ENTRE JERÓNIMOS Y EL ESPÍRITU DE PADILLA: LA MEJORADA (OLMEDO)

La Mejorada conserva una joya del mudéjar vallisoletano. Se trata de los restos de un monasterio que hunde sus raíces en el siglo XIV.

Ahora, lo más sobresaliente de aquel monasterio jerónimo es la llamada capilla del Crucifijo, de los Becerra o de los Zuazo, aunque no hay que menospreciar otras construcciones de interés. Lo cierto es que tras el paso de los franceses durante la Guerra de Independencia y la posterior desamortización, se perdió buena parte del esplendor que pudiera haber tenido en su momento.

En 1892  la orden de los dominicos adquirió la finca para instalar en ella un colegio, que estuvo en uso hasta los años 60. Vendida en 1984, pasó a convertirse en una explotación agrícola. A partir de ese momento unos edificios se derribaron y otros se descuidaron: todo lo que no  fuera útil para la producción agrícola fue sometido a la incuria de sus nuevos propietarios.  Y hasta que toda la finca en 1999 fue comprada por unos empresarios, entre los que se encontraba el afamado arquitecto Rafael Moneo, languideció como colonia veraniega juvenil y granja escuela, actividad muy de moda en las últimas décadas del siglo XX.

La inversión de aquellos empresarios fue para dedicar las instalaciones  a explotación vinícola abarcando todo el proceso de elaboración del vino: desde la cepa hasta la botella. No obstante, esta finca desde sus inicios medievales tuvo vocación vinícola, de tal manera que los monjes llegaron a construir hasta dos lagares.

Aquella iniciativa fue mano balsámica para el monasterio, pues no solo se paró la destrucción del patrimonio arquitectónico sino que se ha rehabilitado en buena parte. Sin duda a ello ha contribuido Moneo, que finalmente se quedó, junto con su familia, con la propiedad absoluta de la finca de La Mejorada, que actualmente tiene una extensión de 140 ha. de las cuales unas 40 se dedican en exclusiva a producción de uva.

Por cierto, un hecho tan histórico como poco conocido es que en La Mejorada se enterró el cuerpo de Padilla, una vez ajusticiados los capitanes comuneros después de la batalla de Villalar.  Carlos V no permitió que su viuda, María Pacheco, se llevara los restos hasta Toledo para evitar convertirle en un mártir. Una vez perdido Toledo para la causa comunera, el enterramiento de Padilla continuó en La Mejorada, sin que se sepa que fue de sus despojos… A lo mejor su espíritu está vagando por la finca.

Contado todo esto, vamos a dar un agradable paseo por los edificios que aún se mantienen en pie, no sin antes comentar que para quien esté interesado en ampliar información sin perderse en búsqueda de textos, recomiendo el artículo de José Menéndez Trigos y María José Redondo Cantera publicado en 1996 por la Universidad de Valladolid  titulado: “El monasterio de Nuestra Señora de La Mejorada (Olmedo) y la capilla del Crucifijo, o de los Zuazo” (se puede ver en internet).

La finca está a siete kilómetros de Olmedo, en la carretera que conduce a Matapozuelos. El último kilómetro hay que hacerlo por un camino en mediano estado pero perfectamente transitable.

 

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Aproximación a La Mejorada. El monasterio fue protegido por reyes y nobles, lo que le dotó de cuantiosas ayudas para su construcción y numerosas rentas para su mantenimiento. Por sus dependencias pasaron  principales actores de la historia de la España: Fernando I de Aragón, doña María (esposa de Juan II),  Isabel la Católica, Carlos V, Felipe II;  y otros personajes menos relevantes pero de gran importancia en la historia de Castilla, como los Alderete… Y Cristóbal Colón estuvo alojado mientras redactó su famoso (y  desconocido) Memorial de 1497, que versaba sobre la demarcación de los mares y tierras entre los reinos de Castilla y Portugal.

 

2 Viene el nombre de La Mejorada por la fundadora” María Pérez, que en la herencia recibió estos pagos porque sus padres habían “mejorado” su testamento respecto a lo que recibieron sus hermanos. Hacia 1330 ya se levantó una capilla y  luego unos ermitaños se hicieron cargo del lugar. En 1396 estos mismos ermitaños quisieron establecerse como monasterio y para ello adoptaron la Regla de San Jerónimo. A partir de este momento, y protegidos por Fernando de Antequera, futuro Fernando I de Aragón, los jerónimos comenzaron a recorrer un camino de esplendor arquitectónico y artístico.
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Puerta de acceso, del siglo XVIII.

