EL ROSTRO DE DON PERO ANSÚREZ

El Conde Ansúrez fue un personaje inteligente y culto. Conocedor de la lengua árabe, lo que le valió  ser interlocutor de los reinos cristianos con los califas musulmanes; y emparentó con los Armengol del Condado de Urgel.

Traigo esto a cuento para situar en brevísimas palabras el perfil del personaje al que se atribuye la fundación de Valladolid. Aunque más propio sería decir que a caballo del siglo XI y XII engrandeció o repobló Valladolid, que entonces no era más que una pequeña aldea.

En realidad no hay más que apenas un puñado de documentos que permitan tener certeza sobre la vida y fundaciones de Ansúrez, por lo que se trata de un personaje un tanto envuelto  en la niebla: no se ha podido establecer con precisión  el año de su muerte. Se ha acordado el año de 1118 como el de su fallecimiento pues en marzo de 1117 aún se reconoce su firma en un documento.

Por otro lado, al ser coetáneo del Cid, su vida palidece frente a la poderosa leyenda de aquel guerrero al que, por otra parte, se le atribuyen hechos y hazañas que en realidad no protagonizó. Pero así es la historia.

Es el caso que uno de los pocos historiadores que han abordado la vida de Ansúrez (Carlos Belloso) le define como el personaje más influyente en vida de los reinos cristianos del noroeste español: fue la mano derecha de Alfonso VI y de su sucesora Doña Urraca.

Ni siquiera su enterramiento está exento de cierto misterio, pero parece suficientemente probado que el Conde tuvo su primera morada mortuoria en la antigua Colegiata de Valladolid. Si hacemos caso a José Zurita Nieto, en su libro sobre el Conde, fechado en 1918, los restos de Ansúrez se acomodaron debajo del coro alto de la Colegiata, y en 1674 se trasladaron a la nueva Catedral, que terminaron racalando en la capilla que hay del lado del Evangelio, perfectamente accesible a cualquier visitante.

Llama la atención que el Conde no fuera enterrado, como era su deseo, junto a su amada Condesa Eylo y su querido hijo Alfonso en el monasterio de San Benito de Sahagún (León), tal como era su deseo.

En el año 1095 se consagró la Colegiata. Era un pequeño edificio románico, del que se conserva aún parte de él  reconocible en lo que tiene que ver con la torre. Se trataba de un enclave elevado de la ciudad, aunque un tanto apartado del caserío en su época. Y aquella fundación dio origen al crecimiento de Valladolid más allá de la Esgueva y se crea el nuevo barrio de Francos o de San Martín (iglesia que se construyó con posterioridad a la vida del Conde).

En el Archivo Municipal se conservan unas fotografías, digitalizadas a partir de que me “tropecé” con los originales de papel  en una caja que contenía diversos documentos. La caja tenía fotografías de una especie de exhumación de los restos de Ansúrez llevado a cabo en la Catedral el año 1979. Exactamente el 3 de febrero de aquel año.

Y como estamos en el año en el que se celebra el noveno centenario de la muerte del Conde, vamos a reproducir imágenes que reflejan su rostro y sus hazañas. Todo ello teniendo en cuenta que se trata de recreaciones carentes de cualquier veracidad.

 

 

a

b

Del sepulcro del Conde,   el Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid  nos da esta escueta noticia: “Sepulcro del Conde Pedro Ansúrez; escultura en madera policromada, de hacia 1585, reja de siglo XVII y pintura sobre tabla de San Miguel, del último tercio del siglos XVI”.  A su lado,  un retablo neoclásico de la Crucifixión, original del flamenco Michel Coxcie.

 d

dd

e

g

Imágenes de la exhumación de los restos del Conde. Año 1979. En la primera fotografía aparecen el historiador Jesús Urrea y el canónigo archivero Vicente Rodriguez Valencia (Archivo Municipal de Valladolid).

 h

i

Escultura del sepulcro y primer plano de su rostro.

