COGECES DEL MONTE Y LAS CAÑADAS QUE DISCURREN POR VALLADOLID

Vamos a tratar sobre las cañadas que atraviesan las tierras vallisoletanas, y sobre el Parque Etnográfico de la Arquitectura Pastoril que hay en Cogeces del Monte.

El Parque Etnográfico  se encuentra a poco más de 4 kilómetros de Cogeces del Monte y se asoma al  Valdecascón, un arroyo que ha labrado un vallejo que rompe la planicie.

El Parque, una reconstrucción de la vida pastoril, se ha constituido en torno a un chozo principal, el chozo de los Hilos.

Chozo de los Hilos

Presume Cogeces y la comarca de la Churrería de una tradicional actividad pastoril que se desarrollaba tanto en  los pagos habilitados para el pastoreo, como en la vieja práctica trashumante, aunque con la particularidad de     que los pastores de  esta zona en realidad no solían hacer grandes desplazamientos de sus rebaños. Es decir, que practicaban la trasterminancia, que es la forma de llamar a los movimientos de ganado que no rebasan los 100 km.

Una de las “decoraciones” que ilustran la vida en los chozos de Cogeces

El chozo era el alojamiento indispensable para protegerse de la noche, las inclemencias del tiempo y los depredadores. En su interior, una manta sobre un montón de paja, por cama, y algunas provisiones de leña, para calentarse,  eran todas las comodidades de que disponía el pastor… Eran otros tiempos.

Pues bien, el Parque Etnográfico ha reconstruido chozos y corrales, y ha dispuesto un didáctico itinerario en el que mediante paneles va describiendo la importancia de la actividad ganadera de la comarca. Incluye la posibilidad de practicar los juegos tradicionales en los que los pastores entretenían su tiempo libre, que debía ser mucho si tenemos en cuenta que no se ordeñaba diariamente a las ovejas, pues su aprovechamiento era para obtener lana y la elaboración de quesos para el consumo local.

Chozo de los Pedrines, de gran altura y su panel explicativo

Otra particularidad de la zona de la Churrería era la forma de uso de los chozos y los pastos. Cada pastor usaba el corral que mejor le conviniera en razón de los pastos que cada año le hubieran tocado en suerte. Hasta que los pastores no terminaron por ser propietarios de sus propios rebaños, ya en el siglo veinte, eran contratados por los dueños del ganado por un salario que incluía  algunas ovejas como pago en especie. Por su parte, los propietarios de los corrales y los pastos se conformaban con recoger el estiércol, que usaban como abono.

No muy lejos de aquí, hacia el Oeste, discurre la Cañada Real Soriana que viene desde Peñafiel hasta Medina del Campo, donde se une a las cañadas que conducen a Extremadura. Por aquí pasaban los rebaños sorianos y burgaleses que en el invierno buscaban las cálidas tierras extremeñas. Esta cañada, dice Federico Sanz Rubiales, que escribió un interesante libro sobre las cañadas  de Valladolid, también se conoce en otros pagos de la provincia como Cordel Real Burgalés, y en el término de Cogeces del Monte se la denomina Cañada de Baitardero, nombre de una fuente por la que pasa.

Y esto nos lleva a que Valladolid es uno de los territorios españoles con mayor número de kilómetros de cañadas, pues la provincia, por la posición central que ocupa en la Meseta, está atravesada por cuatro cañadas principales:  la Real Leonesa Occidental, la Real Leonesa Oriental y la  Real Burgalesa. También cruzan otras cañadas “menores”, como la de Martín Abad, la Montañesa, la de Tamarizo y la de Marrundiel, por citar algunas. En total, 4.129 km. están clasificados como vías pecuarias, en las que se incluyen las cañadas propiamente dichas (unos 450 km.),  cordeles, veredas, y coladas. Si se añaden los terrenos  que ocupan los descansaderos, unas 11.800 Ha. están dentro de la protección que dispensa la Ley de Vías Pecuarias, de 1995. Bien es verdad que la avaricia urbanizadora y la labranza  han invadido ilegalmente parte de las cañadas y descansaderos.

Cada primavera, algunos rebaños atraviesan la provincia en busca de los pastos del Norte. Este fotografía, realizada por Jonathan Tajes fue publicada en El Día de Valladolid.

