HASTA EL OTOÑO, LES DEJO CON RECUERDOS Y BELLEZAS DE ESPAÑA: VALLADOLID

Josep María Quadrado Nieto nació en Ciudadela (Menorca) el 14 de junio de 1819. Fue un prolífico periodista, escritor e historiador. Archivero del Archivo histórico de Mallorca,  formó parte de numerosas academias científicas y se le considera uno de los grandes del Romanticismo español. La Confederación Española de Centros de Estudios Locales, dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, hasta 1978 funcionaba como un patronato que llevaba el nombre de José María Quadrado.

Larguísima es la  relación de publicaciones en las que participó o creó entre las que, entre otras, cabe indicar la traducción al castellano de autores como Shakespeare y Lamartine. También tradujo al catalán poesías de Ausias March y obras de Raimundo Lulio.

Mas, si le traigo a colación a Valladolid la mirada curiosa es porque también participó en la ingente empresa editorial de “Recuerdos y bellezas de España”: doce volúmenes de inspiración romántica cuya publicación  se inicia en 1839. Con ilustraciones de Javier Parcerisa Boada, Quadrado redactó seis de aquellos volúmenes. Entre ellos, el tomo 11, dedicado a Palencia, Zamora y Valladolid, cuya edición vio la luz en 1861.

Su “Recuerdos y bellezas de España” es un libro de cabecera para cuantas personas tengan interés en conocer su entorno. Y, desde luego, su tomo sobre Valladolid es imprescindible,  además de un deleite visual que proporcionan los grabados de Parcerisa.

Así que para este verano les dejo con unas cuantas de las ilustraciones del Valladolid de mitad del siglo XIX incluidas en “Recuerdos y bellezas de España”.

MESEGUEROS Y VIÑADORES

La REVISTA DE FOLKLORE de la FUNDACIÓN JOAQUÍN DÍAZ, publicó en el número 398 del mes de abril de 2015 un artículo mío titulado  MESEGUEROS Y VIÑADORES, VIEJOS OFICIOS CONCEJILES. Se trata de un trabajo de investigación sobre los que antiguamente vigilaban los trigales y los viñedos para que no sufrieran daño alguno, pues tanto el cultivo de cereal como de la uva eran de vital importancia para la economía de los municipios y la alimentación de las personas.

Lo traigo de nuevo para refrescar su lectura aprovechando el mes en el que estamos: recogiendo la mies, y con las viñas ya muy avanzadas.

A la revista se accede desde internet utilizando cualquier buscador indicando REVISTA DE FOLKLORE FUNDACION JOAQUÍN DÍAZ.

https://funjdiaz.net/folklore/07ficha3.php?ID=3984


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Imagen del facsimil del Beato de Valcabado que se conserva en la Universidad de Valladolid, en que se ve haciendo faenas de recolecta en el campo.

A la izquierda de la imagen se ve asomar el chozo de viñador que mira hacia Quintanilla de Arriba, en el pago conocido como Miralbueno. Ahora la mayoría de los guardaviñas que se se conservan están descontextualizados pues ya no hay viñas a su alrededor, sino tierras de cultivo.
Chozo de viñador en la finca de Los Coruñeses, en el término de Medina de Rioseco. Observese el almendo que tiene, muy característico de los chozos de guardaviñas o viñadores, pues tradicionalmente los majuelos solían rodearse de almendros.
Dos representaciones del “mensario” de la capilla de San Isidoro, de León: Arriba, en el verano haciendo la siega; y abajo, en el otoño, haciendo la vendimia.

 LA CASA DEL MONTE: UN MIRADOR SOBRE EL VALLE ESGUEVA

En el borde del páramo que asoma sobre Piña de Esgueva destaca el perfil de unas arruinadas construcciones. Se trata de lo queda de una antigua “casa del monte”: pertenecía a los Baruque y estuvo habitada hasta los años 50 del siglo pasado. Hasta ella vamos a subir caminando por una marcada senda.

Para llegar hasta la casa del monte lo mejor es partir desde detrás de la iglesia  de Piña, donde se apreciará un reguero de naves modernas, corrales y tapiales semiderruidos, testimonios del paso del tiempo y de los cambios que en los pueblos se han ido produciendo en razón de unas actividades u otras. En todo caso, siempre en busca de la supervivencia y adaptación a las necesidades de cada época, en un municipio que, como todos los del valle Esgueva, arrastran una larga tradición cerealista.

El camino hasta la casa del monte no tiene pérdida, pues  siempre va en dirección a ella, a la que se llega en media hora. Pronto destacará, hacia la derecha, también en el cantil del páramo, una torre circular que llama la atención. Sobre ella cabe advertir que no se trata sino de una reciente construcción que se usa como refugio de cazadores, y que recuerda que en Piña los páramos son, de siempre,  lugares de caza.

Son varios los municipios que tienen en su término alguna construcción que se conoce como casa del monte, como  Villanueva de los Infantes,  Bobadilla del Campo, Urueña, Villardefrades, Trigueros del Valle o Mayorga suman a su topografía alguna casa del monte.  En total, cerca de una veintena de enclaves vallisoletanos. Muchas de estas construcciones,  ya en completo abandono y ruina,  están en el páramo,  en el bosque, o en pinares y dehesas, en función de cual fue su  utilidad: de labrantío, pinariegas, y de caza o de monteros.

Estas casas, durante los meses estivales,  eran auténticas colonias y, en general, autosuficientes: hornos para cocer el pan, aljibes y fuentes próximas para abastecerse de agua, así como graneros y almacenes. De esta forma se evitaba el fatigoso y largo trasiego de subir y bajar la mies, y en las eras de la casa del monte se beldaba o trillaba para separar la paja del grano antes de llevarlo a los silos o al molino para convertirlo en harina.

