LA CASA DE ZORRILLA. BIBLIOTECAS IV

AVISO DE ÚLTIMA HORA: HOY MISMO, DÍA 23 DE SEPTIEMBRE, ACABO DE CONOCER QUE ESTE FONDO BIBLIOGRÁFICO SE ESTÁ TRASLADANDO AL ARCHIVO MUNICIPAL DE VALLADOLID. NO OBSTANTE, OBVIAMENTE SU IMPORTANCIA NO PIERDE INTERÉS, ESTÉ DONDE ESTÉ.

La biblioteca Narciso Alonso Cortés  comienza a formarse a raíz del I Centenario del nacimiento de Zorrilla. Es decir, corría el año 1917. Para conmemorar la efeméride, el  Ayuntamiento de Valladolid adquiere la casa que vio nacer al  dramaturgo. Una vez habilitada la casa, Alonso Cortés  dona  su fondo de investigación sobre Zorrilla. Además, consigue que otras personas cedan también documentos sobre el poeta.

Además de filólogo, escritor e investigador, Alonso Cortés fue un extraordinario bibliófilo. Lo que ahora está depositado en la Casa de Zorrilla, amén de aquella primera donación,  se fue gestando de una curiosa manera: Narciso iba creando un fondo con la finalidad de repartirlo entre sus hijos, pero al final, en 1969 (apenas tres años antes de su fallecimiento), lo entregó a la Casa.

Pero la biblioteca contiene otras importantes donaciones, cual es la de Francisco Álvaro González: se trata de un fondo importantísimo de investigación y documentación del teatro español del siglo XX. Francisco Álvaro (oriundo de Villalón  de Campos),  entre otros reconocimientos, obtuvo el premio Nacional de Teatro. El fondo incluye una completa y valiosa colección  de la revista el Espectador y la Crítica (28 gruesos volúmenes), que se estuvieron editando entre 1953 y 1986.

Como curiosidad podemos anotar que existió una Sociedad de Amigos de Zorrilla que fue disuelta por orden política en 1936. Alonso Cortés también fue represaliado en el 36.

Hemos de darnos cuenta de la potencia e importancia que tiene esta biblioteca de la Casa Zorrilla pues, además de su especialización en la obra del dramaturgo, reúne un importante fondo teatral, porque a lo de Francisco Álvaro se une todo lo que Alonso Cortés escribió y guardó sobre teatro… y de momento, y hasta que se aclare su destino definitivo también tiene en depósito la biblioteca de la antigua Escuela de Teatro. Es, en definitiva, un  referente para el estudio del teatro contemporáneo.

La biblioteca termina de fortalecerse con los fondos que los herederos de Dª Blanca Blanco (que fue directora de la biblioteca de Santa Cruz e hija de Alonso Cortés), donan a la casa Zorrilla los últimos libros del escritor e investigador, numerosos recortes de prensa y revistas con anotaciones manuscritas al margen, así como algunos objetos personales.

 

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Retrato de Zorrilla, conservado en la biblioteca

 

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La biblioteca tiene numerosos libros que eran de Zorrilla, en muchos casos con anotaciones manuscritas del dramaturgo. Zorrilla también era una persona interesada por los libros relacionados con el teatro, como un curioso “Tratado de voz”. En la fotografía una ilustración de Doré del libro “Ecos de la montaña”, novela histórica de Zorrilla

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Libro editado en 1884 con obras completas de Zorrilla, corregido por él mismo

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Retrato de Narciso Alonso Cortés, realizado por José Luis B. Rementería, pintor de origen vasco que curso estudios de medicina en Valladolid

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Quizá por creer que Alonso Cortés era un escritor “local”, carece de la relevancia que la ciudad debería darle, pero no solo no fue así, sino que se codeó con la mayoría de los escritores y poetas de su época, como fueron, por ejemplo, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez

 

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El trabajo de la biblioteca, además de documentar y restaurar ejemplares en mal estado, realiza un trabajo de investigación sobre los fondos y lleva a cabo sencillas exposiciiones mensuales con los libros y temáticas depositados en la biblioteca. En las dependencias se puede ver una fotografía del crítico teatral Francisco Álvaro

