Tudela son, en realidad tres picos: el de la Mambla a la izquierda, el de la Cuchilla, a la derecha y, lo dicho, otra Mambla que apunta a Villabáñez

 
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Aunque llegó al siglo XX muy en desuso para comunicar los reinos de Aragón y Castilla, sí ha continuado su uso al menos en los tránsitos interiores: en el puente medieval sobre el arroyo Jaramiel, al pie de la Mambla de Tudela (allí donde a la derecha un amplio camino se adentra en el valle del Jaramiel), se atestiguan obras de consolidación en 1892, tal como reza en la piedra clave que mira hacia el Sur. En este punto volvemos sobre nuestros pasos para subir a la Mambla

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Según ascendemos el camino que separa la Mambla y la Cuchilla, veremos algunas arruinadas construcciones que seguramente tengan que ver con el uso militar que  la Mambla tuvo brevemente, y con la actividad de extracción de yeso de una mina que todavía conserva en su vientre…

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… También se ha escogido como lugar ideal para sendos depósitos de agua con los que, junto a los que hay en Piña de Esgueva,  abastecen a los municipios  del valle del Jaramiel y de la Esgueva con el agua captada en el Duero en Olivares y  Tudela respectivamente

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En la Mambla hubo una importante mina de yeso que estuvo en explotación  hasta los años 60 del s. XX,  con un breve paréntesis de uso militar (polvorín), y más tarde se empleó para cría de champiñones. Son muchas las minas de yeso que hay en Valladolid y que conoceremos con cierto detalle en un próximo artículo

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Subimos a lo alto de la Mambla (829  m.) desde donde tenemos amplísimas vistas. Frente a nosotros el pico de la Cuchilla (842 m), y al fondo, otra Mambla (831 m.)

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A vista de pájaro, la carretera que conduce hacia Villabáñez y Villavaquerín, cuyos caseríos se distinguen al fondo

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Arturo Dueñas rodó un documental sobre el pintor Cuadrado Lomas que se titula “Tierras  construidas”… seguramente desde aquí habría podido obtener excelentes planos

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Un sencillo plano para orientarnos en la excursión propuesta, aunque no tiene pérdida alguna… pues las Mamblas nos guían, como les ocurría a los viajeros de la Edad Media. En el ángulo inferior derecho está el punto de partida

HOMENAJE A LOS FOTÓGRAFOS: LOS FILADELFO COMO EJEMPLO

Valladolid ya en  los albores de la fotografía tuvo excelentes fotógrafos, aficionados o profesionales, que dejaron para la posteridad numerosos testimonios de ambientes, acontecimientos, personajes y monumentos. Gracias a ellos conocemos mucho mejor la historia del último siglo y medio de  nuestra ciudad, porque no solo está en legajos, libros y periódicos, sino también en imágenes.

Desde el principio, el objetivo de aquellas rudimentarias cámaras captó todos los asuntos de la vida vallisoletana: desde los más cotidianos hasta los más pomposos.  Bodas, entierros, procesiones, manifestaciones, desfiles, ferias, deportes, accidentes, inauguraciones, visitas reales, edificios… todo, absolutamente todo ha  pasado (y posado) delante del ojo atento y curioso del fotógrafo.

Las imágenes que nos han legado Clifford, Gilardi, Carvajal o Laurent son sinónimo de testimonios históricos impagables.

Pero no solo aquellos más afamados han rendido un impagable servicio a la historia, pues ahí están también los Cacho o los Filadelfo (tanto en sus colaboraciones en prensa como en sus estudios)… O  Bariego, o  Garay… y los Muñoz, unos “minuteros” (pues entregaban las fotos en escasos munitos), antecesores de una puñado de fotógrafos que, ya  entrado el siglo XX, se apostaban cada domingo y festivo en la plaza Zorrilla para retratar a cuantos paseantes quisieran tener o regalar  un retrato: novios, soldados, estudiantes, familias enteras…

Creo que  aún está por llegar un adecuado reconocimiento a aquellas generaciones de fotógrafos que nos han permitido conocer con gran detalle la historia reciente de Valladolid. Porque en general solemos detenernos en las fotografías más antiguas de la ciudad (que llevan la firma de los más afamados),  acaso sin darnos de que un buen número de profesionales, con sus modestas pretensiones –que casi siempre son el cómo ganarse la vida, que ya es mucho-, sin embargo han dejado un reguero de imágenes imprescindibles para conocer la vida cotidiana que, en definitiva, es la que más nos atañe.

