PEQUEÑOS DETALLES DEL CAMPO GRANDE

Sin duda el Campo Grande es el más importante y emblemático jardín de Valladolid. Su historia es bien conocida y lo único que diré es que el alcalde Miguel Íscar (fallecido en 1880) fue su gran impulsor, aunque ya de años antes venía ajardinándose.

Sus cerca de 12 hectáreas acogen numerosas esculturas, árboles singulares, paseos románticos, un lago y una gruta artificiales, y un montón interminable de historias: incluso el director de cine Iván Sáinz Pardo rodó en él escenas de la selva americana para realizar un corto sobre la vida de Colón.

Pero en esta ocasión vamos a detenernos en pequeños detalles y rincones que acaso pasen desapercibidos para mucha gente.

Inmediata a la Acera de Recoletos, frente al número 12 (donde nació Miguel Delibes), una pequeña columna de piedra recuerda el hermanamiento de Valladolid con la ciudad francesa de Lille.

En el suelo del Paseo Central, muy cerca del restaurante acristalado, varias placas de acero recuerdan que allí hubo un cementerio judío que se dejó al descubierto al hacer unas obras en 2002. Los arqueólogos lo han datado de hacia 1411, y en él se hallaron 78 enterramientos y 26 esqueletos.

Entramos en el interior del Campo Grande por la puerta lateral. A mano derecha está la biblioteca, y a mano izquierda, dentro de una zona ajardinada, languidece una fuente o estanque de las Ranas. Este tipo de estanques se pusieron de moda a principios del siglo XX. Han desaparecido todas las ranas de bronce que lanzaban agua por su boca y el estanque está muy descuidado. En 2007 el Ayuntamiento anunció que lo iba a restaurar… y así sigue.

Detrás de la Oficina de Turismo hay una escultura que representa a una muchacha contemplando un caracol. Se instaló, junto con el oso que hay cerca del monumento a Colón, en 1968. Su autor es el salmantino Agustín Casillas Osado.

Entre el paseo del Príncipe y la famosa pajarera, está  la Glorieta del Libro, un lugar recatado y tranquilo que acoge una fuente de la que no mana agua, rematada por una escultura que es un sencillo monumento a la lectura: “Niño y libro”, se titula. Se instaló con motivo del VII Congreso Nacional de Libreros celebrado en Valladolid en 1980.  Se inauguró el día 30 de julio y su autor es Manuel García Vázquez, que firma como Buciños por el municipio donde nació este escultor gallego.

Desde este punto iremos a una isleta próxima a la zona de juegos infantiles colindante con el Paseo de Zorrilla. En la isleta se “esconde” el dios Neptuno. Se trata de la escultura pública más antigua de Valladolid. Su primer emplazamiento fue en el Paseo Central, en 1835, junto con otras que representaban a Venus y a Mercurio. La de Neptuno se reinstaló en este lugar en 1932, y la de Venus se retiró al poco de instalarse pues arreciaban las críticas de la pacata sociedad de entonces que decía que tenía las tetas al aire.

Nuestro destino será la fuente de la Fama, instalada en 1883 en recuerdo del alcalde Miguel Íscar. Se trata de una representación de la diosa de la Fama, que iba de pueblo en pueblo cantando las excelencias de los grandes hombres. Por eso se la representa con una alas, con una trompeta anunciando su llegada y con la corona de laurel en su mano izquierda. El autor es el escultor Mariano Chicote. Lo que vemos es una réplica que Andrés Coello hizo en 2010 para retirar la original que mostraba síntomas de deterioro.

Muy cerca de la fuente, un recóndito bebedero para las aves y las ardillas.

Corría la primavera de 1922 cuando se inauguró la Biblioteca Popular del Campo Grande, que fue celebrada como un gran acontecimiento. El edificio, del arquitecto Emilio Baeza, está ubicado detrás de la escultura dedicada al poeta y político Núñez de Arce que preside la rosaleda próxima a la Fuente de la Fama. 

Acaso el lugar más concurrido del Campo Grande es el lago artificial y el entorno de la gruta y cascada. Las estalactitas que tiene la gruta son de la cueva burgalesa de Atapuerca. Aquello se consideró un escándalo de alcance nacional. Varios periódicos e instituciones, incluida la Sociedad Antropológica Española, montaron en cólera ante lo que consideraban un desaguisado. Fue tal el revuelo que incluso la Guardia Civil, a instancias del gobernador, retuvo el tren que portaba las estalactitas. Finalmente intervino el Ministerio de Fomento, que ordenó entregar las estalactitas al Ayuntamiento de Valladolid. En mayo de 1880 llegaron las estalactitas a Valladolid y comenzaron a instalarse en la gruta por la cual ya hacía días que caía el agua entre las rocas desde lo más alto de la cascada.

La construcción de la gruta tuvo sus problemas, entre ellos el peligro de derrumbarse. Para reforzar su construcción se emplearon piedras traídas de la antigua Casa Consistorial y de viejas casas solariegas. Con las piedras, además se hicieron los bancos del entorno de la cascada. En 2019 el Ayuntamiento anunció su intención de restaurar la gruta.

Entre las viejas piedras, de detrás de la gruta, hay una que tiene la inscripción CORE-ALÓN-VERA. Esta inscripción dio lugar a una leyenda que decía que la gruta había que pasarla por encima caminando, pues se hundiría si corrías sobre ella. Y la inscripción de la piedra se ha traducido por “corre y lo verás”, es de decir cómo se hundirá si corres. Y así lo cuenta el blog domuspucelae.

Y nos vamos del Campo Grande por la puerta del Príncipe en el Paseo de Filipinos. Esta puerta estuvo decorada con leones cuando se construyó, esculpidos por Nicolás Fernández de la Oliva, pero entre las diversas reformas que tuvo los perdió sin que se sepa que fue de ellos. En 1998 se instalaron los leones actuales, labrados por el vallisoletano Rodrigo de la Torre Martín-Romo.

EL TOMILLO, UN LUGAR CON HISTORIAS Y CURIOSIDADES

UN VOLCÁN EN EL TOMILLO

El Tomillo, un espacio verde de poco más de 9 ha. está al comienzo de la carretera de Renedo que se adentra en el Valle Esgueva. Es una zona verde, que espero que el Ayuntamiento pronto comience a adecentarla, y que tiene su historia, plagada de curiosidades y anécdotas.

Desde el siglo XIX, el Tomillo se ha considerado un lugar idóneo para sacar tierra y piedra destinadas a la construcción tanto de viviendas como de caminos y carreteras, y así está señalado en el mapa del Instituto Nacional de Geología. Incluso muchas familias de Belén y Pilarica, que fueron construyendo sus viviendas en las décadas de 1950 y 1960, venían al Tomillo a coger arenas para levantar sus propias casas. También había algún tejar.

Esa actividad extractiva ha dejado hondonadas y pequeñas cuevas que en diversas ocasiones han sido escenario de macabros y luctuosos hechos.

Contado esto, vamos a conocer algunas de las historias y curiosidades que han acaecido en el Tomillo.

Desde el siglo XVII hasta XIX, en la cuesta del Tomillo estuvieron los pozos de la nieve del Palacio Real, por eso era frecuente que en los anuncios de venta de arena, productos de huerta, casas o animales en la zona, señalaran el lugar como “pago titulado Pozos de la Nieve, conocido también con el nombre de Cuesta del Tomillo”.

Es curiosa esta noticia que publicaba El Norte de Castilla el día 2 de mayo de 1878: “Anteayer fueron conducidos a la Inspección de orden público siete chicos de 14 y 15 años por apedrearse en la cuesta del Tomillo. No comprendemos como no se impone una multa a los padres de los mismos por el abandono en que tienen a unos jóvenes que de no corregirles en la tierna edad, serán más tarde perjudiciales a la sociedad aún a ellos mismos.”

Ese mismo año, pero el 28 de diciembre, el periódico publicó lo siguiente: “Hace unos días que en la cuesta titulada del Tomillo, se advierte el cráter de un volcán que está en erupción desde ayer a las cinco de la tarde. Las autoridades han adoptado las medidas oportunas para que el numeroso público que va a presenciar esta extraordinaria novedad, no sufra con la ardiente lava que despiden los antros de aquella cuesta incendiada. No hay que lamentar desgracias personales”…  ¡Ah, que era el día de los Inocentes!

