CASA DE JOSÉ ZORRILLA: AIRE DE ROMANTICISMO

El descuido de una criada permitió que el niño José entrara en aquella habitación que siempre estaba cerrada. Era el dormitorio de huéspedes de la casa que ocupaba la familia Zorrilla, y nadie entraba en él salvo ocasionalmente para ventilarlo. Pero  aquel día, José empujó la puerta entreabierta y vio que sentada en la silla de la habitación estaba su abuela paterna Nicolasa. Había fallecido antes de que naciera el que sería futuro poeta y dramaturgo, por lo que éste nunca llegó a conocerla. Pero ahí estaba su abuela con la que, recogido en su regazo, estuvo charlando. Desde entonces acá no son pocas las veces que el espectro de Nicolasa vaga por la casa del poeta.

Era esta una casa que la familia tenía en alquiler y en la que el dramaturgo vivió hasta cumplir 7 años. A finales del siglo XIX la casa estaba totalmente abandonada y el propio Zorrilla, a un amigo, le hizo saber su desazón por aquello. A punto de cumplir el centenario del nacimiento del poeta (1917), el Ayuntamiento adquirió la casa y la comenzó a rehabilitar para convertirla en el museo que es hoy.  Y si el resto de España fue justo con él reconociendo sus méritos, y para ello se le eligió miembro de la Academia Española en 1882 -cumplidos los 65 años-, no lo fue menos la ciudad que le vio nacer. Para ello, el Ayuntamiento de Valladolid acordó, también aquel año, nombrarle “Bibliotecario y Cronista honorario de la Corporación”, cargo que le reportaba una gratificación de 4.500 pesetas anuales que contribuyó  a aliviar su precaria economía.

El ambiente de la casa refleja la época de Zorrilla. Muebles, decoración, lámparas, instrumentos de música, mesas y sillas recrean un lugar en el que se vivía y también se recibía. Pues quien se diera a conocer como poeta en Madrid ante el féretro de Larra, alcanzó la fama y reconocimientos suficientes como para tener numerosas amistades en todos los ambientes sociales

No son originales todos los muebles de la casa, aunque la mayoría han sido donados por la familia de Zorrilla, pero sí algunos le pertenecieron y fueron usados por él. Por ejemplo la mesa, sillón y librería del escritorio.  También la Diputación Provincial ha depositado algunos muebles en la casa.

El fallecimiento de Zorrilla, acaecido en 1893, a punto de cumplir 76 años, fue un  acontecimiento en la villa de Madrid, cuyos habitantes salieron a la calle para despedir el cuerpo del poeta.  Y tres años después, sus restos  fueron traídos al  cementerio de Valladolid para que reposaran en el panteón de Personas Ilustres.

De su fallecimiento hay dos testimonios en la casa: la mascarilla mortuoria que le moldeó Aurelio Rodríguez Vicente Carretero, el mismo que más tarde fundiría la estatua en bronce que preside la plaza de Zorrilla; y el sillón del escritorio, donde dice la tradición que murió, toda vez que los problemas respiratorios que le aquejaron durante los últimos días de su vida le impedían estar tumbado largo tiempo y que, por tanto, sentía algún alivio sentado en este sillón y recostado sobre el escritorio.

CASA DE JOSÉ ZORRILLA: c/ Fray Luis de Granada, 1. Valladolid.

VISITAS: martes a sábado: 10 a 14 y 17 a 20 h. Domingos y festivos: 10 a 14 h.

Jardín de acceso a la Casa, en el que se instalado un busto de Narciso Alonso Cortés realizado por Miguel Ángel Tapia, escultor e imaginero vallisoletano.

Reciben sendos retratos de Alonso Cortés, del pintor Rementerería, y de Rosa Chacel, del artista Alejandro Cabeza, que lo ha donado desinteresadamente. Rosa Chacel era sobrina nieta de Zorrilla. Cuenta Chacel en su libro “Desde el amanecer”, que su madre, siendo ella niña, le llevaba al cementerio del Carmena visitar la tumba de Zorrilla, y como estaba enterrado en el Panteón de Personas Ilustres, pues que pensaba que era el panteón de su familia.

 En el salón de la música, que acoge un piano y un arpa, artistas y políticos pasaban algunas tardes alrededor del autor de “Don Juan Tenorio”.

Corona laureada de bronce que preside el comedor. Le fue entregada por el Ayuntamiento de Barcelona entre las 892 coronas, algunas de oro, que le regalaron  corporaciones, liceos y ateneos de toda España cuando  fue coronado en Granada, en 1889 y con 72 años, Poeta Nacional en presencia de representantes de la Reina y de numerosos políticos, artistas y escritores.

Escritorio y sillón utilizados por Zorrilla.

Pajarera típica de las casas burguesas de entonces.

Una costumbre de la época era decorar los abanicos, incluso que estuvieran dedicados, como si se tratara de los actuales autógrafos.

La habitación de los huéspedes, donde según la leyenda se apareció la abuela al poeta.

 Apunte al natural tomado en el féretro de Zorrilla. Está junto a la máscara mortuoria que hizo el escultor Aurelio Carretero y  que luego serviría para hacer  la estatua del poeta en la plaza de Zorrilla.

Recientemente el Ayuntamiento de Valladolid ha recibido un legajo de Gaspar Núñez de Arce,  y en la casa se expone un retrato del escritor y político vallisoletano,  y una corona de uno de los importantes homenajes que conoció en vida.

Un interesante paisaje que representa el Espolón Nuevo que había en la orilla del Pisuerga a la altura de donde ahora, más o menos, está la playa. Es de 1815 y refleja el ambiente entre recreativo y cortesano de aquella época. Su autor es Leonardo de Araujo.

Y nos despide la calesa original usada por el escritor, en el zaguán de la casa.

EL CASO DEL SECUESTRO DE LA HIJA DEL GENERAL MORO, MIZZIAN

Amiga lectora, amigo lector, esto que va a leer se aparta un tanto de los contenidos que caracterizan este blog. Pero si les voy a contar esto es porque cuando me hablaron, y leí la palabra Valladolid implicada en la rocambolesca historia del general Mizzian, me puse a indagar en el tema. Prevengo que, al final, Valladolid no tiene apenas protagonismo en la historia, pero depués de muchas lecturas y rastreos en la red, me ha parecido interesante y tierna al mismo tiempo por cuanto, en realidad, se esconde la historia de dos enamorados que sí parece que estuvieron en algún momento de sus vidas en Valladolid.

Alguien me comentó que en el relato de  un oscuro episodio protagonizado por el único general musulmán que ha habido en el Ejército  Español, y amigo personal de Franco, aparece el nombre de Valladolid.

Ciertamente, si se mira la Wikipedia y diversos artículos periodísticos relacionados con Mizzian, Valladolid aparece citado como lugar de refugio de dos enamorados. Pero no eran dos enamorados cualquiera, como luego veremos.

¿Pero, verdaderamente Valladolid tuvo algo que ver en la historia que voy a pasar a relatar?

Tengo muchas dudas, tantas como la escasísima información que hay sobre el particular. Pero puestos a mirar, y aunque finalmente Valladolid tenga, en todo caso, un papel pequeñito en todo lo que rodeó aquello, no deja de ser una historia que tiene su interés.

Y a ella vamos.

“Mi esposa, doña María Zelija ha sido secuestrada por su padre, el Tte. General Mizzian”, escribió el capitán letrado del ejército español al ministro de Asuntos Exteriores, pero Franco, una vez puesto al corriente de asunto,  nada quiso saber de ello. Corría el año de 1957.

Para tener una visión de quien fue el general Mizzian acudí al diccionario de biografías que publica la Real Academia de la Historia. La de este personaje la firma el historiador Jesús María Ruíz Vidondo. De su texto he destacado, por resumir, lo siguiente:

Mohammed b. Mizzian, Bel-Kasen.El Mizzian. Béni Ensar (Nador, Marruecas), 1.II.1897 –Madrid, 1.V.1975. Militar de los ejércitos de España y Marruecos, en los que alcanzó la máxima graduación.

Hijo de un caíd fiel a España, jefe de la cabila de Mazuza, a la que pertenecía su pueblo natal, la dedicación a la milicia de Mizzian comenzó  en 1913, cuando una vez cumplidos los dieciséis años, ingresó en la Academia de Infantería de Toledo.

Desarrolló toda su primera parte de vida militar en el ejército de África, donde en 1925, recién ascendido a comandante, comenzó su relación con Franco, entonces teniente coronel. El 17 de julio de 1936 estaba destinado en Melilla y se unió a la sublevación militar.

Una vez que la rebelión triunfó en África, el 14 de agosto aterriza en España y al mando de sus regulres toma parte de la marcha sobre Madrid.

Al terminar la Guerra Civil,  siempre unido al general Franco, continua su carrera militar en la que llegó a ser capitán general de Galicia y de Canarias, hasta que, en 1956, al obtener Marruecos su independencia es invitado por el rey Mohamed V para organizar el nuevo Ejército marroquí; en 1964 fue nombrado ministro de Defensa; en febrero de 1966 embajador de Marruecos en España; y en 1970, con Hassan II, de nuevo volvió a formar parte del gobierno marroquí como ministro de Estado.

En su larga trayectoria militar, obtuvo múltiples condecoraciones. Y el 27 de marzo de 1975, aquejado de una grave enfermedad fue ingresado en el Hospital General del Aire, donde falleció el 1 de mayo siguiente, siendo sus restos trasladados a Marruecos.

A esta brevísima reseña biografía, algunos testimonios suman el comportamiento cruel con sus enemigos en las operaciones militares en las que intervenía con sus tropas. A este respecto tiene  una leyenda muy controvertida y una imagen bastante negativa tanto en la Guerra Civil española como cuando en Marruecos,  en 1957,  reprimió la revuelta del Rif. Según relata el periodista corresponsal en la Guerra Civil John Whitaker, en su libro “El miro de la Cruzada de Franco”, y en un artículo de la revista “Foreing Affeirs” cita los casos de entregar a dos jóvenes españolas para que fueran violadas por un destacamento de 40 soldados; bombardear un hospital de tropas republicanas;  y otras atrocidades cometidas por sus tropas en la conquista de Manresa. Noticias de las que se han hecho eco varios reportajes de prensa.

Decíamos que la carrera militar de Mizzian estuvo muy unida a Franco y los afectos del Dictador por el general moro eran firmes, tal como relata Francisco Franco Salgado-Araujo  en su libro “Mis conversaciones privadas con Franco” (editorial Planeta, 1976). El autor del libro era primo carnal de Franco y alcanzó el grado de teniente general.

Detalle de la portada del libro.

Veamos algunos pasajes del libro en los que Franco se refiere a Mizzian:

 “Es muy amante de España y también un buen musulmán, religioso y recto”.

 “Esto no puede ser, es una injusticia a Mizzian, que se batió constantemente en defensa de la misión de España en Marruecos y durante nuestra guerra”.

(Este comentario viene a cuento de que al pasarse al Ejército de Marruecos, el Consejo Supremo de Justicia Militar aprobó retirarle la paga de General español que percibía. Pero Franco intervino en favor de Mizzian, lo que, por cierto, parece que creó gran malestar en círculos oficiales españoles.)

Mizzian se portó siempre muy bien cuando perteneció al Ejército español, desde que salió de la academia; es un gran amigo al que aprecio sinceramente”.

Mizzian (a la sazón embajador de Marruecos en España) sabe simultanear el cariño a su Patria adoptiva con el que siente por la de su nacimiento. Mizzian prestó a España muy buenos servicios y eso no se puede olvidar nunca”.

Desde luego, la relación y profunda amistad entre Franco y Mizzian se reforzó a raíz de una acción de guerra en África. Así lo cuenta el diario ABC el 21 de julio de 2019: Según escribe Emilio López, corresponsal de «El Telegrama de Melilla» en Tetuán, en una crónica fechada el 3 de octubre de 1924, tras una dura escaramuza en la zona del Mitral. Un moro enemigo se alza de pronto a unos cuatro metros de Franco. Pero antes de que el enemigo apriete el disparador,  el capitán Mizzian, con un rápido movimiento de pistola le abatió: había salvado la vida a que sería futuro “Caudillo” de España.

Relatado todo lo anterior, comprenderemos  mejor lo que llamaremos “Asunto secuestro de la hija de Mizzian”.

“Entonces estalló el escándalo del general ben Mizzian, que no apareció en la prensa pero conmocionó los medios militares.” Escribe Gabriel Cardona en su libro “Franco y sus generales. La manicura del tigre”, editado por Temas de Hoy S.S en el año 2001. Y prosigue: “Pretendía casar a una de sus hijas con un musulmán, pero la chic, acostumbrada a vivir en España, desobedeció al padre y se casó con un capitán español. Parecía pasada la tormenta, y la pareja viajó a Tetuan, donde Mizzian hizo raptar a la recién casada, la envió a Tánger y obligó a su marido a regresar a España”, -escribe en la página 177- y continúa, “La noticia corrió de boca en boca e irritó a numerosos militares, pero Franco se inhibió y la pareja no pudo volver a reunirse”.

