LA UNIVERSIDAD, UNA CIUDAD DENTRO DE VALLADOLID

A fuerza de lo cotidiano, quizá  apenas valoramos que en Valladolid tenemos una Universidad. Una institución que es una auténtica ciudad dentro de la ciudad. Por historia, por arquitectura, por arte, por patrimonio, por número de personas implicadas: en torno a 18.000 entre alumnado, profesorado y personal administrativo (aparte, los campus de Palencia, Segovia y Soria).

El siglo XIII es la centuria de las universidades en Europa (la de Bolonia, en el siglo XI, fue la primera universidad de Europa), aunque aún no tenían las características que ahora conocemos. Eran, más bien, lugares de Estudios Generales, en los que se trataba todo el conocimiento universal sabido hasta la época. No se expedían títulos que acreditaran una especialización ni nada parecido. Esta enseñanza, hasta que se formaron universidades propiamente dichas,  se daba en abadías, monasterios  y sedes episcopales. Era,  en definitiva, la Iglesia quien la impartía.

En el recurrente debate sobre la antigüedad de nuestra universidad, podemos dar por bueno que fue la tercera universidad que se creó en España, detrás de la de Palencia (que duró pocos años), y la de Salamanca. En cualquier caso,  la de Valladolid fue una universidad modelo y de ella se copió cuando Sancho IV impulsó la creación de la universidad de Alcalá de Henares. Aquello ocurrió en el año 1293. Por tanto en el siglo XIII ya existía en Valladolid lo que entonces podíamos llamar universidad.

Será en 1417, reinando Juan II, cuando se convierta propiamente en universidad. Es decir, paso de un lugar de Estudios Generales a Universidad confirmada por el papa Martín V al aceptar el establecimiento de una cátedra de Teología.

En el siglo XVI en Valladolid ya estaban claramente configuradas las especialidades de Cirugía y Medicina (nació como cátedra de Física), Matemáticas, Filosofía, Leyes, Cánones, Teología, Retórica, Griego y Hebreo. Incluso ya había dos colegios mayores: el de Santa Cruz y el de San Gregorio. La denominación de las cátedras y el número de ellas fue evolucionando con el discurrir del tiempo.

¿Cómo era, por ejemplo, en tiempo de los Reyes Católicos, el calendario universitario? Pues no muy distinto al actual: el curso duraba desde el 18 de septiembre hasta el 15 de agosto, con vacaciones en Navidad y Semana Santa… más un buen montón de días festivos, que según unas épocas u otras, rondaba los 55.

Las graduaciones (el doctorado diríamos hoy día), se celebraba con gran solemnidad: misa y procesión  por la ciudad, obsequio de vino a los asistentes, a veces también corrida de toros o vaquillas, paseo a caballo del nuevo doctor por toda la ciudad… y al final, el nuevo doctor invitaba a comer en su casa.

Con estos antecedentes propongo dar un paseo por los principales lugares relacionados con la Universidad. Nuestros pasos nos llevarán desde el edificio histórico de la plaza de la Universidad hasta el final del campus Miguel Delibes pasando por Santa Cruz, Centro Buendía, Facultad de Medicina y Campus Esgueva.

Vamos a disfrutar paseando de una especie de ciudad viva y con su propia personalidad en el vientre de Valladolid. No sin antes indicar que además de lo que aquí relatamos, la Universidad tiene el Museo de Ciencias Naturales en el interior del colegio público  García Quintana  sito en la plaza España. Las colecciones de museo se comenzaron a formar en el año 1860.

Propongo comenzar frente al edificio materno de la Universiad, en la plaza que lleva el mismo nombre. El primer edificio data de finales de finales del  s. XV. Tenía su fachada hacia la actual calle de la Librería. En el siglo XVIII (1716) se reconstruye con la fachada que ahora conocemos. Es el mayor exponente del barroco vallisoletano.  Sobre todo la parte que da a Librería es la que más reformas ha conocido: tuvo un observatorio astronómico (1915) y un reloj en la esquina con plaza de la Universidad. Hasta lo que ahora se puede ver, que incluye una profunda modificación en 1972 tras un incendio y otras reformas posteriores.  Este edificio acogía antes todas las especialidades universitarias hasta que el número de facultades y de alumnos fue creciendo y hubo que construir nuevas dependencias. (En las imágenes, la parte superior de la fachada en la que se representa a la Sabiduría pisando a la Ignorancia –en forma de niño-; y antiguo edificio -imagen tomada de la Fundación Joaquín Díaz-, procedente de una postal de la editorial Heliotipia Artística Española).

Fachada medieval de la calle Librería, según el grabado de Antolínez de Burgos.

Torre del observatorio astronómico, que daba a la plaza de Santa Cruz (detalle de una foto de Antonio Passaporte)

Escudos de la Universidad de Valladolid, expuestos en el Museo al que se accede por el edificio Rector Tejerina. Hay una sala de exposiciones  montada sobre unas arquerías góticas del finales del XV.

Palacio de Santa Cruz (1484) y reformas del XVIII.  Este era el antiguo colegio mayor, que ahora está detrás (1675), quedando el edificio histórico para dependencias administrativas del rectorado. En la imagen se ve la campana que regulaba las horas universitarias y uno de los vástagos supervivientes que delimitaban el área de dominio de la Universidad, en la que no podían entrar autoridades ajenas a la propia institución. Entre otras cosas, el palacio acoge una maravillosa colección de Arte Africano. E imagen antigua de la Biblioteca Histórica (foto tomada del Museo de la Universidad de Valladoid, que en realidad es una vista parcial de la foto original de Jean Laurent).

Centro Buendía. En el número 14 de la calle Juan Mambrilla (antigua calle de Francos) está ubicado en un palacio de finales del s. XV de la familia Acuña (condes de Buendía). Es, junto con el palacio de los Vivero (Archivo Histórico Provincial), el único vestigio de arquitectura civil del XV: es un buen ejemplo del tránsito de gótico al renacimiento.

.Presume la Facultad  de Medicina de  antigüedad, pues Enrique III  en 1404 creó su antecedente más inmediato,  que por entonces se conocía como cátedra de Física. Una fotografía del primer edificio de Medicina a finales del siglo XIX (foto de AMVA)

Biblioteca Reina Sofía: antigua cárcel de Chancillería y casa del Alcaide. El patio por donde antes paseaban los presos se ha convertido en una sala de estudio. El edificio se acondicionó en el año 1988.

Casa del Estudiante, reacondicionada sobre dos antiguos palacios del siglo XVI (Condes de Ribadabia y Marqueses de Camarasa). Uno de ellos fue anteriormente un centro de beneficiencia. En las reformas que se hicieron a partir de 1973 (cuando los adquirió la Universidad), se descubrió la maqbara (cementerio) musulmana.

Edificio de Ingenierías Industriales, (antiguo de Ciencias), en el Prado de la Magdalena. Edificado sobre terrenos municipales en 1968. Junto a él la actual residencia de estudiantes Alfonso VIII, que en realidad se concibió para albergar un hospital materno que nunca llegó a funcionar. Junto a la facultad está el edificio de la antigua Escuela de Enfermería, hoy dedicado a residencia estudiantil universitaria.

