UN PASEO ENTRE LA NATURALEZA Y LA HISTORIA: GR 14 SENDA DEL DUERO.

El Duero a su paso por la provincia de Valladolid recorre unos 140 kilómetro y eso es, más o menos, el número de kilómetros que suma la senda GR 14.

Hace como un año, la Federación de Deportes de Montaña, Escalada y Senderismo de Castilla y León deshomologó la Senda de Gran Recorrido del Duero catalogada como GR 14. Esta senda de 750 kilómetros recorre las provincias de Soria, Burgos, Valladolid, Zamora en Salamanca, pegada en su mayor parte a las orillas del Duero. La Federación de Montaña alegó falta de mantenimiento de la misma. En estos momentos la Junta de Castilla y León está tratando de buscar una solución para volver a homologarla.

En cualquier caso esto no quita para que la senda siga ahí, bien señalizada y por tanto abierta a cuantos quieran recorrerla. Bien es verdad que en algunos tramos la maleza se ha apoderado del sendero y eso lo hace incómodo para el caminante y casi imposible para su recorrido en bici. No es este el caso del tramo que vamos a recorrer, que es óptimo para hacerlo en bicicleta.

El verano va declinando y es un buen momento para recorrer algún tramo de este largo sendero que atraviesa Valladolid por completo.

En este caso propongo hacer el tramo de sendero que va a desembocar al embalse de San José, en el término de Castronuño, que es nuestra gran referencia de este río, al estar el embalse enclavado en el único Espacio Natural que tiene Valladolid y que se reparte entre los términos de Tordesillas, Pollos, Torrecilla de la Abadesa y Castronuño.

Se trata de un largo recorrido de unos 24 kilómetros que lo iniciamos desde Torrecilla de la Abadesa-

Es un recorrido que ofrece interesantes referencias históricas y arquitectónicas, así como recorrer el encinar más extenso de la provincia de Valladolid.

Pues ahí vamos, y repito que es muy apropiado para hacerlo en bicicleta.

Torrecilla de la Abadesa es uno de esos municipios que queda un tanto apartado de vías principales de comunicación, por lo que es necesario dirigirse expresamente a él. Un municipio pequeño pero que ofrece algunas referencias históricas y arquitectónicas muy interesantes. Su nombre de “Abadesa” se debe a que hasta el siglo XIX el caserío pertenecía al Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas y estaba regido, por tanto, por una abadesa. Tiene una iglesia del siglo XVI-XVII (en la imagen la entrada al municipio viniendo desde Tordesillas). Una antigua y extensa era, en la que todavía incluso se aprecia el empedrado, se alzan estas dos esbeltas y singulares casetas de era.

La senda discurre en paralelo al canal de Tordesillas, hasta el caserío de Torre de Duero. Los viñedos de esta finca forman parte de los vinos de la Denominación de Origen Rueda la más antigua de Castilla y León (1980). Las casas de las fincas se agrupan en torno a una ermita de estilo románico-mudéjar.

En este punto, inmediato al caserío de Torre Duero, el sendero se aparta bastante del río, hasta que lleguemos a la Dehesa de Cubillas.

El sendero se adentra en la Dehesa de Cubillas, una extensísima finca en el término de Castronuño. Se trata del encinar más extenso de Valladolid: de algo más de 3.000 hectáreas, en la que solo hay una pequeña parte dedicada al cultivo. En la travesía observaremos un vallado. Se trata de la finca de la Rinconada, dedicada por su propietario a la caza del ciervo y el jabalí. Eso hace del término de Castronuño que tenga la singularidad de disfrutar de la berrea entre los meses de septiembre y octubre: un profundo bramido producido por los ciervos que ofrece un auténtico espectáculo sonoro de la naturaleza.

La senda pasa junto al caserío de Cubillas. La noticia escrita más antigua que hay sobre este enclave se remonta al siglo XII: el rey Alfonso VIII saldó una deuda con la Orden de los Templarios dándoles esta propiedad. Aunque ahora Cubillas pueda parecer pequeña, sin embargo tuvo su importancia histórica e incluso estuvo amurallada, y jugó un papel en la Guerra Civil de Castilla (o Guerra de Sucesión) entre los Reyes Católicos por un lado, y Alfonso V de Portugal y el príncipe Juan de Portugal. Cubillas estaba del lado de los portugueses, aunque más tarde pasó a manos de los Reyes Católicos, que mandaron derribar sus murallas y destruir el castillo. Luego perteneció a la Iglesia y tras la Desamortización la compró el ilustre militar Narváez. En cuyas manos de sus herederos sigue.

De la senda del Duero parte un camino público que lleva al pico del Gurugú, una excursión que nos guardamos para otro momento, pues bien merece la pena, aunque solo sea por las extensas e impresionantes vistas que ofrece. De momento dejamos un testimonio gráfico del enclave y sus vistas.

Nuestro destino ya está cerca y nos lleva a la Reserva Natural de las Riberas de las Riberas de Castronuño- Vega del Duero. En la foto, tomada desde la Muela (ya en Castronuño), el camino que traemos viene por la derecha hasta atravesar el puente de la presa de San José que aparece al fondo de la imagen.