Podemos saber algo más de los entresijos de este sorprendente asunto. Para ello volvamos al libro de “Mis conversaciones privadas con Franco”, y esto relata su autor:

-Pasa Franco a comentar el asunto de la boda de la hija de Mizzian y de las incidencias que ha habido con motivo de la oposición de dicho general a reconocer la boda de su hija con un católico, así como la conversación de ésta llevada a cabo con el padre Martín Artajo.

Franco me dice:

“Le he manifestado al ministro del Ejército que no se meta en este asunto. No quiero caer en las redes que trata de tenderme el señor Gil Robles, que ha sido o va a ser nombrado abogado de esta cuestión. El marido de la hija de Mizzian me ha escrito por conducto de la secretaría y se le acusó recibo con un saluda de Felipe Polo. Por parte del novio se han sacado copias del saluda con el fin de dar al asunto mayor publicidad.

No puedo aprobar lo que se ha hecho con Mizzian, que prestó a España muy buenos servicios y que siempre ha sido muy respetuoso con nuestra religión  católica (…) Se intenta meterme, lo mismo que al Estado, en un asunto en el que no se debe intervenir. Hasta que el marido de la hija de Mizzian fue con ella a Tetuán, no había en lo sucedido el menor delito para que interviniesen los tribunales de justicia. En Tetuán, el general a las órdenes del Sultán manda a su hija a Tánger y no le deja reunirse con su marido. Se trata de un asunto en territorio extranjero en el que no tenemos la mejor jurisdicción; Mizzian no está a las órdenes del gobierno de España y desea causar baja en nuestro Ejército. Que intervengan si quieren las autoridades marroquíes, pero no el gobierno de España, que jamás se ha mezclado en ningún asunto perteneciente a la jurisdicción  de los tribunales de justicia, que gozan en España de absoluta independencia en su actuación.”

Según el autor, esta conversación tuvo lugar el 4 de marzo de 1957. Sabemos que Mizzian el día 22 de ese mismo mes y año causó la baja del Ejército español  que él había solicitado, tras haberse incorporado al servicio del gobierno marroquí en octubre de 1956, fecha en que cesó como capitán general de Canarias.

 ¿A cuento de qué venía aquel largo comentario de Franco?

Volvamos a algunos detalles de la vida, digamos, privada del general Mizzian.

Estaba casado desde 1925 con Fadela Amor, con la que tuvo siete hijos, seis niñas y un niño, Mustafá, que estudió en la Academia de Artillería de Segovia, pero murió en un accidente con un brasero. De sus seis hijas, dos de ellas se casaron con militares, una con un marroquí que en 1971 fue ejecutado por encabezar un intento de atentado contra el rey Hassan II, y la otra, que se casó en secreto con un Capitán español, sobrino del que era Ministro de Asuntos Exteriores Alberto Martín-Artajo. Esta boda se produjo cuando su padre ocupaba su último cargo español: capitán general de Canarias entre 1955 y octubre de 1956, mes en el que pasó al servicio del gobierno de Marruecos, causando baja definitiva en el Ejército Español el 22 de marzo de 1957, como más arriba ya hemos dicho.

Algunas publicaciones ponen en duda sobre si llegó a celebrarse la boda, pues relatan que Mizzian consiguió separar a los novios antes de la boda. Debe quedar claro, de acuerdo con una carta (que más adelante reproduciré)  que el militar español escribió al ministro de Asuntos Exteriores, que sí llegaron a casarse.

Franco recibiendo las credenciales de Mizzian en calidad de embajador de Marruecos en España

La boda provocó las iras de Mizzian, musulmán convencido, porque para celebrarla, la hija se convirtió al catolicismo. Para separar a la pareja, el general planeó secuestrar a su hija, que se hallaba refugiada en Valladolid. Con tal fin, convenció a la pareja para que viajara a Tetuán con el pretexto de reconciliarse con su padre. Pero, a su llegada, en el mismo aeropuerto un oficial, siguiendo instrucciones suyas, retuvo a la hija enviándola a Tánger para que se casara con un poderoso marroquí al que su padre antes la había prometido en matrimonio, a la vez que expulsaban a su marido.

Aquel incidente, ocurrido en 1956, provocó hondo malestar en la oficialidad española, sobre todo por la inhibición del gobierno español, tal como más arriba hemos relatado.

Pero ¿estaba la pareja en Valladolid, tal como refieren diversos artículos periodísticos?

Lo primero que hay que decir que la siempre citada en artículos y reportajes como “hija de Mizzian” se llamaba Zelija (quizá occidentalización del nombre árabe Zellidja), al que tal vez más tarde antepondría el de María… Pero no adelantemos detalles. Y el capitán español, Guillermo de Olózaga.

La respuesta puede ser sí y no. Es decir que parece cierto que la pareja estuvo en Valladolid, pero un tiempo muy breve, sin que haya averiguado  donde residían en el momento en que emprendieron viaje a Tetuán, engañados por Mizzian. Algo que podríamos saber si dispusiéramos del historial de destinos de Olózaga.

Diseño que ganó el concurso para poner la laureada al escudo de Valladolid, que Franco concedió a la ciudad el 18 de julio de 1939

Según el tinerfeño Evaristo Fuentes Melían (escritor y cronista canario), en su blog “Diario del Valle”  ha publicado sendos artículos referidos al tema (enero de 2014 y septiembre de 2018) en los que cuenta que las hijas de Mizzián, residentes en Santa Cruz (recordemos que su padre era entonces capitán general de Canarias), aspiraban a occidentalizarse y, por tanto, trataban de llevar una vida muy europea, y tuvieron sus novios, y fue en 1955 cuando comenzaron su relación Guillermo y Zelija, que en 1956 se casaron en secreto por el rito moro en Santa Cruz. Cosa, esta última, que no encaja. Y también se hace eco del viaje de la pareja a Marruecos y el secuestro de la hija de Mizzian. Que el novio posteriormente se casó con una mujer de Las Palmas y que de la secuestrada nunca más se volvió a saber nada. Dice, igualmente, que Guillermo falleció (sin indicar la fecha), y que había nacido hacia 1934.

Pero, volvamos sobre nuestros pasos. Valladolid ha salido a colación como el lugar en el que se hallaba refugiada la pareja. Refugiada o no, lo que sí parece cierto es que estuvieron unos días en Valladolid.

Vamos a un libro tan curioso como ilustrativo para poder continuar componiendo esta historia. Se trata del libro de Juan Eslava Galán titulado “De la alpargata al seiscientos”, editado por Planeta en 2010. En él, hay un pasaje sobre esta boda. Dice en su página 292: “El año pasado cuando (Mizzian) era capitán general de Canarias, se conocieron y se enamoraron una hija suya y un capitán del Cuerpo jurídico del Ejército destinado en Santa Cruz de Tenerife. Mizzian, que seguía profesando la religión musulmana, se opuso a que su hija se casara con un cristiano, pero no puedo evitar que los enamorados se casaran en secreto. Después de unos meses sin trato alguno con la pareja rebelde, Mizzian pareció recapacitar, aceptó la boda y para mostrar que por su parte todo estaba olvidado invitó a la pareja a un segundo viaje de novios por Marruecos. Cuando los recién casados aterrizaron en Tetuán, retuvo a la hija y envió al yerno, con una escolta, a la frontera de Ceuta. Tiempo después obligó a la hija a casarse con un moro de buena familia. (….) Y el Caudillo, ¿qué dice de todo esto? –pregunta uno  de los ilustres soldados- (…) Franco se ha desentendido.”

Según este relato, la boda se celebró en 1956, y por la carta de Olózaga, sabemos que el secuestro  se produjo el 23 de noviembre de ese año. Es decir fue una de las primeras cosas que hizo Mizzian recién incorporado al servicio de Marruecos.

Bien, es hora de conocer con todo detalle la carta que el capitán Guillermo de Olózaga dirigió al ministro de Asuntos Exteriores. Está remitida desde el Hotel Terminus, de Palma de Mallorca el 14 de noviembre de 1959.

Esas fechas cuadran perfectamente a tenor de la carta que el oficial español dirigió al ministro de Asuntos Exteriores fechada en Palma de Mallorca el 14 de noviembre de 1959.

La carta dice así: “Excelencia. Con fecha 8 de abril del año 1957 fui llamado por ese ministerio, concretamente al Departamento de Asuntos Marroquíes, por el Sr. Bermejo. Este, hablándome en nombre de V.E. –según afirmó- y en relación a la carta dirigida por el entonces embajador en Rabat, Sr. Alcocer, en la cual carta rogaba asilo diplomático para mi esposa doña María Zelija Mizzian, el Sr. Bermejo, repito, me encareció pusiera en conocimiento de mi esposa –secuestrada por su padre Tte. General Mizzian- no se refugiara en la citada embajada española a causa de las consecuencias que tal hecho desencadenaría. Se me hizo saber así mismo que la citada comunicación la haría llegar este Ministerio, caso de que a mí me fuera imposible. Igualmente me hizo conocer el Sr. Bermejo el agradecimiento que V.E. me guardaría si daba mi consentimiento a la citada propuesta. Aseguró entonces el nombrado Sr. Bermejo que en breve, no tanto como mi lógica impaciencia requería, pero sí “presto” mi esposa tornaría a mi lado.

Hoy, pasados dos años largos de esta entrevista, a raíz de la cual suspendí cuantas actuaciones tenía iniciadas o pensaba iniciar, y a punto de cumplirse, el 23 del presente mes, los tres años del secuestro de mi esposa, me permito dirigirme a V.E., para preguntarle si este compás de espera ha de prolongarse aun durante mucho tiempo o bien he de dar al olvido la referida entrevista y lo en ella hablado y puedo, por tanto, iniciar y continuar cuantas actuaciones crea convenientes para la solución de este doloroso caso.

Con el debido respeto, queda a las órdenes de V.E.

Guillermo de Olózaga”

La carta le fue remitida a Franco por el ministro. La misma pertenece a la Fundación Francisco Franco y se conserva una copia en el Archivo de la Guerra Civil en Salamanca.

Vamos a finalizar ya,  pero  debemos saber porque Valladolid aparee en lo que hemos llamado “Asunto secuestro de la hija de Mizzian”.

¿Quién era el capitán Guillermo Olózaga? Según el  libro de Eslava, se trata de un hijo de buena familia y sobrino carnal de Alberto Martín-Artajo Álvarez (1905-l979) que fue ministro de Asuntos Exteriores entre julio de 1945 y febrero de 1957, justo cuando es secuestrada la esposa de Olózaga, y razón por la que el militar español pensaría que al amparo de la influencia de su tío, pronto volvería a reunirse con ella. Pero ya hemos conocido la decisión del Caudillo al respecto: no incomodar a su amigo Mizzian. Una actitud que levantó ampollas entre la oficialía del Ejército, cuyos comentarios, en todo caso, no pasaron de las salas de banderas de los cuarteles.

Mas, los Martín-Artajo Álvarez tienen más que ver con los avatares de nuestra pareja de enamorados: eran ocho hermanos (cinco mujeres y tres hombres), y de entre ellos también sobresalió José Ignacio.

José Ignacio (1904-1984) se ordenó sacerdote de la Compañía de Jesús en 1937 y en 1965 alcanzó el grado de doctor ingeniero electromecánico. Fue brillante en su profesión que la ejerció sobre todo como profesor del Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI) perteneciente a la Universidad Pontificia de Comillas. Y en 1970 ingresó en la Academia de Doctores de Madrid.

Y este José Ignacio es quien nos da la clave de la presencia de Valladolid en todo este asunto, pues, siempre siguiendo a Eslava, la pareja de novios estuvo en Valladolid en 1956 haciendo un cursillo de catequesis (¿matrimonial?) que impartía el tío de Guillermo. Es aquí donde Zelija se convierte al catolicismo, sin que pueda saber si en la ciudad llegara a bautizarse e incluso casarse, añadiendo (casi seguro) el nombre de María al suyo, Zelija.

De como terminó aquella historia nada he podido averiguar, pero no es difícil hacerse una idea de que aquella pareja, tristemente, no volvió a reunirse.

Y esto les he contado, damas y caballeros, después de consultar un puñado de libros, algunos archivos, varios reportajes de prensa, algunas páginas de blogs y algunos documentales.

LA COPLA DE PEPINILLO Y EL MOTÍN DE 1904

Hay en Valladolid una calle llamada Sierpe (que por cierto también tienen ese nombre –o en plural Sierpes- calles de otras ciudades, como Granada, Toledo, Madrid o Sevilla).