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Entrada a la casa de Zorrilla (calle Fray Luis de Granada), donde se aloja la biblioteca Narciso Alonso Cortés

 

UN PANTANO SALVAJE

El embalse de Castromonte, también llamado del Bajoz o de la Santa Espina, es uno de los lugares más interesantes de la provincia de Valladolid. Una presa de tierra levantada en 1969 sujetó  las aguas del modesto río Bajoz para construir un pantano con el que regar las tierras del entorno del pueblo de la Santa Espina (perteneciente a Castromonte), que en 1957 se había asentado en las proximidades del Monasterio del mismo nombre.

Hacia los ochenta, se decidió que ya no se volverían a utilizar estas aguas para regar,  y su destino se convirtió en velar por la reproducción de aves, acoger aves migratorias, favorecer la vida del extraño gallipato (un anfibio que puede llegar a medir 30 cm. con una cola aplastada lateralmente)  y alojar tencas y carpas. Dicen quienes entienden, que este  embalse es el destino preferido de los pescadores de la región que quieren disfrutar de la captura de tencas. No obstante, la necesidad de proteger la reproducción de las aves y no perjudicar a la colonia de anátidas, sobre todo en la cola del embalse, ha hecho que se limiten a prácticamente  la mitad de sus orillas los lugares destinados a la pesca. Una pesca para la que solo se conceden seis permisos diarios.

Son varias las posibilidades  para llegar al pantano. Tomaremos una de las que arrancan en las puertas del Monasterio y que discurre en buena parte por la parte alta de la finca, y que nos permitirá disfrutar de variados paisajes y lugares de interés. No obstante, hasta el pantano se puede llegar directamente con el vehículo por una pista que sale a la derecha de la carretera que conduce de Castromonte a la Santa Espina.

 

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Bordeando las piscinas e instalaciones deportivas que están detrás del monasterio,  y junto a la explotación ganadera que hay en el monasterio, tomaremos el camino de la Nevera. En un momento determinado sale por nuestra derecha, como retrocediendo, una caminillo que nos lleva hasta el depósito de agua. Este depósito, presidido por un alto pedestal que eleva lo que queda de una imagen conocida como Virgen de la Nevera, parece que está construido sobre un antiguo pozo de nieve

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Panorámica de la Santa Espina desde la Nevera

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Continuamos camino atravesando bosques de encinas, viñas y tierras de cultivo. Llega un momento en que el evidente camino se convierte en un senderillo que discurre paralelo a la carretera. Nada debe hacernos dudar de que vamos por el buen camino

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Cuando la carretera comienza describir una curva hacia la derecha, un indicador nos dice que tenemos que girar completamente a la izquierda para ir descendiendo hacia el embalse

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Toda la orilla del embalse es muy sombrada: pinos, cipreses de Arizona y robles nos procuran un agradable paseo

 

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Garza descansando en la copa de un árbol. El pantano se puede bordear en su totalidad. Solo hay un punto que puede crear incertidumbre: a  la hora de cruzar el embalse en su cola. Habremos salido hacia un camino (que conduce hacia Castromonte), pero seguro que alguna cinta atada a las ramas de algún árbol advierte de que por ese lugar se halla un puentecillo de madera que salva el escaso caudal del Bajoz

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Volvemos a nuestro punto de partida por la pista que viene desde la carretera de Castromonte. En un punto se advierte de la existencia de un viejo molino de cubo. Nos acercaremos a verlo y en este lugar podemos decidir si volvemos por el mismo lugar (un sendero por detrás del molino nos devuelve al que trajimos), o por la pista y luego por carretera hasta llegar de nuevo al monasterio. La excursión que aquí sugiero puede durar como dos horas y media. Si solo bordeamos el pantano partiendo de la presa, en poco más de una hora se hace

 