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Un grupo de visitantes tuvo la fortuna de coincidir con Moneo, con el que comentó diversos temas,  antes de iniciar la visita guiada personalmente por la sumiller Paloma Cendón.

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Trazas de la antigua iglesia del monasterio, en cuyo cabecero se construyó la capilla mudéjar.

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Capilla del Crucifijo, del siglo XV. Se trata de una capilla funeraria, pues, en realidad, fue dedicada a albergar diversos enterramientos de personajes vinculados de una u otra manera con La Mejorada. De construcción mudéjar (estilo considerado por la nobleza y la iglesia como arte de lujo), fue declarada Monumento Nacional en 1931, lo que no sirvió para impedir que se siguiera deteriorando. La restauración ha querido ser respetuosa con los diferentes materiales, añadidos y modificaciones que ha ido teniendo a lo largo de los siglos. 

 

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Durante su restauración se ha localizado el color rojizo original que tenían sus paredes. Aunque han desparecido todos los enterramientos que en ella hubo, mantiene razonablemente bien su valor e interés arquitectónico y decorativo. Diversos estudios establecen un paralelismo  con las qubba islámicas: estructura cúbica cupulada, que en el cristianismo se ha dedicado a capilla o enterramientos, como es el caso de esta de La Mejorada.

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Arco gótico y  detalle de la antigua capilla de los Fonseca, que estaba unida a la del Crucifijo.

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La piscina que construyeron los dominicos escondía los restos de la antigua Hospedería Real, de la que ahora se aprecia el arranque de una de sus paredes. Estaba construida en tapial y ya muy deteriorada desde hace siglos.

 
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Casa del Peregrino cuyas dependencias se dedicaban a dormitorio de los peregrinos en su caminar hacia Santiago de Compostela,  y en el que también se alojaban los pastores que acompañaban a los rebaños de la Mesta que transitaban por estas tierras.

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Torreón de finales del XIX edificado por los dominicos sobre las antiguas dependencias de los monjes jerónimos cuyo edificio, desde el siglo XV (del que aún guarda sus trazas),  ha conocido numerosas reformas y añadidos.

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Panorámica del antiguo monasterio. Por debajo del torreón están la parte que se conserva del primer monasterio del siglo XV. Por cuya puerta vamos a  acceder al edificio.

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El Claustro Nuevo y la fuente Isabelina que ocupa su centro.

 
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En la parte baja del edificio se alojan las naves dedicadas a la elaboración del vino, aprovechando dependencias que los dominicos habilitaron a finales del XIX para  gimnasio.

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Refectorio del monasterio.

 
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Actual palomar, anteriormente fue una noria. El monasterio contó con numerosos dependencias: hospedería, enfermería, lagar y bodega, horno, panadería, colmenar, estanques, norias, etc.

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Almacén y puerta de Poniente, del siglo XVIII.

 

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Miembros muy destacados de la curia, como el cardenal Mendoza o los obispos Alonso y Juan de Fonseca, así como por ejemplo el Gran Capitán, fueron donantes que favorecieron el esplendor artístico que llegó a conocer  el monasterio, que contó con piezas señeras del arte hispano, como es el caso del retablo de Berruguete (en la foto) que ahora se conserva en el Museo Nacional de Escultura donde, por cierto, hay otras piezas de La Mejorada, como un Ecce Homo, la Virgen de la Rosa, un retablo de San Jerónimo, etc. Hay  obras del monasterio repartidas por diferentes lugares, como Olmedo.

NOTA: La finca ofrece visitas guiadas que se pueden concertar en comercial@lamejorada. es; o en el teléfono 625 677 208

EVOCACIÓN DE ANTIGUOS PARAJES EN CEINOS DE CAMPOS (II)

Un paseo de no muchas referencias, pero de una gran intensidad. En cada lugar que posemos la vista late la vida que otrora hubo en estos parajes. La soledad que ahora los caracteriza no puede ignorar el enorme trasiego de actividad que acogía. Paisajes que han mudado a lo largo de los siglos hasta el punto de que ahora ya apenas nada tienen que ver con el origen que los fue creando: pozos y abrevaderos para asegurar el agua del ganado lanar que transitaba por estos caminos. Caminos y descansaderos que acogían el ir y venir de los ganados cañariegos, viñedos…

… Un chozo descontextualizado pues en su origen no fue refugio de pastores, sino de viñadores; una fuente que servía para surtir de agua a un antiguo asentamiento romano…

La Cañada Real Leonesa Occidental entra en Valladolid por Mayorga y la actual carretera que desde Rioseco nos lleva hasta aquella población está construida siguiendo la cañada.