Nuestro cronista oficioso de cabecera –Juan Agapito y Revilla-, dice que en una fachada de esta calle, sobre el balcón del  primer piso (que ya no existe) había una gruesa serpiente, o mejor dicho, un monstruo alado, tallado sobre piedra, en relieve. Pero el nombre de la calle seguramente no venga por aquel detalle, sino por la forma o trazado de la misma, pues en los planos antiguos esta calle tenía la forma de una serpiente.

Sigue Agapito y Revilla diciendo que el trazado de la calle ya existía en el siglo XV, aunque no se le diera nombre alguno, pero reconocible por la relación que en 1402 se hizo de las casas que bordeaban la callejuela del Salvador y otras rincones de la zona.

La calle cuenta con sus propias leyendas, como aquella que habla de la aparición de monstruos alados, de ahí su nombre. Pero lo que la hizo especialmente popular fue un luctuoso acontecimiento ocurrido en sus inmediaciones durante la huelga del pan de 1904, en el que perdió la vida un muchacho por disparos de las fuerzas de orden público. Pero más abajo entraremos en detalle.

Como se puede ver en el plano de Ventura Seco (año 1738), la calle de la Sierpe, con su forma sinuosa, empezada en la calle de Orates (actual Cánovas del Castillo) y terminaba en la plazuela del Salvador.  El número 15 del plano es la iglesia del Salvador, y el numero 74 el Hospital de Orates (donde se curan los locos).

En  el plano de 1890 aún se puede ver el trazado de la vieja calle Sierpes. Y el callejero actual el último tramo de aquella calle ahora convertido en calle Castelar,  que desemboca en plaza del Salvador.

Probablemente la casa donde estaba la serpiente o monstruo alado del que se conservan algunos restos en el Museo de Valladolid, fuera una posada –la posada de la Sierpe- cuyos propietarios mandaran adosar este adorno a la fachada para que los viajeros la distinguieran del resto de las casas de la zona. Los restos que se conservan en el Museo de Valladolid datan de 1882.

La calle cuenta con sus propias historias, como aquella que dice que en la misma aparecieron monstruos alados. Pero, sin duda, aunque ya muy perdida en la memoria, el nombre de la calle alcanzó fama popular en Valladolid a raíz de unos incidentes que ocurrieron en sus inmediaciones durante la huelga del pan de 1904.

José Delfín Val, actual cronista oficial de Valladolid, escribió en su día  que a principios del siglo XX por las calles de la ciudad se cantaba una coplilla que decía: En la calle de la Sierpe / mataron a Pepinillo, / por hacer burla a los guardias / y enseñarles el culillo.

El guardia que disparó contra Pepinillo formaba parte de las fuerzas del orden que estaban dispersando una de las varias manifestaciones que hubo en Valladolid durante unos días de marzo de 1904, con motivo de la subida del precio del pan. Se trataba de uno de los varios episodios que ha conocido Valladolid, y otras ciudades españolas, en los siglos XIX y XX con motivo de la carestía de la vida y del pan especialmente. Por “motines del pan” se suelen conocer.

Es el caso que Pepinillo, según este castizo relato,  murió abatido por los disparos por haberse bajado los pantalones y dedicar una ventosidad a la autoridad.

Otra versión de la copla dice: Mataron a Pepinillo / en la calle de la Sierpe, / por hacer burla a los guardias, / y enseñarles lo que no debe.

Es el caso que esa coplilla hizo fortuna aunque las cosas no fueron tan graciosas. De aquellas revueltas hay un poco conocido escritor, cineasta y escultor: Manuel de la Escalera, nacido en Méjico en 1895 y fallecido en Santander en 1994, que ha reflejados algunos recuerdos de Valladolid, donde por azares de la vida, siendo niño, durante unos años vivió  en Valladolid con su familia. Y del caso Pepinillo escribió esto en su libro “Mamá Grande y su Tiempo”: “A lo lejos sonó una corneta. Cuando pasábamos por la calle de Cantarranas, oímos a nuestra espalda un galope de caballos. Jesús me hizo subir precipitadamente a la acera. En la angosta calleja revolotearon un momento las capas negras de dos civiles. Llevaban el sable desenvainado y vi saltar chispas de las herraduras de los caballos.

-¿Qué ocurre? –insistí.

-Hay huelga –me informó Jesús-. Creo que es cosa de Pepinillo.

-¿Quién es Pepinillo?

-No lo sé.”

El relato de su pariente continúa diciendo que se dirigían a toda prisa a su casa en la calle Duque de la Victoria (donde había un piquete de guardias civiles rodilla en tierra. Y una vez que entraron en su vivienda papá, con unos prismáticos, desde el mirador iba relatando lo que ocurría en la plaza de Fuente Dorada: “Pepinillo anda por los soportales. Va de columna en columna. Ahora se asoma y hace burla a los civiles con la mano en la nariz (…) Ha pasado de los soportales al urinario. Sabe que los civiles tienen que dar aún otro toque de atención antes de hacer fuego. Además el urinario es de chapas de hierro. Pero no sabe que las balas lo atravesarán (…) Ahora sale otra vez del urinario y (…) ¡Se ha bajado los pantalones! Sí, se los ha bajado y enseña a los guardias el… ¡Ave María purísima! –exclamó mi abuela-. En aquel momento sonó la descarga. Ahora –concluyó al fin con la voz apagada- lo han matado.”

En la foto de la plaza de Fuente Dorada de aquella época, puede verse en primer plano el urinario, o columna mingitoria, en la que según el relato de Manuel de la Escalera, se refugió Pepinillo.

Mas, contadas estas versiones más literarias que reales, la verdad es que la cosa fue trágica, sin ninguna gracia y sin bajada de pantalones. Veamos cómo lo relato El Norte de Castilla.

La jornada del 8 de marzo de 1904 fue tremebunda y dejó honda huella en la ciudad. La crónica, publicada el día siguiente, necesitó de un par de páginas del periódico para poder narrar cuanto ocurrió, además en pocas horas. Diremos, resumiendo, que el movimiento de soldados, guardias y manifestantes (hombres, mujeres y mozalbetes) fue una locura. Hasta el punto que algunos concejales y conocidos académicos, como Calixto Fernández de la Torre, intervinieron para evitar que algunos obreros, y un muchacho, que portaban armas, las usaran contra los uniformados.

Todo el entorno de la plaza de Fuente Dorada y la plaza Mayor era un desenfrenado ir y venir de gente: gritos, carreras, pancartas, banderas, disparos, pedradas…

Y aquí aparece Santiago Maniega, alias Pepinillo. Un muchacho de 15 años oriundo de Palencia, donde vivían sus padres. Al parecer, desde el cruce de las calles Sierpe y Regalado, Pepinillo, como otros muchachos desde otros lugares, lanzaba  vigorosas pedradas con un honda al mismo tiempo que injuriaba a los guardias. El muchacho, de rato en rato se asomaba a la calle, arrojaba una piedra y volvía a esconderse. Los guardias daban toques de atención y disparaban sus fusiles. Las balas parecían esquivar al muchacho durante un largo rato, hasta que una de ellas rebotó en la pared y le hirió en una pierna. No obstante, aún siguió disparando su honda… pero finalmente, una bala de fusil Maüsser le alcanzó en la cabeza, y por efecto explosivo del proyectil,  “El ojo, la nariz, el pómulo y maxilar superior desaparecieron” relata la crónica. Por cierto, otro muchacho quedó gravemente herido.

La muerte del joven produjo una emoción espantosa. El fuego cesó y las calles quedaron totalmente desiertas. Varios manifestantes recogieron su cadáver de la calle de la Sierpe, lo pasearon por las calles y se dirigieron a los talleres del ferrocarril para  mostrárselo a los obreros.

Detalle de la crónica que publicó El Norte de Castilla.

Hasta entonces, nadie había intentado oponerse a que el alborotado grupo fuera exhibiendo el cadáver de Pepinillo, pero que una descarga de la guardia civil dispersó el grupo. Las autoridades recogieron su cuerpo en una camilla y lo llevaron hasta el depósito del Hospital Provincial.

Al día siguiente fue enterrado.

Como se puede ver, la cosa tuvo muy poca gracia, a pesar de que la coplilla le haya puesto el saleroso “mataron a Pepinillo por enseñar el culillo”. Por hacer un calvo, diríamos hoy día.

LÁPIDAS CONMEMORATIVAS EN LA CASA CONSISTORIAL

Una vieja y tradicional manera de perpetuar el recuerdo de personas y acontecimientos destacados es fijar lápidas  conmemorativas  en los muros de edificios relevantes: casas consistoriales,  iglesias, palacios o casas notables. Y Valladolid, desde luego, no es una excepción: dónde matrimoniaron reyes, en qué casa nació, vivió o murió tal o cual personaje, recuerdo de una inauguración, etc. Así que son cientos las placas o lápidas que cuelgan de las paredes y muros del caserío vallisoletano.

Si hay un edificio singular e irrepetible en una ciudad es su Casa Consistorial (el Ayuntamiento, vaya, como todo el mundo la conoce). Así que en el interior y exterior de la Casa Consistorial, son los lugares en los que seguramente más lápidas se pueden contabilizar.

Lo primero que hay que indicar es que el actual Ayuntamiento se inauguró en 1908 y sustituyó otro anterior que se levantó en el mismo lugar después del famoso incendio que asoló el centro de Valladolid en 1561.

Su arquitecto fue Enrique María Repullés y Vargas, que es el mismo que construyó el edificio de la plaza Mayor que hace esquina con la calle de Ferrari: se puede observar la similitud de los pilares y arcos que sustentan uno y otro que, por cierto, rompieron la estética original de columnas de granito que singularizaban a la Plaza Mayor y resto de calles soportaladas de su entorno. Pero esa es otra historia.

Mas, como es una gran verdad que vale más una imagen que mil palabras, veamos una por una las que he localizado, pues no descarto que en alguno de los muchos despachos del edificio haya alguna lápida más de las que aquí se muestran.

Fachada de la Casa Consistorial, a izquierda y derecha hay tres placas.

Placas de la fachada, cuyos textos no requieren explicación, excepto la duda de si lo coronación de Doña Berenguela y su hijo Fernando el Santo realmente fue en esta plaza, o  en la de Santa María, es decir la actual de la Universidad, más o menos.

Con motivo de los 100 años de la inauguración de la Casa Consistorial en 1908, se colocó este bronce en el suelo bajo los arcos de entrada, para recordar el edificio que antes que este hubo en el mismo solar, solo que era bastante más pequeño.

Vestíbulo de acceso a la Casa Consistorial.

En el vestíbulo, a la izquierda una placa cuyo texto se ha ido borrando, que se instaló en 2008 para conmemorar  los 100 años del nuevo edificio consistorial.

Lápida en recuerdo de González Dueñas, un vallisoletano que desarrolló una destacada  vida empresarial en Valencia. Valladolid le agradeció la cesión de buen número de pinturas al antiguo Museo de Bellas Artes y una importante cantidad de dinero para sostenimiento del Hospital de Esgueva. La placa se instaló en 1915, año siguiente de su fallecimiento.

Salón de Recepciones y la placa que hay sobre su puerta principal (en el interior).

Salón de Actos donde hay dos placas. Una recordando al alcalde Miguel Íscar, y otra a Germán Gamazo (diputado por Valladolid y cuatro veces ministro con Alfonso XII y la regencia de María Cristina).

Esta es una lápida que se quitó de la Sala de Comisiones a raíz de las primeras elecciones Municipales de 1979. Conmemoraba que el General Mola tuvo despacho propio en el Ayuntamiento a raíz de la toma de Valladolid por las tropas contrarias al gobierno de la República.

En uno de los despachos de la Casa Consistorial (de la Concejalía de Cultura), esta placa recuerda a González Peña, que fue un meritorio contable municipal. La placa fue realizada por Cazenave (como la de Miguel Íscar),  acaso el más notorio marmolista de Valladolid. Aquel funcionario también fue reconocido cambiando el nombre de la antigua calle Galera por el suyo (detrás de la iglesia del Salvador), pero los franquistas destrozaron la placa en 1936 creyendo que el nombre era el de un destacado socialista asturiano, que se apellidaba igual.

PASEO POR EL VALLADOLID DE PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI

Vamos a dar un paseo por el Valladolid de la primera mitad del siglo XVI. Acaso el primero que se ha descrito. Todavía la entonces villa no había sufrido el incendio del casco histórico y su posterior reconstrucción, con las consabidas nuevas calles y plazas, como la plaza Mayor o la de la Platería, por citar algunas.

El paseo se describe en un romancillo de germanía cuyo texto se conserva en la Biblioteca Nacional.

¿De qué estamos hablando cuando nos referimos a este romancillo?

