LAS TRES PUERTAS DE MEDINA DE RIOSECO

Medina de Rioseco es un impresionante municipio: por historia y monumentalidad. Sus cuatro iglesias principales tienen un imponente porte catedralicio. Y el patrimonio civil que encierra no será fácil verlo en otros lugares.

Es una muestra de la riqueza y pujanza económica que vivió Rioseco, como en general toda Tierra de Campos, cuando el trigo de esta comarca era una auténtica mina de oro. A Medina de Rioseco se le llegó a conocer como la “India chica” -o “la ciudad de los mil millonarios”-, equiparándola de esa manera a las ricas tierras de ultramar. Triste es ver, hoy, como buena parte de esta comarca está sometida a un declive y despoblamiento tremendos.

Hay muchas opciones de recorridos por Rioseco, entre los que el entorno de la dársena del Canal de Castilla no es la menor… o los jardines y plazas: …. o sus fuentes;  y  anotadas quedan sus iglesias, sin olvidar el Museo de San Francisco, el de Semana Santa o la Harinera San Antonio; y, en general, el callejero de la ciudad, con un agradable sabor a antiguo y señorial (en razón de sus casonas).

Hablar de Rioseco es hablar de palabras mayores tanto en patrimonio (como ya se ha dicho) como en historia. Y para ello solo un par de detalles.

En Rioseco se refugiaron, recién casados,  Isabel y Fernando. El casamiento no contaba con el beneplácito de Enrique IV  hermanastro de Isabel.  Es el caso que para protegerse de las iras del rey, los jóvenes esposos contaron con el respaldo del poderoso Fadrique  Enríquez, Almirante de Castilla (que a la sazón era señor de Rioseco,  abuelo de Fernando y tío lejano de Isabel), por tanto  personaje por cuyas venas corría sangre real, y en caso de conflicto podría ser enemigo temible del propio rey.

Pero es que en Rioseco, lustros más tarde (1520), también se refugió el cardenal Adriano, regente del reino en ausencia del Emperador Carlos V, huyendo de las tropas comuneras.

Entre las muchas opciones que hay de disfrutar de Rioseco, propongo buscar las tres puertas que aún se mantienen de las siete que llegó a tener en su momento. Esto nos va a permitir pasear por las calles del municipio y contemplar diversos edificios  y ambientes.

Comenzaremos en el puente sobre el Sequillo, que da entrada a Rioseco si llegamos desde Valladolid, no sin antes advertir que no daremos cuenta de todos y cada uno de los lugares, edificios, monumentos y ambientes que nos vamos a encontrar en el camino, pues su relación obligaría a un extensísimo reportaje… no obstante, volveremos a la Ciudad de los Almirantes en más ocasiones.

 

Nada más cruzar el puente hay un edificio de ladrillo  (P: en el plano que acompaña este reportaje) que da la bienvenida y es la sede de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago. Pues bien, este modesto edificio era en otro tiempo como otra puerta (virtual) pues en él estaba alojado el “portazgo”, es decir, el lugar donde se recaudaban los impuestos por los productos que se introducían en la localidad para venderlos en tiendas y mercados. Estos portazgos también se conocían como fielatos… vaya, lo que hoy llamaríamos peaje.

 

Camino de la plaza Mayor, ya adentrados en la ciudad, veremos a un lado el Parque Duque de Osuna: situado a los pies del desaparecido  castillo,  se hizo en 1858 y ha sido el lugar tradicional de paseo de los riosecanos. Cuentan que antaño la gente pudiente frecuentaba uno de los paseos, y el pueblo llano y la servidumbre, el otro. Las columnas y pilastras son restos del antiguo palacio de los Almirantes (o castillo).

 

Y el antiguo Convento de San Francisco (s. XVI- XVIII), que hoy alberga un interesantísimo museo que, si tenemos tiempo, no hay que perderse por  la historia, cultura y escultura que ofrece.

 

Precisamente frente al Convento, bordeando el parque, sale la calle del Almirante que, cuesta arriba,  lleva hasta la puerta de Zamora. Construida en el XVI, también se conoce como Arco de las Nieves, por haber en ella una capilla dedicada a la Virgen de las Nieves (¿será porque en sus inmediaciones había uno de  los pozos de nieve que tuvo Rioseco?). El alzado es muy original pues tiene que dar acceso a varias calles. Podemos subir hasta los jardines del Castillo y ver una panorámica de la ciudad. Pero necesariamente hemos de volver por el mismo sitio a buscar la plaza Mayor.