EL FIELATO Y ALGUNOS CRÍMENES

Hasta la década de 1960 hubo un fielato, es decir, un puesto donde el Ayuntamiento cobraba por las mercancías que se venían a vender a la capital. Son unas cuantas la noticias que hay sobre este fielato. Por ejemplo, aquella de mayo de 1897 en la que el cabo y los guardas de la guardia montada detuvieron a varios individuos que trataron de eludir el pago de impuestos de cuarenta cántaros de vino que traían a Valladolid y por supuesto, les decomisaron el género. Otra noticia de 1939 da cuenta de disparos y pedradas entre guardias y contrabandistas.

Son unas cuantas la noticias que tenemos de actos delictivos que han ocurrido en el Tomillo. Vamos a relatar los más sobresalientes.

Corría en mes de junio de 1874 y al amanecer se halló el cadáver de un guardia de campo asesinado de seis puñaladas y rota la cabeza. Hecha la autopsia, las autoridades abrieron las diligencias sobre el crimen, sin que se sepa como concluyó la investigación.

Tremenda fue la noticia que corrió por todo Valladolid en febrero de 1897: unos muchachos que andaban jugando por el Tomillo vieron a dos mujeres que portaban un bulto sospechoso. Unos obreros agrícolas que también las vieron, pensaron que estaban dando un rodeo para eludir el pago de impuestos en el fielato. Los muchachos, sin embargo, se percataron de que las mujeres estaban haciendo un hoyo, y cuando se marcharon las mujeres, se acercaron al lugar y, horrorizados, descubrieron una criatura muerta envuelta en unos trapos oscuros. Traslado el cadáver al Hospital Provincial, la policía inició las pesquisas. Desconocemos si las mujeres fueron detenidas, pero la policía dijo que tenían bastantes pistas sobre ellas.

Veamos otro caso tremebundo. Abril de 1930, tras un horroroso crimen en el que unos desalmados mataron al ermitaño de la ermita del Cristo del Otero, de Palencia, la policía descubre que el dinero, varios cálices, una patena y diversos objetos de plata y oro que habían robado lo escondieron en la Cuesta del Tomillo. Los autores fueron detenidos y condenados a cadena perpetua tras conmutarles la pena de muerte.

El Norte de Castilla

Llamativa es esta noticia del 22 de diciembre de 1881: “fueron detenidos en las cuevas de la Cuesta del Tomillo tres jóvenes (el mayor de 20 años), autores del robo sacrílego en la iglesia parroquial de San Nicolás”.

Pero, sin duda, lo que más fama dio al Tomillo en toda la ciudad, fue el descubrimiento en el pago “las Cascajeras”, de las latas en las que las que se localizaron poco más de 2.000.000 de pesetas de los 5.200.000 que en agosto de 1964 habían robado en el Banco Castellano. La recuperación de las latas fue posible porque colaboró uno de los ladrones. El hallazgo se produjo el 4 de noviembre de 1965.

ACCIDENTES LABORALES Y RECREO FESTIVO

Como hemos dicho, el Tomillo era un lugar para extraer arena y piedra. Un trabajo que dio lugar a varios accidentes laborales, como el que le ocurrió en noviembre de 1900 a un joven de 13 años de edad que estando trabajando en una cascajera, se hundió un pedazo de tierra y como consecuencia sufrió una herida en la cabeza y la pierna derecha fracturada. Peor parado resultó otro obrero cuatro años después, pues falleció en un accidente que alcanzó a otros dos compañeros: un desprendimiento de tierras cayó sobre la cuadrilla. Los otros dos resultaron con heridas leves. Hubo más casos de accidentes laborales mortales en el Tomillo: en uno de ellos murió un joven de 16 años.

El Tomillo era para mucha gente de la ciudad un paraje un tanto exótico, hasta el punto de que una asociación excursionista organizó una marcha nocturna por el parque un sábado de junio de 1913. Los expedicionarios deberían ir provistos de desayuno pues la excursión duraría hasta las primeras horas del domingo.

En la cuesta del Tomillo, o carretera de Renedo, hubo ventorros y merenderos desde el siglo XIX. Uno de ellos, el Tomillo, que es el que más ha perdurado y que por tanto muchos lectores y lectoras recordarán, en 1946 se conocía como “ventorro” y en 1949, como “merendero”. También estaba el Tomillar, que en 1979 se anuncia como “figón el Tomillar”.

Del mesón El Tomillo podemos contar que en 1955 inauguró una bolera tipo montañés en la que se celebraron algunas competiciones importantes en las que participaban incluso aficionados venidos de fuera. Y en su carta presumía de ricos caldos del país (vino), sabroso queso y ristras de embutidos. Además, tenía un horno de asar a la vista de la clientela.

La Cuesta del Tomillo en los años 50 del siglo XX era un lugar al que acudían las familias para distraer en el campo sus ocios dominicales. Los lugares de Valladolid que se frecuentaban los domingos y festivos eran las riberas del Pisuerga, la Fuente de la Salud, las Arcas Reales, la fuente del Sol, y también el Tomillo. Aquellas formas de ocio fueron cambiando a medida que la gente fue adquiriendo un vehículo y se iba a lugares más alejados de Valladolid.

El Tomillo comenzó a entrar en declive en la década de 1970, pues ya se empieza a detectar la existencia de escombreras. Aún así, en las Ferias de 1978, la Peña Motoristas del Pisuerga organizó el I Trofeo San Mateo de motocrós categoría senior nacional. Poco tiempo después la misma peña organizaba cursillos de motocross en el mismo lugar.

No obstante ese declive del Tomillo, todavía había familias del barrio Belén que iban a pasar las tardes de verano, donde compartían tortilla de patata y vino con sus vecinos. Un recuerdo que aún perdura en la memoria de los entonces niños y niñas de Belén.

MOLINOS DE VIENTO

En prácticamente todos los ríos, arroyos y canales vallisoletanos hubo molinos movidos por el agua. Estos ingenios de piedra tuvieron las más variadas actividades. Por supuesto, para hacer harina del trigo, pero sus muelas, rodeznos, cárcavas y saetines sirvieron también para moler la rubia con que confeccionar el tinte rojo, hacer papel, elaborar aceite, o fabricar pólvora.

Y contra lo que pudiera parecer, no fueron pocos los molinos de viento que también se construyeron en Valladolid, especialmente al norte del Duero.

De los testigos que quedan de aquellos molinos, podemos decir que su silueta, de adobe, tapial o piedra, desvirtuada por el deterioro del tiempo y la lejanía de la época en que dejaron de funcionar, ha llevado a que con frecuencia se confundan con restos de alguna torre de observación o algo así. Pero no, fueron molinos con sus aspas. Algunos otros se transformaron en palomares, aunque sus paredes, estructura y la presencia próxima de la piedra de moler u otros instrumentos inconfundiblemente molineros, adviertan de que aquello fue, en su tiempo, un molino.

Casi todos los molinos que aún mantienen siquiera una leve traza están en el norte y oeste de Valladolid: en Tierra de Campos y bordes de Torozos. Solían construirse en lo alto de cerros y tesos, donde era más fácil aprovechar las veleidades del viento. En general, estos molinos no son tan grandes y espectaculares como los de cubo o los de aceña, pero son una exquisita muestra de la ingeniería y de la técnica constructiva.

No fue anecdótica la existencia de molinos de viento, sino de cierta importancia y para ello baste decir que el diccionario de Madoz recoge la existencia de tres molinos harineros de viento en Villalón de Campos, o que en Medina de Rioseco existe un pago conocido como “Molinos de viento”. De este municipio se conserva un grabado publicado en el Semanario Pintoresco
Español (Biblioteca Nacional de España),  en el que están dibujados dos molinos dominando una ladera próxima a la ciudad.

Todavía se pueden ver restos de molinos de viento, siquiera mínimamente reconocibles, en Aguilar de Campos, Barcial de la Loma, Cabreros del Monte, Castromembibre, Castromonte, Cuenca de Campos, Palazuelos de Vedija, Santa Eufemia del Arroyo, Valdunquillo, Villabrágima,  Villafrechós, y Villagarcía de Campos. Noticias hay de molinos ya completamente desaparecidos, además de los citados de Villalón y Medina de Rioseco, en Moral de la Reina, Rueda y Villardefrades.

