EL CENTRO HISTÓRICO TAMBIÉN ES UN BARRIO

En este recorrido que estoy haciendo por los barrios de Valladolid, enfrentarse al centro no deja de ser una temeridad. Primero por su gran extensión;  segundo porque si un barrio se caracteriza por una bulliciosa población, más mayor o más joven, el centro de la ciudad sería, casi, como un anti-barrio: los negocios de todo tipo, especialmente bancarios, textiles, de comercio en general,  y oficinas y despachos han depredado bloques enteros de antiguas viviendas dejándolos huérfanos de habitantes. Si siguiéramos al camión de la basura en su rutinaria tarea de vaciar contenedores, observaríamos que en ocasiones los trabajadores ni se molestan en arrimarles al camión porque, simplemente, están vacíos: ni una monda de naranja. Aunque a fuer de ser sinceros, Valladolid no sale mal parada en comparación con las otras capitales de provincia, en cuanto a despoblación del centro histórico y comercial. También hay que decir que el centro es acaso el barrio con menos (por no decir inexistentes) dotaciones al servicio de la vecindad: centros cívicos, polideportivos, centros de personas mayores, etc.

Tampoco encontraremos comercio tradicional, sino básicamente, grandes cadenas de venta. Pero cuando pase por la Plaza Mayor no deje de acercarse al escaparate de Ferretería Villanueva, todo un clásico que hunde sus raíces en el siglo XIX.

Recorrer el “barrio” centro de Valladolid de una sola tacada exige una selección de puntos de interés: no en vano aquí están todos los principales monumentos, edificios históricos, casas nobles y principales, aquellas viviendas de “renta antigua”, los edificios del crecimiento burgués del siglo XIX, etc.   Si seguramente dos personas no coincidirían en dibujar su pequeño  barrio de la misma manera, imaginemos la imposible tarea de resumir el centro de Valladolid.

Porque,  aunque Valladolid aparezca, y con razón, en los libros como el ejemplo entre las ciudades españolas de destrucción de su casco histórico en los años 60 y 70, no deja de ser una población que  puede presumir de una  gran cantidad de patrimonio; y los diferentes gobiernos municipales de la democracia, con mayor o menor fortuna, han acometido el loable esfuerzo de poner en valor  lo que quedaba.

En descargo de aquella barbaridad, alguno de los máximos responsables de dar luz verde a la construcción de horribles y gigantescos bloques de viviendas y oficinas donde no se debía, aseveraba que la sociedad de entonces “aplaudía” aquellos edificios porque los consideraba una modernización de la ciudad de provincias que era Valladolid.

Dicho todo lo que antecede,  recorreremos  un variado censo de lugares, dejando de lado, no por falta de interés, sino por sobradamente conocidos, templos religiosos y otros muchos  edificios principales.

Venga, a la calle… para un largo paseo.

 

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Iniciaremos el recorrido en el palacio de Villena (calle Cadenas de San Gregorio), un buen ejemplo de la arquitectura palaciega vallisoletana. Del siglo XVI, su patio es muy interesante y nos sirve para dejar advertido que Valladolid aún conserva algunos patios renacentistas interesantes en su casco histórico. El palacio es ahora sede del Museo Nacional de Escultura y, como veremos en otros edificios, obsérvese el añadido contemporáneo que se ha llevado a cabo en la parte izquierda de la imagen

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La plaza de Santa Brígida nos ofrece el palacio del Licenciado Butrón (seguimos en el siglo XVI-XVII), ahora sede del Archivo General de la Junta  de Castilla y León (y que requirió un importante trabajo de restauración), y junto a él, la iglesia  que da nombre a la plaza

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Por la calle San Ignacio vamos hasta el Viejo Coso (1833): antigua plaza de toros ochavada, luego cuartel de la Guardia Civil y, finalmente, recuperado para viviendas. Un gran cedro preside el agradable e íntimo patio

