JARDÍN FUERA EL PUENTE

El estrecho  desagüe del Canal de Castilla que, desde la dársena y salvada la carretera de Gijón, va a desembocar en el Pisuerga, junto al Puente Mayor de Valladolid, ha sido hasta hace unos años el último reducto de huertas urbanas. Cierto desprecio por una actividad que se consideró anacrónica e impropia de una ciudad moderna, así como el descuido por mantener adecentado el entorno, llevó al Ayuntamiento, de acuerdo con la Confederación Hidrográfica del Duero, a sustituir por completo los huertos y las destartaladas alambradas por un extenso jardín que nace en el sifón del canal y  se rinde al pie de la antigua fábrica de harinas La Perla. Un hotel ha sustituido  la actividad productiva de la fábrica que, sin embargo,  conserva su traza y la insustituible maquinaria harinera, una interesantísima muestra de la escasa tecnología industrial del XIX que se conserva en Valladolid y que hasta hace bien poco no se ha empezado a valorar en lo que representa.

El jardín que discurre a lo largo de este desagüe del canal se puede recorrer por  ambas orillas sin que por ello se tenga la sensación de repetir paisaje y detalles; quienes lo diseñaron supieron dar un aire diferente a cada orilla que, además, tuvo que adaptarse a la topografía del terreno: más abrupto junto a la carretera de Gijón, más tendido en la parte que mira hacia la Huerta del Rey. En ese afán que en los últimos años ha llevado al Ayuntamiento a poner esculturas en casi todos los rincones, jardines y plazas, no falta aquí un trabajo de Carlos de Paz –un pintor de Valladolid muy valorado, que no se resiste a mostrar su creatividad plástica también en escultura- y que, titulado “Diálogo” se inauguró, como los jardines, en el año 2001.

El paseante ha de buscar en el tramo más cercano a la dársena, una caprichosa y casi desapercibida casita decimonónica de aire suizo que, al pie de un espléndida y singular secuoya, sólo se deja intuir entre la espesura del arbolado; es la casa que algún día habitara un ingeniero o un guarda del canal y que ahora tiene simplemente un uso residencial.

No da la impresión de ser este un lugar muy concurrido en ciertos momentos, por lo que es probable que se pueda pasear en soledad; y el soleamiento de una u otra orilla, dependiendo de la hora, de la época del año y de la sombra que proyecte el arbolado, determina cual es el banco  más idóneo que se puede ocupar si lo que se pretende es un rato de descanso antes de volver a entrar en la ciudad; pues el paseante no puede olvidar que está en tierras de “fuera el puente”; aunque esta denominación casi despectiva, enmascara un barrio en el que nunca faltó, a lo largo de la historia, mucha animación y en el que se  asentaron numerosos vecinos al llamado de las industrias, las faenas agrícolas que por aquí abundaban, y el trabajo que esa quimera del siglo XVIII, el Canal de Castilla, procuraba a muchas personas.

 

 

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