 j

k

Escultura que preside la plaza Mayor de Valladolid. Levantada en 1903 y esculpida por Aurelio Rodríguez Vicente Carretero (autor, también, del monumento a Zorrilla). El pedestal de la escultura recrea algunas escenas de la vida del Conde y fue realizado por el arquitecto municipal Juan Agapito y Revilla y tiene un par de bajorrelieves que llevan la firma de Carretero.

 l

Retrato del conde en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Valladolid, un óleo anónimo realizado a finales del s. XIX.

 m

En Mucientes se conserva un óleo  de 1890 del pintor vallisoletano Sánchez Santaren en el que se ve a Ansúrez, junto a su esposa Eylo, estudiando los planos de la iglesia de la Antigua. Una escena similar hay en un fresco que se conserva en el Casino de Valladolid.

 n

Cedido por la Diputación, el salón de recepciones del Ayuntamiento de Valladolid  (1906) muestra un lienzo de un Conde Ansúrez idealizado al gusto de la época. Su autor, Pedro Díaz Minaya, 1606…

 o

 … Y una copia de este lienzo la realizó Samuel Luna en 1898, que lo conserva la Diputación Provincial.

 
p

 En el techo del mismo salón municipal, un fresco realizado por Gabriel Osmundo Gómez representa, de nuevo, al Conde y su esposa estudiando los planos de la Antigua. A su alrededor se muestran las armas y el poder que ostentaba. Si nos fijamos un poco más veremos que el arquitecto sujeta de su mano un plano del puente Mayor (aunque ya sabemos que no se construyó en vida del Conde).  Por cierto una de las vidrieras del mismo salón reproduce el rostro de Ansúrez, entre los de los Reyes Católicos y Felipe II.

 

NOTA: este artículo es un actualización del que publiqué hace tres años.

Anuncios

UNA REVOLUCIÓN GASTRONÓMICA

Con el título de “Sabores que cruzaron los océanos”, el Archivo de Chancillería ofrece una curiosa e interesante exposición.

Cuando los españoles llegaron a las islas Filipinas se trajeron consigo sus costumbres y su cultura pero, también, sus alimentos. Fruto de aquel encuentro entre culturas tan distintas es el Museo Oriental de los Agustinos-Filipinos. Mas en esta ocasión se nos expone la influencia culinaria y las rutas y medios de transportes mediante los cuales todos aquellos nuevos productos de la tierra y sus especias se fueron incorporando a la cocina española (y por ende occidental). Lo mismo que Filipinas conoció la cocina española.

La enorme revolución silenciosa que supuso aquel encuentro entre Filipinas y España se produjo porque en aquellas islas confluyeron varios pueblos asiáticos, incluida China, y América: las comunicaciones entre el gran país asiático y Filipinas; y las de estas islas con Latinoamérica a través del llamado “galeón de Manila” o tornaviaje, contribuyeron a una verdadera “globalización” que supuso la combinación de gustos y sabores de Oriente y Occidente

El deseo español de conseguir las especias de Oriente,  a través de una ruta que no fuera la tradicional atravesando a lomos de caballería todo el continente asiático y europeo, fue lo que  impulsó la primera expedición de Colón. Años más tarde fue el famoso viaje de Magallanes el que consiguió alcanzar aquel destino soñado: la búsqueda de una ruta que hiciera más fácil el acceso directo desde América a las islas de las especias: las Molucas. y Filipinas.

Las Filipinas eran un nuevo universo para los españoles del siglo XVI. Unas islas que, como ya hemos dicho, se situaban estratégicamente en el encuentro entre Asia y América. Aquello produjo, entre otras cosas,  un auténtico cambio gastronómico a escala global.

Así que ahora, cuando presumamos de la excelente cocina española, debemos tener presente que en gran parte se ha forjado gracias a Filipinas. Y esto es lo que se nos muestra en el Archivo de Chancillería.

