ENTRE JERÓNIMOS Y EL ESPÍRITU DE PADILLA: LA MEJORADA (OLMEDO)

La Mejorada conserva una joya del mudéjar vallisoletano. Se trata de los restos de un monasterio que hunde sus raíces en el siglo XIV.

Ahora, lo más sobresaliente de aquel monasterio jerónimo es la llamada capilla del Crucifijo, de los Becerra o de los Zuazo, aunque no hay que menospreciar otras construcciones de interés. Lo cierto es que tras el paso de los franceses durante la Guerra de Independencia y la posterior desamortización, se perdió buena parte del esplendor que pudiera haber tenido en su momento.

En 1892  la orden de los dominicos adquirió la finca para instalar en ella un colegio, que estuvo en uso hasta los años 60. Vendida en 1984, pasó a convertirse en una explotación agrícola. A partir de ese momento unos edificios se derribaron y otros se descuidaron: todo lo que no  fuera útil para la producción agrícola fue sometido a la incuria de sus nuevos propietarios.  Y hasta que toda la finca en 1999 fue comprada por unos empresarios, entre los que se encontraba el afamado arquitecto Rafael Moneo, languideció como colonia veraniega juvenil y granja escuela, actividad muy de moda en las últimas décadas del siglo XX.

La inversión de aquellos empresarios fue para dedicar las instalaciones  a explotación vinícola abarcando todo el proceso de elaboración del vino: desde la cepa hasta la botella. No obstante, esta finca desde sus inicios medievales tuvo vocación vinícola, de tal manera que los monjes llegaron a construir hasta dos lagares.

Aquella iniciativa fue mano balsámica para el monasterio, pues no solo se paró la destrucción del patrimonio arquitectónico sino que se ha rehabilitado en buena parte. Sin duda a ello ha contribuido Moneo, que finalmente se quedó, junto con su familia, con la propiedad absoluta de la finca de La Mejorada, que actualmente tiene una extensión de 140 ha. de las cuales unas 40 se dedican en exclusiva a producción de uva.

Por cierto, un hecho tan histórico como poco conocido es que en La Mejorada se enterró el cuerpo de Padilla, una vez ajusticiados los capitanes comuneros después de la batalla de Villalar.  Carlos V no permitió que su viuda, María Pacheco, se llevara los restos hasta Toledo para evitar convertirle en un mártir. Una vez perdido Toledo para la causa comunera, el enterramiento de Padilla continuó en La Mejorada, sin que se sepa que fue de sus despojos… A lo mejor su espíritu está vagando por la finca.

Contado todo esto, vamos a dar un agradable paseo por los edificios que aún se mantienen en pie, no sin antes comentar que para quien esté interesado en ampliar información sin perderse en búsqueda de textos, recomiendo el artículo de José Menéndez Trigos y María José Redondo Cantera publicado en 1996 por la Universidad de Valladolid  titulado: “El monasterio de Nuestra Señora de La Mejorada (Olmedo) y la capilla del Crucifijo, o de los Zuazo” (se puede ver en internet).

La finca está a siete kilómetros de Olmedo, en la carretera que conduce a Matapozuelos. El último kilómetro hay que hacerlo por un camino en mediano estado pero perfectamente transitable.

 

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Aproximación a La Mejorada. El monasterio fue protegido por reyes y nobles, lo que le dotó de cuantiosas ayudas para su construcción y numerosas rentas para su mantenimiento. Por sus dependencias pasaron  principales actores de la historia de la España: Fernando I de Aragón, doña María (esposa de Juan II),  Isabel la Católica, Carlos V, Felipe II;  y otros personajes menos relevantes pero de gran importancia en la historia de Castilla, como los Alderete… Y Cristóbal Colón estuvo alojado mientras redactó su famoso (y  desconocido) Memorial de 1497, que versaba sobre la demarcación de los mares y tierras entre los reinos de Castilla y Portugal.

 

2 Viene el nombre de La Mejorada por la fundadora” María Pérez, que en la herencia recibió estos pagos porque sus padres habían “mejorado” su testamento respecto a lo que recibieron sus hermanos. Hacia 1330 ya se levantó una capilla y  luego unos ermitaños se hicieron cargo del lugar. En 1396 estos mismos ermitaños quisieron establecerse como monasterio y para ello adoptaron la Regla de San Jerónimo. A partir de este momento, y protegidos por Fernando de Antequera, futuro Fernando I de Aragón, los jerónimos comenzaron a recorrer un camino de esplendor arquitectónico y artístico.
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Puerta de acceso, del siglo XVIII.