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La plaza de Fabio Nelli  (banquero del siglo XVI) nos muestra otro importante palacio renacentista que alberga el Museo de Valladolid y, junto a él, separados por la mítica calle de Expósitos, el palacio de los Marqueses de Valverde, de construcción un tanto anterior a Fabio Nelli: hay que reparar en los medallones y esculturas que adornan su fachada. Los marqueses de Villaverde fundaron parte de su fortuna con la extracción y venta de hielo que mandaban traer de la montaña palentina hasta las poblaciones castellanas
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Por la calle San Ignacio seguimos hasta el Museo de Arte Contemporáneo, mal llamado patio herreriano, pues oculta el nombre de su verdadero arquitecto, Juan de Ribero Rada. Otro ejemplo de recuperación de un edificio, especialmente la capilla de los Fuensaldaña (que se corresponde con la fotografía). Muchos avatares conoció el proceso de rehabilitación y uso del edificio, pero en esta ocasión lo dejaremos indicando que los artífices de la rehabilitación fueron los arquitectos Juan Carlos Arnuncio, Clara Aizpun y Javier Blanco…

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Y si de arquitectos hablamos hay que citar a Gabriel Gallegos y Primitivo González para hablar de la rehabilitación de la vieja iglesia de San Agustín (s. XVII), ahora Archivo Municipal. Un edificio que solo conservó las paredes, y cuya arquería luce como una seña de identidad del mismo. Curioso fue el periplo de estos arcos, una vez que buena parte del claustro de la iglesia se demolió en 1925: anduvo por el Museo de Valladolid (de Arqueología se llamaba antes), por los jardines del Campo Grande, por el Museo Nacional de Escultura, y en la Casa del Sol de Cadenas de San Gregorio… hasta que, por fin, volvieron a su lugar de origen

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Y forzoso será asomarse a la calle de Santo Domingo de Guzmán, calle, sin duda, de un ambiente especial y único

 

10 Sobre el primitivo alcázar de los reyes de Castilla, se levantó la iglesia y monasterio de San Benito. El templo, de hechuras catedralicias, sigue imponiendo incluso después de que tras un incendio perdiera buena parte de su monumental fachada. Ahora, el monasterio alberga dependencias municipales. Sin duda, uno de los rincones más históricos y monumentales de Valladolid

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En esta casa, frente a San Benito, tuvo su taller el escultor y pintor Alonso González Berruguete (s. XVI). Es una lástima que no pueda visitarse el interior, que conserva en muy buen estado la traza original: patio, galerías, columnas, escalera, etc. Por la calle General Almirante, lateral de la casa, enfilamos hacia…

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… La Plaza de los Arces. Señorial y de interesantes edificios acoge, como no queriendo molestar, una escultura alegórica del nombre de la plaza, realizada por Benito Mauleón en 2002. Por favor, no la ignoren. Pero, además, si nos fijamos en el edificio de ladrillo, con sus balcones, que hay en la embocadura de la calle Leopoldo Cano (que conduce hasta el Calderón),  no se verá este rótulo, sino el de calle de las Damas, que es el original, aunque ya no se emplee

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Por la estrecha calle Guadamacileros llegamos a la calle de Platerías. Calle renacentista y que por harto conocida no me detendré en detalles, salvo insistir en que nos hallamos en una calle que marcó el, digamos, Valladolid que dejaba atrás el trazado medieval anterior al tremendo incendio de 1561

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Cierto es que muchas poblaciones castellanas disponen de soportales, pero tengo la impresión de que los habitantes de Valladolid, a fuer de transitarlos no les dan el valor arquitectónico, histórico y cultural que tienen: toda la Plaza Mayor y entorno, con estos soportales vienen a decir que fue lugar de grandísima actividad comercial y artesanal. Ahora, abrigo de intemperies invernales y sombra de tórridos estíos, los soportales permiten sosegados y confortables paseos

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Detalle de uno de los atlantes del “moderno” edificio sito en la plaza del Corrillo, en cuyos bajos se refugia lo que quedó de la mítica cafetería  Ideal Nacional. Fue edificio polémico en su época (1926) porque rompía la traza clásica de la Plaza Mayor, aunque no mucho más que el edificio de Repullés que ya se había construido en la misma plaza con la esquina de Ferrari y que aparece en la fotografía