 

Plaza Mayor y casa Consistorial (1 en el plano), reconstruida en el último tercio del s. XX, sus soportales pertenecieron al claustro del convento de San Francisco. Medina de Rioseco  es una de las tres poblaciones de la provincia que ostenta el  título de ciudad: Valladolid y Nava del Rey son las otras dos.

 

Una calle lateral del Ayuntamiento (Ronda de Santa Ana), con traza amurallada, lleva directamente hasta nuestra segunda puerta: la del Arco del Ajujar (13). Comenzada a construir en el siglo XIII (como la muralla), en sus bajos hay un pequeño museo Municipal. Junto a la puerta se podrán observar restos de la antigua fortificación.

 

Bordeando la población, encinchada por el cauce del Sequillo, alcanzaremos la puerta de San Sebastián (14). Esta es una puerta señorial que no pertenece a la muralla original. Se construyó en el siglo XVI –sustituyendo una anterior-, y fue costeada por el municipio (es decir, por el pueblo): en su frontispicio figura la inscripción “populus faciebat”. Se trata de una puerta monumental, llamativa por sus dos arcos y característica del Renacimiento. En su cara exterior están labrados los escudos de la ciudad, y en su interior alberga una capilla donde se venera la imagen del Cristo de las Puertas.

 

Fuente y alberca de San Sebastián, en la carretera de Villalón, algunos artículos la fechan en el siglo XVI y sería, por tanto, la más antigua de todas las fuentes de la ciudad, erigidas en el siglo XIX.

 

Desde la puerta de San Sebastián, sugiero acercarse hasta el Canal de Castilla (llamado Ramal de Campos) cuya dársena, terminada de construir hacia 1850, se convirtió en el epicentro de una gran actividad industrial y agrícola. Tanto por la zona ajardinada que la rodea como por las vistas que ofrece (la gran lámina de agua crea una luminosidad especial), bien merece la pena recrearse un rato en su entorno. La Fábrica de Harinas San Antonio conserva toda su maquinaria del siglo XIX, y tiene horarios de visita al público.

 

 Nuestra vuelta al punto de inicio es el mejor pretexto para atravesar el corazón de Rioseco recorriendo la calle Rúa (como así se conoce en la localidad), pero que, en realidad son dos calles: Lázaro Alonso y Román Martín. Calle a cuyos lados se ubican buena parte de los edificios más monumentales del municipio. La Rúa, singular por sus soportales, está considerada como uno de los conjuntos más interesantes de la arquitectura popular de la provincia.

 

Ya hemos dejado atrás la Plaza Mayor y nos dirigimos al puente donde comenzamos nuestro paseo… y nos despedimos de Medina de Rioseco fijándonos en un interesante edificio que está a nuestra izquierda: una posada del siglo XVI en la que se alojó el poeta León Felipe (1884-1968) en sus estancias en la localidad. Por cierto, al albaceas de León Felipe, que fue un tal Alejando Campos Ramírez, más conocido por el seudónimo de Finisterre (escritor también aunque de escasa fortuna), se le atribuye ser el inventor del futbolín.

 

Plano de Medina de Rioseco.

MEDINA DE RIOSECO: EL REFUGIO DE UNA REINA…

La fuente de la Samaritana: donde según la leyenda, Isabel, la que más tarde sería reina de Castilla, se acercaba a beber de sus frescas aguas.

A raíz de su casamiento con Fernando de Aragón, el matrimonio, para protegerse de su hermanastro Enrique IV, se refugió en Rioseco bajo el amparo del poderoso Enríquez. Isabel había roto su palabra de aceptar el matrimonio que Enrique le propusiera según sus intereses, y aquella boda desató las iras de la corte. Así que Isabel y Fernando buscaron el amparo de Enríquez, persona de tan gran poder e influencia que ni el rey se atrevería a hostigar a sus invitados.

Y aquí empieza nuestro paseo.