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Un grupo de visitantes tuvo la fortuna de coincidir con Moneo, con el que comentó diversos temas,  antes de iniciar la visita guiada personalmente por la sumiller Paloma Cendón.

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Trazas de la antigua iglesia del monasterio, en cuyo cabecero se construyó la capilla mudéjar.

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Capilla del Crucifijo, del siglo XV. Se trata de una capilla funeraria, pues, en realidad, fue dedicada a albergar diversos enterramientos de personajes vinculados de una u otra manera con La Mejorada. De construcción mudéjar (estilo considerado por la nobleza y la iglesia como arte de lujo), fue declarada Monumento Nacional en 1931, lo que no sirvió para impedir que se siguiera deteriorando. La restauración ha querido ser respetuosa con los diferentes materiales, añadidos y modificaciones que ha ido teniendo a lo largo de los siglos. 

 

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Durante su restauración se ha localizado el color rojizo original que tenían sus paredes. Aunque han desparecido todos los enterramientos que en ella hubo, mantiene razonablemente bien su valor e interés arquitectónico y decorativo. Diversos estudios establecen un paralelismo  con las qubba islámicas: estructura cúbica cupulada, que en el cristianismo se ha dedicado a capilla o enterramientos, como es el caso de esta de La Mejorada.

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Arco gótico y  detalle de la antigua capilla de los Fonseca, que estaba unida a la del Crucifijo.

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La piscina que construyeron los dominicos escondía los restos de la antigua Hospedería Real, de la que ahora se aprecia el arranque de una de sus paredes. Estaba construida en tapial y ya muy deteriorada desde hace siglos.

 
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Casa del Peregrino cuyas dependencias se dedicaban a dormitorio de los peregrinos en su caminar hacia Santiago de Compostela,  y en el que también se alojaban los pastores que acompañaban a los rebaños de la Mesta que transitaban por estas tierras.

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Torreón de finales del XIX edificado por los dominicos sobre las antiguas dependencias de los monjes jerónimos cuyo edificio, desde el siglo XV (del que aún guarda sus trazas),  ha conocido numerosas reformas y añadidos.

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Panorámica del antiguo monasterio. Por debajo del torreón están la parte que se conserva del primer monasterio del siglo XV. Por cuya puerta vamos a  acceder al edificio.

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El Claustro Nuevo y la fuente Isabelina que ocupa su centro.

 
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En la parte baja del edificio se alojan las naves dedicadas a la elaboración del vino, aprovechando dependencias que los dominicos habilitaron a finales del XIX para  gimnasio.

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Refectorio del monasterio.

 
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Actual palomar, anteriormente fue una noria. El monasterio contó con numerosos dependencias: hospedería, enfermería, lagar y bodega, horno, panadería, colmenar, estanques, norias, etc.

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Almacén y puerta de Poniente, del siglo XVIII.

 

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Miembros muy destacados de la curia, como el cardenal Mendoza o los obispos Alonso y Juan de Fonseca, así como por ejemplo el Gran Capitán, fueron donantes que favorecieron el esplendor artístico que llegó a conocer  el monasterio, que contó con piezas señeras del arte hispano, como es el caso del retablo de Berruguete (en la foto) que ahora se conserva en el Museo Nacional de Escultura donde, por cierto, hay otras piezas de La Mejorada, como un Ecce Homo, la Virgen de la Rosa, un retablo de San Jerónimo, etc. Hay  obras del monasterio repartidas por diferentes lugares, como Olmedo.

NOTA: La finca ofrece visitas guiadas que se pueden concertar en comercial@lamejorada. es; o en el teléfono 625 677 208

DE PASEO POR OLMEDO

Algunos municipios de Valladolid se constituyen por sí mismos en verdaderos museos  sin necesidad de recluirse en recinto cerrado alguno. Este es el caso de Olmedo que, inmerso en Tierra de Pinares, además del rico mudéjar característico de la zona, ofrece un caserío de variados y expresivos edificios.

Con estas premisas, en nuestro periplo por las comarcas vallisoletanas, cambiaremos la visita a un museo por un paseo por las calles de Olmedo.

Dejo los detalles de los lugares que visitemos en Olmedo al interés de cada persona por proveerse de información turística e histórica; pero sobradamente pueden servir los paneles y cartelas que en cada plaza y monumento tiene instalados el Ayuntamiento de la localidad.

