LOS MACEROS DEL AYUNTAMIENTO DE VALLADOLID

Hace unos días publiqué un artículo en El Día de Valladolid sobre los vistosos maceros del Ayuntamiento de Valladolid. En esta entrega de “Valladolid la mirada curiosa”, le reproduzco en líneas generales, aunque introduzco algunos detalles más y hago alusión a maceros de otras localidades. Pero, sobre todo, aporto una colección de fotografías en las que aparecen maceros… y casi podrían ser un resumen de la historia reciente de Valladolid.

Todos los actos más ceremoniosos que celebra el Ayuntamiento de Valladolid van acompañados de maceros. Por ejemplo, cuando se organizó la visita de los reyes a la ciudad en julio de 1858, el Ayuntamiento dispuso que la comitiva municipal que recibiera a Sus Majestades y Altezas Reales,  fuera precedida de los maceros.

Los maceros municipales se han convertido en una representación de la dignidad de la ciudad,  por eso el Ayuntamiento de Valladolid, con ocasión de los fastos para celebrar el bicentenario del fallecimiento de Calderón de la Barca en mayo de 1881, envió a Madrid una comisión municipal acompañada de maceros.

Reproducción de un macero en la cristalera de la escalera principal del Ayuntamiento de Valladolid.

El alcalde Óscar Puente en una procesión de la Virgen de San Lorenzo. Foto Twitter del Ayuntamiento.

Los maceros están cuando se constituye el Ayuntamiento después de cada elección, cuando la corporación realiza visitas institucionales, como la que cada 23 de abril gira a la casa de Cervantes, cuando se vela algún ilustre fallecido, cuando se recibe a personajes relevantes, o en las procesiones y actos religiosos.

La vestimenta actual sustituye a otra que llevaban en 1946 y que se hallaba en mal estado, y además debía ser un tanto ridícula: consistía en una vestimenta anacrónica compuesta de levita de media gala, calzón corto ceñido y como remate un cuello de pajarita y lazo. Pero lo más simpático es que ese atuendo tan estrafalario se complementaba con una gorra de terciopelo con pluma. Es decir, un atavío medieval para rematar una levita y una pajarita del siglo XX.

Para solucionar aquel desaguisado, se encargaron unas dalmáticas moradas con el escudo de Valladolid en pecho, espalda y mangas a las religiosas Adoratrices, y los jubones y calzones de terciopelo negro que van debajo de la dalmática, a una prestigiosa sastrería. Además se compraron nuevas gorras, medias y zapatos. En definitiva, el ropaje actual está compuesto de dalmática, traje de media corta, pantalón bombacho, escudo de la ciudad y, por supuesto, la maza. La dalmática es una túnica abierta por los lados, de manga corta y ancha.

La figura de los maceros es una reminiscencia medieval, y los ayuntamientos solo podían disponer de ellos si el rey lo permitía. Los maceros eran personajes que representaban el poder y la autoridad real. Hay grabados  de Alfonso X el Sabio en los que se dibuja a los maceros que acompañaban al rey en sus audiencias. Eran un cuerpo de élite, diríamos ahora, exclusivo  para proteger a los monarcas y su séquito.

Otra imagen de maceros flanqueando el escudo de los Reyes Católicos y el Árbol de la Sabiduría en la fachada del Colegio de San Gregorio de Valladolid (Museo Nacional de Escultura), de finales del siglo XV.

Se desconoce cuándo se creó en Valladolid el “cuerpo” de maceros, pero sí sabemos que en 1589 el municipio encargó dos mazas de plata y dieciséis años más tarde otras dos. La maza, auténtica arma en origen, se ha transformado en el caso de Valladolid en un bello objeto decorativo realizado en plata que mide 0,76 metros y  pesa nada menos que siete kilos. Foto del Patrimonio Artístico del Ayuntamiento de Valladolid.

Toma de posesión de la Alcaldía de Óscar Puente. Foto de Gaspar Francés.

Maceros y autoridades en un homenaje que se le rindió a Miguel Íscar, delante del parterre del Campo Grande donde está su busto. Foto del Archivo Municipal de Valladolid (AMVA).

Maceros acompañando al último alcalde del franquismo, Francisco Bravo Revuelta en 1979. AMVA.

Imposición de la medalla de oro de la Ciudad a Mariano Cañas, que fue destacado secretario de alcaldes de Valladolid, acompañado del alcalde Francisco Javier León de la Riva, en 1996. AMVA.

Foto de la entrada en la Catedral de Valladolid para el pregón de la Semana Santa que pronunció Ángel María de Pablos –en el centro de la foto con capa- acompañado de otras autoridades en el año 2018. Foto del Gabinete de Prensa del Ayuntamiento.

La corporación municipal y otras autoridades introduciendo los restos de Rosa Chacel para velarlos en la Casa Consistorial en 1994. AMVA.

Los restos de Pío del Río Hortega se trajeron a Valladolid en 1986 por acuerdo municipal,  y antes de depositarlos en el Panteón de Personas Ilustres, se le rindió un homenaje  en el patio del Colegio de Santa Cruz. AMVA.

Maceros en la inauguración de la Casa Consistorial de Valladolid en 1908. AMVA.

Sendas fotos de los años 70 de la proclamación de reina y damas en las Ferias de Valladolid. El acto se hacía en el salón de plenos del Ayuntamiento. AMVA.

También las universidades y las diputaciones que lo quisieron, pudieron disponer de sus propios portadores de mazas, con funciones similares, como se aprecia en esta fotografía de 1974 de los maceros de la Universidad de Valladolid. Foto del Archivo Municipal de Valladolid. Y fotografía de las mazas de la Universidad que se exhiben en el Museo de la Universidad.

Maceros de otros municipios que acompañan a sus respectivas autoridades en sendas visitas a la Feria de Muestras de Valladolid, en 1976. AMVA.

Maceros del Ayuntamiento de Medina del Campo (foto de Fran Jimenez publicada en El Norte de Castilla), y el traje que llevaban en  siglo XVIII que está depositado en el Museo de las Ferias.

AVENTURAS Y AVENTUREROS VALLISOLETANOS

En enero de este año,  el Día de Valladolid publicaba un reportaje sobre el vallisoletano Diego Cortijo. Calificado por el periodista como “un Indiana Jones del siglo XXI”, Diego lleva 15 años explorando los lugares y culturas más recónditas de la Tierra.

El Día de Valladolid

De 35 años y de  profesión policía, pertenece a la Sociedad Geográfica Española y ha viajado por Sudamérica, Asia y África, lugares en los que aún es posible encontrar ciudades perdidas o al menos no pisadas por los seres humanos desde hace muchos años. Dice que comenzó a viajar para aprender y desentrañar los misterios de la cultura.

Siempre alegra que un paisano sea noticia por una actividad que parece que solo existe en  documentales protagonizados por gentes de otras latitudes.

No siempre alcanzamos a entender lo que lleva a una persona a realizar esfuerzos y vencer retos que muchas veces nos parecen absurdos: atravesar el océano en una tabla de paddle surf, escalar una pared vertical y peligrosa, atravesar la selva amazónica, meterse en las cuevas más profundas, volar como los pájaros, etc. Pero es la condición humana, sin duda. Seguro que nuestros ancestros no llegaron a Europa desde África solo por razones puramente utilitaristas, es decir, buscar zonas de caza o tierras productivas, no. Seguro que la curiosidad del “qué hay un poco más allá” ha motivado a correr riesgos y aventurarse en terrenos desconocidos, incluidos los de nuestras propias capacidades. Normalmente, los aventureros y deportistas de riesgo alegan querer conocer sus límites físicos y mentales rompiendo barreras que creen insalvables, y, también, demostrar la capacidad de supervivencia en las condiciones más adversas.

Pues bien, Valladolid también tiene una nómina de personas que han protagonizado viajes que rayan en lo imposible, o que han sido pioneros en alguna actividad.

Y con el propósito de ilustrar lo que comento, hago una aproximación a varios personajes que por sus aventuras han dejado huella en la hemeroteca y en diversas publicaciones.

No hace ni dos años que Antonio de la Rosa, cruzó el Océano Pacífico gobernando una embarcación mediante la técnica de paddle surf. Es decir, de pie y con un remo. Estamos hablando de recorrer 4.500 kilómetros ni más ni menos. Así lo contaba en agosto de 2019 El Diario de Valladolid: “un reto para concienciar sobre la protección de los mares de los vertidos de plásticos, una iniciativa para la que cuenta con el apoyo de Galletas Gullón. De la Rosa partió con su embarcación desde la Bahía de San Francisco y llegó al archipiélago de Hawai, después de 76 días de travesía, alcanzó la costa de la isla hawaiana de Oahu a bordo de su ‘Ocean Defender’, que cuenta con siete metros de eslora y 500 kilogramos de peso, con la que ha conseguido convertirse en la primera persona en completar esta travesía en esta modalidad”.

Foto publicada en El Día de Valladolid

Evidentemente, esta hazaña no es producto de la suerte y de la improvisación, pues Antonio de la Rosa, un ex bombero que en abril de ese mismo año había recorrido 1.700 kilómetros en tierras de Alaska  con esquíes de fondo y a pie, en octubre de 2014 había ganado la Rames Guyane, tras más de 64 días, 3 horas y 30 minutos cruzando a remo y en completa autonomía el Océano Atlántico desde Senegal hasta la Guayana Francesa a lo largo de 4.700 kilómetros. Era el primer y único participante español es esta prueba francesa, que terminó “después de luchar la última semana sin apenas dormir contra el calor, la humedad, la falta de vientos y las corrientes que bloqueaban el camino antes de llegar a tierra.”, tal como relató en su día El Día de Valladolid.