Veamos lo que nos cuenta Antonio Sánchez del Barrio en su artículo “Valladolid y Medina del Campo en un romancillo de germanía del s. XVI”. Sánchez del Barrio es (resumidamente) Doctor en Historia por la Universidad de Valladolid, director de la Fundación Museo de las Ferias, de Medina del Campo, y académico de las Reales Academias de la Historia y de la de Doctores de España:

“Los romancillos de germanía de los siglos XVI y XVII ofrecen al interesado por las costumbres y formas de expresión de ese tiempo un campo sorprendente y lleno de sugerencias. Por una parte, su peculiar forma de expresión, la propia del habla de los bajos fondos, con abundantes términos equívocos, metáforas y ambigüedades, siempre utilizadas con la intención de desorientar y confundir a los no iniciados en ella; y por otra, la temática desarrollada en sus versos, generalmente llenos de pasajes descriptivos en los que se detallan tanto las circunstancias que concurren en las calles, rúas y plazas de una población, como los asuntos cotidianos de los oficios callejeros, los personajes y personajillos populares, etc., hacen de estas pequeñas obras poéticas verdaderos documentos vivos de su época.” ….(estos pliegos tenían como)…  “objetivo fundamental  servir de disfrute al pueblo llano, cuyas inquietudes intelectuales no se encontraban precisamente en los caros y gruesos volúmenes de saberes más elevados.” …(este romancillo del que hablamos ofrece)… “un riquísimo vocabulario de términos de germanía y unas muy precisas descripciones callejeras, en este caso, de dos poblaciones castellanas, la ciudad de Valladolid y de la villa de Medina del Campo.”

El paseo que vamos a dar no puede ajustarse en su literalidad a las calles recorridas por nuestro “rufián”, pues habla de un Valladolid de la primera mitad del siglo XVI y por tanto anterior a su gran transformación tras el incendio de 1561.

Así que a tal fin nos situaremos en el plano del Ventura Seco, que es el primero que se conoce del Valladolid de 1738: es decir, dos siglos más tarde de las fechas en las que nuestro personaje con su peculiar forma de expresarse, describe su paseo por Valladolid en unión con dos doncellas. Este paseo es parte del que se relata en el pliego del que nos ha hablado Sánchez del Barrio, pues la totalidad del pliego describe un viaje desde Villalumbroso (Palencia) a Medina del Campo.

Da la impresión que va siguiendo, más menos, una de las rondas interiores de la villa, que comenzaba por santa clara y conducía hasta la Puerta del Campo y que, lógicamente, tenía que buscar los puentes sobre la Esgueva que permitiera salvar los dos brazos del río sobre los que había ido creciendo el Valladolid medieval.

Vayamos, pues a recorrer el Valladolid de este “Romancillo en lengua de germanía, en que un rufián da consejos a unas niñas andariegas”.

Acaso este grabado de Santa Clara, realizado Valentín Cardedera y Solano hacia 1850, se aproxime algo más a aquella la iglesia de Santa Clara que vieron nuestros viajeros.

 “Cuatro leguas  son / dende a Cabezón. / Por unos pradales / veréis a Cigales; / dos leguas de ahí / es Valladolid/ alzaréis la cara, / veréis Santa Clara; / luego a la otra mano / veréis a San Pablo;

El San Pablo que vieron los viajeros se parece más a esta (burda) composición de la fachada. Tal vez tendría una pequeña torre campanario adosada. Todavía faltaba un siglo para que el Duque de Lerma recreciera la fachada que dejó Fray Alonso de Burgos a finales del siglo XV, a la que además el Duque añadió las torres laterales actuales.
La plazuela Vieja estaba entre la puerta del Rosarillo y las Angustias.

/ por una calleja / la plazuela Vieja; (LA COMPRENDIDA ENTRE LA PUERTA DEL ROSARILLO Y EL HOSPITAL DE LA COFRADÍA DE LAS ANGUSTIAS ) / y más adelante, / la del Almirante; / por unas calles llanas / la de Cantarranas. / También os diría / luego la Platería; / y más arribilla / es la Costanilla.

Obsérvese como la antigua Costanilla (cerca del Ochavo) hace caída hacia la iglesia de la Vera Cruz, pues por el medio de la actual Platerías pasaba la Esgueva

(EL TRAMO MÁS INMEDIATO AL OCHAVO DE LA ACTUAL PLATERÍAS) / Luego allí está enfrente / una linda fuente; (SEGURAMENTE LA QUE HUBO ADOSADA A UNA PARED DE LA PLAZA DEL OCHAVO QUE NO SE RECONSTRUYÓ DESPUÉS DEL INCENDIO DE 1561) / luego allí a un pasillo / veréis el corrillo,

Plaza del Corrillo

(LAS CALLES GREMIALES QUE CONFLUYEN EN LA PLAZA DEL CORRILLO) / veréis la conseja / de la ropa vieja. / Luego a la bajada es la rinconada, /

Soportales de Cebadería (donde había antaño un almacén y administración de cereal). Este es el tramo que el romance llama calle Mantería, que desemboca en la plaza de la Rinconada (lugar donde se emplazaban numerosas posadas).

donde tomaréis / muy buena posada; / luego a la mañana / levantaros héis; / a la plaza iréis. / Allí las primeras / son las pescaderas, / las ensaladeras, / y las tocineras, / y las panaderas, / y las pasteleras, / juro a mi conciencia. / Luego está la Audiencia, (EL JUZGADO:PARECE QUE EN UNAS CASAS DE LA VIEJA PLAZA DEL MERCADO -POSTERIOR PLAZA MAYOR)/ donde los señores / grandes y menores, / y los cambiadores; / luego allí está un hoyo, / y por frente el rollo; (NO SE SABE DE NINGÚN ROLLO -COLUMNA JURISDICCIONAL O ACASO PICOTA- EN LA PLAZA MAYOR. SE SABE, SIN EMBARGO QUE SÍ DEBÍA HABER UN ROLLO EN LA QUE AHORA ES PLAZA DEL OCHAVO –ANTES LLAMADA DE LAS GRADAS-) / luego allí a un tantico / está San Francisco; / luego a la otra mano, / la cal de Santiago;/ más acullá, en cabo, / la puerta del Campo; / 

Fachada del convento de San Francisco -más o menos a la altura del actual número 7 de la plaza Mayor-. Imagen de Ventura Pérez que ilustra la Historia de Valladolid, de Juan Antolínez de Burgos.
Puente de la Puerta del Campo sobre el ramal exterior de la Esgueva (en él hay una chapa que lo nombra también como puente de la Mancebía).

y luego diría / la gran putería, (CASA DE LA MANCEBÍA DONDE HABITABAN LAS PROSTITUTAS-MUJERES ENAMORADAS EN EL ARGOT POPULAR-, QUE ESTABA, MÁS O MENOS, DONDE AHORA ESTÁ LA CASA MANTILLA)/ donde tomaréis / muy sendas casillas / con que os remediéis / de saya y faldillas. / Andar, andar, niñas, / andar, andaré, / y si estáis despacio / en este palacio / haremos la vía / a otra putería, / do por mi deseo / ya verlo quería. / Pasaréis primero / un homilladero, / la fuente de Argales /

y los arenales. (LOS CAMINOS PINARIEGOS DEL CAMINO REAL QUE YA APUNTA HACIA MEDINA DEL CAMPO) / Luego allí frontero / la puente de Duero; / y tras un tecillo / es un montecillo; / y veréis mis niñas, / las cuestas y viñas. / Pasaréis Adaja, / que el camino ataja, / y dos correndillas / era Valdestillas. (…).

Y en estas llegarán hasta Medina del Campo, de la que el romancillo también narra una interesante travesía de la villa.

LOS ÚLTIMOS AÑOS DE D. JORGE GUILLÉN

Las biografías sobre Jorge Guillén terminan en el año en el que le concedieron el Premio Cervantes, (el primero que se concedió) en 1976, y que le fue entregado físicamente el 23 de abril de 1977. Guillén ya tenía ochenta y tres años. Aún así, todavía vio como en 1981 se publicaba su último poemario, Final, acaso toda una premonición, pues falleció tres años después.

Foto de Jorge Guillén coloreada (el original es en blanco y negro), conservada en el Archivo Municipal de Valladolid (AMVA).

D. Jorge no quiso volver definitivamente a España hasta la muerte de Franco, por lo que hasta 1977 no se asentó en Málaga con su segunda esposa, Irene Mochi-Sismondi, con la que se había casado en Bogotá en 1961. Su primera esposa, Germaine Cahen, con quien contrajo matrimonio en 1921,  había fallecido en 1947.

Jorge Guillén nació en Valladolid el 18 de enero de 1893 y falleció en Málaga el 6 de febrero de 1984. Sin embargo, en los últimos años de su vida, fue cuando conoció con gran intensidad las mayores muestras de cariño y aprecio de sus paisanos. Reconocimientos que ya tenía en un buen número de países y universidades, tanto por su actividad poética como en su calidad de catedrático de Literatura Española, pues no en vano fue una de las voces más personales de la poesía española del siglo XX: acaso el máximo representante de la poesía pura.

Aquel mismo año 1977 del Cervantes, fue nombrado doctor Honoris Causa por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid. Y al año siguiente, fue elegido académico de honor de la Real Academia Española.

Muy probablemente el primer reconocimiento de su paisanaje lo tuvo cuando se puso su nombre a un Instituto de Villalón de Campos, en 1970. Y en 1976, el Ayuntamiento de Valladolid decide poner su nombre a una calle, y así se une a un buen número de poblaciones españolas que también lo tienen en el callejero. Además, un centro de enseñanza en el barrio Arturo Eyríes lleva su nombre.

Guillén, en 1980 en su casa de Málaga, recibiendo un pan de Valladolid, que tanto echaba de menos, como él mismo dijo en alguna ocasión, de manos del alcalde Tomás Rodríguez Bolaños. AMVA

En 1979, el recién elegido alcalde Rodríguez Bolaños, le invitó a dar el primer pregón en democracia de las Ferias de Valladolid: Guillén escribió el pregón pero no vino a darlo por razones de salud. En su nombre lo leyó el periodista Rafael González Yáñez.

Mas, sin duda, el mayor homenaje que recibió en su tierra le vino unos meses antes de su fallecimiento: en noviembre de 1982 Valladolid llevó a cabo un intenso y excelente congreso sobre Jorge Guillén: exposiciones, conferencias, actos académicos e institucionales, edición de libros. Un homenaje que se quiso tuviera alcance popular y para ello la entonces concejala de Cultura, Pilar García Santos, solicitó que algunos profesores participaran como jurado de un concurso literario y pictórico al que estaba especialmente convocado el alumnado. Todo el homenaje, por expreso deseo de la familia, se organizó de tal manera que no alterara el ánimo del poeta pues se hallaba en un delicadísimo estado de salud, de tal forma que la concejala pedía que todas las actividades se llevaran a cabo en “un silencio activo en torno a D. Jorge, como la máxima demostración de afecto y respeto”. La culminación de aquellos actos fue la inauguración de la escultura Lo profundo es el aire en la calle Cadenas de San Gregorio, junto al Museo de Escultura, realizada por el amigo del poeta Eduardo Chillida.

Imágen del día de la inauguración de la escultura de Chillida (en la foto se le ve con gabardina). AMVA

En el mismo marco del congreso, el Ayuntamiento, en sesión plenaria de 13 de noviembre, acordó nombrarle Hijo Predilecto “por tantos motivos que sería exhaustivo enumerarlos”.

En 1998 se instala en los jardines del Poniente un grupo escultórico realizado por Luis Santiago Pardo (el mismo escultor de la Rosa Chacel sentada en un banco de la misma plaza) titulada Homenaje a Jorge Guillén y a la infancia, en la que el poeta y un niño echan a navegar sus poemarios Clamor y Cántico, como está escrito en la quilla de ambos barcos de papel. Y en 1993, una placa, también de Luis Santiago, con motivo del centenario de su nacimiento, preside la fachada del número  8 de la calle Constitución, donde vivió. Por cierto, nació no muy lejos de aquí: en el número 11 de la calla Montero Calvo (entonces llamada Caldereros).

Foto tomada de la página oficial de la Fundación Jorge Guillén.

A todo esto, en 1992 se había constituido la Fundación Jorge Guillén radicada en el Parque de las Norias y dirigido por Antonio Piedra. El nombre puede llamar a engaño, pues no se dedica solo, ni mucho menos, a custodiar y divulgar la obra del poeta, sino de otros diversos escritores españoles. Aunque sí tiene en depósito la extensísima biblioteca de Guillén.

Fachada de su casa, ahora abandonada, en Málaga.