Olmedo fue villa amurallada e importante en la Edad Media, cuando buena parte de la historia de la España cristiana gravitaba en torno a los reinos de Castilla y León. Por eso  Olmedo fue testigo de dos batallas señeras (años 1445 y 1467). En la primera latían las pugnas  entre bandos nobiliarios, y en la segunda salieron a colación los derechos sucesorios de la corona. Total, que entre una y otra casi se resume la historia de la época,  pues estuvieron implicados personajes tales como Beltrán de la Cueva, el Marqués de Santillana, Álvaro de Luna, Juan II de Castilla, los Infantes de Aragón, los Enríquez y los Pimentel, Enrique IV de Castilla y su hermano Alfonso… Vamos, que el tema da para una serie televisiva

Pero la historia y personalidad de Olmedo no se resumen solo en edificios monumentales y nobiliarios, sino en una variada panorámica de construcciones con muy distinta finalidad. Por eso voy a proponer una visita que no incluye todos los edificios típicos y monumentales, pero sí otros que el paseante no encontrará indicados en el callejero turístico de Olmedo.

Si la excursión se hace con chiquillería, es recomendable la visita al Parque Temático del Mudéjar en el que aparecen representados edificios de la provincia… También a las personas adultas les resulta curiosa la visita, pues las maquetas tienen el suficiente tamaño como para que incluso un adulto pueda meterse en el interior de algunos edificios. (B)

Vale, vamos a pasear por Olmedo (adjunto un callejero tomado del plano turístico de la villa).

Entraremos por la calle 10 de Octubre: si se quiere acceder con vehículo, permite circulación hasta la plaza de Santa María, donde se puede aparcar el coche (A)

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Llegando desde Valladolid por la carretera de Madrid, nos toparemos con este imponente edificio, muestra de la rica actividad harinera que hubo otrora en la provincia. Lo del “sistema Buhler” que se anuncia en el frontispicio, no es sino una forma de moler la harina que en vez de emplear las muelas tradicionales, incorpora medios mecánicos mediante cilindros que incrementa sustancialmente la producción (1)

 

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El Ayuntamiento se refugia en el antiguo convento de Nª Señora de la Merced Calzada. Su actual aspecto barroco obedece al siglo XVIII. La parte trasera del edificio acoge el Centro de Actividades Escénicas (2)

 

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Frente al Ayuntamiento, está la Iglesia de Santa María del Castillo. Ofrece características que van del románico  del s. XII (portada), al gótico del XVI, pasando por ostensibles caracteres mudéjares del XV. Delante de la iglesia hay un busto que rinde homenaje a fray Bartolomé, curioso fraile mercedario nacido en Olmedo que, entre otras actividades en América, se propuso evangelizar al gran rey  Moctezuma, pero los acontecimientos no permitieron que su tarea llegara a buen puerto (3)

 

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De los tiempos de Carlos III, el Caño Nuevo es quizá la fuente más ilustrada y monumental de Valladolid. Al fondo se ve el lavadero, ya del siglo XX, cuyo interior merece una visita (4)

 

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Casa del Pósito, muy reformada, donde se almacenaba el grano. Actualmente es una casa particular (5)

 

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Restos de la iglesia de la Trinidad, mudéjar del XIII, cuya última utilidad fue albergar un cine (6)

 

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Cuando en el  XVI la peste asoló la ciudad de Valladolid, la Real Chancillería se alojó provisionalmente en este edificio, que también se conoce como la Torre del Reloj (7)

 

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Antigua casa de la Villa (s. XVI-XVII), ahora centro de actividades culturales. Por el arco del Corregidor, que se abre bajo el edificio, nos dirigimos hacia nuestro próximo destino (8)

 

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Monumento Histórico Artístico Nacional, el edificio de la iglesia de San Andrés es una de las construcciones más queridas de Olmedo. Mudéjar del siglo XIII, delante de su fachada se yergue el esqueleto de un gran olmo  (9)

 

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Detrás de la plaza de San Andrés, está el Instituto Alfonso VI, uno de esos característicos colegios de los años 30 del siglo XX que tienen la firma de la que fue afamada Oficina Técnica para Construcción de Escuelas: dependiente del Estado se creó  en 1920. (10)

 

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Nos salimos del recinto amurallado por el Arco de la Villa, una de las legendarias 7 puertas de Olmedo (11)

 

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Y frente al Arco de la Villa, en la calle Senovilla, se conserva la que se considera última cantina superviviente de Olmedo. Tomamos un refresco en Cantina Chichi, y nos aprestamos a concluir nuestro paseo, ahora por el exterior, hasta nuestra próxima y cercana parada. Aprovechamos para observar los lienzos de la muralla que, más o menos reconstruidos, aún se conservan (12)

 

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Arco e iglesia de San Miguel. Otra de las puertas.  La iglesia es, tal vez, el edificio mudéjar más emblemático de la localidad (13)

 

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Volvemos a adentrarnos en el interior de la villa para dirigirnos al Palacio del  Caballero de Olmedo. Un histórico y noble edificio que perteneció a los Condes de Bornos. Ahora alberga un espacio audio visual que relata diversos episodios del Siglo de Oro español y de la afamada obra teatral de Lope de Vega. Su patio acoge el corral de comedias donde se lleva a cabo buena parte del Festival de Teatro Clásico   (14)

 

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Y, próximo al Palacio del Caballero está Las Mesnadas,  antigua posada construida en el año 1517 (15)

Nuestro paseo ha concluido. No obstante en nuestro deambular por Olmedo nos iremos encontrando con interesantes casas y rincones, así como con la mayoría de edificios que tienen alguna relevancia arquitectónica o histórica.