Si en Valladolid hay un referente de la aventura ese es Diego Criado del Rey. Un recordado personaje experto piloto de globo que falleció con tan solo 35 años en abril de 2004 en un accidente volando sobre Santiago de Compostela.

Piloto profesional y deportivo de globos aerostáticos contaba en su haber con una gran experiencia y reconocimiento en el mundo nacional e internacional. Ganó numerosas competiciones y con su empresa transportó en viajes de placer a numerosos grupos que disfrutaron de divisar la tierra desde la altura de un pájaro, una de las vistas más placenteras que se puede tener, con una enorme sensación de ingravidez.

Foto publicada en diegocriadodelrey.com

Mas, alcanzó especial notoriedad por ser el primer piloto español, y uno de los pocos  de todo el mundo, que atravesó el Polo Norte  en nave aerostática. Una plaza en el barrio de Covaresa y un memorial que se celebra en Valladolid todos los años, guardan recuerdo de este aventurero vallisoletano.

A Ricardo Ambruster (1944-1976) se le describía como ecologista y aventurero, amén de dedicarse a ganarse la vida en diversos negocios. Dejó huella en el naturalismo español de su época.  Cuando contaba con apenas 20 años se embarcó en un viaje a la Amazonía donde se le perdió el rastro hasta que reapareció en Tenerife. Él mismo relató qué hizo en aquellos meses: lo dejaremos en que filmó varios documentales, participó en la exploración de aquel territorio y en que no dudó en meterse en el contrabando del café para costearse el viaje de regreso a España.

Imagen publicada en El Diario Montañés

Si le adscribo a Valladolid es porque aunque nació en Madrid, se estableció en nuestra ciudad tras su matrimonio. En Valladolid se involucró en el incipiente ecologismo de los años 70, además de otras militancias vinculadas al naciente regionalismo castellano-leonés.  Trabó relación con el famoso Félix Rodríguez de la Fuente, y falleció a los 32 años practicando submarinismo. Para hacernos una idea de su espíritu aventurero diré que su luna de miel la pasó de mochilero junto con su esposa Erika explorando tribus perdidas en la Amazonía. Así los explica el periodista Antonio Corbillón en El Norte de Castilla: en 1968 la pareja consiguió el permiso de la iglesia para hacer la primera boda mixta católica y luterana en España (hasta en eso fue pionero) en Covadonga, y tras la boda se lanzaron al mochileo por América, en el que contactaron con tribus totalmente aisladas y en algún caso nada pacíficas (de hecho, un grupo de ingleses murió a manos de unos indígenas), aunque lo normal es que fueran tratados con respeto y hospitalidad. La pareja llegó a descifrar algunos alfabetos de los muchos idiomas que se hablaban en la selva. De aquella aventura se hicieron eco varias revistas.

Sin ninguna duda las novedades técnicas de cada época han alentado las ansias aventureras. Así, la aviación conoció una época dorada en los primeros años de los aeroplanos: travesías transoceánicas, vueltas al mundo, acrobacias temerarias, etc. Lo mismo ocurrió con la irrupción del automóvil. Y Valladolid no solo no fue una excepción en la  locura por volar, sino que cuenta con pioneros entre su gente.

En lo que a la aviación respecta, Valladolid tiene una buena nómina de pioneros. Veamos algunos.

Foto tomada de El Diario Regional.
Imagen de un aparato del mismo modelo del de la Cuesta

José María de la Cuesta dio la vuelta a España en 1930, e incluso, en función de los países que recorrió con sus aviones podría decirse que dio la vuelta al mundo. El aparato era un DH 60G III Moth Major, como el que aparece en la fotografía. Como la mayoría de  los pioneros de la aviación, era miembro de una adinerada familia vallisoletana. En su caso, descendiente de Maura. Su padre fue el primer presidente del Banco Castellano, creado en 1910, además de destacar en otros importantes negocios.

El aviador José María Gómez del Barco Sigler, que tiene dedicada una pequeña plaza entre los barrios Belén y Pilarica, fue famoso en España por sus habilidades acrobáticas con su aeroplano, y ante sus paisanos quiso demostrar aquella arriesgada pericia pasando con su aparato por debajo del puente Colgante en 1927.  Como la mayoría de los pilotos de la época, hizo carrera en la milicia. En realidad Gómez del Barco era uno más de una saga de aviadores vallisoletanos que comenzó el abuelo Leopoldo Gómez Sigler, al que siguieron el citado José María, su primo también llamado Leopoldo, Luis, Federico y otros.

Familia, por cierto, que tenía una gran amistad con los Cuesta. En definitiva, apellidos de la burguesía vallisoletana, al igual que los Pombo y los Carrión, de los que podemos destacar a Juan Ignacio Pombo que viajó en avión hasta América en los años 30.

Y siguiendo con la aviación, el empresario vallisoletano Juan José Rodríguez Marcos, hace un par de años se convirtió en el primer piloto español en alcanzar el Cabo Norte en avioneta, dotado, además de un motor que fabricó él mismo.

En el centro de la fotografía, Rodríguez Marcos recibiendo el primer premio de Acrobacia Aérea del Campeonato de España. Foto cedida por Enrique Espinel.

En lo que tiene que ver con el automóvil, sin duda fue Federico Santander el que destacó por haber dado la vuelta al mundo con otros tres amigos en el año 1933 con un Ford V 4. Federico Santander Ruíz Jiménez fue alcalde de Valladolid entre los años 1920 y 1922. Posteriormente se dedicó al periodismo en la capital de España.

Imágen de Federico Santander
Foto publicada en La Vanguardia: Santander y sus acompañantes despidiéndose de sus amigos de Valladolid.

El viaje, muy comentado por la prensa de la época, comenzó en octubre de 1932 y concluyó en agosto de 1933. Ahora, dar la vuelta al mundo en automóvil puede parecer casi un paseo durante unas vacaciones, pero en aquellos años era, sin duda, una arriesgada aventura. Desde Biarritz, los viajeros, tras atravesar el sur de Europa, recorrieron, entre otros países, Turquía, Siria, Irak, India, Filipinas, Japón, EE UU y Cuba. Recalaron en el puerto de Bilbao el 4 de agosto tras haber recorrido 30.000 kilómetros (parte en barco, claro). En tierra hacían jornadas de 300 kilómetros de media. Desde entonces, Santander se dedicó a dar un buen número de conferencias por toda España relatando su aventura.

Para terminar, nos vamos a Picos de Europa. Hoy día, con los materiales y técnicas tan avanzadas en la escalada de montañas, puede parecer pueril decir que en julio de 1973 varios vallisoletanos consiguieran escalar la pared sur de los verticales Horcados Rojos, sitos en los Picos de Europa.

Impresionante mole de los Horcados Rojos

Ahora, que vemos que cientos de personas hacen cola para pisar la cumbre del temible Everest, eso de subir una montaña de 2.5oo metros puede parecer una niñería. Pero hace casi 50 años aquello supuso una indudable noticia en el mundillo montañero: de hecho, la prensa se hizo eco de la proeza. Ese mismo año, pero el 19 de abril, montañeros vallisoletanos escalaron la cara sur del Monte Perdido (3.300 m.) en Pirineos,  en condiciones invernales.

En la actualidad las técnicas y materiales de escalada, así como el vestuario, permiten hacer con cierta facilidad, cosas que hace medio siglo se tenían por proezas.

LA HERENCIA DE LOS VISIGODOS

La provincia de Valladolid atesora un abultado rastro de la época visigoda. Una época que para muchos historiadores puso las bases de la España actual. Desde luego, la presencia visigoda fue bastante más potente de lo que piensa el común de las personas. Una presencia que tuvo en la ciudad de Toledo su principal foco. Mas, este asunto es para llenar más páginas de las que pretende este blog.

Un último apunte histórico, antes de sugerir un paseo por la provincia siguiendo el rastro visigodo, es que contrariamente a lo que se nos enseñan en la escuela, el último rey godo no fue el derrotado Rodrigo en la batalla de Guadalete en el 711, no. La invasión musulmana no toma toda la península enseguida. Es más,  es conocido que no imponen sus costumbres, siempre y cuando los territorios que van controlando les paguen los impuestos que exigen. Por eso, después de Rodrigo,  el joven Agila II y luego su hermano Ardabasto o Ardo, aún siguieron llevando la corona visigoda hasta el año 720 en territorios ahora catalanes.

Contado lo anterior, sumerjámonos en las tierras vallisoletanas en búsqueda del rastro visigodo.  Y para ello nada mejor que este mapa que incluye Ángeles Alonso Ávila, profesora de la Universidad de Valladolid en su artículo  “Valladolid durante los tiempos visigodos”.

Indica Ángeles Alonso, que los restos escritos o documentales sobre la presencia visigoda en Valladolid son muy parcos, pero no así  los restos materiales  localizados en ella, que  son de varios tipos: enterramientos y objetos diversos, tanto de adorno como de uso diario o extraordinario. Las piezas de cerámica y un determinado tipo de puñal, son los que marcan la nota distintiva de la provincia. Dentro de los enterramientos, las necrópolis, los cementerios integrados por diversas tumbas -ya que también se han hallado inhumaciones aisladas- son las que ofrecen un mayor interés, puesto que constituyen, a partir de los objetos en ellas encontrados, uno de los pilares básicos dentro del mundo visigodo, cuando se intenta establecer la cronología del período.