141516 El monasterio de la Santa Espina tiene origen cisterciense (s. XII), aunque casi todo lo que ahora vemos alcanza su esplendor en el XVI (hospedería), y XVIII (fachada y torres de la iglesia). Llamo la atención sobre los dos relojes de sol que están en el arco de acceso al monasterio

 

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Para conocer todas las posibilidades que ofrece completar nuestra excursión conviene consultar en internet horarios y días de visita al monasterio y el museo de Aperos del Ayer

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Panel explicativo sobre los valores naturales del embalse,  y plano orientativo de las sendas que parten del monasterio

MUY AL SUR: SAN ADRIÁN-LAS VILLAS-VALPARAÍSO

Valladolid apunta hacia Simancas, donde está uno de los puentes tradicionales de acceso a la ciudad,  y espacio de ocio y esparcimiento, siguiendo el llamado Camino Viejo de Simancas. A lo largo de esta vía que arranca en el paseo de Zorrilla, se fueron levantando villas junto al Pisuerga para solaz de sus propietarios en  época estival. Esto ha dejado un reguero de casas, tapias y zonas verdes un tanto dispersas. También, ya muy entrado el siglo XX, se fueron asentando unas cuantas industrias y diversas actividades fabriles que convivían con tierras cultivables y parcelas de frutales, de ahí el nombre del Peral.

Y entre este popurrí  fue naciendo un modestísimo barrio de casas molineras  allá por los años 50. Sus promotores quisieron darle un aire rural y  ofrecieron parcelas  bajo el reclamo de “Pueblo Nuevo”.  Pero aquello no debía funcionar y decidieron cambiar ese futuro ruralizante por el de “Las Villas”. Y poco a poco, se fue consolidando un espacio denso y compacto entre la Cañada de Puente Duero y el Camino Viejo de Simancas.

Más, al otro lado del Camino, al rebufo de la Alcoholera y luego la fábrica de Levadura, una década antes había nacido una pequeña barriada que se conoce como San Adrián.

Tradicionalmente  ambos barrios han  sumado fuerzas para plantear sus reivindicaciones ante el Ayuntamiento.  Al mismo tiempo,  han visto como les rodeaban nuevas urbanizaciones: Valparaíso, Santa Ana… y otros proyectos, que se pergeñaron al calor del boom inmobiliario de principios del  XXI, se han quedado en expectativa.

Es el caso que ahora “conviven” en esta zona de la ciudad extensas parcelas de tierras incultas, naves y solares abandonados, modernas urbanizaciones, almacenes, remozadas casas de los años 60, etc.

No es fácil tejer un itinerario que invite a recorrer este lugar de Valladolid, muy condicionado y divido por la Avenida de Zamora. Y hay tantas posibilidades como la curiosidad lleve a adentrarse y salir por unas u otras calles. No obstante propongo un itinerario, aunque queda al albur de cada cual caminar por las calles de algo que podemos llamar: Las Villas-San Adrián-Valparaíso.

 

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Frente al Instituto Pinar  de la Rubia, en el Camino Viejo de Simancas, se ubica el barrio de San Adrián. Entre por cualquier calle y sumérjase entre nombres tan marineros  como Bahía, Alborada, Isla, etc. En la imagen, un par de calles y la plaza en la calle Arrecife, ya tocando la urbanización de Valparaíso (aún de este lado de la Avenida de Zamora)

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Desde la plaza, y por la calle Bahía, con la que hace esquina, nos adentramos en Valparaíso, cuyo plaza del IV Centenario aparece en la imagen. Es una zona con algún comercio y establecimientos hosteleros. El resto de Valparaíso queda del otro lado de la Avenida

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Podemos ir al final del Callejón de la Alcoholera y cruzar la Avenida para tomar la calle Villagarcía de Campos. Aquí veremos numerosas naves abandonadas y parcelas sin uso, entre las que, sin embargo, resiste alguna casa molinera. Podemos salir por la calle de la Costa para continuar por el Camino Viejo de Simancas…

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… Hasta llegar a la urbanización de Santa Ana y tomar la calle de José Velicia, ya en las Villas. José Velicia ejerció de párroco en el barrio durante breve tiempo y fue el impulsor de las Edades del Hombre. Deambularemos por amplias y modernas avenidas hasta prácticamente llegar a la Cañada de Puente Duero…

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… Y frente al Colegio El Peral giramos a la izquierda para buscar cualquiera de las calles del barrio primigenio, por donde caminaremos al libre albedrío. El nombre de las calles rinde homenaje a todos los municipios vallisoletanos que llevan el nombre de villa: Villavaquerín, Villasexmir, etc.