Tampoco la ciudad de Málaga, en cuyo paseo Marítimo vivió Guillen los últimos años de su vida, fue parca en reconocimientos: en 1979 fue elegido académico de honor de la Academia de Bellas Artes de San Telmo y en 1980 el Ayuntamiento acuerda nombrarle Hijo Adoptivo de Málaga. Un colegio y una calle de la ciudad llevan su nombre. Un busto en las inmediaciones de la playa de la Malagueta completa el recuerdo del poeta en la ciudad andaluza.

La escultura es de Martínez Labrador (1980). Junto a la playa en la plaza de Matías Prats.

El año 1983 fue nombrado  Hijo Predilecto de Andalucía en su primera concesión por la Junta de Andalucía. Aquel año también se concedió esta distinción a Antonio Mairena, cantador; Andrés Segovia, guitarrista; Ramón Carande, historiador y economista; y a los escritores y poetas Rafael Alberti y Vicente Aleixandre.

Está enterrado, por expreso deseo en el Cementerio Anglicano de Málaga, y ya había indicado al alcalde de Valladolid que declinaba el ofrecimiento de recibir sepultura en el Panteón de Personas Ilustres del cementerio del Carmen. Sus restos yacen junto a los de su segunda esposa y no muy lejos de los del hispanista Gerald Brenan,  y del General Torrijos: caudillo en favor de la Constitución  y rebelde contra el absolutismo de Fernando VII, fue fusilado en 1831.

Detalle de la fachada de la casa de Montealegre de un antepasado de Jorge Guillén.
El pergamino nombrándole Hijo Predilecto y la carta manuscrita de Guillén, están inéditas y me las ha facilitado Alejandro Escribano, hijo del que fuera alcalde de Montealegre de Campos cuando el nombramiento de Hijo Predilecto.

Pero no podemos concluir sin la obligada referencia vallisoletana de Guillén, que es el municipio de Montealegre de Campos, del que el poeta dijo que en él estaban raíces desde el siglo XVI. Una vivienda tiene grabada en su fachada el apellido de la familia,  y los muros del castillo muestran un poema suyo dedicado a la impresionante fortaleza,  que lo instaló el Ateneo Vallisoletano con motivo de su elección por el Ayuntamiento como Hijo Predilecto de Montealegre de Campos en 1975: acaso el primer homenaje que se le tributó en tierras vallisoletanas. También en este municipio, el nombre del poeta está perpetuado en una calle.

Lápida clavada junto a la puerta de entrada del castillo de Montealegre de Campos.

CAMINATA HASTA EL MIRADOR DEL MASEGAR, PORTILLO

En alguna estadística de principios del siglo XX, el municipio de Portillo aparecía como el más rico de Valladolid, cuando la riqueza no se medía en acciones ni en petróleo, sino en bienes raíces: en este caso la explotación pinariega. Portillo es un término con gran extensión de pino y ya sabemos que del pino se aprovecha todo: desde la piña hasta la pez (obtenida de la resina mediante hornos llamados pegueras), pasando por el piñón, la resina, y la madera… ahora corren otros tiempos y aquel bien impagable pinariego ya no es lo que era, por desgracia.

En Portillo no solo se explotaba el pinar, sino también la piedra caliza que se extraía en canteras más o menos industriales.

Contado esto, vamos a irnos hasta el mirador del Masegar, en el borde del pinar que mira hacia Santiago del Arroyo, municipio limítrofe con Portillo en dirección a Cuéllar: Santiago en realidad es una pedanía de San Miguel del Arroyo.

Parte del recorrido que vamos a hacer coincide con la senda homologada PRC VA 31 llamada Pino Pinilla, que tiene su principio y fin en Portillo.

Pero no vamos a seguir el itinerario de la citada senda, sino que salimos desde Arrabal de Portillo y más concretamente desde el Centro Provincial de Artesanía (ARTIS).

Y allá vamos…

Centro Provincial de Artesanía promovido por la Diputación Provincial a los pies de Portillo y a la salida de Arrabal, donde comienza una vieja carretera local que ha perdido ese carácter para convertirse en un camino rural.

Un curioso palomar justo detrás del Centro de Artesanía. Su propietario es conocido en el pueblo como Lin, aunque su nombre es Demetrio, un ceramista ya jubilado que hizo la mili en África a finales de los 60 y que se dio el placer de reproducir en Portillo el estilo de las construcciones que allí conoció. Ya no tiene palomas, pues, como él cuenta, se las mataban los cazadores y las cedió a la Sociedad Colombófila Castellana, que las depositó en el palomar del Campo Grande de Valladolid.

La explotación del yeso ha tenido en Portillo uno de sus principales centros productores, así que no es extraño ver en muchos lugares del borde del páramo que mira hacia la carretera de Segovia, restos de aquellas viejas explotaciones, y en el trayecto que vamos recorriendo antes de adentrarnos en el pinar donde está el Pino Pinilla.

Una vez terminada la subida hasta los pinares, dejaremos de momento la dirección de la Senda Pino Pinilla (a mano derecha) para seguir unos cientos de metros y ver restos de una antigua cantera de piedra caliza con su típico chozo, que servía de refugio para guardar la herramienta, dormir la siesta o protegerse de las inclemencias del tiempo.

Retrocedemos sobre nuestros pasos y tomamos el camino que conduce al Pino Pinilla.

Pino Pinilla, un buen ejemplar por su altura de pinus pinea. Medra en medio de un lapiaz: una afloración de piedra caliza erosionada por la intemperie que crea un especia de bordado tejido por la naturaleza.

Desde el Pino Pinilla tendremos que volver unos metros para retomar el Sendero Señalizado que nos llevará hasta nuestro próximo destino…

… El mirador de Masegar. Sobre un mirador hacia Santiago del Arroyo a la izquierda; un singular sabinar, de frente; y al fondo se alcanza a ver el perfil de la sierra de Guadarrama.

El mirador está sobre una especie de cadena de minas de yeso que bordea el páramo sobre el que estamos, por eso, desde él se puede ver otra de las construcciones (casetas y hornos normalmente) ligadas a la minería del yeso… Y volvemos a nuestro punto de partida para el pino Pinilla.

Detalle de la caminata que hemos hecho, que entre ida y vuelta suma unos 10 km. Si queremos acortarla, podemos subir con el vehículo hasta la desviación para el Pino Pinilla (eso sí, atentos a los baches).

Si queremos hacer el sendero homologado tal cual está trazado, hay que partir de Portillo, no muy lejos del castillo. En las imágenes, letrero que da comienzo a la Senda Homologada de Pino Pinilla; y su trazado (tomado del blog Terranostrum.es). Esta senda se cataloga de fácil y tiene poco más de 12 km.

2021

Amigas y amigos lectores, permitidme un comentario en este tránsito entre dos años. Quiero contaros que no quiero pensar que 2020 ha sido un año perdido, o un año que nos han robado, como también he oído decir por ahí. No. El año tan duro que vamos a dejar atrás no puede irse sin dejarnos algunas enseñanzas que, desde luego, no todos tenemos que compartir. Yo creo que ha servido para darnos cuenta de lo importante que es la solidaridad y el voluntariado: muchos grupos de personas, organizadas por ONG´s, asociaciones vecinales o de forma espontánea, se han organizado para ayudar a sus convecinos (recados, compra de medicamentos, servicio de comidas, recogida de alimentos, etc.); ha sido un año en el que estemos más o menos de acuerdo con los servicios públicos, la Sanidad Pública y sus trabajadores se ha revelado como un bien imprescindible y a mejorar; hemos comprobado que las personas hemos sido en su inmensa mayoría tolerantes y abiertos, y, sobre todo, cumplidores de las medidas que con mayor o menor acierto se han ido dictando por las diversas administraciones; hemos descubierto, o más bien redescubierto, la naturaleza, los paseos al aire libre, etc. Así que para 2021 deseo lo mejor para nosotros y nuestra gente y que no tengamos que seguir como este pájaro del embalse de San José.

LAS ASOCIACIONES VECINALES EN VALLADOLID: DOS ANIVERSARIOS

La Federación Provincial de Asociaciones Vecinales Antonio Machado celebra en 2020 su 40 aniversario. Y la Asociación Vecinal Rondilla, suma también este año cincuenta años de existencia: es la primera Asociación Vecinal que se registró en Valladolid en los tardíos años del franquismo.

No obstante, el asociacionismo vecinal del siglo XXI tiene una historia que podríamos situar hace cien años, en las primeras décadas del siglo XX.

En esta entrada de mi blog hago una excepción que hasta ahora no había hecho: adjuntar un largo artículo sobre ambos aniversarios. El artículo es el producto de sendas conferencias que di hace un tiempo: una en la Universidad, invitado por el catedrático de Historia Contemporánea Pedro Carasa, y otra, mi participación en una mesa redonda organizada por la asociación Territorios de la Memoria sobre la transición en Valladolid.

(Así que a él me remito para quien quiera saber más sobre el tema, y aquí dejo unas cuantas fotos que casi se explican por sí mismas.)

El asociacionismo vecinal moderno en Valladolid (y en toda España) tiene un carácter singular, cual es haber nacido aún en la  Dictadura.

Asamblea en la iglesia de Canterac, hacia 1975. Foto Archivo Municipal de Valladolid (AMVA)

Los habitantes de la mayoría de los barrios de Valladolid se asocian básicamente con la única pretensión de exigir la actuación municipal necesaria para paliar la graves carencias de dotaciones, servicios y calidad de vida que padecían tanto los nuevos barrios que habían surgido extramuros de la ciudad antigua,  como los viejos asentamientos que, poco a poco iban creciendo.

Imagen de un barrio: viejas casas y solares. ¿Delicias?

Pero las asociaciones vecinales no se limitaron solo al estricto ámbito de su barrio, sino que aquellas más concienciadas participaron también en reivindicaciones de carácter más político: protestar por la implantación de la pruebas de acceso a la Universidad; firmaron un manifiesto junto a partidos y sindicatos exigiendo la readmisión de trabajares y sindicalistas despedidos o sancionados en empresas tales como FASA, MAGGI, INDAL, etc. y además, participaron en la recaudación de fondos para las cajas de resistencia de trabajadores en huelga.

Año 1976. Mujeres de Delicias montando una barricada. Foto AMVA.

Algunas parroquias fueron fundamentales para impulsar y cobijar el movimiento vecinal. Algunos curas tenían un claro compromiso social, y contribuyeron a la concienciación de muchas personas, a la formación de aquellas de escasa formación, y a incentivar el asociacionismo.

Llama la atención cómo una de las primeras actividades que impulsaron algunas asociaciones fue la de creación de escuelas y aulas culturales. Esto se produjo por dos principales razones: una forma de socialización entre personas que hasta entonces no se conocían de nada,  y una forma de mejorar las condiciones de vida, pues los vecinos más concienciados consideraban que la formación  y la cultura abrirían los ojos de las personas que en muchos casos aterrizaban por primera vez en un ámbito urbano, y de eso eran conscientes los impulsores del movimiento vecinal.

Pilarica, 1976. Foto AMVA

Valladolid, como otras ciudades que vivieron el crecimiento industrial acelerado de los años 50 y 60, tuvo crecimientos exponenciales de población y, por tanto, de necesidad de viviendas. Eso produjo la aparición de barrios que carecían de servicios y dotaciones, que solo la presión vecinal primero, y la sensibilidad municipal ya en democracia fueron paliando.

1975. Foto AMVA

Valladolid en los años 60-70 padeció una  brutal especulación del suelo y un desorden urbanístico increíbles. De las luchas para parar aquel despropósito destaca el caso de Rondilla: de no haberse parado por la oposición vecinal la construcción de viviendas en el barrio, esta habrían llegado prácticamente hasta la orilla del Pisuerga. Gracias a aquella movilización de la gente de Rondilla no solo se rebajó la ocupación desmedida de suelo, sino que ahora el barrio, y la ciudad, disfrutan de uno de los parques más bonitos de Valladolid.

Vecinos y vecinas de Rondilla exigiendo un parque. Foto AMVA
Parque Ribera de Castilla y su monolito de inauguración, con el siguiente texto: “Parque Ribera de Castilla. La lucha de barrio y la voluntad del Ayuntamiento hicieron posible este parque. Valladolid primavera 1988. Tomás Rodríguez Bolaños”
Ese mismo año se inauguró el parque de la Paz, en Delicias. Foto cedida por Jesús Ojeda.

Hasta la constitución del primer ayuntamiento democrático en 1979, el movimiento vecinal, a pesar de haber ido logrando objetivos en la década de 1970, no tuvo  el cauce regular de relación con las autoridades municipales, sin que eso signifique que no hubiera contacto y diálogo más o menos fluido.

Delicias, 1976. Foto AMVA.