Buena parte del pueblo se sentía vinculado con la casa del monte, pues, tal como me relató un anciano del lugar, incluso a los niños se les enviaba a la casa en verano para que curasen la tosferina porque allí corría un aire sano y limpio.

Por cierto, el origen del nombre de Piña de Esgueva no tiene una contundente explicación, pero la más plausible es que sea un derivado del latín “pinna” para citar una construcción militar o torre, cosa muy probable dada la existencia de numerosos castillos y fortificaciones en todo el valle.

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El punto de partida para subir hasta la casa del monte es la Iglesia de Santa María, cuyo núcleo inicial se data entre los siglos XII y XIII, aunque como puede apreciarse ha tenido diversas reformas y añadidos. Pórtico y detalle del dintel.

           

d 1-cropd-cropSendas panorámicas de las ruinas de la casa del monte.

 

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El páramo. Un rebaño de ovejas. Me relató el pastor que apenas quedan siete  u ocho rebaños en todo el valle, restos de una antigua e intensa actividad pastoril.

 
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La casa del monte de Piña de Esgueva muestra restos de sólidas y grandes construcciones  que demuestran su importancia pretérita. No faltan aljibes y silos bajo tierra, con los que, ahora, hay que tener cuidado para no precipitarse por ellos. Ahora estos aljibes se han tapado para evitar caídas, pero su ubicación se aprecia perfectamente.

 
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La casa del monte  es  un verdadero balcón desde donde se obtienen espléndidas vistas del Valle Esgueva, agradable en cualquier época del año.

La caminata se puede prolongar siguiendo, sin perderlo, el borde del páramo en dirección Burgos, hasta encontrarnos con un refugio de cazadores. En la imagen se ve el refugio arriba del todo según regresamos al pueblo.

En la carretera, la vieja casa de los camineros. Hay varios edificios idénticos a lo largo de la carretera del valle Esgueva. Se construyeron en el último tercio del siglo XIX, cuando se acometió una importante mejora de la carretera y se organizó su mantenimiento mediante una dotación de trabajadores. Para ello se les facilitó vivienda.

Y ya, de paso, nos damos un paseo por Piña. En el centro del pueblo, la ermita de San Pedro y la fuente, en la plaza del mismo nombre. Se trata de una iglesia del siglo XVI y una fuente del XIX.

Casa Consistorial, de 1886.

CIUDADES HERMANADAS

Desde los primeros ayuntamientos democráticos se puso de moda el hermanamiento con otros municipios del mundo. Fue una actividad interesante que impulsó el Federación Española de Municipios y Provincias, aunque, como veremos, este proceso se inició antes de las primeras elecciones municipales en Democracia.

Se trataba de intercambiar experiencias con otras latitudes e impulsar la presencia activa de los municipios españoles en otras culturas y países, pero sobre todo para conocerse y comprenderse mejor, de tal manera que los municipios salieran de su ensimismamiento y se asomaran al mundo.

Aquello llevó a que el Ayuntamiento de Valladolid, tanto por iniciativa propia o a petición de parte, se hermanara con las más variopintas localidades.

Para ello se siguieron los más diversos criterios: desde la coincidencia de nombres, a la similitud de población, características culturales, conjuntos patrimoniales, ciudades universitarias, industriales, etc. Con Lille, por ejemplo, el hermanamiento ha llevado a firmar acuerdos de colaboración entre hospitales de ambas poblaciones, realizar intercambios escolares, etc.

Para dar visibilidad a esta actividad, el Ayuntamiento creó un espacio que ha llamado Plaza de las Ciudades Hermanadas mediante la instalación de unos cubos en lo que se reflejan imágenes e información de los municipios con los que existe alguna relación, que tanto puede ser “ciudad hermanada”, como “ciudad amiga”. No vamos a entrar en los detalles que supone una u otra opción. Sino a recorrer estos cubos para detenernos un rato en la información e imágenes que nos traen de aquellas poblaciones amigas de nuestra ciudad.

La plaza se inauguró en septiembre de 2010, y solo cabe advertir que la torrecilla que la preside (y en la que está fijada la placa que conmemora su inauguración)  no es, como se cree, el antiguo fielato de la Rubia, sino restos de una finca particular.

Morelia, antigua Valladolid, situada en México se hermanó con nuestra ciudad en 1978. Fue el primer hermanamiento que se hizo. Este hermanamiento se inició en 1977 con el alcalde Fernández Santamaría. Una de las curiosas actividades que organizó la ciudad de Morelia cuando en 1986 la visitó una delegación del Ayuntamiento de Valladolid.

Lille (Francia). Con esta población (1987) hay  un especial recuerdo  cuando en 1994 se colocó un monolito para conmemorar que aquel año, tanto el Tour de Francia como la Vuelta a España realizaron sus sendas primeras etapas en cada una de estas poblaciones. El monolito está en los jardines del Paseo de Coches a la altura del número 12 de la Acera de Recoletos (casa natal de Miguel Delibes: apellido, por cierto, de origen francés).

Con Orlando (EEUU) nos hermanamos el año 2006. Además, en el barrio del Pinar (plaza de San Antonio), en 2007 se ha instalado una creación (Blue Dog) del artista brasileño Romero Britto, gemela de otra en Orlando.

Florencia, bella ciudad italiana hermanada desde 2007.

Lecce, Italia, firmó su acuerdo con Valladolid el año 2009.

