LAS ARCAS REALES: FANTÁSTICA OBRA DE INGENIERÍA

Acaso se trata de la obra de ingeniería civil más importante que ha conocido  Valladolid y que ha dejado una profunda huella en la ciudad: construcciones, fuentes, conductos y trazado urbano.

Pues bien, a esta magna obra del Renacimiento español vamos a dedicarnos a continuación.

Corría el año 1497, cuando los señores regidores de la villa de Valladolid inauguraron la fuente que se había levantado el año anterior junto a la puerta del Campo  (al final de la actual calle Santiago). Y en ese lugar tomaron diversas medidas para que la población pudiera tener “para siempre jamás” tanta agua como la que salía, o más, procedente de la huerta de las Marinas, junto a los manantiales de Argales, desde los que desde hace unos cuantos años los monjes de San Benito condujeron el agua hasta su convento.

Y en el año 1974 (exactamente el 17 de julio), el entonces alcalde Julio Hernández informó a los concejales del Ayuntamiento, que “como consecuencia del informe de la Jefatura Provincial de Sanidad, en el que se califica de impotable el agua del manantial de la finca de Argales, ha sido clausurada dicha fuente para evitar enfermedades”. En esa fecha el viaje de Argales aún surtía de agua a seis fuentes.

Fueron 450 años los que la traída o viaje de Argales prestó un servicio importantísimo a Valladolid.

Pero ¿qué es el viaje de Argales… o la conducción de las Arcas Reales?

Es el tercer y definitivo intento de traer las aguas de aquellos manaderos y establecer fuentes en el interior de la ciudad y que se impulsó durante el reinado de Felipe II. Es verdad que el resultado final se quedó lejos de las expectativas, pero aún así, se trata de una fantástica obra de ingeniería que se considera una de las más relevantes de la arquitectura civil del Renacimiento. Cosa acaso poco valorada dado que por tratarse de una conducción bajo tierra apenas somos capaces de entender la extrema dificultad técnica que supuso su construcción.

En cualquier caso conviene indicar que hasta que se consolidó la definitiva conducción de aguas en el siglo XVI-XVII, hubo varios trazados distintos, pero no nos vamos a detener en esta larga historia.

Para hacernos idea de esto, se puede indicar que pasaron muchos años y muchos arquitectos: incluso alguno terminó en la cárcel por incumplir el contrato. Felipe II tuvo que destinar a su arquitecto principal, Juan de Herrera, a que concluyera definitivamente aquella obra que se demoraba años y años.

Parece que aquel destino no le hizo mucha gracia al afamado arquitecto,  pero se entregó por completo a resolver aquel desafío para la ingeniería: incluso llegó a crear un instrumento especial para medir milésimas de milímetro.

¿En qué radicaba la extraordinaria dificultad de la obra? Pues en que mediante gravedad había que traer el agua hasta la ciudad desde unos manantiales situados a cinco kilómetros y medio de distancia ¡y con un desnivel de solo nueve metros! Para ello había que construir un sistema que mediante arcas y registros se asegurara que el agua corriera de continuo: había que aprovechar cualquier curva de nivel por pequeña que fuera.

El resultado fue de treinta y tres arcas de las que se conservan quince.

Hasta que en 1496 se construyó aquella fuente de la puerta del Campo, la población se abastecía de agua por distintos medios: pozos, manantiales del Pisuerga o del Esgueva (o cogiendo el agua directamente del cauce de ambos ríos), aguadores.

Debe saberse que la construcción de estas arcas atendió a la forma de ir recogiendo, a lo largo de su trazado, cuantos manaderos iba encontrando por el camino, que eran muchos en esta zona muy pantanosa (argales y las marinas entre otros), y cuya complejidad técnica puede apreciarse asomándose al interior de las arcas.

Es el caso que en 1982 las Arcas Reales  fueron declaradas Monumento Histórico-Artístico Nacional.

Aquella conducción ha dejado profunda huella en la ciudad: desde el trazado de las calles hasta las construcciones que aún se conservan: arcas, registros, fuentes, etc.