Facultad de Filosofía y Letras (inmediatamente detrás de Ciencias) y una imagen de la cúpula central. A un costado está la de Comercio, y al fondo, los talleres de mantenimiento de la Universidad (desde 1989): antiguas naves de fabricación de sacos construidas en 1928 por  el arquitecto Manuel Cuadrillero.

Y cruzamos la Esgueva: Escuela de Ingenierías Industriales, (junto a la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales –que comenzó a funcionar en 1985-). El otro edificio de Ingenierías  está en la Huerta del Rey, así como la Escuela de Arquitectura, que comenzó en el curso 1979-80. (Foto del Archivo Municipal de la colocación de la primera piedra de la Facultad de Económicas en 1982).

Y llegamos al Campus Miguel Delibes (rebasada la Facultad de Económicas), levantado entre el paseo del Cementerio y el paseo de Belén, se ha consolidado ya en el siglo XXI. Alberga diversas facultades y servicios universitarios, así como el afamado IOBA. Pasee hasta el final, donde está la planta de Biomasa que surte de calor a casi todas las dependencias universitarias. Detalle del interior del edificio de Investigación Científica… Por cierto, hay cafeterías en varias facultades por si necesitamos reponer fuerzas durante nuestro paseo.

En el paseo del Cementerio, además de una  residencia para estudiantes, se ha plantado un “arboreto”, que tiene su origen en el que ya hubo en la Universidad en el siglo XVIII hasta 1960 como unidad didáctica. En esta versión moderna se reproducen los paisajes característicos de Valladolid: Tierra de Campos, de Pinares y los páramos. Y al otro lado de las facultades, junto a las vías del ferrocarril, un espacioso y agradable jardín con su lago. Se trata de espacios que urbanizó y mantiene la propia Universidad.

NOTA: En Valladolid la mirada curiosa hay sendas entradas sobre el Museo de la Universidad y el de Arte Africano del Palacio de Santa Cruz. los comentarios detallados de las fotos históricas que he incluido me los ha proporcionado Antonio Torres Ochoa.

EPIDEMIAS Y PANDEMIAS EN VALLADOLID

La historia de la Humanidad está cuajada de epidemias y grandes calamidades sanitarias: fiebre amarilla, tifus, cólera, disentería, gripe… Aunque, sin duda, el mayor recuerdo que ha dejado han sido la peste, la terrible enfermedad asociada a la Edad Media aunque llegó incluso hasta el siglo XIX. Pero en la Edad Contemporánea  no faltan nuevas epidemias como el SIDA o  el Ébola.

Y de muchas de ellas no se salvó Valladolid.

En 1832 el cólera morbo,  que comenzó a “presentarse” recurrentemente desde el siglo XVII, causó la primera muerte en julio, duró más de un mes y causó unos 2.000 fallecidos.

Grabado del cólera en Sevilla en 1833. Publicado por el diario ABC.

Poco más de treinta años después (1869) las fiebres tifoideas produjeron numerosos fallecidos. En lo que tiene que ver con esta enfermedad,  Valladolid registra una singularidad histórica, y es que en 1590 había sufrido un virulento episodio de tifus exantemático que no padeció el resto del país y que se llevó por delante miles de personas.

Corría el año de 1885 y de nuevo el cólera, que duró de agosto a octubre, dejó un balance de 2.400 muertos entre la provincia y la capital, de los que 761 lo fueron en la ciudad. En aquella ocasión, entre otras medidas, el Ayuntamiento de Valladolid prohibió el uso de las aguas del Esgueva. Una medida que un tiempo antes la tomó el Ayuntamiento de Medina del Campo, que prohibió coger agua del Zapardiel incluso para lavar. El motivo de aquellas prohibiciones era el que se trata de una enfermedad bacteriana que se propaga a través del agua o alimentos contaminados.

El famoso “dengue”, que era en realidad la gripe, golpeó la ciudad entre finales de 1888 y primeros meses del año siguiente, con el triste saldo de 2.000 personas muertas.

Entre otras crisis sanitarias, aunque con menor incidencia en términos de fallecimientos, Valladolid sufrió en 1911 una epidemia de viruela.

A lo largo de principios del siglo XX en España se produjeron numerosos episodios locales de epidemias con elevada mortandad, como tifus en Barcelona en 1914, de viruela en Toledo en 1920, al igual que en Madrid en 1924, etc.

Tristemente recordada aún es la famosa y mal llamada gripe española de 1918. Valladolid registró su mayor pico de incidencia con una media diaria de 20 fallecidos entre la capital y la provincia. Se estima que el número de personas muertas ascendió a 3.000 incluidas un buen número de médicos y sanitarios.

Imágen de sanitarias en EE UU o Reino Unido durante la “gripe española”. Publicada por la BBC.

En la capital,  amén de aplicar los conocimientos de la medicina y las medidas higiénicas pertinentes para cortar aquella pandemia, se llevaron a cabo rogativas a la Virgen de San Lorenzo, a la sazón ya patrona de Valladolid desde 1917, cuya imagen sacaron en procesión entre la iglesia de San Lorenzo y la Catedral. Fue una epidemia que en dos años se llevó por delante  entre 20 y 40 millones de personas en todo el mundo. Se llamó “gripe española”, aunque en absoluto su origen estuviera en España, sino en fue en Estados Unidos de Norteamérica donde se diagnosticó el primer fallecimiento. En Senegal se llamó gripe brasileña, en Brasil, gripe alemana,  y los polacos gripe bolchevique. Tuvo más nombres según latitudes: en definitiva, era una forma de culpar al extranjero o al adversario del mal que nos aquejaba.

Mas, hubo epidemias no declaradas, pero muy persistentes en el tiempo, cual fue la tuberculosis: la Memoria de la Junta Local de Sanidad de Valladolid de 1894 habla de un fallecido al día por su causa. La persistencia de esta tremenda enfermedad llegó, con especial virulencia, hasta después de la Guerra Civil. Una de las principales causas de padecer esta enfermedad, también conocida como tisis, es la malnutrición, por eso es especialmente virulenta entre grupos de población de escasos recursos o en épocas de hambre (después de la Guerra Civil). Pero también las clases pudientes, a causa de dietas inadecuadas para adelgazar (fue una enfermedad muy característica del Romanticismo), padecieron la tuberculosis: de la que falleció, entre otros, Gustavo Adolfo Becquer.

La lucha contra la tuberculosis llegó hasta avanzado el siglo XX: incluso el Fuero del Trabajo del franquismo incluyó de forma específica la lucha contra la tuberculosis.

Antiguo Sanatorio Antituberculoso en la calle Muro.

Para combatirla, en Valladolid llegó a haber al menos cuatro centros dedicados a curarla. En 1919 la marquesa de Alhucemas, en nombre de la Reina inauguró el Real Dispensario Antituberculoso Victoria Eugenia en la calle Muro. El edificio se dedica desde 1983 a sede del Centro de Educación de Personas Adultas dependiente de la Junta de Castilla y León. Hubo un centro antituberculoso infantil en el Prado de la Magdalena inaugurado en 1914. Otro centro especializado en la prevención y cura en la calle Ramón y Cajal.