No obstante, esta extensa red cañariega ha consolidado puentes, chozos y corrales, abrevaderos y pozos, además de haber generado un patrimonio histórico y etnográfico de extraordinario valor. Un patrimonio que empezó a consolidarse cuando Alfonso X, en 1273, reconoció al Concejo de la Mesta sus derechos inmemoriales.

Chozo y corraliza en Quintanilla de Arriba
Corrales de Duero, en el Valle del Cuco.

Si bien las cañadas han perdido casi por completo la función para la que se fueron abriendo paso por páramos, valles y bosques, aunque se siguen usando en parte,  ahora les queda la oportunidad de constituirse en un recurso para la educación, el recreo y el contacto con la naturaleza, tal como propone la Ley de Espacios Naturales de Castilla y León.

NOTA: en este mismo blog hay sendos artículos sobre Cogeces del Monte: Cogeces del Monte: piedra e historia y La belleza del hematites. El primero ofrece un paseo por el casco urbano del municipio, y el segundo un visita al museo de geología que hay en la localidad (muy interesante, por cierto).

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LA CARA B DE LA HISTORIA DE VALLADOLID

En el devenir de la historia de Valladolid hay muchos personajes que sin que sean conocidos por el gran público, sin embargo tienen tras de sí curiosas vidas.

Con ellos se podría escribir otra historia de Valladolid, algo así como la cara B de los viejos discos de vinilo. Canciones que se consideraban menores pero que en realidad muchas de ellas escondían excelentes piezas musicales.

En esta ocasión propongo detenernos en cuatro personas que, con mayor o menor vinculación con Valladolid, me parecen interesantes.

Red Hugh O´Donnell  murió en Simancas, donde hay una placa que le recuerda y fue enterrado en el convento de San Francisco de Valladolid. Se trata de un irlandés que nació en 1572 y falleció en 1602. Era un noble de nacimiento, pues su padre era el rey de Tir Connail. Participó al frente de sus tropas en diversas guerras entre clanes, pero, sobre todo en diversas batallas contra las tropas inglesas. En realidad aquella contienda era el enfrentamiento entre los católicos irlandeses y los ingleses protestantes.

Derrotado por los ingleses, O´Donnell huyó a España con otros capitanes implicados en la rebelión irlandesa contra la corona inglesa. En Galicia fue recibido con grandes honores e inició contactos con Felipe III para que el monarca le facilitara tropas y pertrechos con los que hacer un desembarco militar en Irlanda.

Vino por Valladolid en 1601 para entrevistarse con el rey, que parece que le prometió organizar una invasión. Mas, al cabo de un año de no recibir noticias inició viaje para volver a Valladolid, pero la muerte le alcanzó en Simancas (parece que por una infección).

Fue enterrado en el convento de San Francisco, de Valladolid, sin que hasta la fecha esté localizada su tumba en aquel convento, que llegó a parecer un cementerio por la cantidad de personas que en él estaban enterradas. Tras la desamortización y después de varios años de abandono, se recogieron todos los restos de cuantas tumbas quedaban por allí y se depositaron en un osario del cementerio del Carmen, que ha sido removido al menos en un par de ocasiones.

Una placa en el castillo o archivo de Simancas (1991) y otra en el callejón de San Francisco de Valladolid (2011), recuerdan al personaje que llegó a alcanzar gran fama en vida. Lo cierto es que a pesar del tiempo transcurrido, son muchos los irlandeses, descendientes o no de aquel héroe, que cada año vienen a Simancas casi en peregrinación. En Irlanda se la han erigido varias estatuas y publicado unas cuantas novelas.

Alfonso de Espina, que llegó a ser confesor real de Enrique IV de Castilla,  en 1485,  publicó un libro titulado  Fortalitium Fidei (título resumido de “Fortaleza de la fe contra judíos, musulmanes y otros enemigos de la fe cristina”), uno de los textos que integran los Tratados Demonológicos. Espina, famoso predicador  quiso contribuir a advertir sobre los peligros que acarreaba iniciar tratos con el diablo. Estaba muy extendido en aquella época que había personas que para conseguir sus fines pactaban con el diablo. Pero la verdad es que su texto arremetía también contra herejes, moros y judíos. Su texto se ha llegado a calificar como un catecismo de odio hacia los judíos. Este clérigo era un franciscano del convento de Valladolid que llegó a rector de la Universidad de Salamanca.