Molino de Aguilar de Campos, restaurado dejando bien patente la construcción original en piedra y ladrillo, y la cubierta y aspas, de moderna construcción. Es de propiedad privada y se puede visitar concertando previamente

En Barcial de la Loma aún es reconocible un molino que se transformó en palomar, tal como atestigua la piedra de moler que está en el suelo junto al palomar

Restos de los dos molinos de Cabreros del Monte

Molino de Cuenca de Campos, Villafrechós y Villabrágima (transformado en palomar)

En Castromembibre, el Ayuntamiento ha reconstruido el molino, que se puede visitar y subir

Sobre los molinos de Valladolid en general, los investigadores Nicolás García Tapia y Carlos Carricajo Carbajo nos han legado un extraordinario libro.

VALLADOLID LA MIRADA CURIOSA TOMA UN NUEVO RUMBO

Amigas y amigos lectores, mi blog entra prácticamente en hibernación.

Valladolid la mirada curiosa ha venido publicando un artículo cada semana. Y esto no me va ser posible seguir haciéndolo. Os cuento.

Tengo dos tareas para los próximos meses que me van a llevar mucho tiempo y concentración. Dos retos que me ilusionan.

Uno, que tengo que terminar en un mes (aunque en realidad, luego me llevará meses de ajustes), es el guion para un documental que me ha encargado un museo. Un guion, por cierto, que ya no lleva tilde desde la última actualización de la RAE. Decía, un texto como para tres cuartos de hora de relato.

Y el otro, la redacción del que espero que sea mi próximo libro que saldrá a la luz avanzado el próximo año.

Estas son dos tareas muy exigentes y tengo que sacar tiempo y concentración dejando otras cosas. Cada semana escribo un artículo para la contraportada de El Día de Valladolid, preparo mi pequeña aparición en Onda Cero cada martes, y escribo este blog… amén de otras cosas menos públicas. Y tengo que sacrificar algunas cosas. Valladolid la mirada curiosa, entre unas cosas y otras me lleva varias horas cada semana.

En definitiva, y si os cuento todo este rollo es porque tengo confianza con vosotros, que Valladolid la mirada curiosa dejará de «salir» cada semana y solo de tarde en tarde subiré algún artículo o algún comentario.

Así que, como pondría en la puerta de un comercio: «cerrado temporalmente por no poder atender».

La foto es del Pasaje Gutiérrez.

ALFONSO X EL SABIO: VIII CENTENARIO DE SU NACIMIENTO Y SU HUELLA EN VALLADOLID

Alfonso X llamado el Sabio, nació en Toledo el 23 de noviembre de 1221 y falleció en Sevilla el 4 de abril de 1284. Pero con la excepción de Felipe II, acaso fue el monarca de toda la historia de España que más relación tuvo con Valladolid a lo largo de su vida teniendo en cuenta su presencia personal, la actividad de su esposa doña Violante, la prole de ambos, y las reales disposiciones que tanto favorecieron a la villa de las Esguevas.

Este año 2021, por tanto, se celebra el VIII centenario de su nacimiento. Es un buen pretexto para dar unas pinceladas sobre la relación de Alfonso X con Valladolid, y ya que se conmemora su nacimiento, pasearnos por los lugares de su infancia en los municipios en la que transcurrió.

Alfonso era hijo de Fernando III de Castilla, conocido como el Santo, y Beatriz de Suabia, hija de Federico II de Alemania. Sería el futuro Alfonso X, llamado el Sabio, rey de Castilla y León por herencia de su padre.

Fernando III el Santo

Doña Berenguela y Fernando III, aclamados en Valladolid.

Para entender el reinado de Alfonso X (llamado Alonso en algunos textos antiguos) es menester detenerse, aunque sea brevemente, en los avatares de doña Berenguela, esposa de Alfonso IX rey de León, madre de Fernando III y abuela de Alfonso X. Esta mujer era, ni más ni menos, sobrina de Ricardo Corazón de León, prima de Enrique III de Inglaterra y  tía de Luis IX de Francia (san Luis).

Una mujer que con discreción pero con firmeza acompañó siempre a su hijo Fernando y de la que su nieto Alfonso guardaba un gratísimo recuerdo, como así se manifiesta al poner el nombre de Berenguela a su hija primogénita nacida del matrimonio con doña Violante.

Doña Berenguela se casó en Valladolid en 1197 con Alfonso IX, rey de León, con el que tenía consanguineidad. En principio, el papa Celestino III no se opuso, acaso porque aquel matrimonio contribuiría a asentar la paz entre los príncipes cristianos. Pero Inocencio III, sucesor de Celestino, manifestó su oposición a aquel matrimonio y exigió que se disolviera amenazando con excomulgarles. Es el caso que el matrimonio terminó por disolverse, aunque los cinco hijos que ya habían nacido de su relación se aceptaron como legítimos.

En la controversia sobre quien debería heredar la corona de Castilla, doña Berenguela, refugiada desde 1215 en Autillo de Campos, Palencia, para protegerse de sus adversarios, en junio de 1217 consiguió que los concejos de la Extremadura del Duero la reconocieran como legítima heredera y reina de Castilla con el ruego de que el reino le fuera entregado a su hijo Fernando. E inmediatamente se trasladó a Valladolid para proceder a la coronación oficial de su hijo.

Palacio que habitó Doña Berenguela en Autillo de Campos

 Aquel episodio lo relata así Antonio Ballesteros Bereta, acaso el mejor biógrafo de Alfonso X según el catedrático de Historia Medieval Julio Valdeón:

“A fines de junio de 1217 afluían a Valladolid los nobles de todo el reino (…) que acudían al llamamiento de la reina. Confianza tenía Berenguela en Valladolid, villa de sus arras, y por esta razón la había escogido como escenario de uno de los hechos más transcendentales de su vida… el viernes 30 de junio la urbe rebosaba de forasteros. Llenas estaban las casas y posadas de huéspedes que hasta muy entrada la noche recorrían las calles iluminadas con antorchas, que en su júbilo fosforescente anunciaban la gran novedad del día siguiente.

Llegó por fin el ansiado día 1 de julio y, congregados nobles, eclesiásticos y procuradores en el alcázar, pronto se advirtió que la mansión regia no podía albergar tanta gente. Cual en adivinación del deseo popular, trasladóse el séquito cortesano y los representantes de las ciudades fuera del recinto de las murallas, extra portam Vallisoleti, como dice el Toledano, en un lugar amplio donde cuenta la tradición que había mercado. Allí reunida la multitud, Berenguela cedió sus derechos al trono de Castilla a su hijo Fernando, sublimado de este modo, por la generosidad y talento de la madre, a la suprema dignidad.

La muchedumbre aclamó a su soberano. Dirigiéndose luego los reyes al templo de Santa María, hoy llamado la Antigua, y con el clero acompañado del pueblo, entonaron el Te Deum laudamus, te Dominium confitemur. Todos prestaron homenaje a la realeza y los primates le juraron fidelidad. Terminada la ceremonia, con honores reales condujeron al rey hasta su alcázar.”

La tradición sostiene que la coronación de Fernando III, tras la renuncia a la corona de Castilla por parte de su madre, doña Berenguela, se llevó a cabo en la actual plaza Mayor (antes plaza del Mercado), y así lo atestigua una placa fijada en la fachada de la Casa Consistorial. Pero el historiador vallisoletano Juan Agapito y Revilla sostiene que en realidad el escenario fue la plaza de Santa María, actual plaza de la Universidad, pues era el lugar de reuniones del pueblo y donde se ubicaba el mercado en aquella época, y que también estaba fuera de las murallas.

Algunos autores sitúan la fecha de coronación en el día 2 o 3 de julio.

A la muerte de su padre Alfonso IX en 1230, Fernando reclamó el trono de León cuya corona consiguió ceñirse, no sin disputa con otros pretendientes, a pesar de que en 1218 había sido confirmado heredero por el Papa.

Fernando III casó con Beatriz de Suabia y fruto de aquel matrimonio, el 23 de noviembre de 1221 nació en Toledo el infante Alfonso, que fue el primero de los diez hijos que hubo en aquel matrimonio. Fernando tuvo, además otros cinco hijos con Juana de Ponthieu, con la que casó después de enviudar de Beatriz.

