EL PISUERGA, TESTIGO DE UNA LEGENDARIA BATALLA

A los pies de Simancas, y atravesando el último puente medieval de su recorrido, el Pisuerga corre a rendir sus aguas en el Duero.

Es este, por tanto, el último lugar en el que aún se puede disfrutar de los paisajes que ha ido labrando el caudaloso río desde que nació en las montañas Palentinas.

Partiremos desde el otro lado del puente medieval, cuya fábrica actual se remonta al siglo XIII, y al que se le atribuye un primer origen romano. Desde aquí apreciamos una panorámica general del caserío,  que creció trepando las laderas que caen sobre el río. El paso sobre el puente nos permite apreciar el punto en el que el Pisuerga ya ha adquirido su máximo caudal escasos metros antes de desembocar en el Duero.

Nos encaramos hacia Simancas por un murete de piedra que se ve perfectamente desde el puente y que nos conduce hacia uno de los pocos rollos jurisdiccionales que se conservan en Valladolid, y hasta el afamado mirador de Simancas, al final de la calle Costanilla. Este rollo fue fruto de una disposición de  Felipe II, que eximió a la población de su dependencia  de Valladolid otorgándola, por tanto, capacidad para administrarse por sí misma.0

Desde el mirador, que no por las veces que haya sido visitado deja de perder interés, se aprecia en toda su dimensión el impresionante puente, y cómo el Pisuerga comienza a describir una curva hacia donde perderá su nombre.

Buen lugar es el mirador para percatarnos de la magnitud que debió tener la batalla de Simancas,  pues se desarrolló, más o menos, por los campos que, a este lado del río, se encontraban hacia nuestra izquierda.

Aquella famosísima batalla y la mejor documentada de todas las de aquellos siglos, se desarrolló en agosto de año 939. Fue una gran victoria de los reinos cristianos de León, Castilla y Navarra sobre las tropas sarracenas: algunas crónicas hablan de que Abderramán III vino con un ejército de  100.000 hombres.

En este punto de Simancas, y antes de volver a su puente medieval, vamos a dar un paseo por el interesante caserío de la villa. Desde la plaza del Mirador se vislumbra la fachada del Ayuntamiento, hacia donde iremos para bordear la iglesia románica de El Salvador y situarnos frente a la entrada principal del Archivo General. Allí está la llamada fuente del Rey. Antes habremos pasado por una escultura de Coello que representa la leyenda de las doncellas mancas.

Siguiendo la ronda del Archivo, en su costado nos acercamos hasta una fuente antigua, con su pilón, que, cosa poco corriente, aparece dibujada en grabados del siglo XIX.

Desde este lugar, y apenas iniciado el largo descenso hasta el río, tomaremos la calle Cava que, ascendiendo, nos introduce de nuevo en el casco urbano: por  las calles Cava, Olmas y Herradura llegaremos hasta la de El Salvador, donde se levanta uno de los muchos hospitales de pobres, huérfanos y peregrinos que había por todo Valladolid –muchos ya desaparecidos-. Este conserva muy bien su traza del siglo XVI. Y esto nos lleva de nuevo a la famosa batalla de Simancas: El Salvador es el nombre  de la iglesia de la localidad, el de una calle, el del hospital que acabamos de visitar… es El Salvador (uno de los sobrenombres de Cristo) patrón de la villa porque en la fecha de su onomástica (6 de agosto) se conmemora la batalla.

Concluiremos la excursión buscando calles que, bajando, nos permitan volver a nuestro punto de partida, desde donde nos acercaremos a tocar el agua del río. Los más curiosos pueden llegar hasta el mismo centro del cauce caminando sobre las piedras de una antigua pesquera: la potencia de las aguas del Pisuerga impone… y si nos dejamos llevar por las sensaciones, vivifica.

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Murete de la calle Costanilla  que conduce hacia el mirador de Simancas

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Camino del mirador está el rollo de la justicia que se puede ver en la izquierda de la imagen

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Paisaje desde el mirador

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Escultura de Gonzalo Coello que representa la leyenda de las siete mancas y cuyos ellos se remontan a los tiempos de Abderramán II

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Fuente del Rey, frente al Archivo General que, en realidad, se construyó para ser una fortaleza

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Vieja fuente del siglo XIX

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Hospital de El Salvador, del siglo XVI

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Las aguas del Pisuerga vistas desde la pesquera

 

 

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ESCENARIOS DE GUERRA (II): Moros y cristianos.