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Hay dos referencias en las Villas: una, más entrañable para los habitantes del barrio, el bar las Villas (que siempre se conoció como el bar de Clemente); y el más moderno restaurante Mi Casa. La parroquia está frente a una recoleta placita…

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… Y bien podemos terminar el paseo en la Plaza de las Villas, epicentro de las fiestas y actividades lúdicas del barrio

 

NOTA:  José Antonio Gaviero escribió la historia de las Villas bajo el título “El lagar de Barahona”.

EL POCICO, EN UN ESCONDIDO ROBLEDAL

Será esta una excursión muy somera, casi espartana, pues no son muchas las referencias paisajísticas que podamos ver… pero todas auténticas y muy vallisoletanas: campos de cereal, páramo, la vega del Pisuerga, casas del monte, manchas de encinas… Nuestro destino: la fuente del Pocico, en un escondido robledal.

Ahora, el Pocico es un paraje recóndito, aislado, solitario.  Más en su día era el destino de gentes de los pueblos de alrededor, especialmente de Cabezón de Pisuerga que iban a pasar la tarde en días festivos por el Camino del Monte, que desde el municipio llevaba casi directamente hasta el Pocico. Camino que se han comido las instalaciones militares actuales, por lo que llegar hasta ella requiere de un rodeo ineludible si queremos acercarnos hasta la fuente.

Este paraje, ahora tan aislado, formaba parte de la geografía cotidiana de las gentes de Cabezón. Para llegar hasta él se atravesaban tierras cultivadas, la casa montera del Doctor, pagos reconocibles como La Mariscala, el Borbollón,  la Bayona, la reguera del Monte, etc. En definitiva, un territorio reconocible que poco a poco se va perdiendo  por roturaciones y ocupaciones del terreno totalmente ajenas a las labores agrícolas y forestales tradicionales.

En cualquier caso, aunque parezca que la alambrada militar nos destierra a lo desconocido, la verdad es que vamos a seguir uno de los cordeles de la cañada Leonesa. Y esto explica la existencia de esta fuente, pues el Pocico era, antaño, un punto estratégico en el que confluían ramales de las cañadas Leonesa,  Burgalesa y de San Martín, amén de dar servicio a los agricultores  y a los cazadores que andaban buscando piezas en las densas laderas del páramo.

Tan estratégico era el paraje que marcó el punto de división (o confluencia) de varios términos municipales: Cabezón de Pisuerga, San Martín de Valvení, Villarmentero y Olmos de Esgueva.

Bien, ya sé que no es fácil sentir las vibraciones de la vida y el trasiego que acumula este paraje, ahora solitario;  pero vamos a ponerle un poco de voluntad y, sobre todo, a  disfrutar de lo que la naturaleza y la necesidad humana ha creado en esta fresca y recóndita hondonada.

 

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Paisaje cerealista característico de estos páramos vallisoletanos

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Como a 25 o 30 minutos de comenzado a caminar (la valla siempre a nuestra derecha), nos encontramos con los restos de una casa del Monte.  Hay quien la  llama del Doctor, pero no, la del Doctor está muy alejada de nosotros y completamente dentro de los terrenos militares. Las casas del monte servían para que en la época de mayor actividad en la siega (que duraba varias semanas, no como ahora), los jornaleros y dueños disfrutaran de ciertas comodidades en pleno páramo y no tuvieran que subir y bajar cada día al pueblo

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… Y a 5 minutos ante nosotros se abre el espléndido paisaje del valle del Doctor