Para  nuestra excursión es recomendable venir desde Ceinos,  y nada más pasar el punto kilométrico 249 tomar un somero camino (1) que sale a nuestra derecha. Ahí dejamos el vehículo e iniciamos nuestro paseo a pie que, entre ida y vuelta no sobrepasará los 4 kilómetros.

 

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El paseo discurre por lo que aún se conserva de la cañada y los prados que no han sido arados por formar parte de la cañada y sus descansaderos. Estamos en Tierra de Campos y, por tanto,  el paisaje no puede ser más somero. Nuestro punto de referencia es la pequeña chopera que esconde la fuente de Santiago

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La primera construcción que nos encontraremos será el pozo de los Gallegos (2), uno de esos milagros de agua que hay en estas tierras. Tiene fama Tierra de Campos de seca,  pero lo cierto es que los terrenos alomados que recogen el agua  y la capa arcillosa que casi a flor de tierra impermeabiliza el subsuelo, hacen que sea relativamente fácil la existencia de fuentes y pozos, como este que aún da de beber a los rebaños que a diario recorren la cañada

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Nuestra siguiente parada (3) será el chozo escoltado por unos almendros. Ahora supongo que poca  utilidad tendrá, pero su exterior demuestra el interés de su propietario por mantenerle en pie pues está perfectamente “trullado” (o embarrado) para evitar que el agua desmorone la construcción. Aunque no veamos majuelo alguno,  podemos apostar de que se trata de un guardaviñas. Es decir,  un chozo que servía para guardar la herramienta de la viña y cobijar en caso de inclemencias del tiempo y en las horas tórridas del estío. La existencia de esos cuatro almendros le delata como tal, pues es  tradición en Valladolid (al menos), asociar viñas y almendros. De hecho en la Edad Media lo normal es que los árboles frutales se pusieran en los viñedos o sus alrededores

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Y enfilamos por el recto camino hacia una extensa pradería que a nuestra izquierda nos facilitará el paso hasta la chopera, sin tener que pisar tierra cultivada alguna. La Fuente de Santiago (4) está  escondida en una pequeña chopera cuyas raíces “beben” de las aguas del arroyo de Carboneros y de las mismas aguas de la fuente.  Figura Ceinos  en la relación de enclaves terracampinos en los que hubo asentamiento romano. Más no significa esto que se trate de una fuente de construcción romana. En esta comarca la penetración romana fue más bien tardía (siglos II a IV d. C.) y no estamos hablando de una tradicional villa, aunque en el pago de la fuente se han hallado restos romanos. Además no nos hallamos demasiado lejos del único puente romano que sobrevive en Valladolid en el municipio limítrofe de Becilla de Valderaduey

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Plano que nos ayudará en nuestra excursión

CEINOS DE CAMPOS: UN PUEBLO DE VIEJA HISTORIA (I)

Ceinos de Campos es uno de esos municipios terracampinos que a pesar de que, como muchos de la comarca, ha venido a menos, su caserío desborda riqueza y poderío por todas sus costuras.

El trigo, con el que señores feudales y reyes   garantizaban la intendencia de sus huestes en las contiendas territoriales que han caracterizado la historia de los reinos de Castilla y León, fue siempre motivo de litigios. Más tarde llegarían las exportaciones, especialmente a las colonias españolas en América y Filipinas, y a las potencias que luchaban en la guerra de Crimea. El Canal de Castilla primero y el ferrocarril después contribuyeron a que el trigo de Castilla fuera una especie de río dorado que enriquecía haciendas, levantaba paneras  y consolidaba casonas.

Además, durante siglos la Cañada Real Leonesa, que pasaba junto al municipio, no hizo sino acrecentar la actividad de Ceinos. Pueblo que presume de vieja historia que se remonta a la existencia de una villa romana hacia los siglos II y IV d. C. Así como, sobre todo, una poderosa bailía templaria (territorio sujeto a la jurisdicción de aquella orden mitad monjes mitad soldados),  que construyó una mítica iglesia de la que aún se conservan algunos desperdigados restos.

Recorreremos el casco urbano de Ceinos,  y para una próxima entrega pasearemos por sus inmediaciones, en las que hay interesantes puntos de interés.