 

Réplica de la Nao Victoria. Fue un buque oceánico que construyó la Corona para ir a las islas de las especias. En aquellos primeros años se la llamaba “Armada de la especiería” o de “Magallanes”. Estaba dotada con 45 hombres. Fue la que dio la primera vuelta al mundo.

 

Vista general de algunas de las salas de la exposición. Una característica de los objetos expuestos es que se pueden tocar. Incluso hay algún puzle a disposición del público.

 

Facsímil de un dietario de a bordo del barco Santa Ana en 1833, perteneciente a la Compañía de Filipinas. En el que se especifica el menú de cada día y  la relación de viandas y bebidas. Por cierto no  iban mal pertrechados de  “caldos” y carnes, como se puede observar. No obstante, la vida a bordo en aquellos galeones era verdaderamente dura. El visitante puede pasar las páginas.

 

Muestras de productos de América y Filipinas.

 

Plano facsímil de la ciudad de Manila en 1671. Como “La Perla de Oriente” se la conocía.

 

La bahía de San Diego de Acapulco, Méjico en el siglo XVIII.

 

Una especie de armario de los olores. El visitante puede abrir las portezuelas y oler las especies que se exponen.

 

Hay varios vídeos muy ilustrativos que muestran el comercio y la cocina que se fue forjando a través de Filipinas.

 

Por último, unas imágenes de los barcos, las compañías que se dedicaban al comercio con Oriente y ciertas costumbres de la época.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DONDE Y HORARIO: Chancillería (en la calle de su mismo nombre); estará expuesta hasta el 10 de septiembre; la entrada es gratuita con el siguiente horario: laborables de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a   19:00, y sábados, domingos y festivos cambia en que  abre una hora más tarde por la mañana.

EL PISUERGA Y LOS ESPOLONES

La belleza natural del Pisuerga la inmortalizó Cervantes en su “Coloquio de los Perros”: “Vamos al Espolón a recrear los ojos del cuerpo, pues ya he recreado los del entendimiento“… “Vámos”, dijo el Alférez.

Se refería Cervantes al Espolón Viejo, un paseo que se prolongaba por la orilla próxima a lo que ahora es la Academia de Caballería. Porque más tarde, ya en el s. XVIII, se construyó el Espolón Nuevo, en la parte del río más inmediata al puente Mayor, detrás del palacio del Conde  -donde ahora está la biblioteca de la Junta de Castilla y León-  cuyas tapias llegaban hasta la misma orilla del río.

Ambos espolones fueron adornados con bancos de piedra, rejería de hierro,  y bolas y leones que lo embellecían.

Las orillas del Pisuerga desde antiguo han concitado el interés de la ciudad. Era, de hecho, un parque natural al que la ciudadanía se asomaba… lugar donde pasar los días festivos.

Este lugar de la ciudad se frecuentaba sobre todo en invierno, pues debido a que está orientado hacia poniente es un lugar relativamente cálido. Sin embargo, el espacio preferido por los vallisoletanos para pasar los calurosos días del estío era el Prado de la Magdalena, donde, además se celebraba la fiesta de San Juan. El Prado tenía mucho arbolado y estaba refrescado por las aguas de la Esgueva.

Las orillas del Pisuerga eran espacio para esparcimiento de la población: baños  paseos en barca incluidos aunque ya en épocas más recientes.  Pero también era lugar para ganarse la vida no sin sufrimiento: lavanderas, pescadores y aguadores encontraban en el río los medios para llevar el pan a casa cada día.

Más tarde, una vez que el Campo Grande comenzó a adquirir el porte y vegetación que ahora presenta, gracias al impulso del alcalde Miguel Íscar, el gran parque se convirtió en la referencia para el esparcimiento de la población. Y más lugares de recreo se fueron consolidando con el paso del tiempo: el Pinar de Antequera a raíz de construirse el apeadero de tren en 1900  (destruido); y Puente Duero (por Beniduero se la conocía en las décadas 1960 y 1970) cuando la población ya comenzó a disponer de vehículo propio.