De entre las necrópolis excavadas, la conocida como Las Piqueras, en el término de Piña de Esgueva, es la que tiene mayor interés, sobre todo para el profano. Esta excavación  llevada a cabo principalmente en los años 1933 y 1934 está expuesta en el Museo de Valladolid  (Palacio de Fabio Nelli) y se data en el siglo VII.

En Valladolid ciudad, en la antigua Granja Escuela José Antonio, Rivera Manescau y Federico Wattenberg localizaron también piezas visigodas del siglo VI.

Vayamos ahora a Wamba.

Nos recibe, antes de entrar en la localidad,  una estatua de factura contemporánea que representa al rey. Su autor es Lorenzo Duque. Descansan los restos de Wamba en la catedral de Toledo por expreso deseo de Isabel II. Murió, ya retirado de las tareas del reino (ocho años llevó la corona regia),  en la localidad burgalesa de Pampliega, donde reposó hasta que en el siglo XIII, por mandato del AlfonsoX el Sabio, sus restos mortales fueron llevados a una iglesia de Toledo. Cierto es que no deseaba la corona pero una vez aceptada exigió ser coronado en Toledo, capital por excelencia de los pueblos godos. Una vez empuñado el cetro real, demostró coraje y decisión. De tal manera que se le considera el último gran rey de los godos. 

La iglesia de Santa Maríadse Wamba posiblemente se erige  sobre un templo visigodo desaparecido. Lo más antiguo que ahora se puede ver en el interior del templo se remonta al s. X. Construcciones  que fueron llevadas a cabo por monjes mozárabes venidos de los reinos musulmanes. Hablar de la historia de esta iglesia exigiría un largo artículo, así que lo dejaremos en apuntar que en el s. XII la engrandecieron los monjes hospitalarios (Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén), cuya característica cruz de ocho puntas se puede ver en diversos lugares del templo. La visita al interior de la iglesia hay que concertarla en el teléfono 679 14 27 30 (cualquier día de la semana excepto lunes). Frente a la fachada de la iglesia se ve la puerta de entrada al palacio y hospedería  de los hospitalarios (a la izquierda de la fotografía).

Nuestro próximo destino será San Román de Hornija, tierra de buen vino de Toro.

Recesvinto falleció en Wamba (antes llamada Gérticos) el día 1 de septiembre de 672. Junto a su cadáver aún caliente, dice la leyenda que ese mismo día Wamba fue elegido rey de los visigodos.

Parece que la muerte le sobrevino a Recesvinto en su villa de Gérticos y que ese mismo día sus súbditos forzaron a Wamba a aceptar la sucesión del reino, cosa que él  no deseaba bajo ningún concepto, sobre todo por razones de su avanzada edad.

Mas,  quiere el capricho de la historia que, según la leyenda, se dé  por bueno que no muy lejos de Wamba esté enterrado, precisamente, el antecesor de Recesvinto: en San Román de Hornija descansan los restos de  su padre, Chindasvinto, que murió el 30 de septiembre del año 653.

De San Román de Hornija, sin duda es destacable la historia y parte de lo que aún se puede ver del esplendor de un antiguo monasterio de origen visigodo, En la iglesia hay un pequeño museo de piezas conservadas de aquel extraordinario monasterio en el que la leyenda sitúa las tumbas del rey Chindasvinto y su esposa Reciberga. En él hay una lápida sepulcral con el epitafio que el rey dedicó a su esposa, que había fallecido el 18 de octubre del año 646. Las imágenes las he tomado prestadas del blog de mi amiga Mariché Escribano: “Ermitiella”. En la composición fotográfica he incluido una imagen de Chindasvinto según la Crónica Albeldense.

Hay varias versiones de este epitafio. Su redacción se atribuye  a Eugenio Tercero de Toledo, aunque parece redactada en primera persona por el propio Chindasvinto. Eugenio fue un escritor y poeta y Arzobispo de Toledo en la primera década del siglo VII.

Dice así:

Si la vida  con oro se comprara
jamás se le atrevería  a un rey la muerte,
más como a todos rige igual suerte,
ni el precio al Rey, ni el llanto al pobre ampara.
así vencido al hado esposa cara,
mi espíritu a los santos se convierte,
porque resucitada puedo verte,
al lado de ellos refulgente y clara,
¡Adiós pues Reciberga! Siete años
dulce vivir hiciste a Chindasvinto,
y otros tantos te dí al nombre de esposa,
más ya llorar me toca a desengaño,
y a orillas del Ornisga en un recinto,
a quienes Dios junto, cubra una losa.


¿Alquien puede escribir más hermosa declaración de amor?

TRAS LOS PASOS DEL ALMIRANTE

Cristóbal Colón está íntimamente ligado a Valladolid pues, entre otras relaciones que tuvo con la ciudad, fue donde falleció.

Colón fue un personaje misterioso desde su nacimiento hasta su tumba: ni se sabe dónde y cuando nació, ni como era su rostro,  ni en qué lugar se encuentran, con total seguridad,  sus restos mortales. No obstante se viene dando por bueno que lo más probable es  que estén en Sevilla, aunque parece que pasaron por La Habana, y los dominicanos sostienen que están en la catedral de Santo Domingo.

La misteriosa biografía de nuestro almirante alcanza a que ni siquiera se le conozca algún retrato hecho en vida que nos pudiera mostrar, al menos, como era su rostro en algún momento de su existencia. De Colón hay un buen puñado de pinturas todas muy diferentes entre sí. Este retrato (año 1520) es de Ghirlandaio y se conserva en el Museo del Mar y la Navegación, de Génova.

El navegante pasó al menos tres veces por Valladolid  a intervalos de 10 años: 1486, 1496 y 1506, donde dejó certezas contrastadas y también, cómo no, alguna que otra leyenda y laguna histórica.

Propongo un paseo siguiendo los principales lugares que evocan su presencia en la ciudad.

El antiguo monasterio jerónimo de Nuestra Señora de Prado (hoy sede de la Consejería de Cultura de la Junta de Castilla y León –Avd. Salamanca-) será el principio de nuestra larga e interesante ruta urbana. En el monasterio, del siglo XV con importantes reformas del XVII y XVIII,  pernoctó Colón el 11 de agosto de 1486, donde, camino de Medina de Rioseco, el navegante explicó su proyecto de abrir una nueva ruta marítima con las indias orientales  a los monjes, recabando su apoyo a la empresa ante la reina Isabel. El prior  del monasterio era Fray Hernando de Talavera, cuyo papel en que el viaje de Colón llegara a hacerse es un tanto controvertido a la luz de nuevas investigaciones. Podemos decir, muy resumidamente, que fue sensible a las pretensiones de Colón, y de ello informó a Isabel y Fernando, pero tuvo que plegarse a sendas comisiones que rechazaron la empresa, y por eso comunicó a los Reyes que desestimaran financiar el viaje. Finalmente, en 1491 una deliberación entre fray Diego de Deza y Hernando de Talavera, terminó por considerar viable el proyecto colombino. Al monasterio, por sus trazas palaciegas y monumentales, se le ha llegado a conocer como el Escorial de Valladolid.

Desde el monasterio nos encaminamos hacia el grupo escultórico de la plaza de Colón, que rememora su gesta descubridora. Obra del escultor Antonio Susillo fue inaugurado en septiembre de 1905 tras dos años de obras de instalación. Además de elementos alegóricos, los bajorrelieves reproducen algunas escenas de la empresa colombina: exposición del proyecto en la Rábida, salida desde Palos, llegada a América y recibimiento en Barcelona.  Este monumento llamado a adornar la ciudad de la Habana no llegó a partir de España una vez que se perdió la colonia caribeña. En la disputa que sostuvieron las ciudades de Sevilla, Madrid y Valladolid para reclamar la ubicación del monumento, parece que nuestra ciudad salió vencedora entre otras cosas por la influencia en el Gobierno de España de Germán Gamazo Calvo.

Por la plaza de Fuente Dorada Colón paseó algunos días de su mes de estancia en la ciudad, allá por el verano de  1496. No se conoce donde residió durante ese tiempo, pero es probable que lo hiciera en un pequeño palacio que en la calle Teresa Gil tenía su amigo y protector, Luis de la Cerda (influyente noble en la Corte de los Reyes). Es el caso que su estancia fue preparatoria para un encuentro con la corte, y Colón aprovechó para comprar un rico ajuar que le permitiera presentarse con dignidad y decoro ante los Reyes Católicos tras su segundo viaje desde América. Seguramente gastaría sus buenos “cuartos” en diversos comercios de la plaza de Fuente Dorada donde jubeteros,  sastres y zapateros tenían sus talleres.

Nuestro siguiente destino será la plaza Mayor, y forzoso es ir a los soportales del Teatro Zorrilla, pues unos metros por delante de su fachada, una placa en el suelo nos recuerda el lugar donde falleció el navegante: el desaparecido convento de San Francisco, donde fueron enterrado su cuerpo el 20 de mayo de 1506, tras el agravamiento de su salud que lo pasó en algún lugar de la ciudad (que no fue en el sitio donde señala una placa junto al Museo de Colón). Colón fue ingresado en el convento que a la sazón, como otros conventos de la ciudad, ejercía de hospital. Una vez fallecido fue enterrado en la llamada  capilla de las Maravillas, que pertenecía a la familia de su  amigo Luis de la Cerda. Tres años más tarde, sus restos salieron camino de Sevilla por expreso deseo de su hijo Diego… y desde entonces se inicia el misterio sobre donde reposan los restos del descubridor, honor que también lo reclama la República Dominicana.

