EL HENAR, UN ARROYO LEGENDARIO

El modesto arroyo del Henar nace en tierras cuellaranas, en la provincia de Segovia. Y al arzobispado de aquella ciudad pertenecieron algunos de los pueblos de este valle y otros del páramo de Cogeces-Campaspero.

 Estos municipios quedaron definitivamente asentados en Valladolid cuando el decreto del ministro de Fomento Javier de Burgos en 1833 rehízo los límites y comarcas que han terminado por configurar las provincias actuales.

 Es el caso que el Henar recorre 25 kilómetros hasta desembocar en Cogeces de Íscar. Y junto a él, tres poblaciones que guardan recuerdos y añoranzas de lo que en el pasado fue un cauce cangrejero cuyo agua regaba huertas y movía algunos molinos: de harina primero y de producción de energía eléctrica después.

El arroyo ahora está seco en su cabecera, que nacía junto a los  manantiales  de Juarros,  las Torres y  los Peces. Pero en la actualidad necesita adentrarse en el valle de Viloria para que sean los manantiales que a un lado y otro hay aporten el escaso agua que vemos: como el del Batán o de los Morales, entre otros.

Esta precariedad de aguas sin embargo no se corresponde con la historia del arroyo, pues alimentó diversos molinos e incluso en la década de 1930 se estudió abastecer la ciudad de Valladolid con el abundante agua que manaba de las fuentes del valle de Viloria, sin menoscabar el caudal del Henar.

Contado esto, vamos a visitar los municipios de Viloria, San Miguel del Arroyo y Santiago del Arroyo, siguiendo el cauce del Henar.

Más, antes, propongo dar una caminata desde Viloria hasta el Henar. Un paseo de un par de horas entre ida y vuelta.

 

Partimos de la plaza Mayor  o del Templete (aunque ya no quede tal construcción). Por el costado derecho de una casa aislada que parece presidir la plaza arranca una callecita que nos llevará, en apenas unos pasos, a un senderillo umbrío que entre saúcos, olmos y matorrales desciende rápidamente hacia el valle y nos deja encaminados hacia el Monasterio del Henar. Iremos a tomar la parte derecha del valle, ignorando un ancho camino que arranca por la izquierda.

 

Cuando lleguemos a la disyuntiva que aparece en la fotografía, mejor tomar el camino de la izquierda, pues es más agradable y sombrío.

 

Imágenes del valle,  del camino y panorámica de Viloria. Al otro lado del valle está la fuente del Batán, de tan limpias aguas que aún cría berros. Se llama del Batán porque en ella antaño se abatanaban las lanas. Viloria, además de haber replantado el valle con diversidad de árboles incluso frutales,  está tratando de recuperar una vieja laguna que antes había en este enclave.

 

 A los pies del santuario del Henar hay una agradable y frecuentada pradería. En ella, una fuente fechada en 1833 y en la carretera hacia Cuéllar una especie de capillita recuerda la leyenda de la aparición de la virgen, como no, a unos pastores. Relatan quienes han escrito sobre esto, que la imagen de la virgen estaba en un pozo en el que permanentemente alumbraba una vela.

 

El santuario acoge una virgen de talla románica y de discutida procedencia, aunque parece claro que data del siglo XII. En torno a la devoción popular que cada año congrega miles de peregrinos, se levantaron los edificios del santuario entre los siglos XVII y XVIII, que incluye un claustro en el que están las dependencias de los monjes. Esta virgen está declarada desde 1958 patrona de los resineros, pues  recorre tierras de antigua producción resinera,  que si bien cayó en desuso frente a los derivados del petróleo, en la actualidad está conociendo una renaciente actividad. 

 

 Concluida la caminata nos dirigiremos hacia San Miguel del Arroyo por la carretera vieja,  no sin antes advertir de la presencia de un molino a nuestra derecha, y un poco más adelante, alejados de la carretera, restos del despoblado de Casarejos.

 

San Miguel del Arroyo. Algunas gentes del municipio me contaron que el Henar era un lugar vivido y que eran los propios vecinos los que limpiaban  y cuidaban su cauce. Además de cangrejos, las aguas del arroyo regaban generosas huertas y que, incluso, la rata de agua antaño se cazaba para atender los gustos culinarios o la necesidad de llenar el estómago. Por el término hay numerosas fuentes, alguna de las cuales (Fuentes Claras), de limpias aguas que surten al municipio, aunque este esté enganchado a la traída llamada de la Churrería. El término posee uno de los grandes pinares (el Negral) que antaño producía una enjundiosa actividad resinera.

