CANAL DEL DUERO: APAGÓ LA SED DE VALLADOLID

El canal de Duero fue un proyecto sin duda muy positivo para Valladolid y los municipios por los que discurre desde su inicio en Quintanilla de Onésimo. Más, sus primeros años de servicio no estuvieron exentos de controversia.

En otoño de 1886 ya corría por las tuberías de Valladolid el agua que traía el canal. Fue muy largo el parto que permitió  que la ciudad recibiera el agua que le sacaría de sus endémicos problemas de abastecimiento. Los antecedentes  hay que situarlos en lo que se dio en llamar proyecto del canal de Valladolid: en  1864 se autorizó la construcción de un canal derivado del Duero en las inmediaciones del Molino de Villabáñez, cerca de Peñalva. Pero aún habría de trascurrir más de dos décadas hasta que el canal fuera una realidad y, además, con un proyecto diferente, que es el que ahora conocemos.

La ciudad tenía en aquellas fechas unos 66.000 habitantes, y las fuentes  públicas que suministraba la traída de Arcas Reales no daban ni de lejos para atender las necesidades de la población y sus industrias. Durante años se fueron sucediendo iniciativas para satisfacer la necesidad de agua: se reparó la traída de Argales, se hicieron fuentes con agua suministrada por el Pisuerga, se condujeron aguas hasta el interior de la población desde el barrio de la Victoria, se estudiaron todos los manantiales del entorno de la ciudad, etc… Pero la ciudad no estaba convenientemente abastecida. De ahí que el municipio viera con esperanza la construcción del canal del Duero.

Muy arduas fueran las gestiones que realizó el Ayuntamiento de la capital para asegurarse de que el proyecto del canal, de iniciativa privada por una empresa formada en 1862, saliera adelante. Aquello fue motivo de no pocos debates entre los munícipes capitalinos, pues el proyecto no dejaba de ser un negocio privado y había quienes apostaban por emplear las aguas del Pisuerga y no las del Duero para abastecer la ciudad. Ganaron, finalmente, los llamados “dueristas” y, si bien al menos sirvió para asegurar el saneamiento de Valladolid (además del abastecimiento de aguas potables), a partir de aquel año de 1886, no empezaron sino un sinfín de disputas entre la empresa y las autoridades municipales:  que si eran leoninas la condiciones de abastecimiento,  que si la empresa no ponía todas las fuentes a se había comprometido, que si estas eran de hierro y mala calidad, que si la calidad del agua que suministraba a las casas dejaba mucho que desear (especialmente la que iba a los barrios humildes), etc. Todo aquello condujo a que tras muchas polémicas, el Ayuntamiento municipalizara el servicio en el año 1959, para lo que se firmó un acuerdo con la Sociedad Industrial Castellana que era la que en aquellas fechas gestionaba el canal.

La construcción del canal se acometió para atender dos objetivos: abastecer de aguas a Valladolid,  y regar unos cuantos miles de hectáreas. Para ello necesitó construir túneles, acequias, puentes, acueductos y depuradoras.

Es el caso que esta fenomenal obra de ingeniería ha dejado un interesantísimo patrimonio industrial y natural. Y con esta somera introducción sobre la historia del Canal, vamos a recorrerlo desde su nacimiento.

 

Las obras del canal comenzaron en noviembre de 1880. La captación de las aguas del Duero está en Quintanilla de Onésimo. Duraron seis años y en algunos momentos hubo hasta 1.000 jornaleros trabajando en su construcción. El canal principal tiene una longitud de 52 kilómetros y desemboca en el Pisuerga a la altura del municipio de Santovenia.

 

Por cierto, hay que aprovechar el paseo para admirar el puente que une Quintanilla con Olivares. Se trata de una obra del renacimiento cuya construcción comenzó a principios del s. XV y no estuvo completamente terminada hasta dos siglos después. Ya en tiempos de los Reyes Católicos se comenzó a barruntar la necesidad de construir este importante paso sobre el Duero.

 

A partir de la captación, el canal discurre bajo Quintanilla por un túnel de 450 metros. Cuando sale a la luz, a las afueras de la población, es donde se sitúa propiamente el nacimiento del canal. Desde este punto,  una senda discurre  entre el río y el canal  que, hasta Tudela, corren parejos  consolidando un bello y exuberante paisaje de ribera: chopos lombardos, olmos, pinos, fresnos, encinas, robinias y otras muchas especies son las dueñas de estas orillas.

 

Ambos cauces van tan próximos que incluso en algunas ocasiones sus aguas han llegado a mezclarse, motivo por lo que en un tramo entre Quintanilla y Abadía Retuerta hubo que construir un muro de hormigón de casi trescientos metros de longitud y  un metro de ancho que los separase.

 

En Sardón, el canal se estrecha formando un puente para salvar la desembocadura del arroyo de Valimón en el Duero.

