BARCOS DE PIEDRA

Las aceñas son edificios destinados a albergar  el  artefacto, “más osado y espectacular que se levanta en Castilla y León en la Edad Media”. Esto escribieron Nicolás García Tapia y Carlos Carricajo Carbajo en su impagable libro titulado “Molinos de la provincia de Valladolid”.

Las aceñas son auténticos castillos,  catedrales o barcos de piedra dentro del agua, capaces de soportar los embates de los caudalosos ríos vallisoletanos como son el Duero y el Pisuerga, pues es en estos dos ríos donde podemos encontrar estas formidables construcciones que aprovechan la fuerza del agua para mover sus grandes piedras de moler el trigo y otros cereales.

Si tenemos que quedarnos con la más acertada similitud, deberíamos hablar de barcos de piedra, pues las aceñas se construían con forma de tajamar, idéntica a la proa de los barcos que va separando las aguas y disolviendo la resistencia, y el espaldón, de estructura plana como el típico castillo de popa de muchos barcos a vela.

Curiosamente, sin embargo  lo que normalmente dañaba estas fuertes construcciones no eran las temerosas crecidas, sino el fuego que se producía con relativa frecuencia  por la concentración de polvo seco en las salas de molienda  y que arrasaba fundamentalmente los tejados; la vegetación que enraizaba entre sus grandes piedras calizas, dislocando la construcción; y los troncos arrastrados por el agua que trababa las paletas  y los cárcavos que movían las pesadas piedras de moler.

Las aceñas y molinos hidráulicos, como ya se ha dicho, hunden sus raíces en la Edad Media y conocieron su particular Siglo de Oro en los siglos XVI y XVII.

Es una lástima que todas estas espectaculares construcciones, que tan útiles fueron durante siglos, estén muy deterioradas. Quizá la causa de este abandono se deba a lo tarde que las instituciones de Castilla y León  y los municipios han tomado conciencia de su importancia, e iniciado procesos para proteger el patrimonio industrial evitando así su pérdida definitiva.

Encontraremos aceñas en un buen puñado de municipios de la provincia de Valladolid, siempre que estén próximos a los dos grandes ríos. Mejor conservadas unas, muy perdidas otras, todavía se pueden observar restos de aceñas en Tudela de Duero, Tordesillas, Valladolid, Peñafiel o San Miguel del Pino.

Cuadro de la Infanta Dª Ana Mauricia, pintado en 1602 por Pantoja de la Cruz. En él hay una ventana que nos permite ver el puente Mayor y las aceñas del Pisuerga. Fijémonos en el detalle al que desciende el artista, pintando caballerías portando blancos sacos, sin duda cargados de trigo o de harina.

De las aceñas y el azud del puente Mayor se tiene noticias al menos desde el siglo XIII. Seguramente se trata de la primera construcción industrial que hubo en la ciudad. Recientemente el Ayuntamiento de Valladolid ha iniciado en abril de 2019 el proceso para la declaración de Bien de Interés  Cultural  (BIC) del puente Mayor y su entorno, que incluye el azud y aceñas. A continuación hay varias fotografías que desde mediado el siglo XIX muestran el deterioro paulatino de las aceñas. La mayoría de las imágenes son del Archivo Municipal. Comienza con una foto de Louis Eugène Sevaistre en 1857, erróneamente en ocasiones considerada la imagen más antigua de Valladolid.

Y seguimos…

La presa, o azud, generalmente  se construía  en diagonal al eje del cauce del río. Eso contribuía a elevar el nivel del agua y llevarla hacia la aceña o molino, tal como se aprecia en estas fotografías: una es  del molino de Simancas; y la otra de la aceña del puente Mayor. La imagen está tomada del expediente del Ayuntamiento para la declaración de BIC. Está accesible a través de internet, y lleva la firma del arquitecto municipal Óscar Burón.

Aceña del Postigo, en Tordesillas, compuesta de tres cuerpos.