 

Junto a la ermita del pueblo, un interesantísimo e ilustrado crucero fechado en 1552.

 

 A las afueras, por el valle, los restos de la ermita de la Virgen de Fuenlabradilla, un lugar de resonancias esotéricas, también conocida como del Santo Espíritu o de las Huelgas.

 

 Nuestro próximo destino será Santiago del Arroyo, una pedanía, con alcalde propio, dependiente de San Miguel.  Mas, antes no debe pasar desapercibido un gran pino aislado que sobrevivió a las obras de la autovía, gracias al empeño de algunos ciudadanos de la localidad.

 

Algunas imágenes de Santiago, en cuyo término está el mayor sabinar de la provincia.

 

 A las afueras, la laguna del Prado y un viejo molino. En Santiago, el  cauce del Henar da un giro de 90 º  hacia la izquierda, y bordeando el sabinar que se encuentra al otro lado de la autovía, va a buscar las aguas del Cega, junto a Cogeces de Íscar.

 

Si estamos dispuestos a que nuestro vehículo coja un poco de polvo, desde Santiago podemos tomar un camino de concentración que parte por debajo de la autovía y discurre paralelo al cauce del Henar. Este camino nos facilita ver otro viejo molino llamado del Valle y la antigua fábrica de rubia (fábrica del Macho) y, como el arroyo, llegaremos a Cogeces de Íscar. La fábrica de rubia producía el cotizado tinte rojo, quizá el color más empleado para la industria del vestir, al menos en el pasado.

 SUGERENCIA: En este mismo blog se pueden ver artículos relacionados con el valle del Henar: UN PROYECTO QUIMÉRICO,  UNA ENIGMÁTICA ERMITA, EL SABINAR DE VALLADOLID y  DE PUENTE A PUENTE.

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FUENTE DORADA: DESDE HACE 400 AÑOS

En 1618 ya corría el agua de la traída de Argales en la fuente que se levantó en la plaza de la Espadería, o de Guarnicioneros, o de la Gallinería Vieja, que de todas estas formas se conocía la que terminaría llamándose plaza de la Fuente Dorada, nombre que definitivamente se acordó en 1863.

Es decir, este año 2018 es el cuarto centenario de la existencia de esta popular e histórica fuente de Valladolid.

La presencia de fuentes en el interior de la ciudad trajo grandes ventajas y beneficios a la comunidad: sirvió  para el consumo de boca y para cocinar los alimentos. También fue muy útil para la higiene de las personas y facilitó las tareas domésticas consustanciales al abastecimiento de agua y lavado de ropa. Favoreció las actividades económicas y artesanales, y permitió apagar incendios (muy frecuentes en aquellas épocas) con mayor eficacia.

Las obras  fueron muy costosas y complicadas, pues no era cosa pequeña coger agua a más de 6 kilómetros de distancia y hacerla llegar hasta la fuente solo mediante gravedad con un escaso desnivel, por lo que Juan de Herrera hizo una auténtica proeza. De hecho, la traía de las aguas de Argales hasta Valladolid se ha calificado como una de las obras de ingeniería más importantes del Renacimiento español. Producto de aquellas obras son las famosas y conocidas Arcas Reales.

 

La construcción de la fuente Dorada y la que se erigió después en Rinconada fue el resultado de un proyecto que, en realidad, se había quedado muy corto respecto de las expectativas del Concejo que en el año 1603 había acordado que el agua llegara,  al menos, a otras seis plazas más. En la imagen se refleja el proyecto al que aspiró el Ayuntamiento en el siglo XVII. Pero no pudo ser, por razones económicas. ¿Cómo era la primera fuente que se construyó en 1618?  No hay ningún plano ni dibujo, pero por algunas descripciones podemos deducir que la fuente tenía bolas y pedestales, con antepechos de hierro, una gran taza octogonal y varias escaleras, y estaba rematada por una bola con una aguja de bronce (dorado). De ahí su tradicional nombre de Fuente Dorada. La imagen está tomada del libro que sobre las Arcas Reales coordinó Carlos Carricajo.

 

Unos cien años después los adornos se cambiaron por unos delfines de piedra, y encima un tiesto de flores bajo una estatua representando la primavera, muy dorada. También tenía bolas y pedestales. Por las crónicas de la época conocemos que un muchacho le rompió la cabeza de una pedrada y que el pueblo comenzó a llamarla “fuente de la primavera sin cabeza”. Acompañamos el artículo con un fotomontaje de Alberto García (a petición mía) de cómo podría haber sido esa fuente si aún hoy existiera. Con el paso de los años la estatua de la primavera se sustituyó por una tinaja o jarrón, sin que se pueda saber en qué año ocurrió aquello.