NOTA. En este mismo blog hay sendos artículos sobre Castronuño y el embalse:
“Castronuño, entre la historia y el paisaje”, y “Un paseo en torno al paraíso: embalse de Castronuño”

LORENZO DUQUE, LA HUELLA DEL CANTERO

“Valladolid la mirada curiosa” se toma un descanso hasta mediados de septiembre. Pero os dejo un artículo que anima a pasear por algunos rincones de la provincia, e incluso de la capital. Para ello propongo hacer un recorrido siguiendo las esculturas de Lorenzo Duque.

Lorenzo Duque nació en La Mudarra y vive en Laguna de Duero. Durante unos cuantos años compatibilizó su pasión por la escultura con el trabajo en una empresa de automoción, hasta que decidió dar el paso para dedicarse por entero a vivir del arte, que esa sí es una verdadera aventura. Cuenta él mismo que se recuerda de muy niño cogiendo las pastillas de jabón de su casa y haciendo figuras con ellas, pues, como es lógico, eran fácil de trabajar por su blandura. En la piedra se inició cuando tenía apenas unos treinta años.

Trabaja todos los materiales posibles: hierro, madera y piedra de diferentes calidades. Pero su preferida es la piedra del Alcor, pues no en vano nació en La Mudarra, población situada en el Monte de Torozos.

Duque es, salvo que mis datos me fallen, el escultor vallisoletano que más obra pública tiene repartida por municipios de Valladolid.

Lorenzo Duque también tiene obra en otros municipios de Castilla y León y España: la Senda de Ursi (Villabellaco –Palencia-), Páramo del Sil (León), Burgos, Santiago de Aravalle (Ávila), etc.

En general, las obras de Duque atienden a dejar testimonio de algún acontecimiento, un personaje o una referencia histórica. Y siempre detrás de cada obra suya hay un relato: nada está hecho al azar o por mera demostración estética. Ir a cada uno de los lugares donde se pueden encontrar sus obras nos aporta el plus de que además de contemplar su trabajo artístico, nos lleva a interesarnos por el personaje o el acontecimiento representados.

Así que propongo hacer un recorrido por varios municipios de la provincia siguiendo el rastro de sus esculturas.

Desde luego no debe intentar hacerse todo de un tirón, pues hay que disfrutar de un rato de paseo por el municipio y de visitar los lugares singulares que pueda haber en su entorno.

Lorenzo Duque delante de la entrada a su taller en Laguna de Duero.

Empezaremos el recorrido por la localidad donde reside y tiene su taller, al que ha bautizado con el nombre de Canis Lupus.

Son unas cuantas las esculturas que tiene en Laguna de Duero: El aire de los sueños (en la Casa de las Artes), un crucero en la plaza de la Iglesia, Homenaje a los donantes de Sangre (avenida de Madrid), Homenaje a todas las Comunidades (plaza de las Comunidades), Homenaje a Nelson Mandela, con la plaza que lleva su nombre, Homenaje a Francisco Pino (poeta) en la calle 6 de diciembre, Homenaje a Juan Manuel Sánchez (paseo de la Democracia) y varias esculturas de madera en el entorno del Lago. También ha participado en el grupo escultórico colectivo de Homenaje a los represaliados (avd. de Laguna).

Pero aquí dejamos testimonio gráfico de dos: los homenajes a Eleuterio Arribas, junto al Centro de Salud en la avd. de Laguna, y a Fernando Alonso en la plaza que lleva su nombre.

Eleuterio Arribas Santos (1907-1999) fue un popular y apreciado barbero, practicante y partero de Laguna que acudía donde lo necesitaran con su inseparable bicicleta. Y Fernando Alonso Alonso es un destacado y prolífico escritor burgalés de literatura infantil afincado en Madrid que durante muchos años ha colaborado desinteresadamente  con la biblioteca municipal de Laguna.

En la plaza Millán Santos, del barrio de las Delicias de Valladolid hay una escultura del que fue cura párroco de Santo Toribio de Mogrovejo que da nombre a la plaza. No me voy a detener en la historia de esta gran persona que falleció en 2002 y que ha dejado un indeleble recuerdo en Valladolid. Baste aquí decir de él que tanto se preocupó de incentivar la formación cultural y personal de la gente humilde del barrio como de atender sus obligaciones parroquiales. A los pies de la escultura una frase de Millán: “nada pedir, nada rechazar”. Por cierto, todo el altar de Santo Toribio está esculpido en piedra por Lorenzo. Y en los jardines del antiguo Hospital Viejo, actuales de pendencias de la Diputación, hay una escultura titulada Torozos.

Een la plaza de Baden Powell, Parque Alameda, hay una pieza suya que se instaló en 2012: se trata de un homenaje al personaje que da nombre a la plaza, el militar británico fundador de los Boys Scouts.

Delante de la puerta de la iglesia de Cabezón de Pisuerga, una escena del Nacimiento de Jesús, lleva la firma de Lorenzo.