Pues ya que estamos en pleno verano, vamos a asomarnos a las orillas del Pisuerga.

 

La Sociedad Económica de Amigos del País, una asociación filantrópica auspiciada por Carlos III, solicitó en 1784 que se hiciera una plantación de árboles en los terrenos inmediatos al Pisuerga a la altura, más o menos, del Espolón Nuevo. Por aquella época la plantación de árboles se consideraba una actividad que contribuía a mejorar la salubridad de la población. Sobre este plano de Diego Pérez Martínez de 1875 (aprox.) vemos la plantación  (6); (1) palacio del Conde de Benavente, actual biblioteca de la Junta de Castilla y León; (2) desembocadura del ramal interior de la Esgueva, por debajo del puente de la Cárcel; (3) puente Mayor y aceñas; (4) fuente y pilón llamada del Conde y el regato que llegaba hasta el río. Esto ha hecho que en ocasiones se pensara que era un tercer ramal de las Esguevas; (5) Espolón Nuevo; (7) Espolón Viejo; y (8) torre de la Catedral.

 

En el mismo cauce del Pisuerga se celebraban toda clase de actividades festivas teniendo como fondo el Palacio de la Ribera, muy próximo al puente Mayor, y que ocupaba buena parte de la actual Huerta del Rey: navegaba una galera real o se celebraban fiestas de toros en el agua. Dibujo de Ventura Pérez  (siglo XVIII). En la parte de abajo del dibujo, el Espolón Nuevo.

 

“Vistas del paseo del Espolón”, se titula este cuadro de Leonardo de Araujo de hacia 1815. Véanse los bancos corridos de piedra y las columnas con sus adornos: bolas y leones. Con frecuencia había orquestas que amenizaban los días festivos. Este cuadro se conserva en la Casa de Zorrilla.

 

Detalle de los adornos del Espolón. Dibujo de Ventura Pérez.

 

Vista del palacio del Conde de Benavente desde el río: de nuevo vemos detalles del Espolón: dibujo de Valentín Cardereda, de 1836.

 

b amva Pisuerga_03

Lavanderas junto a las aceñas… cuando todavía eran reconocibles en el último tercio del s. XIX. (AMVA: Archivo Municipal de Valladolid)

 

c Pisuerga_1888

Fechada en 1888, vemos al fondo la orilla del barrio de la Victoria. (AMVA)

 

d Pisuerga_1970

Las aceñas ya prácticamente destruidas. Año 1970, se aprecia la estructura del edificio que preside la entrada del Barrio de la Victoria en la plaza de San Bartolomé. AMVA.

 

Fotografia de 1857 en la que se ven las aceñas aún completas. Al fondo asoman dos arcos del Puente Mayor, y sobre él destaca la puerta que cerraba el puente por la parte del barrio de la Victoria. Esta foto se suele considerar como la más antigua de Valladolid, cosa que no se ajusta a la realidad, pues hay al menos otras dos que representan las fachadas del Colegio de San Gregorio y San Pablo que están fechadas en 1852, según me ha informado el experto Antonio Torres Ochoa.

 

e amva pisuerga 1910

Y  vamos a la zona de las Tenerías. Año 1910. Barcas y, de nuevo, lavanderas. Parte de las tenerías aún son reconocibles en la actualidad si se pasea por la orilla del río. AMVA

 

f Pisuerga_07

El puente Mayor está muy presente en cualquier estampa del Pisuerga. En este caso vemos al fondo a la derecha la estación de San Bartolomé (tren burra), y a la izquierda la fábrica de harinas La Perla, convertida actualmente en hotel. AMVA

 

g Pisuerga_12

Pero el Pisuerga no siempre es “amable” y con frecuencia, sobre todo cuando no estaba regulado por embalses, se desbordaba. Aquí vemos el agua a punto de tapar los ojos del puente. AMVA

