DONDE SE JUNTAN LOS RÍOS

Tiene Valladolid un lujo del que no muchas ciudades pueden presumir, y es el de disfrutar en el mismo casco urbano de la desembocadura de un río en otro. Me refiero a la Esgueva y el Pisuerga que, a caballo de los barrios de Rondilla y España, ofrecen un impagable paisaje.

Como es bien conocido, la Esgueva que ahora atraviesa por Valladolid no es el cauce original de uno de sus ramales históricos, sino un encauzamiento artificial cuyas obras se terminaron en la primera década del siglo XX. Aún más, el aspecto ajardinado que ahora ofrece es el resultado de una obra de adecentamiento que concluyó en los noventa de aquel mismo siglo.

Pero nada de esto hace perder un ápice el interés histórico de lo que ahora vemos ni el disfrute de uno de los paseos más emblemáticos que disponemos en Valladolid.0

Con estos antecedentes vamos a dar un paseo por las orillas de la Esgueva, que tiene su continuación en la ribera del Pisuerga.

Comenzaremos por uno de los  puentes del siglo XIX que se irán sucediendo en nuestro paseo: el que salva el río en el Camino del Cementerio. Estos puentes fueron embellecidos mediante murales que realizó el pintor Pablo Ransa. Ofrecen motivos propios del río: cangrejos, libélulas, salamandras, peces… Sin embargo la falta de mantenimiento amenaza con que los colores y dibujos se pierdan irremediablemente.

De aquí hasta la desembocadura, poco más de 600 metros, el tiempo ha ido colmando de arbolado y vegetación ambas orillas, “naturalizando” el cauce y haciéndolo, sin duda, más agradable.

La desembocadura se forma mediante una cascada de 7 peldaños que contribuyen a que las aguas de la Esgueva no se precipiten sobre el Pisuerga de manera violenta y que, sin embargo, a lo largo de una berma de una veintena de metros, el rio menor se disuelva en el mayor discretamente.

El edificio que hay junto a la desembocadura es una fábrica de luz que sirvió para alumbrar parte de la ciudad, hasta que, perdida su función, acabó sirviendo de locales para la federación de piragüismo, una práctica deportiva de raigambre en Valladolid.

La combinación de cascada, edificio industrial, y  compuertas y artefactos metálicos terminan por ofrecer al paseante un rincón muy singular y sugerente.

Nuestro paseo continúa descendiendo hasta las orillas del Pisuerga por la parte izquierda de la desembocadura, y sigue por un sombreado paseo que terminará cruzando por debajo del puente Mayor.

En este punto podemos decidir continuar por el Pisuerga. Pero si decidimos volver al punto de partida, es una buena opción hacerlo por los jardines Ribera de Castilla, que ofrecen, sin pretenderlo, un verdadero jardín botánico por las numerosas especies arbóreas que hay. En un determinado momento se podrá ver un reciente mural que llama la atención sobre que este parque fue el fruto de la reivindicación vecinal de Rondilla de hace unas décadas.

Total, entre ida y vuelta unos 4 kilómetros.

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Aspecto naturalizado que ofrecen las orillas de la Esgueva. Por cierto, el mayor caudal de agua que se ve en verano no es propiamente del río, sino del Canal del Duero, que vierte aguas al río a la altura de Puente la Reina, ya cerca de Renedo, para mantener el caudal ecológico mínimo.

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Detalle del puente en el camino del Cementerio. En ambos lados del puente hay notables ejemplares de acacias de tres espinas (gleditsia triacanthos)

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Uno de los puentes que en 1998 decoró Pablo Ransa

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Esta ninfa arrojándose a la Esgueva es obra de Ransa, y fue robada en 2006 (media 2 metros y pesada 1oo kilos)

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Fábrica de la luz, actualmente destinada a la práctica del piragüismo

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Cascada y berma de la Esgueva en su desembocadura

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Complejo de compuertas en la desembocadura

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Parque Ribera de Castilla

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Mural alusivo a la Ribera de Castilla

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PUENTES DE COLORES SOBRE EL RÍO

En los años sesenta de siglo pasado, el canal que ahora es el Esgueva (o la Esgueva) – en realidad, lo que queda  de los brazos, esguevas, con los que éste río fundía sus aguas en el Pisuerga- la corporación municipal  quiso  taparlo, esconderlo. Una forma, en definitiva, de  humillarlo. Reflejo, una vez más, de la mala relación que la ciudad siempre tuvo con este río. Mala convivencia que es un  auténtico paradigma de la hipocresía que  en ocasiones demuestran las sociedades: las esguevas arrastraban los desechos, las basuras, los vertidos de los orinales de los habitantes de la ciudad… Un servicio indispensable que, sin embargo, sólo mereció sonetos de desprecio escritos por notables poetas y comportamientos de desafecto Quizá por eso, a veces el río se desbordaba con enfado produciendo cuantiosos daños. Y ahora, cosas que ocurren cuando en vez de destruir o tapar se pone interés en recuperar, es un atractivo itinerario para quien camine a lo largo del paseo del Cauce.

Cuando se pensó en adecentar las orillas del río, ya casi al final del siglo anterior,  se debatió sobre si el tratamiento que se iba a  dar al cauce debía ser duro o blando,  con más cemento o con más vegetación, más frío o más cálido;  de cualquier modo, al final es uno de los paseos emblemáticos de Valladolid.

Para completar la rehabilitación de sus orillas, decidieron que cinco puentes, a partir del  que cruza el río en el camino del Cementerio, hacia la desembocadura, fueran engalanados por un artista.

A Pablo Ransa se le encargó que de colores pintara los puentes, de traza noble alguno, con escudo incluido, y de sencilla y agradable construcción de ladrillo y piedra caliza  el resto. El primero lo pintó de reflejos irisados;  trazó libélulas sobre un suave azulado en el que  es un antiguo acueducto; de rojo vivo  y cangrejos destacó otro de los puentes; dibujó peces  sobre verde en el cuarto puente; y aplicó el amarillo para acompañar el dibujo de salamandras en el quinto de los puentes decorados. El trabajo es, en definitiva, una especie de resumen del río, habitado ahora por multitud de patos que aportan movimiento a la monotonía del incansable discurrir del agua.

Estos puentes comunican sitios humildes; hace años, un tanto alejados de la ciudad; en su tiempo, lugares de huertas y descampados; más allá de Santa Clara, en la carretera que conducía hacia  Santander. Quizá por eso fue el sitio elegido para levantar varias promociones de viviendas baratas: para  trabajadores de ENDASA unas casas bajas, las que están a la derecha en dirección a la desembocadura; y a la izquierda, otras manzanas de varias plantas a las que pusieron  títulos de homenaje al Caudillo y a sus tropas: XXV Años de Paz y Leones de Castilla.