EL FERROCARRIL Y LAS ESTACIONES

El ferrocarril ha desempeñado un papel fundamental en la historia de  Valladolid y su provincia. De hecho, la llegada del ferrocarril a la ciudad en 1860 supuso un antes y un después para la vida y la economía vallisoletana.

También para algunos  municipios de la provincia, como es el caso de Medina del Campo, que se convirtió en un centro neurálgico de las comunicaciones ferroviarias, y en diversos pueblos, que vieron como la construcción de una estación supuso un avance importantísimo. Si a ello añadimos sendos talleres de reparaciones en Valladolid y Medina del Campo, que llegaron a tener incluso escuela propia de aprendices, acabamos de entender cuanto bienestar aportó el ferrocarril a Valladolid.

Pero no vamos a meternos en la harina de la historia, sino a darnos un paseo por algunas estaciones y lugares relacionados con el ferrocarril.

El ferrocarril supuso un enorme avance para las comunicaciones y para el desplazamiento de viajeros. El ferrocarril tenía una enorme capacidad de arrastre de mercancías, así como una comodidad para los pasajeros, hasta entonces baqueteados en largos e incómodos desplazamientos en diligencia. Y hasta que el vehículo no se popularizó muy avanzado el siglo XX, el ferrocarril (también el coche de línea) fue la manera de desplazarse por la península e incluso al extranjero.

Tras la Guerra Civil, el gobierno nacionalizó el ferrocarril creando la empresa RENFE (Red Nacional de Ferrocarriles Españoles), pues desde el principio las líneas del tren las habían puesto en marcha  empresas privadas, que conseguían del Estado las concesiones correspondientes.

El primer tren que llegó a Valladolid fue el 8 de julio de 1860. Venía de Burgos y a esa ciudad se volvió después de pasearse varias veces por el Arco de Ladrillo. Todavía no estaba construido el tramo Madrid-Valladolid de la línea ferroviaria Madrid- Hendaya que estaba construyendo la concesionaria de ese tendido ferroviario: Ferrocarriles del Norte. Sorprendió a la muchedumbre que salió a recibir el tren, el que vinera con 56 vagones. Vagones cargados de traviesas, railes, clavos y carbón para los obras del citado tramos Valladolid-Madrid. La potente máquina de vapor, a la que habían bautizado con el nombre de “Valladolid”, estaba construida en Francia por la empresa Grafenstaden y Schneider. Se trataba de una locomotora muy parecida a la que aparece en la fotografía.

Fotografícas del Archivo Municipal de Valladolid

La primera estación de Valladolid estuvo al pie del Arco de Ladrillo, hasta que en 1895 entró en servicio la que ahora conocemos: Estación Campo Grande.

La necesidad de un sitio para que la población de Valladolid se expansionase, de manera especial la clase trabajadora, animó al Ayuntamiento del año 1900 a realizar gestiones para que la Compañía de los Ferrocarriles del Norte construyera un apeadero en el Pinar de Antequera; poco más tarde se levantó una pequeña estación que sin contemplaciones ni sensibilidad por la historia vallisoletana, se derribó en 2008 bajo el pretexto de las obras de soterramiento del tendido ferroviario a su paso por el Pinar. Se trataba de una típica estación  de ladrillo que en su interior ofrecía una interesante estructura y escalera de hierro. Un lugar donde facilitar que la gente pudiera llegar al Pinar y “saturar los pulmones dando vida y energía”, según se escribió en las crónicas periodísticas de principios del siglo XX.

Unos pocos años antes de la estación de El Pinar, exactamente en 1885, se había construido la de La Esperanza, en el tránsito del Arco de Ladrillo a la Farola. Se trata de la línea Valladolid-Ariza, que servía para dar salida a los trigos, y otras mercancías y pasajeros hacia el corredor del Ebro. La línea la construyó y explotó la compañía MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante). Aunque pueda desanimar visitar ahora esta vieja estación,  habida cuenta de lo apartado que está, se puede respirar todavía su ambiente ferroviario. En las imágenes se ven el reloj, muy característico de todas las estaciones de tren, y junto a la estación construcciones de la Azucarera Santa Victoria. La línea fue cerrada al tráfico de viajeros en 1985 y a mercancías en 1994. No obstante en las inmediaciones de Valladolid sigue prestando servicio a la fábrica RENAULT.

La Esperanza ofrece un conjunto de típicos edificios ferroviarios compuesto por almacenes y edificio de pasajeros. El edificio principal  es de  fachada de mampostería y tradicional reloj de estación. En este edificio  tiene su sede ASVAFER, una asociación de amigos del ferrocarril que trata de conservar la memoria y la historia de este trascendental medio de locomoción, así como fomentar su utilización.  A la derecha de la fotografía se ven los edificios de la antigua Azucarera Santa Victoria.

Fotografía del AMVA

Este paseo un tanto melancólico nos lleva a  hablar de la estación de la plaza de San Bartolomé, en el barrio de la Victoria. Era el punto de partida del tren económico a Medina de Rioseco,  o más popularmente conocido como tren burra (por la lentitud de su marcha). Comenzó a prestar servicio en 1884 y la línea se cerró en 1969. Su puesta en marcha requirió la compra de 5 locomotoras Sharp-Stewart que se fabricaron en Manchester. La línea ferroviaria la explotaba la Compañía de Ferrocarriles Castilla y Española de Ferrocarriles Secundarios.  Una de estas pequeñas máquinas de vapor se puede ver en la citada plaza rindiendo homenaje a tan entrañable e histórica línea ferroviaria. También en Medina de Rioseco hay otra locomotora  en uno de los jardines que bordean la carretera de León. 

Ambas imágenes son del AMVA

Hubo otra estación en el corazón de Valladolid. Donde ahora presta servicio la Estación de Autobuses antes estaba la estación Campo de Béjar, que daba servicio a la línea ferroviaria llamada tren burra. Las unidades, más bien pequeñas, entraban desde la Plaza de San Bartolomé por el Puente Mayor, el paseo de Isabel la Católica  y el Paseo de Zorrilla, hasta esta estación inmediata al Arco de Ladrillo. En una de las imágenes se ve cuando se comenzó a derribar el edificio de Campo de Béjar en la década de 1970;  en otra, unos curiosos posan junto a la máquina del tren frente a la Academia de Caballería pues había descarrilado y tuvo que permanecer parada unas cuantas horas; y por último, el tren a su paso por Isabel la Católica: un operario iba en el morro de la locomotora avisando de la presencia del trenecillo.

Foto del AMVA

La estación de Medina del Campo entró en servicio en septiembre de 1860 una vez que las obras del tendido hacia Madrid, desde Valladolid, llegaron a la villa. La estructura de la estación  es casi idéntica a la de Valladolid, incluso en la marquesina de los andenes. La estación se inauguró en 1902. Medina del Campo siguió creciendo en importancia ferroviaria cuando entraron en servicio nuevas líneas que comunicaban con Zamora y Segovia.

NOTA: Hay varios libros muy recomendables que tratan detalladamente de algunas de las cosas que en este artículo se comentan: El ferrocarril en la ciudad de Valladolid (1858-2018), de Pedro Pintado Quintana; y de este mismo autor, El ferrocarril Valladolid-Ariza. Godofredo Garabigo Gregorio escribió el libro El ferrocarril de Valladolid a Medina de Rioseco, tren burra.

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