Su cercanía a los círculos reales le llevó a que Juan II de Castilla le pidiera que asistiera a Álvaro de Luna en el momento de su ejecución, que ocurrió en junio de 1453 en la plaza Mayor de Valladolid. La imagen corresponde a un grabado de Juan Barcelón, 1791.

Otro clérigo importante tuvo Valladolid, que contrasta con Alfonso de Espina. Se trata de Juan de Torquemada (1388-1468), dominico nacido en Valladolid y que alcanzó el cardenalato. Un personaje que a pesar de tener una calle a él dedicada (Cardenal Torquemada), en el barrio de Rondilla es, paradójicamente, muy desconocido. Y esto sucede por la sencilla razón de que su nombre le ha jugado la mala pasada de que la mayoría de las personas crean que la citada calle está dedicada al inquisidor Torquemada, valido de los Reyes Católicos y personaje controvertido que pocas simpatías despierta, que, además era sobrino de Juan. Sin embargo Juan de Torquemada  fue un cultísimo clérigo del siglo XV, doctor en teología,  protector de artistas, experto en Derecho,  reconciliador de religiones y personaje muy importante en vida, en la que llegó a ejercer de pacificador de las disputas entre Carlos VII de Francia y Enrique IV de Inglaterra.

Fue prior de San Pablo de Valladolid y mandó construir la fachada del convento (ojo, no la de la iglesia).

Y concluiremos nuestra pequeña relación de personajes relacionados con Valladolid con una novelista.

La fama de los dramaturgos y poetas más relevantes del Siglo de Oro español, ha eclipsado a otros muchos escritores. Tuvo Valladolid en aquel siglo dorado un amplio círculo de literatos que demostraron acreditada calidad. Y de entre ellos, acaso de los más desconocidos sea, precisamente, una mujer: doña Beatriz Bernal  que fue la única en toda España que escribió una novela de caballerías (muy de moda por aquella época). De largo título que se puede resumir en Don Cristalián de España, editada en Valladolid, se trata de un libro de caballerías, que vio la luz sin que la escritora lo firmara, pero en el prólogo se deja bien claro que estaba escrito por una mujer. Aquello era un verdadero desafío para su época, pues invadía el terreno masculino. Beatríz Bernal era una persona de gran cultura que tuvo la osadía de destruir los prejuicios moralistas de la época que consideraban a las mujeres carentes de ingenio.

Nuestro historiador Antolínez de Burgos dijo de la novela que se la podía comparar a los mejores libros de la época.

En la trama cobran gran importancia los personajes femeninos y, de hecho, a Membrina se la llega a considerar como un antecedente del feminismo, pues de ella dice la autora: “Hubo una ínsula, llamada de las Maravillas, de la cual era señora una doncella muy gran sabidora en las artes. Fue tanto el su saber, que jamás quiso tomar marido, porque nadie tuviera mando ni señorío sobre ella.

La obra alcanzó gran popularidad y aún en vida vio cómo se tradujo a otros idiomas. Y su título completa era: Historia de los invictos y magnánimos caballeros don Cristalián de España, príncipe de Trapisonda, y del infante Lucescanio, su hermao, hijos del famosísimo emperador Lindedel de Trapisonda”… (toma ya…)

Se desconoce la fecha exacta de nacimiento y fallecimiento de Beatriz Bernal, que oscila entre 1501 y 1586.

SENDAS DE AFANES Y SUDORES

El frontón o trinquete de Montemayor de Pililla,  bien plantado y todo él construido en piedra (de los que pocos hay en Valladolid), puede ser un buen lugar para iniciar la “Ruta del Segador”. Una ruta que pide dejarse llevar por las sensaciones.

Esta ruta ilustra sobre los quehaceres tradicionales de las gentes de Montemayor y su entorno: caminos hacia los molinos, las viñas, los colmenares, las tierras de labranza, los pastos,  los pinares donde extraer la miera, los pozos, las fuentes  y el abastecimiento de leña. Es, por tanto,  una senda que nos advierte de cuando campos y pinares conocían un continuo trasiego de gentes y abundantes rebaños de ovejas.