En la relación que se cita en uno de los cubos de la plaza aparecen  Boston (2007) y la ciudad india de Ahmebadad (2008), como municipios con los que hay protocolo de amistad, que suelen ser  suelen ser previos a un hermanamiento. Pues bien, con Ahmebadad el Ayuntamiento ya hizo hermanamiento el año 2017. A estrechar lazos contribuyó, sin duda, la existencia en nuestra ciudad de la Casa de la India. Es decir, que a estas fechas son seis las ciudades con las que Valladolid está hermanada. Y desde 2010 hay un nuevo protocolo de amistad con Guadalajara (México).

En la plaza también se ha querido incluir un reconocimiento expreso a los derechos y luchas de las mujeres de estas ciudades hermanadas. Para tal fin se han instalado unos cubos en los que se recogen algunos nombres de mujeres que se han significado en sus respectivas poblaciones por unos u otros motivos en favor de la igualdad.

Cabe añadir que los hermanamientos se han llevado a cabo también en otros municipios vallisoletanos, como son Medina de Rioseco, Medina del Campo, Tordesillas, Tudela de Duero, Peñafiel, etc. Imagen obtenida de El Norte de Castilla.

PAISAJES VALLISOLETANOS EN EL CAMPUS MIGUEL DELIBES

Hace unos tres años, la Universidad de Valladolid en colaboración con la Fundación Miguel Delibes, inauguró un jardín botánico en el camino del Cementerio, junto a las facultades del Campus Miguel Delibes. Lo han titulado “Paisajes con relato”, pues junto a los paneles que ilustran sobre las principales características de las comarcas naturales de Valladolid, se han intercalado textos de las novelas de Delibes que hacen referencia a las tierras y paisajes vallisoletanos.

Esta iniciativa, que ha dado un acertado uso a los espacios libres del entorno de las facultades, tiene su origen remoto en el “arboreto” que la Universidad tuvo durante unos años en el siglo XVIII, y cuyo rastro duró hasta mediado el siglo XX. En aquellas épocas lo tenía junto al edificio histórico de la  Plaza de la Universidad, donde se impartían todas las especialidades universitarias, incluida, lógicamente la Medicina.

Los arboretos fueron habituales en las universidades europeas, y consistían en el cultivo de plantas, arbustos y árboles que tenían alguna aplicación terapéutica. Se trataba de que los estudiantes conocieran aquellas plantas y practicaran con sus componentes para confeccionar tratamientos para la  cura y alivio de enfermedades. Estamos hablando de cuando todo tratamiento tenía una base natural, muchos años antes de que la química sustituyera aquellos emplastes, jarabes y pastillas hechos  directamente por los médicos  y los boticarios.

Pues bien, sobre este precedente se ha llevado a cabo plantaciones creando espacios forestales con especies autóctonas para recrear los tres paisajes naturales más propios de Valladolid: Tierra de Campos, Tierra de Pinares y los páramos de Torozos y Cerrato. Lugares que impregnan la obra literaria de Delibes que tan acertadamente refleja en sus novelas.

Se trata de un corto pero intenso recorrido, ameno y muy didáctico pensado para todas las edades.

Vistas generales del espacio en el que se ha plantado el arboreto “Paisajes con relato”.

Característico majano, que no es sino el montón de piedras que ha ido creando el ser humano con las que retira de las calizas tierras de los páramos, o con los cantos de los valles. Estos majanos terminan por constituir un micro espacio en el que encuentran refugio las plantas autóctonas que destruye la agricultura extensiva, y donde habitan reptiles e insectos que no pueden sobrevivir en las desoladas llanadas cultivadas.  También sirven como posaderos de las aves.

Lavanda junto a troncos que se pudren  contribuyendo a enriquecer la tierra, y astilla de roble con la que se ha construido una cubierta vegetal naturalizada.

Tierra de Pinares, en la raya con  Segovia y que quedó repartida entre dos provincias  a raíz de la organización administrativa que se llevó a cabo a lo largo del primer tercio del siglo XIX.

Comarca de Torozos-Cerrato. La verdad es que en la provincia de Valladolid se ha llegado a casi extinguir el nombre de Cerrato, que ha quedado como característico de Palencia. El Cerrato no es solo una denominación administrativa, sino sobre todo una característica construcción del paisaje cuajado de ondulaciones (cerratos). Antes, varios municipios del valle del Esgueva en su tramo vallisoletano,  y del curso del Jaramiel,  tenían el “apellido” Cerrato. Pero se lo han quitado oficialmente, a excepción de Castroverde de Cerrato.

Tierra de Campos, una extensa comarca que abarca municipios de Palencia, Zamora y en menor medida, León.

Detalle de uno de los paneles, que ilustran también sobre la avifauna de la comarca. En este caso sobre Tierra de Campos.

Uno de los textos literarios que acompañan el recorrido por estos “Paisajes con relato”. Todos los paneles literarios llevan un código QR que dan información sobre la vida y obra de Miguel Delibes,  y lenguaje braille para facilitar la lectura a personas con problemas visuales.

PUENTES DE LA CAMPIÑA DEL PISUERGA

La campiña del Pisuerga es una de  las viejas comarcas vallisoletanas. Una vez que la aldea de Valladolid compró su independencia a Cabezón,  fue configurando un alfoz de amplísima influencia y tamaño. A él llegaron a pertenecer poblaciones tales como Peñaflor de Hornija, Cigales, Villanubla, Renedo, Portillo, Tudela de Duero y otras. Municipios que, sin embargo, con el paso del tiempo pasaron a formar parte de otras comarcas: Torozos, Esgueva o Tierra de Pinares.