Justo en la última curva que se va a tomar para encarar la recta que, viniendo desde Valladolid, conduce a Medina de Rioseco, sale a mano derecha un camino. Este es un buen lugar para comenzar un breve pero sugerente paseo en torno a lo que queda del antiguo convento o monasterio de Valdescopezo. Este suntuoso convento comenzó a construirse en 1477, pero tiene su origen en 1429, cuando  los franciscanos se asentaron en torno a una ermita (en la imagen, un grabado idealizado del convento, reproducida del blog valladolidenbici).1 valdescopezo

A medida que nos vamos acercando al terreno que ocupaba el monasterio, veremos unas potentes paredes de piedra que forman una gran escuadra en torno a lo que ahora es un pinarcillo.

Los muros responden a la construcción original, más o menos retocada por las sucesivas necesidades de mantenerlo para evitar que los tesos que rodeaban el convento se precipiten sobre lo que fue la exuberante huerta del convento.

Una huerta regada por las aguas de la Samaritana (fotografía). Es la Samaritana una fuente centenaria que se ha mantenido abierta aún con el paso de los años y la pérdida de su utilidad para proveer de agua al convento y al mismo Rioseco desde el siglo XVI, en lo que es una tan interesante como descuidada conducción de agua que abasteció el monasterio de las Claras. Esta fuente la veremos sin dificultad un poco apartada del camino nada más pasar unos abrevaderos.2 samaritana

Continúa el paseo rodeando los muros de la forma que mejor podamos hasta volver a ponernos de cara al caserío riosecano. Para los atrevidos hay alguna posibilidad más: adentrarse por el pinarcillo pegados a la pared y encontrar la embocadura de un subterráneo (un bosquecillo de chopos la delata) cuya utilidad no está muy acreditada ¿Antigua bodega del convento? ¿Acceso a la cripta de la iglesia que aquí hubo?… El lugar es transitable y tiene cierta profundidad, sin que tenga mayor interés su recorrido. Solo esa sensación de estar entrando en un lugar remoto y de  percibir los ecos de unos monjes laboriosos que cuidaron una huerta legendaria.

El retorno hacia donde hayamos dejado el coche depara un agradable paisaje sobre esta ciudad cuyas torres de sus cinco auténticas catedrales hacen muy airoso un horizontal caserío típicamente terracampino.

Pero, aún más. Si queremos hacernos una idea de la conducción de agua a la que antes se ha hecho referencia, podemos, simplemente, acercarnos, buscando entre la vegetación, a un aljibe de piedra que se levanta a nuestra izquierda muy cerca del camino en una vaguada evidente (llamada de los Coruñeses) que se abre ascendiendo desde nuestra izquierda. Este aljibe es solo una muestra de una compleja e interesantísima conducción de agua que baja por la vaguada hasta unir sus aguas con la acequia empedrada que viene desde la Samaritana y que, como se ha dicho, llega hasta el mismo Rioseco.

DONDE SE GUARDABA EL GRANO (velay 1)

Los pósitos, cillas, alhóndigas, paneras  o graneros han cumplido una función importantísima para garantizar semilla y grano en tiempos de escasez. Los pósitos han contribuido a evitar hambrunas y  a asegurar la siembra. Ya del agua de las nubes dependía que el trigo escasera o fuera abundante cada año. Pero, para paliar las penurias estaba el pósito.

Dejemos sentado una cosa. No significan exactamente lo mismo los cinco vocablos que más arriba he empleado, pero los vamos utilizar sin distinguir,  porque incluso en el lenguaje popular se denominan de una forma u otra indistintamente, y dependiendo de localidades.

Si no todos, sí casi todos los municipios vallisoletanos han tenido pósito en algún momento de su historia (en diciembre de 1499, en Valladolid se encarga a dos regidores que estudien  donde hacer la alhóndiga nueva), y algunos varios. Podían ser públicos o privados, gestionados por el Concejo o por una orden religiosa. Estos últimos se llenaban sobre todo con el llamado “diezmo”, que era ese impuesto obligatorio por el que cada agricultor entregaba a la iglesia la décima parte de su producción. Pero no nos engañemos, el grano del pósito no se regalaba, sino que se vendía o se prestaba al agricultor, y lo podía pagar en metálico, o en especie devolviendo lo recibido con algún interés añadido.

