HECHA LIBRO A LIBRO: CASONA DE URUEÑA. BIBLIOTECAS (II)

Una vez que conoces la biblioteca de la Casona de Urueña se hace difícil separarla del valiosísimo conjunto documental de la Fundación Joaquín Díaz, cuyos fondos están depositados en esa población que, desde Torozos, se asoma a las llanuras de Tierra de Campos.

Pero en esta ocasión no vamos a detenernos con detalle  en la salas de la Casona en las que se exponen instrumentos musicales, pliegos de cordel, grabados de trajes,  aleluyas y gramófonos, no;  vamos a centrarnos en la biblioteca,  que no está en el “circuito” visitable, sino reservado a expertos y estudiosos del folklore y la antropología.

Así que, en la medida que sea capaz, intentaré hacer visible la biblioteca de la Casona, cuyos detalles y curiosidades me fueron mostrados por Carlos Porro, apasionado trabajador de la Fundación.

Lo primero que hay que indicar es que se trata de una biblioteca personal de Joaquín “hecha libro a libro desde hace 50 años”.

Aunque pudiera parecer que su grueso principal tiene que ver con la actividad musical de su promotor, lo cierto es que la biblioteca está especializa en la antropología, que en definitiva es todo lo que interesa al ser humano, y especialmente lo que tiene que ver con su capacidad de expresión y su pasión por comunicar.

El fondo bibliográfico se compone de unos 26.000 libros, repartido en tres espacios de la Casona. Una de las salas ofrece un ambiente acogedor que propicia una agradable consulta de los libros. Es la pieza más noble, por llamarlo de alguna manera, en la que se concentra la oralidad en idioma castellano en todas sus vertientes: música, cancioneros, lengua, teatro, cuentos, coplas de cordel, refranero… Libros en varios idiomas, de países que también tienen una gran cultura oral: Francia, Italia, Portugal… también Alemania, etc. Y en todas las lenguas que se hablan en España: catalán, gallego y euskera.

El conjunto documental que tiene la Casona no existe en ninguna otra biblioteca española. Contiene, además colecciones prácticamente exclusivas, como es el cancionero desde el siglo XV, especialmente cancioneros y romanceros de palacio, compuesto de un número de  ejemplares que supera incluso los que tiene la Biblioteca Nacional.

La inmensa colección ya da señales del  enorme número de autores representados en la biblioteca… y pongamos de ejemplo a Calderón de la Barca cuyos sainetes contienen muchas referencias folklóricas.

En fin, este inmenso e interesantísimo depósito bibliográfico se completa con una amplísima fonoteca y una fototeca que, para los estudiosos, complementa sus investigaciones.

 

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Fachada de la Casona de Urueña, Fundación Joaquín Díaz

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Zaguán de la casona con la puerta de acceso a una de las salas de la biblioteca

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Interior y diversos detalles de la pieza principal de la biblioteca, con el característico facistol, que permitía apoyar aquellos grandes libros

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Otra dependencia de la biblioteca que, en realidad se compone de varios espacios, con diversos objetos antiguos

 

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Facsimil sobre la entrada de los cruzados en Jerusalén : “Las crónicas de las Cruzadas”, una trilogía del siglo XV

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“Libro de trajes españoles”  de 1860, impreso en París, escrito por Albert Adam…

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… Y ya que estamos en la Casona, no me resisto a incluir un par de  imágenes de las piezas expuestas al público: solo una pequeñísima muestra de lo que allí nos podemos encontrar (en la foto superior Joaquín Díaz dándome detalles de un instrumento musical)

NOTA. Horario de visita de la Casona (calle Real): de martes a viernes, de 10 a 13 h. y de 16 a 19 h.; sábados y domingos, de 10 a 13 h. Lunes y festivos, cerrado. Entrada individual, 2 euros

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MUSEO DE LA FUNDACIÓN JOAQUÍN DÍAZ. URUEÑA

LOS CIEGOS DABAN LAS NOTICIAS

La forma de acceder a este museo ya es toda una declaración de intenciones: hay que llamar al timbre para que una persona franquee la gruesa puerta de madera. Esto es un aviso de que el contenido de la vieja casa del siglo XVIII está abierto para quienes verdaderamente tengan interés en conocer lo que allí se expone, no para quienes, turistas aburridos, se cuelen con la única intención de matar el tiempo. Porque, además, en este recinto hay gente trabajando e investigando entre los archivos y legajos del patrimonio tradicional y etnográfico que atesora la Fundación.