En la Casa de Cultura de Villanubla se puede ver un bajo relieve representando una escena del Paloteo, una danza tradicional de este municipio.

Lorenzo no está nada satisfecho de esta representación del rey Wamba en una pequeña glorieta que da acceso al municipio de mismo nombre. Circunstancias no demasiado agradables ajenas por completo a él le condujeron a tener que terminarla deprisa y corriendo para que estuviera lista el día de la inauguración de las obras (julio de 2009) del pueblo que llevaban aparejada esta pieza escultórica: “No me reconozco en ella”, comenta Lorenzo. Pero ahí está y siempre merece la pena visitar Wamba, por muchos motivos.

Hacia la mitad de la calle principal de La Santa Espina, se encuentra esta escultura. La obra la realizó en 2007  durante los actos conmemorativos del 50 aniversario del pueblo como homenaje a los primeros pobladores. La materia prima con que está realizada es piedra de los montes Torozos, la preferida por Lorenzo.

En Villalar de los Comuneros, Lorenzo ha dejado un conjunto de esculturas en troncos secos de árboles. Están junto a la piscina, en un agradable parque en el que se ha creado un Centro de Interpretación de Villalar de los Comuneros. Y también en Villalar, en la plaza del monolito, se han instalado en el suelo unos redondeles siguiendo el modelo de los “roeles” del escudo de Medina del Campo, en los que se recuerda de personajes de la historia de España. Están hechos por Lorenzo.

El paseo del Arte de Serrada, que comienza a la salida del municipio, junto a las piscinas, termina en la plaza del Milenio, con una obra de  Lorenzo Duque. Y sin salir de la localidad, en la plaza del Rollo, un grupo escultórico titulado Encadenados: ha desaparecido la acacia con representaciones de duros trabajos tradicionales con los que la gente se ganaba la vida, a la que  un perro y una familia estaban encadenados. Y detrás del interesante frontón del municipio – junto a la iglesia-: Nuestro pueblo, con versos de dos poetas serradeños: César Medina y Chencho.

Lagarejo, y Vendimiador son dos piezas instaladas en el municipio de La Seca, municipio muy vinculado al vino. Es más, donde nunca se perdió el cultivo de la famosa uva verdeja, con la que se elaboran excelentes vinos blancos. Piedra de Campaspero.

Algún monolito tiene Lorenzo que le encargaron para conmemorar la inauguración de algún tramo de carretera. Pero de entre todos el que sin duda tiene mayor interés es el que hay en el área recreativa de San Miguel del Arroyo. Hecho en piedra de Campaspero, se instaló en 2006 al tiempo de inaugurar un tramo de la llamada autovía de Pinares que une Valladolid con Segovia. La obra escultórica representa la fachada de San Pablo de Valladolid y el acueducto de Segovia. Llama la atención el detalle de que Lorenzo incluyera en el mapa de Castilla y León el condado de Treviño, cosa que casi nunca se representa cuando se perfila el contorno de esta Comunidad Autónoma.

En Campaspero, un dolmen a la entrada del municipio anuncia que estamos en territorio donde la piedra es una riqueza del pueblo, y en el Museo de la Piedra, una escultura homenajea a los canteros. Ambas tienen la firma de Lorenzo Duque.

En el yacimiento arqueológico vacceo Pintia, ubicado en Padilla de Duero, esta escultura titulada El señor de la bellota, es una especie de guardián para ahuyentar a los que tratan de expoliar el patrimonio.

En su taller guarda numerosa obra de menor tamaño, en la que aborda variados temas, como las dos piezas que mostramos a continuación: un Thor, dios del trueno, y una Esfinge, hecha en en cuarcita multicolor:

Y esta pieza, inspirada en la Venus, y realizada en piedra rosa de Sepúlveda, es la primera que hizo en su vida que ya se pudiera mostrar al público. Se la compraron en una exposición de Medina de Rioseco, hace unos cuarenta años. Con el paso de los años se colocó en el vestíbulo del Teatro Principal -María Luisa Ponte-, de esa localidad:

SEGADORES GALLEGOS EN TIERRA DE CAMPOS

Julio, mes en el que Tierra de Campos, y en general toda Castilla está en plena faena de cosecha del cereal. Ahora, con las cosechadoras, la tarea se hace en pocas fechas y con mucha menos penosidad, si lo comparamos con no hace tantos años.

Hasta bien entrado el siglo XX la cosecha se hacía a brazo y duraba semanas, con el riesgo tremendo de que una mala tormenta arruinara una buena cosecha. Para terminar cuanto antes, desde hace siglos venían a Castilla numerosas cuadrillas de segadores gallegos, a los que vamos a dedicar este “Valladolid, la mirada curiosa”.

Partamos de Villacreces, un despoblado en pleno corazón de Tierra de Campos casi en el punto en el que se unen Valladolid, Palencia y León. Está a tiro de piedra de municipios como Villada, Villalón de Campos y Santervás de Campos, a cuyo Ayuntamiento está adscrito.