La ruta tiene  por delante una quincena de kilómetros o su equivalente de unas cuatro horas que exigen, en determinados tramos, cierto esfuerzo, pues algunas cuestas se empinan notablemente y algunos caminos son auténticos areneros en los que se hunden nuestros pasos.  Cabe advertir que todo el camino está muy bien señalizado y apenas se tropezará con puntos que produzcan algún desconcierto.

Desde el frontón habrá que ir a buscar el camino Prado Henar, que es por donde iniciaremos la marcha. En apenas 15 minutos se advierte de la presencia de un lapiaz bastante bien conservado. No es fácil ver estas formaciones calizas en Valladolid, de entre las que destaca también la del sabinar de Santiago del Arroyo. Este lapiaz de Montemayor muestra cómo la piedra que emerge en la superficie del páramo, horadada por la lluvia y los ácidos que esta arrastra, se cuaja de agujeros creando una virguería caliza.0

Desde aquí pronto se desciende hacia un valle que terminará por llevarnos al valle del Valcorba. Poco antes de penetrar en un paraje que denominan zona sombría, un chozo de guardaviñas advierte que en estas tierras hubo importante producción vinícola. Esto nos recuerda que el vino nunca faltaba en las casas y que, en su tiempo, era un complemento alimenticio. Alcanzada la zona sombría cuyo nombre es fiel reflejo del paraje que estamos atravesando, hay un punto de inflexión en la ruta y se abandona el arroyo del Valle para coger el vallecillo que labró el ahora escaso caudal del Valcorba. Y pronto encontraremos a un lado del camino un antiguo colmenar que parece una pequeña cabaña.

Encontraremos, luego, algunos caseríos llamado uno del Quiñón y otro del Valcorba, que son  explotaciones agropecuarias que preceden a los edificios que constituyen el Molino  de los Álamos, donde el camino gira e  inicia una fuerte ascensión que advierte de que se abandona el valle y comienza el retorno hacia Montemayor. La historia del   Molino de los Álamos  dice que hasta aquí llegaba el poder del monasterio de la Armedilla (entre Cogeces del Monte y Quintanilla), pues una parte de lo que ahora es todo el amplio complejo molinero perteneció a aquellos monjes hasta 1599.

Ya en la pronunciada cuesta que nos devuelve a Montemayor hay un excelente mirador sobre el valle  y los caseríos y el molino.

Solo una última observación: retornando hacia el pueblo y en medio de un  pinar que atravesamos se nos indica que hay que girar hacia la derecha dejando el camino. No está muy bien señalizado, pero no tiene pérdida. Si por alguna circunstancia esto se nos pasara, no ocurre nada pues el amplio camino que llevamos conduce directamente a Montemayor.

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El lapiaz que se encuentra nada más comenzar la ruta.

 

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Chozo guardaviñas que mira hacia el valle.

 

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A pesar de que ya no se plantan, son abundantes las vides que crecen espontáneamente.

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En el camino nos encontraremos  muchos  tramos sombreados.

 

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Viejo colmenar de adobe.

 

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Molino de los álamos, de muchos siglos de antigüedad.

 

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Panorámica del valle del Valcorba, ya en la parte final del recorrido.

 

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Un plano que indica el recorrido de la Senda del Segador.

NOTA: en este mismo blog se puede ver el artículo “Montemayor de Pililla, piedra y pino“.

BARCOS DE PIEDRA

Las aceñas son edificios destinados a albergar  el  artefacto, “más osado y espectacular que se levanta en Castilla y León en la Edad Media”. Esto escribieron Nicolás García Tapia y Carlos Carricajo Carbajo en su impagable libro titulado “Molinos de la provincia de Valladolid”.

Las aceñas son auténticos castillos,  catedrales o barcos de piedra dentro del agua, capaces de soportar los embates de los caudalosos ríos vallisoletanos como son el Duero y el Pisuerga, pues es en estos dos ríos donde podemos encontrar estas formidables construcciones que aprovechan la fuerza del agua para mover sus grandes piedras de moler el trigo y otros cereales.

Si tenemos que quedarnos con la más acertada similitud, deberíamos hablar de barcos de piedra, pues las aceñas se construían con forma de tajamar, idéntica a la proa de los barcos que va separando las aguas y disolviendo la resistencia, y el espaldón, de estructura plana como el típico castillo de popa de muchos barcos a vela.