Una vez dentro, las dependencias del edificio albergan tres colecciones: la de pliegos de cordel y aleluyas; la de grabados de trajes de época; y la de instrumentos musicales. Sólo por cualquiera de ellas ya es motivo suficiente para ir a la casona.

La colección de pliegos de cordel y aleluyas en realidad nació con vocación de temporalidad y, sin embargo, se ha convertido en una de las salas más atractivas y peculiares del museo, comenta Joaquín Díaz. Las decenas de muestras que se exhiben son sólo una pequeña parte de los fondos existentes. Estos pequeños folletos, cuadernillos, pliegos de cordel y viñetas, que tratan de los más variopintos asuntos tales como coplas, romances, noticias y documentos, nacieron con la imprenta y perduraron a pesar de la aparición de los periódicos, a los que, en realidad hicieron la competencia, pues aquellos ciegos que desplegaban sus carteles ante el público de la calle, ávido de escuchar historias curiosas, contaban la verdad de lo que ocurría: no narraban historias inventadas, sino hechos verosímiles, eso sí, adornados y entonados con la mejor de las técnicas orales.

Y, escaleras arriba y en el mismo recibidor del museo, comienzan a desplegarse, colgados por las paredes, los grabados de trajes de toda Castilla y León que, por sus decorados y ambientación, y por las indumentarias de personajes y oficios, informan de la vida pretérita, de los usos, de las costumbres, en un abanico de fechas que comienza en 1777 y termina en la década de los cuarenta del siglo XX. Por tanto, muchos visitantes aún podrán reconocer las estampas que muestran los grabados.

HOMENAJE A UN DULZAINERO

Los grabados terminan por mezclarse, sin interferencia alguna, con los instrumentos musicales, ya en la segunda planta, donde un organillo, un pianoforte y un clave castellano del XVIII, forman la antesala de la afamada colección de instrumentos musicales populares. Es decir, instrumentos que verdaderamente han sido utilizados por personas y grupos para hacerlos sonar en romerías, procesiones, rondas y rondallas a lo largo de los siglos XVII, XVIII y XIX. Básicamente se trata de instrumentos de Castilla y León, sin que por ello no sean de uso en otras regiones españolas. Por ejemplo, la flauta de tres agujeros puede que sea el instrumento más sencillo y extendido por toda España.

Como no puede ser de otra forma, las carracas y matracas ocupan parte de la exposición, que aunque se han vinculado casi en exclusiva a las celebraciones procesionales de Semana Santa, son más antiguos que el propio cristianismo, pues los judíos ya usaban las matracas en su tradicional fiesta del Purim, que recuerda su intento de exterminio por las armas de los soldados de Hamán y, así, cada vez que en la sinagoga donde se celebraba la fiesta se cita el nombre de Hamán, se levanta un estruendo de matracas. Reconvertidas al cristianismo, en los oficios de tinieblas, las iglesias se aturdían con su ruido para rememorar el cielo rasgado en el momento de la muerte de Jesús.

Y entre otras muchas piezas curiosas, hay un par de campanillas que son, en realidad, tintinábulos, uno del siglo I d.C. y que entre otras aplicaciones más formales -como las celebraciones religiosas en los templos romanos- se ponía en las casas para atraer la suerte y el vigor que debía venir a la familia. Luego, la Roma cristiana comenzó a utilizar el tintinábulo para anunciar la llegada del Papa al Vaticano.

Mas, en esta sala de instrumentos musicales no ha de pasar desapercibido un sencillo rincón en el que se exponen una caja o redoblante y una dulzaina. Se trata de un homenaje a Ángel Velasco. Nacido en Renedo de Esgueva a finales del XIX, fue constructor de dulzainas e interprete destacado y maestro de maestros, como lo fue del segoviano Agapito Marazuela. El virtuosismo de sus composiciones y la búsqueda de sonidos más acordes con el público contemporáneo, hizo que la dulzaina se colocara por encima de todos los instrumentos populares hasta la fecha, pues consiguió que llegara incluso a usarse en comarcas hasta entonces ajenas al mismo.

MUSEO DE LA FUNDACIÓN JOAQUÍN DÍAZ

LUGAR: calle Real, 4. Urueña.
EDIFICIO: Casona de piedra del siglo XVIII, adquirida por la Diputación Provincial de Valladolid, se rehabilitó e inauguró en 1991.
VISITAS: martes a viernes: 10 a 13 y 16 a 19. Sábados y domingos: 10 a 13. Teléfono 983 717 472
CONTENIDO: tres colecciones: instrumentos tradiciones populares, pliegos de cordel y aleluyas; grabados de trajes tradicionales.
WEB: http://www.funjdiaz.net