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La histórica calle Santiago: una imagen de las coronaciones de tres emblemáticos edificios de la misma. Al final, ya en la embocadura de la Plaza de Zorrilla, una placa en el suelo recuerda por donde pasaba el Esgueva. Al fondo, a la derecha, edificio de 1912 que en sus bajos acoge unas oficinas bancarias. Estamos en pleno ensanche burgués de Valladolid…

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… Y llegamos a la Plaza de Zorrilla… Casa Mantilla…  al fondo,  inicio de calle Miguel Iscar… Edificios modernistas… también torre más que discutibles en la esquina con calle Santiago… Campo Grande… puro sabor vallisoletano de contradicciones

LOS LUGARES DE LOS DIFUNTOS

Tiene la ciudad de Valladolid algunas interesantes referencias que ilustran sobre  antiguos enterramientos.

Y en busca de estos vamos a pasear por la ciudad. Parece una propuesta lúgubre, pero en absoluto lo es y, sin embargo, nos lleva por lugares interesantes de la historia y el urbanismo vallisoletano.

Frente al restaurante acristalado sito en el paseo central del Campo Grande, hay en el suelo unas pequeñas chapas metálicas que señalan el lugar de un enterramiento judío. Era en su día cementerio extramuros que debió estar en uso hasta el siglo XV. Cuando se remodeló el paseo central de Campo Grande se localizaron restos óseo repartidos por 78 enterramientos. Pero los arqueólogos calcularon que se traba de un cementerio que bien  podría haber albergado  un millar de cuerpos.enterramiento judio 2-crop

Un sencillo texto del poeta granadino del siglo XII, Mosheh Ibn Ezra sirve para honrar la memoria de aquellos vecinos judíos que, hasta la intolerancia religiosa del siglo XV convivieron, en Valladolid, con moros y cristianos: “Son tumbas viejas, de tiempos antiguos/en los que unos hombres duermen el sueño eterno/No hay en su interior ni odio ni envidia/ni tampoco amor o enemistad de vecinos/Al verlas mi mente no es capaz/de distinguir entre esclavos y señores”.

Y nos dirigimos hacia la iglesia de El Salvador, en la plaza con ese mismo nombre. En el crucero, a la derecha, está la capilla de San Juan Bautista. En el subsuelo, visible a través de unas planchas de metacrilato, se verán tumbas de un camposanto que se extendía alrededor de la ermita de Santa Elena, del siglo XIII, sobre la que se edificó la actual iglesia de El Salvador. Por cierto, en esta capilla, hay que recrear la vista con un magnífico retablo de muy de principios del s. XVI de la escuela de Amberes.

Desde este lugar nuestros pasos se encaminarán hacia la Casa del Estudiante, en la calle Real de Burgos. En su jardín, que no es otro que el que da acceso al palacio de Congresos Conde Ansúrez (se puede ver desde la calle aunque esté cerrada la casa del Estudiante), se localizaron los restos de la “maqbara” musulmana de Valladolid. Es decir, el sitio donde, también extramuros, estaba el cementerio de los seguidores del Corán. Es un enterramiento que existió durante los siglos XIII y XIV y que se documentó en 1990, en el transcurso de  unas obras de rehabilitación del edificio. Los restos óseos estaban según el rito musulmán: con el rostro vuelto hacia la ciudad santa de La Meca. Este espacio formaba parte de lo que luego llegó a ser el inmenso Prado de la Magdalena.

Del término maqbara viene la actual palabra macabra.

De aquí estamos a no mucha distancia del actual cementerio municipal. Construido en 1833 en aplicación tardía de la orden de Carlos III para que se construyeran cementerios fuera de las poblaciones y dejara de enterrarse en las iglesias. El cementerio es un lugar muy interesante en el que merodear por entre las tumbas más antiguas, lo que nos depara una lección de historia local. Pero no vamos a tratar de esto ahora, sino que vamos a dirigirnos hacia la explanada, bastante abandonada, que acoge los enterramientos de aquellos que, aun siendo creyentes, prefirieron dejar constancia de sus prácticas masónicas: unos triángulos o sencillas columnas de piedra o metal advierten que estamos ante enterramientos de quienes practicaban la masonería. Es fácil localizar el enclave,  a mano derecha  apenas terminada la zona más antigua del cementerio.cementerio masones

FOTOS EN BLANCO Y NEGRO PARA EL VERANO (2). TRANSPORTE PÚBLICO.