Nuestra siguiente meta será el Museo de Colón, en cuyo patio de entrada hay una placa que dice: “Aquí murió Colón”. Esta placa se instaló en este lugar en 1866, siguiendo las indicaciones de algún cronista de la época que con escasos datos situó aquí el fallecimiento de nuestro personaje. El Ayuntamiento dio por bueno algo que no lo era en realidad y además de instalar la placa, rebautizó como calle Colón la que hasta  entonces era calle Ancha de la Magdalena.  No obstante este pequeño pedazo de la huerta de las salesas sirvió para que en 1965, siendo alcalde Santiago López,   la ciudad construyera un museo reproduciendo una casa palaciega que su hijo Diego tuvo en propiedad en la isla de Santo Domingo. Por cierto, la placa la hizo el escultor Nicolás Fernández de la Oliva en 1866. Este escultor, era profesor de la Escuela de Bellas Artes de Valladolid y, entre otras obras, suya es la escultura de Cervantes en la plaza de la Universidad. 

Si estamos dispuestos a alargar la caminata, el siguiente destino  debería ser la plazuela de la Trinidad, y más concretamente  la iglesia de San Nicolás. La razón de esta visita es que la iglesia acoge una imagen de la virgen a la que, según la leyenda, Colón se encomendó durante su brevísima estancia en el Monasterio de Nuestra Señora de Prado, donde estaba esta imagen románica del siglo XIII en 1486. Desde entonces se conoce la imagen como Virgen de Colón o Virgen del Descubrimiento.

NOTA: En este mismo blog hay una entrada sobre el Museo de Colón.

FONCASTÍN, UN PUEBLO RENACIDO

Hablamos de uno de los primeros pueblos de colonización que se construyeron en la España de posguerra. En algún artículo incluso se habla de ser el primero, junto con el de La Vid, en Burgos.

Lo normal es que los pueblos antiguamente fundados se hubieran despoblado, o continuaran su evolución urbana y demográfica. Lo que no es tan corriente es que un municipio haya sido fundado o refundado hasta en tres ocasiones. Esto es lo que ocurre con el pequeño y singular pueblo de Foncastín; un municipio que varias veces ha renacido sobre sí mismo.

Su primer asentamiento importante se hizo en el mismo valle recorrido por el río Zapardial, en torno al castillo del siglo XV, del que sólo queda la torre y un ciprés que da fe del viejo cementerio. Luego, dicen los cronistas, sus habitantes se trasladaron a Rueda. En el siglo XVIII figura Foncastín en el Catastro del Marqués de la Ensenada como “lugar despoblado”; y de nuevo, muy a finales del XIX, se habla de  un pueblo “muy moderno”, de poco más de una docena de casas que distaba como 1 km. del antiguo castillo. Hasta que en 1945, junto a las viejas casas  del XIX se levantaron las blancas viviendas de colonización. La operación, promovida por el Instituto Nacional de Colonización, se hizo comprando al marqués de la Conquista las viejas casas que quedaban en pie y que eran de su propiedad.. “Por cierto -comenta Carlos Carreras, hijo de colonizadores- la gente de fuera del pueblo está un poco confundida con esto de la colonización, pues las treinta y ocho  familias numerosas que vinieron hasta aquí de Oliegos, porque iba a quedar inundado por el pantano de Villameca, tuvieron que pagar por las tierras que ocuparon con la indemnizaciones que les dieron por sus propiedades allá en León. Este traslado no fue una bicoca, pues pagaron a precios de los años cuarenta con  las indemnizaciones  obtenidas a precios de principios  de la República. Y, además, al principio tuvieron que alojarse en las casas viejas o en Rueda, pues no estaban aún concluidas las nuevas viviendas de colonización”. Un asentamiento que se

Por otro lado, Felicitas Peña me ha comentado que eran dieciocho las familias que había alrededor de la vieja Casa del Marqués. También me ha contado que en la ladera del río que mira hacia la desvencijada torre del antiguo castillo, aún quedan restos de las piedras de asentamiento de goznes y restos cerámicos incluso “Terra Sigilata”, y algún fragmento de cerámica ibérica. En este mismo punto se constata la existencia de un cementerio abandonado  en el que, me cuenta Felicitas, hace años ella misma encontró un pequeño lacrimatorio de fino vidrio al lado de un esqueleto. En la Plaza Antigua (la Casa del Marqués), de forma cuadrada, aún se conserva la embocadura de una bodega kilométrica.

Los pozos de la vega, que en muchos casos se construyeron siguiendo las más antiguas formas de localización de aguas subterráneas, también han contribuido a que el Zapardiel se haya convertido en uno de esos ríos llamados transitorios. Es decir, que buena parte del año no lleva agua. Por Foncastín desfilaron diversos zahoríes, aunque el que parece que triunfó fue un alemán con un sofisticado y moderno sistema de detección de agua.

Pórtico de acceso al pueblo nuevo que ser construyó al lado del viejo caserío de la Plaza Vieja.

Plaza Mayor, en parte porticada y presidida por el ayuntamiento, con el típico reloj, la fachada de la iglesia dedicada a San Pedro, que se inauguró en 1950, cinco años después de venir los colonos, y una escultura en el centro.

La escultura presidiendo la fuente octogonal es un homenaje del pueblo de Oliegos de Foncastín (que es como primero se conoció el pueblo en 1945) a sus mujeres en reconocimiento y dedicación a la prosperidad de la comunidad.

El potro donde se herraban los caballos y el veterinario trataba a caballerías, bueyes o ganado vacuno. El sistema consistía en introducirles entre cuatro postes, donde se le inmovilizaba. Los potros de madera son típicos de León (de donde vinieron los colonos), pues en Valladolid se solían hacer con postes de piedra.

Una vieja trilladora.

Unos murales, recientemente pintados, recuerdan al viejo Oliegos y a sus gentes.

El altar de la iglesia, en vez de un retablo, está presidido por gran fresco de 40 metros cuadrados realizado por Manuel Rivera (1927-1995), un artista que antes de alcanzar reconocimiento con creaciones de vanguardia y por ser miembro del grupo El Paso (fundado en 1957), trabajó para el Instituto Nacional de Colonización, organismo que le encargó hasta 16 murales y cuadros para la sede del Instituto y diversas iglesias. La foto es de Carlos Carrera Mayo.

En un parque del pueblo comienza la senda circular del Alcornocal de Foncastín, de la que hay un reportaje en este blog.

Panorámica de Foncastín desde el valle del río Zapardiel.

UN SINGULAR ALCORNOCAL

CADA DIEZ AÑOS VIENEN OBREROS DE EXTREMADURA A EXTRAER EL CORCHO DE FONCASTÍN.

 “Este alcornocal es muy viejo, hay árboles que tienen más de cien años, y se fue extendiendo de forma natural, con las semillas que transportan los animales”, comenta Claudio, uno de los colonos pioneros  de Foncastín que, oriundos del desaparecido Oliegos, en León, los trajeron en 1945 a esta vieja finca del Marqués de la Conquista.

En efecto, el alcornocal es único en la provincia de Valladolid. Convive con el pino y algunas encinas. “La Junta lo está cuidando, pues no se deja que los pinos crezcan a menos de cinco metros del alcornoque, que convive mejor con la encina”, afirma Carlos (en la foto), un hijo del pueblo de segunda generación de aquellos colonos, expulsados de Oliegos para construir el pantano de Villameca.

No hace mucho tiempo se ha organizado una senda señalizada  que, en torno al alcornocal –protagonista de la senda-, nos conduce por la  variedad de los paisajes del término de Foncastín. No solo el arbolado, sino los cultivos, la vega del río Zapardiel, y otras instalaciones ofrecen un atractivo paseo siguiendo esta senda circular que parte del mismo municipio y en él termina.

Es probable que los ejemplares más crecidos se encuentren más bien en el borde exterior  por la sencilla razón de que están menos presionados por el pino para desarrollarse.

Este alcornocal no se puede comparar en extensión con los extremeños o los salmantinos, pero no es desconocido para los expertos. La prueba es que en el Museo del Corcho de Extremadura está presente una muestra del corcho que aquí se extrae.

La senda comienza en una plaza del municipio.
Está muy bien señalizada.
La senda siempre discurre por caminos.
Ofrece variedad de paisajes.
La senda puede recorrerse en su totalidad o buscar caminos que la acorten.
Refugio o caseta de cazadores.
La presencia del jabalí se hace notar, tal como se aprecia en esta tierra removida en la que ha hozado buscando bayas y raíces.
Testimonios de la explotación del bosque.
La actividad humana también forma parte del paisaje. El término de Foncastín tiene abundante plantación de uva verdeja.

El Zapardiel a su paso por Foncastín ya está próximo a su desembocadura, y junto al puente que conduce hacia la torre del antiguo castillo, hay una pequeña presa. Esta vega no tiene arbolado alguno pues se ha dedicado a la agricultura.

La próxima semana daremos un paseo por Foncastín.