De esta forma se unificaron las coronas de ambos reinos que en 1252 heredaría Alfonso X a la muerte de su padre en Sevilla.

Alfonso X, uno de los más importantes monarcas del Medievo.

Alfonso X fue uno de los monarcas más importantes de la España medieval.

El rey Sabio abordó tantos temas y terrenos, que su reinado ha interesado en el pasado y en el presente a una gran diversidad de especialistas: desde historiadores generalistas hasta los expertos en historia de la literatura, del arte, del derecho, de la ciencia o de la música.

Julio Valdeón recuerda en su libro sobre Alfonso X el Sabio el poema del italiano Brunetto Latini, que escribió: “No existe bajo la luna persona / que por el gentil linaje / o por el alto baronaje / sea más digno de ello / que el rey Alfonso”.

Porque Alfonso fue poeta, impulsor de la cruzada para liberar el Santo Sepulcro, aficionado a la alquimia, a las trovas sacras y profanas, historiador, arqueólogo… De él escribió el especialista Manuel González Jiménez que entre sus realizaciones estuvo incluso la de que la lengua castellana alcanzara la mayoría de edad.

En definitiva, abordó un vasto panorama de iniciativas y conocimientos. Reformó la economía de los reinos cristianos, hizo una ingente tarea legislativa, puso en marcha la poderosa institución de la Mesta, repobló las tierras andaluzas, impulsó la cultura y la ciencia, etc. etc. No en vano se le ha llegado de describir como persona con cualidades capaces de emprender grandes empresas impulsadas por sus dotes de organizador. Mas, sus últimos años de reinado fueron verdaderamente tristes, pues además de no llegar a ser coronado emperador de Alemania (la corona del Sacro Imperio Romano a la que aspiraba), se tuvo que enfrentar a la rebelión de una parte de la nobleza, y mantuvo un amargo conflicto con su segundo hijo, el futuro Sancho IV.

Alfonso X y su corte, sacado del Libro de los Juegos

En resumen, y en cualquier caso, de todo su legado es muy ilustrativo que el mayor reconocimiento que se concede en España por méritos científicos y artísticos es la condecoración que lleva el nombre de Alfonso X el Sabio.

La infancia de Alfonso, en dos pueblos de Burgos

Hay muy poca información sobre los años de su niñez. Sabemos que a los pocos días de nacer se encomendó su crianza a Urraca Pérez, que fue nombrada ama del niño. Era una dama noble de probable origen vallisoletano, casada con el noble toledano García Álvarez. Y el noble García Fernández, casado con Mayor Arias, rica mujer, que era mayordomo de Berenguela, fue elegido como su ayo, es decir, encargado de su custodia y educación. El primer acto importante en la vida de Alfonso fue el del juramento que le prestaron los miembros de la aristocracia castellana, y los representantes del clero y de las ciudades. La ceremonia tuvo lugar en Burgos el 21 de marzo de 1222, la que entonces se consideraba capital de Castilla.

Villadelmiro

Inmediatamente después, según las costumbres de la época entre la nobleza, el infante fue separado de sus padres y criado en el campo, alejado de los avatares de la Corte. Para ello, su ayo le crio en los pueblos burgaleses de Villadelmiro y Celada, que formaban parte de las propiedades de García Fernández. También parece que alguna temporada pasó en el municipio orensano de Villamayor, también de su ayo, donde seguramente entraría en contacto con la lengua gallega. De sus maestros y su educación nada más se conoce.

Celada del Camino

Entre la nobleza se daba mucha importancia a estos primeros años, y el propio Alfonso lo relató en sus Partidas cuando en ellas se trata de las características que debe reunir el ayo y el ama: deben educar a los niños en el comer, beber y folgar, de tal manera que lo hagan bien y apuestamente, y enseñarles en el buen entendimiento para que hagan el bien. Sobre el ama escribió que para una buena crianza de un noble, debe ejerce gran influencia en el niño pues le da la teta durante mucho más tiempo de lo que lo hace la madre, por lo que las amas de los reyes deben tener leche bastante, ser bien acostumbradas, sanas, hermosas y de buen linaje… y que esas cualidades se transmiten a la criatura que amamantan.

Todo indica que tuvo una infancia placentera, aunque con diez años ya participó en una cabalgada en tierras andaluzas, de donde las tropas castellanas volvieron con un rico botín.

De los lugares de su infancia da fe el propio Alfonso, que escribió: “don Garcí Fernández e su mujer donna Mayor Arias me criaron e me fezieron muchos servicios e sennaladamiente… me criaron en Villadelmiro e en Celada”.

Monasterio de Santa María la Real

La documentación del señor de Villadelmiro se guarda en el Monasterio Cisterciense de Sana María la Real, en el municipio de Villamayor de los Montes.

Doña Violante, fundadora del convento de San Pablo

Poco sabemos de cómo fue el matrimonio del aún infante Alfonso con doña Violante, hija de Jaime I de Aragón, conocido como el Conquistador. Entre las variadas hipótesis, seguiremos la de José Hinojosa Montalvo publicada en el Diccionario de la Real Academia de la Historia: en 1240 Fernando III escoge a doña Violante como esposa para su hijo Alfonso; en noviembre de 1246, en Valladolid, se formaliza el contrato matrimonial con la bendición nupcial; y quizá el 29 de enero de 1249, cuando Violante contaba 12 años, también en Valladolid se celebraron las bodas con la consiguiente consumación matrimonial.

El lugar del matrimonio no está nada claro y, según autores, pudo ser en la capilla del Alcázar Real o en la Colegiata.

Sabemos que antes de aquella boda hubo dos intentos fallidos de matrimonio de Alfonso: uno con Blanca de Champagne y Navarra, y después con Felipa de Ponthieru, hermana de Juana, la segunda esposa de Fernando III el Santo.

Fruto de aquel matrimonio fueron once descendientes, algunos de los cuales nacieron y murieron en Valladolid. Mas, también hay que decir que fuera del matrimonio llegó a tener hasta cinco hijos con varias amantes.

A partir del matrimonio, la relación de Alfonso y su esposa con Valladolid tuvo bastante intensidad, más allá de asuntos políticos.

Alfonso X y su esposa doña Violante

Doña Violante protegió a los frailes menores franciscanos, que hacia 1230 se asentaron en unos terrenos a las afueras de Valladolid que les había cedido doña Berenguela: exactamente a la altura del río Olmos (junto al actual puente de Arturo Eyries). Pero era un lugar insalubre y excesivamente lejos de la población para unos monjes que vivían de la caridad y la limosna. Así que doña Violante les ayudó al traslado facilitándoles  casas  y terrenos en lo que más tarde sería la plaza Mayor de Valladolid, y que se fue el famoso e histórico convento de San Francisco. Aquello se materializó mediante sendos “diplomas” firmados por doña Violante en Sevilla los años 1267 y 1269.

Destacada es también la intervención de doña Violante, que contribuyó que en Valladolid se asentara la orden mendicante de los dominicos. La primigenia construcción del convento de San Pablo se hizo hacia 1276 merced a una donación de doña Violante, que, entre otras cosas, cedió los terrenos para su edificación.

El palacio de Mirabel en la Overuela

Otra importante relación alfonsina con Valladolid, amén de cuantas veces recaló temporalmente en la villa, viene de la mano de la tradición. La historiografía tradicional vallisoletana sostiene que los juriconsultos reunidos por Alfonso X para elaborar las famosas Partidas, se alojaron en el palacio real de Mirabel de Valladolid, que estaba alejado de la corte y así disponían de sosiego para sus debates. La verdad es que esta afirmación no tiene soporte documental que la justifique.

Juan Agapito y Revilla dice en su libro “Las calles de Valladolid” que sí existió tal palacio.  Este palacio, acaso más bien una casa de recreo, estaba en la margen derecha del Pisuerga al principio del actual barrio de la Overuela. Al parecer se construyó junto a la ermita de Nuestra Señora de Guadalupe que había en el lugar.  Agapito y Revilla dejó escrito que sus ruinas aún eran reconocibles mediado el siglo XIX.

El Plan General de Ordenación Urbana de Valladolid ha señalado como yacimiento arqueológico el espacio donde se presume que estaba el palacio. Es más, parece que un murete que se halla en el interior de una finca pertenecía al mismo. No obstante, no estoy muy seguro de que aún exista tal murete por las informaciones fiables que tengo.