 

j amva pisuerga 1926

Inundación de 1926. AMVA

 

i amva pisurga 1979

Inundación de 1979. AMVA

 

ja Pisuerga_1918

Volvamos al Pisuerga lúdico. Muchachos bañándose en 1918. AMVA

 

En 1958 se construyó la playa artificial. Durante muchos años fue muy frecuentada por los bañistas, tal como se aprecia en esta foto de los años 70. Al fondo y sobre el agua, las numerosas barcas que  se paseaban por el río.  AMVA

 

l amva 1969 pisuerga

Panorámica de las piscinas Deportiva, Samoa y playa, rebosantes de gente en 1969. AMVA

 

Empezamos de la mano de Cervantes y vamos a terminar con el gran literato: en el pretil del puente Mayor del lado de la Victoria, una lápida reproduce un pasaje de La Galatea alabando el Pisuerga.

 

 

 

ARBOLEDAS DE VALLADOLID

Ya estamos en plena canícula veraniega y que mejor cosa que pasarla en frescos parques y jardines a la sombra de alguno de los muchos árboles de los que puede presumir Valladolid.

La ciudad del Pisuerga dispone de más de 5.300.000 de metros cuadrados de zona verde. Es decir, tocamos a más de 17 metros cuadrados por habitante. Esta superficie supera de largo la recomendada por la Organización Mundial de la Salud.

La preocupación por la creación de zonas verdes y plantación de árboles viene de antiguo. La Asociación Económica de Amigos del País, una sociedad filantrópica que amparó Carlos III,  a finales del siglo XVIII impulsó la plantación de una extensa arboleda a las orillas del Pisuerga. Por aquellas épocas se consideraba que los árboles contribuían a la mejor aireación de las poblaciones, en las que, con frecuencia, debido a sequías, aguas estancadas y abandono de basuras a la intemperie, se producía fetidez  en el ambiente; en definitiva “miasmas”, esos efluvios malignos que desprendían las materias orgánicas en descomposición.

Vale que ahora no haya en la ciudad aquellas pestilencias, pero bien está que disfrutemos de abundantes y cercanas zonas verdes con su correspondiente arbolado.

Son numerosos los parques que tiene Valladolid, incluyendo el Pinar de Antequera. Buena parte de estos se  halla en los bordes de los barrios o en zonas descampadas, como es el caso de Ribera de Castilla, Canterac, Salud, Fuente el Sol o las Moreras, por citar unos pocos ejemplos. Sin dejar de señalar nuestro magnífico Campo Grande y los márgenes del Pisuerga, un verdadero lujo del que disfruta Valladolid. Si a ello sumamos las huertas de los conventos, Valladolid dispone de un formidable patrimonio verde.

Pero tenemos, también, un buen puñado de parques o zonas ajardinadas en el interior de la población, medrando entre edificios,  piedras antiguas y monumentos históricos.

Y sea en las horas más cálidas del tórrido verano o a la fresca del atardecer, vamos a darnos un paseo por algunos de estos parques más urbanos y que tenemos prácticamente a la puerta de nuestras casas. Y aprovecharemos para disfrutar de la vista de algunos árboles singulares.

 

La plaza Circular es  una auténtica isla de plátanos. Algunos de ellos muestran formas realmente curiosas y follaje de gran majestuosidad. La plaza, acaso muy ahogada por el tráfico, se creó sobre el viejo cauce de la Esgueva del que en el subsuelo de la misma se conserva uno de sus puentes. Esta plaza, como todas las que vamos a recorrer, forma parte del listado de 24 arboledas singulares que el Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) clasifica  como de especial interés.  Se consideran singulares porque destacan por sus especies, valor paisajístico o cualidad estética.

