EL RELOJ, EN LA TORRE… Y OTROS RELOJES DE VALLADOLID

Hasta que en el siglo XX se popularizara el uso del reloj, los relojes públicos fueron muy importantes; tanto que  uno de los elementos más típicos y característicos de las actuales casas consistoriales es la presencia del reloj, normalmente bajo el castillete que soporta la campana. Aunque ya en el siglo XVII algún Ayuntamiento disponía de reloj en su fachada, lo normal es que hasta avanzado el siglo XIX, el reloj municipal estuviera instalado en la torre de una iglesia debido a que era el lugar ideal para la colocación del mismo: un lugar alto y, por tanto, fácilmente visible desde muchos puntos de la población, y también más fácilmente oíble desde largas distancias, pues sus campanadas regían la vida de la gente y era necesario que se oyera dentro de la población y por los campos.

De antiguo se dio importancia al reloj y de ello nos ilustra que ya en el siglo XV el Concejo de Valladolid dispusiera de reloj (antes incluso que de Casa Consistorial), pues documentado está que 1498 se pagaba a una persona por el mantenimiento del reloj de Santa María (la antigua Colegiata- que conserva sus restos detrás de la actual Catedral-), al mismo tiempo que en ese mismo año  se estaba pagando a cuenta la instalación de un reloj en el desaparecido  Convento de San Francisco (lugar donde habitualmente se reunía el Regimiento).

Y, sin más, vamos a recorrer la ciudad siguiendo el rastro de sus relojes.

 

En 1706 se instaló el reloj en la torre de la Catedral, procedente de la antigua Colegiata. Cuando se desplomó la torre en mayo de 1841, y con ella cae el reloj (aunque había otro en la fachada de la Casa Consistorial),  el Ayuntamiento de la época enseguida comenzó a hacer gestiones para proveerse de un nuevo reloj en alguna torre de la ciudad. A pesar de que se ha publicado que se instaló  en la iglesia de San Miguel, no parece lógico en absoluto,  dado que la iglesia no tenía torre, sino espadaña. Las torres se erigían en iglesias parroquiales, no en iglesias conventuales (que es el caso de San Miguel), que solo tenían espadaña. En mi opinión, el lugar elegido fue la torre de la Antigua, tal como se demuestra en el dibujo realizado en su día por Martí y Monsó. Pero, sobre todo, los archivos municipales registran en 1841 un acuerdo de lo necesario, útil y conveniente que es la colocación de un reloj en la torre de la iglesia (de la Antigua)  por lo capaz, sólido y elevado de su torre, para que “supliera la falta que ha causado la del que había en la de la Santa Iglesia de la Catedral de resultas de su ruina.” De la existencia de este reloj también da fe Madoz en su diccionario elaborado en la década de 1840, indicando que era uno de los cinco que existían en la ciudad. El reloj se desmontó en 1892.

 

En 1911 se instaló la maquinaria y esferas de la nueva torre de la catedral. La maquinaria es francesa (empresa Terraillon y J.Petijean, de la ciudad de Morez du Jura –Francia-) y lo montó el taller vallisoletano de relojería de Carmen García del Olmo. Se restauró en 1995 y previamente se habían sustituido sus viejas esferas pues corrían peligro de caer al vacío. En las imágenes, detalle de la maquinaria del reloj y una de sus  viejas esferas que se conservan en el interior de la torre catedralicia. Desde hace un par de décadas tiene instalado un sistema de precisión y funcionamiento que  hace innecesario darle  la  cuerda a mano que antiguamente había que hacer cada cierto tiempo.

 

En el año 1776 se concluyeron las obras construcción del actual edificio  que conocemos  de la parroquia de San Andrés, hasta entonces una apartada ermita. No sé si ya entonces se instaló un reloj en su torre, pero lo que es seguro es que sí se  hizo en 1894,  aprovechando uno de los dos relojes que se habían desmontado del antiguo Ayuntamiento derribado en 1879. En 1897 (El Norte de Castilla), el Ayuntamiento discutía sobre la conveniencia de arreglar el reloj de la torre de San Andrés, que según el cura de la parroquia, llevaba tiempo sin funcionar. Es el caso que por los motivos que fuere, el consistorio decidió que no se gastaba los cuartos en arreglar el reloj (las esferas actuales, evidentemente, ya no son las mismas).

 

 En la iglesia de Santiago,  en 1881 se alojó en lo alto de su torre otro de los dos relojes de la vieja Casa Consistorial, aunque no corrió mejor suerte que el de San Andrés, pues también tenemos noticias de que en el año de 1922 ya llevaba tiempo sin funcionar, aunque en este caso parece que los gastos de su reparación iban a correr por cuenta de la feligresía. Pero es que aquel popular reloj debía arrastrar algunos problemas, pues en 1898 también hubo quejas por que no funcionaba, y se apelaba al Ayuntamiento para que lo arreglara lo más pronto posible. Este reloj , que ya no existe, todavía estaba funcionando en la década de 1970 (foto del Archivo Municipal de Valladolid).

 

Entre 1859 y 1970 la esquina del edificio de la Universidad lució un reloj (fotografía de la época).  Se tiene noticia documentada de que en 1579 la Universidad ya dispuso de un reloj mecánico que se sustituyó por otro en 1789, hasta que en 1857 ya se pensó en instalar otro nuevo  cuyo mecanismo y esfera es el que se muestra en el patio del Palacio de Santa Cruz. La maquinaria de este reloj se trajo de una prestigiosa fábrica situada en Morez du Jura (Francia), y montado en Valladolid por el relojero Ignacio Neugart. En realidad este reloj se instaló inicialmente hacia los patios interiores del edificio,  y fue en una reforma de la torre esquinera de la Universidad cuando se reinstaló orientado a la calle.

 

En 1908, terminadas ya las obras de la nueva Casa Consistorial,  se acuerda adquirir un reloj para la torre central.  No fue un tema de rápida ejecución, pues se da cuenta de repetidas reuniones “en las que se ha discutido y pensado con todo detenimiento este particular”… Es más, se acordó formar una sub comisión sobre el particular. El debate estaba en si se trasladaba otro reloj de los existentes en la ciudad. Pero la idea se desechó. Se acordó adquirir un reloj nuevo. Se pidieron dos presupuestos: a Moisés Díez, de Palencia; y a Paul Odobey, de Morez de Jura (Francia). Finalmente se adjudicó a la empresa de Palencia, porque al ser una empresa española “sin ofensa para nadie” debe ser preferible. La oferta del fabricante de Palencia, que incluía tres campanas,  ofrecía un badajo grande para ser utilizado en casos de incendios, grandes acontecimientos y otros motivos. Además instala un pararrayos. Las características del reloj consistían en que tocaba horas y cuartos dobles. Tenía cuerda para ocho días y la máquina medía 210 centímetros y pesaba 425 kilogramos.


No son muchos (apenas una docena) el número de relojes instalados en  fachadas de edificios particulares o institucionales (al margen de establecimientos comerciales), como es el caso de la antigua Delegación de Hacienda (en la imagen) construida hacia 1934 y que lleva la firma del arquitecto Cuadrillero (muy reconocido en su época)  en la plaza de Madrid.

 

El Instituto Zorrilla hay que situarlo en su remoto origen en tiempos de Isabel II, pero el edificio que ahora existe se inauguró en 1907 y es obra del arquitecto Teodosio Torres (el que también proyectó la actual plaza de toros o el llamado hospital viejo en la calle Sanz y Forés).

 

En 1953 comenzó a funcionar el reloj que corona el edificio número 12 de la plaza de España. Con ese motivo, el edificio se conoció popularmente como la Casa del Reloj. Debajo del mismo se  puede ver el escudo de la antigua Caja de Ahorros Provincial de Valladolid.

 

Reloj que corona el edificio que hace esquina entre las calles Duque de la Victoria y Constitución. La instalación de un reloj en la coronación de un edificio se  consideraba como elemento de distinción. En la actualidad esto ya no es moda, como todavía ocurría hasta le década de 1950.