Villacreces es el primer despoblado del siglo XX. Sus habitantes vivían del cereal, la vid y el ganado lanar, principalmente. Hacia 1981 se marchó la última familia que quedaba en el pueblo. Es, por desgracia, un símbolo de la despoblación del interior de la Meseta. Por cierto, cuando en ningún sitio se hablaba de la despoblación y de la España vaciada, en los años 90, colectivos y ayuntamientos del entorno de Villacreces realizaron jornadas reivindicativas en las que advertían del porvenir que se cernía sobre la comarca terracampina: fueron, por desgracia, precursores en llamar la atención sobre tan gravísimo problema.

De Villacreces no queda más construcción en pie que su torre de estilo mudéjar.

Las necesidades de la siega en Castilla requerían de mucha más mano de obra de la que había en los pueblos. Aquello se paliaba con la llegada de cuadrillas de segadores gallegos (y en algunos lugares, de segadores del páramo leones). Unas cuadrillas que se pasaban varios meses en el interior de la Meseta y que incluso llegaban a adentrarse en Madrid, La Mancha y Extremadura.

Xilografía costumbrista de 1874 que se muestra en el Museo del Cerrato, Baltanás.

Es una práctica que se remonta al menos al siglo XVI, y que ha perdurado hasta bien entrado el siglo XX. Lógicamente, durante siglos vinieron caminando, más tarde comenzaron a desplazarse en ferrocarril y en autocares que en algún caso contrataban las mismas cuadrillas. También era frecuente que se desplazaron montados en las cajas de camiones cuyo conductor les cobraba una pequeña cantidad de dinero.

El trigo, especialmente en Tierra de Campos, era el oro de su época, y no hay más que ver el impresionante patrimonio arquitectónico y artístico que atesoran muchos pueblos terracampinos.

Los segadores normalmente venían ya apalabrados con acuerdos que cerraban de un año para otro con las casas que los contrataban. Por cierto, esas contrataciones no solo eran de familias de fuerte labranza, sino de casas mucho más modestas.

Venían con el salario pactado y muy frecuentemente con la comida y el alojamiento (un pajar o similar) hablados.

Fotografías tomadas del libro “Gallegos a Castilla. Segadores en Tierra de Campos”.

Uno de los mayores temores durante el tiempo que duraba la siega eran las tormentas veraniegas que podían acabar en pocos minutos con una excelente cosecha. De ahí la práctica del conjuro en muchos pueblos. Por ejemplo,  en Cuenca de Campos hay una ladera que se conoce como “el conjuradero”: era el lugar en el que el cura, a toque de rebato de campana, llamaba a los feligreses a juntarse y rezar para espantar las temidas nubes negras que presagiaban una tormenta.

Dibujo de Cuadrado Lomas que ilustra los Pliegos de Cordel Simanquinos dedicados a Rosalía de Castro (1985)

La venida de los segadores gallegos, que es una práctica muy interesante desde el punto de vista etnográfico, que incluso ha dejado matrimonios y algunos asentamientos en tierras castellanas, se ha eclipsado en parte por alguna literatura gallega que criticaba a los castellanos por maltratar a aquellos segadores. No hay más que recordar los versos de Rosalía de Castro, que se quejaba del supuesto lamentable aspecto con el que volvían los segadores (renegridos, enfermos, pobres y maltratados) cosa absolutamente falsa.  Claro que la siega era dura, de sol a sol, en pleno julio y agosto castellano. Pero de ahí a lo que Rosalía de Castro escribía mediaba un largo e inventado trecho. Voy a decir algo que muchos consideraran socialmente incorrecto: Rosalía, una excelente escritora, era una mujer de clase acomodada que desconocía la dureza de las faenas agrícolas.

De hecho, la siega era la posibilidad que tenían los braceros, que en buena parte procedían de las tierras más pobres de Galicia, de conseguir en Castilla unos importantes ingresos que llevar a sus casas.

Comenzamos este artículo hablando de Villacreces y lo vamos a terminar dando una pincelada sobre Santervás de Campos, municipio al que está adscrito. En este mismo blog hay un artículo dedicado en exclusiva a Santervás, pero no dejaremos de anotar que bien merece una visita. En él hay un museo dedicado a Ponce de León, que nació en esta localidad. Fue el descubridor de La Florida y el primer gobernador de Puerto Rico. Es un museo sencillo pero muy bien montado que ilustra sobre la vida de tan insigne marino y las historias y leyendas que le rodearon. El museo conserva un gran legado de la Quadra-Salcedo: los trabajos de todos los jóvenes que participaron en las famosas “rutas Quetzal” que fundó en 1979 Miguel de la Cuadra Salcedo. La última edición fue en 2016.

Interior del museo Ponce de León.

 Y ya de paso, no olvidar la iglesia de Santervás, una excelente muestra del arte mudéjar castellano, especialmente sus tres ábsides.

FOTOS EN BLANCO Y NEGRO PARA EL VERANO (y 5). OFICIOS Y TRABAJOS.

Con esta quinta entrega concluyo la serie de fotos en blanco y negro para el verano.