No creo que dadas las dimensiones del municipio, sea necesario establecer un itinerario. Recomiendo aparcar tras el Ayuntamiento y comenzar un paseo distendido y atento por ejemplo por la calle Marqués de Estella, o del Medio, que atraviesan todo el pueblo. El caserío se extiende por detrás del Ayuntamiento: hacia la izquierda está el cementerio (en un alto), y hacia la derecha (también en alto: Castillo o Mota)  el parque que acoge la arquería templaria.

 

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La actual Casa Consistorial, que está en la misma carretera,  se construyó a principios del s. XX, sustituyendo otra que había en lamentable estado

 

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Puerta y torre  de la iglesia de Santiago Apóstol, del siglo XVI

 

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Fachada de una casa en la calle Cantera que por su salida sur conduce hacia el cementerio en lo alto del municipio. Los arcos de las ventanas proceden de la iglesia de Santa María del Temple

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Arco en la puerta del cementerio procedente de Santa María

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Edificio del antiguo pósito, tras la iglesia y junto a los restos de una antigua capilla. Ahora está muy reformado y sirve como salón para diversas actividades

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Algún vecino ilustrado atribuye la rica fachada de este caserón destartalado a los Nanclares: una familia influyente que se remonta al menos al siglo XVII y entre cuyos miembros hubo procuradores y regidores, siempre presumiendo de su condición de hidalgos

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Hay varias paneras de grandes proporciones así como diversos caserones

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Presume Ceinos de haber tenido hijos que en 1575 embarcaron rumbo a  América. A tal acontecimiento se les dedica una plaza en la parte alta de pueblo que llaman Castillo o Mota. Y en este mismo lugar…

 

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… Restos  y detalle de la arquería de la iglesia de Santa María, que  se remonta al siglo XII. Hasta su total destrucción en el siglo XIX sus ruinas sirvieron de cementerio. El problema es que era de reducidas dimensiones  y estaba en pleno casco urbano: a cada enterramiento se removían los huesos de anteriores difuntos, lo que llevó a construir un nuevo campo santo más desahogado y  alejado del municipio. Los arcos antes estaban depositados en el Museo Nacional de Escultura

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El pozo que, junto con algún manantial, abasteció de agua a la población hasta que llegó el agua corriente a las casas

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Conserva el pueblo una cosa que es muy de agradecer tratándose de arquitectura civil,  normalmente muy maltratada: el viejo frontón de 1876 que han integrado en el polideportivo que hay junto al Ayuntamiento. En las imágenes una vista general y detalle de su coronación

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Detalle de la fachada de la casa que está prácticamente frente al Ayuntamiento

 

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Panorámica del entorno de Ceínos, en la que no faltan los característicos palomares de Tierra de Campos… En unos días nos daremos un paseo por la Cañada Real Leonesa

 

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Reproducción del grabado de Santa María del Temple, realizado por Parcerisa (siglo XIX). Publicado en “Recuerdos y grandezas de España. Valladolid (1861)”. Edición facsímil de Ámbito Ediciones

LA MINERÍA DEL YESO

El yeso ha sido  un material que con intensidad se ha extraído de la tierra para atender necesidades del ser humano. Las laderas de los cerros y páramos vallisoletanos son especialmente ricas en yeso  y a poco que nos fijemos cuando paseamos por sus inmediaciones podremos ver “heridas” blanquecinas que señalan la existencia de una vieja mina de yeso.

Hay, en Valladolid, unas cuantas localidades en las que la minería del yeso ha tenido su importancia, bien para el consumo endógeno de sus habitantes como para la venta a otras comarcas y empresas de construcción. Podemos citar, entre otras, a Tudela de Duero, Quintanilla de Arriba, Alcazarén, Iscar, Camporredondo, Cabezón de Pisuerga, Piña de Esgueva, Villavaquerín y Portillo.

Mediado el siglo XIX se sabe que en Alcazarén había producción de yeso que daba trabajo a 100 vecinos.  Cerca de 40 en Iscar. Y en Portillo hubo actividad  relacionada con el  yeso hasta los años 60 del siglo XX, en la que se empleaban unas cuantas familias.

El yeso y la cal se han utilizado en acabados interiores, blanqueo de paredes, sellado de juntas en muros, aislante térmico, fabricación de tabiques y escayolas. Pero también para la noble modelación de piezas de escultura… y para fabricar las modestas tizas con las que garabatear en la pizarra.