Eran, y son, edificios rotundos, robustos, generalmente de piedra, con escasos o ningún ventanal, con una puerta escueta, lo justo para las labores de trasiego del grano. Tenían que estar lo más aislados posible para evitar humedades y roedores, los dos principales enemigos de los pósitos. Y la entrada debía estar bien candada para evitar robos, pues su expolio  podía ser una catástrofe para la población. positos

Se comenzaron a conocer en la Edad Media, pero posiblemente la época de mayor actividad estuvo en torno a los siglos XVII y XVIII. Y su rastro ha llegado muy vivo hasta nuestros días. Es fácil que preguntando  en cualquier localidad acerca de donde estaba el pósito, se nos indique sin titubear donde está todavía, o donde estaba. Algunos de ellos se han reconvertido para otros menesteres.

Hay otros términos sinónimos de pósito, o relacionados con el almacén de grano, que son: trox, o troxe (en el relato de una de las inundaciones que sufrió Valladolid en el s. XVI dice que el agua no dejó bodega, ni casa, ni trox sin destruir).  También está el término troj, troje, o troja: una  calle Panera hay en Valladolid, que confluye con calle Troja. Aunque en realidad troxes o trojes son los compartimentos de la panera.

Calle o plaza del Pósito hay en Megeces, Valdestillas, Tordesillas, Ceinos de Campos, Cogeces del Monte, Vega de Ruiponce, Castroverde de Cerrato, Palazuelo de Vedija, y Tiedra, donde todavía se conserva el edificio.

Dos viejos pósitos aún conserva Medina de Rioseco, uno del siglo XVI en el Corro del Asado, que terminó siendo un orfanato (El Torno), y otro sin datar en la Avd. de Castilviejo. Y también Rueda, en el interior de la casona donde está la actual Estación Enológica, conserva un pósito.

Calle Panera hay en Castrodeza, municipio donde aún se puede ver la construcción del pósito. (En la foto de este artículo).

Calle  Cilla o de la Cilla tienen  Matapozuelos, Montealegre,  La Parrilla, Aldea de San Miguel, La Pedraja de Portillo y Castrejón de Trabancos. Una casa conocida como de la Cilla hay en Viloria y otra en Villacarralón (que conserva una noble fachada).

En  La Seca están los soportales  de la Cilla. Y calle Granero hay  en Barruelo del Valle y Villabrágima.

En fin, pregunten en los pueblos por el pósito, la cilla o la panera,  y enseguida les dirán ¡velay!

EL PODER DE LOS ENRÍQUEZ. MUSEO CONVENTO DE SAN FRANCISCO, MEDINA DE RIOSECO

“¡Paz y bien¡ Con el saludo de nuestro Padre san Francisco os damos la bienvenida a esta casa. Por obligada cortesía -que por humildad no debiera-, me presento a vuestras mercedes: mi nombre de religión es fray León de Villanueva, y mi oficio de obediencia, el de guardián de este convento franciscano.”

En este punto y de esta manera se inicia una visita al convento de san Francisco, un edificio terminado en 1520 gracias al mecenazgo de D. Fadrique Enríquez, el más grande de los  Enríquez, Almirantes de Castilla. El  recorrido por el museo está conducido por un audiovisual de gran potencia plástica y musical, que lleva al visitante por las capillas y rincones en los que se van mostrando las piezas de la colección de acoge el museo. Un museo que alberga un importe número de obras de arte procedentes de las parroquias de Medina de Rioseco, así como piezas que dan fe de la importancia política y comercial que también tuvo la ciudad. No debe olvidarse que los Enríquez, familia grande y poderosa, estuvieron emparentados con los Reyes Católicos, con la Casa de Alba y con los Cologna de Sicilia.

En algún momento el visitante tendrá que mirar  hacia arriba para contemplar la espléndida cúpula  bajo la que están las tumbas de los Almirantes, pero, sobre todo, hay dos estatuas orantes de bronce dorado que representan a Dª Ana de Cabrera, esposa de D. Fadrique, y a su cuñada, Dª Isabel de Cabrera. Ambas frente a un retablo barroco del siglo XVIII. El paso del tiempo ha arañado sus rostros que no ha sido posible, ni necesario, restaurar por completo.

TERRACOTAS, COBRES Y MARFILES

A ambos lados del retablo están instalados dos grupos escultóricos únicos en el mundo: san Jerónimo  y san Sebastián. Reside su singularidad en que se trata de las dos únicas piezas de barro cocido y policromado a tamaño natural que modeló Juan de Juni, allá por el año de 1537. Otras piezas pequeñas en barro tiene el escultor, pero muy lejos de la magnificencia de estas, de entre las cuales destaca especialmente el rostro y cuerpo retorcidos de san Jerónimo.