CASA DE JOSÉ ZORRILLA: AIRE DE ROMANTICISMO

El descuido de una criada permitió que el niño José entrara en aquella habitación que siempre estaba cerrada. Era el dormitorio de huéspedes de la casa que ocupaba la familia Zorrilla, y nadie entraba en él salvo ocasionalmente para ventilarlo. Pero  aquel día, José empujó la puerta entreabierta y vio que sentada en la silla de la habitación estaba su abuela paterna Nicolasa. Había fallecido antes de que naciera el que sería futuro poeta y dramaturgo, por lo que éste nunca llegó a conocerla. Pero ahí estaba su abuela con la que, recogido en su regazo, estuvo charlando. Desde entonces acá no son pocas las veces que el espectro de Nicolasa vaga por la casa del poeta.

Era esta una casa que la familia tenía en alquiler y en la que el dramaturgo vivió hasta cumplir 7 años. A finales del siglo XIX la casa estaba totalmente abandonada y el propio Zorrilla, a un amigo, le hizo saber su desazón por aquello. A punto de cumplir el centenario del nacimiento del poeta (1917), el Ayuntamiento adquirió la casa y la comenzó a rehabilitar para convertirla en el museo que es hoy.  Y si el resto de España fue justo con él reconociendo sus méritos, y para ello se le eligió miembro de la Academia Española en 1882 -cumplidos los 65 años-, no lo fue menos la ciudad que le vio nacer. Para ello, el Ayuntamiento de Valladolid acordó, también aquel año, nombrarle “Bibliotecario y Cronista honorario de la Corporación”, cargo que le reportaba una gratificación de 4.500 pesetas anuales que contribuyó  a aliviar su precaria economía.

El ambiente de la casa refleja la época de Zorrilla. Muebles, decoración, lámparas, instrumentos de música, mesas y sillas recrean un lugar en el que se vivía y también se recibía. Pues quien se diera a conocer como poeta en Madrid ante el féretro de Larra, alcanzó la fama y reconocimientos suficientes como para tener numerosas amistades en todos los ambientes sociales

No son originales todos los muebles de la casa, aunque la mayoría han sido donados por la familia de Zorrilla, pero sí algunos le pertenecieron y fueron usados por él. Por ejemplo la mesa, sillón y librería del escritorio.  También la Diputación Provincial ha depositado algunos muebles en la casa.

El fallecimiento de Zorrilla, acaecido en 1893, a punto de cumplir 76 años, fue un  acontecimiento en la villa de Madrid, cuyos habitantes salieron a la calle para despedir el cuerpo del poeta.  Y tres años después, sus restos  fueron traídos al  cementerio de Valladolid para que reposaran en el panteón de Personas Ilustres.

De su fallecimiento hay dos testimonios en la casa: la mascarilla mortuoria que le moldeó Aurelio Rodríguez Vicente Carretero, el mismo que más tarde fundiría la estatua en bronce que preside la plaza de Zorrilla; y el sillón del escritorio, donde dice la tradición que murió, toda vez que los problemas respiratorios que le aquejaron durante los últimos días de su vida le impedían estar tumbado largo tiempo y que, por tanto, sentía algún alivio sentado en este sillón y recostado sobre el escritorio.

CASA DE JOSÉ ZORRILLA: c/ Fray Luis de Granada, 1. Valladolid.

VISITAS: martes a sábado: 10 a 14 y 17 a 20 h. Domingos y festivos: 10 a 14 h.

Jardín de acceso a la Casa, en el que se instalado un busto de Narciso Alonso Cortés realizado por Miguel Ángel Tapia, escultor e imaginero vallisoletano.

Reciben sendos retratos de Alonso Cortés, del pintor Rementerería, y de Rosa Chacel, del artista Alejandro Cabeza, que lo ha donado desinteresadamente. Rosa Chacel era sobrina nieta de Zorrilla. Cuenta Chacel en su libro “Desde el amanecer”, que su madre, siendo ella niña, le llevaba al cementerio del Carmena visitar la tumba de Zorrilla, y como estaba enterrado en el Panteón de Personas Ilustres, pues que pensaba que era el panteón de su familia.

 En el salón de la música, que acoge un piano y un arpa, artistas y políticos pasaban algunas tardes alrededor del autor de “Don Juan Tenorio”.

Corona laureada de bronce que preside el comedor. Le fue entregada por el Ayuntamiento de Barcelona entre las 892 coronas, algunas de oro, que le regalaron  corporaciones, liceos y ateneos de toda España cuando  fue coronado en Granada, en 1889 y con 72 años, Poeta Nacional en presencia de representantes de la Reina y de numerosos políticos, artistas y escritores.

Escritorio y sillón utilizados por Zorrilla.

Pajarera típica de las casas burguesas de entonces.

Una costumbre de la época era decorar los abanicos, incluso que estuvieran dedicados, como si se tratara de los actuales autógrafos.

La habitación de los huéspedes, donde según la leyenda se apareció la abuela al poeta.

 Apunte al natural tomado en el féretro de Zorrilla. Está junto a la máscara mortuoria que hizo el escultor Aurelio Carretero y  que luego serviría para hacer  la estatua del poeta en la plaza de Zorrilla.

Recientemente el Ayuntamiento de Valladolid ha recibido un legajo de Gaspar Núñez de Arce,  y en la casa se expone un retrato del escritor y político vallisoletano,  y una corona de uno de los importantes homenajes que conoció en vida.

Un interesante paisaje que representa el Espolón Nuevo que había en la orilla del Pisuerga a la altura de donde ahora, más o menos, está la playa. Es de 1815 y refleja el ambiente entre recreativo y cortesano de aquella época. Su autor es Leonardo de Araujo.

Y nos despide la calesa original usada por el escritor, en el zaguán de la casa.

EL CASO DEL SECUESTRO DE LA HIJA DEL GENERAL MORO, MIZZIAN

Amiga lectora, amigo lector, esto que va a leer se aparta un tanto de los contenidos que caracterizan este blog. Pero si les voy a contar esto es porque cuando me hablaron, y leí la palabra Valladolid implicada en la rocambolesca historia del general Mizzian, me puse a indagar en el tema. Prevengo que, al final, Valladolid no tiene apenas protagonismo en la historia, pero depués de muchas lecturas y rastreos en la red, me ha parecido interesante y tierna al mismo tiempo por cuanto, en realidad, se esconde la historia de dos enamorados que sí parece que estuvieron en algún momento de sus vidas en Valladolid.

Alguien me comentó que en el relato de  un oscuro episodio protagonizado por el único general musulmán que ha habido en el Ejército  Español, y amigo personal de Franco, aparece el nombre de Valladolid.

Ciertamente, si se mira la Wikipedia y diversos artículos periodísticos relacionados con Mizzian, Valladolid aparece citado como lugar de refugio de dos enamorados. Pero no eran dos enamorados cualquiera, como luego veremos.

¿Pero, verdaderamente Valladolid tuvo algo que ver en la historia que voy a pasar a relatar?

Tengo muchas dudas, tantas como la escasísima información que hay sobre el particular. Pero puestos a mirar, y aunque finalmente Valladolid tenga, en todo caso, un papel pequeñito en todo lo que rodeó aquello, no deja de ser una historia que tiene su interés.

Y a ella vamos.

“Mi esposa, doña María Zelija ha sido secuestrada por su padre, el Tte. General Mizzian”, escribió el capitán letrado del ejército español al ministro de Asuntos Exteriores, pero Franco, una vez puesto al corriente de asunto,  nada quiso saber de ello. Corría el año de 1957.

Para tener una visión de quien fue el general Mizzian acudí al diccionario de biografías que publica la Real Academia de la Historia. La de este personaje la firma el historiador Jesús María Ruíz Vidondo. De su texto he destacado, por resumir, lo siguiente:

Mohammed b. Mizzian, Bel-Kasen.El Mizzian. Béni Ensar (Nador, Marruecas), 1.II.1897 –Madrid, 1.V.1975. Militar de los ejércitos de España y Marruecos, en los que alcanzó la máxima graduación.

Hijo de un caíd fiel a España, jefe de la cabila de Mazuza, a la que pertenecía su pueblo natal, la dedicación a la milicia de Mizzian comenzó  en 1913, cuando una vez cumplidos los dieciséis años, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo.

Desarrolló toda su primera parte de vida militar en el ejército de África, donde en 1925, recién ascendido a comandante, comenzó su relación con Franco, entonces teniente coronel. El 17 de julio de 1936 estaba destinado en Melilla y se unió a la sublevación militar.

Una vez que la rebelión triunfó en África, el 14 de agosto aterriza en España y al mando de sus regulres toma parte de la marcha sobre Madrid.

Al terminar la Guerra Civil,  siempre unido al general Franco, continua su carrera militar en la que llegó a ser capitán general de Galicia y de Canarias, hasta que, en 1956, al obtener Marruecos su independencia es invitado por el rey Mohamed V para organizar el nuevo Ejército marroquí; en 1964 fue nombrado ministro de Defensa; en febrero de 1966 embajador de Marruecos en España; y en 1970, con Hassan II, de nuevo volvió a formar parte del gobierno marroquí como ministro de Estado.

En su larga trayectoria militar, obtuvo múltiples condecoraciones. Y el 27 de marzo de 1975, aquejado de una grave enfermedad fue ingresado en el Hospital General del Aire, donde falleció el 1 de mayo siguiente, siendo sus restos trasladados a Marruecos.