En cualquier caso, resumir la historia de la fotografía de Valladolid en cuatro párrafos sería tan pretencioso como harto imposible. Al lector más interesado le remito al interesantísimo  libro de Ricardo González Luces de un siglo. Valladolid en la fotografía del siglo XIX, editado en 2001 por El Norte de Castilla y Caja Duero (Lovader Ediciones). En él, al menos, se relata el inicio de la fotografía. A falta de que alguna vez se aborde el siglo XX.

Por eso,  esta entrega de “Valladolid, la mirada curiosa”, quiere rendir homenaje a aquellos fotógrafos, y para ello lo hago mediante una selección de  fotografías de los Filadelfo González (padre e hijo) que he obtenido básicamente en el Archivo Municipal de Valladolid.

Filadelfo padre, nacido en 1885,  comenzó a ejercer en 1915, igual que el primer Cacho (Patricio). Padre e hijo trabajaron  en su estudio, en la calle y para diversos periódicos locales, por lo que nos han dejado el relato en imágenes de  casi un siglo del Valladolid cotidiano.

Todas las fotografías, salvo las que  indiquen otra cosa, están obtenidas del Archivo Municipal de Valladolid (AMVA).

 

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Año de 1936, en plena Guerra Civil. Valladolid: Hospital de  Sangre de Renovación Española (reproducida de Todocolección)

 

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Panorámica desde la torre de la Catedral, año 1947 . La torre que destaca es la de la iglesia del Salvador

 

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Plaza Zorrilla años 50 línea 1 de autobuses urbanos. Entonces el transporte urbano lo gestionaba la empresa Carrión, hasta que en 1979 se inicia el proceso de municipalización que desembocó en la creación de AUVASA en 1982

 

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Arbolada Plaza Mayor años 50: el yugo y las flechas presidía la fachada del Ayuntamiento, y las columnas servían de soporte para anuncios de los cines de la ciudad

 

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Década de los 50: plaza de la Rinconada: línea correos- canal de Castilla

 

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El mercado del Campillo, en la foto, se desmontó en 1957 

 

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Años 60 procesión de Domingo de Ramos en la calle de Platerías 

 

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El bus urbano entra en la calle María de Molina (años 60) viniendo desde plaza Santa Ana: coches aparcados frente a la fachada del Hotel Inglaterra. Inaugurado en 1886, tras la Guerra Civil cambió su nombre por Hotel de los Italianos, más del agrado de la ideología dominante en aquella época

 

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Calle Duque de la Victoria, década de los 60

 

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Trabajos en su silo… camiones, tractores, caballerías… El régimen emanado de la Guerra Civil fue muy obsesivo en asegurar  suministro de cereal

 

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Locomotora saliendo de la estación de San Bartolomé en dirección a Medina de Rioseco. El tren burra dejó de circular en 1956

 

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Charlton Heston (o su doble) cabalgando en Torrelobatón cuando en 1961 se rodaron en aquel municipio escenas de la afamada película de El Cid

 

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Paseo de San Isidro, al fondo está la plaza Circular cuando aún no se había construido el paso subterráneo, que se inauguró en 1959

 

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Derribo de la iglesia de San Ildefonso, a primero de los años 70…

… y, a continuación algunos alcaldes y autoridades de Valladolid retratados por la cámara de los Filadelfo

 

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Corría el año 1928. Entre otros, y sentados de izquierda a derecha: arzobispo Gandásegui, el infante Juan Manuel (segundo hijo de Alfonso XIII)… y el último de la derecha, el alcalde Arturo Illera Serrano 

 

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Luis Funoll y Mauro, alcalde que en 1939 inauguró la rehabilitación de la fuente el Sol (la efeméride está grabada en el muro de la fuente)

 

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Santiago López González, foto de 1963. Fotografía tomada en su domicilio  el día de Reyes. Fue alcalde entre 1961 y 1965

 

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Antolín de Santiago y Juárez (segundo por la derecha), en los años 60,  junto a Teresa Iñigo de Toro, que entre otras actividades fue famosa periodista radiofónica. Antolín de Santiago ejerció de alcalde entre 1971 y 1974

 

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Tomás Rodríguez Bolaños (tercero por la derecha) fue alcalde de la ciudad entre 1979 y 1995 ( a su derecha el teniente de alcalde Manuel González)…

 

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…. y no  dejamos pasar la oportunidad de rendir homenaje a los Muñoz, minuteros del Campo Grande: Marcelino Muñoz (de la colección Joaquín Díaz); y escultura  de Eduardo Cuadrado sita en el Campo Grande en recuerdo de los Muñoz

VALLADOLID A VISTA DE PÁJARO

El ser humano siempre deseó volar, y por eso sentía envidia de los pájaros.