El transporte urbano de viajeros comenzó en Valladolid en 1879 con un servicio de tranvías tirados por caballos.  Y habrá que esperar hasta 1910 para disponer de una red de tranvías eléctricos.

En la postguerra, el servicio de viajeros lo prestaba la empresa SATA, que pasó numerosos apuros para poder prestar el servicio: falta de neumáticos, carestía de gasolina, instalación de gasógenos…

Hasta que en 1945 los autobuses urbanos los empezó a gestionar la Empresa Carrión.

Fue en 1982 cuando se municipalizó el servicio urbano de viajeros. Y para ello el  Ayuntamiento creó la empresa municipal AUVASA.13456789101112Autobus_01

DONDE SE GUARDABA EL GRANO (velay 1)

Los pósitos, cillas, alhóndigas, paneras  o graneros han cumplido una función importantísima para garantizar semilla y grano en tiempos de escasez. Los pósitos han contribuido a evitar hambrunas y  a asegurar la siembra. Ya del agua de las nubes dependía que el trigo escasera o fuera abundante cada año. Pero, para paliar las penurias estaba el pósito.

Dejemos sentado una cosa. No significan exactamente lo mismo los cinco vocablos que más arriba he empleado, pero los vamos utilizar sin distinguir,  porque incluso en el lenguaje popular se denominan de una forma u otra indistintamente, y dependiendo de localidades.

Si no todos, sí casi todos los municipios vallisoletanos han tenido pósito en algún momento de su historia (en diciembre de 1499, en Valladolid se encarga a dos regidores que estudien  donde hacer la alhóndiga nueva), y algunos varios. Podían ser públicos o privados, gestionados por el Concejo o por una orden religiosa. Estos últimos se llenaban sobre todo con el llamado “diezmo”, que era ese impuesto obligatorio por el que cada agricultor entregaba a la iglesia la décima parte de su producción. Pero no nos engañemos, el grano del pósito no se regalaba, sino que se vendía o se prestaba al agricultor, y lo podía pagar en metálico, o en especie devolviendo lo recibido con algún interés añadido.

Eran, y son, edificios rotundos, robustos, generalmente de piedra, con escasos o ningún ventanal, con una puerta escueta, lo justo para las labores de trasiego del grano. Tenían que estar lo más aislados posible para evitar humedades y roedores, los dos principales enemigos de los pósitos. Y la entrada debía estar bien candada para evitar robos, pues su expolio  podía ser una catástrofe para la población. positos

Se comenzaron a conocer en la Edad Media, pero posiblemente la época de mayor actividad estuvo en torno a los siglos XVII y XVIII. Y su rastro ha llegado muy vivo hasta nuestros días. Es fácil que preguntando  en cualquier localidad acerca de donde estaba el pósito, se nos indique sin titubear donde está todavía, o donde estaba. Algunos de ellos se han reconvertido para otros menesteres.

Hay otros términos sinónimos de pósito, o relacionados con el almacén de grano, que son: trox, o troxe (en el relato de una de las inundaciones que sufrió Valladolid en el s. XVI dice que el agua no dejó bodega, ni casa, ni trox sin destruir).  También está el término troj, troje, o troja: una  calle Panera hay en Valladolid, que confluye con calle Troja. Aunque en realidad troxes o trojes son los compartimentos de la panera.

Calle o plaza del Pósito hay en Megeces, Valdestillas, Tordesillas, Ceinos de Campos, Cogeces del Monte, Vega de Ruiponce, Castroverde de Cerrato, Palazuelo de Vedija, y Tiedra, donde todavía se conserva el edificio.

Dos viejos pósitos aún conserva Medina de Rioseco, uno del siglo XVI en el Corro del Asado, que terminó siendo un orfanato (El Torno), y otro sin datar en la Avd. de Castilviejo. Y también Rueda, en el interior de la casona donde está la actual Estación Enológica, conserva un pósito.