Desde luego, no sería justo recorrer los relojes de Valladolid sin dejar constancia de dos entrañables relojes: el  del Pasaje Gutiérrez (1886) en el que  sendos infantes realizados por el escultor Gossin, sujetan un reloj asomados a  un balconcillo en el que, antaño, en ocasiones se ofrecían conciertos. El pasaje Gutiérrez está declarado Bien de Interés Cultural. Y el del de la Estación de la Esperanza, de la línea ferroviaria de Ariza que comenzó a prestar servicio en 1895.

 

Y un par de imágenes para el recuerdo: la antigua Casa Consistorial (con su reloj) construida tras el incendio de 1561 y derribado en 1879; y el viejo auditorio del Campo Grande (ambas imágenes son del Archivo Municipal de Valladolid).

 

NOTA: Además de archivos, hemeroteca y algunos libros, para confirmar ciertos extremos de este artículo sobre el reloj de la Catedral  me han sido de gran valor los comentarios de Juan Luis Saiz, experto en restauración arquitectónica.

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VALLADOLID Y LAS REINAS

La historia de España ha dado reinas excepcionales, que lo fueron por derecho y no por su condición de consorte. Mujeres que lucharon por sus derechos monárquicos y que defendieron los intereses de sus reinos. Que tuvieron que abrirse camino en un mundo hostil para la mujer. Que algunas sufrieron, a pesar de ser reinas, malos tratos, encierros y desprecios.  Nos estamos refiriendo a la Edad Media, pues la historia de España dio un salto de masculinidad monárquica desde Juana I en el siglo XVI, hasta Isabel II, ya en el XIX.

Pues bien, la mayoría de aquellas reinas lo fueron de los reinos de Castilla y León (juntos o por separado), y Valladolid atesora lugares que evocan a aquellas mujeres.

A lo largo de este año de 2017 se están llevando  a cabo algunas actividades conmemorativas de los 800 años transcurridos desde que Fernando III, llamado el Santo, fuera coronado Rey  de Castilla en la ciudad de Valladolid. Corona a la que añadiría en 1230 la de León uniendo, de esa manera, ambos reinos tras muchos años de disputas entre ambos territorios.

Si el dicho popular, no carente de ribetes machistas, de  que “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”, tiene ejemplos concretos, sin duda es el caso de Doña Berenguela, madre de Fernando III y propiciadora de que su hijo se ciñera la corona real.

La historia de los reinos de Castilla y León es una larga sucesión de uniones, separaciones, fronteras cambiantes, alianzas, estrategias, fidelidades y traiciones hasta su definitiva unidad. En esta película  hubo un espacio esencial para reinas excepcionales que tuvieron un papel  protagonista, más allá de figurantes o consortes (aunque entre estas no faltaron mujeres de gran talla por encima, incluso, de sus esposos reyes por derecho).

Nos estamos refiriendo a reinas “verdaderas”, es decir a aquellas que ejercieron el poder por sí mismas,  no por su posición matrimonial. Monarcas que supieron rodearse de una corte personal de músicos, poetas, filósofos o humanistas que terminaron por ejercer una gran influencia en la vida cultural y social de su tiempo.

Valladolid y algunas villas y pueblos de su provincia fueron escenarios históricos privilegiados de bodas, coronaciones, recibimientos, Cortes y disputas que jalonan la historia de los reinos de España.

Con este pretexto vamos a dar un paseo por  lugares vallisoletanos que evocan esta estrecha relación de Valladolid con las reinas. A tal fin daremos alguna pincelada (pues no es posible abordar con la extensión de un libro de historia aquellas vidas) sobre algunas de estas excepcionales mujeres.

 

Urraca I de Castilla (1079 o 1080 a  1126) hija de Alfonso VI y madre de Alfonso VII accedió al trono en 1109.  Fue la primera mujer que reinó sola en Castilla y León y se la describe como valiente e indómita.  Tuvo una estrecha relación con el Conde Ansúrez, que fue su ayo durante unos años, en cuya casa vivió desde que cumplió los ochos años de edad hasta que a los 16 años llegó la consumación del matrimonio que sus padres habían concertado con Raimundo de Constanza. La influencia del Conde, según algunos historiadores,  apunta a que fue él quien recomendó a Urraca su posterior matrimonio con Alfonso I el Batallador, rey de Aragón. De tormentosa vida, durante su relación matrimonial con Alfonso I,  llegó a sufrir maltratos físicos delante de la corte, e incluso la mandó encerrar para no separarse de ella y así no perder el reino de Castilla que lo consideraba como propio. Más, la reina supo maniobrar para segar la hierba bajo los pies de su esposo. Los reinos de Castilla y León y Aragón terminaron por separarse poniendo en serios apuros al Conde Ansúrez, que había prometido fidelidad a ambos.

 

La plaza Mayor de Valladolid exhibe una placa en su fachada de la Casa Consistorial que recuerda a Doña Berenguela. También la vieja Colegiata, mandada construir por Ansúrez, tiene papel protagonista en la historia de Berenguela (1181-1246). Esta  reina fue hija de Alfonso VIII y Leonor de Inglaterra. Descrita como mujer excepcional y reina prudente, fue madre de Fernando III llamado el Santo. Tras diversas disputas con los nobles que pretendían que la corona recayera sobre Blanca de Castilla, consiguió los apoyos suficientes para ser reconocida como reina, y días después coronada (según esa placa) en la actual plaza Mayor de Valladolid, pero lo más probable es que aquello realmente ocurriera en la actual plaza de la Universidad, en 1217 conocida como del Mercado. Aquel acto se llevó a cabo en medio de una gran expectación y parece que se hizo en un lugar amplio que permitiera la presencia de la muchedumbre que quería ser testigo de aquel acontecimiento. En el mismo momento de su coronación traspasó el reinado a su hijo Fernando III y se trasladaron a la Colegiata para entonar un Te Deum . En realidad reinaron juntos durante treinta años  sin que se conozcan desavenencias importantes entre madre e hijo. Doña Berenguela se había casado en 1197  con Alfonso IX de León en la iglesia colegiata de Santa María de Valladolid, ignorando la prohibición de aquel matrimonio por parte del Papa Inocencio III que apelaba a consanguineidad entre ambos contrayentes.

 

María Alfonso de Meneses pasó a la historia como María de Molina (1265-1321).  El  Molina le vino  a raíz de que ya al final de su vida recibió de su esposo Sancho IV el señorío de Molina, ubicado en la provincia de Guadalajara. Era nieta de doña Berenguela y su matrimonio, del que nacieron siete hijos, no fue reconocido por el papado por razones de consanguineidad –igual que ocurriera con la boda de su abuela-. El matrimonio terminó por recibir el plácet de Bonifacio VIII merced a una generosísima donación de María al papa en 1301, lo que allanó el camino para que Fernando IV fuera reconocido como heredero de la corona. Aquel reconocimiento fue el resultado de numerosas intrigas en las que María de Molina se mostró especialmente inteligente, dando poder a las emergentes oligarquías urbanas enfrentadas a la nobleza. Fue verdaderamente tres veces reina: como esposa, madre y abuela regente, dada la precaria salud de su hijo Fernando y la falta de edad para gobernar de su nieto, que sería Alfonso XI. La custodia de su nieto se la dio “a los hombres buenos de la ciudad de Valladolid”. En definitiva, tuvo que estar al frente del reino hasta el final de sus días.  María de Molina fundó las Huelgas Reales (orden cisterciense) e impulsó el convento de San Pablo. Alivió las cargas fiscales de la naciente burguesía, se alineó con Bonifacio VIII para la liquidación de la orden del Temple, etc. Era prima carnal de Alfonso X: el nombre de calle Mirabel, en el barrio de la Rondilla, viene dado por el camino que conducía hasta el Real Palacio de Mirabel, en las inmediaciones de la Overuela, donde se dice que se redactó parte de las famosas Siete Partidas de Alfonso X el Sabio. Falleció en el desaparecido convento de San Francisco aunque está enterrada en las Huelgas Reales de Valladolid. (Las imágenes muestran la torre mudéjar de las Huelgas Reales –del blog Arte en Valladolid, de Javier Baladrón, al igual que  la sepultura de la reina-;   restos antiguos del convento de San Pablo, aunque ya prácticamente nada se conserva de su primigenia construcción; y el Museo de Valladolid conserva el sarcófago donde se guardaron los restos del infante Alfonso hijo de María de Molina).

