EXTENSOS PAISAJES PINARIEGOS

Tierras ricas y de municipios con notable patrimonio monumental, el territorio pinariego atesora, además, junto con las tierras de Medina, excelentes muestras de arte mudéjar.

Si a estas dos comarcas le añadimos Tierra de Campos, se comprenderá porqué algunos expertos consideran que la provincia de Valladolid posee uno de los mejores conjuntos patrimoniales de arte mudéjar de la meseta norte.

La escasa consolidación comarcal en Valladolid hace que Tierra de Pinares y Tierras de Medina, en definitiva, la zona sur de la provincia, unas veces se confundan  en una sola entidad territorial, y otras se diferencien claramente. Cierto es que no es muy fácil poner la raya que separa ambas, pero tiene la comarca pinariega la característica de fundirse con los pinares segovianos e incluso avulenses, lo que la confiere una unidad territorial más o menos homogénea, que se identifica históricamente con sus cuatro comunidades principales: Íscar, Portillo, Olmedo y Cuéllar.

En cualquier caso,  continuaremos considerando a Tierra de Pinares como una entidad histórica, económica y paisajística con  personalidad y perfil propios, por lo que me apresto a recorrer algunos de sus parajes. Un  viaje que nos llevará desde Aldea de San Miguel hasta Cuéllar, no sin advertir que, aunque algo más apartada de esta ruta, está Coca en lontananza y bien merece una visita porque, además, se ha convertido en un centro importante de impulso de la extracción de resina, actividad, junto con la explotación del piñón, tradicionales (y en otro tiempo fundamentales) en la comarca de Tierra de Pinares.

Un agricultor socarrón me comentó, hace tiempo, que hasta que comenzó la fiebre del ladrillo, y por tanto el aumento de los ingresos municipales provenientes de obras y construcciones, Portillo era, sin duda, el pueblo más rico de la provincia. Y no le falta razón a tenor de los censos del siglo XIX y XX relativos a la explotación de los pinares portillanos.

La comarca, dominada por masas pinariegas, como no puede ser de otra manera, sin embargo está hendida por algunos cursos fluviales, como son el Eresma, Adaja y Henar, entre otros más pequeños, que rompen la homogeneidad del paisaje y le aportan especies forestales diversas que contribuyen a evitar la posible monotonía del pino.

Sobre arte mudéjar hay infinidad de  publicaciones. Para quien quiera conocer con algún detalle esta expresión de los alarifes moros en tierras cristianas recomiendo los libros “Arte Mudéjar en la provincia de Valladolid”, (año  2007); y “Rutas del Mudéjar en la provincia de Valladolid”, (año 2005) ambos editados por la Diputación de Valladolid.

 

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La  iglesia de San Miguel, en Aldea de San Miguel, se considera una construcción excepcional del mudéjar vallisoletano, además de ser uno de los edificios mejor conservados. Quien la visite no se olvide de apreciar la curiosidad de su puerta de entrada, en la que la portada del siglo XVI, deja entrever, sin embargo, las arquivoltas apuntadas de estilo toresano

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Muchas referencias tiene Portillo, en la que desde luego no debe faltar una visita a su castillo: pozo y ascenso a la torre. Conserva la puerta original del siglo XV-XVI. Desde la torre se pueden disfrutar inmensas panorámicas, como esta de los pinares de Portillo

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Frontón de Montemayor de Pililla. Este municipio tiene, entre todos sus pinares, uno que llaman de la Unión, por tratarse de una explotación perteneciente, junto a otros muchos pinares en España, a la Unión Resinera. Fundada en 1898,  fue en su día una de las empresas más importantes del país. El paisaje de este entorno está dominado por el pino resinero. Y si de pinares resineros hablamos no se puede olvidar el pinar del Negral que, en el término de San Miguel del Arroyo, fue de los pocos que mantuvo actividad resinera tradicional antes de que, más recientemente, se reactivara la extracción de este producto

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Viloria  (cuya plaza principal aparece en la foto) es, desde Valladolid, la antesala del monasterio del Henar y si hemos de detenernos en sus frescas praderías es porque, con independencia de creencias religiosas, la Virgen del Henar fue nombrada en 1958 patrona de los resineros, lo que ya dice bastante de en qué tierras nos encontramos y a que se dedicaban sus gentes  en Viloria, San Miguel  y Santiago del Arroyo, Montemayor, y otros pueblos del entorno. En la imagen la cubierta de la fuente donde la leyenda sitúa la aparición de la Virgen

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El patrimonio histórico y monumental de Cuéllar es impresionante. Una de sus antiguas iglesias, la de San Martín, se ha habilitado como Centro de Interpretación del Arte Mudéjar. En la  primera foto, parte del castillo tomado desde su reconstruido adarve y el Centro de Interpretación del Mudéjar al fondo… y una panorámica del casco urbano de la villa

 

7-crop Quizá la principal plaza en fabricación de muebles y auxiliares, Íscar rinde homenaje a sus maestros ebanistas y carpinteros. Se trata de una escultura de Coello instalada a la entrada del municipio