Platerías, marfiles hispanofilipinos del siglo XVII -cabe advertir sobre una cajita de estilo cíngaro-portugués que representa escenas del Mahabarata-, alabastros, y otras diversas piezas, conducen hasta una colección de ocho cobres del siglo XVII que esmaltaron y cocieron los artistas flamencos Gerard Seghers y Gabriel Frank copiando los cartones de pinturas de Rubens.

Transcurridos unos 45 minutos, que es lo que suele durar la visita, la misma voz que recibió al visitante, le advertirá: “Aquí os dejamos, en estos corredores, en estas galerías donde los santos os trasladarán, en alas de la piedad y de la belleza, al pórtico de la gloria. ¡Paz y bien!”

Buena  idea es completar el recorrido por este museo con la visita a la iglesia de Santa María de Mediavilla, en cuya sacristía estaban antes las obras de arte ahora expuestas en el museo, y donde también está una espectacular reja del XVI perteneciente anteriormente a este convento de San Francisco. Y de paso, allí se podrá contemplar la famosa capilla de los Benavente, un frenesí de colores, motivos geométricos, figuras y grutescos que se ha llegado a conocer como la “capilla Sixtina de Castilla”.

ALGUNOS DATOS

LUGAR: Paseo de San Francisco, 1. Medina de Rioseco

COLECCIÓN: Expuesta en un edificio del siglo XVI que llegó a estar totalmente hundido pero que ha tenido una magnífica restauración y del que ahora es propietario el Ayuntamiento de Rioseco.

VISITAS: De 11 a 14 y de 16 a 19 en invierno; en verano el horario de tarde es de 17 a 20. Pases visita guiada, cada hora. Cierra los lunes, excepto que coincida con fiesta nacional. Teléfonos 983 725 026. Muy aconsejable que la visita se haga de acuerdo con la propuesta audiovisual.

WEB: www.museosanfrancisco.es

EL SEQUILLO, LÍNEA FRONTERIZA

LA FRONTERA DEL SIGLO XII HA DEJADO EN ALGUNOS MUNICIPIOS UNA HUELLA AÚN RECONOCIBLE

 A pesar de que todo aquello ocurrió entre el siglo XII y  XIII, sin embargo la frontera que durante setenta años dividió los reinos de Castilla y León, ha dejado una profunda huella urbana y territorial en los pueblos y villas que se levantan cerca del río Sequillo.

 En efecto, entre 1157 y 1230 se dividió en dos el reino cristiano: Castilla y León. El Sequillo marcó parte de aquella absurda frontera cuyos territorios se disputaron los reyes y reinas de ambos reinos, que se esforzaron en dominar las tierras de Campos, cuyo trigo llenaba los pósitos de las aldeas y las despensas de los castillos. Para ello fundaron poblaciones, dieron prebendas a los nuevos moradores, amurallaron los pueblos  y levantaron castillos. Todo aquel intensísimo movimiento urbanístico y poblacional dejó una huella que todavía se percibe en las villas reales que formaron la frontera. Aunque era muy difusa y variable en ocasiones, esta se puede seguir muy bien desde Aguilar de Campos  hasta Tiedra,  pasando por Mota del Marqués, más al sur.

 No es nada casual la ubicación del castillo de Tordehumos, y muy grande su importancia estratégica, pues desde él se domina todo el valle del Sequillo. Impresiona desde abajo la proporción que tuvo esta fortaleza que, ahora derruidas todas sus construcciones interiores, ha quedado reducida a una pequeña meseta desde la que se obtienen inmensas panorámicas de todas las tierras y caseríos que lo rodean: Rioseco, Montealegre, Villabrágima, Villagarcía o San Pedro de Latarce están a la vista de quien pasee rodeando el borde de las antiguas murallas. De Urueña, en lo alto de los Torozos, destaca la torre de su castillo, hacia el que luego habrá que dirigirse.