Sigamos comentando las razones por las que las tierras vallisoletanas fueron lugares de batallas importantes.

El río Duero, que atraviesa por completo Valladolid de Este a Oeste, fue, durante la reconquista y parte de la Edad Media, importante línea fronteriza: primero entre moros y cristianos, y luego entre los mismos reinos  cristianos de León y Castilla. Y esto nos añade otra causa sobre la importancia estratégica de Valladolid.

Pero vayamos por partes.

Una importantísima batalla pero de las menos conocidas entre los emiratos sarracenos y los cristianos se produjo en Simancas. Corrían los primeros días de agosto del año 939, cuando el califa Abderramán III se presentó con 100.000 soldados a los pies de la muralla simanquina, que estaba defendida por tropas al mando del rey de León Ramiro II, que había conseguido unir a diversos nobles cristianos que aportaron soldados para la causa. La batalla, que duró varios días, fue muy cruenta y se desarrollo a lo largo de la margen derecha del Pisuerga al noroeste de Simancas. La batalla la perdió definitivamente Abderramán cuando se batía en retirada, y eso trajo como consecuencia que el control cristiano rebasara el Duero y llegara hasta asentarse a la orilla del río Tormes. Esta batalla fue uno de los acontecimientos más relevantes del siglo X en la historia de España, y de ella se hablo en toda Europa y en los confines de Asia. (en la imagen, restos de la puerta del Arrabal de la muralla de Simancas)simancas

No obstante, aquella derrota musulmana no impidió que años después (exactamente en 981) Almanzor se presentara en Rueda para librar otra importante batalla que se decantó a favor de los sarracenos, y que tuvo consecuencias internas para los cristianos, pues los nobles gallegos se levantaron contra Ramiro III, obligándole a abdicar como rey de León en favor de Bermudo II.

Pero dejemos a moros y cristianos para saber que ocurrió entre los mismos cristianos, que no necesitaban de enemigos agarenos  para  enfrentarse entre ellos.

Apuntado queda que los ríos -citado está el Duero- fueron importantes líneas divisorias: los puentes no eran precisamente numerosos, pocos los lugares de vadeo y no durante todo el año, y aunque ahora veamos escaso el Sequillo o inexistente el Trabancos, sin embargo en otras épocas no eran obstáculos fáciles de salvar.

Y esto nos lleva a situar el Sequillo y el Trabancos como líneas fronterizas, esta vez entre los reinos de León y Castilla. Me detendré en el Trabancos.

Vamos, pues, a  Castrejón de Trabancos (que queda cerca de Alaejos o Nava del Rey) para recordar que en sus inmediaciones se desarrollo una trascendental colisión entre ambos reinos cristianos. Corría el año 1179 y las tropas leonesas del entorno de Toro y Castronuño leales a Fernando II se enfrentaron a las tropas de Alfonso VIII de Castilla. No estoy muy seguro de si en aquella ocasión hubo vencedores y vencidos pero cierto es que los historiadores aseguran que aquella cruenta reyerta obligó a firmar la paz, pocos años después -1183- entre ambos reinos.castrejon 1

Aprovecharé el momento para anotar que fue también en Castrejón donde a punto estuvo de cambiar el signo de la Guerra de la Independencia, pues aquí sufrió Wellington un importante susto cuando estuvo a punto de ser apresado por las tropas francesas que merodeaban por Rueda, lo que  muy probablemente habría  hecho que el curso de aquella guerra tomara otros derroteros.

Pero sigamos con los monarcas cristianos,  y esto nos lleva a las batallas de Olmedo, pues dos fueron las que acontecieron. El 19 de mayo de 1445 las tropas de Juan II de Navarra, que tenían Olmedo en su poder acabaron enfrentadas en una nada pequeña batalla con los partidarios del entonces príncipe Enrique (futuro Enrique IV de Castilla). en la fotografía, imagen de la serie Isabel, de RTVEejercito-la-catolica

 

El segundo enfrentamiento tuvo lugar el 20 de agosto de 1467. Entonces, de nuevo Enrique IV se enfrenta a los partidarios de su hermanastro Alfonso. Ambos se proclamaron vencedores y en la contienda estaban enredadas todas las familias notables de la época, alguno de los cuales estaban llamados a futuros acontecimientos: ¿se acuerdan de Beltrán de la Cueva, tan implicado en la lucha por la sucesión del trono entre Juana la Beltraneja e Isabel? pues por Olmedo andaba el tal Beltrán.

Algunas coplas se hicieron eco de estos acontecimientos de Olmedo.