De la existencia de este palacio, Agapito y Revilla da cuenta de que Juan II le llamó “Nuestra Real casa de Mirabel” cuando se la regaló a don Diego de Villandrando.

En cualquier caso, esta casa real no aparece en los artículos que he consultado para elaborar este artículo (a excepción del libro de Juan Agapito y Revilla).

Por cierto, cuando Alfonso X recalaba en Valladolid, seguramente se alojaría en el Alcázar Real que había en los terrenos que ahora ocupan el Patio Herreriano y el convento de San Benito.

A este respecto, no creo que ningún monarca viajara tanto como lo hizo Alfonso X. Además de las muchas veces que vino a Valladolid y las temporadas que residió en la villa, entre sus numerosísimos viajes, también estuvo en Peñafiel, Tordesillas, Medina y Rioseco,  y hasta en cinco ocasiones en Medina del Campo.

Privilegios alfonsinos para con Valladolid, y un nieto.

Alfonso, al margen de sus estancias en Valladolid relacionadas con, digamos, asuntos personales, como sus esponsales con doña Violante, visitó nuestra ciudad en una decena de ocasiones y en algún caso, como en 1258, permaneciendo casi cinco meses. Estos dos simples datos nos dan idea de la referencia que era Valladolid para el monarca, que en su itinerancia compulsiva por todos los reinos cristianos visitó decenas y decenas de poblaciones en las que en muchas ocasiones no paraba sino apenas unas horas.

Mucho favoreció Alfonso a la villa vallisoletana, que en la Edad Media podríamos llamar villa de las Esguevas. Fueron un buen puñado de privilegios los que el monarca emitió a favor de Valladolid en los que la engrandecía mediante la cesión de municipios, aldeas y territorios. Así, Alfonso cedió Tudela de Duero,  Santovenia, Simancas, Peñaflor de Hornija y confirmó la cesión de Cabezón de Pisuerga que en su día firmó su padre.

En 1255 concedió a Valladolid el derecho a autogobernarse mediante un Fuero Real.

También le eximió de pagar a la corona algunos impuestos, pero sobre todo, en julio de 1263 le concedió dos ferias, además de confirmar la feria por Santa María que le había dado Alfonso VI en enero de 1156.

Pergamino conservado en el Archivo Municipal de Valladolid, en el que Alfonso X otorga dos ferias a la villa

No solo le concede dos ferias anuales de quince días cada una a mediados de septiembre y mediada la Cuaresma, sino quepara favorecer la afluencia de mercaderes a Valladolid durante las ferias, les eximió del pago de portazgo en Cabezón y en Valladolid. Eso sí, se prohibían toda clase de pendencias y alborotos mientras duraran las ferias.

La concesión del derecho a celebrar ferias era una de las mayores bendiciones económicas a las que una villa podía aspirar. Esto supuso un enorme crecimiento y prestigio para Valladolid.

Y si empezamos esta breve historia de Alfonso X hablando de su abuela doña Berenguela, vamos a despedirnos citando a uno de sus nietos: el Infante don Alfonso, tercer hijo de Sancho IV y María de Molina, que falleció en Valladolid en 1291 siendo aún un niño y que fue enterrado en el convento de San Pablo, que fundara su abuela doña Violante.

El Museo de Valladolid conserva el sarcófago del infante, realizado en carpintería mudéjar

Si algo más vinculan a Alfonso X y a Violante con Valladolid, es que varios de sus vástagos nacieron o murieron en esta villa… Pero eso es otra historia.

Alfonso X falleció en Sevilla el 4 de abril de 1284, y doña Violante  en Roncesvalles  el año 1300.

NOTA. La documentación que he consultado para escribir este artículo es la siguiente: “Alfonso X el Sabio. La forja de la España moderna”, de Julio Valdeón Baruque. Temas de Hoy SA. 2003; “Alfonso x y su época. El siglo del rey sabio”, Carrogio ediciones, 2001 VVAA, capítulo El infante don Alfonso (1221-1252) de Miguel Rodríguez Llopis; “Alfonso X el Sabio”, de Antonio Ballesteros Beretta. Ediciones El Albir SA, 1984; “Alfonso X el Sabio, vida, obra y época: actas del Congreso Internacional” VV.AA, Sociedad Española de Estudios Medievales, 1989; “ La corte de Alfonso X el Sabio”, artículo de Manuel González Jiménez (Universidad de Sevilla); “Historia de la muy noble y leal ciudad de Valladolid, desde su más remota antigüedad hasta la muerte de Fernando VII”, Matías Sangrador Vitores, 1851-1854; “Documentos de la Iglesia Colegial de Santa María la Mayor de Valladolid”, Sociedad de Estudios Históricos Castellanos;  “Catálogo de los pergaminos de la Edad Media (1191-1393)”, Ayuntamiento de Valladolid, 1998; “Cortes de los antiguos reinos de Castilla y León”, Manuel Colmeiro, Casa Real, 1883;  “Las calles de Valladolid”, de  Juan Agapito y Revilla; Diccionario de la Real Academia de la Historia; Archivo Municipal de Valladolid; Plan General de Ordenación Urbana de Valladolid.

UNA VIEJA E HISTÓRICA TABERNA DE VALLADOLID

EL ONSURBE, TAMBIÉN CONOCIDO COMO EL CARRIAZO

La casualidad ha querido que una buena amiga me regalara un cuadro pintado en los setenta y firmado por Juan Peña. El lienzo es una representación de una de las tabernas más legendarias de Valladolid: el famoso Onsurbe. Uno de esos locales de los que no existe ninguna imagen… hasta que aparece esta.

Así que voy a contar una breve historia de este local que he redactado con textos de Joaquín Díaz (“Comercio de Valladolid”), José Miguel Ortega Bariego (“Historia de 100 tabernas  vallisoletanas”), “Anuario de Valladolid y provincia” de 1922, y documentos del Archivo Municipal de Valladolid.

En la calle Montero Calvo (antiguo número 58)  estaba la Casa Onsurbe, una de las tabernas más características y auténticas de viejo Valladolid.

Información del libro Comercio de Valladolid

Lo fundó Antonio Onsurbe hacia 1880 para vender vinos manchegos al por mayor o a granel, además de dar servicio a domicilio. Antonio tenía viñas en La Mancha. Un negocio que fue pasando de padres a hijos y que fue evolucionando. En 1922 la bodega se anunciaba así: “Casa Onsurbe: vinos claretes del país, tintos de Toro, blancos de Tierra de Medina y otras procedencias, mistelas, moscatel y vermouth, única casa que tiene el vino de Cebreros. Especialidad en almejas”. Lo de almejas la verdad es que es todo un exotismo para el lugar y la época.

Cuadro de Juan Peña

En la posguerra, el local ofrecía el siguiente aspecto: cubas y pellejos apilados contra las paredes y parroquianos que se sentaban donde podían en torno a los toneles, que hacían las veces de mesas. Se le conocía por “los ansiosos” debido a  una clientela que bebía campano tras campano hasta llegar al umbral de la inconsciencia. En los sesenta la cantina se hizo famosa entre los estudiantes y ya acumulaba mugre en cantidad, una luz mortecina, un fortísimo olor a vino y un suelo mullido a base de echar serrín sobre serrín sin barrer el local.

También recibió el sobrenombre de “carriazo”, por un brebaje que vendía servido en botellines de cerveza reutilizados y sellados con un tapón de corcho con pajita incrustada cuyo líquido estaba compuesto de clarete y mistela.

En un local muy cercano estaba “el judío”, un librero de viejo que compraba los libros de texto de los estudiantes que se los llevaban una vez terminado el curso… y con las pesetas, al carriazo.

LOS NOMBRES Y LOS RÓTULOS DE LAS CALLES DE VALLADOLID

Entre calles, caminos, plazas y avenidas, Valladolid suma unas 1850 vías públicas. Prácticamente todas tienen nombre y, por tanto, algún rótulo que las identifique. Muchas de ellas, debido a su longitud, tienen varios rótulos. Hablamos, por tanto, de miles y miles de esas chapas que se fijan en las esquinas de las calles.