La feracidad de las tierras cerealistas, la presencia de abundante agua y un clima relativamente benigno, hicieron que el entorno del Pisuerga fuera visitado por vacceos, romanos, visigodos y musulmanes, hasta que las tropas cristianas repoblaron definitivamente la vieja Castilla. La presencia humana en las orillas del Pisuerga se remonta a la Edad del Hierro, y esto ha dejado un importante yacimiento arqueológico en el extenso meandro que, conocido como Soto de Medinilla, forma el río ya a punto de entrar en Valladolid.

En la campiña del Pisuerga, que está prácticamente en el punto más bajo de la cuenca del Duero, confluyen varios ríos que se suman a los citados Pisuerga y Duero, tales como el Esgueva, el Cega o el Adaja. Razón por la cual hay en Valladolid y entorno numerosos e interesantes puentes, entre los que se encuentran algunos que fueron muy importantes en la historia de la vieja Castilla. Puentes que en algunos casos seguramente tienen origen romano aunque nada quede de aquella originaria construcción. Mas, han sido imprescindibles para la red cañariega y para constituir una encrucijada de caminos que comunicaban con Francia, Portugal, Madrid y  los puertos del Cantábrico.

La mayoría de los puentes  han sufrido profundas reformas a lo largo de la historia, bien sea por riadas, por nulo mantenimiento o por destrucciones bélicas, especialmente las padecidas durante la Guerra de Independencia.

Pues con el pretexto de los puentes del Pisuerga vamos a dar un paseo por el entorno de Valladolid.

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Santa María de Palazuelos, monasterio cisterciense al que se accede desde Cabezón, aunque está en el término de Corcos del Valle. Comenzó a edificarse en el siglo XIII, aunque tuvo importantes reformas en el XVI

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El municipio de Cabezón de Pisuerga, antes de Cerrato, debe su nombre al “cabezo”, esa prominencia que domina el caserío. En sus estribaciones hubo viviendas trogloditas hasta los años 50 del s. XX, ahora muchas reconvertidas en bodegas. Del puente de Cabezón, de origen medieval, se escribió en el s. XVII que era de los más importantes de todo el reino y que por él pasaban los ganados y la mayor parte de los viajes comerciales de toda Castilla

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Fuentona y antiguo lavadero de Santovenia de Pisuerga, construida (o reformada) en 1808, está en la entrada del municipio, junto a las piscinas. Es una de las fuentes más monumentales de la provincia

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Soto de Medinilla, un amplio meandro entre Santovenia y Valladolid, que estuvo habitado durante varios siglos a partir de la Edad del Hierro. Se trata del yacimiento arqueológico más antiguo de la ciudad

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Panorámica aérea del puente Mayor de Valladolid

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Pórtico de la iglesia parroquial de San Juan, en Arroyo de la Encomienda: una joya del románico tanto por su factura como por conservarse casi intacta: empezó a construirse en el s. XII…  Y una imagen de la escultura que, cerca de la iglesia, recuerda una importante actividad  de este municipio: la granja de los Ibáñez

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Simancas, magnífico puente de 17 arcos sobre el Pisuerga, ya cerca de desembocar en el Duero

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Ahora Puente Duero es un barrio de Valladolid, pero fue municipio en su día. Su puente era imprescindible para las comunicaciones con Madrid

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La  cartuja de Aniago, en el término de Villanueva de Duero, se alza junto al lugar en el que el Adaja se une al Duero. Antes de su desamortización en 1835, el general francés Kelleman (algo así como el gobernador militar de Valladolid) mandó habilitar una escuela gratuita para los pobres

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Puente de Aniago, sobre el Adaja. Para acceder a él hay que ir hacia el área recreativa que junto a la urbanización de los Aljibes se alza en la carretera que conduce a Villanueva de Duero. Fue puente importante, al igual que el de Puente Duero, para las comunicaciones con Medina del Campo y la capital del reino

VALLADOLID EN EL MUNDO

Valladolid se ha incorporado a la moda de poner en letras de gran tamaño el nombre de la ciudad en algún lugar destacado. Una ciudad pionera en esto fue Vitoria. El Ayuntamiento de nuestra ciudad ha elegido la plaza de Zorrilla, asunto, como todas estas iniciativas, de controvertidas opiniones. Es el caso que sea por motivos de colonización, conquista o evangelización, el nombre de Valladolid luce o ha lucido en unos cuantos rincones del mundo. Así que vamos a darnos una vuelta por el  globo terráqueo siguiendo la estela de los “Valladolid” que hay repartidos por el planeta.

Es corriente que los países que han ejercido la colonización en otros continentes, hayan llevado también el nombre de la ciudad materna de su fundador o  explorador: una forma de rendir homenaje y recuerdo. Franceses, ingleses, belgas, portugueses,  italianos o españoles han ido regando el mundo de topónimos que reproducen el nombre de pueblos, ciudades e ilustres apellidos del continente europeo.

Si a países de destino nos referimos, son Filipinas y Méjico los dos que tienen  más referencias de ciudades españolas.

En cuanto al ranking de los nombres españoles,  probablemente sea San Sebastián el que más se repite,  seguida muy de cerca por Zaragoza y Málaga.

Pero Valladolid no se queda corta, pues hay más referencias en el mundo  de las que se manejan en las informaciones que por ahí circulan, si sumamos, además, municipios que en algún momento de su historia han llevado el nombre de nuestra ciudad.

Dispongámonos, pues, a iniciar un largo viaje de circunvalación a la Tierra: embarcamos en nuestro particular jet, aceleramos por la pista y despegamos… ¡ponemos rumbo a África!

Nuestro primer destino es Guinea Ecuatorial.


