LOS PUENTES DE UNA VIEJA COMARCA

La campiña del Pisuerga es una de  las viejas comarcas vallisoletanas. Una vez que la aldea de Valladolid compró su independencia a Cabezón,  fue configurando un alfoz de amplísima influencia y tamaño. A él llegaron a pertenecer poblaciones tales como Peñaflor de Hornija, Cigales, Villanubla, Renedo, Portillo, Tudela de Duero y otras. Municipios que, sin embargo, con el paso del tiempo pasaron a formar parte de otras comarcas: Torozos, Esgueva o Tierra de Pinares.

La feracidad de las tierras cerealistas, la presencia de abundante agua y un clima relativamente benigno, hicieron que el entorno del Pisuerga fuera visitado por vacceos, romanos, visigodos y musulmanes, hasta que las tropas cristianas repoblaron definitivamente la vieja Castilla. La presencia humana en las orillas del Pisuerga se remonta a la Edad del Hierro, y esto ha dejado un importante yacimiento arqueológico en el extenso meandro que, conocido como Soto de Medinilla, forma el río ya a punto de entrar en Valladolid.

Curiosamente, este antiguo territorio, que se fue desmembrando tanto como se tejió  a lo largo de la Edad Media,  terminará por ser el primero en parecerse más a una verdadera comarca, aunque su denominación administrativa será la de Área Funcional, merced a una reciente ley de Ordenación del Territorio de Castilla y León.

Moderna comarca (Área Funcional) en torno a la capital vallisoletana que, paradójicamente,  de nuevo traerá a su ámbito algunos municipios que, como antes indiqué, formaban parte de otros territorios… es decir, como un largo viaje de ida y vuelta. En cualquier caso, más se parece a una extensa área metropolitana en torno a la capital de la provincia que entre los 22 municipios que la integran agrega una población de más de 400.000 (para hacernos una idea, toda la provincial suma unos 530.000). Población que se desparrama por miles de hectáreas de terreno antes rústico y ahora ocupado por innumerables urbanizaciones.

Con estos someros antecedentes  pasearemos por esta remozada comarca en construcción, en la que varios ríos se anudan entre sí: Pisuerga, Duero, Esgueva, Cega y Adaja. Razón por la cual uno de los hilos conductores de nuestro  viaje serán los puentes, entre los que se encuentran algunos de los que fueron más importantes de la vieja Castilla. Puentes, muchos de los cuales, a los que se les atribuye origen romano, cuando nada permite sostener esta afirmación, salvo construcciones anteriores a las actuales, fueran de madera –lo más probable- o de piedra.

A mayor abundamiento, la mayoría de ellos han sufrido profundas reformas a lo largo de la historia, bien sea por riadas, por nulo mantenimiento o por destrucciones bélicas, especialmente las padecidas durante la Guerra de Independencia.

 

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Santa María de Palazuelos, monasterio cisterciense al que se accede desde Cabezón, aunque está en el término de Corcos del Valle. Comenzó a edificarse en el siglo XIII, aunque tuvo importantes reformas en el XVI

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El municipio de Cabezón de Pisuerga, antes de Cerrato, debe su nombre al “cabezo”, esa prominencia que domina el caserío. En sus estribaciones hubo viviendas trogloditas hasta los años 50 del s. XX, ahora muchas reconvertidas en bodegas. Del puente de Cabezón, de origen medieval, se escribió en el s. XVII que era de los más importantes de todo el reino y que por él pasaban los ganados y la mayor parte de los viajes comerciales de toda Castilla

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Fuentona y antiguo lavadero de Santovenia de Pisuerga, construida (o reformada) en 1808, está en la entrada del municipio, junto a las piscinas. Es una de las fuentes más monumentales de la provincia

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Soto de Medinilla, un amplio meandro entre Santovenia y Valladolid, que estuvo habitado durante varios siglos a partir de la Edad del Hierro. Se trata del yacimiento arqueológico más antiguo de la ciudad

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Panorámica aérea del puente Mayor de Valladolid

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Pórtico de la iglesia parroquial de San Juan, en Arroyo de la Encomienda: una joya del románico tanto por su factura como por conservarse casi intacta: empezó a construirse en el s. XII…  Y una imagen de la escultura que, cerca de la iglesia, recuerda una importante actividad  de este municipio: la granja de los Ibáñez

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Simancas, magnífico puente de 17 arcos sobre el Pisuerga, ya cerca de desembocar en el Duero

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Ahora Puente Duero es un barrio de Valladolid, pero fue municipio en su día. Su puente era imprescindible para las comunicaciones con Madrid

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La  cartuja de Aniago, en el término de Villanueva de Duero, se alza junto al lugar en el que el Adaja se une al Duero. Antes de su desamortización en 1835, el general francés Kelleman (algo así como el gobernador militar de Valladolid) mandó habilitar una escuela gratuita para los pobres

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Puente de Aniago, sobre el Adaja. Para acceder a él hay que ir hacia el área recreativa que junto a la urbanización de los Aljibes se alza en la carretera que conduce a Villanueva de Duero. Fue puente importante, al igual que el de Puente Duero, para las comunicaciones con Medina del Campo y la capital del reino