En febrero de 2010, el Ayuntamiento inició un plan integral de identificación del viario con nuevos rótulos. El concejal de Hacienda de entonces, Alfredo Blanco, comentó que se habían recorrido 1831 calles y que se habían revisado el estado de las 5.369 placas, excepto las del casco histórico, cuya revisión se haría a partir de junio. Se sustituyeron rótulos deteriorados y ocultos por las variadas instalaciones en las fachadas y, además, se pusieron rótulos en aquellas calles que carecían de ellos.

En aquella campaña al parecer se instalaron 1646 rótulos con un gasto total de 77.000 euros.

Normalmente cada campaña de esas ha ido fijando rótulos distintos, de tal manera que, al presente, Valladolid ofrece al paseante una variadísima gama de rótulos con distintos formatos, materiales y colores.

A propósito de los nombres de las calles, su decisión es una competencia exclusiva de la Alcaldía. No obstante, algunas ciudades han creado comisiones que previamente estudian y proponen los nombres.

Los motivos que llevan a poner unos u otros nombres pueden ser tan justificados como atrabiliarios. En alguna ocasión el alcalde cambió del nombre anunciado en menos de 24 horas. A veces algunas instituciones o asociaciones proponen y quedan a merced de que el alcalde les haga caso o no. También los acontecimientos deportivos, por ejemplo, influyen en decidir uno u otro nombre. En los últimos años, además,  a estos cambios se une la aplicación de la legislación en materia de Memoria Histórica, de manera tal que deben retirarse nombres asociados al franquismo. En Valladolid una coordinadora de entidades memorialistas han indicado cuales deben retirarse (no qué nombres deben ponerse, pues dicho está que es competencia de Alcaldía). Históricamente han influido decisivamente los avatares políticos, no solo en la época de la II República, el franquismo y la Democracia, no.

En el siglo XIX también se practicaba esta, digamos, un tanto anómala práctica, sobre todo cuando los nombres son de personas o de acontecimientos históricos.

Siempre está abierto el debate de cómo elegir los nombres: desde quienes opinan que bastaría con numerarlas (tipo New York, por ejemplo), a quienes opinan que los nombres deben hacerse siguiendo las épocas de la historia. Es el caso que hay un buen número de calles que han cambiado varias veces de nombre. De entre todas, acaso se la plaza Mayor la que mejor ejemplifica los avatares políticos, que son los que normalmente conducen a los cambios de nombre.

Nuestra plaza Mayor, desde que consolidó su nombre en el siglo XVI, después de que se conociera como plaza del Mercado, llegó al siglo XIX sin ningún cambio, pero a partir de  octubre del año 1813, según Agapito y Revilla, por cuatro veces se la llamó “Plaza de la Constitución”, dos veces “Plaza Real de Fernando VII”, y sendas veces se la llamó “Plaza de Carlos V” y “Plaza del General Primo de Rivera”, hasta que el 12 de marzo de 1930 destruyeran a martillazos la placa con el nombre del dictador y recobrara el rótulo de “Plaza Mayor”, que no se ha movido hasta la fecha.

Otro ejemplo muy vallisoletano es el de la plaza de la Comedia, que después de varios cambios, el Ayuntamiento le puso el nombre de “Martí y Monsó”. Quiere la paradoja que Martí y Monsó, un importante personaje en el mundo del arte, en vida reprochó el capricho de los gobernantes que cambiaban los nombres tradicionales de las calles… y mira por donde, a él le utilizan para desdibujar la existencia del corral de Comedias que en esa plaza hubo durante varios siglos.

Esto nos lleva a otro asunto, y es de qué forma tan absurda se va borrando del callejero de la ciudad nombres que contribuyen a explicar su evolución urbanística y social: sustituir nombres como calle de los Molinos (que recientemente se ha recuperado), del Campillo de San Andrés, de la Comedia, etc. es borrar nombres que contribuirían a entender el callejero de la ciudad.

Hay casos curiosos de cómo una población perpetúa estos nombres tradicionales, y lo que hacen es “dedicar” la calle a alguna persona o acontecimiento histórico, que siempre puede cambiarse sin borrar el rastro del origen de las calles y plazas. Por ejemplo, Coria y Plasencia.

Otro caso es el de municipios que han recuperado, al menos a efectos informativos, todos los nombres que han tenido las calles. Conozco el caso de Casasola de Arión.

Aquí dejo un rosario de placas en lo que tiene que ver con las modas, diseños, materiales, tamaños y colores. Cabe advertir que en su día parece que se decidió utilizar placas de material noble y cierta traza artística para el casco histórico, lo que no ha evitado que, por ejemplo, en paredes tan emblemáticos como el monasterio de San Benito, la calle Cadenas de San Gregorio, etcétera, se hallan fijado chapas bastante estridentes para el lugar. Las placas cerámicas con orla son del primer tercio del siglo XX.

Acaso la placa (cerámica) más antigua que se conserva es una que hay al final de la calle de la Platería. Y otra curiosidad es que se conserva la placa con el nombre antiguo de la calle Leopoldo Cano, que era la calle de las Damas.

Colores y diseños a mogollón:

Algunas del casco histórico:

Artísticas, de los años veinte:

Ilustradas:

Y, por último, variadas:

UN PASEO ENTRE LA NATURALEZA Y LA HISTORIA: GR 14 SENDA DEL DUERO.

El Duero a su paso por la provincia de Valladolid recorre unos 140 kilómetro y eso es, más o menos, el número de kilómetros que suma la senda GR 14.

Hace como un año, la Federación de Deportes de Montaña, Escalada y Senderismo de Castilla y León deshomologó la Senda de Gran Recorrido del Duero catalogada como GR 14. Esta senda de 750 kilómetros recorre las provincias de Soria, Burgos, Valladolid, Zamora en Salamanca, pegada en su mayor parte a las orillas del Duero. La Federación de Montaña alegó falta de mantenimiento de la misma. En estos momentos la Junta de Castilla y León está tratando de buscar una solución para volver a homologarla.

En cualquier caso esto no quita para que la senda siga ahí, bien señalizada y por tanto abierta a cuantos quieran recorrerla. Bien es verdad que en algunos tramos la maleza se ha apoderado del sendero y eso lo hace incómodo para el caminante y casi imposible para su recorrido en bici. No es este el caso del tramo que vamos a recorrer, que es óptimo para hacerlo en bicicleta.

El verano va declinando y es un buen momento para recorrer algún tramo de este largo sendero que atraviesa Valladolid por completo.

En este caso propongo hacer el tramo de sendero que va a desembocar al embalse de San José, en el término de Castronuño, que es nuestra gran referencia de este río, al estar el embalse enclavado en el único Espacio Natural que tiene Valladolid y que se reparte entre los términos de Tordesillas, Pollos, Torrecilla de la Abadesa y Castronuño.

Se trata de un largo recorrido de unos 24 kilómetros que lo iniciamos desde Torrecilla de la Abadesa-

Es un recorrido que ofrece interesantes referencias históricas y arquitectónicas, así como recorrer el encinar más extenso de la provincia de Valladolid.

Pues ahí vamos, y repito que es muy apropiado para hacerlo en bicicleta.

Torrecilla de la Abadesa es uno de esos municipios que queda un tanto apartado de vías principales de comunicación, por lo que es necesario dirigirse expresamente a él. Un municipio pequeño pero que ofrece algunas referencias históricas y arquitectónicas muy interesantes. Su nombre de “Abadesa” se debe a que hasta el siglo XIX el caserío pertenecía al Real Monasterio de Santa Clara de Tordesillas y estaba regido, por tanto, por una abadesa. Tiene una iglesia del siglo XVI-XVII (en la imagen la entrada al municipio viniendo desde Tordesillas). Una antigua y extensa era, en la que todavía incluso se aprecia el empedrado, se alzan estas dos esbeltas y singulares casetas de era.

La senda discurre en paralelo al canal de Tordesillas, hasta el caserío de Torre de Duero. Los viñedos de esta finca forman parte de los vinos de la Denominación de Origen Rueda la más antigua de Castilla y León (1980). Las casas de las fincas se agrupan en torno a una ermita de estilo románico-mudéjar.

En este punto, inmediato al caserío de Torre Duero, el sendero se aparta bastante del río, hasta que lleguemos a la Dehesa de Cubillas.

