EL TRABAJOSO MONUMENTO DEL CONDE

La huella del conde Ansúrez en Valladolid (y III)

Se inauguró en la Plaza Mayor  el 30 de diciembre de 1903. Si solo dijéramos esto estaríamos hurtando una más que interesante historia sobre el mismo, que tuvo una larguísima gestación cuajada de numerosas anécdotas y curiosidades.

Y a ellas no vamos a referir muy resumidamente.

En el año de 1862 se solicita presupuesto de una estatua de Don Pedro Ansúrez al escultor Nicolás Fernández de la Oliva (a la sazón profesor de la Escuela de Industrias, Artes y Oficios, y autor de la escultura de Cervantes situada en la plaza de la Universidad). Este presenta varios presupuestos según la estatua se realizara en piedra caliza, mármol del país, mármol de Carrara o bronce. Según el historiador José Luis Cano de Gardoqui García, el monumento se iba a colocar en la plaza de San Miguel.

El caso es que ese primer tanteo tardó cinco años en cuajar, pues no fue hasta 1867 cuando el Ayuntamiento acordó con Fernández de la Oliva las bases para construir el monumento. Para pagar los gastos se hizo una suscripción popular y se compró una piedra con el fin de hacer el pedestal. Piedra que tardó en estar en la Plaza Mayor, pues en realidad acabó poniéndose como pedestal a la estatua del dios Apolo que durante unos años adornó  la Fuente Dorada.

En 1872, parece que  ya había una piedra en medio de la plaza con la finalidad de ser el pedestal del conde. Piedra que fue objeto de debate en un pleno municipal de 1877, en el que varios concejales pidieron que la piedra se trasladara a la plaza de Santa María o lugar próximo al palacio que habitó el Conde, que es  donde se sugiríó que se  levantara su estatua; y que en la plaza Mayor se construyera una fuente monumental abastecida con las aguas del Pisuerga que en esas fechas estaban abasteciendo las fuentes de la ciudad.

(Esta imágen es ficticia, creada por Alberto García, diseñador gráfico, a petición mía)

Pero hemos sabido  que sobre aquella piedra en realidad había un obelisco que estaba instalado en 1873. Se trataba, al parecer, de un “monumento provisional”  (¿a la I República?). Es el caso que el “dichoso” obelisco fue  motivo de algunas controversias: en 1877 el concejal encargado del “ornato público” propuso que se derribara, alegando  que “la permanencia del obelisco es ofensiva a la reconocida cultura de la capital de Castilla la Vieja”. 

Ciertamente esa piedra era, valga la expresión, “una china en el zapato de la ciudad”: en 1875, es decir dos años antes de lo relatado más arriba, Valladolid iba a recibir la visita de Alfonso XII, motivo por el que se quería mostrarle la mejor cara de la ciudad. Para tal fin se acordó que desapareciera el capitel (obelisco) sito en la plaza y que se sustituyera por una estatua en yeso del Conde.

VENTICINCO AÑOS MÁS TARDE

Llegamos a agosto de 1900, fecha en que el alcalde Mariano González Lorenzo se lamentaba de que “… el monumento del conde Don Pedro Ansúrez que tantas veces se ha  proyectado, quedándose otras tantas relegado al olvido sin causas que lo justificasen…”

Parece que ya la corporación se pone a ello para saldar esta vieja deuda con la memoria del repoblador de Valladolid, y de nuevo se estudia la forma de llevarse a cabo. En ese mismo año, el escultor Aurelio Carretero se ofrece al Ayuntamiento para llevar a cabo la construcción del monumento. A todo esto, el primer escultor consultado, Fernández de la Oliva, había fallecido en agosto de 1887.

A tal efecto se crea una comisión encargada de inspeccionar y revisar las obras y los gastos que fueren necesarios para la construcción del monumento. Para abaratar costes el propio Carretero propone que la obra se lleve a cabo en invierno, aprovechando la temporada “del plus”. ¿Y qué era el plus? Pues cuando el Ayuntamiento contrataba obreros jornaleros del campo que terminadas las faenas del campo (siega y vendimia principalmente) se quedan sin trabajo, y de esta manera se les abonaba algún salario que les permitiera pasar el invierno.

(Archivo Municipal de Valladolid)

Por cierto, el asunto del coste también preocupó a Carretero, pues él mismo presentó un proyecto “conteniendo los vuelos de la imaginación para no presentar un modelo irrealizable por su coste y sujetado a lo que realmente puede llevarse a cabo sin sacrificio, procurando que dentro de su sencillez reúna todas las condiciones de Monumento y a la vez tenga sabor de época”…

Hubo algún debate acerca de si el pedestal y la estatua deberían ser realizados por el escultor o si se podían separar, como así se hizo finalmente: Carretero la escultura y bronces del pedestal, y Agapito Revilla (a la sazón arquitecto municipal) el pedestal de piedra.