 

En 1840 nos encontramos ante una reforma de la fuente para colocar la estatua del dios Apolo sobre un pedestal. De esta fuente sí tenemos una fotografía de la época que localizó casualmente  el catedrático de Historia el Arte Jesús Urrea. La fuente también tuvo adornos dorados. Tenía un pilón ochavado y estaba rodeada de un zócalo de piedra y un enverjado con ocho remates de bronce. Para el pedestal se utilizó piedra de la torre de la Catedral que poco antes se había hundido. Como tantas cosas, en principio intrascendentes, que acometía la corporación, no fue asunto sencillo tomar la decisión sobre su colocación y, así, se anduvo en informes y cavilaciones sobre la orientación que debía tener la escultura: ¿debería mirar hacia la calle Orates, es decir hacia la Catedral, o debería orientarse hacia la plaza Mayor? Para ello se emitieron sendos informes: uno del arquitecto municipal, y otro del pintor Pedro González de cuyo taller, sin que se sepa muy bien porqué (¿esculpida o restaurada por él?) salió la escultura para instalarse en el pedestal. Ambos coincidieron en que debía orientarse hacia la calle de Orates, tanto porque es la que da la perspectiva más larga para ver la escultura, como porque, según el pintor, al representar al dios del sol, debería orientarse hacia el Este, lugar por donde amanece el astro rey. La foto original  tiene el siguiente pie: “La fuente del dios Apolo en la plaza de Fuente Dorada hacia 1857, por Gaudin. Foto colec. C. González”.

 

Esta fuente se desmontó en 1876 y se sustituyó, sucesivamente, por  cubos de piedra y, luego, de hierro (según años), con una farola encima. Que fuera una fuente de sencilla factura no significa que los ediles no se preocuparan por ella, pues incluso el tipo de farolas que se pusieron en ella dio origen a más de un debate en el pleno del Ayuntamiento.  Así, los concejales se emplearon a fondo en julio de 1897 para debatir si la fuente, en vez de disponer una columna de tres farolas, tal como proponía el dictamen de la comisión, debía ser de una sola farola, de las llamadas cuatro de septiembre. Pero aún más, un concejal propuso que ni farola de una luminaria ni de tres, sino que se colocara una de cinco. Sometido tan “importante” asunto a votación, ganó el dictamen de la comisión… es decir que el cubo de la plaza de Fuente Dorada lució una farola de tres luminarias. No obstante, no fue este un asunto que quedara grabado a fuego para la eternidad, pues como se aprecia en las fotos de época, la fuente  sustentó diversos tipos de farolas. Pero es que el afán de perfilar los detalles por parte de los munícipes no tenía límites, dado que  el debate también se extendió a sobre si la piedra a emplear en la nueva fuente debía ser de las canteras de Campaspero,  de Villanubla… o de granito. A pesar de que Valladolid ya se estaba abasteciendo con el agua del Canal del Duero, el Ayuntamiento decidió que la fuente Dorada, así como la de Rinconada,  siguiera surtiéndose de las aguas de la traída de Argales.

 

Y llegamos a 1948, año en el que el Ayuntamiento retoma la idea de que la Fuente Dorada tuviera algún adorno. Para ello nada mejor que aprovechar la donación de una estatua que hasta entonces estaba ubicada en el Palacio del Marqués de Casa Pombo (más conocido como palacio de Villena). Una estatua que se mandó pintar con purpurina: de ahí la sorna popular que hizo que acabara  conociéndose como Don Purpurino. Apodo que ha quedado para la historia y en el que nos reconocemos cuando hablamos de aquella estatua de bronce. La escultura se inauguró en 1949, en medio de un estanque con peces de colores, pero no contó con la simpatía popular.

 

¿Porqué no contó con las simpatías del público? Veamos. Según se mirara desde cierta perspectiva, el “Purpurino” parecía estar sujetándose el pene, que no era sino un pergamino que portaba en su mano izquierda a la altura de la cintura. Por otro lado no se sabía a ciencia cierta de que personaje se trataba:  ¿un dios Hermes, un azteca, un mensajero…? En El Norte de Castilla se publicó lo siguiente: “Ayer fue descubierta, previa una mano de deleznable purpurina, la estatua que corona la fuente Dorada”, y sigue: “Un impaciente que ayer nos escribía llamaba a esta figura “el fantasma del saco”, debido a que su capa parecía la tela de un saco.