Curiosamente, sin embargo  lo que normalmente dañaba estas fuertes construcciones no eran las temerosas crecidas, sino el fuego que se producía con relativa frecuencia  por la concentración de polvo seco en las salas de molienda  y que arrasaba fundamentalmente los tejados; la vegetación que enraizaba entre sus grandes piedras calizas, dislocando la construcción; y los troncos arrastrados por el agua que trababa las paletas  y los cárcavos que movían las pesadas piedras de moler.

Las aceñas y molinos hidráulicos, como ya se ha dicho, hunden sus raíces en la Edad Media y conocieron su particular Siglo de Oro en los siglos XVI y XVII.

Es una lástima que todas estas espectaculares construcciones, que tan útiles fueron durante siglos, estén muy deterioradas. Quizá la causa de este abandono se deba a lo tarde que las instituciones de Castilla y León  y los municipios han tomado conciencia de su importancia, e iniciado procesos para proteger el patrimonio industrial evitando así su pérdida definitiva.

Encontraremos aceñas en un buen puñado de municipios de la provincia de Valladolid, siempre que estén próximos a los dos grandes ríos. Mejor conservadas unas, muy perdidas otras, todavía se pueden observar restos de aceñas en Tudela de Duero, Tordesillas, Valladolid, Peñafiel o San Miguel del Pino.

Cuadro de la Infanta Dª Ana Mauricia, pintado en 1602 por Pantoja de la Cruz. En él hay una ventana que nos permite ver el puente Mayor y las aceñas del Pisuerga. Fijémonos en el detalle al que desciende el artista, pintando caballerías portando blancos sacos, sin duda cargados de trigo o de harina.

De las aceñas y el azud del puente Mayor se tiene noticias al menos desde el siglo XIII. Seguramente se trata de la primera construcción industrial que hubo en la ciudad. Recientemente el Ayuntamiento de Valladolid ha iniciado en abril de 2019 el proceso para la declaración de Bien de Interés  Cultural  (BIC) del puente Mayor y su entorno, que incluye el azud y aceñas. A continuación hay varias fotografías que desde mediado el siglo XIX muestran el deterioro paulatino de las aceñas. La mayoría de las imágenes son del Archivo Municipal. Comienza con una foto de Louis Eugène Sevaistre en 1857, erróneamente en ocasiones considerada la imagen más antigua de Valladolid.

Y seguimos…

La presa, o azud, generalmente  se construía  en diagonal al eje del cauce del río. Eso contribuía a elevar el nivel del agua y llevarla hacia la aceña o molino, tal como se aprecia en estas fotografías: una es  del molino de Simancas; y la otra de la aceña del puente Mayor. La imagen está tomada del expediente del Ayuntamiento para la declaración de BIC. Está accesible a través de internet, y lleva la firma del arquitecto municipal Óscar Burón.

Aceña del Postigo, en Tordesillas, compuesta de tres cuerpos.

También en Tordesillas, frente a la ermita de la Virgen de la Peña está la aceña de la Peña. Es un lugar de especial belleza que hace que incluso haya novios que se hayan hecho su reportaje de boda en el interior de la misma. Aquí vemos muy bien los arcos de medio punto, que  son de una impresionante resistencia, capaces de soportar grandísimos pesos y presiones. Su fortaleza reside en la piedra clave que cierra el arco, que se ha construido con dovelas bien trabajadas. Además de estas dos, en Tordesillas hay otras cinco aceñas que todavía son identificables: del Puente, Herreros, Zafraguillas,  Osluga y Moraleja.

Aceña de San Miguel del Pino. El azud o presa crea una lámina remansada del agua que ofrece bellas imágenes. En una de las plazas del municipio se pueden ver las piedras de moler.

DONDE LA SÁTIRA, LA MÚSICA Y UNA BUENA BIBLIOTECA

El Archivo Municipal de Valladolid no  solo custodia  legajos, expedientes, documentos, planos y fotos. Tiene, también, una importante biblioteca, y a ella nos vamos a dedicar en este artículo.

Una biblioteca que atesora un fondo de cerca de 40.000 documentos entre monografías, folletos, carteles, revistas, etc. Y que se ha enriquecido no hace mucho con el traslado de los fondos bibliográficos y colecciones que estaban depositados en la Casa de Zorrilla.