 

En el Palacio de los Vivero (que aparece en las fotografías -solo visitable mañanas de día de diario-),  Isabel I de Castilla (1451-1504) firmó su compromiso matrimonial con Fernando de Aragón, príncipes aún aquel año de 1469. Para protegerse de las iras de parte de los nobles  que no vieron con buenos ojos aquel matrimonio, los príncipes  se refugiaron durante unos meses en Medina de Rioseco bajo la protección de Fadrique I Enríquez, a la sazón Almirante de Castilla, abuelo de Fernando y tío lejano de Isabel y, sobre todo, poderoso personaje respetado por el resto de la nobleza castellana.  Fueron muchos los escenarios vallisoletanos que vivieron los acontecimientos del reinado de Isabel y Fernando. La reina nació en Madrigal de las Altas Torres y falleció en el Palacio Testamentario de Medina del Campo. 

 

De Juana I de Castilla -mal llamada la Loca- (1479-1555)… pues ¡anda que no hemos tenido monarcas que debieron ser incapacitados en algún momento de su vida! De sobradamente conocida biografía, destacamos que fue reconocida como reina por los nobles castellanos durante la reclusión a la que le sometió su esposo Felipe el Hermoso en el castillo o palacio de Mucientes (fotografía) en los primeros días de julio de 1506 tratando, precisamente, de inhabilitarla. Son muchos los lugares de la provincia que guardan relación con la reina: Medina de Campo, Tordesillas…  Parece documentado que durante su reclusión  en Tordesillas oía misa en  San Antolín,   pero la leyenda añade que después subía hasta la torre de la iglesia para ver si desde allí oteaba la llegada de su (ya) fallecido esposo Felipe. (La escultura de la fotografía es del zamorano Hipólito Pérez, frente a la fachada de San Antolín donde destaca la torre a la que ascendía la reina Juana).

 

Hasta el mes de febrero de 2018, el palacio de Butrón (Sede del Archivo General de Castilla y León) sito en la plaza de Santa Brígida, ofrece al público una interesante exposición sobre Fernando III el Santo, hijo de Doña Berenguela.

 

NOTAS: son muchos los textos que abordan las vidas de estas mujeres, algunas con abultada bibliografía. Más si alguien quiere tener una visión de conjunto, recomiendo alguno de  los siguientes libros: Reinas Medievales en los Reinos Hispánicos (de María Jesús Fuente); Reinas Medievales españolas (de Vicenta Márquez de la Plata y Luis Valero de Bernabé); y Mujeres Ilustres de Valladolid, siglos XII-XIX (VV.AA.) editado por el Ayuntamiento de Valladolid. La sepultura de María de Molina puede verse aprovechando el horario de misa de 12 de los domingos de las Huelgas Reales (se entra por la calle Estudios).

 

FUENTEUNGRILLO: UN DESPOBLADO MEDIEVAL

En el siglo XV ya no quedaba habitante alguno en Fuenteungrillo. Acaso la peste, tal vez las exigencias recaudatorias de sus dueños, o la hambruna provocada por unas malas cosechas empujaran a los habitantes de este poblado medieval a abandonar sus casas. Seguramente no sería una decisión repentina, sino un proceso paulatino en el que intervendrían muchos acontecimientos, pero se sabe que hacia 1404 ya nadie quedaba en aquel lugar. No cabe descartar que entre las causas del abandono tuviera que ver el que perdiera interés estratégico en las pugnas por el control de los reinos de León y de Castilla o entre los señores feudales.

A cuatro kilómetros de Villalba de los Alcores se han rescatado parte de los restos de un pueblo que no fue pequeño en sus años. Se trata de un asentamiento del que ya hay constancia documental muy a principios del s. XIII y que estuvo habitado hasta el XV.

Este poblado tiene de extraordinario  el hecho de poseer abundante y detallada  documentación escrita, incluido el Becerro de las Behetrías, y los cimientos suficientes de muchas de sus construcciones, lo que ha permitido acotar perímetros y reconstruir su historia. Pero no es sino uno más de los muchísimos despoblados que se fueron produciendo en Europa y en España, sobre todo, en los siglos XIV y XV, a los que el territorio vallisoletano no es ajeno. Basta ojear el Diccionario de Pascual Madoz y otras crónicas del siglo XIX para percatarnos de los muchos despoblados que hay en la provincia. Buena parte de este fenómeno debe explicarse por causas económicas y de reordenación de la población cuando la Edad Media comenzaba a tocar su final, lo que algunos expertos denominan crisis de la Baja Edad Media.

En principio se pensó en que se trataba de una villa romana por unos restos cerámicos allí localizados, pero más tarde se comprobó que eran  de la llamada cerámica de Valladolid. No obstante,  no muy lejos del poblado se encontró un busto romano;  y en las inmediaciones restos prehistóricos, con lo que lo más probable es que hasta que se consolidó como poblado medieval es lógico pensar que hubiera algunos otros poblamientos, pues se trata de un enclave sobre un promontorio (que permite la observación de un amplio entorno) y con cercanía del agua del arroyo de Fuentes.

Los profesores Wattenberg, Palop y, desde 1982, Julio Valdeón e Inmaculada Sáez han sido los impulsores de la investigación de Fuenteungrillo, que el año 1983 fue declarado Bien de Interés Cultural. Actualmente el Ayuntamiento de Villalba de los Alcores mediante un convenio con  la empresa Arbotante está impulsando las investigaciones, que incluyen campañas veraniegas de estudiantes desentrañando piedras  y rescatando sencillos objetos que, una vez datados, serán llevados al Museo de Valladolid. También colaboran el Departamento de Historia Medieval de la Universidad de Valladolid, la Dirección General de Patrimonio Cultural y la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León.

El trazado del caserío, sus calles y las puertas del despoblado son perfectamente reconocibles sobre el terreno. El interés de este yacimiento reside en  que desde que se abandonó no ha sido alterado por ninguna otra ocupación. Por lo tanto se está pudiendo estudiar con buen detalle cómo fue el poblado original. Además, durante muchos años,  ha sido uno de los descansaderos más grandes e importantes de uno de los cordeles de la Cañada Real Leonesa Occidental, que iba desde Palencia a Torrelobatón pasando junto a Fuenteungrillo, por lo que ningún agricultor ha levantado las piedras para arar el terreno.

Un pequeño castillo defensivo y hasta cuatro  iglesias o parroquias aglutinaban a una comunidad que llegaría a tener 30 familias, unos doscientos habitantes que se surtían del arroyo de Fuentes. Más de diez hectáreas de terreno estaban ocupadas por casas de piedra y barro con sus correspondientes calles y adecuada organización social, guardadas por una muralla con dos puertas y debidamente vigiladas. Ahora solo vemos una parte de todo aquello.

 

El corral anexo a la fortaleza, que se representa mediante  dos caballerías silueteadas en acero era, en realidad, una majada donde guardar el rebaño.

 

La estructura del poblado es perfectamente reconocible y documentada: Barrio de Santa Coloma, Puertas de  San pedro (que también fue un barrio –donde está el actual palomar-), castillo y varios cementerios. 

 

Además de la estructura de las viviendas, algunas con pequeños corrales y silos,  se han rescatado hornos domésticos para hacer pan. 