Sanatorio antituberculoso de Boecillo. Archivo Municipal de Valladolid.

Un gran sanatorio en el pinar de Boecillo, en la raya con Viana de Cega, cerró sus puertas en 1963 y tras algún otro uso, como el dedicado a personas con discapacidad, este inmenso edificio de cuatro plantas entró en el más absoluto abandono. Tal es su aspecto casi fantasmagórico que incluso el famoso programa de Cuarto Milenio le dedicó un reportaje.

Archivo de la Real Academia Nacional de Medicina.

La lucha contra la tuberculosis se materializó en diversas campañas de recaudación de fondos mediante cuestaciones y fiestas. Como curiosidad podemos contar que en 1907 alumnos del Real Seminario de los Ingleses de Valladolid jugaron contra el Madrid, campeón de España, un  partido de  “football” para recaudar fondos en favor de la liga antituberculosa, según informó el 23 de abril de aquel año El Norte de Castilla.

MUCHO LE DEBE SAN JOSÉ A SANTA TERESA: CENTRO JOSEFINO

“El lenguaje de las fuentes”, una novela de Gustavo Martín Garzo, da vida y voz a José, acaso el personaje bíblico con menos papel en la Historia Sagrada, y del que, sin embargo, o acaso por ello, se ha escrito una ingente literatura. Y para custodiar y dar a conocer todo lo que se ha escrito sobre San José, tenemos en Valladolid el Centro Josefino. Se trata del archivo y biblioteca más importante del mundo que ofrece todo lo que se ha publicado sobre el personaje.

El padre de Jesús, el Crucificado, tardó en ser venerado. Fue, en cierta manera, un santo tardío, tal como relata el carmelita descalzo Teófanes Egido, historiador que fue cronista de Valladolid.

En occidente las primeras referencias a su culto datan del siglo XII (anteriormente la iglesia copta de Egipto ya le veneraba), y fueron especialmente  los padres carmelitas lo que difundieron su culto.

La imagen de aquel padre callado que apenas tiene papel en la Biblia, está desvirtuada, pues se ha venido insistiendo en presentarle como una persona mayor (quizá para hacer ver que, efectivamente, cuando nació el Salvador el ya no estaba en edad muy dispuesta para la actividad marital) y, por tanto, el nacimiento de Jesús tuvo que ser necesariamente milagroso. Pero San José no era una persona mayor y se sabe que casó con María siendo muy jóvenes ambos.

A San José se le dio escaso protagonismo en la vida de Jesús. Y acaso por aquella vida tan callada que le fue asignada es que se trate, ahora, de un personaje bíblico con una extensísima literatura. Y a su  estudio y divulgación  se dedica el Centro Josefino Español, sito en el convento de Carmelitas Descalzos de San Benito.

Es sobre todo a raíz de que Santa Teresa atribuyera a la intervención milagrosa de San José la sanación de sus graves enfermedades (incluso se la dio por muerta), que aquel padre discreto se popularizara entre la cristiandad, de tal manera que se convirtió en el nombre propio más usado en España y Latinoamérica a partir del siglo XVII hasta finales del XX. Y en 1870 se le hizo patrón de toda la Iglesia.

San José tiene una doble celebración en la Iglesia, pues además de la del 19 de marzo, el humilde carpintero también le sirvió a Pío XII para intentar contrarrestar la influencia socialista entre los trabajadores, y propuso en 1955 que la fecha del 1º de mayo, que ya hacía tiempo que los trabajadores la celebraban, se convirtiera, para el mundo cristiano, en el día de San José Obrero.

El Centro Josefino Español de Valladolid,  creado en 1940,  es ahora el principal centro en todo el mundo dedicado exclusivamente a San José.  Hubo otro en Canadá, y actualmente hay sendas bibliotecas sobren el santo en Polonia  y  Méjico, pero muy lejos del contenido e importancia de este.

La biblioteca incluye devocionarios, patrología, el Talmud de Babilonia, sermones cuando desde los púlpitos, en el Renacimiento, se empezó a pregonar al santo. El Corán, que también se encuentra en la biblioteca, considera a San José como un gran profeta.

El libro más antiguo que se conserva (que en realidad es el primero que se escribió sobre San José) data del s. XVI.

Convento de carmelitas descalzos,  donde se alberga el Centro Josefino Español.

Algunas vitrinas que guardan imágenes del santo, mostradas por Teófanes Egido.

La biblioteca también tiene algo de obra de arte, como un cuadro atribuido a la escuela de Zurbarán… 

…Pero llama la atención un cuadro del XVII que representa el nacimiento de Jesús,  que  en realidad es una escena reconvertida, pues originalmente se trataba del nacimiento de la Virgen,  y su figura de recién nacida se convirtió en el Niño Jesús por obra y gracia de los pinceles.

El libro más leído sobre San José es “La sombra del padre: historia de José de Nazaret”, del polaco Jan Dobraczynski, y ha sido traducido a prácticamente todos los idiomas.

En el Centro se puede consultar todo lo publicado en todos los idiomas sobre el santo, aunque,  por supuesto, predominan los textos de estudio, pero también hay novelas y teatro: Paul Claudé y G. Martin Garzo, con su “El lenguaje de las fuentes”, por ejemplo.

“Excelencias de San José” es otro libro muy divulgado que se imprimió en Sevilla en 1710. Su autor fue Pedro de Torres. Como curiosidad se puede comentar que el mero título del libro “Los celos de San José”  (una obra de teatro del s. XVII de Aurelio Valladares Reguero) fue suficiente para que interviniera la censura de la Inquisición.

Una pieza del XVII  llamada “la auténtica”, pues incluye un supuesto certificado de autenticidad del anillo con el que se casó San José. Cosa imposible, porque en aquellos años y cultura  no se utilizaba el anillo como símbolo de desposorio. Por otro lado, no hay en el mundo ninguna reliquia de él porque, en la evocación popular, subió tan rápido al cielo que no fue posible desmembrarlo ni tomar objetos personales de él.

La visita al Centro josefino, de la mano de Teófanes, me permitió ver una rancia biblioteca de finales del XIX de uso exclusivo por la comunidad carmelita.

POR VIEJAS TIERRAS CASTELLANAS: TERRITORIO DEL HÚSAR TIBURCIO

Vamos a adentrarnos en un territorio de la provincia colindante con Palencia, allí donde el Canal de Castilla entra en Valladolid a la altura del término de Tamariz de Campos.

Un rincón de Valladolid cargado de historia, patrimonio y valores naturales. Poco hace sospechar que en el entramado de estos pequeños municipios se encuentran elementos incluso de trascendencia histórica nacional.

Los siete municipios en los que nos vamos a detener a lo largo de unos 50 km. advierten de que nos hallamos en Tierra de Campos, pues todos añaden a su nombre el apellido “Campos”.

Partiremos de Tamariz. Mas, antes de llegar nos acercaremos a la esclusa número siete del Ramal de Campos del Canal de Castilla. Ese ramal que termina en la impresionante dársena de Medina de Rioseco, a la que nos hemos asomado antes de iniciar nuestro recorrido.