Calle Panera hay en Castrodeza, municipio donde aún se puede ver la construcción del pósito. (En la foto de este artículo).

Calle  Cilla o de la Cilla tienen  Matapozuelos, Montealegre,  La Parrilla, Aldea de San Miguel, La Pedraja de Portillo y Castrejón de Trabancos. Una casa conocida como de la Cilla hay en Viloria y otra en Villacarralón (que conserva una noble fachada).

En  La Seca están los soportales  de la Cilla. Y calle Granero hay  en Barruelo del Valle y Villabrágima.

En fin, pregunten en los pueblos por el pósito, la cilla o la panera,  y enseguida les dirán ¡velay!

EL PODER DE LOS ENRÍQUEZ. MUSEO CONVENTO DE SAN FRANCISCO, MEDINA DE RIOSECO

“¡Paz y bien¡ Con el saludo de nuestro Padre san Francisco os damos la bienvenida a esta casa. Por obligada cortesía -que por humildad no debiera-, me presento a vuestras mercedes: mi nombre de religión es fray León de Villanueva, y mi oficio de obediencia, el de guardián de este convento franciscano.”

En este punto y de esta manera se inicia una visita al convento de san Francisco, un edificio terminado en 1520 gracias al mecenazgo de D. Fadrique Enríquez, el más grande de los  Enríquez, Almirantes de Castilla. El  recorrido por el museo está conducido por un audiovisual de gran potencia plástica y musical, que lleva al visitante por las capillas y rincones en los que se van mostrando las piezas de la colección de acoge el museo. Un museo que alberga un importe número de obras de arte procedentes de las parroquias de Medina de Rioseco, así como piezas que dan fe de la importancia política y comercial que también tuvo la ciudad. No debe olvidarse que los Enríquez, familia grande y poderosa, estuvieron emparentados con los Reyes Católicos, con la Casa de Alba y con los Cologna de Sicilia.

En algún momento el visitante tendrá que mirar  hacia arriba para contemplar la espléndida cúpula  bajo la que están las tumbas de los Almirantes, pero, sobre todo, hay dos estatuas orantes de bronce dorado que representan a Dª Ana de Cabrera, esposa de D. Fadrique, y a su cuñada, Dª Isabel de Cabrera. Ambas frente a un retablo barroco del siglo XVIII. El paso del tiempo ha arañado sus rostros que no ha sido posible, ni necesario, restaurar por completo.

TERRACOTAS, COBRES Y MARFILES

A ambos lados del retablo están instalados dos grupos escultóricos únicos en el mundo: san Jerónimo  y san Sebastián. Reside su singularidad en que se trata de las dos únicas piezas de barro cocido y policromado a tamaño natural que modeló Juan de Juni, allá por el año de 1537. Otras piezas pequeñas en barro tiene el escultor, pero muy lejos de la magnificencia de estas, de entre las cuales destaca especialmente el rostro y cuerpo retorcidos de san Jerónimo.

Platerías, marfiles hispanofilipinos del siglo XVII -cabe advertir sobre una cajita de estilo cíngaro-portugués que representa escenas del Mahabarata-, alabastros, y otras diversas piezas, conducen hasta una colección de ocho cobres del siglo XVII que esmaltaron y cocieron los artistas flamencos Gerard Seghers y Gabriel Frank copiando los cartones de pinturas de Rubens.

Transcurridos unos 45 minutos, que es lo que suele durar la visita, la misma voz que recibió al visitante, le advertirá: “Aquí os dejamos, en estos corredores, en estas galerías donde los santos os trasladarán, en alas de la piedad y de la belleza, al pórtico de la gloria. ¡Paz y bien!”

Buena  idea es completar el recorrido por este museo con la visita a la iglesia de Santa María de Mediavilla, en cuya sacristía estaban antes las obras de arte ahora expuestas en el museo, y donde también está una espectacular reja del XVI perteneciente anteriormente a este convento de San Francisco. Y de paso, allí se podrá contemplar la famosa capilla de los Benavente, un frenesí de colores, motivos geométricos, figuras y grutescos que se ha llegado a conocer como la “capilla Sixtina de Castilla”.