 

La visita dispone de un aula de interpretación que explica detalladamente el origen y evolución de Fuenteungrillo: en la imagen uno de los paneles.

 

Una pieza cerámica de hace 800 años.

 

Se ha reconstruido  una vivienda, aunque en realidad la generalidad de ellas no debían ser tan grandes: apenas unos 20 m2 con cubierta a un agua habitadas por campesinos sencillos que trabajaban simplemente para subsistir.

El castillo, además de los silos de alimentos, tiene varios enterramientos infantiles, una vez que la fortaleza dejó de tener utilidad a partir de 1250. La fortaleza dispuso de su correspondiente torre. El suelo de la  puerta del castillo es original y se conserva el tope del portón.

 

En la imágen, desde el interior del castillo, se aprecia el Centro de Interpretación y, más al fondo, la vivienda reconstruida según un criterio idealizado de acuerdo a la información que se dispone de las construcciones de la época.

 

La foto muestra lo que estaba bajo tierra y el recrecimiento contemporáneo que se ha hecho de los muros originales, tal como nos muestra Iván García, una de las personas que está al frente de las excavaciones.

 

 Merece la pena subir hasta la azotea del aula que ha montado la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León por la panorámica que ofrece, no sólo del poblado en sí, sino del vasto y solitario territorio que desde esta altura se contempla. Villlalba de los Alcores la fondo.

 

La charca de Fuenteungrillo, a los pies del despoblado. Se trata de un embalsamiento artificial. En muchas casas de Villalba de los Alcores hay alguna piedra de las que, antes, los chavales sacaban del fondo de la “charca”. Se trata de unas piedras porosas, muy agujereadas, que la gente las utiliza para adornar algún  rincón de su casa.

 

La charca al atardecer. Algunos patos, pollas de aguas y garzas, en tiempo de emigración, encuentran refugio en estas quietas aguas de abundantes carrizos. También algunas gentes pescan carpas desde que hace unos pocos años se pobló el embalse con esta especie.

 

NOTA: el yacimiento tiene libre acceso: km. 4 desde Villalba de los Alcores hacia Valdenebro de los Valles. Para acceder al Aula de Interpretación y a la vivienda hay que concertar visita en el teléfono del Ayuntamiento de Villalba: 983 721 500.

SÍMBOLOS EN EL CEMENTERIO DEL CARMEN

Si hay un lugar en la tierra en el que los símbolos hablan más que las palabras, ese  es, casi con toda seguridad, un cementerio. Y el Cementerio del Carmen de Valladolid no es una excepción. A poco que nos paseemos con detenimiento y sin recelo alguno mirando de frente y con detalle las tumbas y mausoleos, veremos cómo resaltan detalles  que terminan por componer una sinfonía de símbolos: macabros unos,  cultos otros, íntimos, personales…

En definitiva,  mensajes que los deudos o  los propios finados, según  voluntad dictada en vida, y según las modas de cada época, quieren dejar para la postrimería.

Los símbolos muchas veces son enigmáticos,  pues con frecuencia se prestan a dobles lecturas,  según contextos históricos o culturales. De hecho, en numerosas ocasiones resulta harto imposible hallar una interpretación inequívoca,   cierta y clara. Por ejemplo una pirámide (que no es  indicativo único de la masonería); de una estrella (¿cinco o seis puntas?);  una flor, un ángel…

La muerte para la religión cristiana es en realidad una paradoja: fin y principio, fallecimiento y vida, esperanza, mejor vida… por eso la presencia de plantas vivas, verdes es el mejor exponente de lo que nos espera. De ahí la costumbre de adornar las tumbas con flores, de la presencia del ciprés (cupressus sempervirens -siempre verde, vivo-), de la vid (que cada año revive)…

Cementerio: dormitorio, un sueño pasajero para los cristianos, el lugar donde reposan los cuerpos en espera de  la resurrección… esperanza.

Lo que este reportaje  propone no es un catálogo exhaustivo de símbolos, ni mucho menos una propuesta única e incontestable de su interpretación. Ha sido necesario consultar unos cuantos artículos y varios libros especializados en simbología e iconografía para llegar a poner un texto a cada fotografía… Así que lo aquí escrito queda a merced de mejores y más fundadas interpretaciones. Y, sobre todo, solicita la clemencia del lector o lectora  por la reducción a tres o cuatro líneas de cosas que exigirían una larga explicación.

Pero antes de entrar en materia, demos unas escuetas pinceladas al porque de noviembre como mes de difuntos. En las culturas celtas, griegas y romanas, la época del año que luego terminaría por conocerse como noviembre,  representaba el fin del ciclo agrícola:  ya todos los frutos del campo han sido recogidos, la tierra entra en letargo, se avecina el invierno… Hades, el dios del inframundo permitía que en esta estación los muertos emergieran a la superficie para comunicar con sus familiares. Los primeros cristianos celebraban cada mártir, hasta que estos fueron numerosos y no era posible honrarlos a todos. Entre el s. VIII y IX se va consolidando la idea de dedicar un día especial para recordarlos a todos: los santos (ahora 1 de noviembre) primero; y los difuntos en general (2 de noviembre) después. Otros cristianos, como ortodoxos, anglicanos y luteranos no comparten la celebración de difuntos en estas fechas, aunque también rinden recuerdo a los fallecidos.

Más, dejémonos de literatura. Y adentrémonos en el Cementerio del Carmen. Las imágenes que acompañan este reportaje no indican el lugar concreto de donde han sido tomadas. Y ello por dos razones: porque en ocasiones son muy frecuentes, y… en otras, porque este reportaje lo que quiere es invitar a que paseemos por el cementerio con los ojos bien abiertos, advirtiendo, en todo caso, que se trata de la parte más antigua del camposanto.

 

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El rey de los cementerios católicos occidentales es el ciprés. Nos recibe y nos acompaña,  se encuentra por doquier tanto en el interior como en los alrededores del camposanto: longevidad, perennidad. Tronco y follaje alto,  ascendente hacia el cielo: nexo de unión entre el cielo y la tierra: hunde sus raíces verticales en la tierra y se eleva hacia el cielo. En la Grecia antigua ya tenía carácter funerario, igual que en la Roma posterior: por su verdor perenne  es referencia de la eternidad. Vertical.. tránsito de la tierra al cielo.

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Sin duda la cruz, desnuda o con sudario, es el símbolo por antonomasia del cementerio. Su origen es anterior al cristianismo, pero claro es que cobra total relevancia en la religión a raíz de la crucifixión de Cristo: glorificación del alma, perdón de los pecados, la salvación a través del símbolo del Redentor. La cruz es la intersección entre lo horizontal y lo vertical, lo que la convierte en un símbolo totalizador. Su presencia está en todas las culturas,  más en el cristianismo cobra la fuerza de la unión del cielo y la tierra, la reconciliación del Creador con su creación: el centro del mundo.

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El ancla es uno de esos símbolos que tiene varias interpretaciones. De entrada hace referencia a la cruz, pues era una forma oculta de representación de la misma en los primeros tiempos del cristianismo para evitar la persecución. También es un símbolo de seguridad, de confianza, de esperanza y salvación: firmeza, solidez.

 

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 La calavera y las tibias cruzadas son inequívocamente representación de la fugacidad  de lo material, es decir, de la muerte, también de la tumba de Adán.

 

 Escalera… ascensión. En el Libro de los Muertos de los egipcios: “ya está colocada mi escalera para ver a los dioses”…  La escalera es un intento de remontarse a un nivel superior. En el Génesis, el sueño de Jacob aparece una escalera que comunica con los cielos. En la Edad Media, símbolo de representación entre los mundos.

 

¿Arca de la Alianza? Trono de Yahvé para los israelitas. Relación de Yahvé con su pueblo elegido, guarda las Tablas de la Ley.