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Si hay algo en Pedrajas de San Esteban con lo que la mayoría de sus habitantes se sienta identificada es, sin duda, con la ermita y paraje de Sacedón. Ya hace rato que el paisaje de pino resinero (pinus pinaster) ha cambiado al pino piñonero (pinus pinea), como refleja este frondoso pino en Sacedón. En uno de ellos se ha instalado un monumento al piñorero, que trepaba por los árboles para recoger las piñas de las que saldrá el piñón,  uno de los productos naturales más exquisitos que se puedan paladear, y en el que Pedrajas está especializado

 
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Dejaremos Olmedo para una próxima visita en la que recorreremos sus calles y, terminando el recorrido, nos asomamos a Mojados, cuyo puente sobre el Cega es uno de los más señeros de Valladolid, se comenzó a construir a finales del XVI por mandato de Felipe II, cuando España estaba consolidando una vital red de caminos y puentes que facilitaran el comercio y las comunicaciones

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UN PROYECTO QUIMÉRICO

Tan desesperado estaba el Ayuntamiento de Valladolid por la falta de agua corriente en las casas de los vecinos y por las desavenencias con la Sociedad Industrial Castellana, sobre la calidad y condiciones del suministro domiciliario de las aguas del Canal del Duero, que entre  1931 y 1935, la corporación municipal presidida por el alcalde García Quintana, tuvo  entre sus manos  el proyecto de abastecer a la ciudad con aguas traídas desde el Henar. En concreto, la captación se haría en la fuente del Batán del valle de Viloria,  y de otra media docena, más pequeñas, situadas ya en la provincia de Segovia. El gobernador civil de la época dio su visto bueno, y se aprobó un reglamento de servicio de suministro de agua cuyo primer artículo decía así: “El Ayuntamiento de Valladolid destina al uso y aprovechamiento de los vecinos de esta ciudad las aguas procedentes de los manantiales de “El Henar””. Nueve millones de las pesetas de entonces, que es el presupuesto que aquel sueño tenía, se habrían de financiar acudiendo al crédito, pues sobrepasaba las posibilidades del presupuesto municipal. El proyecto no llegó a materializarse.

UN PASEO POR LOS MURALES DE SIERRA ( II)

LA MANO NEGRA

Decía hace una semana que Manolo Sierra ha ido configurando su particular geografía vallisoletana a base de pintar paredes de colegios, salas de bailes, bibliotecas, plazas de pueblos y tapias urbanas.

Pero antes de hacer un repaso  de algunos murales  que aún se conservan en buenas condiciones, y dejar que cada lector o lectora decida visitar aquel o aquellos que más le puedan apetecer, es necesario recordar un par de cosas. La primera es que no todos los murales llevan la firma de Sierra, pues  en alguno de ellos el peso de la participación colectiva le hace acreedor (contando con la generosidad de Manolo) de que muchas personas se sientan autoras del mismo, tal es el caso del mural de la calle Fuente el Sol, del barrio de la Victoria, que reivindica la necesidad de huertos urbanos en Valladolid. Y la otra, es que Sierra usó en bastantes ocasiones un seudónimo: la mano negra, y por tanto en algún mural (al igual que ocurre en carteles que han salido de sus lápices) se verá estampada en la pared a modo de firma una mano negra, como ocurre, por ejemplo, en el de Valdestillas y en el de Viloria. La mano negra es un homenaje a  los jornaleros de Casas Viejas que fueron asesinados en el siglo XIX por reivindicar sus derechos. “Tal como están las cosas, tal vez tenga que volver a emplear esta firma”,  comenta Manolo.

Dicho todo lo anterior, y tirando de memoria y hemeroteca, vayamos sin más dilación a proponer algunos lugares en los que se pueden ver murales de Manolo.

ESFERAS, PÁJAROS, ESTRELLAS…

Las paredes de Serrada ya solo conservan, en las inmediaciones de la plaza Mayor, un mural de los siete que hubo: representa una panorámica de edificios de la localidad. No obstante, el mural ha sido retocado por el propietario de la casa en la que está pintado.

En Viloria, junto a las escuelas en la calle Cogeces, una paloma posada en el ramaje de un árbol contempla un arco iris que se preside todo el paisaje. (la fotografía es de Dori Montalvillo)

El antiguo teatro municipal de La Cistérniga, en la Ronda de Fuente Amarga, está casi encintado por un largo mural que se ha ido haciendo en sucesivos años, algunos de cuyos tramos son  producto de diversas promociones de alumnos de talleres de oficios: desde una gran dulzaina hasta un proyector de cine, se pueden ver objetos y temas muy variados.

Una enorme pared de Tudela de Duero sita en la calle o plaza de La Luna rinde homenaje a las víctimas del franquismo. Un mural lleno de colorido que envuelve los huesos de quienes fueron arrojados a las cunetas, en el que no faltan las señas de identidad de Sierra: los colores republicanos portados por un pájaro, las esferas suspendidas y la estrella de cinco puntas.

El exterior del Centro de Estudios Vacceos sito en Padilla de Duero, ofrece un amplio y bien conservado mural alusivo al contenido del edificio: dibujos esquemáticos  de vivos colores…

… Y el carro rojo que asomará en La Santa Espina, la próxima semana…