Hasta que algunos artefactos (supongo que los primeros globos aerostáticos) no  permitieron ver el mundo desde el aire, se buscaron las alturas naturales del terreno,  los campanarios de las iglesias o las elevadas torres de los castillos  para ampliar el horizonte de nuestra vista y obtener imágenes panorámicas: una perspectiva muy útil para tener una idea más precisa del  entorno. De ahí el valor que se daba a los planos y paisajes, especialmente urbanos.

Por eso no es de extrañar que Felipe II encargara al pintor belga Antón van den Wyngaerde (también conocido como Antonio de las Viñas o Antón de Bruselas) que hiciera dibujos panorámicas de muchas villas y ciudades españolas y, entre ellas, Valladolid.

Con este pretexto propongo un paseo panorámico por la ciudad de Valladolid: disfruten tratando de identificar los edificios y otras construcciones.

 

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Wyngaerde, hacia 1565 (reproducido del blog Vallisoletum… excelente, por cierto). El dibujante lo hizo desde la cuesta de la Maruquesa y el perfil de la ciudad venia determinado por las torres de las iglesias

 

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Braun y F. Hohenbergius, fechado en 1575. Da toda la impresión de que se hizo desde las laderas de San Isidro. Reproducido del catálogo de grabados de Laurence Shand

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En 1640 Gabriel Meisner representó así la ciudad. Colección de Sciographia Cósmica

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Seguramente desde un globo, tal como relata en el blog Domus Pucelae (no perdérselo),  Alfred Guesdon realizó esta litografía en 1854. Hacia mitad de la imágen, la antigua academia de Caballería, de forma octogonal, y en primer plano la puerta del Carmen, por donde salía la carretera o camino de Madrid. El Campo Grande aún no tenía el porte arbolado actual y era lugar de muchas actividades festivas, deportivas y militares. Un poquito más arriba del edificio octogonal destaca el arco de la Puerta del Campo, al inicio de la calle Santiago

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El monasterio de Nuestra Señora de Prado. Foto de 1864 tomada por J. Laurent

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Plaza Zorrilla, año 1900, el poeta recién subido a su pedestal

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Vista de la Estación del Norte en 1907

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El matadero municipal, 1935: recién construido

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Fotografía tomada por Filadelfo en 1946. A la izquierda, la cubierta del Mercado de Portugalete (Archivo Municipal de Valladolid –AMVA-)

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Año de 1970, ya varios puentes salvaban el Pisuerga para colonizar las antiguas Huertas del Rey (AMVA)

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La plaza Zorrilla en 1972. Aún existía  el cine Pradera y se estaba comenzando a construir la casa de la esquina con calle Santiago (AMVA)

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Acera de Recoletos y paseo central del Campo Grande: todavía servía de aparcamiento

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Velódromo Narciso Carrión en 1982, a punto de ser inaugurado. Está en las instalaciones deportivas de la carretera de Renedo. Y no reúne dimensiones adecuadas para acoger competiciones oficiales.  (AMVA)

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Y también en 1982 el recién construido Nuevo Estadio José Zorrilla. Ese año conoció tres partidos del Mundial de Fútbol… Naranjito hacía furor. El estadio se había inaugurado en febrero con un partido contra el Athletic Club: los blanquivioletas ganaron 1-0 (AMVA)

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Endasa  (en la carretera de Cabezón) y la vieja Sava -hoy Iveco-. (AMVA)

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Talleres de Renfe, 1999. Estaba “naciendo” el parque de la Paz : abajo a la izquierda (AMVA)

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Año 2015, tomada por mí desde un globo…

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… Y, finalmente, una curiosa fotografía de 1940,  de la colección Luis Díaz Caneja (AMVA)

DONDE REPOSA HERMAFRODITA BORGHESE

Con la apertura en 2012 del Museo de Reproducciones, el Museo de Escultura se ha convertido en uno de los más importantes de Europa en materia de escultura. El de Reproducciones no es único en España pues, al menos, hay otro en Bilbao. Pero el de Valladolid tiene la enorme ventaja de sumarse al Nacional de Escultura creando, además, un entorno privilegiado en la calle Cadenas de San Gregorio.