 

La vid y  el acanto.  La vid, planta sagrada, hierba de la vida, signo de la inmortalidad.  El mismo Jesucristo se compara con la vid: “Yo soy la vid… “. Uvas: Eucaristía. La viña, símbolo del reino de los cielos. Acanto: renacimiento, perennidad.

 

El monte del Calvario, monte pelado, pétreo. El Gólgota en griego… el lugar donde fue enterrado Adán, también donde se ajusticiaba a los reos . Por eso, con frecuencia, al pie de la cruz se representa un cráneo. A Jesús se le representa ajusticiado en el lugar donde estaba la tumba de Adán, y con la sangre derramada caída sobre el primer hombre hay un nuevo renacimiento de la raza humana: Adán sale de su tumba renacido.


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El reloj alado, normalmente acompañado de la frase “tempus fugit”, o lo que es lo mismo: el tiempo vuela, se escapa. Irremisiblemente el tiempo todo lo acaba, devora la vida: nuestro paso por el mundo es, sin duda,  breve y transitorio. Más las alas también pueden hacer referencia al alma, pues es una forma muy clásica de representarla, la capacidad del espíritu para remontarse a las alturas.

 

Guadaña y pala, símbolo puro y duro de la muerte. La guadaña, atributo de la Muerte, que iguala  y no discrimina… también representación de la cosecha y la esperanza.

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La típica corona de flores con la que se rinde homenaje y recuerdo a los difuntos, y adorna, esculpida, multitud de lápidas,  tiene un origen difuso: ¿a gloria?  Pero  bien puede venir explicado por el círculo, la eternidad. Símbolo, también, del tiempo: movimiento sin principio ni fin, sucesión continua de instantes: recuerdo permanente.  Cristo es el alfa y el omega: principio y fin de todas las cosas… El círculo, figura geométrica perfecta, sin principio ni fin. Unidad con Cristo tanto en la vida como después de la muerte. Más la corona también es el nexo entre la realidad humana y el más allá: el ser coronado se relaciona con el orden superior como premio, pues es un símbolo de carácter sagrado, venido del origen divino del poder.

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Columnas, pirámides, obeliscos, columnas truncadas… símbolos muy masónicos, pero no exclusivamente, ni mucho menos. La columna, representación de las dos columnas de templo de Salomón (masonería pura), pero también firmeza, solidez, conectan la tierra con el cielo. Como la pirámide y el obelisco: elevación, creatividad divina; un símbolo ascensional. Los egipcios ya la usaban y el cristianismo la adoptó como representación del mismo Jesucristo. La  pirámide también es característica de los enterramientos masones. Y la columna rota lo dice todo: la vida se ha truncado. Muy típico en enterramientos masones, pero no solo.

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Triángulos por doquier. Aquí estamos, en principio, ante enterramientos masones. Primero porque es la parte del cementerio que antes estaba segregada de los enterramientos cristianos. Y segundo, porque el triángulo es el símbolo masón por excelencia. Representa la perfección… y también columnas. Aunque también representación de la Santísima Trinidad, sin embargo, por el contexto, más bien  tiene unas claras connotaciones masónicas: la Fuerza, la Belleza  y la Sabiduría… o los tres reinos: mineral, vegetal y animal. Pero el triángulo también representa la Trinidad. Se ha constatado que bajo símbolos masónicos se ha enterrado a gente que nada tenía que ver con esta disciplina, simplemente porque eran comunistas o desafectos declarados del régimen franquista.

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Muy repetida: la urna cubierta. Simboliza la eternidad, que da fe de la muerte del cuerpo y el polvo en que se convertirá. Y el velo cubriéndola custodia esos restos.

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Y el fuego… y la antorcha, que iluminan el camino de los muertos. El símbolo de la luz de la verdad y del espíritu… de la vida, de la inmortalidad. La antorcha invertida, encendida o apagada,  es la muerte, la vida extinguida.

 
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Muchas flores pétreas adornan las tumbas. La flor, representación, entre otras cosas, de la virtud y la armonía. Hojas y pétalos perennes… rosas, pensamientos: la regeneración, no mueren, están siempre llenas de vida ¿la vida eterna? La rosa es el renacimiento, la victoria sobre el dolor y la muerte, también símbolo del amor y a perfección. En Oriente, por ejemplo,  una amapola es el símbolo del sueño eterno.

 
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Estrellas de cinco puntas ¿la estrella de Belén, las cinco llagas de Cristo? ¿Un símbolo masónico sobre todo si lleva un ojo en su centro? Y la de seis puntas: la estrella de David, el alma humana. Representa, también, el cruce de dos triángulos aludiendo a la imbricación del espíritu y la materia. Pero las estrellas también pueden ser puertas de los cielos, canales por los que se comunica lo divino y lo humano… el principio de las cosas, de la vida.

 

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Los ángeles son los intermediarios entre la tierra y el cielo: protectores del sueño eterno, implorantes, acompañantes hacia el cielo. Seres alados, pues las alas significan espiritualidad. Al igual que en la tierra los reyes se rodean de una corte, los ángeles son la corte del reino celestial. Más, también son los mensajeros del Juicio Final, anunciado a golpe de trompetas.

 

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Las virtudes teologales Fe, Esperanza y Caridad. Tienen muy diversas forma de representarse. La Fe, con una cruz, con un cáliz, con una lámpara o cirio, o con los ojos vendados: aceptar lo que no se ve. La Esperanza eleva sus manos y mirada hacia el cielo, a veces porta una cruz, suele ser una figura alada. La Caridad (que no aparece en imagen) suele ser una matrona que lleva en brazos (o protege) a uno o varios niños. Para los budistas, la Caridad es la mayor virtud.

 

21a Casi un resumen de los símbolos es esta tumba: guadaña, antorcha invertida, reloj de arena con alas.

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Y nos vamos: antaño la campana tañía advirtiendo de que el cementerio se iba  a cerrar. Habrá que volver otro día a seguir paseando por entre tumbas y panteones.

TIEDRA: HISTORIA, PATRIMONIO Y PAISAJE

La villa de Tiedra es uno de los municipios vallisoletanos con mayor y más variado patrimonio. Con la venia de otros municipios, también acreedores al premio, Tiedra ha sido elegido como uno de los pueblos más bellos de Castilla y León para este año.

Esta villa estaba asentada desde época vaccea y romana en la planicie de la ermita, donde aún se encuentran restos en el subsuelo de la ciudad romana. En el siglo XII el caserío se trasladó hasta la ubicación actual, frente a la ermita, para mejor defender la frontera entre León y Castilla. Su importante desarrollo posterior se manifiesta en el levantamiento de cuatro parroquias, la consolidación de una singular plaza Mayor y la construcción de importantes edificios civiles, tanto de servicio público, como el pósito, como residenciales particulares.

Su emplazamiento en el borde de Torozos, su paisaje, sus edificios y su historia brindan a cuantos visitan Tiedra un verdadero placer para los sentidos que, además, ofrece un observatorio astronómico y un pequeño museo con diversos hallazgos arqueológicos…

… Y a disfrutar de ello nos aprestamos sin apenas palabras, no sin antes indicar que recientemente se ha editado un libro titulado “Tiedra, un viaje casual” en el que hemos participado diversos autores. El libro ya está disponible en las librerías.