ALGUNOS DATOS

LUGAR: Paseo de San Francisco, 1. Medina de Rioseco

COLECCIÓN: Expuesta en un edificio del siglo XVI que llegó a estar totalmente hundido pero que ha tenido una magnífica restauración y del que ahora es propietario el Ayuntamiento de Rioseco.

VISITAS: De 11 a 14 y de 16 a 19 en invierno; en verano el horario de tarde es de 17 a 20. Pases visita guiada, cada hora. Cierra los lunes, excepto que coincida con fiesta nacional. Teléfonos 983 725 026. Muy aconsejable que la visita se haga de acuerdo con la propuesta audiovisual.

WEB: www.museosanfrancisco.es

UN PASEO POR LOS MURALES DE SIERRA ( II)

LA MANO NEGRA

Decía hace una semana que Manolo Sierra ha ido configurando su particular geografía vallisoletana a base de pintar paredes de colegios, salas de bailes, bibliotecas, plazas de pueblos y tapias urbanas.

Pero antes de hacer un repaso  de algunos murales  que aún se conservan en buenas condiciones, y dejar que cada lector o lectora decida visitar aquel o aquellos que más le puedan apetecer, es necesario recordar un par de cosas. La primera es que no todos los murales llevan la firma de Sierra, pues  en alguno de ellos el peso de la participación colectiva le hace acreedor (contando con la generosidad de Manolo) de que muchas personas se sientan autoras del mismo, tal es el caso del mural de la calle Fuente el Sol, del barrio de la Victoria, que reivindica la necesidad de huertos urbanos en Valladolid. Y la otra, es que Sierra usó en bastantes ocasiones un seudónimo: la mano negra, y por tanto en algún mural (al igual que ocurre en carteles que han salido de sus lápices) se verá estampada en la pared a modo de firma una mano negra, como ocurre, por ejemplo, en el de Valdestillas y en el de Viloria. La mano negra es un homenaje a  los jornaleros de Casas Viejas que fueron asesinados en el siglo XIX por reivindicar sus derechos. “Tal como están las cosas, tal vez tenga que volver a emplear esta firma”,  comenta Manolo.

Dicho todo lo anterior, y tirando de memoria y hemeroteca, vayamos sin más dilación a proponer algunos lugares en los que se pueden ver murales de Manolo.

ESFERAS, PÁJAROS, ESTRELLAS…

Las paredes de Serrada ya solo conservan, en las inmediaciones de la plaza Mayor, un mural de los siete que hubo: representa una panorámica de edificios de la localidad. No obstante, el mural ha sido retocado por el propietario de la casa en la que está pintado.

En Viloria, junto a las escuelas en la calle Cogeces, una paloma posada en el ramaje de un árbol contempla un arco iris que se preside todo el paisaje. (la fotografía es de Dori Montalvillo)

El antiguo teatro municipal de La Cistérniga, en la Ronda de Fuente Amarga, está casi encintado por un largo mural que se ha ido haciendo en sucesivos años, algunos de cuyos tramos son  producto de diversas promociones de alumnos de talleres de oficios: desde una gran dulzaina hasta un proyector de cine, se pueden ver objetos y temas muy variados.

Una enorme pared de Tudela de Duero sita en la calle o plaza de La Luna rinde homenaje a las víctimas del franquismo. Un mural lleno de colorido que envuelve los huesos de quienes fueron arrojados a las cunetas, en el que no faltan las señas de identidad de Sierra: los colores republicanos portados por un pájaro, las esferas suspendidas y la estrella de cinco puntas.