 

Los castaños de indias de la plaza de San Juan crean un espacio muy agradable que proporciona una tupida  y fresca sombra en verano. La plaza es un lugar muy concurrido y en la que se erige esa entrañable escultura de Ana María García Cavero titulada “María Pía”, acaso una muchachita que  antaño jugara por las calles de este popular barrio. 

 

El conjunto arbolado de la plaza de Santa Cruz se considera de gran valor ornamental y estético en el que no falta un tejo, un cedro y varios plátanos.

 

El patio del Colegio Mayor de Santa Cruz es un rincón sin duda de especial calidad histórica y monumental, que junto a los elementos originarios de su construcción se halla la fachada del antiguo colegio de San Ambrosio, antes situado en la calle del Santuario.

 

El recinto vallado que ocupa la vieja colegiata acoge un conjunto de 18 cipreses cuya edad ronda el medio siglo y que simulan las columnas que aquel edificio que se consagró el año 1095 en vida del Conde Ansúrez. Verdad o leyenda, se relata que con la madera del ciprés se construyó el arca de Noé y parte del templo de Salomón. Y en esta misma plaza de la Universidad, algunos pinos alcanzan los 20 metros de altura.

 

El enorme cedro del Líbano que escolta la escultura de Felipe II (reproducción de un original de Pompeo Leoni y erigida en 1964) es un árbol protegido plantado a finales hacia 1880. Mas,  junto a esta plaza de San Pablo hay dos árboles singulares que se “refugian” en el patio del instituto Zorrilla: un olivo y un ciprés que están incluidos en la lista de árboles protegidos. En Valladolid, el PGOU ha considerado que cerca de cuarenta árboles presentan unas excepcionales características debido a su dimensión, edad, porte o especie de la que se trata, normalmente un tanto exótica, y que, por tanto, hay que protegerlos de intervenciones inadecuadas.

 

Los dos cedros  prácticamente centenarios, y que rondan los 25 metros de altura,  así como alguno de los plátanos de la plaza de la Trinidad están incluidos como árboles singulares en el catálogo de árboles de Valladolid. Estamos en una de las plazas más históricas de la ciudad en la que conviven dos importantes iglesias (San Nicolás y convento de San Quirce), el antiguo palacio de los Condes de Benavente (actual biblioteca de Castilla y León), y la columna  central que en la década de 1960 presidia la fuente Dorada.

 

Y precisamente el interior de la Biblioteca de la Junta de Castilla y León nos ofrece en su patio cuatro palmitos gigantes que superan la decena de metros de altura y que el PGOU los incluye en su lista de árboles singulares.

 

El Pasaje del Voluntariado Social (a caballo de las calles San Ignacio y Encarnación –detrás de San Benito-) ofrece restos del jardín de un viejo convento. Nos muestra diversas variedades arbóreas que incluyen tilos, saúcos, arces y un magnífico y tupido tejo centenario que lo preside. Debido a su longevidad, el tejo era el árbol sagrado de los celtas y junto a los cuales enterraban a sus muertos. Y en este lugar tan recoleto pondremos fin a nuestro paseo por algunas de las árboles y árboles notables de Valladolid.

“El sentido de la plaza para la cohesión social de la ciudad”

El pasado 10 de mayo, en el TEDx que se organizó en Valladolid de la mano de Belén Viloria, hablé durante unos minutos de la Plaza Mayor de Valladolid.

Traté de convencer al público asistente de que nuestra plaza Mayor tiene unas condiciones que la hacen muy particular. Acaso menos hermosa que las plazas de Salamanca o Madrid, pero la de Valladolid tiene algo especial cual es su carácter abierto, cotidiano y cohesionador socialmente.

Pero como ya lo cuento en el vídeo de ocho minutos mejor que lo veáis. Por cierto, aquella noche sobre el escenario hubo otras interesantísimas intervenciones.

Indico la URL que lleva directamente al YOUTUBE. Pero si en un buscador ponéis mi nombre añadiendo TEDx plaza Mayor Valladolid (o cualquier cosa parecida) también llegáis rápidamente al video.