A esta brevísima reseña biografía, algunos testimonios suman el comportamiento cruel con sus enemigos en las operaciones militares en las que intervenía con sus tropas. A este respecto tiene  una leyenda muy controvertida y una imagen bastante negativa tanto en la Guerra Civil española como cuando en Marruecos,  en 1957,  reprimió la revuelta del Rif. Según relata el periodista corresponsal en la Guerra Civil John Whitaker, en su libro “El miro de la Cruzada de Franco”, y en un artículo de la revista “Foreing Affeirs” cita los casos de entregar a dos jóvenes españolas para que fueran violadas por un destacamento de 40 soldados; bombardear un hospital de tropas republicanas;  y otras atrocidades cometidas por sus tropas en la conquista de Manresa. Noticias de las que se han hecho eco varios reportajes de prensa.

Decíamos que la carrera militar de Mizzian estuvo muy unida a Franco y los afectos del Dictador por el general moro eran firmes, tal como relata Francisco Franco Salgado-Araujo  en su libro “Mis conversaciones privadas con Franco” (editorial Planeta, 1976). El autor del libro era primo carnal de Franco y alcanzó el grado de teniente general.

Detalle de la portada del libro.

Veamos algunos pasajes del libro en los que Franco se refiere a Mizzian:

 “Es muy amante de España y también un buen musulmán, religioso y recto”.

 “Esto no puede ser, es una injusticia a Mizzian, que se batió constantemente en defensa de la misión de España en Marruecos y durante nuestra guerra”.

(Este comentario viene a cuento de que al pasarse al Ejército de Marruecos, el Consejo Supremo de Justicia Militar aprobó retirarle la paga de General español que percibía. Pero Franco intervino en favor de Mizzian, lo que, por cierto, parece que creó gran malestar en círculos oficiales españoles.)

Mizzian se portó siempre muy bien cuando perteneció al Ejército español, desde que salió de la academia; es un gran amigo al que aprecio sinceramente”.

Mizzian (a la sazón embajador de Marruecos en España) sabe simultanear el cariño a su Patria adoptiva con el que siente por la de su nacimiento. Mizzian prestó a España muy buenos servicios y eso no se puede olvidar nunca”.

Desde luego, la relación y profunda amistad entre Franco y Mizzian se reforzó a raíz de una acción de guerra en África. Así lo cuenta el diario ABC el 21 de julio de 2019: Según escribe Emilio López, corresponsal de «El Telegrama de Melilla» en Tetuán, en una crónica fechada el 3 de octubre de 1924, tras una dura escaramuza en la zona del Mitral. Un moro enemigo se alza de pronto a unos cuatro metros de Franco. Pero antes de que el enemigo apriete el disparador,  el capitán Mizzian, con un rápido movimiento de pistola le abatió: había salvado la vida a que sería futuro “Caudillo” de España.

Relatado todo lo anterior, comprenderemos  mejor lo que llamaremos “Asunto secuestro de la hija de Mizzian”.

“Entonces estalló el escándalo del general ben Mizzian, que no apareció en la prensa pero conmocionó los medios militares.” Escribe Gabriel Cardona en su libro “Franco y sus generales. La manicura del tigre”, editado por Temas de Hoy S.S en el año 2001. Y prosigue: “Pretendía casar a una de sus hijas con un musulmán, pero la chic, acostumbrada a vivir en España, desobedeció al padre y se casó con un capitán español. Parecía pasada la tormenta, y la pareja viajó a Tetuan, donde Mizzian hizo raptar a la recién casada, la envió a Tánger y obligó a su marido a regresar a España”, -escribe en la página 177- y continúa, “La noticia corrió de boca en boca e irritó a numerosos militares, pero Franco se inhibió y la pareja no pudo volver a reunirse”.

Podemos saber algo más de los entresijos de este sorprendente asunto. Para ello volvamos al libro de “Mis conversaciones privadas con Franco”, y esto relata su autor:

-Pasa Franco a comentar el asunto de la boda de la hija de Mizzian y de las incidencias que ha habido con motivo de la oposición de dicho general a reconocer la boda de su hija con un católico, así como la conversación de ésta llevada a cabo con el padre Martín Artajo.

Franco me dice:

“Le he manifestado al ministro del Ejército que no se meta en este asunto. No quiero caer en las redes que trata de tenderme el señor Gil Robles, que ha sido o va a ser nombrado abogado de esta cuestión. El marido de la hija de Mizzian me ha escrito por conducto de la secretaría y se le acusó recibo con un saluda de Felipe Polo. Por parte del novio se han sacado copias del saluda con el fin de dar al asunto mayor publicidad.

No puedo aprobar lo que se ha hecho con Mizzian, que prestó a España muy buenos servicios y que siempre ha sido muy respetuoso con nuestra religión  católica (…) Se intenta meterme, lo mismo que al Estado, en un asunto en el que no se debe intervenir. Hasta que el marido de la hija de Mizzian fue con ella a Tetuán, no había en lo sucedido el menor delito para que interviniesen los tribunales de justicia. En Tetuán, el general a las órdenes del Sultán manda a su hija a Tánger y no le deja reunirse con su marido. Se trata de un asunto en territorio extranjero en el que no tenemos la mejor jurisdicción; Mizzian no está a las órdenes del gobierno de España y desea causar baja en nuestro Ejército. Que intervengan si quieren las autoridades marroquíes, pero no el gobierno de España, que jamás se ha mezclado en ningún asunto perteneciente a la jurisdicción  de los tribunales de justicia, que gozan en España de absoluta independencia en su actuación.”

Según el autor, esta conversación tuvo lugar el 4 de marzo de 1957. Sabemos que Mizzian el día 22 de ese mismo mes y año causó la baja del Ejército español  que él había solicitado, tras haberse incorporado al servicio del gobierno marroquí en octubre de 1956, fecha en que cesó como capitán general de Canarias.

 ¿A cuento de qué venía aquel largo comentario de Franco?

Volvamos a algunos detalles de la vida, digamos, privada del general Mizzian.

Estaba casado desde 1925 con Fadela Amor, con la que tuvo siete hijos, seis niñas y un niño, Mustafá, que estudió en la Academia de Artillería de Segovia, pero murió en un accidente con un brasero. De sus seis hijas, dos de ellas se casaron con militares, una con un marroquí que en 1971 fue ejecutado por encabezar un intento de atentado contra el rey Hassan II, y la otra, que se casó en secreto con un Capitán español, sobrino del que era Ministro de Asuntos Exteriores Alberto Martín-Artajo. Esta boda se produjo cuando su padre ocupaba su último cargo español: capitán general de Canarias entre 1955 y octubre de 1956, mes en el que pasó al servicio del gobierno de Marruecos, causando baja definitiva en el Ejército Español el 22 de marzo de 1957, como más arriba ya hemos dicho.

Algunas publicaciones ponen en duda sobre si llegó a celebrarse la boda, pues relatan que Mizzian consiguió separar a los novios antes de la boda. Debe quedar claro, de acuerdo con una carta (que más adelante reproduciré)  que el militar español escribió al ministro de Asuntos Exteriores, que sí llegaron a casarse.

Franco recibiendo las credenciales de Mizzian en calidad de embajador de Marruecos en España

La boda provocó las iras de Mizzian, musulmán convencido, porque para celebrarla, la hija se convirtió al catolicismo. Para separar a la pareja, el general planeó secuestrar a su hija, que se hallaba refugiada en Valladolid. Con tal fin, convenció a la pareja para que viajara a Tetuán con el pretexto de reconciliarse con su padre. Pero, a su llegada, en el mismo aeropuerto un oficial, siguiendo instrucciones suyas, retuvo a la hija enviándola a Tánger para que se casara con un poderoso marroquí al que su padre antes la había prometido en matrimonio, a la vez que expulsaban a su marido.

Aquel incidente, ocurrido en 1956, provocó hondo malestar en la oficialidad española, sobre todo por la inhibición del gobierno español, tal como más arriba hemos relatado.

Pero ¿estaba la pareja en Valladolid, tal como refieren diversos artículos periodísticos?

Lo primero que hay que decir que la siempre citada en artículos y reportajes como “hija de Mizzian” se llamaba Zelija (quizá occidentalización del nombre árabe Zellidja), al que tal vez más tarde antepondría el de María… Pero no adelantemos detalles. Y el capitán español, Guillermo de Olózaga.

La respuesta puede ser sí y no. Es decir que parece cierto que la pareja estuvo en Valladolid, pero un tiempo muy breve, sin que haya averiguado  donde residían en el momento en que emprendieron viaje a Tetuán, engañados por Mizzian. Algo que podríamos saber si dispusiéramos del historial de destinos de Olózaga.

Diseño que ganó el concurso para poner la laureada al escudo de Valladolid, que Franco concedió a la ciudad el 18 de julio de 1939

Según el tinerfeño Evaristo Fuentes Melían (escritor y cronista canario), en su blog “Diario del Valle”  ha publicado sendos artículos referidos al tema (enero de 2014 y septiembre de 2018) en los que cuenta que las hijas de Mizzián, residentes en Santa Cruz (recordemos que su padre era entonces capitán general de Canarias), aspiraban a occidentalizarse y, por tanto, trataban de llevar una vida muy europea, y tuvieron sus novios, y fue en 1955 cuando comenzaron su relación Guillermo y Zelija, que en 1956 se casaron en secreto por el rito moro en Santa Cruz. Cosa, esta última, que no encaja. Y también se hace eco del viaje de la pareja a Marruecos y el secuestro de la hija de Mizzian. Que el novio posteriormente se casó con una mujer de Las Palmas y que de la secuestrada nunca más se volvió a saber nada. Dice, igualmente, que Guillermo falleció (sin indicar la fecha), y que había nacido hacia 1934.