Decía que el asociacionismo vecinal contemporáneo arranca en la década de 1920, en la que se constituyó  la Asociación de Vecinos de Valladolid, que puso su especial interés en el precio de la vivienda de alquiler, pues era el sistema habitacional sin duda muy mayoritario, sobre todo entre la clase obrera y artesanal. Por eso, en ocasiones la prensa habla de esta asociación como Asociación de Inquilinos. También intervinieron en los problemas de abastecimiento y calidad del agua pues era un enorme problema en muchos barrios. El agua, entonces, la gestionaba una empresa privada: la Sociedad Industrial Castellana (que daba el agua desde la depuradora del canal del Duero en San Isidro).  Las quejas sobre la gestión del agua (en las que también participaba la Cámara de la Propiedad), tras un largo proceso de debate, terminaron por propiciar que el Ayuntamiento municipalizara el servicio de agua. Mas, otros problemas que señalaban los vecinos eran que  había que regar las calles en verano pues los carros levantaban mucho polvo, que la lluvia formaba incómodos barrizales,  que no se regaban con regularidad los jardines, o el deficiente alumbrado público. Con frecuencia también llama la atención entre las reivindicaciones vecinales  la instalación de fuentes y de lavaderos: la ciudad llegó a contar con una amplia red de lavaderos municipales y otros muchos de propiedad privada.

Anuncio publicado por El Norte de Castilla: 7 de octubre de 1927.

A finales de los 60 el vecindario comienza a organizarse  en torno a asociaciones en cada barrio. Se produjo al amparo de la ley de 28 de diciembre de  1964. Una ley que hacía depender de la Delegación Provincial del Movimiento a todas las Asociaciones de Cabezas de Familia. Rondilla, Belén, Pilarica, Delicias, Pajarillos… van registrando asociaciones familiares entre 1970 y 1976. Las asociaciones exigen viviendas dignas, pavimentación, alcantarillado, zonas verdes colegios… pero también comienzan a incorporar un cierto cuerpo político a sus reivindicaciones: por una democracia auténtica, representatividad efectiva de todos los ciudadanos en las instituciones locales.

Rondilla contra el plan urbanístico Ribera de Castilla, 1978. Foto AMVA.

Entre 1970 y hasta las elecciones municipales de 1979 se constituyeron en Valladolid (al principio con la denominación de Cabezas de Familia o Familiar) 12; y algo más tarde, ya como Asociación de Vecinos, otras 10. La primera fue Rondilla (1970) y la segunda Belén (1971).

Miembros de la Asociación Vecinal de Rondilla, encartelados a las puertas del Ayuntamiento. Principios años 70. Foto AMVA.

La exposición de motivos de aquella ley seguía la doctrina falangista acerca de la familia. Fue una ley muy controvertida y discutida en el núcleo del franquismo, pues ya había ministerios que, sin cuestionar el franquismo, sin embargo no compartían el ideario falangista, e intuían que los dirigentes de la Falange trataban de iniciar un camino que les reforzara dentro del Régimen: primero, participar en la administración local y, una vez conseguido, llegar a la central.

Es el caso que el 3 de abril de 1979 se producen las primeras lecciones municipales en democracia después de la República.

 Y a partir de aquí comienza la historia del más reciente movimiento vecinal. Cabe indicar que prácticamente todos los partidos que se presentaban a las elecciones estaban a favor de dar cauces de participación a los vecinos (con los matices ideológicos de cada partido).

En el primer pleno tras las elecciones se creó la Comisión Especial sobre Información y Participación Ciudadana, a la que se quiso dar relieve acordando que la presidiera el mismo Alcalde. No se pudo nombrar ninguna Concejalía de Participación Ciudadana pues no tenía encaje legal posible en la legislación sobre los ayuntamientos.

En 1983, reunión del Alcalde Tomás Rodríguez Boláños y otros concejales con representantes de las asociaciones vecinales. Foto AMVA

Por fin, el pleno del 7 de mayo de 1981, tras 26 reuniones de la Comisión Especial,  aprobó las normas sobre participación ciudadana en el Ayuntamiento.

Mientras tanto, ya se  había creado la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valladolid Antonio Machado: el 12 de enero de 1980 doce asociaciones firmaron los estatutos de aquella nueva entidad. Entidad que más tarde pasó a ser “de Vecinos y consumidores”; y más recientemente, modificar el término “vecinos” por “vecinales” con la finalidad de acomodar su nombre a un lenguaje inclusivo.

Sede actual de la Federación Vecinal, en la calle Vega, 18.

Aquella Federación supuso un importante salto cualitativo en el movimiento vecinal, pues se empezó a unificar el discurso reivindicativo para hacerlo más de ciudad, lo que hizo que, además, se abordaran temas de carácter general que trascendían al ámbito de cada barrio: planeamiento general de ordenación urbana (PGOU), gestión de servicios públicos (agua, transporte urbano, etc),  fiscalidad y ordenanza municipales y un largo etcétera.

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CINCUENTA AÑOS DEL MOVIMIENTO VECINAL DEMOCRÁTICO

La Federación de Asociaciones Vecinales y de Consumidores de Valladolid Antonio Machado celebra en 2020 su 40 aniversario. Y la Asociación Vecinal Rondilla, suma también este año cincuenta años de existencia: es la primera Asociación Vecinal que se registró en Valladolid en los tardíos años del franquismo, aunque venía funcionando desde tiempo antes de 1970.

No obstante, el asociacionismo vecinal tiene una historia que podríamos situar hace cien años, en las primeras décadas del siglo XX. Ver nota final.

ROMPER LA COSTURAS DEL RÉGIMEN

El asociacionismo vecinal moderno en Valladolid (y en toda España) tiene un carácter singular, cual es haber nacido aún en la  Dictadura.

Fueron muchos los actores que contribuyeron a la vuelta a un régimen democrático: partidos políticos, sindicatos y movimientos populares de base de muy diversas culturas, para los cuales la Democracia y la Libertad eran fundamentales, y, entre ellos, el movimiento vecinal, pues el vecindario organizado, con mayor o menor grado de politización, también contribuyó  a romper las costuras de la Dictadura: fueron los propios vecinos los que como afectados directos de las carencias y desequilibrios urbanos, se asocian básicamente con la única pretensión de exigir la actuación municipal necesaria para paliar la graves carencias de dotaciones, servicios y calidad de vida que padecían tanto los nuevos barrios que habían surgido extramuros de la ciudad antigua,  como los viejos asentamientos que, poco a poco iban creciendo. Y aquello, sin duda, necesitaba quebrar las barreras que imponía una administración local franquista.

Hay que subrayar el papel fundamental que las mujeres  tuvieron en aquellos años, pues aunque no tenían significada presencia en las composiciones de las juntas directivas de aquellas asociaciones de “cabezas de familia”, lo cierto es que aparecen de manera destacada en todas las manifestaciones y actividades reivindicativas en la calle. Además, tal como se pone de manifiesto en el libro sobre la historia del barrio Belén, las mujeres fueron una red de resistencia, difusión y formación importante. Sus maridos estaban en la fábrica o en el tajo: construcción e industrias del metal eran las más fuertes (las mujeres trabajadoras estaban en el textil). Y durante las mañanas las mujeres se  encargaban de crear lazos de solidaridad e información en el barrio.

HUELGAS Y AULAS DE CULTURA

Decíamos más arriba que las asociaciones vecinales tenían como principal objetivo las condiciones de vida de sus barrios, pero decir solo eso no dibujaría con precisión el perfil de muchas de aquellas asociaciones, pues era frecuente que aparecieran también en reivindicaciones de carácter más general o político. Para demostrar esto pongamos algunos ejemplos: en 1973 varias asociaciones vecinales se sumaron a otros colectivos y partidos de Valladolid para protestar por la implantación de la pruebas de acceso a la Universidad; en 1975 también las asociaciones vecinales firmaron un manifiesto junto a partidos y sindicatos exigiendo la readmisión de trabajares y sindicalistas despedidos o sancionados en empresas tales como FASA, MAGGI, INDAL, así como en el sector de la construcción; y además, era frecuente que las asociaciones participaran en la recaudación de fondos para las cajas de resistencia de trabajadores en huelga.

Las asociaciones vecinales trabajaron por la democracia porque les era  imprescindible para conseguir sus objetivos más elementales: necesitaban relacionarse con las instituciones de tú a tú, y no como súbditos. Además, el tutelaje que ejercían la censura y otros organismos, limitaba sus  actividades culturales, reivindicativas, de reunión, etc. (más de un vecino pasó la noche en comisaría por haberse juntado con otros para celebrar la Nochebuena, como pasó en el barrio Belén, pues la policía creyó que era una reunión ilegal).

Algunas parroquias fueron fundamentales para impulsar y cobijar el movimiento vecinal. Algunos curas tenían un claro compromiso social, y contribuyeron a la concienciación de muchas personas y a incentivar el asociacionismo. Para no incurrir en el riesgo de olvidarme de más de un cura (por cierto, también hubo religiosas), citaré solo a Millán Santos, de indiscutible reconocimiento por parte de todo el mundo, de la parroquia de Santo Toribio, en Delicias. José Centeno García, en su libro “Curas obreros. Cuarenta y cinco años de testimonio 1963-2008”, ilustra detalladamente sobre este particular.

Llama la atención cómo una de las primeras actividades que contribuían a la socialización, fue la de creación de escuelas y aulas culturales. Esto se produjo por dos principales razones: una forma de socialización entre personas que hasta entonces no se conocían de nada (en ocasiones la procedencia rural del mismo pueblo servía de nexo de unión entre algunos vecinos); y una forma de mejorar las condiciones de vida, pues los vecinos más concienciados consideraban que la formación  y la cultura abrirían los ojos de las personas que en muchos casos aterrizaban por primera vez en un ámbito urbano, y de eso eran conscientes los impulsores del movimiento vecinal.

Tal vez sea conveniente hacer una matización, y es la de no confundir movimiento vecinal con movimiento ciudadano. El primero creo que ya ha quedado explicado. Y el movimiento ciudadano es la conjunción, sea en ámbito de barrio o ciudad, de organizaciones cívicas muy diversas: vecinales, de padres y madres de alumnos, de mujeres, juveniles, culturales, ecologistas, etc.

VALLADOLID CRECE VERTIGINÓSAMENTE

El mapa del crecimiento de Valladolid ya apunta el porqué del movimiento vecinal: barrios alejados del centro sin servicios: carecían de bus, teléfono, agua corriente, alcantarillado, recogida de basuras, asfaltado, colegios, zonas verdes, instalaciones deportivas, etc.  Pero también el crecimiento interior de los barrios antiguos fue conflictivo, pues se iban colmatando espacios libres (solares y viejas huertas),  con una ocupación de todo el suelo para bloques de viviendas.

Número de viviendas que se fueron construyendo cada año: entre 1961 y 1980 se construyeron 76.555 viviendas .
Entre 1960 y 1981, la población de Valladolid se duplicó, pasando de 150.959 habitantes a 320.293.

Valladolid, como otras ciudades que vivieron el crecimiento industrial acelerado de los años 50 y 60, tuvo crecimientos exponenciales de población y, por tanto, de necesidad de viviendas. Eso produjo la aparición de barrios que carecían de servicios y dotaciones, que solo la presión vecinal primero, y la sensibilidad municipal ya en democracia fueron paliando.

Es de señalar como buena parte de las asociaciones vecinales de Valladolid se constituyen aún en la Dictadura: entre 1970 y 1975 se inscriben 10 asociaciones vecinales; y  hasta la promulgación de la Reforma Política (enero del 77) aún se registran dos asociaciones más.

La primera fue Rondilla y la segunda Belén. No obstante sobre aquel periodo del tardo franquismo volveré en el próximo artículo.

En los cuadros que siguen se pueden observar los crecimientos exponenciales que vivió Valladolid en apenas 30 años: desde 1950 a 1980, la población prácticamente se triplicó.

QUEREMOS UN PARQUE, GRITARON EN LA RONDILLA

Más representativo del enorme cambio urbano que experimentó Valladolid es el dato de que en solo dos décadas: de 1960 a 1980 se construyeron dos tercios del total de viviendas que tuvo Valladolid en todo el siglo XX. Podemos hacernos una idea del brutal proceso de especulación y desorden urbanístico que padeció la ciudad en un régimen de Dictadura, con escasas competencias municipales y nula sensibilidad de las corporaciones municipales hacia un crecimiento ordenado y adecuadamente dotado del casco urbano. Por hacernos una idea, la principal lucha que sostuvo la Asociación Vecinal de Rondilla fue detener la disparatada ocupación del suelo en el barrio, que de no haberse parado por la oposición vecinal se habría  construido prácticamente hasta la orilla del Pisuerga (el famoso plan Ribera de Castilla). Gracias a aquella movilización de la gente de Rondilla no solo se rebajó la ocupación desmedida de suelo, sino que ahora el barrio, y la ciudad, disfrutan de uno de los parques más bonitos de Valladolid. Aquel proceso se saldó en julio de 1982, en el que el pleno del Ayuntamiento aprobó la adquisición de todos los terrenos de la Ribera de Castilla mediante pagos en metálico y permutas. El presidente de la Asociación Vecinal de Rondilla, Juan Cornejo, intervino en el pleno para saludar aquella solución “casi” definitiva que impediría la salvaje construcción de viviendas (aun así todavía habrían de construirse 300) y dedicar la mayor parte de los terrenos a un parque. Un parque que se inauguró formalmente el 20 de marzo de 1988. Por cierto, dos meses después, concretamente el 9 de mayo, también se inauguró el Parque de la Paz en las Delicias: una vieja reivindicación del vecindario de recuperar para el barrio unos terrenos militares.