Pues nada ahí os lo dejo.

 

https://www.youtube.com/watch?v=MWnh95YvulU

 

EL CONDE ANSÚREZ: UNA EXPOSICIÓN EN EL MUSEO DE VALLADOLID

Desde tiempo inmemorial, la tradición ha hecho del Conde Pedro Ansúrez un gran antepasado de los vallisoletanos, adjudicándole fundaciones y hechos que no parecen probados, pues la investigación arqueológica y documental hasta ahora pocas evidencias ha aportado sobre el origen de nuestra ciudad y la presencia en ella del Conde y su esposa Eilo.

Con ocasión del noveno centenario del fallecimiento del Conde, el Museo de Valladolid ha organizado una exposición que nos adentra en los entresijos que se conocen de Valladolid y de las andanzas ansurianas por estas tierras.

Una exposición sencilla, seriamente documentada, didáctica y amena que no nos debemos perder.

Se trata de una colección de piezas conservadas en el Museo que dan testimonio de la historia de Valladolid y su conde. Historia real o imaginada construida a lo largo de los siglos entre la verdad y la leyenda.

A estas piezas se une una maqueta del Valladolid de Ansúrez con una proyección audiovisual que recorre los lugares más significativos de aquella aldea medieval;  y un documental que repasa la vida del Conde hasta su fallecimiento.

Su fallecimiento se conmemora en este año 2018 no por que exista una fehaciente documentación que así acredite su muerte, al igual que la fecha de su nacimiento también es incierta, sino porque se sabe que en marzo de 2017 todavía aparece firmando en un documento real, y al no existir ya ningún otro rastro posterior  los historiadores han convenido que debió fallecer en este año que corre.

En cualquier caso, son muchos los historiadores que consideran a Ansúrez como el personaje más influyente de los reinos cristianos del noroeste español.

Pero, mejor vayamos a ver algunos detalles de la exposición.

 

Antes de acceder a la sala de la exposición nos encontraremos con esta instalación  que en el patio del palacio de Fabio Nelly reproduce el mosaico de Diana y las estaciones,  que procedente de la villa romana de  Villa de Prado, se conserva en la sala VIII del Museo. El mosaico ha sido realizado por el alumnado de la Escuela de Ingenierías Industriales de Valladolid.

 

El Valladolid del Conde Ansúrez nos recibe en la primera planta.

 

Panorámica general de la sala con la maqueta del Valladolid antiguo en el centro.

 

Detalle de la maqueta. A la derecha, la colegiata que se consagró en 1095  y  en cuyo entorno nació un nuevo barrio de la aldea. Este asentamiento ansuriano saltaba uno de los ramales de la Esgueva lo que obligó a construir algunos de los numerosos puentes que Valladolid llegó a tener. Obsérvese como la aldea del siglo XI que se encontró Ansúrez utilizada el ramal más próximo a la población a modo de frontera defensiva. Al fondo, sobre el Pisuerga (como Pisorize se le nombra en un documento de 1084) el puente de madera que se construyó en aquella época.

 

Panorámica del Valladolid que comenzaba a emerger: el número 1 indica la colegiata que mandara edificar Ansúrez y su esposa Eilo; el número 2 señala la parroquia de San Pelayo, de la que como la de San Julián, no hay certeza alguna que ya existiera antes de la llegada del Conde; el número 3 indica la parroquia de San Julián. Desde luego, existieran antes del Conde o las mandara edificar éste, lo cierto es que Ansúrez las donó más tarde a la Colegiata, lo que evidencia que, de una manera u otra, fueron  de su propiedad. Bajo el plano, restos romanos que aparecieron en la zona de la Colegiata. Se piensa que en tiempos del Conde algo se sabía de la existencia de aquellos antiguos asentamientos romanos y que por esa razón aquí mando construir su magna obra religiosa. De Santa María de la Antigua no hay referencias escritas hasta la segunda mitad del siglo XII, ya bien lejos de la vida del Conde, lo que arroja incertidumbre acerca de si se construyó en vida de aquel.