Pero, volvamos sobre nuestros pasos. Valladolid ha salido a colación como el lugar en el que se hallaba refugiada la pareja. Refugiada o no, lo que sí parece cierto es que estuvieron unos días en Valladolid.

Vamos a un libro tan curioso como ilustrativo para poder continuar componiendo esta historia. Se trata del libro de Juan Eslava Galán titulado “De la alpargata al seiscientos”, editado por Planeta en 2010. En él, hay un pasaje sobre esta boda. Dice en su página 292: “El año pasado cuando (Mizzian) era capitán general de Canarias, se conocieron y se enamoraron una hija suya y un capitán del Cuerpo jurídico del Ejército destinado en Santa Cruz de Tenerife. Mizzian, que seguía profesando la religión musulmana, se opuso a que su hija se casara con un cristiano, pero no puedo evitar que los enamorados se casaran en secreto. Después de unos meses sin trato alguno con la pareja rebelde, Mizzian pareció recapacitar, aceptó la boda y para mostrar que por su parte todo estaba olvidado invitó a la pareja a un segundo viaje de novios por Marruecos. Cuando los recién casados aterrizaron en Tetuán, retuvo a la hija y envió al yerno, con una escolta, a la frontera de Ceuta. Tiempo después obligó a la hija a casarse con un moro de buena familia. (….) Y el Caudillo, ¿qué dice de todo esto? –pregunta uno  de los ilustres soldados- (…) Franco se ha desentendido.”

Según este relato, la boda se celebró en 1956, y por la carta de Olózaga, sabemos que el secuestro  se produjo el 23 de noviembre de ese año. Es decir fue una de las primeras cosas que hizo Mizzian recién incorporado al servicio de Marruecos.

Bien, es hora de conocer con todo detalle la carta que el capitán Guillermo de Olózaga dirigió al ministro de Asuntos Exteriores. Está remitida desde el Hotel Terminus, de Palma de Mallorca el 14 de noviembre de 1959.

Esas fechas cuadran perfectamente a tenor de la carta que el oficial español dirigió al ministro de Asuntos Exteriores fechada en Palma de Mallorca el 14 de noviembre de 1959.

La carta dice así: “Excelencia. Con fecha 8 de abril del año 1957 fui llamado por ese ministerio, concretamente al Departamento de Asuntos Marroquíes, por el Sr. Bermejo. Este, hablándome en nombre de V.E. –según afirmó- y en relación a la carta dirigida por el entonces embajador en Rabat, Sr. Alcocer, en la cual carta rogaba asilo diplomático para mi esposa doña María Zelija Mizzian, el Sr. Bermejo, repito, me encareció pusiera en conocimiento de mi esposa –secuestrada por su padre Tte. General Mizzian- no se refugiara en la citada embajada española a causa de las consecuencias que tal hecho desencadenaría. Se me hizo saber así mismo que la citada comunicación la haría llegar este Ministerio, caso de que a mí me fuera imposible. Igualmente me hizo conocer el Sr. Bermejo el agradecimiento que V.E. me guardaría si daba mi consentimiento a la citada propuesta. Aseguró entonces el nombrado Sr. Bermejo que en breve, no tanto como mi lógica impaciencia requería, pero sí “presto” mi esposa tornaría a mi lado.

Hoy, pasados dos años largos de esta entrevista, a raíz de la cual suspendí cuantas actuaciones tenía iniciadas o pensaba iniciar, y a punto de cumplirse, el 23 del presente mes, los tres años del secuestro de mi esposa, me permito dirigirme a V.E., para preguntarle si este compás de espera ha de prolongarse aun durante mucho tiempo o bien he de dar al olvido la referida entrevista y lo en ella hablado y puedo, por tanto, iniciar y continuar cuantas actuaciones crea convenientes para la solución de este doloroso caso.

Con el debido respeto, queda a las órdenes de V.E.

Guillermo de Olózaga”

La carta le fue remitida a Franco por el ministro. La misma pertenece a la Fundación Francisco Franco y se conserva una copia en el Archivo de la Guerra Civil en Salamanca.

Vamos a finalizar ya,  pero  debemos saber porque Valladolid aparee en lo que hemos llamado “Asunto secuestro de la hija de Mizzian”.

¿Quién era el capitán Guillermo Olózaga? Según el  libro de Eslava, se trata de un hijo de buena familia y sobrino carnal de Alberto Martín-Artajo Álvarez (1905-l979) que fue ministro de Asuntos Exteriores entre julio de 1945 y febrero de 1957, justo cuando es secuestrada la esposa de Olózaga, y razón por la que el militar español pensaría que al amparo de la influencia de su tío, pronto volvería a reunirse con ella. Pero ya hemos conocido la decisión del Caudillo al respecto: no incomodar a su amigo Mizzian. Una actitud que levantó ampollas entre la oficialía del Ejército, cuyos comentarios, en todo caso, no pasaron de las salas de banderas de los cuarteles.

Mas, los Martín-Artajo Álvarez tienen más que ver con los avatares de nuestra pareja de enamorados: eran ocho hermanos (cinco mujeres y tres hombres), y de entre ellos también sobresalió José Ignacio.

José Ignacio (1904-1984) se ordenó sacerdote de la Compañía de Jesús en 1937 y en 1965 alcanzó el grado de doctor ingeniero electromecánico. Fue brillante en su profesión que la ejerció sobre todo como profesor del Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI) perteneciente a la Universidad Pontificia de Comillas. Y en 1970 ingresó en la Academia de Doctores de Madrid.

Y este José Ignacio es quien nos da la clave de la presencia de Valladolid en todo este asunto, pues, siempre siguiendo a Eslava, la pareja de novios estuvo en Valladolid en 1956 haciendo un cursillo de catequesis (¿matrimonial?) que impartía el tío de Guillermo. Es aquí donde Zelija se convierte al catolicismo, sin que pueda saber si en la ciudad llegara a bautizarse e incluso casarse, añadiendo (casi seguro) el nombre de María al suyo, Zelija.

De como terminó aquella historia nada he podido averiguar, pero no es difícil hacerse una idea de que aquella pareja, tristemente, no volvió a reunirse.

Y esto les he contado, damas y caballeros, después de consultar un puñado de libros, algunos archivos, varios reportajes de prensa, algunas páginas de blogs y algunos documentales.

LA COPLA DE PEPINILLO Y EL MOTÍN DE 1904

Hay en Valladolid una calle llamada Sierpe (que por cierto también tienen ese nombre –o en plural Sierpes- calles de otras ciudades, como Granada, Toledo, Madrid o Sevilla).

Nuestro cronista oficioso de cabecera –Juan Agapito y Revilla-, dice que en una fachada de esta calle, sobre el balcón del  primer piso (que ya no existe) había una gruesa serpiente, o mejor dicho, un monstruo alado, tallado sobre piedra, en relieve. Pero el nombre de la calle seguramente no venga por aquel detalle, sino por la forma o trazado de la misma, pues en los planos antiguos esta calle tenía la forma de una serpiente.

Sigue Agapito y Revilla diciendo que el trazado de la calle ya existía en el siglo XV, aunque no se le diera nombre alguno, pero reconocible por la relación que en 1402 se hizo de las casas que bordeaban la callejuela del Salvador y otras rincones de la zona.

La calle cuenta con sus propias leyendas, como aquella que habla de la aparición de monstruos alados, de ahí su nombre. Pero lo que la hizo especialmente popular fue un luctuoso acontecimiento ocurrido en sus inmediaciones durante la huelga del pan de 1904, en el que perdió la vida un muchacho por disparos de las fuerzas de orden público. Pero más abajo entraremos en detalle.

Como se puede ver en el plano de Ventura Seco (año 1738), la calle de la Sierpe, con su forma sinuosa, empezada en la calle de Orates (actual Cánovas del Castillo) y terminaba en la plazuela del Salvador.  El número 15 del plano es la iglesia del Salvador, y el numero 74 el Hospital de Orates (donde se curan los locos).

En  el plano de 1890 aún se puede ver el trazado de la vieja calle Sierpes. Y el callejero actual el último tramo de aquella calle ahora convertido en calle Castelar,  que desemboca en plaza del Salvador.

Probablemente la casa donde estaba la serpiente o monstruo alado del que se conservan algunos restos en el Museo de Valladolid, fuera una posada –la posada de la Sierpe- cuyos propietarios mandaran adosar este adorno a la fachada para que los viajeros la distinguieran del resto de las casas de la zona. Los restos que se conservan en el Museo de Valladolid datan de 1882.

La calle cuenta con sus propias historias, como aquella que dice que en la misma aparecieron monstruos alados. Pero, sin duda, aunque ya muy perdida en la memoria, el nombre de la calle alcanzó fama popular en Valladolid a raíz de unos incidentes que ocurrieron en sus inmediaciones durante la huelga del pan de 1904.

José Delfín Val, actual cronista oficial de Valladolid, escribió en su día  que a principios del siglo XX por las calles de la ciudad se cantaba una coplilla que decía: En la calle de la Sierpe / mataron a Pepinillo, / por hacer burla a los guardias / y enseñarles el culillo.

El guardia que disparó contra Pepinillo formaba parte de las fuerzas del orden que estaban dispersando una de las varias manifestaciones que hubo en Valladolid durante unos días de marzo de 1904, con motivo de la subida del precio del pan. Se trataba de uno de los varios episodios que ha conocido Valladolid, y otras ciudades españolas, en los siglos XIX y XX con motivo de la carestía de la vida y del pan especialmente. Por “motines del pan” se suelen conocer.