Siguiendo la carretera VA 920 que parte de las afueras de Rioseco, llegamos a la a la altura del km 15. Justo en ese punto se inicia un camino de poco más de 1 km. perfectamente transitable que conduce a la esclusa número 7. Aparte de la curva (en forma de esquina en realidad) que traza el canal, y ver las fachadas (que es lo único que queda) de la fábrica de harinas, hemos de acercarnos al acueducto que traza el canal para salvar el Sequillo a medio camino hacia la esclusa número 6: siguiendo la orilla del canal –apenas 500 metros- en dirección a la raya con Palencia.  

Tamariz es lugar importante, como lo atestiguan determinados retazos de la historia de España y su patrimonio, en el que no faltó hospital ni rollo jurisdiccional.

Hace un par de años, durante el desescombro de un edificio municipal quedó al descubierto una ventana geminada posiblemente del siglo XIV. Un edificio –el palacio de los Lara- en cuyo interior se halla una portada gótica de sillería. Parece que en esta noble construcción se alojó la reina aragonesa Doña Leonor mediado el siglo XIV. Ambas imágenes están obtenidas de la publicación Lista Roja del Patrimonio que  edita la Asociación Hispania Nostra.

Restos de la iglesia de San Juan Evangelista. Se conservan la torre y la portada renacentista presidida por San Pedro.

Casa blasonada (no es la única) que da testimonio de un notable pasado.

Hay en Tamariz de Campos, como en otros muchos municipios de la provincia, una casa donde vivía un “familiar” del Santo Oficio.  Los familiares del Santo Oficio eran informantes seglares de la Inquisición, que advertían a la institución de cuantas cosas de interés para sus fines ocurrieran en su entorno. Eran envidiados y temidos al mismo tiempo, pues tenían privilegios económicos y estaban protegidos, además de disponer de permiso para portar armas. Se consideraba un honor pertenecer a esta especie de cuerpo de espionaje pues suponía un reconocimiento social, hasta el punto de que se solían poner en la portada de su casa el escudo de la Inquisición: la palma, la espada y la Cruz.

La casa está en la plaza del Corro de San Antón, un lugar para juegos de niños y presidida por una fuente coronada con la escultura conocida como el Purpurino. Esta estatua es una donación del municipio de Valladolid al de Tamariz en el año 1953 y que en la ciudad estaba adornando la Fuente Dorada. Al fondo de la fotografía de la plaza se ve la torre de la iglesia de San Pedro, con una portada románica del siglo XII.

Encaminamos nuestros pasos hacia Cuenca de Campos.

La Casa Consistorial de Cuenca es del siglo XVIII, y sus bajos, como buena parte del resto de la plaza, tienen soportales, una construcción típicamente castellana.

El Conjuradero, una moderna construcción donde antes había una ermita a la que acudía el pueblo los días de nublado para “conjurar” (espantar) las tormentas de verano que ponían en riesgo la cosecha de cereal. Ahora se ha acondicionado como observatorio de aves rapaces.

Panorámica sobre el municipio, en primer plano, a la derecha, se ve el Convento de San Bernardino de Siena, de las monjas clarisas. Siglo XV.

Ermita de San Bernardino, a las afueras del pueblo en dirección a Villalón de Campos.

El tramo del tren burra que discurre entre Cuenca y Villalón se ha convertido en una vía verde para solaz de caminantes y ciclistas. Se trata de la antigua vía del ferrocarril que desde Rioseco se prolongaba hacía  Palanquinos   (León) por un ramal, y hacia Palencia pasando por Villalón y Villada, por otro. Estos trazados ferroviarios los explotaba la Compañía de Ferrocarriles Secundarios de Castilla, que comenzó a funcionar como Ferrocarril Económico a Medina de Rioseco (desde Valladolid) en 1890. La Compañía dejó de prestar servicio en 1969.

Restos de un molino de viento a las afueras de Cuenca e imagen de unos de los tantos palomares que hay en su término municipal.

No nos detenemos en Villalón de Campos y seguimos camino hacia Herrín. El término municipal está integrado en la Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) La Nava- Campos Norte.

Herrín, como todos los municipios que estamos recorriendo, tiene una estructura urbana claramente medieval: en forma circular o de almendra, con alguna calle principal que lo cruza, y el resto un intrincado laberinto de cortas y estrechas calles. Una forma que nos hace suponer la existencia de una muralla o cerca que lo defendiera.

Bodegas de Herrín, lo que nos habla de la producción de uva en el pasado, aunque ahora prácticamente no haya viñas en el término municipal. Están excavadas en la ladera de un alcor que se conoce como el castillo, acaso eco de una tradición que cuenta sobre la existencia de una fortificación (cosa que carece de documentación acreditativa).

Iglesia de El Salvador, de ladrillo y tapial. Su retablo principal es del escultor Tomás de la Sierra (siglo XVIII), tallista importante, lo que nos da idea de que este pueblo ahora pequeño no carecía de importancia en el pasado. Por cierto, en Herrín tiene su ascendencia paterna el poeta León Felipe.

Para ir desde Herrín a Villafrades de Campos, o retrocedemos hasta Villalón o atajamos por un camino rural en buen estado.

El nombre original de Villafrades es Ecclesias Albas: iglesias asentadas en este lugar que destacaban por su blancura. Ya en el siglo X se sabe de la existencia de los primeros pobladores del municipio.Viene lo de Villafrades  (o villa de hermanos-Villafratum-), de los asentamientos monacales que se fueron haciendo por esta zona en tiempos de Alfonso III. El nombre del pueblo suele confundirse con el de Villardefrades (también de Tierra de Campos) pero en las inmediaciones de Urueña. Esa confusión ha llevado a que se sitúen en Villafrades de Campos hechos que en realidad ocurrieron en Villardefrades, tal como advierte el escritor Rafael Gómez Pastor (autor junto con Amparo París Medina, de Villafrades de Campos algo más que Ecclesias Albas).

La iglesia de San Juan Evangelista, al fondo, detrás del homenaje a la danza, formado por dos palos (es famoso el municipio por la danza de Paloteo), tiene obras del importante escultor Alejo de Vahía.

Talla en madera de San Blas, en una de los muros exteriores de la iglesia.

Caño y edificio de la Casa Consistorial al fondo.

Presume el municipio de varios e interesantes personajes nacidos en Villafrades, a los cuales se les ha dedicado un recuerdo en sus plazas. Uno es Tiburcio Álvarez, húsar que destacó en la defensa de Astorga durante la Guerra de Independencia, en cuya localidad tiene dedicada una calle y grabado su nombre en uno de los monumentos más destacados de Astorga. Otro es Teodoro Gordaliza, obispo, teólogo y escritor que vivió entre los siglos XIX y XX. Y, tal como se aprecia en la fotografía, Máximo Rodríguez, apodado “Velay”: poeta y autor de una historia titulada “Villafrades de Campos. Este es mi pueblo”

Ponemos rumbo a Gatón de Campos, y a nuestra derecha veremos restos de la línea ferroviaria que unía Villalón con Villada.