 

La ermita de Nuestra Señora de Tiedra Vieja, con un reloj de sol acaso el más antiguo de Valladolid y curiosos exvotos en el interior de la iglesia. Fue primero hospedería (s. XVII) y el siglo siguiente se construyó la iglesia, con un órgano barroco:

 

Pobladura de Sotierra, a los pies de la villa:

 

 El perfil de Tiedra desde la ermita:

 

  Fuente de San Pedro, donde comienza una interesantísima ruta:

 

El pósito o almacén público de grano, del s. XVIII:

 

 

Uno de sus impresionantes caserones de piedra:

 

 

El ladrillo está muy presente en el caserío de Tiedra:

 

Antigua casa del Concejo e iglesia de San Miguel:

 

Iglesia de El Salvador, edificada en el XVI:

 

La Casa Consistorial, de hechuras palaciegas, que demostraba la pujanza económica de Tiedra en el s. XIX, y vieja casa con soportales  en la plaza Mayor:

 

Parque y antiguos lavaderos:

 

La ermita, sobre el primitivo asentamiento romano,  vista desde las estribaciones del castillo:

 

El antiguo matadero y un palomar:

 

Las viejas escuelas:

 

 Su singular castillo y vistas desde la torre (desde donde se puede ver Toro, con prismáticos):

 

 

NOTA: Oficina de Turismo de Tiedra: tlfs. 667763852 y 983791405; e-mail: turismortiedra@gmail.com

CANAL DEL DUERO: APAGÓ LA SED DE VALLADOLID

El canal de Duero fue un proyecto sin duda muy positivo para Valladolid y los municipios por los que discurre desde su inicio en Quintanilla de Onésimo. Más, sus primeros años de servicio no estuvieron exentos de controversia.

En otoño de 1886 ya corría por las tuberías de Valladolid el agua que traía el canal. Fue muy largo el parto que permitió  que la ciudad recibiera el agua que le sacaría de sus endémicos problemas de abastecimiento. Los antecedentes  hay que situarlos en lo que se dio en llamar proyecto del canal de Valladolid: en  1864 se autorizó la construcción de un canal derivado del Duero en las inmediaciones del Molino de Villabáñez, cerca de Peñalva. Pero aún habría de trascurrir más de dos décadas hasta que el canal fuera una realidad y, además, con un proyecto diferente, que es el que ahora conocemos.

La ciudad tenía en aquellas fechas unos 66.000 habitantes, y las fuentes  públicas que suministraba la traída de Arcas Reales no daban ni de lejos para atender las necesidades de la población y sus industrias. Durante años se fueron sucediendo iniciativas para satisfacer la necesidad de agua: se reparó la traída de Argales, se hicieron fuentes con agua suministrada por el Pisuerga, se condujeron aguas hasta el interior de la población desde el barrio de la Victoria, se estudiaron todos los manantiales del entorno de la ciudad, etc… Pero la ciudad no estaba convenientemente abastecida. De ahí que el municipio viera con esperanza la construcción del canal del Duero.

Muy arduas fueran las gestiones que realizó el Ayuntamiento de la capital para asegurarse de que el proyecto del canal, de iniciativa privada por una empresa formada en 1862, saliera adelante. Aquello fue motivo de no pocos debates entre los munícipes capitalinos, pues el proyecto no dejaba de ser un negocio privado y había quienes apostaban por emplear las aguas del Pisuerga y no las del Duero para abastecer la ciudad. Ganaron, finalmente, los llamados “dueristas” y, si bien al menos sirvió para asegurar el saneamiento de Valladolid (además del abastecimiento de aguas potables), a partir de aquel año de 1886, no empezaron sino un sinfín de disputas entre la empresa y las autoridades municipales:  que si eran leoninas la condiciones de abastecimiento,  que si la empresa no ponía todas las fuentes a se había comprometido, que si estas eran de hierro y mala calidad, que si la calidad del agua que suministraba a las casas dejaba mucho que desear (especialmente la que iba a los barrios humildes), etc. Todo aquello condujo a que tras muchas polémicas, el Ayuntamiento municipalizara el servicio en el año 1959, para lo que se firmó un acuerdo con la Sociedad Industrial Castellana que era la que en aquellas fechas gestionaba el canal.

La construcción del canal se acometió para atender dos objetivos: abastecer de aguas a Valladolid,  y regar unos cuantos miles de hectáreas. Para ello necesitó construir túneles, acequias, puentes, acueductos y depuradoras.

Es el caso que esta fenomenal obra de ingeniería ha dejado un interesantísimo patrimonio industrial y natural. Y con esta somera introducción sobre la historia del Canal, vamos a recorrerlo desde su nacimiento.

 

Las obras del canal comenzaron en noviembre de 1880. La captación de las aguas del Duero está en Quintanilla de Onésimo. Duraron seis años y en algunos momentos hubo hasta 1.000 jornaleros trabajando en su construcción. El canal principal tiene una longitud de 52 kilómetros y desemboca en el Pisuerga a la altura del municipio de Santovenia.

 

Por cierto, hay que aprovechar el paseo para admirar el puente que une Quintanilla con Olivares. Se trata de una obra del renacimiento cuya construcción comenzó a principios del s. XV y no estuvo completamente terminada hasta dos siglos después. Ya en tiempos de los Reyes Católicos se comenzó a barruntar la necesidad de construir este importante paso sobre el Duero.

 

A partir de la captación, el canal discurre bajo Quintanilla por un túnel de 450 metros. Cuando sale a la luz, a las afueras de la población, es donde se sitúa propiamente el nacimiento del canal. Desde este punto,  una senda discurre  entre el río y el canal  que, hasta Tudela, corren parejos  consolidando un bello y exuberante paisaje de ribera: chopos lombardos, olmos, pinos, fresnos, encinas, robinias y otras muchas especies son las dueñas de estas orillas.

 

Ambos cauces van tan próximos que incluso en algunas ocasiones sus aguas han llegado a mezclarse, motivo por lo que en un tramo entre Quintanilla y Abadía Retuerta hubo que construir un muro de hormigón de casi trescientos metros de longitud y  un metro de ancho que los separase.

 

En Sardón, el canal se estrecha formando un puente para salvar la desembocadura del arroyo de Valimón en el Duero.

 

Y, de nuevo, a la altura de Puente Hinojo, el agua tiene que pasar sobre la desembocadura del arroyo Valcorba. Para ello se construyó un puente por donde pasa el canal. Recientemente sobre este puente se construyó un pontón de madera que une el paraje recreativo de Puente Hinojo con la Senda del Duero. Veamos esta misma construcción hace unos cuantos años, donde se aprecia que el canal se utilizaba para baño y disfrute de la gente. La foto antigua está tomada del libro “El canal del Duero” editado por la Junta de Castilla y León en 1991, en el que participan varios autores.

 

Una de las mayores dificultades con que se encontraron los ingenieros del Canal fue que este debía salvar el cauce del propio río Duero en un punto a la altura de Tudela. Para ello construyeron un viaducto de hierro que sobrevuela el río. La fotografía está cogida del blog “Valladolid en bici”.

 

Una de las casas que se construyeron para servicio del Canal y que ocupaban vigilantes y capataces.

 

Típico puente a la altura de Laguna de Duero.

 

El canal antes pasaba sobre la carretera de Segovia. Para tal fin se construyó lo que se conocía como tubo Barrasa. Era de hierro y con alguna frecuencia se rompía por el paso de camiones de cierta altura. Se solucionó haciendo una desviación del canal que evitara el paso sobre la carretera. Aún se pueden ver los estribos sobre los que se apoyaba el tubo. Están sobre la vieja carretera en las inmediaciones de la urbanización La Corala.

 

Los caminos de servicio del canal son frecuentados por ciclistas y corredores. Y sus aguas se aprovechan para la pesca de barbos, carpas y cangrejos.

 

El canal entra en Valladolid hacia la depuradora de San Isidro.

 


Diversas construcciones del canal, entre las que hay que apreciar dos modestas construcciones:  las antiguas arcas para solventar atranques en el canal, que en este tramo discurre bajo tierra.  Las encontramos junto a la carretera de Soria en el tramo que entra ya en el casco urbano de Valladolid.

 

Edificio de la depuradora de san Isidro  y otras construcciones de 1886.

 

Nuevas  instalaciones que ampliaron la capacidad de la vieja depuradora. La gestión del servicio de abastecimiento durante 20 años (desde 1997) la llevó a cabo una empresa privada. Recientemente el Ayuntamiento ha vuelto a recuperar la gestión directa.

 

Y nos vamos a introducir en el interior de las instalaciones. Se conservan las viejas salas, como la de filtración, de reactivos, el primer cuadro eléctrico de bombeo, etc.