El sendero se adentra en la Dehesa de Cubillas, una extensísima finca en el término de Castronuño. Se trata del encinar más extenso de Valladolid: de algo más de 3.000 hectáreas, en la que solo hay una pequeña parte dedicada al cultivo. En la travesía observaremos un vallado. Se trata de la finca de la Rinconada, dedicada por su propietario a la caza del ciervo y el jabalí. Eso hace del término de Castronuño que tenga la singularidad de disfrutar de la berrea entre los meses de septiembre y octubre: un profundo bramido producido por los ciervos que ofrece un auténtico espectáculo sonoro de la naturaleza.

La senda pasa junto al caserío de Cubillas. La noticia escrita más antigua que hay sobre este enclave se remonta al siglo XII: el rey Alfonso VIII saldó una deuda con la Orden de los Templarios dándoles esta propiedad. Aunque ahora Cubillas pueda parecer pequeña, sin embargo tuvo su importancia histórica e incluso estuvo amurallada, y jugó un papel en la Guerra Civil de Castilla (o Guerra de Sucesión) entre los Reyes Católicos por un lado, y Alfonso V de Portugal y el príncipe Juan de Portugal. Cubillas estaba del lado de los portugueses, aunque más tarde pasó a manos de los Reyes Católicos, que mandaron derribar sus murallas y destruir el castillo. Luego perteneció a la Iglesia y tras la Desamortización la compró el ilustre militar Narváez. En cuyas manos de sus herederos sigue.

De la senda del Duero parte un camino público que lleva al pico del Gurugú, una excursión que nos guardamos para otro momento, pues bien merece la pena, aunque solo sea por las extensas e impresionantes vistas que ofrece. De momento dejamos un testimonio gráfico del enclave y sus vistas.

Nuestro destino ya está cerca y nos lleva a la Reserva Natural de las Riberas de las Riberas de Castronuño- Vega del Duero. En la foto, tomada desde la Muela (ya en Castronuño), el camino que traemos viene por la derecha hasta atravesar el puente de la presa de San José que aparece al fondo de la imagen.

NOTA. En este mismo blog hay sendos artículos sobre Castronuño y el embalse:
“Castronuño, entre la historia y el paisaje”, y “Un paseo en torno al paraíso: embalse de Castronuño”

LORENZO DUQUE, LA HUELLA DEL CANTERO

“Valladolid la mirada curiosa” se toma un descanso hasta mediados de septiembre. Pero os dejo un artículo que anima a pasear por algunos rincones de la provincia, e incluso de la capital. Para ello propongo hacer un recorrido siguiendo las esculturas de Lorenzo Duque.

Lorenzo Duque nació en La Mudarra y vive en Laguna de Duero. Durante unos cuantos años compatibilizó su pasión por la escultura con el trabajo en una empresa de automoción, hasta que decidió dar el paso para dedicarse por entero a vivir del arte, que esa sí es una verdadera aventura. Cuenta él mismo que se recuerda de muy niño cogiendo las pastillas de jabón de su casa y haciendo figuras con ellas, pues, como es lógico, eran fácil de trabajar por su blandura. En la piedra se inició cuando tenía apenas unos treinta años.

Trabaja todos los materiales posibles: hierro, madera y piedra de diferentes calidades. Pero su preferida es la piedra del Alcor, pues no en vano nació en La Mudarra, población situada en el Monte de Torozos.

Duque es, salvo que mis datos me fallen, el escultor vallisoletano que más obra pública tiene repartida por municipios de Valladolid.

Lorenzo Duque también tiene obra en otros municipios de Castilla y León y España: la Senda de Ursi (Villabellaco –Palencia-), Páramo del Sil (León), Burgos, Santiago de Aravalle (Ávila), etc.

En general, las obras de Duque atienden a dejar testimonio de algún acontecimiento, un personaje o una referencia histórica. Y siempre detrás de cada obra suya hay un relato: nada está hecho al azar o por mera demostración estética. Ir a cada uno de los lugares donde se pueden encontrar sus obras nos aporta el plus de que además de contemplar su trabajo artístico, nos lleva a interesarnos por el personaje o el acontecimiento representados.

Así que propongo hacer un recorrido por varios municipios de la provincia siguiendo el rastro de sus esculturas.

Desde luego no debe intentar hacerse todo de un tirón, pues hay que disfrutar de un rato de paseo por el municipio y de visitar los lugares singulares que pueda haber en su entorno.

Lorenzo Duque delante de la entrada a su taller en Laguna de Duero.

Empezaremos el recorrido por la localidad donde reside y tiene su taller, al que ha bautizado con el nombre de Canis Lupus.

Son unas cuantas las esculturas que tiene en Laguna de Duero: El aire de los sueños (en la Casa de las Artes), un crucero en la plaza de la Iglesia, Homenaje a los donantes de Sangre (avenida de Madrid), Homenaje a todas las Comunidades (plaza de las Comunidades), Homenaje a Nelson Mandela, con la plaza que lleva su nombre, Homenaje a Francisco Pino (poeta) en la calle 6 de diciembre, Homenaje a Juan Manuel Sánchez (paseo de la Democracia) y varias esculturas de madera en el entorno del Lago. También ha participado en el grupo escultórico colectivo de Homenaje a los represaliados (avd. de Laguna).

Pero aquí dejamos testimonio gráfico de dos: los homenajes a Eleuterio Arribas, junto al Centro de Salud en la avd. de Laguna, y a Fernando Alonso en la plaza que lleva su nombre.

Eleuterio Arribas Santos (1907-1999) fue un popular y apreciado barbero, practicante y partero de Laguna que acudía donde lo necesitaran con su inseparable bicicleta. Y Fernando Alonso Alonso es un destacado y prolífico escritor burgalés de literatura infantil afincado en Madrid que durante muchos años ha colaborado desinteresadamente  con la biblioteca municipal de Laguna.

En la plaza Millán Santos, del barrio de las Delicias de Valladolid hay una escultura del que fue cura párroco de Santo Toribio de Mogrovejo que da nombre a la plaza. No me voy a detener en la historia de esta gran persona que falleció en 2002 y que ha dejado un indeleble recuerdo en Valladolid. Baste aquí decir de él que tanto se preocupó de incentivar la formación cultural y personal de la gente humilde del barrio como de atender sus obligaciones parroquiales. A los pies de la escultura una frase de Millán: “nada pedir, nada rechazar”. Por cierto, todo el altar de Santo Toribio está esculpido en piedra por Lorenzo. Y en los jardines del antiguo Hospital Viejo, actuales de pendencias de la Diputación, hay una escultura titulada Torozos.

Een la plaza de Baden Powell, Parque Alameda, hay una pieza suya que se instaló en 2012: se trata de un homenaje al personaje que da nombre a la plaza, el militar británico fundador de los Boys Scouts.

Delante de la puerta de la iglesia de Cabezón de Pisuerga, una escena del Nacimiento de Jesús, lleva la firma de Lorenzo.

En la Casa de Cultura de Villanubla se puede ver un bajo relieve representando una escena del Paloteo, una danza tradicional de este municipio.

Lorenzo no está nada satisfecho de esta representación del rey Wamba en una pequeña glorieta que da acceso al municipio de mismo nombre. Circunstancias no demasiado agradables ajenas por completo a él le condujeron a tener que terminarla deprisa y corriendo para que estuviera lista el día de la inauguración de las obras (julio de 2009) del pueblo que llevaban aparejada esta pieza escultórica: “No me reconozco en ella”, comenta Lorenzo. Pero ahí está y siempre merece la pena visitar Wamba, por muchos motivos.

Hacia la mitad de la calle principal de La Santa Espina, se encuentra esta escultura. La obra la realizó en 2007  durante los actos conmemorativos del 50 aniversario del pueblo como homenaje a los primeros pobladores. La materia prima con que está realizada es piedra de los montes Torozos, la preferida por Lorenzo.

En Villalar de los Comuneros, Lorenzo ha dejado un conjunto de esculturas en troncos secos de árboles. Están junto a la piscina, en un agradable parque en el que se ha creado un Centro de Interpretación de Villalar de los Comuneros. Y también en Villalar, en la plaza del monolito, se han instalado en el suelo unos redondeles siguiendo el modelo de los «roeles» del escudo de Medina del Campo, en los que se recuerda de personajes de la historia de España. Están hechos por Lorenzo.

