UN PASEO POR LA DESEMBOCADURA DE LA ESGUEVA

Valladolid es una ciudad marcada por sus ríos, especialmente por la Esgueva. La población aparece mencionada por primera vez en 1062. Fue una villa que se desarrolló alrededor de este río,  por eso se puede hablar de que Valladolid en la Edad Media era la villa de la Esgueva.  

El río que ahora vemos en la ciudad es un canal artificial, pero que arranca del cauce natural del río antes de su entrada en la ciudad. Un río que siempre tuvo dos ramales principales, amén de ciertos canalillos laterales que se manifestaban o no según hubiera mayor o menor caudal. No obstante, hay historiadores que sostienen que el ramal exterior era artificial, acaso mandado construir con el Conde Ansúrez con la finalidad de evitar los desbordamientos del, hasta entonces, único ramal  que discurría por el interior de la villa.

A este respecto los dos brazos principales de la Esgueva se han conocido como Norte o interior (el que discurría por la zona de la Antigua), el uno; y Sur o  exterior (el que venía por la actual plaza Circular)  el otro.

Estos ramales y sus ramalillos ocasionales obligaron a que la villa llegara a tener hasta 18 puentes de piedra y algunos más de madera. Aquello dio lugar a que algún viajero del siglo XVIII describiera Valladolid como “la Venecia de Castilla”.

El paso de la Esgueva por la ciudad, su posterior cubrimiento  y el canal que se construyó en el siglo XX,  han dejado un rastro de evidencias muy variadas: nombres de calles como Esgueva o barrios como Vadillos (la zona por donde se vadeaba la Esgueva).

Una parte del trazado urbano de Valladolid se explica por el curso que seguían los ramales de las Esguevas, y para ejemplo, las calles Nicolás Salmerón, Dos de Mayo y Miguel Íscar, que están urbanizadas sobre el ramal sur, y  debajo de las cuales están las bóvedas el Esgueva soterrado.

De las esguevas soterradas hay  diversas huellas visibles dibujadas sobre el pavimento: además de algunas placas en la calle de Platerías y plaza del Val, una gran losa advierte en la calle Santiago, próximo a Miguel Iscar, que debajo de ella se hallan los restos del puente de la puerta del Campo. Y, sobre todo, bajo el gran edificio de San Benito, hay unas impresionantes bóvedas que conducen hacia la antigua desembocadura en el Pisuerga.

La Esgueva, con sus ramales, ha sido un río  que  prestó un gran servicio a Valladolid en lo que a regadío de huertas se refiere, instalación de molinos, para lavado de ropa por las mujeres que carecían de pozo y el Pisuerga les quedaba lejos y, sobre todo, como colector de residuos, también produjo calamitosos desbordamientos que arrasaban numerosas viviendas. Razones estas dos últimas que han abonado una mala fama que bien se encargaron de airear algunos poetas del Siglo de Oro.

Hacia 1850 comenzó el soterramiento de las Esguevas y podemos poner la fecha de 1910 como la de finalización de obras.

En la década de 1990 el cauce de la Esgueva conoció una profunda remodelación que, después de varias visicitudes, concluyó en 1999, según una placa que reza en las compuertas.

Contado todo esto, propongo recrearnos en la desembocadura, ubicada entre los barrios de España y Rondilla.

 

Paseos y cauce que conducen hacia la desembocadura, un verdadero jardín botánico en el que se contabilizan numerosas especies arbóreas.

 

Compuertas y detalle de la maquinaria, cuya finalidad era conducir el agua hacia la llamada “fábrica de la luz”, que generaba energía eléctrica para abastecer algunos barrios.

 

Detalle de las balsas de iniciación al piragüismo. Las instalaciones que se ven al fondo están dedicas a Narciso Suárez, destacado piragüista vallisoletano que participó en cuatro Olimpiadas, en las que obtuvo una medalla de bronce y varios diplomas olímpicos. Debajo de la fábrica de la luz está el gimnasio. 

 

La “fábrica de la luz”. Se construyó hacia 1930. En este lugar se había planeado anteriormente un centro de impulsión de las aguas fecales de Valladolid hasta el pinar de Antequera, donde se depurarían mediante el sistema de balsas naturales. Ambicioso proyecto inconcluso del ingeniero Recaredo Huagón, que fue quien diseñó todo el sistema de saneamiento de Valladolid.

 

Inicio de un paseo que conduce hasta el Pisuerga y que nos lleva por debajo de la fábrica de la luz.

 

Desagüe de la fábrica.

 

Puentecillo que permite completar un agradable paseo en torno a la desembocadura.