 

Y, de nuevo, a la altura de Puente Hinojo, el agua tiene que pasar sobre la desembocadura del arroyo Valcorba. Para ello se construyó un puente por donde pasa el canal. Recientemente sobre este puente se construyó un pontón de madera que une el paraje recreativo de Puente Hinojo con la Senda del Duero. Veamos esta misma construcción hace unos cuantos años, donde se aprecia que el canal se utilizaba para baño y disfrute de la gente. La foto antigua está tomada del libro “El canal del Duero” editado por la Junta de Castilla y León en 1991, en el que participan varios autores.

 

Una de las mayores dificultades con que se encontraron los ingenieros del Canal fue que este debía salvar el cauce del propio río Duero en un punto a la altura de Tudela. Para ello construyeron un viaducto de hierro que sobrevuela el río. La fotografía está cogida del blog “Valladolid en bici”.

 

Una de las casas que se construyeron para servicio del Canal y que ocupaban vigilantes y capataces.

 

Típico puente a la altura de Laguna de Duero.

 

El canal antes pasaba sobre la carretera de Segovia. Para tal fin se construyó lo que se conocía como tubo Barrasa. Era de hierro y con alguna frecuencia se rompía por el paso de camiones de cierta altura. Se solucionó haciendo una desviación del canal que evitara el paso sobre la carretera. Aún se pueden ver los estribos sobre los que se apoyaba el tubo. Están sobre la vieja carretera en las inmediaciones de la urbanización La Corala.

 

Los caminos de servicio del canal son frecuentados por ciclistas y corredores. Y sus aguas se aprovechan para la pesca de barbos, carpas y cangrejos.

 

El canal entra en Valladolid hacia la depuradora de San Isidro.

 


Diversas construcciones del canal, entre las que hay que apreciar dos modestas construcciones:  las antiguas arcas para solventar atranques en el canal, que en este tramo discurre bajo tierra.  Las encontramos junto a la carretera de Soria en el tramo que entra ya en el casco urbano de Valladolid.

 

Edificio de la depuradora de san Isidro  y otras construcciones de 1886.

 

Nuevas  instalaciones que ampliaron la capacidad de la vieja depuradora. La gestión del servicio de abastecimiento durante 20 años (desde 1997) la llevó a cabo una empresa privada. Recientemente el Ayuntamiento ha vuelto a recuperar la gestión directa.

 

Y nos vamos a introducir en el interior de las instalaciones. Se conservan las viejas salas, como la de filtración, de reactivos, el primer cuadro eléctrico de bombeo, etc.

 

El tratamiento del agua y su posterior distribución exigen una maquinaria y tecnología importantes,  tal como se puede apreciar en estas imágenes de la depuradora. En 1955 el Ayuntamiento tomó la decisión de usar también las aguas del Canal de Castilla para abastecer la futura Huerta del Rey y otros barrios de aquel lado del Pisuerga. Para ello se iniciaron los trámites de construcción de una nueva depuradora y su correspondiente red de abastecimiento.

 

Y concluimos nuestro paseo virtual por el canal con dos perspectivas del primitivo aljibe de la depuradora: una fascinante construcción en ladrillo que guarda, en la oscuridad, el agua en espera de ser distribuida para el consumo.

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CANALES DE VALLADOLID

El canal de San José, alimentado por el Duero en tierras de Castronuño y Villafranca de Duero, riega más de 4.000 ha. gracias a una red de acequias de 100 kilómetros. Dispone Valladolid de unos cuantos canales que permiten dar de beber a muchas poblaciones y regar infinidad de tierras. Dos de estos, el citado de San José y el de Toro parten desde la presa de Castronuño. Existen otros canales, además de los más afamados –como son los  de Castilla y el del Duero, terminado en 1886, (ambos para regadío y abastecimiento de aguas potables)- que se hacen visibles en muchos rincones de la Provincia. Y casi todos toman sus aguas en el Duero.

Como una docena de canales surcan tierras vallisoletanas. Además de los ya citados, están el Canal de Tordesillas, el de Pollos, el de Castronuño,  el de Padilla (el más corto de todos los canales vallisoletanos –poco más de 2 km.-), el de Riaza, que coge sus aguas  donde el río Riaza cede las suyas  al Duero, en la Provincia de Burgos.

El Canal de Macías Picavea toma las aguas de las del Canal de Castilla, a la altura de Medina de Rioseco, y el Canal de Geria-Villamarciel se alimenta del Pisuerga.

La mayoría de estos canales y sus muchas acequias se fueron construyendo en los años 50 y 60 del siglo XX, y salvo los taludes de los canales de Castilla y del Duero, que están construidos en tierra, el resto encauzan sus aguas entre paredes de hormigón buscando las salidas hacia las acequias que se desparraman por diversas comarcas para regar un buen número de hectáreas.