La República de Guinea Ecuatorial obtuvo su independencia en 1968. Hay en ese país centro africano una ciudad llamada Añisok o Añisoc, fundada  como Valladolid de los Bimbiles por España en la década de 1940 sobre una pequeña aldea. Con la independencia del país recupera el nombre de la vieja aldea. Actualmente rebasa los 40.000 habitantes. Este municipio, que ha pedido hace unos años hermanarse con Valladolid (asunto al que parece que no se ha dado respuesta), tiene una curiosa anécdota: en 1954, el gobernador de Guinea envió a Valladolid un telegrama de agradecimiento por que desde nuestro Ayuntamiento se le hubieran remitido fotografías y planos de la fuente Dorada con el fin de erigir una réplica de la misma en la población. Parece ser que aquella fuente se destruyó en 1978 bajo la dictadura de Macías.

 

Y atravesamos el Atlántico rumbo  a Méjico. Aterrizamos en Morelia, ciudad azteca fundada con el nombre de Valladolid en 1545 (antes Michuacan). Nombre que mantuvo hasta el año 1828 que lo cambió por el de Morelia en honor al generalísimo José María Morelos, nacido en aquella población. Morelia, que ronda los 800.000 habitantes está hermanada con Valladolid desde 1978, fecha en que celebró los 150 años de su nuevo nombre. En algunos edificios públicos aún puede leerse el nombre de Valladolid. El centro de Morelia está declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO. Presume de ser el destino turístico más importante de Méjico (si exceptuamos algunas zonas de playas).

 

No abandonamos Méjico sin acercarnos a Valladolid, una ciudad situada en Yucatán. Zací era el nombre de la ciudad maya sobre la cual en 1543 se fundó la ciudad de Valladolid. Zací significa gavilán blanco y da nombre a uno de los cenotes a cielo abierto más grandes e impresionantes de la península del Yucatán: una caverna de unos 45 metros de diámetro. Valladolid, de unos 50.000 habitantes, vive fundamentalmente del turismo.

 Atrás dejamos la península del Yucatán y ponemos rumbo hacia el estado de Aguascalientes: en esta ocasión no vamos a aterrizar pero sobrevolamos sobre una pequeña localidad, apenas 1.500 habitantes llamada Valladolid, perteneciente al municipio de Jesús María, y situado a más de 1800 metros de altitud.

 

Nuestro siguiente destino es  Honduras para disfrutar del paisaje montañoso en el que está asentada la cafetalera Valladolid de las Mercedes, en el Distrito o Departamento de Lempira.  La población, que roza los 4.000 habitantes, está asentada sobre suelo de origen volcánico y rodada de grandes precipicios y  bosques de pinos.

 

Sin abandonar Honduras vamos a tomar tierra en Nueva Valladolid de Comayagua, que en el país se moteja como la “Antañona”, debido a que se trata de una de las primeras fundaciones españolas del país. Su nombre inicial fue el de Santa María de la Concepción de Comayagua. Popularmente también se conoce como el País de las Higueras. Cambiado al de Valladolid por Felipe II. Tiene el casco histórico mejor conservado de Honduras, lo que le proporciona una próspera actividad turística. Tiene Comayagua unas salas cinematográficas llamadas Valladolid. Nos estamos quedando sin combustible, así que ponemos rumbo a otro destino: Colombia.

 

Repostamos en un aeropuerto cercano al municipio de Apia, en territorio colombiano. El municipio de Apia (región de Risalda) está ubicado sobre territorio montañoso cuyo relieve corresponde a la vertiente oriental de la cordillera occidental de los Andes. La ciudad se divide en veredas o fracciones municipales, y es una de estas verederas la que responde al nombre de Valladolid.

 

Kennedy es una de las localidades del distrito de Bogotá, la capital de Colombia, que comenzó a gestarse en la década de 1930. Tiene una población que supera el millón de habitantes, y entre sus 438 barrios está Valladolid. Para hacernos una idea, Bogotá es una conurbación que supera los ocho millones de habitantes.  Bueno, pues en ese inmenso océano de calles y casas está el barrio de Valladolid.

 

Decimos adiós a  Colombia.  El radar de nuestro avión señala que volamos sobre Ecuador. Damos varias vueltas en el cielo sobre Valladolid en la zona de Zamora-Chinchipé. Consultamos nuestros datos y nos indican que esta población se fundó en 1557  y que llegó a ser la capital de la Gobernación de Yaguarzongo, a orillas del río Chinchipé (por cierto también hay en la zona un río llamado Valladolid).  A principios del siglo XX estaba prácticamente deshabitada, hasta que nuevos colonos comenzaron a darla una segunda vida: se refundó solemnemente en 1962. Su población se dedica fundamentalmente a la agricultura y elabora unos afamados quesos. Atrás quedan las leyendas de la antigua y  majestuosa Valladolid, de la que aún se reconocen restos arqueológicos.

 

No abandonamos territorio ecuatoriano pues nos dirigimos hacia Loja, muy cerca de Zamora-Chinchipe.  Loja, una provincia de 500.000 habitantes,  se conoce como la capital cultura de Ecuador. Su ubicación, fronteriza entre la costa y la amazonía le confieren unas peculiaridades económicas, etnográficas e históricas. Y entre uno de sus tantas parroquias o barrios, también nos encontraremos con Valladolid…  Tenemos que pensar en nuestro próximo y lejano destino. Nos aseguramos de tener  lleno el tanque de combustible pues hemos de atravesar el Océano Pacífico, camino de Filipinas.