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Iniciamos la bajada por una fuerte pendiente hasta que ya completamente abajo encontremos un camino que sale a nuestra izquierda alejándose perpendicularmente de las vallas. Tomamos este sendero que nos adentra en el fresco y frondoso robledal…

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… Hasta dar con la fuente. Total, desde la casa del monte no habrán transcurridos más de 12 o 15 minutos. Lugar ideal para reposar un rato

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A la vuelta, por el mismo camino, no dejemos de fijarnos, casi arriba de la cuesta, en las vistas sobre la vega del Pisuerga

NOTA. La excursión a pie puede llevar como hora y media entre ida y vuelta. Para llegar hay que tomar, desde Cabezón de Pisuerga, la carretera de San Martín del Valvení… y nada más girar hacia esta, sale un camino amplio a la derecha pegado a una valla metálica. Cuando este camino  hace un giro que nos aleja de la valla (como a 5 minutos), es el momento de dejarlo aparcado y continuar por un senderillo siempre pegado a la alambrada. No tiene pérdida alguna.

LA ESCUELA DE ANTAÑO

En el edificio de las viejas escuelas de Aldeamayor de San Martín, el Ayuntamiento ha habilitado un Museo pedagógico.

Pocas palabras utilizaré para describir este museo porque por su propia naturaleza: la pedagogía y la docencia, sus instalaciones y todas y cada una de las piezas que se exhiben hablan por sí mismas.

Debe indicarse, no obstante, que está muy bien montado, y que se ha llevado a cabo utilizando, básicamente pero no solo, un depósito de materiales de la Junta de Castilla y León.

Salvo visitas concertadas,  abre de marzo a septiembre… ¡así que este año solo queda un mes por delante!

“Una tarde parda y fría

de invierno. Los colegiales

estudian. Monotonía

de lluvia tras los cristales.

(…)

Con timbre sonoro y hueco

truena el maestro, un anciano

mal vestido, enjuto y seco,

que lleva un libro de la mano.

Y todo un coro infantil

va cantando la lección:

-mil veces ciento, cien mil;

mil veces mil, un millón-.

Una tarde parda y fría

De invierno (…).”

 Antonio Machado: Soledades

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El edificio que acoge la exposición está construido en los años 60 y sustituyó a las viejas escuelas de 1887

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El aula, la mesa del maestro o maestra y la estufa

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Panorámica parcial de la sala principal del museo. En las paredes hay diversos textos que explican muy acertadamente el ambiente de aquellas escuelas de antaño

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La cartelería:  muy visual e ingeniosa… auténticos comics

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Diverso material didáctico. Cabe destacar que en el siglo XX se puso especial énfasis en enseñar en las escuelas las unidades de pesas y medidas,  ya unificadas y universales; pues aunque parezca mentira, hasta hace poco más de 100 años los sistemas de medidas eran diferentes según comarcas o regiones dentro de la misma España

 
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Pizarras, cartera y libros

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El peso de la Iglesia ha sido patente en toda la historia de la docencia

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Anotaciones en el diario de una escuela: no queda leche en polvo; sustitución del retrato del Generalísmo por el de los Reyes de España

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El bidón de la leche en polvo americana

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Hay en la provincia algún otro municipio que exhibe el aula de sus viejas escuelas, aunque sin carácter museístico. Están los casos, al menos,  de Roturas (foto adjunta), y Curiel de Duero

 

NOTA: Ubicado en calle Real, 1. Horario de marzo a septiembre: sábados, domingos y festivos de 10 a 13:30 h. y de 17 a 19:30 h. Viernes, de 17 a 19:30 h.

No obstante, a lo largo de todo el año se pueden concertar visitas guiadas llamando al 983 558 402 o 983 558 468

LA VILLA AMURALLADA DE URUEÑA

No por muy  conocido vamos a dejar de recorrer uno de los municipios más bellos y visitados de Valladolid: Urueña. Difícil será añadir nada que no sea sobradamente conocido de esta villa que, desde el páramo de Torozos,  se asoma a Tierra de Campos.