Hoy ofrezco  fotografías que reflejan oficios y trabajos de lo más variado: desde el cochero del coche de caballos hasta los vendedores de helados pasando por guardias, barrenderos, serenos, bomberos, músicos … En fin aquello con lo que normalmente la gente ha venido (y sigue) ganándose el pan: esfuerzo, empeño y fatiga (véanse los peones adoquinando la calle Duque de la Victoria)…  Aunque en los tiempos que corren algunas personas se estén empeñando en demostrar que un buen pelotazo, la especulación y unos cuantos sobresueldos son el camino más corto para eludir la dureza del trabajo cotidiano.

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FOTOS EN BLANCO Y NEGRO PARA EL VERANO (4). FIESTAS Y PROCESIONES.

Estas fotografías requieren de pocas explicaciones pues son elocuentes por sí mismas.

Muestran, no obstante, que los gigantes y cabezudos son unos personajes muy arraigados en las fiestas y ferias de Valladolid. Y que, por ejemplo, a falta de cine, la plaza de toros ofrecía toda clase de espectáculos incluidos torneos de caballeros medievales…

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FOTOS EN BLANCO Y NEGRO PARA EL VERANO (3). CANAL DE CASTILLA

En España, a lo largo de su historia pocas obras de ingeniería han sido tan importantes,  por la dificultad de su construcción y por el destino, como el Canal de Castilla.

El objetivo principal para hacer esta magna obra fue el transporte de los cereales castellanos hacia los puertos del Cantábrico. Pero como el canal no consiguió atravesar las montañas del norte, en Alar se pasaba a trenes con destino al mar. Pero también se utilizó para abastecimiento de agua y transporte de pasajeros: había una línea de barcas que comunicaba Valladolid y Palencia. Después de la Guerra Civil, las principales cargas de las barcas del canal eran materiales de construcción, movimiento de tropas, piezas para las industrias, etc. Hasta que el canal dejó de ser navegable tras unas ingentes obras que consistieron en quitar compuertas, estrechar el cauce y elevar el fondo en unos cuantos tramos: la razón, hacer que el agua circulara con mayor rapidez por el canal.

Una obra sujeta a tantos avatares (políticos, bélicos, presupuestarios, técnicos, etc.) que desde que se concibió hasta que se dio por concluida tuvieron que transcurrir  100 años.

En 1751 se aprueba el proyecto de carreteras y canales del Marqués de la Ensenada.

En 1753 comienzan las obras en Calahorra de Rivas.

En 1792 comienzan a navegar las primeras barcas en los kilómetros hasta ese año construidos.

Y en 1849 se puede considerar terminado todo lo que ahora es el canal, aunque arrastra una frustración: no haber atravesado las montañas santanderinas para llegar hasta el mar Cantábrico.

En total, 207 km. construidos  que atraviesan 38 términos municipales de las provincias de Valladolid, Palencia y Burgos, con tres importantes dársenas: Alar del Rey, Medina de Rioseco y Valladolid.

En sus años de mayor esplendor llegaron a navegar 365 barcas, hasta que una imposible competencia con el ferrocarril y el interés por que dejara de ser navegable para utilizarse por completo para el abastecimiento de agua, hicieron que en 1954 (cien años después de su construcción) dejaran de navegar barcazas por el canal. Por cierto, el canal oficialmente sigue siendo de navegación, pues, que yo sepa, no se ha modificado el objeto de su construcción.

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FOTOS EN BLANCO Y NEGRO PARA EL VERANO (2). TRANSPORTE PÚBLICO.

El transporte urbano de viajeros comenzó en Valladolid en 1879 con un servicio de tranvías tirados por caballos.  Y habrá que esperar hasta 1910 para disponer de una red de tranvías eléctricos.

En la postguerra, el servicio de viajeros lo prestaba la empresa SATA, que pasó numerosos apuros para poder prestar el servicio: falta de neumáticos, carestía de gasolina, instalación de gasógenos…

Hasta que en 1945 los autobuses urbanos los empezó a gestionar la Empresa Carrión.

Fue en 1982 cuando se municipalizó el servicio urbano de viajeros. Y para ello el  Ayuntamiento creó la empresa municipal AUVASA.

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FOTOS EN BLANCO Y NEGRO PARA EL VERANO (1). ESFORZADOS DEPORTISTAS.

CON ESTA ENTREGA INICIO UNA SERIE DE CARPETAS DE FOTOGRAFÍAS DE VALLADOLID, MUCHAS DE LAS CUALES E IDO PUBLICANDO EN EL BLOG, PERO ME HA PARECIDO INTERESANTE AGRUPARLAS Y DISFRUTAR DE ELLAS DURANTE UNAS SEMANAS.

Estamos en verano y es duro proponer paseos por la ciudad o la provincia, aunque no está de más indicar que, seguramente, lo más atractivo para los tórridos días del estío sea visitar museos y exposiciones, pues suelen ser lugares frescos.

Así que propongo una serie algo así como parecida a pasear por un museo, pues se trata de fotografías antiguas.