 

En la provincia de Negros Occidental,  el municipio de Valladolid supera ronda los 38.000 habitantes. Fue una ciudad importante de las Islas Filipinas y hasta que fue bautizada con el nombre de nuestra ciudad, se conocía como Inabuyan. Destaca, de entre su patrimonio, la iglesia de Guadalupe (1851), y también ofrece el Balay Dolid (Museo de Valladolid). Para entender la complejidad urbana de Filipinas, indicamos que Valladolid se distribuye en 16 barrios o barangays.

 

Filipinas tiene, sin duda una enorme relación con Valladolid que proviene de la presencia en aquellas islas de los Agustinos. Y para un detallado conocimiento de esta huella española en Filipinas nada mejor que visitar el Museo Agustino-Filipino de Valladolid. Pero aún hemos de ver un detalle más sobre la presencia vallisoletana en Filipinas: la iglesia de San Joaquín, en Iloilo. Esta construcción religiosa, levantada a finales del XIX con trazas de fortaleza representa en su fachada una imagen de San Pedro Regalado, patrón de Valladolid. La iglesia está construida en un colina inmediata a la costa y su campanario servía como observatorio para avistar la presencia de piratas en busca de esclavos filipinos: detectada la presencia de “garays” (barcos piratas), las campanas llamaban a que la población  se pusiera a salvo refugiándose en la iglesia. La fachada, además de la imagen de San Pedro, ofrece un enorme mural de motivo militar: la batalla de Tetuán, en la que los españoles derrotaron a los soldamos musulmanes. Fue construida entre 1859 y 1869 impulsada por el fraile vallisoletano Tomás Santarén, de la orden Agustina. No se sabe muy bien a qué obedece esta decoración: ¿homenaje a su padre que luchó en aquella batalla?… ¿intimidación a los moros negreros que se acercaban a por esclavos filipinos? Es el caso que se trata de una construcción y decoración verdaderamente curiosas.

 

Nuestro vuelo alrededor del mundo toca a su fin: volvemos a casa. Pero aún nos queda una nueva sorpresa antes de aterrizar en el aeropuerto de Villanubla: el Valladolid coruñés del Concello de Touro, dependiente de la parroquia de  San Fiz de Quión. Este Valladolid es un minúsculo núcleo rural de apenas dos casas perdido en una hermosa zona boscosa.

Hay en Murcia, una entidad llamada Valladolises Lo Jurado. Piensan los historiadores, que el origen del nombre tenga que ver con la repoblación por parte de castellanos, y más concretamente de gente de Valladolid, cuando Murcia quedó incorporada a la corona de Castilla.

Y aquí queda constancia de la instalación que se ha realizado no sin cierta polémica entre detractores y entusiastas. Lo cierto es que está puesta en el lugar más fotografiado de Valladolid, de acuerdo con los datos que se pueden obtener en las páginas de turismo de Internet.

DONDE REPOSA HERMAFRODITA BORGHESE

Con la apertura en 2012 del Museo de Reproducciones, el Museo de Escultura se ha convertido en uno de los más importantes de Europa en materia de escultura. El de Reproducciones no es único en España pues, al menos, hay otro en Bilbao. Pero el de Valladolid tiene la enorme ventaja de sumarse al Nacional de Escultura creando, además, un entorno privilegiado en la calle Cadenas de San Gregorio.

En la nave central de la antigua iglesia de San Benito el Viejo (justo detrás de la Casa del Sol), se alojan a la vista del público 270 piezas. Más conocidas unas, como el Laoconte, el Discóbolo o la máscara de Agamenón, menos conocidas otras, es el caso de que al visitante se le ofrece una hermosa panorámica en conjunto y un deleite en cada pieza. Se trata de  reproducciones de obras originales expuestas en los principales museos del mundo: Nápoles, Louvre, Británico, etc.

La exposición no solo ofrece obra escultórica en diferentes materiales (yeso, bronce o piedra), sino también pictórica. En definitiva, presenta un completo conjunto de piezas que explican el cómo, a partir sobre todo del siglo XIX, se comenzó a considerar la copia o reproducción como una técnica en sí misma y una nueva forma de aproximación al arte.

No obstante, el deseo de poseer réplicas de esculturas antiguas viene de lejos. Por ejemplo, la famosa figura de Ares Ludovisi (s. IV a C) fue una de las más afamadas en el s. XVII:  Felipe IV le encargó una copia a Velázquez, y  Luis XIV obsequió a Federico el Grande con una reproducción de la misma.

Esta colección nació en 1877 y estuvo alojada en el Casón del Buen Retiro de Madrid hasta 1961. Cincuenta años después renació en Valladolid. Lo que está expuesto es solo una parte del fondo artístico pero, además, lleva aparejada una importante biblioteca especializada en el tema.

¡Qué mejor época del año que el invierno para visitar museos!

 

1a-cropFachada de la antigua iglesia de San Benito el Viejo, detrás de la Casa del Sol

 

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Panorámica general del museo

 

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 Discóbolo, original en el Museo Británico de Londres

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Hermafrodita Borghese, Museo del Louvre

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Panisco y Sátiro, modelada en 1884, el original se conserva en el Museo del Louvre

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Galo moribundo, su original, guardado en los Museos Capitolinos de Roma, data del siglo III a C. Detrás de la escultura, diversos bustos de personajes reales o imaginarios. Detalle de uno de esos bustos

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Esta Ariadna abandonada (copia de 1884) se trata, en realidad, de una réplica romana copiada de un original helenístico. Museos Vaticanos, Roma

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Laoconte, vaciado en yeso en 1887, se puede ver en los Museos Vaticanos

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Detalle de un casco de bronce  de gladiador del siglo I d C

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Ares Ludivisi, original en el Museo de las Termas, Roma

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Centauro domado por el Amor, Museo del Louvre

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Primer plano de Fauno Durmiente, escultura de bronce sobre una gran peana de piedra, se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles. Al fondo, los Retratos de El Fayúm, así conocidos por ser encontrados en momias de Egipto. La costumbre de hacer retratos realistas de los fallecidos abarca desde el siglo I a C. hasta, posiblemente, el siglo III d C

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Esta réplica de la  Máscara de Agamenón (metal repujado) data de 1914. Su original se remonta al s. XVI a C. y se conserva en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Se trata de una máscara fúnebre

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Qué mejores modelos que los de este museo  para practicar el dibujo, tal como hacen estas dos personas

HORARIO: martes a sábado de 11 a 14 y 16:30 a 19:30; domingos y festivos sólo mañana. Cerrado 1 y 6 de enero; 1 de mayo; 8 de septiembre y 24, 25 y 31 de diciembre.