En la nave central de la antigua iglesia de San Benito el Viejo (justo detrás de la Casa del Sol), se alojan a la vista del público 270 piezas. Más conocidas unas, como el Laoconte, el Discóbolo o la máscara de Agamenón, menos conocidas otras, es el caso de que al visitante se le ofrece una hermosa panorámica en conjunto y un deleite en cada pieza. Se trata de  reproducciones de obras originales expuestas en los principales museos del mundo: Nápoles, Louvre, Británico, etc.

La exposición no solo ofrece obra escultórica en diferentes materiales (yeso, bronce o piedra), sino también pictórica. En definitiva, presenta un completo conjunto de piezas que explican el cómo, a partir sobre todo del siglo XIX, se comenzó a considerar la copia o reproducción como una técnica en sí misma y una nueva forma de aproximación al arte.

No obstante, el deseo de poseer réplicas de esculturas antiguas viene de lejos. Por ejemplo, la famosa figura de Ares Ludovisi (s. IV a C) fue una de las más afamadas en el s. XVII:  Felipe IV le encargó una copia a Velázquez, y  Luis XIV obsequió a Federico el Grande con una reproducción de la misma.

Esta colección nació en 1877 y estuvo alojada en el Casón del Buen Retiro de Madrid hasta 1961. Cincuenta años después renació en Valladolid. Lo que está expuesto es solo una parte del fondo artístico pero, además, lleva aparejada una importante biblioteca especializada en el tema.

¡Qué mejor época del año que el invierno para visitar museos!

 

1a-cropFachada de la antigua iglesia de San Benito el Viejo, detrás de la Casa del Sol

 

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Panorámica general del museo

 

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 Discóbolo, original en el Museo Británico de Londres

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Hermafrodita Borghese, Museo del Louvre

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Panisco y Sátiro, modelada en 1884, el original se conserva en el Museo del Louvre

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Galo moribundo, su original, guardado en los Museos Capitolinos de Roma, data del siglo III a C. Detrás de la escultura, diversos bustos de personajes reales o imaginarios. Detalle de uno de esos bustos

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Esta Ariadna abandonada (copia de 1884) se trata, en realidad, de una réplica romana copiada de un original helenístico. Museos Vaticanos, Roma

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Laoconte, vaciado en yeso en 1887, se puede ver en los Museos Vaticanos

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Detalle de un casco de bronce  de gladiador del siglo I d C

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Ares Ludivisi, original en el Museo de las Termas, Roma

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Centauro domado por el Amor, Museo del Louvre

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Primer plano de Fauno Durmiente, escultura de bronce sobre una gran peana de piedra, se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Al fondo, los Retratos de El Fayúm, así conocidos por ser encontrados en momias de Egipto. La costumbre de hacer retratos realistas de los fallecidos abarca desde el siglo I a C. hasta, posiblemente, el siglo III d C

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Esta réplica de la  Máscara de Agamenón (metal repujado) data de 1914. Su original se remonta al s. XVI a C. y se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Se trata de una máscara fúnebre

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Qué mejores modelos que los de este museo  para practicar el dibujo, tal como hacen estas dos personas

HORARIO: martes a sábado de 11 a 14 y 16:30 a 19:30; domingos y festivos sólo mañana. Cerrado 1 y 6 de enero; 1 de mayo; 8 de septiembre y 24, 25 y 31 de diciembre.

La entrada es conjunta con el Museo de Escultura.

2017: QUE LA BELLEZA NOS ACOMPAÑE

Feliz año 2017, el año del bicentenario del nacimiento de José Zorrilla.

Lo que deseamos para nosotros y nuestra gente querida no sucederá si no nos empeñamos en conseguirlo. Mientras tanto, propongo disfrutar de las cosas bellas, que pueden ir desde un sencillo chozo a una obra de arte.

Por eso os dedico una de mis piezas preferidas del Museo Nacional de Escultura: Ángeles alféreces, anónimo del siglo XVII… por su serena belleza.

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