Es fácil que unas cuantas ya las conozcáis, dado que son típicas estampas y escenas vallisoletanas, pero aún no por repetidas dejan de ser curiosas y entretenidas.

Serán unas cinco o seis carpetas, dependiendo de lo que me vaya encontrando en mis archivos.

He de advertir que las fotografías no son originales, sino digitalizaciones tomadas en diversos archivos y  publicaciones.

Si puedo ofrecer estas imágenes es gracias no solo a lo que  he ido recogiendo personalmente, sino a lo que otras personas me han facilitado para poder llevar yo a cabo diversas investigaciones. Quiero destacar de entre todos, el voluminoso e interesante fondo de digitalizaciones que me entregó  Roberto Delgado, una persona muy interesada por las cosas de Valladolid.

Y empezamos esta serie con imágenes  sobre acontecimientos deportivos. Muestran usa selección de aquellas especialidades más populares, como el fútbol,  hasta las más elitistas, como es el polo a caballo. No faltan boxeadores, ciclistas ni motoristas.

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EL VUELO DE LA CARPA: MUSEO ORIENTAL

El centenario Museo Oriental ya tenía organizada una colección en 1874, aunque solo con el objeto de mostrar a los seminaristas agustinos-filipinos las culturas en las que habrían de sumergirse cuando, ya formados, marcharan hacia Oriente.

El museo, acaso uno de los más desconocidos de Valladolid,  acoge la mejor colección de arte de Extremo Oriente existente en España, y abarca una cronología que va desde el siglo VI a. C. hasta el siglo XXI.

Se trata de piezas y objetos  que se centran en las culturas china, filipina y japonesa.

En 1908 se colocó la colección en un enorme salón del convento. Y a partir de aquel año el Museo  se abre al público aunque sólo a los varones, pues las normas de entonces establecían que en un convento de frailes no podían entrar mujeres. Esta restricción desaparece por completo en 1980, cuando se abre  en las dependencias actuales.  El Museo no está estancado con su colección original, sino que se enriquece con nuevas aportaciones, como  la que hizo en su día la familia Ibañez-Urbón, que cedió varias porcelanas chinas Yuang que abarcan un periodo que va desde el siglo XIII hasta el XXI.

¿Qué nos vamos a encontrar en este museo? La verdad es que es imposible resumirlo, pues se trata de una ingente variedad de objetos, materiales y costumbres. Pero podemos destacar los esmaltes, la cerámica y porcelana, las lacas, esculturas en jade y marfil, sedas, caligrafía, mobiliario vario, armas y armaduras, vestimenta, etc. etc. además de numerosas fotografías, grabados y dibujos.

Más, antes de comenzar un recorrido por el museo es necesario indicar que en él está muy presente la figura de fray Andrés de Urdaneta. Este monje agustino no solo encabezó la primera expedición de seminaristas a Filipinas, sino que su fama trascendió por haber sido el que estableció el llamado “tornaviaje”. Esta ruta, que se utilizó durante siglos, marcó a los barcos el rumbo de ida y vuelta entre Filipinas y México, y permitió un continuo trasiego de mercancías y especias de todo tipo que, desde México, terminaban por llegar a España. Itinerario que siguieron buena parte de los preciados objetos que se exponen en el Museo, entre los que se encuentran los famosos mantones de Manila que, en realidad, proceden de Cantón o la provincia de Fukien, ambos enclaves en suelo chino.

Entremos en algunos detalles sobre este interesante viaje: en 1559 Felipe II escribe desde Valladolid una carta a Urdaneta en la que pide al que antes fue experto marino (que incluso navegó junto a Juan Sebastián el Cano), que condujera las naves reales desde Méjico (que es donde estaba el agustino), hasta Filipinas y que las hiciera regresar con éxito: le estaba pidiendo que hiciera un viaje de ida y vuelta que hasta entonces jamás se había realizado. Y así se llevó a cabo en el año de 1565. El viaje de ida y vuelta se hizo  por rutas distintas, para aprovechar los vientos favorables a las velas de las naves.

El museo tiene, además, un valor añadido: el edifico en el que se halla emplazado… Pero, pasemos a deambular por sus salas, deteniéndonos con detalle en algunas de sus piezas.

La sede del museo está en el edificio neoclásico que comenzó a construirse en 1759 siguiendo los planos del afamado arquitecto Ventura Rodríguez. Este arquitecto tiene numerosa obra pública y religiosa en toda España: Palacio de Liria, fachada de la catedral  de Pamplona, culminación del Pilar de Zaragoza, capilla Real de Madrid, balneario de las Caldas, etc. etc.

 

Pasillos y claustro, en el que se ha instalado un busto del padre Manuel Blanco, importante botánico del siglo XIX. Describió más de dos mil especies de la flora filipina y su obra tiene el especial valor de indicar las aplicaciones culinarias y medicinales de cada especie.

Entrada al  Museo.