Es el caso que Pepinillo, según este castizo relato,  murió abatido por los disparos por haberse bajado los pantalones y dedicar una ventosidad a la autoridad.

Otra versión de la copla dice: Mataron a Pepinillo / en la calle de la Sierpe, / por hacer burla a los guardias, / y enseñarles lo que no debe.

Es el caso que esa coplilla hizo fortuna aunque las cosas no fueron tan graciosas. De aquellas revueltas hay un poco conocido escritor, cineasta y escultor: Manuel de la Escalera, nacido en Méjico en 1895 y fallecido en Santander en 1994, que ha reflejados algunos recuerdos de Valladolid, donde por azares de la vida, siendo niño, durante unos años vivió  en Valladolid con su familia. Y del caso Pepinillo escribió esto en su libro “Mamá Grande y su Tiempo”: “A lo lejos sonó una corneta. Cuando pasábamos por la calle de Cantarranas, oímos a nuestra espalda un galope de caballos. Jesús me hizo subir precipitadamente a la acera. En la angosta calleja revolotearon un momento las capas negras de dos civiles. Llevaban el sable desenvainado y vi saltar chispas de las herraduras de los caballos.

-¿Qué ocurre? –insistí.

-Hay huelga –me informó Jesús-. Creo que es cosa de Pepinillo.

-¿Quién es Pepinillo?

-No lo sé.”

El relato de su pariente continúa diciendo que se dirigían a toda prisa a su casa en la calle Duque de la Victoria (donde había un piquete de guardias civiles rodilla en tierra. Y una vez que entraron en su vivienda papá, con unos prismáticos, desde el mirador iba relatando lo que ocurría en la plaza de Fuente Dorada: “Pepinillo anda por los soportales. Va de columna en columna. Ahora se asoma y hace burla a los civiles con la mano en la nariz (…) Ha pasado de los soportales al urinario. Sabe que los civiles tienen que dar aún otro toque de atención antes de hacer fuego. Además el urinario es de chapas de hierro. Pero no sabe que las balas lo atravesarán (…) Ahora sale otra vez del urinario y (…) ¡Se ha bajado los pantalones! Sí, se los ha bajado y enseña a los guardias el… ¡Ave María purísima! –exclamó mi abuela-. En aquel momento sonó la descarga. Ahora –concluyó al fin con la voz apagada- lo han matado.”

En la foto de la plaza de Fuente Dorada de aquella época, puede verse en primer plano el urinario, o columna mingitoria, en la que según el relato de Manuel de la Escalera, se refugió Pepinillo.

Mas, contadas estas versiones más literarias que reales, la verdad es que la cosa fue trágica, sin ninguna gracia y sin bajada de pantalones. Veamos cómo lo relato El Norte de Castilla.

La jornada del 8 de marzo de 1904 fue tremebunda y dejó honda huella en la ciudad. La crónica, publicada el día siguiente, necesitó de un par de páginas del periódico para poder narrar cuanto ocurrió, además en pocas horas. Diremos, resumiendo, que el movimiento de soldados, guardias y manifestantes (hombres, mujeres y mozalbetes) fue una locura. Hasta el punto que algunos concejales y conocidos académicos, como Calixto Fernández de la Torre, intervinieron para evitar que algunos obreros, y un muchacho, que portaban armas, las usaran contra los uniformados.

Todo el entorno de la plaza de Fuente Dorada y la plaza Mayor era un desenfrenado ir y venir de gente: gritos, carreras, pancartas, banderas, disparos, pedradas…

Y aquí aparece Santiago Maniega, alias Pepinillo. Un muchacho de 15 años oriundo de Palencia, donde vivían sus padres. Al parecer, desde el cruce de las calles Sierpe y Regalado, Pepinillo, como otros muchachos desde otros lugares, lanzaba  vigorosas pedradas con un honda al mismo tiempo que injuriaba a los guardias. El muchacho, de rato en rato se asomaba a la calle, arrojaba una piedra y volvía a esconderse. Los guardias daban toques de atención y disparaban sus fusiles. Las balas parecían esquivar al muchacho durante un largo rato, hasta que una de ellas rebotó en la pared y le hirió en una pierna. No obstante, aún siguió disparando su honda… pero finalmente, una bala de fusil Maüsser le alcanzó en la cabeza, y por efecto explosivo del proyectil,  “El ojo, la nariz, el pómulo y maxilar superior desaparecieron” relata la crónica. Por cierto, otro muchacho quedó gravemente herido.

La muerte del joven produjo una emoción espantosa. El fuego cesó y las calles quedaron totalmente desiertas. Varios manifestantes recogieron su cadáver de la calle de la Sierpe, lo pasearon por las calles y se dirigieron a los talleres del ferrocarril para  mostrárselo a los obreros.

Detalle de la crónica que publicó El Norte de Castilla.

Hasta entonces, nadie había intentado oponerse a que el alborotado grupo fuera exhibiendo el cadáver de Pepinillo, pero que una descarga de la guardia civil dispersó el grupo. Las autoridades recogieron su cuerpo en una camilla y lo llevaron hasta el depósito del Hospital Provincial.

Al día siguiente fue enterrado.

Como se puede ver, la cosa tuvo muy poca gracia, a pesar de que la coplilla le haya puesto el saleroso “mataron a Pepinillo por enseñar el culillo”. Por hacer un calvo, diríamos hoy día.

LÁPIDAS CONMEMORATIVAS EN LA CASA CONSISTORIAL

Una vieja y tradicional manera de perpetuar el recuerdo de personas y acontecimientos destacados es fijar lápidas  conmemorativas  en los muros de edificios relevantes: casas consistoriales,  iglesias, palacios o casas notables. Y Valladolid, desde luego, no es una excepción: dónde matrimoniaron reyes, en qué casa nació, vivió o murió tal o cual personaje, recuerdo de una inauguración, etc. Así que son cientos las placas o lápidas que cuelgan de las paredes y muros del caserío vallisoletano.

Si hay un edificio singular e irrepetible en una ciudad es su Casa Consistorial (el Ayuntamiento, vaya, como todo el mundo la conoce). Así que en el interior y exterior de la Casa Consistorial, son los lugares en los que seguramente más lápidas se pueden contabilizar.

Lo primero que hay que indicar es que el actual Ayuntamiento se inauguró en 1908 y sustituyó otro anterior que se levantó en el mismo lugar después del famoso incendio que asoló el centro de Valladolid en 1561.

Su arquitecto fue Enrique María Repullés y Vargas, que es el mismo que construyó el edificio de la plaza Mayor que hace esquina con la calle de Ferrari: se puede observar la similitud de los pilares y arcos que sustentan uno y otro que, por cierto, rompieron la estética original de columnas de granito que singularizaban a la Plaza Mayor y resto de calles soportaladas de su entorno. Pero esa es otra historia.

Mas, como es una gran verdad que vale más una imagen que mil palabras, veamos una por una las que he localizado, pues no descarto que en alguno de los muchos despachos del edificio haya alguna lápida más de las que aquí se muestran.

Fachada de la Casa Consistorial, a izquierda y derecha hay tres placas.

Placas de la fachada, cuyos textos no requieren explicación, excepto la duda de si lo coronación de Doña Berenguela y su hijo Fernando el Santo realmente fue en esta plaza, o  en la de Santa María, es decir la actual de la Universidad, más o menos.

Con motivo de los 100 años de la inauguración de la Casa Consistorial en 1908, se colocó este bronce en el suelo bajo los arcos de entrada, para recordar el edificio que antes que este hubo en el mismo solar, solo que era bastante más pequeño.

Vestíbulo de acceso a la Casa Consistorial.

En el vestíbulo, a la izquierda una placa cuyo texto se ha ido borrando, que se instaló en 2008 para conmemorar  los 100 años del nuevo edificio consistorial.

Lápida en recuerdo de González Dueñas, un vallisoletano que desarrolló una destacada  vida empresarial en Valencia. Valladolid le agradeció la cesión de buen número de pinturas al antiguo Museo de Bellas Artes y una importante cantidad de dinero para sostenimiento del Hospital de Esgueva. La placa se instaló en 1915, año siguiente de su fallecimiento.

Salón de Recepciones y la placa que hay sobre su puerta principal (en el interior).

Salón de Actos donde hay dos placas. Una recordando al alcalde Miguel Íscar, y otra a Germán Gamazo (diputado por Valladolid y cuatro veces ministro con Alfonso XII y la regencia de María Cristina).

Esta es una lápida que se quitó de la Sala de Comisiones a raíz de las primeras elecciones Municipales de 1979. Conmemoraba que el General Mola tuvo despacho propio en el Ayuntamiento a raíz de la toma de Valladolid por las tropas contrarias al gobierno de la República.

En uno de los despachos de la Casa Consistorial (de la Concejalía de Cultura), esta placa recuerda a González Peña, que fue un meritorio contable municipal (foto de Juan Carlos Arranz). La placa fue realizada por Cazenave (como la de Miguel Íscar),  acaso el más notorio marmolista de Valladolid. Aquel funcionario también fue reconocido cambiando el nombre de la antigua calle Galera por el suyo (detrás de la iglesia del Salvador), pero los franquistas destrozaron la placa en 1936 creyendo que el nombre era el de un destacado socialista asturiano, que se apellidaba igual.