 

Total, que en 1953 (cuatro años después de su inauguración) el Ayuntamiento terminó por desmontar el Purpurino, donarle al pueblo de Tamariz de Campos, donde ahí sigue, y poner una esbelta columna que se remataba con cuatro farolas de hierro fundido, permaneciendo igual el estanque y graderío que rodeaba los surtidores. La fuente se desplazó de sitio y se ubicó a un lado, para facilitar el tráfico de coches y el aparcamiento. La foto es de Cacho.

 

Aquella gran fuente se desmontó en la década de 1970 y la famosa Fuente Dorada quedó reducida a un mísero cubo de piedra en un rincón de la plaza. Ahora, la columna y sus farolas están en la plaza de La Trinidad, delante de la biblioteca de la Junta de Castilla y León (o de la iglesia de San Nicolás).

 

Hasta que en 1998,  tras la profunda remodelación que se hizo  en la plaza, volvimos a tener la fuente monumental que actualmente vemos. Se debe al arquitecto, ya fallecido, Fernando González Poncio, que fue quien firmó la remodelación de la plaza e incluyó, por iniciativa propia,  la erección de esta fuente. El diseño ha tratado de representar una especie de resumen histórico de la misma: la bola dorada que adornó la fuente en su primera traza; el pilón ochavado que tuvo en ocasiones; figuras y mascarones que con frecuencia adornaban la fuente; un relato y representación de los oficios y actividades que a lo largo de los siglos hubo en sus inmediaciones. Los adornos incluyen una mujer con el cántaro, pues es la principal protagonista en el abastecimiento de agua a los hogares.

 

Los cuatro mascarones por los que  mana el agua representan las estaciones del año: comienza por la primavera, que mira hacia la calle Teresa Gil, y siguen hacia la derecha el verano, el otoño  y el invierno.  La cara de la primavera es un rostro joven, que va envejeciendo notablemente según discurren las estaciones del año. . Estos mascarones también representan las estaciones en el adorno que aparece en sus cuellos: los frutos de la primavera… las mieses del verano… las uvas del otoño… y las bellotas del invierno. Y, por último, la fuente esconde un pequeño secreto: el nombre de su escultor, el citado González Poncio, que está grabado bajo el mascarón de la primavera que, como se ha  dicho, mira hacia la calle Teresa Gil,  donde el ya fallecido arquitecto vivió algunos años. Esta leyenda difícilmente se lee cuando la piedra está mojada, por lo que si se quiere ver con claridad hay que madrugar un poco, antes de que comience a fluir el agua desde los caños.

NOS VEMOS EN TIEDRA

AMIGAS Y AMIGOS DE VALLADOLID LA MIRADA CURIOSA:

El blog ha alcanzado (y superado) el medio millón de visitas y para celebrarlo os hago una propuesta: PASAR UN DÍA EN TIEDRA

 DÍA 29 DE SEPTIEMBRE,  SÁBADO

 Tiedra es uno de los municipios más bonitos de Valladolid. Posee un patrimonio urbano con construcciones especialmente singulares: Casa Consistorial,  pósito,  ermita, matadero,  castillo, etc. Probablemente el reloj de sol de su ermita sea el más antiguo de Valladolid.

Pero también ofrece un patrimonio natural y tradicional muy interesante basado en sus fuentes no hace mucho rescatadas del olvido y el abandono.

Estamos hablando de una población que tuvo asentamientos vacceo y romano,  y que ofrece  un caserío contemporáneo  muy interesante.

En colaboración  con el Ayuntamiento y la Oficina de Turismo hemos organizado el siguiente

PROGRAMA:

Por la mañana: recorrido por el casco urbano de la villa para conocer los edificios y construcciones más singulares e históricas. Quedamos en la plaza Mayor y partimos, para comenzar, hacia la ermita, un edificio sorprendente en todos los órdenes, pues es algo más que un edificio de origen religioso.

Durará unas tres horas máximo.

 

Por la tarde (opcional): una actividad de senderismo recorriendo  algunas de las fuentes que rodean Tiedra. Se trata de fuentes de muy variada construcción e historia. El recorrido, en total, ronda los seis kilómetros, y es asequible a todo el mundo.

Las actividades estarán guiadas por el alcalde,  Nunilo (licenciado en Historia Medieval),  y yo mismo. Con la colaboración de Esther, de la Oficina de Turismo.