Hasta que ya casi al final de la producción de yeso natural se metieron máquinas excavadoras para horadar las galerías yesíferas, lo normal es que la extracción se hiciera a pico y pala para cargar los carros tirados por mulas.

Desde luego sería muy interesante que de alguna manera se recogiera el testimonio de aquella actividad minera tan característica de Valladolid: herramienta, maquinaria, documentos, fotografías…, y se conservara el curioso paisaje que labró la extracción de yeso.

A continuación veremos unas cuantas fotografías en las que se aprecia el  interior de varias minas de yeso, la mayoría de Portillo, y también de Tudela de Duero (la que está entibada mediante columnas de ladrillo). Algunas de estas minas, una vez cesada la actividad se utilizaron (más o menos) de bodega, y en otras se hizo popular la crianza de champiñones en pacas de paja. Veremos, también, un horno para cocer  yeso en el paraje conocido como Barco García (Portillo).

 

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EL CAMINO REAL DE ARAGÓN Y LAS MAMBLAS DE TUDELA

Muy perdido en la memoria de la gente, pero no desaparecido, el Camino Real de Aragón, que también se conoce como camino o senda de los Aragoneses, fue un importante itinerario medieval de la España interior. Servía de vía de comunicación entre los reinos de Castilla y Aragón y para ello atravesaba de Este a Oeste la provincia de Valladolid siguiendo el curso del Duero por su orilla derecha. Una desafortunada señalización en los mapas topográficos actuales y algunos percances naturales que han desdibujado el camino en algún tramo, contribuyen aún más si cabe a borrar las huellas del camino que, sin embargo, aún perviven y son visibles.

Este camino, que viene de Roa de Duero, entra en Valladolid por Corrales de Duero y, además de poblaciones, fue buscando algunas grandes granjas (Sardoncillo) e importantes monasterios, como el de San Bernardo o el de Abrojo. Debe tenerse en cuenta que los que lo transitaban necesitaban de lugares donde ampararse durante la noche, proveerse de viandas y guarecerse en días de adversas condiciones climáticas.

Ahora, con las  autopistas sobre las que circulan grandes camiones cargados de mercancías y vehículos confortables a alta velocidad, ya no se es consciente de que apenas hace cien años aún los desplazamientos entre poblaciones se hacían a pie, salvo nobles y burgueses que disponían de caballerías.

Antiguamente la mayoría de la población moría donde  nacía, y apenas hacía largos desplazamientos. No obstante, el camino Real de Aragón fue vía de comunicación para las más diversas necesidades: las migraciones para trabajos temporeros; los soldados de permiso o de vuelta a casa tras su licencia;  familias que tenían que atender el duelo de deudos cercanos… Por el camino trajinaban profesionales que iban a ofrecer su pericia pueblo por pueblo (alarifes, lañadores, cómicos, curanderos…), vendedores ambulantes y hortelanos de ligera carga. Seguramente, además, había cacharreros ofreciendo cántaros y otros recipientes.

Tampoco faltarían letrados y litigantes camino de los juzgados y la Chancillería vallisoletana —era un foco de actividad muy importante—, hidalgos y nobles que iban y venían a atender sus intereses a la Corte, a las ciudades principales (Valladolid, Zaragoza…) o a sus posesiones de los municipios del camino. Y monjes y frailes de los conventos ribereños del Duero, que con alguna frecuencia viajaban para atender asuntos y pleitos relacionados con sus extensas y repartidas propiedades: pastos, molinos, tierras de labranza…

… Y ¿por dónde viajó nuestro insigne Conde Ansúrez cuando marchó a defender los intereses de su yerno y nieto en las tierras catalanas de Urgel, sino por este camino?

El Camino Real de Aragón a su paso por Valladolid también ha servido para alimentar la fantasía, pues en Tudela de Duero algunas familias cuentan a sus hijos que cada 6 de enero los Reyes Magos vienen por el camino de los Aragoneses. Y no mienten, pues el camino viene de Oriente.

Pero aquellos desplazamientos necesitaban, además de aldeas o granjas donde refugiarse, de accidentes geográficos que permitieran a los viajeros orientarse y verificar que se hallaban en el buen camino: ríos, arroyos, grandes árboles, montes… en fin, alguna singularidad del paisaje que es, en definitiva, lo que ofrecen las Mamblas de Tudela a cuyos pies vamos a recorrer un tramo del Camino Real de Aragón y luego subirlas para disfrutar de espléndidos paisajes. Será un paseo de apenas un par de horas.