Blas Sierra, director del Museo, en una de las salas de China destaca un  dibujo sobre papel, titulado “Carpas remontando una cascada”, de la Dinastía Ming, que gobernó China entre 1368 y 1644, en el que se ve una gran carpa que  parece  pretender alcanzar la luna anaranjada que preside el cuadro,  mientras que las olas, casi unas garras, tratan de atraparla impidiéndola cumplir su sueño. Es, en definitiva, una metáfora que representa la lucha contra los obstáculos que el ser humano ha de superar para conseguir  sus deseos.

 La pintura está muy influenciada por el taoísmo, que muestra su amor y sensibilidad por la naturaleza. A buen seguro que el cuadro lo pintó algún monje budista que, al igual que otros pintores y poetas, escogió para su “fugis mundo” –cual anacoretas- las montañas o las orillas de los ríos. Dice la leyenda que se comunicaban entre ellos a través de las carpas: depositaban un mensaje en la boca del pez para que este lo llevara hasta otro eremita asentado en alguna montaña o en otro remoto lugar de la orilla de algún río. 

 

Y como en todo cuadro chino que se precie, se verá una muestra de caligrafía –los ideogramas-, que representa el arte de escribir. Pero en lo que a caligrafía se refiere nos fijaremos en otras muestras.  En China, la caligrafía y la pintura persiguen la misma cosa. El arte de escribir es la exhibición de la libertad de movimientos. La mano del calígrafo –del pintor- traza los ideogramas moviendo su muñeca como si se tratara de pasos de danza. En la cultura china, una pintura con caligrafía adquiere más valor que una pintura sin ella. Es más, con frecuencia, los cuadros son, en realidad, únicamente ideogramas: representaciones del arte de la danza, del ritmo, de la libertad. La caligrafía es el arte de danzar sobre el papel. Y de este arte de la caligrafía ofrece el museo diversas y bellas muestras. Algunos de los lienzos no han podido ser traducidos por tratarse de dialectos  chinos ya extinguidos.

En las salas de Filipinas, un Santo Niño de Cebú, realizado en madera, oro y plata por un orfebre chino hacia 1760 por encargo de los misioneros Agustinos-Filipinos, reproduce la imagen original de este Niño –realizada únicamente en madera- que se conserva en la Basílica del Santo Niño de Cebú, propiedad de los mismos frailes. La talla original, símbolo de los Agustinos, la portaba Magallanes cuando recaló en Filipinas, allá por 1521,  y se la regaló a una princesa de la isla que se encaprichó de la talla.

 

Y no podían faltar los kimonos japoneses en el museo. De entre ellos se puede destacar el “Kimono con cerezo en flor”. Realizado en el siglo XIX, está pintado y bordado en seda y oro. La prenda ofrece las tres artes más características del Japón: el arte textil, el de bordar y el de pintar. Representa el espíritu japonés: el kimono, la floración del cerezo, el renacer de la vida –las flores- en pleno invierno aún cuando parece que el árbol está totalmente muerto. Pero también advierte de lo efímero de la vida y la belleza, pues estas delicadas flores invernales pronto caerán abatidas por el viento. La flor del cerezo es, en realidad, corta como la vida del samurai. Una vida corta pero intensa que, sin embargo, ha merecido la pena, porque la flor y el samurai han luchado y vivido por algo.

 

 Buda Sakyamuni, realizado en China en bronce.

 

Avalokitesvara, dinastía Ming (1368-1644). Se trata de uno de los santos del budismo, que aún preparándose para llegar a la categoría de Buda no logran alcanzar su objetivo.

 

Traje de dragones, bordado en seda, es del siglo XIX.

 

Colección de armas de Mindanao (Filipinas).

 

Marfiles hispano-filipinos: en este caso se trata de figuras para ser vestidas.

 

Armadura japonesa de hierro, laca,  cuero y seda. Realizada en el siglo XVII.

 

Vitrina de marfiles chinos. Obsérvese en uno de ellos el  detallado trabajo para representar escenas de una batalla.

Entre tantísimos objetos curiosos que alberga el Museo está la espada del general Jáudenes, que en nombre de España rindió Filipinas en 1898.

 

NOTAS. El museo está en el Real Colegio de PP. Agustinos, sito  en paseo de Filipinos, 7 Valladolid. HORARIO: de 16 a 19 horas de lunes a sábados. Domingos y festivos de 10 a 14. Por las mañanas de días de entresemana sólo grupos concertados.  Teléfonos 983 306 800 y 900

DE LA PIEDRA AL HIERRO: UN PASEO ENTRE PUENTES

Este artículo lo publiqué hace varios años, pero lo reedito, con actualizaciones, además de dar noticia de otros artículos en este mismo blog sobre los puentes Mayor y Colgante, que en estos momentos están en trámite de declararse Bien de Interés Cultural. La imagen de cabecera es un grabado del 1760 de Ventura Pérez. En él se ve la puerta de entrada que entonces había en la parte del barrio de la Victoria.

Cuando  el Conde Ansúrez a finales del siglo XI recaló en la aldea que luego llegaría a convertirse en Valladolid, es seguro que el Pisuerga, río caudaloso, lo viera desde la orilla opuesta al barrio de la Victoria. Había venido con un pequeño acompañamiento de soldados y algunos leales vasallos para, mandado por su rey, repoblar tierras y pacificar las relaciones con los musulmanes. Ansúrez era muy apreciado por la corte  y, además, dominaba el árabe, lo que le hacía idóneo para mantener relaciones diplomáticas con los sarracenos.