Es Gatón uno de los municipios con menor población de Valladolid, pero fue un enclave destacado en la historia de España. Villa real hasta que Fernando IV (siglo XIII-XIV) se la cedió (además de otras poblaciones) a Alfonso de la Cerda para que este renunciara a sus aspiraciones a la corona de Castilla. No en vano de la Cerda era descendiente directo del rey Alfonso X el Sabio. Cuentan algunos historiadores que aquellas villas que le cedió estaban dispersas por media Castilla para evitar que la proximidad de unas con otras pudiera crear una fuerza territorial que volviera a amenazar la corona de Fernando IV. Pero esa es una larga historia.

Torre de la iglesia de la Virgen de las Nieves. Según una leyenda, en pleno verano cayó una nevada que sofocó un incendio que asolaba la torre. En la derecha de la imagen un pilar con un reloj de sol, acaso el más chico de la provincia de Valladolid.

Tiene Gatón un puñado de casas notables, entre una de las cuales, como en Tamariz de Campos, no falta la que alojaba al informante de la Inquisición, tal como se aprecia en el escudo.

El municipio que pone fin a nuestro paseo por este rincón terracampino de pueblos que han visto como su población ha encogido tremendamente,  es Villabaruz de Campos.

El origen de su nombre se pierde en leyendas. Cuenta una que el arco que aparece en la fotografía formaba parte del Palacio del rey moro Baruz. Otra versión es, precisamente, la contraria: Baru fue un noble castellano que hizo frente a los ataques musulmanes encabezados por el Moro Muza, allá por el siglo VIII. Más no acaban aquí las especulaciones, pues hay quien alude a Baru como nombre de origen visigodo. En cualquier caso, lo que sí parece probado es que la repoblación de estas fértiles tierras se remonta al siglo onceno.

Imágenes de un portal con restos de noble construcción, y una panorámica de la villa con la iglesia de Nuestra Señora de la Calle al fondo.

Mapa de carreteras que hemos recorrido. Partimos de Medina de Rioseco, que está por debajo de Tamaríz de Campos.

NOTA: En este mismo blog hay sendos y detallados artículos sobre Medina de Rioseco y Villalón de Campos.

NOMBRES DE MUJER

En muchas ocasiones he comentado que los nombres de las calles (y los numerosos cambios que estos han tenido a lo largo de los años), dan bastantes pistas sobre la historia y los avatares de un municipio.

Como estamos en el mes de marzo y el día 8 se celebra el Día Internacional de la Mujer, me ha parecido interesante repasar el callejero de Valladolid para ver  el papel que a lo largo de los tiempos se ha dado a los nombres de mujer. Y, desde luego ha sido escaso, aunque no será por carencia de mujeres con mayor o menor presencia en la historia de Valladolid: sean nobles o plebeyas. Tampoco han faltado artistas y escritoras.

Otra cosa es, como muchos sostienen, que en realidad el callejero no debería llevar nombres de personas, lo que evitaría agravios comparativos y los clásicos debates sobre quien acumula méritos suficientes como para que su nombre quede impreso en la pared. Pero entonces tampoco deberían llevar nombres de acontecimientos o fechas históricas, pues ocurre lo mismo: reflejan ideología, gustos o modas (que con frecuencia caducan enseguida).

En cualquier caso, el estudio de los nombres de las calles  de las poblaciones es de gran interés pues es, casi, un tratado de historia.

Volvamos a lo que nos ocupa: las referencias en el callejero con nombres de mujer.

No es tarea fácil sacar una conclusión matemáticamente exacta, pues dependerá de si para establecer una comparación con el número de calles dedicadas a personajes se incluyen, o no, nombres del santoral, independiente o asociado a un elemento geográfico o monumental. Por ejemplo: todas las calles del nuevo barrio de Prado, que llevan nombres de monasterios y, casi todos, asociados a un personaje bíblico o del santoral, o cuantas calles han ido consolidando el nombre por tradición o por hallarse próximo a un edificio religioso, sin que en muchos casos haya habido un acuerdo expreso municipal.

Por tanto, los números que en este artículo manejo no necesariamente son exactos pero sí que reflejan, con meridiana claridad, el peso de la mujer en el callejero de la ciudad.

El libro “Nuestras calles y sus personajes”  editado por el Ayuntamiento de Valladolid en 1996 indica que de 300 calles con nombres de personajes, solo 4 de cada 100 tenían rotulado el nombre de una mujer (en esta relación están excluidos los nombres del santoral).

Esto ha ido cambiando por varias razones: una cierta mayor sensibilidad para corregir este abultado desequilibrio, el crecimiento del número de calles experimentado desde entonces  Valladolid, y los cambios asociados a la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica que ha sustituido nombres de calles  en los últimos años, como son, por ejemplo, las calles ahora dedicadas a Gloria Fuertes  y Juana de Castilla en  Huerta del Rey, o  Emilia Pardo Bazán en el entorno del Paseo Zorrilla.

La ausencia de reconocimiento a las mujeres ha tenido hitos clamorosos. Cuando se rotuló la Huerta del Rey en los años 70-80, de sus 21 calles con nombres de personajes,  no se incluyó ningún nombre femenino. Lo mismo ocurrió con 26 nombres del barrio de Covaresa, o con 17 calles de Parquesol.

El último callejero que maneja oficialmente el Ayuntamiento es de 18 de julio de 2019, y en él aparecen 1849 calles (que incluyen caminos, plazas, etc.).  Una lectura del mismo nos indica que en los últimos 25 años el porcentaje de personajes femeninos se ha situado en torno al 8 %.

Este plano confeccionado por GEOCYL se publicó en 2019

Llama la atención que este porcentaje sea prácticamente el mismo que ya había en 1937, cuando el insigne Juan Agapito y Revilla publicó su insustituible libro “Las calles de Valladolid”. Es decir, que haya que llegar a 2019 para que la presencia de nombres de mujeres en las calles de Valladolid sea similar al de hace 80 años.

Hay otra forma de ver la presencia de nombres femeninos en la ciudad, y es incluyendo las infraestructuras (como pueden ser los puentes), y dotaciones culturales, docentes, deportivas, etc. que han sido bautizadas con nombres propios. Y esto nos lleva a ver que de los 65 Centro Públicos de Educación Infantil, Primaria y Secundaria solo 7 tienen nombre de mujer.

Fachada del Ayuntamiento de Valladolid.

Para contribuir a sacar a la luz nombres de mujeres, el Ayuntamiento editó en 2003 un libro en el que se recogían semblanzas de cuarenta mujeres directamente relacionadas con Valladolid: algunas ya tenían su reconocimiento en el callejero pero la mayoría eran nombres hasta entonces no considerados. Me refiero, por ejemplo a Juana de Castilla (mal llamada la Loca) que hasta 2014  no ha tenido sitio en el callejero.

Esta presencia femenina se está queriendo paliar con la rotulación de nombres en diversos lugares de la ciudad. Por ejemplo, en cuatro de las cinco estaciones medidoras de la contaminación del aire repartidas por la ciudad  (una quinta no es visible desde la calle), el Ayuntamiento ha incluido paneles con  reseñas de mujeres relacionadas con la ciencia, como por ejemplo, Margarita Salas y María Blasco.