Y el pleno de 4 de enero de 1901  toma el acuerdo de que se construya en la Plaza Mayor, de acuerdo al presupuesto que habían presentado Carretero y Revilla.

Vamos a dar dos pinceladas sobre quienes fueron los ejecutores del monumento. Aurelio Rodríguez-Vicente Carretero, que solía firmar como Aurelio Carretero o A. Carretero, nació en  Medina de Rioseco 17 enero de 1863  y falleció en  Madrid en marzo de 1917. Entre otras obras, es el autor del monumento a Zorrilla, los bustos de Isabel la Católica en Medina del Campo y el de Miguel Íscar en el Campo Grande, así como de la escultura que preside el panteón de personas ilustres del cementerio del Carmen.

Y Juan Agapito y Revilla, arquitecto municipal de Valladolid, nació en la ciudad el 13 diciembre de 1867, y falleció en 1944. Destaca no tanto por obras arquitectónicas (hizo el iglesia de La Pilarica) como por sus numerosos estudios y publicaciones sobre la historia de Valladolid. Supongo que todos uds. conocerán su obra imprescindible: Las calles de Valladolid. También hay que destacar que fue quien halló el famoso plano de Ventura Seco de 1833. Estaba adherido a la parte inferior de una mesa en las dependencias municipales. Agapito lo reprodujo con todo detalle, y el original se conserva en el Archivo Municipal.

Para la realización de la estatua, el municipio solicitó  al Ministerio de la Guerra que cediera gratuitamente 350 kilogramos de bronce. Pero  aquella solicitud no fue atendida, pues siguiendo las instrucciones  de la reina regente María Cristina de Austria, madre del menor futuro Alfonso XIII, se rechazó tal petición alegando la escasez de existencias de bronce en los parques de Artillería.

Ante esta contrariedad, en marzo de 1901 el propio escultor Carretero ofreció gratuitamente el bronce de lo que tenía en su estudio.

POR FIN, LA INAUGURACIÓN

El Ayuntamiento quiso inaugurar el monumento durante las Ferias de septiembre de 1903, tal como se anunciaba en el programa, pero hubo que suspender el acontecimiento pues el pedestal aún no estaba terminado.

Fue el 30 de diciembre. A las 11 de la mañana, según acta levantada por el secretario municipal.  Con toda la corporación presente, se procedió al descubrimiento de la estatua, y el acto fue amenizado por los acordes de la Marcha Real y se disparó  multitud de cohetes y bombas reales.

Ahora, detengámonos con detalle en el monumento que finalmente fue inaugurado:

La escultura se concibe reposada y tranquila con el pendón castellano en la mano derecha, y  del brazo izquierdo  pende, y recoge, el manto digno de nobleza al mismo tiempo que porta el documento que le acredita señor de Valladolid.

El pedestal, según la memoria del proyecto de 1900  llevará “unos pilarotes que sujeten las cadenas propias de los puentes levadizos hasta la coronación almenada. En el frente la figura simbólica de Castilla narrando a unos niños la Historia del Conde y los hechos de sus mayores; los laterales ostentan dos escudos orlados, ambos de laurel y roble, conteniendo el uno un castillo y el otro un cebú, reuniendo así gloria, firmeza, nobleza y fuerza”.

 

Es el caso que el pedestal que finalmente se levanta sigue las indicaciones de Agapito y Revilla, modificando sustancialmente  la idea del escultor. Y es el que ahora luce en la plaza Mayor: una inscripción que pone, “La ciudad de Valladolid erige este monumento a la memoria de su protector y magnánimo bienhechor el Conde D. Pedro Ansúrez. Siglos XI-XII”. Frente a la Casa Consistorial, el escudo de la ciudad.

En los costados sendos relieves que representan el acto conocido de la vida del Conde ante Alfonso I el Batallador, rey de Aragón,  divorciado  de Dª Urraca, con la soga al cuello (el divorcio puso en aprietos al conde, pues debía lealtad a Urraca su “señora natural”, y al rey aragonés, al que había prestado “juramento de fidelidad”).

Y el otro suponemos que  representa las obras de la iglesia de Santa María la Mayor con la torre de la Antigua al fondo, que según entonces se creía, eran las dos obras más artísticas que hizo Ansúrez en la villa. Ahora sabemos que, podría existir o no la capilla de la Antigua, pero desde luego no su torre.

Finalmente hay varios sellos redondos que representan las dos caras (una muralla con ocho puertas y torres donde pone VAL por un lado; y por otro un castillo): se trata, en realidad de una representación simplificado del primer sello oficial de Valladolid, que se puso en un pergamino del siglo XIII.

 

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