 

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Plano-callejero de Olmedo

 

 

 

UN OLMO Y UN LAVADERO PECULIARES EN UNA VILLA MUDÉJAR, OLMEDO

Un olmo centenario habita en la plaza de San Andrés de Olmedo, a la puerta de un edificio mudéjar del siglo XIII.  Su edad, unos 250 años, su abundante follaje, su corpulento tronco y su corteza agrietada, han elevado el árbol, como quiere la tradición, a la condición de “olma”.

Se trata de uno de los escasos olmos que se salvaron de la grafiosis que devastó esta especie allá por los años 80 del siglo pasado. Una peste que arrambló con los olmos de los paseos y de las plazas de la mayoría de los pueblos. Muchos olmos hubo en Olmedo, de ahí le viene el nombre a la villa, y en esa misma plaza también pueden verse algunos olmos más jóvenes.

El de San Andrés, sin embargo, ha resistido y ahora exhibe su copudo porte en esta plaza recoleta. Un alcorque de ladrillo en forma de banco rodea los casi 5 metros de circunferencia de su tronco y permite cobijarse bajo a los 18 metros de su altura.       El olmo de San Andrés tiene, además, el relevante mérito de haber sido incluido entre los árboles que la Junta de Castilla y León ha protegido mediante el “Catálogo de especímenes vegetales de singular relevancia de Castilla y León”. (en la fotografía, el olmo en una imagen invernal)OLMEDO 1

Los expertos que han estudiado con detenimiento este y otros árboles de la Comunidad Autónoma –“Guía de los árboles singulares de Castilla y León”-, describen al olmo de San Andrés como un árbol bien conservado y que reúne la condición de excepcional debido a su rareza, ubicación, historia y edad. Su nombre científico es el de ulmus minor Millar y en estas tierras castellanas su nombre común responde al de negrillo o también al de álamo negro.

La villa de Olmedo ofrece numerosos lugares que ver, pero éstos  los encontrará casi sin proponérselo quien busque el olmo, pues el exquisito mudéjar de la villa ya se encargará de atrapar el visitante. Mas sí hay algo en este municipio que resulte muy peculiar es su fuente del siglo XVIII y el lavadero. Hacia allí nos dirigiremos desde San Andrés por la calle del Arco del Corregidor que bordea las tapias del monasterio dominico que hay en la plaza.  Se cruza la plaza Mayor y pasando junto a la Torre del Reloj,  se llega  a la calle de la Vega, donde nos adentramos en un modestísimo barrio que, hacia la derecha, está atravesado por la calle Baja del Caño Nuevo. Al final del trayecto está uno de esos escasísimos lavaderos públicos cubiertos que quedan en Valladolid y que, construido en 1927, puede visitarse, pues permanece abierto habida cuenta de que aún es usado ocasionalmente por los vecinos del entorno. “Todavía hasta hace un par de décadas se venía casi a diario. Ahora está muy bien para la limpieza de piezas grandes como alfombras, persianas, colchones y  edredones que no cogen en la lavadora o es incómodo limpiar en la bañera”, comentan en el entorno. (en la imagen, la fuente en primer plano y el lavadero al fondo)OLMEDO 2

Se abastece el lavadero de una fuente construida en 1789 bajo el impulso que Carlos III dio a las obras y servicios públicos. Se conoce como Fuente del Caño Nuevo. Es, acaso, la fuente más monumental de toda la provincia. Labrada y decorada como si se tratase de un digno edificio, ofrece una bella construcción. Se trata de la fuente principal de Olmedo que ha prestado servicio a sus habitantes durante muchos años. Junto a ella, el viejo abrevadero de ganado. Se cerraba, así el ciclo de abastecimiento y servicios relacionados con el agua: la fuente para el consumo de boca, el abrevadero para el ganado y el lavadero, muy grande, para la limpieza. En definitiva,  un destino muy singular para el paseo  y un tanto alejado de los lugares monumentales de la villa, pero que sin duda merece la pena conocer.