 

HORARIO:

Mañana, a las 10:00 h. recepción en la plaza Mayor e inicio del recorrido.

Tarde, a las 16:30 h. y también partimos de la plaza Mayor

POR SUPUESTO, SE PUEDE HACER SOLO UNA DE LAS DOS ACTIVIDADES

… Y, si hay un día despejado, recomiendo ver la puesta del sol desde las inmediaciones del castillo: bellísima.

 NO HAY QUE PAGAR NINGUNA CUOTA.

 SUGERENCIAS PRÁCTICAS

Para comer hay las siguientes opciones:

Restaurante el Molino. Reservas 607 640 643

Restaurante El Refugio. Reservas 625 053 039

Ambos rondan los 15 euros

También está el Centro de Turismo Rural: Reservas 983 780 614

El Ayuntamiento  pone a nuestra disposición un  local para quien quiera llevar su propia comida.

Para los más intrépidos, y ya fuera de la excursión,  está la opción de quedarse hasta la noche para visitar el Centro Astronómico: 660 028 282 para reservar.

 

EL NÚMERO MÁXIMO DE ASISTENTES ES DE 50 PERSONAS, POR LO QUE ES IMPRESCINDIBLE QUE ME COMUNIQUÉIS LA ASISTENCIA

Correo electrónico: jesusantaroca@hotmail.com

CERRADO POR VACACIONES… O ABIERTO, SEGÚN SE MIRE

Durante unas semanas Valladolid, la mirada curiosa se toma unas vacaciones.

Varios proyectos muy interesantes esperan este mes de agosto para madurar.

Mientras tanto, aquí dejo una docena de postales… entre otras muchas que podrían formar parte del Valladolid histórico, cultural, monumental e industrial.

El verano es una buena época para portarnos como “turistas” en nuestra propia ciudad, así que invito a recorrer la ciudad o la localidad en la que estemos pasando días de vacaciones.

Cada cual tiene su álbum de fotos, recuerdos e impresiones.

¡En septiembre nos vemos!

 

Museo de la Ciencia. Inaugurado en 2003 sobre la base de la antigua fábrica de harinas del Palero (cuyos restos se aprecian en el frontal de ladrillo rojo). Sus arquitectos fueron Rafael Moneo y Enrique de Teresa.

 

Monasterio jerónimo de Nuestra Señora de Prado. Se ha ido configurando a lo largo de los siglos XV a XVIII. En él pernoctó Colón en uno de sus viajes a Valladolid. Tal vez el edificio más interesante desde el punto de vista monumental e histórico de la ciudad.

 

El puente Colgante, de Hierro o del Prado, que de todas estas formas se ha conocido. Se construyó en 1864 y salva un vano de casi 69 metros.

 

El viejo edificio de la Electra Popular Vallisoletana. Construido por el ingeniero Isidro Rodríguez Zarracina en 1905. Una muestra muy importante de la arquitectura industrial vallisoletana.

 

Antiguo convento de San Agustín, hoy Archivo Municipal de Valladolid. Data del siglo XVI y la arquería se desmontó en su día y estuvo ubicada en el Campo Grande, hasta que de nuevo se instaló en su emplazamiento original en 2003.

 

La evocadora calle de Santo Domingo de Guzmán.

 

El viejo Coso se construyó en 1833 y fue plaza de toros hasta que en 1890 se edificó la del paseo de Zorrilla. Luego cuartel de la Guardia Civil y, por último, transformado en viviendas.

 

Casa del Sol ( s. XVI) del conde de Gondomar. Llamado el “maquiavelo español” le tocó lidiar con la diplomacia de Felipe II en Inglaterra en los momentos más duros de la confrontación religiosa entre ambos reinos. Su biblioteca personal fue una de las más importante de España en su época.

 

“Escenario para una película” es el título de esta escultura de Dennis Oppenheim, uno de los más importantes escultores contemporáneos que  falleció en 2011.

 

La afamada Casa Mantilla, se fecha en 1891 y en su día fue el edificio más alto de Valladolid (iglesias aparte) y dispuso del primer ascensor que se instaló en la ciudad.

 

Las refrescantes “Sirenas”, de la artista Concha Gay, en la plaza de la Comedia, del Coca o de Martí y Monsó, que con estos tres nombres se la conoce. 

 

El Pasaje de Gutiérrez, del más puro estilo afrancesado, levantó la admiración de la ciudad cuando se abrió al público en 1886.