Necesariamente tuvo que ver el esplendor del Pisuerga a su paso por Valladolid desde esta orilla, pues a buen seguro tuvo que haber vadeado el río en tierras palentinas, donde su menor caudal y mayor estrechez permitiría cruzar las aguas, o por el puente de Cabezón de Pisuerga, de factura anterior al puente Mayor. Además tenía que reconocer el terreno de esta parte de Valladolid y parlamentar con la gente de Cabezón de Pisuerga, población de la que entonces dependía Valladolid, que entre el Pisuerga y las Esguevas ya daba noticias de su existencia desde hacía más de un siglo.0-crop

Luego vendría la construcción del puente que, evidentemente, no es el que ahora vemos, sino seguramente tuviera una primera construcción de madera que iría dando paso a otra construcción ya en piedra hacia el siglo XIII.  Además, durante la Guerra de la Independencia se volaron algunos ojos del puente.

En cualquier caso tenemos, para comenzar un largo paseo, un puente de origen medieval (s. XI) que recibe el nombre de Mayor porque así se conocía por entonces al Pisuerga: río Mayor, acaso para distinguirlo de las pequeñas Esguevas y otros arroyos que correrían por la zona, como el río Olmos,  que discurría por el actual barrio de la Rubia.

Cruzamos el río Mayor y nos dirigimos hacia la orilla derecha para, a la altura del edificio Duque de Lerma, bajarnos hacia la única pared que se conserva del antiguo palacio de la Ribera, sede veraniega de la corte a principios del XVII. A la altura de los restos de la antigua fábrica de luz, sitúa la historia (en cualquier caso por confirmar) que se hizo la primera inmersión de buzos en la historia mundial: el ingeniero Jerónimo de Ayanz (que por entonces residía en Valladolid) fue su inventor y asombró a la corte que, con Felipe III a la cabeza,  acudió a dar fe de la hazaña.

Pasado el palacio de la Ribera de nuevo subimos al asfalto para, frente al edificio de Cruz Roja, volver a caminos en tierra por los que, de forma más o menos intermitente, llegaremos hasta el segundo puente que se levantó en Valladolid: el Colgante. Este puente es un emblema de la modernidad y fue una demostración del hierro como nuevo y desafiante material para la construcción.

Iremos pasando, por arriba o por abajo, todos los puentes que se fueron construyendo para ensanchar Valladolid en torno a la Huerta del Rey: Poniente (1954), Isabel la Católica (1956), y García Morato (1961) hasta llegar al puente Colgante que, levantado en 1865, es el lugar por donde cruzaremos de orilla para volver hacia el Mayor.

Los pies de las fotografías que acompañan esta propuesta de paseo ilustran algunas referencias que no debemos perdernos en este itinerario que, según lo que nos entretengamos en cada lugar, no llegará a dos horas (unos 6 kilómetros).

El verano es una de las mejores estaciones para pasear alrededor del Pisuerga, lleno de vida.

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A la izquierda, boca por la que desemboca el canal de Castilla, y hueco en el que estaba instalado el ingenio de Zubiaurre (inmensa noria para abastecer el palacio de la Ribera), y detrás, pintado de verde, la antigua fábrica de harinas la Perla, ahora convertida en hotel.

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La antigua fábrica de la luz.

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Puente Colgante (o de Hierro) y al fondo la torre del Museo de la Ciencia.

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Antes de cruzar el puente Colgante fijarse en el restaurante La Goya, uno de esos establecimientos veteranos, fundado en 1902.

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Nada más pasar el puente Colgante, a la derecha, esta construcción tiene un gran pozo a su costado, pertenece a RENFE y es desde donde se abastecía de agua la estación de Valladolid hasta que hubo agua corriente en la ciudad. Esta es una foto de como estaba hasta hace muy poco tiempo, pues ahora se ha reconvertido en un restaurante.

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Una de las plataformas que permiten entrar en contacto directo con el agua del Pisuerga.

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Restos de las antiguas tenerías, donde se curtían los cueros.

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La caseta de El Catarro, barquero mítico y popular ya fallecido. Esta es una foto antigua, pues la caseta, que aún está ahí, se ha pintado con los colores de la camiseta del Real Valladolid.

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Restos del palacio de la Ribera, a la izquierda el barco de recreo que surca las aguas del río.

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Lo que queda de las aceñas, antiguo molino que en el XIX ya estaba en desuso. Hace dos años se ha llevado a cabo un detallado estudio de estas aceñas con el ánimo de ponerlas en valor. Queda pendiente que, finalmente, quiere hacer el Ayuntamiento. 

 

NOTA: En este mismo blog hay dos artículos que tratan sobre ambos puentes: Puente Mayor, un puente de leyenda, y Los puentes Mayor y Colgante, Bienes de Interés Cultural.