La entrada es conjunta con el Museo de Escultura.

LOS PULMONES DE LA CIUDAD

Hablamos de esos lugares para pasear o que frecuentamos en nuestra vida cotidiana. Según el Plan General de Ordenación Urbana de Valladolid (PGOU), el término municipal tiene catalogado como Patrimonio Natural, es decir, muy resumidamente, espacios libres no construidos dedicados a tierras de cultivo, monte, plazas, jardines, arbolado, riberas, etc. cuya superficie en el plano suma unas 11.200 ha. que, traducido a un espacio más o menos identificable, equivale a 11.200 terrenos de juego de un estadio de fútbol. Hablamos, por tanto de 112 millones de metros cuadrados. La mitad de esta extensión la ocupan los pinares de Esparragal y Antequera (algo menos de 2.000 ha.) y el enorme terreno de Navabuena (donde está el Centro Penitenciario) que dedica buena parte de sus 5.000 ha. a tierras de cultivo y monte.

Fuente el Sol

Los espacios verdes más inmediatos a los barrios (como el Tomillar, Fuente el Sol o las Contiendas –por poner algunos ejemplos-),  y las plazas y tramos de riberas en el interior del casco urbano (plaza Circular, parque Ribera de Castilla o  Campo Grande –entre otros muchos espacios-), suman una superficie arbolada o ajardinada de poco más de 560 ha.  que mantienen el Servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento, lo que  nos dice que cada habitante de Valladolid toca a casi  19 metros cuadrados de superficie verde: esa que buscamos para pasear o por la que simplemente transitamos en nuestros quehaceres diarios.

Plaza Circular

Hablamos, por tanto, de una superficie muy por encima de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud –OMS- (que por otro lado tampoco es un dechado de precisión, pues indica que una ciudad saludable es aquella que tiene entre 10 y 15 metros cuadrados de superficie verde por ciudadano).

Parque Ribera de Castilla

Y como estamos hablando de zona verde recomendada por la OMS, este organismo también habla del arbolado aconsejable, e indica que hace falta al menos un árbol cada tres habitantes. Pues bien, volviendo a solo lo que mantiene Parques y Jardines (y descontados por tanto los extensos pinares), Valladolid dispone de unos 90.000 árboles, lo que hace que la ciudad esté dentro de los parámetros saludables del citado organismo mundial: estamos considerando, por redondear, al alza, 300.000 habitantes.

Plaza de la Universidad

Mas, Valladolid tiene un privilegio que no entra en estas contabilidades, cual es disponer de los pinares y encinares del sur del término municipal: los citados de Antequera y Esparragal, y el Monte Blanco. Superficies que si se tuvieran en consideración  para medir la calidad ambiental de la que hablamos multiplicaríamos por mucho nuestra disponibilidad de metros cuadrados “verdes”. Pues estos pinares no solo están rodeando un barrio, como Puente Duero, sino que son una zona habitual de esparcimiento de la gente.

Tejo del pasaje del Voluntariado Social

Por cierto,  el PGOU ha elaborado un listado de 35 árboles singulares por su edad, rareza o tamaño que adquieren la condición de “monumento”. Y casi todos los tenemos bien cerca: un pino de la plaza de la Universidad, un cedro en la plaza de San Pablo, un tejo en la plaza del Viejo Coso o el gran secuoya que sobresale en el tramo final del Canal de Castilla, por no citar unos cuantos que hay en nuestro gran parque urbano cual es el Campo Grande.

LOS FIELATOS DE VALLADOLID

Los asuntos de los impuestos siempre son controvertidos sobre todo porque a casi nadie nos gusta pagarlos. Pero antigua es su existencia, y buena parte de las obras que desde hace siglos se hacen en las poblaciones es gracias a los impuestos destinados a ese fin: construir y arreglar los puentes, las puertas, adoquinar las calles, construir fuentes y conducciones de agua… Se han llamado adehalas, sisas, etc.  Pero si hay un impuesto tan popular por conocido, como impopular por los conflictos que ha generado, fue la imposición municipal sobre usos y consumos: lo que se pagaba en los famosos fielatos. Los fielatos existían en la mayoría de las poblaciones, especialmente si eran de cierta importancia y lugar al que acudían a comprar la gente de los municipios del entorno.

El nombre de fielato deriva del “fiel” -es decir, la aguja de una balanza- de la que disponían los consumeros (nombre de los encargados de los fielatos) para el pesaje de los productos que tenían que tributar.

Este impuesto, pocos años antes de extinguirse se llamaba oficialmente “rentas y exacciones”, antes se conoció como “arbitrios” y, antes aún “impuesto de consumos”… y muy antiguamente, “portazgo”.