Su  historia está vinculada a la red de fortalezas de los  tiempos de disputas entre los reinos de Castilla y León. Las murallas de Urueña vigilaban los territorios en conflicto y encadenaban con el resto de las fortalezas que,  dependiendo de las propiedades castellanas o leonesas, se avisaban entre sí en caso de presencia de enemigos. Me refiero, por ejemplo, al antiguo castillo de Medina de Rioseco, al de Tordehumos, Villagarcía de Campos, Tiedra,  Villalonso, Castronuño, Toro… Parece ser que la forma de comunicarse entre los castillos era mediante señales de fuego y humo ¿de ahí el nombre del municipio de Tordehumos?

Ahora  las reconstruidas murallas de Urueña, que comenzaron a levantarse en el siglo XII,  sirven para paseo de visitantes que desde el adarve se sorprenden del paisaje terracampino,   y disfrutan de  las inigualables puestas de sol.

A partir de la Casona de Urueña, antigua apuesta de la Diputación de Valladolid, se  ha constituido un entramado de espacios culturales, incluidas librerías, que aspiran a dar oxígeno a esta zona. En esa apuesta está el centro E-Lea, que forma parte de la exclusiva red de “villas del libro” que existe en el mundo; el Museo de Campanas y el sorprendente Museo de Instrumentos Musicales de Luis Delgado… todos son de obligada visita, en una u otra ocasión.

De la Casona de Urueña ya hemos dado noticia en otra entrada de este blog, por lo que no nos queda más que adentrarnos en el callejero de Urueña.

 

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Optamos por estacionar junto al castillo, donde se ha recuperado una tradicional charca o lavajo. El castillo ahora cobija el cementerio de la localidad

 

2Entramos en el casco urbano por la puerta del Azogue para tomar la calle Real

 

4 Enseguida nos toparemos con la iglesia de Santa María, un edificio del siglo XVI…

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… Y la Casona de la Mayorazga, noble edificio de 1716, que acoge el Centro Etnográfico de la Fundación Joaquín Díaz: un espacio de cobija diversas y únicas colecciones relacionadas con la música y la etnografía

 

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La calle Real termina en la otra puerta que aún se conserva: la de la Villa, que se asoma a uno de los paisajes más bellos que se puedan ver en Valladolid; con la Ermita de la Anunciada al fondo, a la que sin duda hemos de acercarnos. Si lo hacemos a pie completaremos una pequeña caminata por la localidad

 
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Subimos al adarve por cualquiera de las escaleras de acceso que hay dispuestas a lo largo de la muralla reconstruida: panorámica del caserío de Urueña

 

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Paisaje de Tierra de Campos

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Sin duda se ha de recorrer el callejero de la localidad: calle de Lagares y detalles de algunas de las librerías. La piedra domina las construcciones, pero no siempre fue así: muchas de las viviendas de piedra que ahora vemos son reconstrucciones que se acometieron para recuperar la mitad del caserío que fue arrasado por el fuego en 1876… Para su rehabilitación se aprovecharon las piedras de la muralla, que quedó maltrecha y casi desapareciada

 

 

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 Museo de Campanas. Se trata de una antigua panera muy rehabilitada

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Casa de Raimundo Negro, toda ella de piedra de sillería, en la plaza del Corro de San Andrés;  y panorámica de la plaza, en el centro del casco urbano

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La villa tiene numerosas indicaciones que nos permiten movernos por ella con facilidad, sobre todo porque a pesar de ser un caserío medieval tiene un trazado bastante bien organizado

 

18Es imprescindible visitar la ermita de la Anunciada, una joya única en Castilla y León del gótico lombardo o catalán (o italiano), iniciada en el siglo XII con añadidos del XVIII

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Vista típica de Urueña desde la ermita… Y no olvide visitar los museos de la villa…

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… Y las inigualables puestas de sol

LA CASA DE LOS REYES

A fuer de que las últimas siete generaciones de vallisoletanos vienen conociendo que el edificio que preside la plaza de San Pablo son dependencias militares,  ha contribuido  a que no se tenga en cuenta en toda su dimensión la importancia  histórica y arquitectónica del antiguo Palacio Real.