 

 

 

VALLE DEL BOTIJAS

El río Botijas recorre veinticuatro kilómetros desde su nacimiento hasta que desemboca en el Duero, en  Peñafiel. Mientras tanto, traza un pequeño valle que une las provincias de Valladolid y Segovia, lamiendo con sus aguas cuatro pueblos que no por pequeños carecen  de historia e interés.

Por Madres se conoce la turbera que recoge aguas en cantidad suficiente como para formar el caudal del Botijas. Esta turbera, sobre todo en verano, hace casi imposible que se vean las aguas que embalsa, pue bajo el lujurioso manto verde hay profundidades que superan el metro de agua. El paraje es accesible pero exige un poco de prudencia para no meter el pie donde nos podemos topar con el agua.

Y sin más preámbulos, vamos a iniciar nuestro recorrido por el Botijas, territorio del  mítico “El Empecinado”.

 

Cuevas de Provanco es el primer municipio de la provincia de Segovia una vez que atravesamos Castrillo de Duero viniendo desde Peñafiel. Cuevas es un pequeño pueblo que trepa las laderas que desde el valle se encarama hacia el páramo de Corcos, donde está la raya con la provincia de Burgos. En lo alto de municipio, restos de una fortificación.

 

Hasta las Madres podemos ir en una caminata siguiendo el valle desde Cuevas. Un paseo de unas cuatro horas entre ida y vuelta. O acortarlo tomando la carretera que parte de lo alto del pueblo hasta que nos topemos en una curva con unas viejas corralizas. En este punto descendemos hasta las Madres en un paseo que apenas nos lleva tres cuartos de  hora en total.

 

Reiniciamos el regreso por la carretera que nos devuelve a Peñafiel. Vamos a parar en Castrillo de Duero y a caminar un rato por sus calles. El punto más elevado es su iglesia (del s. XVII sobre restos del XII),  mirador que ofrece magníficas vistas del valle. Al otro lado del Botijas está la planicie del Cuchillejo, el punto más alto de la provincia de Valladolid… ¡nada menos que 933 metros de altitud!

 

Castrillo tiene varias casas blasonadas del siglo XVII y XVIII de piedra bien labrada, lo que nos habla de un pasado noble y muy próspero. Un cernícalo descansa sobre uno de los escudos nobiliarios  de la localidad.

 

La plaza del Ayuntamiento está presidida por una escultura de “El  Empecinado”. Fue un soldado de mítica historia nacido en Castrillo y  que alcanzó la más alta graduación militar luchando contra los invasores franceses. De origen humilde,  destacó por su fuerza, decisión e inteligencia. Terminó sus días ajusticiado por orden del taimado Fernando VII porque aquel militar de raza no se plegó a los intereses del malvado rey que traición la Constitución de Cádiz y restauró parcialmente la Inquisición, entre otras lindezas. Nada claro está el origen del apodo “El Empecinado” por el que se conoció a Juan Martín Díez: ¿por su tez oscura? ¿por sus firmes ideas? ¿porque en este lugar el Botijas se caracteriza por la pecina que se forma? El autor de la escultura es el vallisoletano Luis Santiago Pardo.

 

Iglesia de Olmos de Peñafiel que, como la Castrillo, conserva restos románicos, lo que habla de la antigüedad de estos municipios del Botijas. Molino ahora convertido en Museo de la Harina y la Miel que mantiene intacta su maquinaria.  Hay que concertar la visita.

 

Eremitorios: cuevas en las que  oraban monjes que se apartaban durante una temporada del mundo conventual.

 

Mélida: en lo alto de este pequeño municipio de apenas 60 habitantes,  fuente del siglo XIX con el escudo de Peñafiel. Este valle es rico en aguas que vienen de las llovedizas recogidas en los páramos calizos que le rodean.

 

Y el roquedo de Peñafiel se perfila al final del valle que hemos recorrido siguiendo el humilde Botijas,  pero cargado de historia. Habremos observado que en su último tramo hay  viñas y bodegas del afamado vino Ribera de Duero.

EL ROSTRO DE DON PERO ANSÚREZ

El Conde Ansúrez fue un personaje inteligente y culto. Conocedor de la lengua árabe, lo que le valió  ser interlocutor de los reinos cristianos con los califas musulmanes; y emparentó con los Armengol del Condado de Urgel.

Traigo esto a cuento para situar en brevísimas palabras el perfil del personaje al que se atribuye la fundación de Valladolid. Aunque más propio sería decir que a caballo del siglo XI y XII engrandeció o repobló Valladolid, que entonces no era más que una pequeña aldea.