Iniciamos nuestro paseo por un camino que nace al pie de la carretera que desde Tudela lleva a Villabáñez.

 

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La senda de los Aragoneses entra en el término de Tudela de Duero después de haber salvado los cortados de Peñalba, y tiene su principal referencia en las llamadas Mamblas. El término mambla viene del latín “mamma”… mámula… es decir mama, teta, pecho como queda de manifiesto en el perfil que ofrecen las de Tudela

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Atrás, salvado Peñalba dejamos una de las Mamblas. Hay que aclarar que las llamadas Mamblas de Tudela son, en realidad tres picos: el de la Mambla a la izquierda, el de la Cuchilla, a la derecha y, lo dicho, otra Mambla que apunta a Villabáñez

 
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Aunque llegó al siglo XX muy en desuso para comunicar los reinos de Aragón y Castilla, sí ha continuado su uso al menos en los tránsitos interiores: en el puente medieval sobre el arroyo Jaramiel, al pie de la Mambla de Tudela (allí donde a la derecha un amplio camino se adentra en el valle del Jaramiel), se atestiguan obras de consolidación en 1892, tal como reza en la piedra clave que mira hacia el Sur. En este punto volvemos sobre nuestros pasos para subir a la Mambla

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Según ascendemos el camino que separa la Mambla y la Cuchilla, veremos algunas arruinadas construcciones que seguramente tengan que ver con el uso militar que  la Mambla tuvo brevemente, y con la actividad de extracción de yeso de una mina que todavía conserva en su vientre…

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… También se ha escogido como lugar ideal para sendos depósitos de agua con los que, junto a los que hay en Piña de Esgueva,  abastecen a los municipios  del valle del Jaramiel y de la Esgueva con el agua captada en el Duero en Olivares y  Tudela respectivamente

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En la Mambla hubo una importante mina de yeso que estuvo en explotación  hasta los años 60 del s. XX,  con un breve paréntesis de uso militar (polvorín), y más tarde se empleó para cría de champiñones. Son muchas las minas de yeso que hay en Valladolid y que conoceremos con cierto detalle en un próximo artículo

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Subimos a lo alto de la Mambla (829  m.) desde donde tenemos amplísimas vistas. Frente a nosotros el pico de la Cuchilla (842 m), y al fondo, otra Mambla (831 m.)

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A vista de pájaro, la carretera que conduce hacia Villabáñez y Villavaquerín, cuyos caseríos se distinguen al fondo

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Arturo Dueñas rodó un documental sobre el pintor Cuadrado Lomas que se titula “Tierras  construidas”… seguramente desde aquí habría podido obtener excelentes planos

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Un sencillo plano para orientarnos en la excursión propuesta, aunque no tiene pérdida alguna… pues las Mamblas nos guían, como les ocurría a los viajeros de la Edad Media. En el ángulo inferior derecho está el punto de partida

HOMENAJE A LOS FOTÓGRAFOS: LOS FILADELFO COMO EJEMPLO

Valladolid ya en  los albores de la fotografía tuvo excelentes fotógrafos, aficionados o profesionales, que dejaron para la posteridad numerosos testimonios de ambientes, acontecimientos, personajes y monumentos. Gracias a ellos conocemos mucho mejor la historia del último siglo y medio de  nuestra ciudad, porque no solo está en legajos, libros y periódicos, sino también en imágenes.

Desde el principio, el objetivo de aquellas rudimentarias cámaras captó todos los asuntos de la vida vallisoletana: desde los más cotidianos hasta los más pomposos.  Bodas, entierros, procesiones, manifestaciones, desfiles, ferias, deportes, accidentes, inauguraciones, visitas reales, edificios… todo, absolutamente todo ha  pasado (y posado) delante del ojo atento y curioso del fotógrafo.

Las imágenes que nos han legado Clifford, Gilardi, Carvajal o Laurent son sinónimo de testimonios históricos impagables.

Pero no solo aquellos más afamados han rendido un impagable servicio a la historia, pues ahí están también los Cacho o los Filadelfo (tanto en sus colaboraciones en prensa como en sus estudios)… O  Bariego, o  Garay… y los Muñoz, unos “minuteros” (pues entregaban las fotos en escasos munitos), antecesores de una puñado de fotógrafos que, ya  entrado el siglo XX, se apostaban cada domingo y festivo en la plaza Zorrilla para retratar a cuantos paseantes quisieran tener o regalar  un retrato: novios, soldados, estudiantes, familias enteras…

Creo que  aún está por llegar un adecuado reconocimiento a aquellas generaciones de fotógrafos que nos han permitido conocer con gran detalle la historia reciente de Valladolid. Porque en general solemos detenernos en las fotografías más antiguas de la ciudad (que llevan la firma de los más afamados),  acaso sin darnos de que un buen número de profesionales, con sus modestas pretensiones –que casi siempre son el cómo ganarse la vida, que ya es mucho-, sin embargo han dejado un reguero de imágenes imprescindibles para conocer la vida cotidiana que, en definitiva, es la que más nos atañe.