Se observan tres principales tipos de crecimiento que produjeron carencias graves en los servicios y dotaciones: los nuevos bloques de viviendas que nacían fuera del casco consolidado (como Rondilla o Pajarillos);  los barrios que se iban creando por sí solos con mayor o menor antigüedad: Belén, Pajarillos Altos, Las Flores, España… ; y los barrios consolidados que veían como se colmataban todos los solares y espacios libres, sin que llevara aparejado la urbanización de plazas y dotaciones básicas, como es, por ejemplo Las Delicias.

Paradigmáticos son Rondilla, Pajarillos y Delicias, cuyas zonas libres, dotaciones, colegios, etc. se han tenido que construir en sus bordes, pues el interior se ocupó con una desmesura brutal de viviendas, y de baja calidad, además: sin ascensor, con humedades, sin plaza de garaje, sin aislamiento térmico, etc.  Uno de esos ejemplos bien puede ser la Rondilla, cuyas deficiencias constructivas terminaron en los tribunales.

No obstante, lo cierto es que hasta la constitución del primer ayuntamiento democrático en 1979, el movimiento vecinal, a pesar de haber ido logrando objetivos en la década de 1970, no tuvo  el cauce regular de relación con las autoridades municipales, sin que eso signifique que no hubiera contacto y diálogo más o menos fluido. También hubo movilizaciones o amenazas de llevarlas a cabo que contribuyeron a ablandar la voluntad de los alcaldes de turno. Es curioso, por cierto, que en aquellos años la relación de los representantes vecinales era normalmente directa con el alcalde, no a través de concejales interpuestos, cosa que vendría más bien en Democracia al crear concejales de Participación Ciudadana y concejales de barrio o distrito.

Pero forzoso será indicar que el asociacionismo vecinal tiene también un pasado  muy interesante.

LOS ALQUILERES Y EL ABASTECIMIENTO DE AGUA

En la década de 1920 se constituyó la Asociación de Vecinos de Valladolid (en noviembre de 1921 ya se registran reuniones de una Comisión organizadora de la asociación),  que puso su especial foco de actuación en la política y costes del alquiler de viviendas, pues era el sistema habitacional sin duda muy mayoritario, sobre todo entre la clase obrera y artesanal. Por eso, en ocasiones la prensa habla de esta asociación como Asociación de Inquilinos. Fueron muy activos incluso en el ámbito de los tribunales. Pero no solo se dedicaban a la carestía de la vivienda, sino que también se centraron en  el problema de abastecimiento y calidad del agua en los barrios: bien porque carecían de red de abastecimiento a domicilio (y por tanto de red de saneamiento), o bien porque si tenían agua en las casas, esta no era de aceptable calidad. El agua, entonces, la gestionaba una empresa privada: la Sociedad Industrial Castellana (que daba el agua desde la depuradora del canal del Duero en San Isidro).  Las quejas sobre la gestión del agua (en las que también se involucró la Cámara de la Propiedad), tras un largo proceso de debate, terminaron por propiciar que el Ayuntamiento municipalizara en 1962 el servicio de abastecimiento de aguas. Más, otras deficiencias que señalaban los vecinos eran la necesidad de regar las calles en verano pues los carros levantaban mucho polvo; que la lluvia formaba incómodos barrizales;  que no se regaban con regularidad los jardines; o el deficiente alumbrado público. Con frecuencia también llama la atención entre las reivindicaciones vecinales necesidad de construir fuentes y  lavaderos: la ciudad llegó a contar con una amplia red de lavaderos municipales y otros varios de propiedad privada.

Esta asociación de vecinos en 1931 comenzó a editar una revista titulada “El inquilino”, lo que ya denota su principal actividad.

LA FALANGE BUSCABA PROTAGONISMO

Si damos un salto obviando buena parte del erial asociativo durante el franquismo, podemos citar el año 1967, en el que se constituye una Federación Provincial de Asociaciones Familiares acogida a una legislación tan constreñida, que no pasó de tener una existencia testimonial  y nada molesta para con el Ayuntamiento: por ejemplo se dedicaba a realizar actividades pías en Navidad o a formar parte del patronato del cuerpo de Serenos.

Decíamos que nos adentraremos en lo que podemos llamar asociacionismo vecinal contemporáneo.

A finales de los 60 el vecindario comienza a organizarse  en torno a asociaciones en cada barrio. Se produjo al amparo de la ley de 28 de diciembre de  1964. Una ley que hacía depender de la Delegación Provincial del Movimiento a todas las Asociaciones de Cabezas de Familia. Rondilla, Belén, Pilarica, Delicias, Pajarillos… van registrando asociaciones familiares entre 1970 y 1976. Las asociaciones exigen viviendas dignas, pavimentación, alcantarillado, zonas verdes colegios… pero también comienzan a incorporar un cierto cuerpo político a sus reivindicaciones: por una democracia auténtica, representatividad efectiva de todos los ciudadanos en las instituciones locales.

Entre 1970 y hasta las elecciones municipales de 1979 se constituyeron en Valladolid (al principio con la denominación de Cabezas de Familia o Familiar) 12; y algo más tarde, ya como Asociación de Vecinos, otras 10. 

La exposición de motivos de aquella ley seguía la doctrina falangista acerca de la familia, y la importancia de ésta para la vida nacional. También recordaba toda la legislación vigente que hasta ese momento había apoyado al buen desarrollo de la «célula básica de la sociedad», pero señalaba que: «Sin embargo, parece conveniente dar un mayor grado de Institucionalización, a las asociaciones representativas de la familia española; y lograda ésta, una influencia más directa en los órganos centrales del Estado». Fue una ley muy controvertida y discutida en el núcleo del franquismo, pues ya había ministerios que, sin cuestionar el franquismo, sin embargo no compartían el ideario falangista, e intuían que los dirigentes de la Falange trataban de iniciar un camino que les reforzara dentro del Régimen: primero, participar en la administración local y, una vez conseguido, llegar a la central.

«Proyecto de Decreto Organizando las Asociaciones de Cabezas de Familia, Incorporadas al Movimiento Nacional», así se titulaba el cuerpo legal que se pretendía hacer sobre el tema.  La Secretaría General del Movimiento (SGM) constituyó en poquísimo tiempo un vasto movimiento asociativo. Movimiento asociativo que fue ficticio: una vez que la legalidad impidió la participación de estas asociaciones en los distintos niveles de la vida pública, se olvidaron prácticamente de los otros fines para las que fueron creadas: cooperar con las instituciones educativas, de beneficencia y de emigración, colaborar con las cuestiones de moralidad pública etc. Por lo anterior se puede deducir que, aunque unas pocas asociaciones sí desplegaron cierta actividad, la mayoría fueron constituidas con el solo objeto de servir de cauce a los hombres del Movimiento en su promoción política, por eso su elaboración había sido larga y no exenta de fuertes debates, como ya he dicho, pues la jerarquía católica y los ministros más afines a Franco, quería cortar todas las posibles vías de influencia política al movimiento falangista.

LAS PRIMERAS ELECCIONES MUNICIPALES EN DEMOCRACIA

Es el caso que el 3 de abril de 1979 se producen las primeras elecciones municipales en democracia después de la República. En Valladolid el resultado fue 13 concejales para el  PSOE, UCD 9,  PCE 4, Independientes 2 y  CD 1 (CD era la Coalición Democrática futura Alianza Popular y luego Partido Popular).

 Y a partir de aquí comienza la historia del más reciente movimiento vecinal. Cabe indicar que prácticamente todos los partidos que se presentaban a las elecciones estaban a favor de dar cauces de participación a los vecinos (con los matices ideológicos de cada partido).

En el pleno extraordinario del 20 de abril de 1979, constitutivo de la nueva corporación, el recién elegido alcalde Tomás Rodríguez Bolaños, incidió en su discurso en los asuntos de participación ciudadana: “Son mis primeras palabras de gratitud y recuerdo. Gratitud a todos aquellos que han  hecho posible el Ayuntamiento Democrático de Valladolid. Mi primer recuerdo –es de justicia destacarlo- tiene que ser para Antonio García Quintana, el último alcalde socialista de Valladolid  (y prosigue) Aplicaré una política de transparencia, democratización de su gestión y responderá ante los vecinos de su labor (también, continúa) ejercer una política de puertas abiertas, sin ninguna cortapisa, en donde las verdaderas asociaciones de vecinos colaboren, en que los problemas no se silencien nunca, que cualquier ciudadano pueda llevar sus quejas y sus iniciativas sin que ninguna barrera administrativa se le oponga…”

En el primer pleno municipal ordinario tras las EEMM, celebrado el 8 de mayo, se aprobó la estructura político-administrativa de la nueva corporación: tenencias de alcaldía, comisiones informativas (que reflejaba las concejalías delegadas), etc. pero no se nombró ninguna concejalía de Participación Vecinal, pues no existía en la administración local ningún acomodo legal para ello. Pero en ese mismo pleno se  creó la Comisión Especial sobre Información y Participación Ciudadana, a la que se quiso dar relieve acordando que la presidiera el mismo Alcalde. Hasta que no se aprobó el reglamento, Tomás Rodríguez Bolaños no nombró concejal delegado. Aunque en algún momento a lo largo del mandato se le dio a Manuel González algún tipo de delegación en temas de Participación Ciudadana, concejal, por otro lado que era el que habitualmente presidía las reuniones de la Comisión Especial en sustitución del alcalde. Una vez que el Ayuntamiento ya dispuso de un marco normativo sobre participación ciudadana, Bolaños encomendó esta concejalía a Claudio López Serrano, del grupo socialista. La comisión estaba compuesta por representantes de los partidos políticos, pero con frecuencia eran invitados a participar miembros de las asociaciones vecinales y de otras entidades.

DOS AÑOS DESPUÉS DE LAS ELECCIONES MUNICIPALES, Y LA FEDERACIÓN VECINAL

Por fin, el pleno del 7 de mayo de 1981, tras 26 reuniones de la Comisión Especial,  aprobó las normas sobre participación ciudadana en el Ayuntamiento.

Es preciso indicar que cuando se habla de participación ciudadana no se estaba refiriendo únicamente al asociacionismo vecinal, sino que también se consideraba parte del asociacionismo a las entidades deportivas, culturales, juveniles,  empresariales, educativas, etc.

Hasta entonces, se había creado la Federación de Asociaciones de Vecinos de Valladolid Antonio Machado: el 12 de enero de 1980 doce asociaciones firmaron los estatutos de aquella nueva entidad. Entidad que más tarde pasó a ser “de Vecinos y consumidores”; y más recientemente, modificar el término “vecinos” por “vecinales” con la finalidad de acomodar su nombre a un lenguaje inclusivo.

Aquella Federación supuso un importante salto cualitativo en el movimiento vecinal, pues se empezó a unificar el discurso reivindicativo para hacerlo más de ciudad, lo que hizo que, además, se abordaran temas de carácter general que trascendían al ámbito de cada barrio: planeamiento general de ordenación urbana (PGOU), gestión de servicios públicos (agua, transporte urbano, etc.), fiscalidad y ordenanzas municipales y un largo etcétera.  Para hacernos una idea, el 14 de mayo de 1984 se celebró una manifestación convocada por la Federación Vecinal a la que acudieron unas 10.000 personas: el motivo era protestar por el aumento de la presión fiscal municipal con el lema “que la crisis la paguen los ricos”.

Volvamos al acuerdo sobre el Reglamento de Partición Ciudadana. Manuel González, concejal socialista y teniente de Alcalde presidente de la Comisión Especial de Información y Participación Ciudadana indicó en el pleno que aquel acuerdo era “el más  importante de esta Corporación Municipal”.  Opinión que compartieron los concejales del PCE, CD y el independiente Santiago Martín.  UCD voto en contra y advirtió de posible ilegalidad apelando a que  la Ley de Régimen Local vigente (de 1975) no admitía la figura de Concejales de Distrito. Efectivamente, la participación vecinal carecía de encaje legislativo hasta que no se aprobó la Ley de Bases del Régimen Local de 1985.

El contenido de aquel reglamento municipal de 1981 recogía,  muy resumidamente, los siguientes epígrafes:

Crear un Registro Municipal de Asociaciones.