Y para conocer un poco más esta fantástica obra, vamos a darnos un paseo tanto por las antiguas arcas como por algunas plazas y calles de Valladolid.

 

Sugiero comenzar al final de la calle Arca Real, cuando ya se apunta una reciente urbanización… y como punto de referencia podemos tomar la ya famosa torre de talleres Gualda, rematada por algo así como una escultura de hierro. Se trata de un paseo que recorre casi todas las arcas exteriores.

 

El arca número 10 está empotrada bajo el viaducto del Arco de Ladrillo, en la carretera de Madrid. Aquí comienza un paseo de unos dos kilómetros.

 

Arcas y detalles de las mismas. Todas están numeradas en su origen. Si nos vamos asomando a las mismas, además de ver las características de la conducción, en alguna de ellas incluso se oye como corre, aún, el agua.

 

Habrá que salvar la Avenida de Zamora y continuar el paseo por una pequeña abertura que hay detrás de la finca del colegio de la Salle.

 

No olvidemos fijarnos en los registros que se construyeron entre las arcas y  que servían para reparar los atranques mediante el vareo de las cañerías.

 

En 1999 se constituyó la primera Escuela Taller que comenzó a intervenir en la rehabilitación de las Arcas Reales. La segunda Escuela Taller es de 2011 y terminó su periodo formativo en 2003.

 

El arca principal, o número 1, destaca por su tamaño y noble construcción. Sobre los escudos reales se puede leer la siguiente inscripción: REINANDO LA MAGESTAD DEL REI DON PHILIPE II / NUESTRO SEÑOR ACABÓ ESTA ARCA / VALLADOLID SIENDO COREGIDOR DELLA / DON GARCIA BUSTO. AÑO DE 1589.

 

Cruzamos la carretera  e iniciamos una senda perfectamente marcada que nos llevará a las arcas menos conocidas de esta conducción. En una de ellas veremos el escudo de Valladolid con la fecha de 1588.

 

Nuestro paseo, antes de volver al interior de la ciudad, termina en la acequia del canal del Duero.

 

Desde el viaducto del Arco de Ladrillo, entre la maleza, se puede ver otra de las arcas, y todavía hay dos más en el arbolado que conduce hacia el barrio de Delicias, que ahora está ocupado por varias chabolas.

 

En la calle de Teresa Gil, tanto a la altura de la iglesia de San Felipe Neri,  como frente al número 20 se conservan, bajo tierra, restos de las conducciones. Vemos que en una de ellas se cita la fuente de las Marinas: en realidad se trata de un manadero colindante con el de Argales, tal como ya se ha comentado más arriba.

 

Cuando la conducción de Argales se clausuró definitivamente en 1974, aún prestaba servicio a seis fuentes de la ciudad: calle de Embajadores esquina paseo de Farnesio, la de las tapias de RENFE en calle Estación (frente a la calle Panaderos), y plazas del Caño de Argales, Fuente Dorada, el Val y la Solanilla. En las imágenes: plaza de de la Trinidad, con el vástago que hubo en Fuente Dorada, y plaza de la Solanilla. Por cierto, en el Vergel del Museo de Valladolid se pueden ver restos de tuberías y sifones del viaje de Argales.

 

El aspecto actual de la fuente de la plaza del Caño de Argales, se compuso en 1888 con las piedras del lavadero de las Moreras, y tiene reformas de 1931. Esta plaza ha conocido varios nombres: Pi y Margall, Dos de Mayo, José Mosquera, y el actual: Argales. No obstante fue una de las primeras fuentes que dio servicio (allá por el siglo XVI). Solo cabe añadir que la actual traza de la fuente Dorada es muy posterior a la clausura de la traída de Argales de 1974.

NOTA. Para quien quiera conocer con amplitud y detalle cuanto aquí se ha narrado, recomiendo los siguientes libros: El viaje de las Arcas Reales (coordinado por Carlos Carricajo Carbajo); Ingeniería y arquitectura en el Renacimiento español, de Nicolás García Tapia, y Fuentes de vecindad en Valladolid, de Jesús Anta Roca.