 

El tratamiento del agua y su posterior distribución exigen una maquinaria y tecnología importantes,  tal como se puede apreciar en estas imágenes de la depuradora. En 1955 el Ayuntamiento tomó la decisión de usar también las aguas del Canal de Castilla para abastecer la futura Huerta del Rey y otros barrios de aquel lado del Pisuerga. Para ello se iniciaron los trámites de construcción de una nueva depuradora y su correspondiente red de abastecimiento.

 

Y concluimos nuestro paseo virtual por el canal con dos perspectivas del primitivo aljibe de la depuradora: una fascinante construcción en ladrillo que guarda, en la oscuridad, el agua en espera de ser distribuida para el consumo.

FRANCIA EN VALLADOLID

A poco que miremos a nuestro alrededor veremos en la ciudad de Valladolid nombres, lugares y personas que guardan una relación más o menos cercana con Francia.

Aunque pueda parecer paradójico, en la Edad Media y siglos inmediatamente posteriores, había un  importante trasiego entre moradores de unos u otros países de lo que conocemos como Europa, del que el Camino de Santiago bien puede ser un ejemplo.  No obstante la mayor parte de la población humilde vivía y moría en la misma aldea o villa donde nació.

También los arquitectos o maestros de obras, pintores, cómicos, literatos… Amén de los ejércitos que con frecuencia guerreaban en países muy alejados de los suyos… Y los nobles y embajadores con sus séquitos… religiosos y congregaciones que acudían a lejanos países para fundar conventos y monasterios al calor de las prebendas de nobles deseosos de congraciarse con el más allá… las monarquías con sus contratos matrimoniales para sellar el dominio o la paz entre reinos y territorios…

En fin, un número importante de personas que, además, dejaron rastro en la historia y el arte de cada época.

Valladolid no fue una excepción, y desde su “aparición” en la historia, es decir, desde que el conde Petro Asuriz (Pedro Ansúrez) llegara a nuestra aldea a engrandecerla ya conocemos la presencia de Francia junto a la Esgueva.

Y con este punto de partida, nos aprestamos a rastrear la presencia de Francia en Valladolid, lo que nos llevará por un largo recorrido de lugares y efemérides.

 

Según relata Juan Agapito y Revilla,  al engrandecimiento de Valladolid también contribuyeron los franceses: “… la conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI dio ocasión a que (…) terminada la expedición y licenciadas las tropas, muchos de los francos o franceses que vinieron a ayudar en tal empresa, no volvieron a su patria y se quedaron por nuestras (…) ciudades o villas, una de las cuales fue Valladolid, que fue ajustada por el ilustre Conde don Pedro Ansúrez, señor del territorio, con el capitán Martín Franco y sus quadrillas francesas, por quienes el nombre de la calle de Francos donde sentaron, principalmente, y este apellido en Valladolid…”  La antigua  calle Francos, es la actual Juan Mambrilla.

 

Mas, no fue esta la primera e importante referencia de la presencia francesa, pues cuando Ansúrez promueve la construcción de la colegiata de Santa María la Mayor elige como primer abad de la misma a Don Salto, francés, así como los miembros del Cabildo, de la misma nacionalidad. En la fotografía, los cipreses simulan las antiguas columnas de la colegiata, que aún conserva  parte de su torre y algún muro.

 

La nobleza, mediante sus estancias más o menos esporádicas en la ciudad,  contribuyó a dar cierta fama a Valladolid. Y entre esa nobleza hubo un buen puñado de franceses  -acaso decir francesas sería más lógico- pues fueron esposas de reyes y príncipes, nacidas en el vecino país, las que recalaron en la ciudad. De estos casos señalamos un par de ejemplos. Germana de Foix (s. XV-XVI) era hija de María de Orleans, hermana de Luis XII de Francia, y se casó con Fernando II de Aragón (viudo de Isabel la Católica). Pues bien, el único hijo de ese postrer matrimonio vio la luz el año de 1509 en Valladolid. Se llamó Juan de Aragón y Foix y tuvo la desgracia (muy común en la época) de fallecer a las pocas horas de nacer. Otra reina francesa, Blanca de Borbón, matrimonió con Pedro I de Castilla (el Cruel) en Valladolid en el año 1353. En la imagen, Germana de Foix.

 

En la ciudad prolifera en edificios públicos y una calle un apellido de origen francés: Delibes. Miguel Delibes (1920- 2010) nuestro convecino y afamado escritor y periodista. Pues bien, el apellido proviene de Francia, de la zona de Toulouse. El abuelo paterno, Fréderic Delibes,  era un técnico que se vino en 1860 a trabajar a España en la construcción del tendido ferroviario Alar del Rey-Cantabria, y en aquellas tierras se enamoró de una española. Aquella línea ferroviaria era el porvenir de los trigos terracampinos, que recorriendo el Canal de Castilla en barcaza, se trasladarían a vagones de tren en Alar para alcanzar los puertos cántabros y, desde ahí, exportarse especialmente a las colonias. Por cierto, hubo otros ingenieros franceses que echaron raíces en Valladolid. En la imagen, la casa donde nació Delibes (Acera de Recoletos, 12).

 

El gran escultor Juan de Juni, que falleció en Valladolid en 1577, había nacido en Francia el año 1506:  en la localidad de Joigny, y cuando recaló en España, su apellido se castellanizó como Juni. Se estableció en Valladolid en 1540, donde vivió más de treinta años, y  junto con Alonso Berruguete fue el creador de la gran escuela de la escultura castellana. Tiene obra en diversos museos y edificios de Valladolid y en otras localidades,  como por ejemplo en Oporto y la fachada de San Marcos en León. En la foto, detalle de Santo Entierro,  del Museo de Escultura.

 

Paulina Harriet, que da nombre a una calle,  nació en Francia hacia 1811 y falleció en Valladolid en 1891. Casó con el también francés Juan Dibildos. El matrimonio se instaló en la ciudad al llamado de la entonces pujante economía vallisoletana (fueron unos cuantos los franceses que vinieron a Valladolid a invertir capitales y montar industrias).  Hacia 1845 el matrimonio adquirió una empresa en quiebra y  montó la  fábrica de curtidos, mantas y bayetas “La Rubia” (sita en las inmediaciones del camino de Simancas) que con el tiempo terminó dando nombre al barrio donde se instaló la manufactura. Juan, entre otras actividades, también  formó parte de la sociedad que construyó el Teatro Calderón.

 

Más, su esposa Paulina, también formó parte activa de la sociedad vallisoletana. Y con ese espíritu emprendedor y filantrópico, impulsó el establecimiento en la ciudad del colegio de Nuestra Señora de Lourdes, de la orden de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (fundada por el francés Juan Bautista de La Salle).  Misma orden que, más tarde, construyó el colegio de La Salle.

 

Resulta llamativa la presencia francesa en Valladolid a través de la educación. Pues no solo están los colegidos antes citados, sino que también tenemos la Alianza Francesa. En 1980 se crea el Petite École française, que ha tenido sucesivas sedes en Valladolid: colegio de El Salvador, edificio RENFE, y finalmente en 1995 da el salto a crear un instituto pero ya en instalaciones de Laguna de Duero. Colegio Lestonnac (calle Cigüeña, 30). El actual colegio Niño Jesús (calle Duque de Lerma, 1)  lo fundó la orden de Hijas de la Caridad; las primeras monjas que recalaron en Valladolid hablaban todas francés;  su primera ubicación fue el antiguo Hospital de la calle Sanz y Forés, en la década de 1960. A esta misma orden, creada por San Vicente de Paúl y Luisa de Marillac en el s. XVII pertenece la  residencia  femenina Labouré (calle Madre de Dios, 9).   Y las monjas dominicas francesas, que concluyeron sus actividades docentes en el convento que ha terminado por conocerse como Las Francesas: edificio que tiene sus orígenes en el siglo XV como convento de Santa Cruz de las Comendadoras de Santiago (el claustro –patio de las Tabas- es del siglo XVI y la iglesia que vemos, del  XVIII).