En cualquier caso, resumir la historia de la fotografía de Valladolid en cuatro párrafos sería tan pretencioso como harto imposible. Al lector más interesado le remito al interesantísimo  libro de Ricardo González Luces de un siglo. Valladolid en la fotografía del siglo XIX, editado en 2001 por El Norte de Castilla y Caja Duero (Lovader Ediciones). En él, al menos, se relata el inicio de la fotografía. A falta de que alguna vez se aborde el siglo XX.

Por eso,  esta entrega de “Valladolid, la mirada curiosa”, quiere rendir homenaje a aquellos fotógrafos, y para ello lo hago mediante una selección de  fotografías de los Filadelfo González (padre e hijo) que he obtenido básicamente en el Archivo Municipal de Valladolid.

Filadelfo padre, nacido en 1885,  comenzó a ejercer en 1915, igual que el primer Cacho (Patricio). Padre e hijo trabajaron  en su estudio, en la calle y para diversos periódicos locales, por lo que nos han dejado el relato en imágenes de  casi un siglo del Valladolid cotidiano.

Todas las fotografías, salvo las que  indiquen otra cosa, están obtenidas del Archivo Municipal de Valladolid (AMVA).

 

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Año de 1936, en plena Guerra Civil. Valladolid: Hospital de  Sangre de Renovación Española (reproducida de Todocolección)

 

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Panorámica desde la torre de la Catedral, año 1947 . La torre que destaca es la de la iglesia del Salvador

 

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Plaza Zorrilla años 50 línea 1 de autobuses urbanos. Entonces el transporte urbano lo gestionaba la empresa Carrión, hasta que en 1979 se inicia el proceso de municipalización que desembocó en la creación de AUVASA en 1982

 

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Arbolada Plaza Mayor años 50: el yugo y las flechas presidía la fachada del Ayuntamiento, y las columnas servían de soporte para anuncios de los cines de la ciudad

 

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Década de los 50: plaza de la Rinconada: línea correos- canal de Castilla

 

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El mercado del Campillo, en la foto, se desmontó en 1957 

 

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Años 60 procesión de Domingo de Ramos en la calle de Platerías 

 

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El bus urbano entra en la calle María de Molina (años 60) viniendo desde plaza Santa Ana: coches aparcados frente a la fachada del Hotel Inglaterra. Inaugurado en 1886, tras la Guerra Civil cambió su nombre por Hotel de los Italianos, más del agrado de la ideología dominante en aquella época

 

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Calle Duque de la Victoria, década de los 60

 

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Trabajos en su silo… camiones, tractores, caballerías… El régimen emanado de la Guerra Civil fue muy obsesivo en asegurar  suministro de cereal

 

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Locomotora saliendo de la estación de San Bartolomé en dirección a Medina de Rioseco. El tren burra dejó de circular en 1956

 

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Charlton Heston (o su doble) cabalgando en Torrelobatón cuando en 1961 se rodaron en aquel municipio escenas de la afamada película de El Cid

 

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Paseo de San Isidro, al fondo está la plaza Circular cuando aún no se había construido el paso subterráneo, que se inauguró en 1959

 

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Derribo de la iglesia de San Ildefonso, a primero de los años 70…

… y, a continuación algunos alcaldes y autoridades de Valladolid retratados por la cámara de los Filadelfo

 

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Corría el año 1928. Entre otros, y sentados de izquierda a derecha: arzobispo Gandásegui, el infante Juan Manuel (segundo hijo de Alfonso XIII)… y el último de la derecha, el alcalde Arturo Illera Serrano 

 

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Luis Funoll y Mauro, alcalde que en 1939 inauguró la rehabilitación de la fuente el Sol (la efeméride está grabada en el muro de la fuente)

 

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Santiago López González, foto de 1963. Fotografía tomada en su domicilio  el día de Reyes. Fue alcalde entre 1961 y 1965

 