También en Tordesillas, frente a la ermita de la Virgen de la Peña está la aceña de la Peña. Es un lugar de especial belleza que hace que incluso haya novios que se hayan hecho su reportaje de boda en el interior de la misma. Aquí vemos muy bien los arcos de medio punto, que  son de una impresionante resistencia, capaces de soportar grandísimos pesos y presiones. Su fortaleza reside en la piedra clave que cierra el arco, que se ha construido con dovelas bien trabajadas. Además de estas dos, en Tordesillas hay otras cinco aceñas que todavía son identificables: del Puente, Herreros, Zafraguillas,  Osluga y Moraleja.

Aceña de San Miguel del Pino. El azud o presa crea una lámina remansada del agua que ofrece bellas imágenes. En una de las plazas del municipio se pueden ver las piedras de moler.

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MOLINOS, O COMO APROVECHAR EL AGUA

En todos los ríos, arroyos y canales vallisoletanos hubo molinos movidos por el agua: para hacer harina del trigo, para moler la rubia y confeccionar el tinte rojo, para hacer papel, para producir energía eléctrica,  o para abatanar los cueros y las telas.

Porque bien extendida está la creencia de que los molinos solo tenían utilidad para moler el grano. Y aunque ciertamente esta ha sido una de las más destacadas utilidades de los ingenios de piedra, metal, madera, muelas, rodeznos, cárcavas y saetines que hunden sus pilares en los cauces fluviales, lo cierto es que han tenido otras muchas e imprescindibles actividades, entre las que no ha faltado la extracción de aceites, ni la fabricación de pólvora.

Por ejemplo, los molinos de pasta de papel procuraron pingües beneficios a conventos que tenían la exclusiva de imprimir las bulas papales, caso del monasterio de Villa de Prado en Valladolid.

Miremos a los principales ríos,  como son Duero y Pisuerga, a ríos medianos como el Eresma o el Cega, al Canal de Castilla o a los modestos arroyos Valcorba, Cuco o Bajoz, en todos se podrán encontrar rastros de molinos cuando no, aún, los molinos completos. Bien es verdad que ya todos han perdido su original utilidad y se han convertido en viviendas, alojamientos turísticos, estudios de profesionales y artistas, edificios culturales u otros destinos propios de los nuevos tiempos.

Acaso sea el arroyo Anguijón, que baja de Torozos hacia Tierra de Campos lamiendo los pies de Montealegre, un ejemplo de cómo una docena de molinos se organizaban para llenar sus grandes cubos de agua mediante caces que tomaban las escasas aguas del arroyo. Para ello solo tenían  que ponerse de acuerdo entre los molineros y represar cada uno el arroyo según qué días del mes.

“Sembrados” por toda la geografía vallisoletana, difícil será que kilómetro arriba o abajo de un caudal cualquiera de agua no se encuentre el rastro de un molino, incluidas las aceñas que servían para represar el agua y conducirla a la cárcava que discurría bajo el molino. La construcción de los primeros molinos hidráulicos en Valladolid se remonta a la Alta Edad Media, y en siglo XVIII se llegaron a censar cerca de cuatrocientos. molinos

Sean molinos grandes como los del Duero en Tordesillas, medianos, como el del Concejo en Castrodeza, o más pequeños, como el Molino nuevo de Bocos de Duero, lo cierto es que estas construcciones han legado un patrimonio industrial, arquitectónico, histórico y etnográfico del máximo interés. (En la foto, molino de la Requejada, sobre el Valcorba, en Bahabón)

Una función destacada de algunos molinos reconvertidos fue la de producción de energía eléctrica cuando a caballo entre los siglos XIX y XX, y antes de la aparición de las grandes empresas suministradoras, cada localidad buscaba la forma de proveerse de luz (tal como hacían los municipios del valle del Henar: San Miguel del Arroyo y Valoria).

Ejemplo de molino para moler la rubia (una planta de antiquísima utilidad) y fabricar tintes de color rojo destinados a la industria textil y a la actividad farmacológica, se encuentra en el término de Santiago del Arroyo, sobre el arroyo del Henar. Se conoce como la Fábrica, ya muy arruinado pero aún reconocible.

Hacer siquiera una somera lista de molinos de agua es tarea casi inútil, pues por muchos que se quisieran incluir en este breve artículo, no sería sino una ínfima relación de todos los que se pueden ver por todas las comarcas vallisoletanas.