Estación de Daniel del Olmo

Por otro lado, un reciente programa también del Ayuntamiento gestionado por la Sociedad Mixta de Turismo de Valladolid, ha fijado en diversos lugares 13 placas relativas a mujeres que han tenido alguna relevancia en los avatares de nuestra ciudad. Nombres que van desde la pintora Marcelina Poncela hasta las mujeres vallisoletanas que emigraron a América: 161 en los siglos XVI y XVII de las que se conocen sus nombres y apellidos,,, o la escritora Beatriz Bernal que en el siglo XVI publicó la única novela de caballerías escrita en España por una mujer (que vivió, además, en la actual calle Echegaray).

Placa de Marcelina Poncela en la calle Vega.
Marcelina Poncela.

En definitiva, algo se mueve pero acaso con cierta lentitud.

A continuación incluyo diversas imágenes sobre lo que he comentado.

Estación de la calle Juana de Castilla
Paseo de Zorrilla, 191
Arco de Ladrillo, 3
En el Monumento a Colón.
En el jardincillo de la fachada del Palacio Real (plaza de San Pablo).
Fachada del colegio García Quintana.
Colegio de San José.
Fachada colegio San José.
Calle Echegaray.
Placa de Beatríz Bernal.

ARQUITECTURA FRANQUISTA

Toda época deja su impronta en la arquitectura, especialmente en los edificios públicos, sean religiosos, palaciegos o militares. Y esto se refleja de una forma clara en los clásicos estilos como son el  románico, gótico, renacimiento, etc.

Mas, en la época contemporánea  son muchos los estilos y escuelas que han dejado su huella en la arquitectura: eclecticismo, racionalismo, Art Nouveau, modernismo, deconstructivismo…  Una evolución de la arquitectura que también se ve reflejada en que no solo construyen edificios los arquitectos y maestros de obras, sino que los ingenieros también levantan edificios, lo que se traduce en una visión un tanto diferente de los clásicos diseños. Por ejemplo, el Matadero Municipal de Valladolid y el edificio de la Electra Popular Vallisoletana lo firmaron los ingenieros Alberto Colomina y Botí el primero, e Isidro Rodríguez Zarracina el segundo. Igualmente la Academia de Caballería fue diseñada por el ingeniero militar Adolfo Pierrad.

Pero es que a esas  corrientes arquitectónicas hay que añadir la ideología. Sobre todo en países y épocas de regímenes totalitarios: nazismo, estalinismo… franquismo.

Estos regímenes han intentado impregnar hasta la médula su forma de entender el mundo, que incluye, claro está, la arquitectura. Lo que significa que a poco que nos fijemos en las calles de las ciudades se verá algún claro exponente de esta arquitectura digamos “política”.

Y Valladolid no es una excepción, acaso al contrario, es una ciudad que tiene un buen puñado de edificios y construcciones que reflejan la arquitectura franquista. Debe advertirse que a lo largo de las cuatro décadas del franquismo se van extinguiendo las señas identitarias de aquella “nueva arquitectura para una nueva política”, tal como preconizaban algunos de sus ideólogos intelectuales.

Propongo darnos un paseo para visitar algunas de estas construcciones representativas de aquel franquismo de primera época. Hay que decir que también la construcción privada se deja influir por esta tendencia, pero tiene unos matices que nos llevan a otro terreno, pues aunque los arquitectos se veían un tanto obligados a reflejar el nuevo Régimen, buscaron excusas, como puede ser el historicismo, para evitar la influencia de la arquitectura franquista… Pero esa es otra historia.

La vivienda residencial de iniciativa pública también reflejó rasgos propios, pero además de intentar resolver un serio problema de escasez de vivienda, sirvió para “colonizar” ideológicamente la ciudad con un rosario de hitos históricos que, añadido a los nombres de las calles, llenó Valladolid de referencias del nuevo Régimen.

Vamos a empezar por poner un claro ejemplo que nos permitirán comparar lo que vamos a ver de Valladolid con, digamos, el patrón arquitectónico más característico de aquella época.

En los primeros años de la Dictadura, la arquitectura estuvo determinada por el afán patriótico que arrastraba a los diseñadores hacia modelos del estilo herreriano, con el Escorial a la cabeza como prototipo de nueva construcción. Estos edificios, de enorme tamaño, no tendrían otro objetivo que el de exaltar la figura de Franco, convertido en héroe tras su victoria en la Guerra Civil, denominada de igual forma por sus adeptos como La Guerra Santa o la última de las Cruzadas. Y el Cuartel General del Ejército del Aire de Madrid, construido entre 1943 y 1951, es un claro exponente.

Vamos a comenzar nuestro paseo por Valladolid en el monumento funerario a Onésimo Redondo en el cementerio del Carmen, pues es un excelente ejemplo de aquella política franquista que tuvo claro que con el nuevo Régimen había que hacer una nueva arquitectura.  La memoria descriptiva de ese panteón (1941) dice textualmente: “… toda la composición obedece al estilo neoclásico, estilo severo, y a la par monumental, que procede de los gustos y sensibilidades de aquellos españoles que supieron formar un Imperio (…) Onésimo Redondo, caudillo de Castilla, hombre preclaro, profeta, puro,  severo y armonioso, viviendo entre luces Imperiales, estimamos debe ser acogido y servido por formas arquitectónicas que hablen por sí propias de su sencillez y grandeza”.

Sin duda el gran inspirador de esta nueva arquitectura es el estilo herreriano: monumental, sobrio, austero, de edificios proporcionados, de líneas rectas y escasa ornamentación. El Seminario Diocesano (antes era conocido como Seminario Mayor) puede ser un buen ejemplo de aquel estilo también llamado escurialense. Se inauguró en 1965. Apenas unos años antes (1957) se había construido en la Rondilla de Santa Teresa el Seminario Menor, que ofrece, aunque a menor escala, aquella misma “arquitectura imperial”.

Actual Hospital Clínico Universitario fue inaugurado en 1953 como Residencia Sanitaria Onésimo Redondo: gigantismo y clasicismo como símbolos de la arquitectura del Nuevo Régimen. Calle Cardenal Torquemada s/n

Antiguo Instituto Nacional de Previsión (1950),  decorado con típicos pináculos también muy del estilo herreriano.

El que fuera ambulatorio 18 de julio (¿1950?) ahora cedido al sindicato UGT. En el detalle del frontispicio se grabó de forma alegórica aquella fecha: el número 18 (de julio) escoltando una cruz que apela a la Cruzada Nacional. Calle Gamazo.

Edificio de la Audiencia, o Palacio de Justicia, que se inaugura en 1960. Son habituales las características bolas de origen italiano que introdujo Juan de Herrera en España. Calle Angustias.