El exterior del Centro de Estudios Vacceos sito en Padilla de Duero, ofrece un amplio y bien conservado mural alusivo al contenido del edificio: dibujos esquemáticos  de vivos colores…

… Y el carro rojo que asomará en La Santa Espina, la próxima semana…

UN PASEO POR LOS MURALES DE SIERRA (I)

A LA LUZ DE LOS TRACTORES

Los murales que yo hago son voluntad de los otros, de quienes los encargan, no del artista. Es el resultado de una liturgia colectiva”, me dijo Manuel Sierrauna de las tardes en las que ya  hace unos años estuvimos memorizando los murales que había ido pintando por Valladolid. “El artista es un instrumento”, comentó, y que por eso a él le gusta hacer participar a las personas, pues  “ellas hacen encargos con algún motivo: la fiesta, una tradición, un paisaje, una evocación o una reivindicaciónla pintura mural no es como la de caballete, es un trabajo colectivo”. Tan es así la implicación en  muchas ocasiones que “la gente me lleva bocadillos y refrescos e incluso me llegaron a ofrecer una habitación donde dormir la siesta”.

A continuación Manolo se percata de que un buen número de  murales había partido de la iniciativa de maestros y profesores de colegios e institutos “rurales sobre todo”, de organizaciones campesinas y de colectivos ecologistas, amén de unos cuantos amigos que le han ofrecido paredes de sus casas, bodegas o paneras para dejar constancia de sus inquietudes. Uno de los primeros murales que pintó y que ya no existe fue en Peñafiel: “en una sola noche, a la luz de los faros de los tractores, en una pared de la GOAG pintamos un homenaje a unos activistas campesinos que habían fallecido en accidente de tráfico”.

Y algunos otros murales interiores han desaparecido porque sobre ellos se ha vuelto a repintar por otros autores, tal es el caso de algunos locales como el bar Los Charros, el Borsalino o las Galerías Campo Grande, todos en Valladolid.

Los murales de Sierra muestran un amplio abanico de temas en los que reivindica el ecologismo, la paz,  la libertad –esas ventanas abiertas que son casi una firma del artista-, el fomento de la cultura -¡hay tantos libros en sus murales!-, el feminismo, los ideales republicanos… y, también, la fiesta.

Además, sus murales son, también, una ocasión para rendir homenaje a  personas o colectivos para él queridas y admiradas, por eso, cuando se esté ante mural de Sierra, no sirve solo contemplarlo en vista panorámica: hay que acercarse y buscar, entre las figuras y los colores, un nombre, una leyenda, una fecha…

 LA CANTINA DE LOS OBREROS

Unos cuantos murales están en el interior de edificios o espacios cerrados, aunque algunos se pueden ver desde la calle. De todos estos murales podemos apuntar los siguientes: salón de baile en Valdestillas, y en  La Seca –“donde las flautas cuelgan de los árboles”– ;  colegios e institutos  públicos en Villalón de Campos –“contra la guerra de Irak”-, Iscar –“representa la riqueza de los pinares”-, Esguevillas de Esgueva, Valladolid –biblioteca del colegio Miguel de Cervantes, y vestíbulo del instituto Ferrari-… Un buen  ejemplo de mural interiores es el que decora la cantina de los trabajadores de los talleres de RENFE en Valladolid. Otro puñado de murales se ha perdido o se encuentra en muy malas condiciones de  conservación  bien porque la pared fue derribada, bien porque la intemperie los deterioró (tal es el caso del antiguo  colegio Jacinto Benavente de Valladolid, el de Quintanilla de Arriba o el de Villalar de los Comuneros,  o los de Serrada, por citar algunos). Pero así nació la obra “para que dure lo que le toque y punto, sin más pretensiones de perpetuarla en el tiempo, aunque a veces  el paso del tiempo mejora y fija los materiales y colores… por ejemplo cuando el liquen se apodera de las grietas de la pared donde está el mural y termina por formar parte del mismo, añadiéndole un valor interesante”, añade Manolo sobre sus murales… “y de  pensar en recuperar algún mural no se trataría tanto de restaurarlo tal cual, sino de actualizarlo, de proyectarlo de nuevo, buscando claves actuales a partir del  porqué y para qué se pintó en su momentoqué ha ocurrido desde entonces y cómo hay que interpretar ahora las causas que inspiraron el mural”.

 En una próxima entrega trataré de hacer un listado de algunos murales  que resisten el paso del tiempo, y dejo al lector o lectora que escoja visitar aquel o aquellos que más le puedan interesar, teniendo en cuenta, también, el lugar en