En realidad no hay más que apenas un puñado de documentos que permitan tener certeza sobre la vida y fundaciones de Ansúrez, por lo que se trata de un personaje un tanto envuelto  en la niebla: no se ha podido establecer con precisión  el año de su muerte. Se ha acordado el año de 1118 como el de su fallecimiento pues en marzo de 1117 aún se reconoce su firma en un documento.

Por otro lado, al ser coetáneo del Cid, su vida palidece frente a la poderosa leyenda de aquel guerrero al que, por otra parte, se le atribuyen hechos y hazañas que en realidad no protagonizó. Pero así es la historia.

Es el caso que uno de los pocos historiadores que han abordado la vida de Ansúrez (Andrés Barón) le define como el personaje más influyente en vida de los reinos cristianos del noroeste español: fue la mano derecha de Alfonso VI y de su sucesora Doña Urraca.

Ni siquiera su enterramiento está exento de cierto misterio, pero parece suficientemente probado que el Conde tuvo su primera morada mortuoria en la antigua Colegiata de Valladolid. Si hacemos caso a José Zurita Nieto, en su libro sobre el Conde, fechado en 1918, los restos de Ansúrez se acomodaron debajo del coro alto de la Colegiata, y en 1674 se trasladaron a la nueva Catedral, que terminaron racalando en la capilla que hay del lado del Evangelio, perfectamente accesible a cualquier visitante.

Llama la atención que el Conde no fuera enterrado, como era su deseo, junto a su amada Condesa Eylo y su querido hijo Alfonso en el monasterio de San Benito de Sahagún (León), tal como era su deseo.

En el año 1095 se consagró la Colegiata. Era un pequeño edificio románico, del que se conserva aún parte de él  reconocible en lo que tiene que ver con la torre. Se trataba de un enclave elevado de la ciudad, aunque un tanto apartado del caserío en su época. Y aquella fundación dio origen al crecimiento de Valladolid más allá de la Esgueva y se crea el nuevo barrio de Francos o de San Martín (iglesia que se construyó con posterioridad a la vida del Conde).

En el Archivo Municipal se conservan unas fotografías, digitalizadas a partir de que me “tropecé” con los originales de papel  en una caja que contenía diversos documentos. La caja tenía fotografías de una especie de exhumación de los restos de Ansúrez llevado a cabo en la Catedral el año 1979. Exactamente el 3 de febrero de aquel año.

Y como estamos en el año en el que se celebra el noveno centenario de la muerte del Conde, vamos a reproducir imágenes que reflejan su rostro y sus hazañas. Todo ello teniendo en cuenta que se trata de recreaciones carentes de cualquier veracidad.

 

 

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Del sepulcro del Conde,   el Catálogo Monumental de la Provincia de Valladolid  nos da esta escueta noticia: “Sepulcro del Conde Pedro Ansúrez; escultura en madera policromada, de hacia 1585, reja de siglo XVII y pintura sobre tabla de San Miguel, del último tercio del siglos XVI”.  A su lado,  un retablo neoclásico de la Crucifixión, original del flamenco Michel Coxcie.

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Imágenes de la exhumación de los restos del Conde. Año 1979. En la primera fotografía aparecen el historiador Jesús Urrea y el canónigo archivero Vicente Rodriguez Valencia (Archivo Municipal de Valladolid).

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Escultura del sepulcro y primer plano de su rostro.

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Escultura que preside la plaza Mayor de Valladolid. Levantada en 1903 y esculpida por Aurelio Rodríguez Vicente Carretero (autor, también, del monumento a Zorrilla). El pedestal de la escultura recrea algunas escenas de la vida del Conde y fue realizado por el arquitecto municipal Juan Agapito y Revilla y tiene un par de bajorrelieves que llevan la firma de Carretero.

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Retrato del conde en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Valladolid, un óleo anónimo realizado a finales del s. XIX.

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En Mucientes se conserva un óleo  de 1890 del pintor vallisoletano Sánchez Santaren en el que se ve a Ansúrez, junto a su esposa Eylo, estudiando los planos de la iglesia de la Antigua. Una escena similar hay en un fresco que se conserva en el Casino de Valladolid.

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Cedido por la Diputación, el salón de recepciones del Ayuntamiento de Valladolid  (1906) muestra un lienzo de un Conde Ansúrez idealizado al gusto de la época. Su autor, Pedro Díaz Minaya, 1606…

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 … Y una copia de este lienzo la realizó Samuel Luna en 1898, que lo conserva la Diputación Provincial.