El paseo del Arte de Serrada, que comienza a la salida del municipio, junto a las piscinas, termina en la plaza del Milenio, con una obra de  Lorenzo Duque. Y sin salir de la localidad, en la plaza del Rollo, un grupo escultórico titulado Encadenados: ha desaparecido la acacia con representaciones de duros trabajos tradicionales con los que la gente se ganaba la vida, a la que  un perro y una familia estaban encadenados. Y detrás del interesante frontón del municipio – junto a la iglesia-: Nuestro pueblo, con versos de dos poetas serradeños: César Medina y Chencho.

Lagarejo, y Vendimiador son dos piezas instaladas en el municipio de La Seca, municipio muy vinculado al vino. Es más, donde nunca se perdió el cultivo de la famosa uva verdeja, con la que se elaboran excelentes vinos blancos. Piedra de Campaspero.

Algún monolito tiene Lorenzo que le encargaron para conmemorar la inauguración de algún tramo de carretera. Pero de entre todos el que sin duda tiene mayor interés es el que hay en el área recreativa de San Miguel del Arroyo. Hecho en piedra de Campaspero, se instaló en 2006 al tiempo de inaugurar un tramo de la llamada autovía de Pinares que une Valladolid con Segovia. La obra escultórica representa la fachada de San Pablo de Valladolid y el acueducto de Segovia. Llama la atención el detalle de que Lorenzo incluyera en el mapa de Castilla y León el condado de Treviño, cosa que casi nunca se representa cuando se perfila el contorno de esta Comunidad Autónoma.

En Campaspero, un dolmen a la entrada del municipio anuncia que estamos en territorio donde la piedra es una riqueza del pueblo, y en el Museo de la Piedra, una escultura homenajea a los canteros. Ambas tienen la firma de Lorenzo Duque.

En el yacimiento arqueológico vacceo Pintia, ubicado en Padilla de Duero, esta escultura titulada El señor de la bellota, es una especie de guardián para ahuyentar a los que tratan de expoliar el patrimonio.

En su taller guarda numerosa obra de menor tamaño, en la que aborda variados temas, como las dos piezas que mostramos a continuación: un Thor, dios del trueno, y una Esfinge, hecha en en cuarcita multicolor:

Y esta pieza, inspirada en la Venus, y realizada en piedra rosa de Sepúlveda, es la primera que hizo en su vida que ya se pudiera mostrar al público. Se la compraron en una exposición de Medina de Rioseco, hace unos cuarenta años. Con el paso de los años se colocó en el vestíbulo del Teatro Principal -María Luisa Ponte-, de esa localidad:

SEGADORES GALLEGOS EN TIERRA DE CAMPOS

Julio, mes en el que Tierra de Campos, y en general toda Castilla está en plena faena de cosecha del cereal. Ahora, con las cosechadoras, la tarea se hace en pocas fechas y con mucha menos penosidad, si lo comparamos con no hace tantos años.

Hasta bien entrado el siglo XX la cosecha se hacía a brazo y duraba semanas, con el riesgo tremendo de que una mala tormenta arruinara una buena cosecha. Para terminar cuanto antes, desde hace siglos venían a Castilla numerosas cuadrillas de segadores gallegos, a los que vamos a dedicar este “Valladolid, la mirada curiosa”.

Partamos de Villacreces, un despoblado en pleno corazón de Tierra de Campos casi en el punto en el que se unen Valladolid, Palencia y León. Está a tiro de piedra de municipios como Villada, Villalón de Campos y Santervás de Campos, a cuyo Ayuntamiento está adscrito.

Villacreces es el primer despoblado del siglo XX. Sus habitantes vivían del cereal, la vid y el ganado lanar, principalmente. Hacia 1981 se marchó la última familia que quedaba en el pueblo. Es, por desgracia, un símbolo de la despoblación del interior de la Meseta. Por cierto, cuando en ningún sitio se hablaba de la despoblación y de la España vaciada, en los años 90, colectivos y ayuntamientos del entorno de Villacreces realizaron jornadas reivindicativas en las que advertían del porvenir que se cernía sobre la comarca terracampina: fueron, por desgracia, precursores en llamar la atención sobre tan gravísimo problema.

De Villacreces no queda más construcción en pie que su torre de estilo mudéjar.

Las necesidades de la siega en Castilla requerían de mucha más mano de obra de la que había en los pueblos. Aquello se paliaba con la llegada de cuadrillas de segadores gallegos (y en algunos lugares, de segadores del páramo leones). Unas cuadrillas que se pasaban varios meses en el interior de la Meseta y que incluso llegaban a adentrarse en Madrid, La Mancha y Extremadura.

Xilografía costumbrista de 1874 que se muestra en el Museo del Cerrato, Baltanás.

Es una práctica que se remonta al menos al siglo XVI, y que ha perdurado hasta bien entrado el siglo XX. Lógicamente, durante siglos vinieron caminando, más tarde comenzaron a desplazarse en ferrocarril y en autocares que en algún caso contrataban las mismas cuadrillas. También era frecuente que se desplazaron montados en las cajas de camiones cuyo conductor les cobraba una pequeña cantidad de dinero.

El trigo, especialmente en Tierra de Campos, era el oro de su época, y no hay más que ver el impresionante patrimonio arquitectónico y artístico que atesoran muchos pueblos terracampinos.

Los segadores normalmente venían ya apalabrados con acuerdos que cerraban de un año para otro con las casas que los contrataban. Por cierto, esas contrataciones no solo eran de familias de fuerte labranza, sino de casas mucho más modestas.

Venían con el salario pactado y muy frecuentemente con la comida y el alojamiento (un pajar o similar) hablados.

Fotografías tomadas del libro “Gallegos a Castilla. Segadores en Tierra de Campos”.

Uno de los mayores temores durante el tiempo que duraba la siega eran las tormentas veraniegas que podían acabar en pocos minutos con una excelente cosecha. De ahí la práctica del conjuro en muchos pueblos. Por ejemplo,  en Cuenca de Campos hay una ladera que se conoce como “el conjuradero”: era el lugar en el que el cura, a toque de rebato de campana, llamaba a los feligreses a juntarse y rezar para espantar las temidas nubes negras que presagiaban una tormenta.

Dibujo de Cuadrado Lomas que ilustra los Pliegos de Cordel Simanquinos dedicados a Rosalía de Castro (1985)

La venida de los segadores gallegos, que es una práctica muy interesante desde el punto de vista etnográfico, que incluso ha dejado matrimonios y algunos asentamientos en tierras castellanas, se ha eclipsado en parte por alguna literatura gallega que criticaba a los castellanos por maltratar a aquellos segadores. No hay más que recordar los versos de Rosalía de Castro, que se quejaba del supuesto lamentable aspecto con el que volvían los segadores (renegridos, enfermos, pobres y maltratados) cosa absolutamente falsa.  Claro que la siega era dura, de sol a sol, en pleno julio y agosto castellano. Pero de ahí a lo que Rosalía de Castro escribía mediaba un largo e inventado trecho. Voy a decir algo que muchos consideraran socialmente incorrecto: Rosalía, una excelente escritora, era una mujer de clase acomodada que desconocía la dureza de las faenas agrícolas.

De hecho, la siega era la posibilidad que tenían los braceros, que en buena parte procedían de las tierras más pobres de Galicia, de conseguir en Castilla unos importantes ingresos que llevar a sus casas.

Comenzamos este artículo hablando de Villacreces y lo vamos a terminar dando una pincelada sobre Santervás de Campos, municipio al que está adscrito. En este mismo blog hay un artículo dedicado en exclusiva a Santervás, pero no dejaremos de anotar que bien merece una visita. En él hay un museo dedicado a Ponce de León, que nació en esta localidad. Fue el descubridor de La Florida y el primer gobernador de Puerto Rico. Es un museo sencillo pero muy bien montado que ilustra sobre la vida de tan insigne marino y las historias y leyendas que le rodearon. El museo conserva un gran legado de la Quadra-Salcedo: los trabajos de todos los jóvenes que participaron en las famosas “rutas Quetzal” que fundó en 1979 Miguel de la Cuadra Salcedo. La última edición fue en 2016.

Interior del museo Ponce de León.

 Y ya de paso, no olvidar la iglesia de Santervás, una excelente muestra del arte mudéjar castellano, especialmente sus tres ábsides.