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Antolín de Santiago y Juárez (segundo por la derecha), en los años 60,  junto a Teresa Iñigo de Toro, que entre otras actividades fue famosa periodista radiofónica. Antolín de Santiago ejerció de alcalde entre 1971 y 1974

 

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Tomás Rodríguez Bolaños (tercero por la derecha) fue alcalde de la ciudad entre 1979 y 1995 ( a su derecha el teniente de alcalde Manuel González)…

 

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…. y no  dejamos pasar la oportunidad de rendir homenaje a los Muñoz, minuteros del Campo Grande: Marcelino Muñoz (de la colección Joaquín Díaz); y escultura  de Eduardo Cuadrado sita en el Campo Grande en recuerdo de los Muñoz

VALLADOLID A VISTA DE PÁJARO

El ser humano siempre deseó volar, y por eso sentía envidia de los pájaros.

Hasta que algunos artefactos (supongo que los primeros globos aerostáticos) no  permitieron ver el mundo desde el aire, se buscaron las alturas naturales del terreno,  los campanarios de las iglesias o las elevadas torres de los castillos  para ampliar el horizonte de nuestra vista y obtener imágenes panorámicas: una perspectiva muy útil para tener una idea más precisa del  entorno. De ahí el valor que se daba a los planos y paisajes, especialmente urbanos.

Por eso no es de extrañar que Felipe II encargara al pintor belga Antón van den Wyngaerde (también conocido como Antonio de las Viñas o Antón de Bruselas) que hiciera dibujos panorámicas de muchas villas y ciudades españolas y, entre ellas, Valladolid.

Con este pretexto propongo un paseo panorámico por la ciudad de Valladolid: disfruten tratando de identificar los edificios y otras construcciones.

 

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Wyngaerde, hacia 1565 (reproducido del blog Vallisoletum… excelente, por cierto). El dibujante lo hizo desde la cuesta de la Maruquesa y el perfil de la ciudad venia determinado por las torres de las iglesias

 

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Braun y F. Hohenbergius, fechado en 1575. Da toda la impresión de que se hizo desde las laderas de San Isidro. Reproducido del catálogo de grabados de Laurence Shand

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En 1640 Gabriel Meisner representó así la ciudad. Colección de Sciographia Cósmica

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Seguramente desde un globo, tal como relata en el blog Domus Pucelae (no perdérselo),  Alfred Guesdon realizó esta litografía en 1854. Hacia mitad de la imágen, la antigua academia de Caballería, de forma octogonal, y en primer plano la puerta del Carmen, por donde salía la carretera o camino de Madrid. El Campo Grande aún no tenía el porte arbolado actual y era lugar de muchas actividades festivas, deportivas y militares. Un poquito más arriba del edificio octogonal destaca el arco de la Puerta del Campo, al inicio de la calle Santiago

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El monasterio de Nuestra Señora de Prado. Foto de 1864 tomada por J. Laurent

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Plaza Zorrilla, año 1900, el poeta recién subido a su pedestal

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Vista de la Estación del Norte en 1907

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El matadero municipal, 1935: recién construido

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Fotografía tomada por Filadelfo en 1946. A la izquierda, la cubierta del Mercado de Portugalete (Archivo Municipal de Valladolid –AMVA-)

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Año de 1970, ya varios puentes salvaban el Pisuerga para colonizar las antiguas Huertas del Rey (AMVA)

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La plaza Zorrilla en 1972. Aún existía  el cine Pradera y se estaba comenzando a construir la casa de la esquina con calle Santiago (AMVA)

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Acera de Recoletos y paseo central del Campo Grande: todavía servía de aparcamiento

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Velódromo Narciso Carrión en 1982, a punto de ser inaugurado. Está en las instalaciones deportivas de la carretera de Renedo. Y no reúne dimensiones adecuadas para acoger competiciones oficiales.  (AMVA)

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Y también en 1982 el recién construido Nuevo Estadio José Zorrilla. Ese año conoció tres partidos del Mundial de Fútbol… Naranjito hacía furor. El estadio se había inaugurado en febrero con un partido contra el Athletic Club: los blanquivioletas ganaron 1-0 (AMVA)

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Endasa  (en la carretera de Cabezón) y la vieja Sava -hoy Iveco-. (AMVA)

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Talleres de Renfe, 1999. Estaba “naciendo” el parque de la Paz : abajo a la izquierda (AMVA)

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Año 2015, tomada por mí desde un globo…

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… Y, finalmente, una curiosa fotografía de 1940,  de la colección Luis Díaz Caneja (AMVA)