ZORRILLA, EN UN RINCÓN DE LA ESGUEVA

José Zorrilla, joven aún,  no solo deambuló por el viejo Valladolid que le vio nacer, sino que se interesó por otros rincones de la provincia. No sé si llegó a visitarlos, pero desde luego de ellos escribió. Uno fue Fuensaldaña, pues a un cuadro que entonces se guardada en el convento de las monjas de aquella localidad le dedicó un cuento: “La Madona de Pablo Rubens”.

Y otro paraje fue el valle de la Esgueva, que protagoniza su obra titulada “Honra y vida que se pierden, no se cobran,  mas  se vengan”. El profesor de la Universidad de Valladolid Ricardo de la Fuente Ballesteros, en su libro “Valladolid y Zorrilla”, sitúa  el desarrollo de la narración en las proximidades de Canillas, Encinas y Villafuerte.

Es el caso que el poeta vivió en este valle uno de los tantos episodios y aventuras que conoció a lo largo de su vida. El mismo escritor relata en “Recuerdos del tiempo viejo” que cuando su padre, a la vista de su poco interés por los estudios de derecho que manifestaba el joven Zorrilla, le  quiso recluir en  Lerma obligándole a tomar una diligencia (galera) que le condujera a aquella población burgalesa donde residía su familia, aprovechó un descuido del conductor y se montó a lomos de una yegua que por el campo pastaba,  y “… me volví a Valladolid por el valle de Esgueva, que era otro camino del que la galera había traído.” Tal como él mismo relata.

Pues bien, vamos a darnos un paseo por este paraje  de Castilla al son de  los primeros versos de la citada  obra de Zorrilla: “Honra y vida que se pierden, no se cobran, más se vengan”. Acompañaremos el texto con discretas  imágenes, de Encinas, Canillas y otros rincones del valle,  que no estorben las rimas del poema.

En un rincón de Castilla, / allá en el fondo de un valle, / sobre tres cerros distintos / hay tres torres semejantes.

1

Castillos los llaman unos, / otros atalayas árabes, / más su origen positivo /  a la verdad no se sabe.

2

Un río humilde, el Esgueva,  / la falda a los cerros lame, / y entre huertas y majuelos / lleva a rastra sus cristales.

Entre los olmos y las vides / con que tapiza su margen, / y ambas filas de colinas / que le interrumpen el aire, / hay derramados sin orden /  más de un ciento de lugares  / que amasados todos ellos / un pueblo tal vez no valen.

3

Pues los pueblos con el río,  / y las huertas de la margen, / las colinas que le cercan / en dos bandas desiguales, / y lo tres cerros distintos / con tres torres semejantes,/ de tal modo unos en otros / vegetan, pasan o yacen, / que todo el conjunto entero, / sin que esto lo dude nadie, / tomando nombre del río / forman sin disputa un valle.

4

Está la noche expirando, / y allá  en el fin de la sombra / en vacilante crepúsculo / tiñe el Oriente la aurora.

6

La luna en el Occidente / su pálida luz ahoga, / y las estrellas la siguen / luz reflejando medrosa.

Silba el cierzo entre las ramas / de los árboles sin hojas, / y con espejos de hielo / Esgueva sus aguas orla (…)

 NOTA: el texto está tomado de la edición de 1943 que Librería Santarén hizo en el cincuenta aniversario del fallecimiento de José Zorrilla.

 

Anuncios