Los fielatos eran las casillas donde los consumero se refugiaban y guardaban los útiles que necesitaran para su trabajo. Unas casetas que en ocasiones estaban en mal estado: en 1922, por ejemplo, se habla en el periódico Diario Regional de “casetitas” de madera sin puertas y desvencijadas. Decimos que eran los puestos donde los empleados (mal pagados y con uniformes avejentados) verificaban los productos que se traían a vender a las poblaciones. Muchos de aquellos productos tenían que pagar un impuesto según la clase y la cantidad. Y es un impuesto que ha estado en vigor hasta el 31 de diciembre de 1962. Por tanto aún viven muchas personas que lo recuerdan, así como recordaran las pequeñas construcciones donde se apostaban los encargados del cobro.

Sabemos que muchos de aquellos consumeros eran gente muy mayor y con jornadas interminables: de doce horas diarias -dos turnos a lo largo de todo el día-, y los fines de semana turno de veinticuatro horas.

Se pagaba por las cosas más diversas, y estaba en relación con productos que se introducían en la ciudad para vender: fueran alubias, paja, vino, pescado, pan, higos o patatas… incluso jabón.

Los fielatos se instalaban en las entradas de la ciudad de forma estable (en 1961 sabemos que se hicieron obras en trece de aquellos fielatos). En 1947 los fielatos se habían ido reubicando según crecía la ciudad: treinta y un fielatos se contabilizaban en noviembre de 1955. Y también conocemos que en  1957 se crearon fielatos ambulantes debido a que los accesos a Valladolid y los núcleos de población eran cada vez más diversos.

Prototipo de casilla de fielato de 1882. Imágen el Archivo Municipal tomada del artículo “Los fielatos en Valladolid a través de los rastros documentales”, de Jesús Alonso editado en la Revista de Folklore de la Fundación Joaquín Díaz.

Al inicio de la década de 1960 eran continuas las críticas a este impuesto: la prensa lo tachaba de anacrónico. Por eso en el Ayuntamiento se empieza a hablar de su eliminación.

Pero habrá que esperar a que la ley de 1962 sobre Reforma de la Hacienda municipal para que en ella se acordara la supresión del impuesto y, por tanto, los fielatos dejarán de funcionar desde el 1 de enero de 1963. En aquel momento  Valladolid contaba con 19 casetas fijas de fielatos y el  Ayuntamiento aprobó una cantidad de dinero para proceder al derribo de las mismas.

¿Qué hacían los administradores de los fielatos? Pues cobrar en efectivo y extender a cambio un documento (papeleta) por el que se acreditaba que el sujeto había pagado su impuesto y por tanto podía vender su mercancía a minoristas o por sí mismo.

Su controvertido carácter venía de antiguo. En 1866 la administración pensaba en suprimirlos y sustituirlos por una licencia de venta y un complemento especial de contribuciones directas. La razón de este cuestionamiento era que se consideraba que el cobro en los fielatos era engañoso y manipulable, pues el impuesto que el vendedor pagaba en la puerta de la población lo recargaba en el precio al igual que lo que se le decomisaba o estropeaba en el registro que le hacían el funcionario del fielato.

Detalles de la ubicación de algunos fielatos según plano de 1890. El tercero se corresponde a la carretera de Soria antes de cruzar la vía hacia Circular.

En fin, tan impopular y conflictivo era que había guardias municipales que prestaban su servicio en los fielatos. Y son muchos los casos registrados de peleas muy serias entre vendedores y consumeros. Además, fueron varias las ocasiones en las que por motivos de huelgas o carestía de la vida la gente apedreaba las casillas de los consumeros e incluso hubo casos de prenderlas fuego, cosa fácil de hacer pues muchas eran de madera.

De entre los muchos conflictos  y problemas que daban los fielatos podemos comentar que en el año 1900 algunos concejales del Ayuntamiento de Valladolid se quejan  de que el personal que está en los fielatos es interino y no estaba demostrando celo en su trabajo, de tal manera que la recaudación  cayó escandalosamente, pues en muchos casos los consumeros no se personaban en la caseta y Valladolid, decían, “se había convertido en una puerta abierta al matute más escandaloso”.

Se conoce de casos como el de la detención arbitraria de un señor en el fielato de la Estación porque se negó a pagar el impuesto ¡por una docena de mantecadas! que traía para su casa. Pero más curioso es que en el fielato del canal de  castilla se cobró a una pobre mujer que venía a lavar lo ropa desde Zaratán: 1,50 pesetas por tres canteros de jabón… ¡que, además, había comprado en Valladolid! y, por tanto, pagaba dos veces impuestos por el mismo producto.

En  1912, año duro de carestía de la vida,  una turba de gente apedreó e incluso quemó algunos fielatos.

La prensa da noticia en 1930 de una pelea en el fielato de las puertas de Tudela por la cantidad de paja que iba en el carro: encargado y ciudadano acabaron en la casa de socorro con diversas lesiones.

En fin, son muchas y recurrentes las noticias sobre la ira contra aquellos “entrañables” fielatos.

Fielato del camino a Renedo. Publicado por Raquel de las Heras.

Solo cabe añadir que circula en artículos, libros e internet que la famosa torrecilla de la carretera de Rueda era un fielato: y no es cierto. Sí  que había un fielato por este lugar pero la torre no. Esta formaba parte de una finca particular. Y también indico que tampoco los antiguos almacenes que hay en el Paseo del Arco de Ladrillo, nada más pasar las vías del ferrocarril, fuera un fielato: aquello eran los Almacenes Generales de Castilla que tenían arrendados o en propiedad diversos mayoristas de la alimentación. El fielato estaba más adelante hacia la carretera de Madrid.

Fielato a la entrada de Medina de Rioseco, reconvertido en oficina del Camino de Santiago.