 

Curiosa imagen que se puede ver en el documental de la exposición: la Colegiata de Santa María la Mayor sobrepuesta a un mural de Eugenio Oliva que hay en el Círculo de Recreo y que representa al Conde supervisando los planos de la Colegiata que se estaba construyendo.

 

Monedas de la época.

 

Moneda que acuñó Ansúrez durante su estancia en Urgell (1104-1109) para defender los intereses de su nieto Armengol VI aún menor de edad. En ella se lee: PETRUS COMES- URGELLO DUX. No está muy claro si la acepción “dux”, se refiere a señor de Urgell o a caudillo, cosa baladí en principio pero que puede “escocer” según a quién si se trataba del “dueño” (señor), o de un defensor circustancial  (caudillo) de los intereses de aquellos lares.

 

 Imagen que se proyecta en el documental en el que se ve claramente los territorios y poblaciones en los que Ansúrez ejerció su autoridad.

 

Algunos de los escudos bordados en los siglos XVI-XVII. En uno de ellos pueden verse las aldabas (anillas) que con frecuencia se asocian al Conde. El origen de estas aldabas también se pierde en la bruma de la historia. Veamos: parece que estuvieron clavadas en las puertas de la Antigua, que se sepa, en el siglo XIV; que procedían de las puertas de Córdoba; que las arrebató de aquellas puertas sarracenas Armengol VI; o acaso Alfonso VI.  Y el ajedrezado que tanto se asocia a Ansúrez es, con pocas dudas, un escudo que aparece muy posteriormente a la vida del Conde y que fue característico de los Armengoles. En cualquier caso, cierto es que en tiempos ansurianos no existía aún heráldica. Otra cosa es que la tradición le adjudique al Conde este típico ajedrezado que, por otra parte, era común a otras figuras señeras de la Edad Media.

 

Espada que la tradición atribuye al Conde, pero quedan pocas dudas de  que en realidad se trata de un arma del siglo XV.

 

Cirios de la Cofradía de Santa María de la Esgueva, del siglo XVIII, y que se asocian a Ansúrez por creer que el palacio (luego hospital) de Santa María de la Esgueva fue una fundación hecha en vida del Conde y su esposa Eilo.

 

Diferentes instantáneas del documental que se proyecta en la exposición y que no hay que perderse: las guerras fraticidas entre Sancho II y sus hermanos; Alfonso, que perdió la guerra provocada por su hermano Sancho se refugia en Toledo,  acompañado de Ansúrez, bajo el dominio de  Al-Mamún; y conquista de Toledo por Alfonso VI en el año 1085.

 

… Y con los condes Ansúrez y Eilo nos despedimos de la visita a esta interesante exposición en el Museo de Valladolid. Mas, es buena ocasión para visitar el resto de las salas del Museo.

 

NOTAS: para la confección de este artículo me han sido de mucha utilidad los comentarios que me hizo Fernando Pérez Rodríguez-Aragón, Conservador del Museo de Valladolid.

La exposición estará abierta hasta diciembre.

Sobre el Museo de Valladolid hay un artículo en este mismo blog.

HORARIOS: julio a a septiembre de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a 20:00

Domingos y festivos solo mañana,  y los lunes está cerrado.

De octubre a junio el horario de tarde es de 16:00 a 19:00

 

LA PLAZA MAYOR DE VALLADOLID

Amigos y amigas de Valladolid la mirada curiosa, por primera vez voy ha hacer algo que hasta ahora no había hecho: indicar un enlace de YOUTUBE en el que se puede ver mi intervención en el TDEx de Valladolid del pasado 10 de mayo. En el vídeo que dura ocho minutos relato mi percepción de cómo es nuestra Plaza Mayor. Espero que os guste y también espero los comentarios de quienes no compartan mi discurso.