 Villagarcía de Campos, cuyas almenas de lo que resta de su castillo están habitadas por multitud de cigüeñas, y la muralla muy reconstruida de Urueña, pero de muy recomendable paseo, así como el interior de su caserío, serán las siguientes referencias en el recorrido hasta llegar a Villardefrades. Dicen de esta villa que su origen puede estar en una repoblación de gallegos o de frailes: “Villa do frades”; pero no importa tanto eso como acercarse a la  inacabada “obra”, que es como se conoce a un imponente proyecto de iglesia carente de tejado y no por que se haya echado a perder, sino porque nunca lo tuvo. Esta construcción del siglo XVIII se comenzó a levantar con la financiación que aportaba un hijo de Villardefrades, que elevado a obispo  en Filipinas quiso dar esplendor a su pueblo. Fallecido el obispo, no se dio continuidad a  la construcción.

 San Pedro de Latarce y Villavellid, dan paso a Tiedra, que eleva su sencillo pero robusto castillo en el cantil del teso que mira hacia Toro, ciudad de referencia durante muchos años para este municipio que en los años de la frontera estaba del lado leonés. Y hasta Tiedra podían llegar las señales de Tordehumos: fuego por la noche y humo por el día se elevaban desde su castillo  para advertir a todas las poblaciones fronterizas de las novedades y peligros que  acechaban en tiempos de contienda.

 

PARQUES DE MEDINA DE RIOSECO

UN LARGO PASEO POR TRES INTERESANTES ZONAS AJARDINADAS DE ESTA CIUDAD SEÑORIAL

 Desde la Avenida Juan Carlos I, un tramo de la carretera que atraviesa  Rioseco de principio a fin,  arranca la calle del Castillo, que apunta hacia la parte más alta de la ciudad. Aquí se puede iniciar un paseo para recorrer los Jardines del Castillo, el Parque Duque de Osuna y los Jardines de la Concha.

 Al final de la calle del Castillo se encuentra el Corro del Asado, donde se alza el Torno, un edificio del XVI levantado junto al desaparecido castillo, que ha servido a los habitantes de Rioseco para diversos menesteres. Fue, originalmente, pósito  -almacén de trigo-; dio cobijo a pobres; durante la II República aquí ensayaban las murgas de carnaval; y tras la Guerra Civil,  un torno recogía a los bebes de las mujeres solteras.

 En el Corro del Asado empiezan los Jardines del Castillo. Su  altitud  ofrece vistas panorámicas de Rioseco y de algunos de sus edificios más significados: desde la única plaza de toros de España de doce lados, en vez de redonda, hasta la torre de la iglesia de Santa María de Mediavilla, que contiene  la Capilla de los Benavente (Capilla Sixtina de Tierra de Campos, se la ha llegado a considerar).

 Ocupan estos jardines el suelo de una fortaleza de la que ya nada queda. Se trata de un lugar un tanto desarmado pero que se compensa con la quietud que respira y el paisaje que despliega a sus pies. Allí abajo se verá la vieja máquina del ferrocarril que unía esta localidad con Valladolid -el famoso tren burra- y una gran escultura de Jesús Capa, artista plástico nacido en Rioseco.

 Buscaremos, a continuación, la bajada hacia el Parque Duque de Osuna a través de las callejuelas que terminan por cruzar bajo la puerta de Zamora.

 No está muy claro si fueron seis u ocho las puertas que llegó a tener Rioseco. Documentos bien informados atribuyen como única puerta defensiva que se conserva de la muralla, la del Arco de Ajújar. Y la puerta de Zamora da salida hacia el Parque Duque de Osuna. Una fuente ornamental que ha reproducido el aspecto que tenía la original, conocida como La Flora,  constituye una referencia destacada de  este viejo parque que exhibe una variada y abundante vegetación.

 Al final del  parque, tras cruzar una puerta flanqueada por dos columnas rematadas con sendos leones, está el monumento conmemorativo de la ballada de Moclín, librada en las proximidades de Rioseco en julio de 1808. Batalla que perdieron las  bisoñas  tropas españolas frente al bien adiestrado ejército napoleónico. La escultura recuerda, sobre todo, la cruenta irrupción de la francesada en la población tras su victoria en el cerro de Moclín.

 La calle Angel Peralta conduce hasta la Plaza Mayor y, desde aquí, una larga y característica calle soportalada, acaso una de las señas principales de la ciudad riosecana, nos devuelve a la carretera que, en este tramo llamada calle San Juan, enfila  hacia León y en cuyo final están los Jardines de la Concha, en la amplia y luminosa dársena del Canal de Castilla.