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IMPORTANTES OBRAS DE INGENIERÍA (VELAY 12 + 1… y último)

La rutina de pasar sobre ellos ha hecho que muchos puentes pasen casi desapercibidos. Y, sin embargo, es probablemente la obra de ingeniería más importante de muchos municipios. En otro tiempo punto de cita de la juventud, destino del paseo al atardecer,  lugar de juegos para la chiquillería, o piscina natural donde bañarse en verano si próximo a sus pilares hubiera una represa, los puentes han sido una principal referencia en la vida de las gentes de la mayoría de los municipios. Pues raro es que más cerca o más lejos, no haya un río o un arroyo que pase por el término municipal sino, más bien, muy próximo al caserío de la población. No podemos olvidar que la existencia de un curso de agua ha sido fundamental para que los asentamientos humanos se consolidaran: los pozos o los manantiales del terreno ayudaban a abastecer de agua, pero los ríos eran fundamentales.

Y, además, aunque no fuera el río imprescindible para cubrir las necesidades de los pueblos, había que salvar su cauce para disponer de vías de comunicación durante todo el año. Y hasta que los puentes proliferaron por los caminos y carreteras (merced sobre todo a las políticas de obras públicas de Carlos III), el vadeo de los arroyos,  y las barcas en los ríos principales, solucionaban mejor o peor la comunicación entre las orillas de los cauces fluviales.

Será difícil que en cada municipio no haya algún puente de cierto interés tipológico, histórico o constructivo.jaramiel villabañez 7

Incluso los más modestos arroyos tienen puentes interesantes. Larga puede ser la lista pero pongamos algún ejemplo como es el de Villabáñez (Arroyo Jaramiel) (el que aparece en la foto) o Montealegre (Arroyo Anguijón). Y, sin duda, de los ejemplos de puentes sobre humildes ríos destaca el de Becilla de Valderaduey,  tan sencillo como hermoso puente romano.

Otros puentes hay que pasan más desapercibidos y que pertenecen a diversas épocas, y el de Vadalba, sobre el Eresma, próximo a Pedrajas de San Esteban, o el de Cogeces de Iscar (notable puente medieval sobre el Cega) son buenos ejemplos de tantos otros puentes como hay sobre cauces medianos.

Y, sin duda alguna, son los ríos Duero y Pisuerga los que, por lógica, muestran los puentes de mayor envergadura: Valladolid, Simancas, Quintanilla de Abajo/Olivares de Duero, Peñafiel, Tudela de Duero,  Cabezón de Pisuerga, Puente Duero o Tordesillas son buenas poblaciones para contemplar los potentes tajamares.

Ciertamente es larga la lista de puentes de cierto interés por unos u otros motivos, y aquí podríamos abrir una relación que incluyera a  Mayorga, Mojados, Olmedo, Siete Iglesias, Torrelobatón… etc.

Y muchos son los puentes que hay pues Valladolid fue tierra de encrucijadas, y por la que desde antiguo han discurrido importantes vías de comunicación: fuera en tiempos de la presencia de los romanos, la Edad Media o en los reinados de la Edad Moderna, la provincia ha dispuesto de numerosos puentes, que no deben pasar desapercibidos.

UN FERROCARRIL INJUSTAMENTE OLVIDADO

La vieja línea de Valladolid- Ariza necesió de siete puentes y  treinta y ocho pontones para salvar desniveles y cauces fluviales. De buen acero bilbaíno, se construyeron a lo largo de los 254 kilómetros de la línea ferroviaria, que llegó a tener en servicio veintisiete estaciones y tres apeaderos.

Escribe Pintado, autor de un espléndido estudio sobre la línea de Ariza, que sus puentes  “se yerguen en medio de los campos castellanos, con majestuosidad propia, cuya contemplación nos recuerda hoy que, en otros tiempos, por allí circularon trenes que vertebraron el pobre territorio que atravesaban”. Prestó, además de servicio de pasajeros, un notable servicio de mercancías: por aquí llegaba la remolacha a la azucarera Santa Victoria y de Valladolid salían los cereales para Cataluña. La línea se inauguró en enero de 1895 y se cerró definitivamente en 1993, después de un largo periodo de decadencia, descuido y desinterés por su mantenimiento. En aquel año ya sólo 8 personas trabajaban en la línea, que, para hacernos una idea, tenía 204 trabajadores en 1958.

Nació esta línea ferroviaria para unir las redes de ferrocarriles que transitaban por el norte con las del nordeste, y en sus años de gestación se la denominaba  “Línea del Duero”, tal como se pone de manifiesto en numerosos debates que hubo en el Ayuntamiento de Valladolid sobre este particular.

Las razones pretextadas para su cierre definitivo fueron las limitaciones de velocidad, debido a su mal estado, que no se quería reparar, lo que le hacía no competitivo para la explotación comercial; los numerosos pasos a nivel que tenía; y las presiones del Banco Mundial para que RENFE cerrara la línea por antieconómica.