Si esto es lo que se refiere a edificios oficiales,  otro tanto cabe decir de las viviendas de promoción pública que se construyeron en los años del franquismo promovidas por la Delegación Nacional de Sindicatos y el Instituto Nacional de la Vivienda. Son unas cuantas las promociones de aquella época. Al igual que se ha hecho con los edificios de servicios, los nombres que recibieron todas estas promociones no era sino una forma de remachar la omnipresencia del Régimen en la vida cotidiana. Así, tenemos un rosario de nombres asociados a alguna efeméride o personaje franquista: Cuatro de Marzo (fecha de fusión de la Falange Española y las Jons),  Jesús Aramburu (jerarca del Falangismo), grupo Rosario Pereda (destacada falangista),  29 de octubre (fundación de la Falange), 18 de julio (fecha del llamado Alzamiento Nacional), Leones de Castilla (recuerdo de las tropas franquistas que lucharon en Guadarrama), barrio Girón (José Antonio Girón de Velasco, destacado político franquista), José Solís (ministro de Trabajo), XXV años de Paz (conmemoración del Levantamiento Nacional), 1º de octubre (cuando Franco fue investido como Jefe del Estado),  polígono Francisco Franco (en el Paseo del Arco de Ladrillo)…

Grupo Leones de Castilla (con el zócalo de los edificios en blanco –una tipología que se repite en varias promociones-), y a la izquierda de la imagen el grupo de XXV años de Paz.

Alguna de estas promociones tuvieron un claro estilo ruralista tendente a la autosuficiencia, pues se construyeron incluyendo iglesia, locales sociales, locales para tiendas y bares: barrio Girón, inaugurado en 1955.

CIERRA EN VALLADOLID UNA EMBLEMÁTICA OFICINA BANCARIA

…Corría el año 1946

En febrero de 2020 el BBVA ha cerrado su oficina de la calle Recoletos c/v a Miguel Íscar. Desde que en 1946 abriera sus puertas el Banco de Bilbao (BB), durante setenta y cuatro años ha estado prestando servicio a la clientela. Permítaseme recordar que el Banco de Bilbao se había creado en 1856. Un banco incluso con autorización para emisión de moneda.

Billete emitido por el Banco de Bilbao en 1857

Para la historia del BBVA, aquella primera oficina BB en Valladolid ha sido sin dudad una referencia, tanto por su carácter de oficina pionera como por la ubicación.

El 19 de septiembre de 1946 los tres periódicos locales (El Norte de Castilla, Diario Regional y Libertad) dieron a toda página la noticia de la inauguración de la oficina del Banco de Bilbao. Un acto que fue acompañado de la solemnidad y parafernalia propia de la época: imposible resumir la numerosísima concurrencia de autoridades civiles, religiosas, militares y empresariales.

Recorte de prensa de El Norte de Castilla

Aquello fue una gran novedad pero lo cierto es que  los principales bancos españoles y varias cajas de ahorro ya operaban en la ciudad y parte de la provincia: en las dos Medinas, Peñafiel, Nava del Rey y Olmedo.

En concreto, hablamos del Banco Castellano, que terminaría por ser absorbido por el BB; y de los bancos Hispano Americano, Español de Crédito, Central,  de uno que obedecía al nombre de Banco de la Propiedad, y de otro que tenía por nombre societario Banca de Medina Clemente Fernández S. A,  Todos ellos ya llevaban un tiempo instalados en la ciudad. Amén de las Cajas Postal de Ahorros, Monte de Piedad de Salamanca, y la  Provincial.

Fue el BB, por tanto, el último de los grandes bancos españoles de la época, que abrió oficina en Valladolid. No obstante, llegaría a alcanzar grandes cotas de mercado gracias a la absorción que realizó del emblemático Banco Castellano, creado en 1900 con sede central en la calle Duque de la Victoria, 12.

Una absorción cuyo proceso se fue fraguando mucho antes de que el BB se instalara en Valladolid, acaso por ello no tuvo mucha prisa en poner su señal corporativa en la ciudad. Aquella ausencia de premura seguramente vino porque en 1930 (dieciséis años antes de habilitar la oficina de la acera Recoletos -en aquella época Avenida del General Franco-), el BB había adquirido el 25 % de las acciones del Castellano. Aquel fue un proceso lento pero imparable que terminó por hacerse con la propiedad: en 1950 detentaba el 35%, en el 66 el 44 % y, finalmente, en 1970 se queda con la totalidad del Castellano y todos sus sucursales.

La fortaleza del Banco Castellano venía de que hasta el año 1922 no se instaló en Valladolid ningún otro banco, con lo cual operó durante un puñado de años  con enorme  ventaja en ausencia de competidores,  de tal manera que incluso llegó a ser el principal banco de toda aquella castilla la Vieja.

¿Cómo era el Valladolid de 1946?

Recorramos algunos meses anteriores y otros posteriores a aquel septiembre de 1946 para ver con mayor detalle aquel Valladolid de posguerra, indicando algunas curiosidades.

El 5 de enero de 1945 una intensa nevada, y posterior helada, había paralizado la ciudad y congelado el río Pisuerga.

Miguel Delibes fue nombrado catedrático de la Escuela de Comercio… y sigue el 45: está en sus inicios la ingente tarea de construir viviendas públicas promovidas por la Organización Sindical y el Ministerio de la Vivienda para paliar el enorme déficit de vivienda que tenía Valladolid.

Cartelera de cines y teatros de septiembre de 1946 publicada en el periódico Libertad

El mismo mes que se inauguró el BB en las Ferias de Valladolid recorrieron por primera vez las calles de la ciudad el Tío Tragaldabas y los gigantes y cabezudos, desde entonces tan típicos de las fiestas vallisoletanas…y apenas un mes después comienza a funcionar el nuevo servicio de autobuses urbanos.

En la Casa de Mantilla, lo mejorcito de Valladolid

Supongo que no sería casual el que el BB abriera aquella primera oficina en lugar tan emblemático como aquel.  La esquina de la avenida del General Franco con calle Miguel Íscar, era un lugar muy céntrico y prestigiado de Valladolid, no en vano, además,  la casa de Mantilla  (inaugurada el 31 de diciembre de 1892) era una de las más admiradas por la sociedad vallisoletana. Se trataba del epicentro del Valladolid burgués que se fue consolidando entre finales del siglo XIX y principios del XX: calles como Miguel Íscar, Muro, Gamazo, Colmenares, etc. estaban habitadas básicamente por la clase media alta.  A ello hay que sumar el eje urbano  más transitado de todo Valladolid: el formado por la plaza Mayor, calle Santiago, acera de Recoletos,  y la Estación de Norte (no olvidemos el importante movimiento de personas que entonces generaba  el ferrocarril).  Y a todo este entorno hay que añadir el Campo Grande, como el lugar de recreo y paseo más concurrido de aquel Valladolid de mitad de siglo.

En definitiva, aquella esquina era, con total seguridad, el mejor escaparate que cualquier empresa desearía tener en Valladolid.

Oficinas del BB hacia 1959. Imagen tomada del Archivo Municipal de Valladolid (AMVA)

Según diversas opiniones, la actividad del banco estaba muy orientada hacia el negocio industrial y comercial, y se consideraba puntero entre un buen puñado de familias destacadas en ambos sectores.

La oficina ha tenido varias reformas, a lo largo de su existencia, especialmente en lo que tiene que ver con su organización interior de cajas y despachos, pero nos quedaremos con las dos primeras.