Crear los Consejos de Distrito, formados por las Asociaciones Vecinales, las de Padres (APAS –luego AMPAS para incluir el término madres-), juveniles, deportivas, culturales  y comerciantes e industriales.

Crear Consejos Municipales de Sector: Enseñanza, Cultura, Urbanismo, Juventud, Mujer, Sanidad, etc.

Comparecencia de asociaciones en las Comisiones Informativas a petición de cualquier concejal.

Capacidad de las asociaciones recogidas en el Registro Municipal para presentar ruegos y preguntas  al final de cada Pleno.

Consecuencia de aquel acuerdo es que el 6 de junio de aquel mismo año se formó el Consejo Municipal de Abastos: vecinos, consumidores, sindicatos, Cámara de Comercio, etc. El 22 de diciembre se forma el Consejo Municipal de Sanidad y Bienestar Social: además de los genéricos estaban pensionistas, minusválidos, Secretariado Gitano. Y así fueron constituyendo sucesivas comisiones de participación ciudadana.

No obstante todo esto, eran frecuentes las quejas de asociaciones vecinales sobre la existencia de trabas en la participación, sobre todo en temas de urbanismo: planes, suelo, etc. Y la lentitud con que se había llevado el proceso de aprobación del reglamento. Por ejemplo, el mismo concejal del equipo de gobierno (del PCE), Martínez de Paz, el 17 de noviembre de 1981 “manifestó su inquietud por la lentitud con que viene desarrollándose el proceso de articulación de la participación ciudadana, mediante la creación de Consejos de Distrito, asunto que se encuentra condicionado a la urgente incorporación del funcionario de empleo que ha de agilizar el mismo”.

Inauguración del Centro Cívico de Delicias. Foto Archivo Municipal de Valladolid.

Y el 30 de abril de 1982 el Ayuntamiento puso la primera piedra de la Casa de Cultura de Delicias, que incluía una biblioteca, y que  se inauguró el 12 de mayo de 1983: se trataba del primer Centro Cívico de la extensa red de este tipo de dotaciones que se fue creando por todos los barrios de Valladolid.

Pero a partir de aquí, ya es otra historia.

NOTA: este artículo es el resumen de una conferencia que impartí a alumnos de Historia de la Universidad de Valladolid, invitado por el profesor Pedro Carasa; y de mi participación en una mesa redonda sobre el tardofranquismo en Valladolid organizada por la asociación Territorios de la Memoria. Las fuentes son, principalmente de hemeroteca, Archivo Municipal, archivos de asociaciones vecinales y de mis notas tomadas para la redacción y organización del libro “Historia del barrio Belén” en el que participaron más personas. No hay mucha literatura sobre el asociacionismo vecinal en Valladolid, además de folletos editados por las propias asociaciones y artículos en prensa y revistas (Enrique Berzal de la Rosa, por ejemplo),  así que a quien tenga más interés en el tema, remito a tres libros accesibles en las bibliotecas: “Pilarica. Un barrio de Valladolid con historia” (VV.AA. 2007). “Historia del barrio Belén” (VV.AA 2010) y “Democracia y barrio. El movimiento vecinal en Valladolid (1964-1986)” de Constantino Gonzalo Morell (2013).

INMACULADA CONCEPCIÓN, DOGMA DE LARGA HISTORIA Y CONTROVERTIDOS DEBATES

El 8 de diciembre la Iglesia Católica celebra la Inmaculada Concepción, un dogma que tiene tras de sí una larguísima e interesante historia en la que intervino todo el mundo: órdenes religiosas, papado, reyes, ayuntamientos, cofradías, gremios, etc. etc. Se trata de un asunto que rebasó el ámbito religioso para entrar en razones políticas. Y en esa historia Valladolid tuvo un lugar destacado.

Corría el año 1618:   un vecino de Valladolid en el trance de la muerte, que no creía en la Inmaculada Concepción de la Virgen, oyó una voz que ordenó que se le produjeran espantosos dolores hasta que él mismo deseó la muerte. En esto se le apareció la Virgen “con gran resplandor y majestad” que con suave voz le pidió: “Creed en mi Limpia Concepción”, a lo cual al punto respondió: “Virgen Santísima concebida sin pecado original… dadme salud”. La Virgen, le pidió que además de creer en su limpia concepción, lo pregonara a los cuatro vientos. Asintió el dolorido moribundo que al punto quedó sano. Así, más o menos, lo escribió Lourdes Amigo Vázquez Doctora en Historia por la Universidad de Valladolid, en su tesis sobre “Devociones, poderes y regocijos. El Valladolid festivo en los siglos XVII y XVIII”.

Museo de San Antolín, Tordesillas. Una bellísima talla de la Inmaculada en madera del siglo XVII realizada por Pedro de Mena, escultor barroco considerado de los mejores de la imaginería andaluza.

Tal fue el interés, digamos político, de la proclamación de aquel dogma por parte de Roma que la Monarquía española (sobre todo los Austrias Felipe III y IV que fueron los impulsores de entre los reinos católicos europeos) se asoció indisolublemente a esta causa y a tal fin incluso se creó una Real Junta encargada de lograr de Roma la proclamación del dogma. Se trataba, como diríamos ahora, de un asunto de Estado. La causa real seguramente tenía mucho que ver con la reafirmación de la Corona en todos sus reinos creando elementos de identidad y unidad en torno al rey, y afianzar la contrarreforma: defensa de la fe contra el protestantismo, que no compartía el dogma de la Inmaculada… pero esto nos lleva a otros terrenos.

No estamos hablando de un asunto pacífico en absoluto pues, por ejemplo, la Congregación del Santo Oficio en el siglo XVII había prohibido asociar el término Inmaculada a la palabra Concepción. La controversia alcanzó en ocasiones altas dosis de pasión, pues, por ejemplo los dominicos no estuvieron a favor de la Inmaculada hasta  1663: corría el año de 1502 y en el sermón que el día de la Concepción ofreció en la catedral el oficiante del Convento de San Francisco, levantó tal oposición por parte de los dominicos de San Pablo que tuvo que intervenir el presidente de la Chancillería para poner orden en el conflicto cuya controversia se había encendido también entre las gentes del pueblo llano.

Alegoría de la Vírgen Inmaculada, de Juan de Roelas (1570-1625). Lienzo de grandes dimensiones expuesto en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.

Y es que este hecho nos habla de un episodio entre los muchos que se han producido en torno a la Inmaculada Concepción, un dogma cuya controversia duró siglos y ocupó miles de escritos y apasionadas discusiones entre las mismas órdenes religiosas, pues no todas compartían lo que en 1854 terminó por sancionarse como un Dogma de Fe. Una larguísima historia que se remonta al siglo XII, (en el que ya se datan debates entre los Santos Padres y los cistercienses), totalmente imposible resumir en dos folios. Aunque podemos indicar que el vallisoletano convento de San Francisco sito en la plaza Mayor fue uno de los focos más fervorosos defensores en España del misterio de la concepción sin pecado original de la Virgen. Y Valladolid, en general, fue una sociedad volcada en favor de la proclamación del dogma inmaculista. Un proceso en el que destacaron varios ilustres monjes y obispos vallisoletanos.

Entre intervinientes notables en la controversia, que como ya se ha dicho, venía de lejos y fue larga, sabemos que en la década de 1430, el Cardenal vallisoletano Juan de Torquemada, y persona de toda confianza del papa, participó en la elaboración, junto a otros cien prestigiosos maestros, de una síntesis de las opiniones contrarias a la proclamación de la inmaculada concepción, que era más piadoso creer que la Santísima Virgen María de Dios fuera concebida con pecado omariginal.

Nuestra ilustre dama Marina Escobar (1554-1633), estrechamente vinculada a la orden jesuita que apenas recién creada se puso de parte de la proclamación de la Inmaculada, decía recibir en su alcoba donde estuvo recluida treinta años por razones de salud, visitas de la Virgen proclamando su limpia concepción.

Retrato de Marina de Escobar. Cuadro anónimo del siglo XVII conservado en el Monasterio de Santa Ana de Valladolid. Imagen tomada de Wikipedia.

Se trató, en todo caso, en un proceso en el que no solo opinaron las instancias eclesiásticas, papado incluido, sino que en una sociedad sacralizada como era la española, los estamentos civiles también intervinieron no sin razones de interés político: desde los mismos reyes hasta los más humildes ayuntamientos. Aquello era una verdadera campaña en la que de una forma u otra se iban sumando ciudades y pueblos. Sevilla, por ejemplo, fue, como Valladolid, una potente referencia en favor del dogma: hay una coplilla en Sevilla que dice “Todo el mundo en general a voces, Reyna escogida, diga que sois concebida sin pecado original”.

Anónimo del año 1662. La Inmaculada Concepción preside la consagración de la iglesia del Sagrario de la Catedral de Sevilla.

Fueron muchos los municipios españoles de todos los tamaños que tomaron posición favorable a la Inmaculada, como el nuestra provincia fueron, entre otros, Medina del Campo, Nava del Rey o Cogeces del Monte.

La fachada de la iglesia Nuestra Señora de la Asunción, de Cogeces del Monte, es una especie de trampantojo en honor de la Inmaculada Concepción, en cuyo frontispicio figura la siguiente inscripción: “Hombre, si eres racional, defiende con honra y vida que es María concebida sin pecado original”

El Ayuntamiento de Nava del Rey, que cambió el nombre de la ermita de Nuestra Señora del Pico Zarzero por el de Nuestra Señora de la Concepción, entre otras demostraciones de fervor inmaculista destaca la declaración de los munícipes en 1749, que acordaron “ defender en todas las ocasiones, por escrito y de palabra, en público y en secreto , y de todos modos, que María Santísima fue concebida sin mancha del pecado original en el primer instante de su ser natural; y que todos los individuos que en adelante fuesen de este Ayuntamiento, antes de ser recibidos en el uso de sus respectivos oficios, y al tiempo de hacer el juramento acostumbrado que para ello se requiere por derecho, lo hayan de hacer también de defender este misterio en la forma referida”.

En 1619 en Medina del Campo, tanto el cabildo eclesiástico como el Ayuntamiento hicieron solemne profesión de su devoción a la Inmaculada Concepción de María, Y para hacer notorio y visible este voto, el 5 de mayo de aquel año se organizó una solemne y concurridísima procesión.

El Ayuntamiento y el cabildo catedralicio de Valladolid también se sumaron a la causa inmaculista que con vehemencia defendían los franciscanos. Y en pro de la causa los munícipes organizaban fiestas populares y la Catedral concurridas procesiones. Incluso en 1617,   personajes principales de la Real Audiencia crearon una cofradía que juró la Concepción (y con tal nombre quedó la misma). Una cofradía que se alojó en la parroquia de San Pedro.

Una de aquellas fiestas así las describe Lourdes Amigo: “Las calles, balcones y ventanas estaban con tanta gente, que parecía haberla Valladolid buscado prestada para ese día”. Las ventanas estaban sembradas de colgaduras que decían María Santísima Concebida sin pecado original. El ayuntamiento puso antorchas en la fachada de la Casa Consistorial (que estaba donde sigue ahora en la plaza Mayor), también las casas particulares se iluminaron y hubo música, cohetes y fuegos artificiales (“invenciones de fuego”) en la plaza Mayor, también certámenes poéticos y procesiones.

En 1618 el Ayuntamiento y la Universidad (a instancias del propio rey Felipe III) “juraron y votaron creer y defender la Limpia Concepción de Nuestra Señora” y el 8 de diciembre en la Catedral hicieron público su voto. En 1662 el Concejo de Valladolid, convocó a una misa solemne en la Catedral siguiendo las indicaciones de una Real Cédula de Felipe IV  lo ordenaba a todas las ciudades con voto en Cortes para dar las gracias por que el Papa Alejandro VII  había declarado “el santo misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen Santísima”.

Inmaculada, de Francisco Salzillo (s. XVIII) recién adquirida por el Museo Nacional de Escultura. Hecha de barro cocido.

Muchos años después, incluso el Colegio de Abogados de Valladolid en junta celebrada el 16 de septiembre de 1759 acordó que los colegiados hicieran juramento de defender el misterio de la Purísima Concepción de María, adoptándola, además, como patrona. Y en 1779 se crea en Valladolid la Real Academia de la Purísima Concepción de Matemáticas y Nobles Artes, en cuyos estatutos se recoge la advocación del Misterio de la Concepción de María Santísima.

En fin, aún habrían de durar un par de centurias los debates: en 1777 el mismo Carlos III prohibió a la Universidad de Valladolid que directa o indirectamente pusiera en duda la Purísima Concepción.

Es el caso que, como se ha dicho, hasta 1854  Pío IX,  no aprobó el dogma: el 8 de diciembre de aquel año, el papa publicó la Bula ” Ineffabilis Deus”, que dice lo siguiente: “Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente…”.