Esto ha privado de un mayor conocimiento y disfrute por parte de la población de este singular edificio. Consciente de ello, el Ministerio de Defensa  trata de hacerlo más asequible mediante visitas guiadas, algunas actividades culturales,  y la instalación en una de sus salas de un pequeño museo que recoge la historia reciente del edificio.

Sería tarea imposible resumir siquiera la historia y avatares del Palacio Real,  que no es sino el resultado de diversas intervenciones urbanísticas que condujeron a que entre 1601 y 1606 Felipe III instalara en él la Corte, convirtiendo a Valladolid en la capital de la Hispanidad durante aquellos años, de la mano del gran especulador urbanístico que fue el Duque de Lerma.

Aprestémonos, al menos, a dar un paseo por el interior de este sitio real que desde 1999 está declarado Bien de Interés Cultural, y que ha conocido numerosas reformas tanto interiores como exteriores.

 

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Fachada actual del Palacio Real, e imagen de su aspecto en el siglo XVIII (grabado reproducido del afamado libro de Ventura Pérez: “Historia de la muy noble y muy Leal Ciudad de Valladolid. Recopilada de varios autores en este año de 1759”). El palacio se fue forjando a partir de varias casas que Francisco de los Cobos (secretario de Carlos V) y su esposa María de Mendoza obtuvieron  por dote matrimonial en 1522

 

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Patio principal, el de mayor tamaño de entre todos los palacios que llegó a tener Valladolid. Y detalle del empedrado

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Los medallones que adornan las arquerías recogen personajes históricos principales, como la de Carlos V, pero también personajes mitológicos no todos identificados: parece que hay una imagen de Alejandro Magno, de Héctor y Paris…  Y se ven los escudos de los numerosos reinos de la España del siglo XVII, como el de Castilla

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Tanto durante la invasión francesa, en la que Napoleón  se instaló en el palacio con numerosa tropa que alteró profundamente la estructura interior del edificio, como en sucesivos usos del mismo, se llevaron a cabo diversas y notables modificaciones, como esta, en la que se ve a finales del XVIII completamente tapiadas las galerías (fotografía de Jean Laurent). También alojó dependencias de Hacienda, Audiencia Territorial, etc.  Las galerías actualmente recogen diversa decoración histórico-militar

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Arco de una de las partes más antiguas del palacio, y una de las dependencias. Durante la estancia de la Corte en Valladolid, la ciudad llegó a contabilizar más de 400 palacios

 

8a8b Hay dependencias que por tener uso administrativo no se muestran en la visita guiada que se lleva a cabo los miércoles por la mañana, como la galería y jardín de Saboya

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Escalera principal con profusa y rica decoración. No es la original del siglo XVII, sino una nueva levantada siguiendo las trazas de 1762 del afamado arquitecto Ventura Rodríguez. En estos años, Ventura Rodríguez estaba trabajando en la Catedral, Convento de Agustinos Filipinos, Colegio de Santa Cruz, Ayuntamiento de La Seca, etc.

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Oratorio de la Reina. La capilla real no se conserva

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Una habitación recoge reproducciones de escenas de batallas del pintor Augusto Ferrer Dalmau, como esta titulada “Rocroi el último tercio” (1643, durante la Guerra de los Treinta Años)

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El Salón del Trono es en realidad una construcción que llevó a cabo el Ministerio de Defensa siguiendo modelos de otros palacios reales

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Una de las habitaciones del palacio muestra paneles explicativos de la evolución del edificio y de los avatares históricos desde que está ocupado por el Ministerio de Defensa

 

NOTAS: El libro imprescindible para conocer la historia y arquitectura del Palacio Real, editado en 2006 por la Universidad de Valladolid y el Ministerio de Defensa,  tiene como autor a Javier Pérez Gil.

Para inscribirse en la visita guiada es preciso llamar a los  teléfonos  983 219 310 o 983 327 302