En febrero de 1946 D. Manuel de Basterrechea e Ichaso, en representación del Banco de Bilbao solicita licencia de obra en los locales que el banco había arrendo a las dos hermanas propietarias de la Casa de Mantilla (hijas del industrial que mandó construir el edificio). Los planos estaban firmados por el arquitecto Ricardo Bastida (que tenía una especial dedicación a las obras del banco en toda España) y la dirección de obra la llevó el arquitecto Manuel López Fernández con el aparejador Carlos Turiño, ambos de Valladolid.

Vista parcial de la planta principal del BB en 1946. (AMVA)

De cómo quedó organizada la oficina destaca el que la entrada se hacía por una puerta que daba a la Avenida del General Franco. Se accedía a la sala de operaciones con las mesas de atención al público  a mano izquierda, tres puestos de caja al fondo, los servicios de calefacción (carbonería),  aseos y vestuario a mano derecha. El despacho de Dirección se ubicaba en la rotonda que forma la esquina de ambas calles.

Verjas de las ventanas del banco, en las que se soldó el característico logo BB del banco.

La licencia municipal de apertura, una vez concluidas las obras, la solicita Agustín Quintanilla Mújica en calidad de director de “la sucursal del Banco Bilbao de esta plaza”. Y como siempre, no se esperó  a que se aprobara la misma (4 de octubre) para inaugurar la sucursal, pues como ya se ha dicho, se llevó a efecto el 19 de septiembre anterior. Pero, es más, es que la solicitud en realidad no la tramitó el banco hasta ocho días después de inaugurado.

Reforma de 1950, la puerta de acceso se puso en la rotonda de la esquina. (AMVA)

En 1950 se solicita licencia de reforma que modificó sustancialmente la anterior organización: la puerta de acceso se abrió precisamente por la esquina, la Dirección se desplazó a un amplio despacho colindante con la antigua puerta de acceso,  y se habilitaron despachos más especializados, como por ejemplo bolsa, informes, cartera, etc. que no figuraban en la obra primigenia.  El director de la oficina seguía siendo Agustín Quintanilla.

Caridad, fútbol, Holanda y quinielas

Pronto el banco quiso imbricarse en la vida social vallisoletana y para ello no dudó en participar en las más variopintas actividades. Comenzó con buen pie, pues la prensa se hizo eco de que al día siguiente de la inauguración de la oficina, el banco hizo un donativo para los pobres “con motivo de su inauguración”.

 El 29 de enero de 1950, El Norte de Castilla da cuenta de los modestos partidos de fútbol aficionado que se jugaron ese fin de semana. Entre ellos estaban los míticos Europa-Delicias y el Arces, pero también participaban los equipos de los bancos Central, Santander, Hispano Americano, Español de Crédito y Bilbao. Ocurrió que en los partidos del 28 de enero del citado año, los equipos del Central y el Santander (ganó el primero por 2-1) se encontraron sin árbitro, por lo que entre quienes por allí andaban, ambos equipos acordaron que les arbitrara Maroto, un jugador del Bilbao, y según la prensa “a entera satisfacción” de ambos equipos. Por cierto el BB también tenía un equipo de baloncesto.

Equipo de fútbol del BB hacia 1960.

Corría el mes de febrero de 1953 y los empleados del banco hicieron una colecta para que el Secretariado Diocesano de Caridad hiciera llegar 250 pesetas a los damnificados por el terrible temporal que asoló a Europa Occidental, que produjo la rotura de los diques de Holanda y Bélgica, causando grandes destrozos entre la población y la flota pesquera. En concreto se estima que la mortandad “se elevaba a 831 personas, 400 de ellas en Holanda”. No obstante las aguas seguían anegando docenas de pueblos y  ya se hablaba de 600 muertos en Holanda. En el invierno de 1959 el banco aportó 1.000 pesetas a la Campaña de Navidad y Vivienda (así se llamó) promovida por la Obra Social de la Falange.

Pero, sin duda, el acontecimiento que dio al banco una increíble proyección publicitaria fue la quiniela que Gabino Moral Sanz depósito en el BB de Recoletos. Una quiniela con 14 aciertos obtenidos por la casualidad de los dados. Aquel joven agricultor de Valbuena de Duero ganó el 4 de febrero de 1968 la estratosférica cantidad de 30.207.774 pesetas: una verdadera fortuna para su época (actualizando la evolución del IPC a fecha de hoy día, serían 4.263.817 euros). Fue el mayor premio que jamás  se había ganado en la Quiniela ni en ningún otro sorteo en España. Por cierto,  el Valladolid perdió ante el Badajoz, en tierras extremeñas.

Plantilla del banco hacia 1960 celebrando San Carlos Borromeo en el desaparecido Hostal Florido.

 ¡La primera sucursal!

Hasta que en 1970 el BB terminara por hacerse con la totalidad del Castellano y trasladara su oficina principal a la que ocupaba dicho banco, es decir Duque de la Victoria 12, y se hiciera con una extensa red de oficinas, el BB  abrió una primera sucursal,  cuya existencia prácticamente está perdida en  la memoria. Aquello se produjo en octubre de 1960, habilitando un pequeño local en la plaza del Ochavo esquina con calle Lonja: una oficina de 84 m2 en planta y 56,50 m2 de sótano. Entonces, el director del banco en Valladolid era Francisco Urquijo de la Puente.

Anuncio publicitario publicado en El Norte de Castilla el 18 de junio de 1860.

Al menos hasta que absorbe el Castellano, el BB abrió otras dos oficinas: en 1963 en la plaza Cruz Verde, y en 1970 en la plaza Circular esquina con calle Cervantes.

… Y nos trasladamos a Duque de la Victoria

En abril de 1970 la prensa local ya daba por hecho la inminente integración del Banco Castellano en el Grupo Bancobao. Aquel paso que ya venía más que anunciado tanto por el proceso de adquisición de acciones del Castellano por el Bilbao, como por diversas inserciones en prensa mediante anuncios en los que ambas entidades, por ejemplo, conjuntamente felicitaban la Navidad.

Noticia de El Norte de Castilla de 29 de abril de 1970.

La entidad había dado instrucciones a todos sus gestores y apoderados para que compraran por todos los medios posibles las acciones que aún quedaban en manos de accionistas del Castellano… y consiguió su objetivo.

Publicidad del Banco de Bilbao en julio de 1970, una vez que absorvió al Castellano.

Como mera curiosidad, en aquel mismo mes de abril de 1970, el Ayuntamiento de Valladolid colocaba el día 23 una placa en la fachada del Bilbao recordando que allí, antes que el edificio de Mantilla, estuvo el hospital de la Resurrección, citado por Cervantes en sus novelas “El casamiento engañoso” y “El coloquio de los perros”. Se conmemoraba el 354 aniversario del fallecimiento del ilustre escritor.

Imagen actual de la oficina.

Y en este punto concluye la historia particular de aquella emblemática oficina “principal” del Banco de Bilbao, para pasar a formar parte, como otra sucursal más de la amplia red que aportó la absorción del Castellano: la Dirección provincial del Bilbao se trasladó a las nobles dependencias del antiguo palacio de D. Antonio Ortíz Vega (banquero y hombre de negocios) en la calle Duque de la Victoria 12, que sin que se conozca con exactitud su fecha de construcción, desde 1900 era la sede principal del Banco Castellano.