 

La Esgueva cae más de siete metros sobre el cauce del Pisuerga. Eso generaría un problema de deterioro del entorno, y para paliarlo,   el ingeniero Huagón ideó construir 7 grandes peldaños de tal manera que el agua llegara suavemente hasta el Pisuerga. Esta construcción también se conoce como “salto de Linares”, por estar próximo al paraje que desde siempre se conoce con ese nombre (por plantarse antiguamente lino).

 

 

Arbolado junto a la desembocadura  en el  Pisuerga.

 

 

En el entorno inmediato se pueden ver las huertas populares del barrio España, y diversas instalaciones de la Cámara de Comercio (vivero de empresas), la Cámara de Contratistas y el Centro de Artesanía de Castilla y León.

 

 

 

 

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DONDE SE JUNTAN LOS RÍOS

Tiene Valladolid un lujo del que no muchas ciudades pueden presumir, y es el de disfrutar en el mismo casco urbano de la desembocadura de un río en otro. Me refiero a la Esgueva y el Pisuerga que, a caballo de los barrios de Rondilla y España, ofrecen un impagable paisaje.

Como es bien conocido, la Esgueva que ahora atraviesa por Valladolid no es el cauce original de uno de sus ramales históricos, sino un encauzamiento artificial cuyas obras se terminaron en la primera década del siglo XX. Aún más, el aspecto ajardinado que ahora ofrece es el resultado de una obra de adecentamiento que concluyó en los noventa de aquel mismo siglo.

Pero nada de esto hace perder un ápice el interés histórico de lo que ahora vemos ni el disfrute de uno de los paseos más emblemáticos que disponemos en Valladolid.0

Con estos antecedentes vamos a dar un paseo por las orillas de la Esgueva, que tiene su continuación en la ribera del Pisuerga.

Comenzaremos por uno de los  puentes del siglo XIX que se irán sucediendo en nuestro paseo: el que salva el río en el Camino del Cementerio. Estos puentes fueron embellecidos mediante murales que realizó el pintor Pablo Ransa. Ofrecen motivos propios del río: cangrejos, libélulas, salamandras, peces… Sin embargo la falta de mantenimiento amenaza con que los colores y dibujos se pierdan irremediablemente.

De aquí hasta la desembocadura, poco más de 600 metros, el tiempo ha ido colmando de arbolado y vegetación ambas orillas, “naturalizando” el cauce y haciéndolo, sin duda, más agradable.

La desembocadura se forma mediante una cascada de 7 peldaños que contribuyen a que las aguas de la Esgueva no se precipiten sobre el Pisuerga de manera violenta y que, sin embargo, a lo largo de una berma de una veintena de metros, el rio menor se disuelva en el mayor discretamente.

El edificio que hay junto a la desembocadura es una fábrica de luz que sirvió para alumbrar parte de la ciudad, hasta que, perdida su función, acabó sirviendo de locales para la federación de piragüismo, una práctica deportiva de raigambre en Valladolid.

La combinación de cascada, edificio industrial, y  compuertas y artefactos metálicos terminan por ofrecer al paseante un rincón muy singular y sugerente.

Nuestro paseo continúa descendiendo hasta las orillas del Pisuerga por la parte izquierda de la desembocadura, y sigue por un sombreado paseo que terminará cruzando por debajo del puente Mayor.

En este punto podemos decidir continuar por el Pisuerga. Pero si decidimos volver al punto de partida, es una buena opción hacerlo por los jardines Ribera de Castilla, que ofrecen, sin pretenderlo, un verdadero jardín botánico por las numerosas especies arbóreas que hay. En un determinado momento se podrá ver un reciente mural que llama la atención sobre que este parque fue el fruto de la reivindicación vecinal de Rondilla de hace unas décadas.

Total, entre ida y vuelta unos 4 kilómetros.

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Aspecto naturalizado que ofrecen las orillas de la Esgueva. Por cierto, el mayor caudal de agua que se ve en verano no es propiamente del río, sino del Canal del Duero, que vierte aguas al río a la altura de Puente la Reina, ya cerca de Renedo, para mantener el caudal ecológico mínimo.

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Detalle del puente en el camino del Cementerio. En ambos lados del puente hay notables ejemplares de acacias de tres espinas (gleditsia triacanthos)

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Uno de los puentes que en 1998 decoró Pablo Ransa

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Esta ninfa arrojándose a la Esgueva es obra de Ransa, y fue robada en 2006 (media 2 metros y pesada 1oo kilos)

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Fábrica de la luz, actualmente destinada a la práctica del piragüismo

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Cascada y berma de la Esgueva en su desembocadura

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Complejo de compuertas en la desembocadura

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Parque Ribera de Castilla

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Mural alusivo a la Ribera de Castilla