 

Y siguiendo con la enseñanza, es imprescindible destacar el nombre de Bernés. Que fue, entre otras actividades, capellán de la comunidad de monjas francesas del ya citado colegio Niño Jesús. Se trata del Padre George  (Jorge)  Bernés (nacido en Montesquiou 1921 y fallecido en Toulouse. 2017). El padre Bernés, que ejerció la docencia en el colegio de El Salvador,  introdujo el rugby en Valladolid y creó el equipo de El Salvador durante su estancia en nuestra ciudad acaecida en la década de 1960. (En la imagen un recorte de El Norte de Castilla).

 

La flor de lis (flor del lirio)  es fácil encontrársela en escudos palaciegos y otros nobles edificios. Es el emblema por antonomasia de la heráldica francesa, que lo comenzó a utilizar en el siglo XII y, por tanto,  de la dinastía Borbón. También aparece en el escudo oficial de España. El primero de los borbones en suelo español fue Felipe de Borbón, duque de Anjou, nacido en Versalles: bisnieto de Felipe IV de España (de la casa de Austria), y nieto del rey francés Luis XIV y María Teresa de Austria (que fue infanta de España). Aquel Felipe de Anjou es el que tras la Guerra de Sucesión en España en 1700 se coronó como Felipe V. Desde entonces, el escudo oficial de la Casa Real de España tiene incorporada la flor de lis en su escudo. No obstante, también la veremos con fruición en el colegio de San Gregorio (Museo de Escultura), por ser el símbolo de su fundador: fray Alonso de Burgos. Y en el escudo del Duque de Lerma (el que sostienen los leones de San Pablo). En la foto, el escudo que preside la fachada del Palacio Real de Valladolid.

 

Valladolid está hermanada con la ciudad de Lille desde 1986. Ahora con apenas actividad, sin embargo aquel hermanamiento sirvió para intercambios culturales, estudiantes y sociales. Por ejemplo, el Hospital Clínico firmó un convenio de investigación con un hospital de aquella ciudad francesa. La ciudad da nombre a una calle en Valladolid. En el Campo Grande hay un monolito (frente al número 12 de la acera de Recoletos, donde precisamente nació Delibes). Este monolito tiene grabada  la siguiente leyenda: “Conmemoramos que este año 1994, las ciudades hermanadas de Lille y Valladolid, fueron elegidas para celebrar la etapa inaugural del Tour de Francia y la Vuelta Ciclista a España. Valladolid 25-IV-94”

 

La presencia de los ejércitos franceses en España antes y durante la Guerra de la Independencia, nos ha dejado muchos episodios históricos en la ciudad y buen número de crónicas y noticias. Más no nos vamos a entretener mucho en ello. Una placa de mármol nos recuerda, junto a la Fuente de la Salud (Avenida Juan Carlos I frente al antiguo mercado central y actuales edificios multifuncionales) que en 1762 estuvieron acampados en este lugar varios batallones franceses.

 

Y también en estos altos de San Isidro tuvo lugar un curioso y luctuoso episodio: (que, por cierto, tiene dos versiones). Nos quedaremos con que una baqueta, disparada accidentalmente por un soldado francés,  acabó con la vida de su jefe, el general Malher, que yace enterrado bajo una losa que podemos ver en la entrada de la iglesia de San Pedro  (calle Real de Burgos, 10). Aquello ocurrió en marzo de 1808.

 

José I, hermano de Bonaparte y rey de España durante unos días de enero de 1809, ocupó el Palacio Real sito en la plaza de San Pablo. No obstante su breve paso por el escenario de la historia vallisoletana, hubo tiempo para que en la entrada de San Benito se esculpiera el escudo de aquel breve rey francés. Escudo que no dista mucho de los tradicionales de la casa real española solo que en esta variación bonapartista, las flores de lis de la parte central se sustituyeron por el águila imperial.

 

Valladolid es la provincia española con mayor número de fundaciones del císter. Entre ellas está el actual Monasterio de las Huelgas Reales. Lo fundó Doña María de Molina en 1282 para acoger a la orden cisterciense, muy de moda en aquellos siglos  y protegida por reyes y nobles. Fue creada en el siglo XI por San Roberto de Molesmes y su mayor difusor fue Bernardo de Claraval. La primera fundación tuvo lugar en la localidad francesa de Molesmes. El escudo oficial de la fundación cisterciense está plagado de flores de lis.  Flores que han quedado “incrustadas” en el escudo del colegio de las Huelgas, que nació al  amparo de este monasterio vallisoletano. La traza actual del monasterio de las Huelgas pertenece al siglo XVI.

 

Seguimos en la estela de la religión y hemos de acudir a la iglesia de San Martín, en la calle con el mismo nombre. Está presidida por una escultura de Antonio Tomé de 1721. En ella se representa la partición de la capa por el soldado romano que con el tiempo llegaría a ser San Martín de Tours. Media capa se la dio a un pobre muerto de frío y con la otra siguió arropándose el soldado. Corría el siglo IV de la era cristiana. San Martín fue un santo muy celebrado  desde el principio, y si no fuera por la fama que alcanzó Santiago Apóstol, San Martín habría sido la principal referencia en el mundo cristiano europeo. Se cuentan por miles las iglesias y fundaciones dedicadas al santo, que atesora la advocación de 12 catedrales. El Consejo de Europa le ha investido como una de los primeros grandes viajeros europeos y un valor común que comparten la mayoría de los países de la Unión Europea.

 

Francia ha sido una referencia en el mundo de la hostelería. En Valladolid en 1859 se rotuló con el nombre de hotel Parías un antiguo parador de diligencias. Pero en 1883 se construyó un edificio en la calle Teresa Gil para hacer un hotel: el Hotel de France, promovido por Pedro Hourcade, un francés que quería dar a la ciudad un lugar refinado. Tras la Guerra Civil española se cambió el nombre por Isabel y Fernando (el hotel Inglaterra se mudó por de los Italianos), debido a que aquellos nombres de las democracias europeas no casaban muy bien con la nueva ideología impuesta en España. Con el tiempo el hotel se reconvirtió en la residencia universitaria Reyes Católicos. En la foto del Archivo Municipal observese el abuhardillado del edificio, tan característico del París decimonónico.

 

Renault, sin duda, es actualmente la principal referencia francesa en Valladolid. Se nombre francés anduvo medio escondido cuando la fábrica de automóviles se conocía como FASA (Fábrica de Automóviles S.A.) aunque sobradamente conocido era su matriz francesa. La empresa la promovió  en 1951  el teniente coronel Manuel Jiménez Alfaro, y en 1953 circuló por las calles de Valladolid el primer vehículo: un 4 x 4. En la fotografía de Cacho, del Archivo Municipal de Valladolid, se ve al que fuera alcalde Santiago López en una visita a la fábrica en abril de 1953. Y veinte años más tarde la matriz francesa MICHELÍN fabrica su primer neumático en la factoría de Valladolid.

 

Y concluimos nuestro paseo por la presencia de Francia en Valladolid con dos imágenes. Algunos fotógrafos franceses han dejado las mejores fotografías del Valladolid decimonónico, como la del puente colgante, realizada por Jean Laurent en 1864;  o el grabado del Campo Grande elaborado a vista de pájaro por Alfred Guesdon en 1854. Ambas imágenes están tomadas del Archivo Municipal de Valladolid. Para situarnos en la imagen de Guesdon, el edificio octogonal que está casi en el centro del grabado es la antigua Academia de Caballería, que es donde está la actual.

 NOTA: Amén de indagar en archivos y diversos textos sobre Valladolid,  hay un  libro titulado Valladolid la huella francesa, de Luis Torrecilla Hernández, que aborda algunas de las cosas que aquí se han relatado.