 
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 En el techo del mismo salón municipal, un fresco realizado por Gabriel Osmundo Gómez representa, de nuevo, al Conde y su esposa estudiando los planos de la Antigua. A su alrededor se muestran las armas y el poder que ostentaba. Si nos fijamos un poco más veremos que el arquitecto sujeta de su mano un plano del puente Mayor (aunque ya sabemos que no se construyó en vida del Conde).  Por cierto una de las vidrieras del mismo salón reproduce el rostro de Ansúrez, entre los de los Reyes Católicos y Felipe II.

 

NOTA: este artículo es un actualización del que publiqué hace tres años.

UNA REVOLUCIÓN GASTRONÓMICA

Con el título de “Sabores que cruzaron los océanos”, el Archivo de Chancillería ofrece una curiosa e interesante exposición.

Cuando los españoles llegaron a las islas Filipinas se trajeron consigo sus costumbres y su cultura pero, también, sus alimentos. Fruto de aquel encuentro entre culturas tan distintas es el Museo Oriental de los Agustinos-Filipinos. Mas en esta ocasión se nos expone la influencia culinaria y las rutas y medios de transportes mediante los cuales todos aquellos nuevos productos de la tierra y sus especias se fueron incorporando a la cocina española (y por ende occidental). Lo mismo que Filipinas conoció la cocina española.

La enorme revolución silenciosa que supuso aquel encuentro entre Filipinas y España se produjo porque en aquellas islas confluyeron varios pueblos asiáticos, incluida China, y América: las comunicaciones entre el gran país asiático y Filipinas; y las de estas islas con Latinoamérica a través del llamado “galeón de Manila” o tornaviaje, contribuyeron a una verdadera “globalización” que supuso la combinación de gustos y sabores de Oriente y Occidente

El deseo español de conseguir las especias de Oriente,  a través de una ruta que no fuera la tradicional atravesando a lomos de caballería todo el continente asiático y europeo, fue lo que  impulsó la primera expedición de Colón. Años más tarde fue el famoso viaje de Magallanes el que consiguió alcanzar aquel destino soñado: la búsqueda de una ruta que hiciera más fácil el acceso directo desde América a las islas de las especias: las Molucas. y Filipinas.

Las Filipinas eran un nuevo universo para los españoles del siglo XVI. Unas islas que, como ya hemos dicho, se situaban estratégicamente en el encuentro entre Asia y América. Aquello produjo, entre otras cosas,  un auténtico cambio gastronómico a escala global.

Así que ahora, cuando presumamos de la excelente cocina española, debemos tener presente que en gran parte se ha forjado gracias a Filipinas. Y esto es lo que se nos muestra en el Archivo de Chancillería.

 

Réplica de la Nao Victoria. Fue un buque oceánico que construyó la Corona para ir a las islas de las especias. En aquellos primeros años se la llamaba “Armada de la especiería” o de “Magallanes”. Estaba dotada con 45 hombres. Fue la que dio la primera vuelta al mundo.

 

Vista general de algunas de las salas de la exposición. Una característica de los objetos expuestos es que se pueden tocar. Incluso hay algún puzle a disposición del público.

 

Facsímil de un dietario de a bordo del barco Santa Ana en 1833, perteneciente a la Compañía de Filipinas. En el que se especifica el menú de cada día y  la relación de viandas y bebidas. Por cierto no  iban mal pertrechados de  “caldos” y carnes, como se puede observar. No obstante, la vida a bordo en aquellos galeones era verdaderamente dura. El visitante puede pasar las páginas.

 

Muestras de productos de América y Filipinas.

 

Plano facsímil de la ciudad de Manila en 1671. Como “La Perla de Oriente” se la conocía.

 

La bahía de San Diego de Acapulco, Méjico en el siglo XVIII.

 

Una especie de armario de los olores. El visitante puede abrir las portezuelas y oler las especies que se exponen.

 

Hay varios vídeos muy ilustrativos que muestran el comercio y la cocina que se fue forjando a través de Filipinas.

 

Por último, unas imágenes de los barcos, las compañías que se dedicaban al comercio con Oriente y ciertas costumbres de la época.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

DONDE Y HORARIO: Chancillería (en la calle de su mismo nombre); estará expuesta hasta el 10 de septiembre; la entrada es gratuita con el siguiente horario: laborables de 10:00 a 14:00 y de 17:00 a   19:00, y sábados, domingos y festivos cambia en que  abre una hora más tarde por la mañana.