Esta desconocida biblioteca está compuesta de variados fondos: lo publicado por el Ayuntamiento o libros sobre Valladolid; libros de derecho administrativo local; un fondo muy curioso que proviene sobre todo del siglo XIX, y que hasta 1991 estaba en el Teatro Calderón: colección formada por gente ilustrada de la burguesía vallisoletana de aquella época. Se trata de  una colección de arte, ciencia e historia. Una colección con leyenda pues cuando el Ayuntamiento se hizo cargo del Teatro Calderón en 1986 se tapió el cuarto donde estaban los libros, y al decir de algunos se les perdió la pista hasta que, se dice, la descubrió un fontanero durante las obras de remodelación del Teatro.

También forma parte de la biblioteca del Archivo, los fondos bibliográficos y colecciones que hasta 2017 estaban en la Casa de Zorrilla.

Igualmente destaca la biblioteca y fonoteca del antiguo Conservatorio. Un fondo que se ha ido forjando desde 1918.

A todo esto hay que sumar la hemeroteca completa de los desaparecidos periódicos la Hoja del Lunes y el Libertad, además de la colección del Boletín Oficial de la Provincia (desde 1833) y la vieja Gaceta de Madrid…

… Y curiosísimas publicaciones satíricas del XIX.

En cualquier caso, necesite o no consultar algún legajo del archivo o alguna publicación de la biblioteca, visitar el Archivo Municipal es una recomendable actividad. Los arquitectos que han llevado a cabo la rehabilitación son Gabriel Gallegos y Primitivo González.

El Archivo Municipal ocupa la antigua iglesia de San Agustín (cuyos restos visibles datan del siglo XVI), que tras su abandono y usos diversos tales como  actuaciones musicales o depósito municipal de coches, se rehabilitó para funcionar como tal archivo  a partir de 2003.

Imágenes del interior de San Agustín en cuyo patio principal está la sala de consulta.

Ilustraciones de la afamada revista London News que se publicó a caballo entre los siglos XIX y XX: representación teatral en el Londres de 1901 y anuncio de un vigorizante del cabello.

El Boletín Oficial de Valladolid encuadernado en piel. Esa publicación que nos parece tan “administrativa”, sin embargo contiene ordenanzas y otras instrucciones que han influido en nuestras vidas.

Cabeceras de diversos periódicos satíricos decimonónicos. Muchos de ellos apenas superaban la media docena de ediciones.

Retrato de Zorrilla, conservado en la biblioteca. La biblioteca Narciso Alonso Cortés  comienza a formarse a raíz del I Centenario del nacimiento de Zorrilla. Es decir, corría el año 1917.  Pero la biblioteca contiene otras importantes donaciones, cual es la de Francisco Álvaro González: se trata de un fondo importantísimo de investigación y documentación del teatro español del siglo XX. Francisco Álvaro (oriundo de Villalón  de Campos),  entre otros reconocimientos, obtuvo el premio Nacional de Teatro. A este fondo se une la biblioteca de la antigua Escuela de Teatro. Es, en definitiva, un referente para el estudio del teatro contemporáneo.

La biblioteca tiene numerosos libros que eran de Zorrilla, en muchos casos con anotaciones manuscritas del dramaturgo. Zorrilla también era una persona interesada por los libros relacionados con el teatro, como un curioso “Tratado de voz”. En la fotografía una ilustración de Doré del libro “Ecos de la montaña”, novela histórica de Zorrilla.

Libro editado en 1884 con las obras completas de Zorrilla que el poeta corrigió personalmente.

Quizá por creer que Alonso Cortés era un escritor “local”, carece de la relevancia que la ciudad debería darle, pero no solo no fue así, sino que se codeó con la mayoría de los escritores y poetas de su época, como fueron, por ejemplo, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.

La arquería que ahora embellece el edificio, está instalada en su lugar original, después de que se desmontara en 1925 y se fuera emplazando en diversos lugares: Museo Arqueológico, Campo Grande, Museo de Escultura… hasta que, finalmente, con la rehabilitación del edificio, se trajo a su primitiva ubicación.

En torno al edificio de San Agustín se han hecho diversas excavaciones arqueológicas que, sobre todo, han servido para recuperar viejos suelos, aljibes, algunas columnas,  pies de muros y paredes de dependencias históricas de la iglesia conventual, etc.